Capitulo 8


"Hijos de Valaquia"


Llevaba un par de manzanas recorridas desde que salió del metro. Observó hacía todos lados tensa, no era uno de los barrios más nuevos, ni más seguros, y estaba seguro que siendo humana y policía definitivamente hubiera evitado poner un pie en ese lugar.

Las edificaciones eran antiguas, incluso tenían un aire tristemente señorial revelando una gloria pasada lejana. Claramente algunas de las casas estaban desocupadas y apunto de venirse al suelo, otras se mantenían dignas pero con las marcas del tiempo visibles a los ojos de quien pasara por afuera.

Ahora, lo se veía como un lugar lamentable, hace algunas décadas seguro que había brillado como una joya. Deseó haber podido conocerlo antes.

Volviendo la atención a su misión buscó en su cazadora el papel que le había dado su maestro. Algo más doblado que cuando se lo dieron lo encontró en el fondo de su chaqueta, cuidadosa revisó la dirección en él y luego corroboró en una de las señalizaciones.

-Es en esta manzana entonces… - musitó bajamente, mientras el nerviosismo comenzaba a embargarla. No tenía idea a quien se enfrentaría, pero conociendo a su amo como lo conocía, no tenía muy altas expectativas, así que tenía asumido que se encontraría con alguien, a lo menos la mitad de retorcido que su maestro.

Un escalofrió le recorrió la espalda. Escrutó con su aguda mirada nocturna los números de las casas hasta que casi al final de la manzana diera con el "seiscientos sesenta y nueve de la avenida Bexley".

En comparación a las demás estaba mejor conservada, pero aún así no desencajaba demasiado con el deterioro del paisaje en general, en otras palabras no resaltaba en ningún aspecto. Algo insegura pero dándose todos los ánimos que podía, caminó hasta la oxidad verja, que extrañamente al abrirla no rechinó en lo absoluto como en teoría debió hacer en concordancia al aspecto y tiempo, que representaba. De hecho para ser honestos se abría con facilidad y silencio, perfectamente mantenida.

Sorprendida subió los escalones con lentitud y tocó el timbre, entrecerró los ojos al captar la desafinada canción que resonó en el interior de la casa. Aguzó el oído esperando captar algún sonido desde el interior de la casa, algún movimiento que delatara la presencia de habitantes.

Se inquietó al captar solo silencio, y se dispuso a tocar el timbre nuevamente. Pero antes que lograra concretar su intención, una voz la sobresaltó casi haciéndole latir el corazón de la pura impresión.

-Este timbre rechina como el infierno. Sería realmente agradable que no lo volvieras a tocar, después de todo ya abrí. – soltó Argus en tono amablemente rudo.

Inconscientemente, retrocedió un par de pasos asustada. Gesto que lo hizo bufar por lo bajo.

-Diablos niña, no te he dicho nada indecoroso ni nada que se le parezca así que no es necesario que te alejes y me mires de esa forma. – se recargó en el marco de la puerta con descuido. – No es como si me fuera abalanzar sobre ti.

Parpadeó reiteradas veces, para luego bajar la cabeza avergonzada y disculparse en voz baja. – Lamento las molestias. No era mi intención ofenderlo. – hizo un formal gesto de disculpa.

Rió desaliñadamente, de forma rasposa como si no lo hubiera hecho en mucho tiempo, mientras que con un toque de sorna respondió. – Tranquila no me has ofendido ni nada que se le parezca. No soy un blandengue que se ofende por insignificancias. – se cruzó de brazos y alzó las cejas.

-Bueno, yo vengo…- inició escuetamente.

-No es necesario que me lo digas, se que vienes de parte de ese maldito conde del demonio. – una mueca molesta se apoderó de sus facciones. – Ese bribón me las tendrá que pagar algún día.

-Eh…yo…pues…- balbuceó entrecortadamente, sin saber muy bien si defender a su maestro o guardar silencio. Sentía que caminaba por una explanada plagada de minas.

Sin prestarle real atención se movió de la puerta y se dispuso a entrar. – Será mejor que entres. – y sin agregar nada desapareció en el interior. Por unos cuantos instantes quedó descolocada pero rápidamente le siguió no sin antes dar unas cuantas miradas hacia los lados.

Al momento de cruzar el umbral no pudo menos que maravillarse de lo que sus ojos veían, porque definitivamente no encajaba de ninguna manera con lo que antes había podido captar desde el exterior.

-Es increíble… - murmuró adentrándose en una sala suntuosa, iluminada tenuemente por velas. Sus ojos viajaron rápidos por todo el lugar, era una mezcla interesante en estilos y formas, alfombras Persas cubriendo el piso y algún sector de las paredes, cortinas de delicados bordados, pinturas de marcos antiguos y ostentosos, algunas esculturas medianas, lámparas de con acabados delicados, sillones y sitiales hermosamente conservados, y cabezas de animales disecados colgado en las murallas como trofeos, ante este último detalle no pudo evitar hacer una mueca de desagrado. Odiaba la caza.

-Es una lastimas, la caza es un deporte de nobles desde tiempos inmemoriales. – comentó relajadamente Argus mientras pasaba por su lado sobresaltándola. – Supongo que los jóvenes no aprecian lo antiguo como antes. – le lanzó una mirada de reojo que la hizo sonrojar.

Recompuso todo lo rápido que pudo su expresión, por estar punto de preguntarle como supo lo que estaba pensando. Es un vampiro genio, se reprendió mientras daba gracias haber estado lo suficientemente perdida como para abrir la boca y soltar esa estupidez.

Sus ojos captaron la sonrisa socarrona en el rostro del hombre, y se quejó interiormente.

-A todos nos pasa cuando estamos con un antiguo niña. Cuando se es joven gozamos del privilegio de la ignorancia, disfrútalo todo lo que puedas porque una vez que lo pierdas la no vida se tornara arida. – aconsejó con un deje amargo. – Iré por las cosas.

Salió de la habitación a trancos largos, al percibir que los pasos se perdían por un corredor soltó el aire que acumulaba en sus pulmones con un callado suspiro. Le ponía nerviosa, había algo en él que simplemente la hacía sentir torpe y aún más desgarbada. Se preguntó si podía ser esa extraña mezcla de sensualidad hosca. Sabía que los vampiros tenían una naturaleza predominantemente sensual, como ejemplo tenía a su maestro era la viva imagen de la sensualidad aristocrática y cínica. Que se oponía totalmente a la descarnada, hosca, y atractiva sensualidad de Argus.

No pudo evitar pensar que era realmente guapo. No había que reflexionar mucho al respecto para reparar en ese hecho después de todo era cosa con ver ese par de ojos carmín brillante para hacerse una idea, o la tupida cabellera castaña y ondulada. O la anchura de su espalda y fortaleza de sus brazos o…

Maldijo entre dientes horrorizada por la línea de sus pensamientos. No era prudente que su mente divagara de esa forma acerca de un desconocido. Un desconocido que para más remante podía leer la mente, eso no era natural en ella … Así que abochornada apartó su mente del estudio de ese hombre, por mucha curiosidad le produjere.

La imagen de su maestro volvió a su mente, y se sintió aún más avergonzada, ¡no era un cambio justo! Molesta consigo misma por pensar en ellos, gruñó bajamente. Tan ensimismada estaba que no sintió que Argus se acercaba lentamente por detrás, y la sobresaltó. – Así que ese demonio perversor se sigue inclinando por jovencitas. – declaró con tono ligeramente distendido, pero con el ceño fruncido. – Un consejo, niña, nunca creas nada de lo que dice, es un patán.

Quiso diluirse en el suelo, ante la conclusión. De verdad Argus pensaba que su maestro la había seducido y eran algo así como…amantes. Negó furiosamente con la cabeza. – S-se e-equivoca… - movió las manos frenéticamente. –…mi maestro y yo no somos…pareja. Ni nada que se le parezca.

-Entonces eras afortunada. – replicó con diversión ante la actitud aniñada, y tímida. – Si sabes lo que te conviene mantente lejos de sus garras. Si no está la fuerza que busca, su ímpetus terminan por destruir.

Bajó la cabeza, no sabiendo como contestarle.

-Siempre ha tenido una predilección por los ojos azules. – comentó mientras se dirigía a un librero junto a la ventana. –…no le he conocido ninguna amante que no los posea. Ese diablo embustero… - escupió molesto.

Serás dirigió de reojo la mirada hacía un cuadro sobre la chimenea. Era la pintura de una mujer joven, de rasgos dulces, cabello pelirrojo y un par de grandes ojos azules de una tonalidad clara como aguas. Y llegó a su mente la advertencia de su amo, acerca de no preguntar acerca de esa mujer. ¿Quién sería?

-Mi hermana… - extrajo una llave de sus mangas, y mientras se dirigía a un cuadro de mediano porte. - Me sorprende que te haya prevenido, no suele ser considerado con los demás.

-Él lo es, señor. Solo que de una manera que nadie comprende. - contestó suavemente, pero inflexible.

Torció la cabeza y la observó fijamente, sorprendio. – Lo sé joven Victoria, y eso me hace enojar más. – una sonrisa queda, avivó sus facciones antes de volver su atención a pintura. – Pregunta si quieres hacerlo…

-Usted y mi amo, ¿qué relación tienen?

-Ninguna del tipo amorosa claro. – soltó divertido, haciendo sonreír a Serás, ahora más relajada. –Somos primos lejanos por parte de madre, crecimos y peleamos juntos en la lejana Valaquia.

Un profundo ¡Oh! Se formó en su cara, mientras parpadeaba reiteradas veces procesando la información. Era un pariente de su amo, su curiosidad aumentaba a cada segundo.

-Es realmente inesperado. – comentó franca, torciendo la cabeza. –…jamás lo hubiese imaginado.

-No me sorprende, a mi me cuesta creerlo la mayoría de tiempo. - Giró la perilla de una caja fuerte, mientras seguía hablando. – Vlad, siempre ha sido un aristócrata libertino, y yo un ermitaño de mal temperamento, cuando estábamos vivos nadie creía posible que compartiéramos genes. Ahora, no hay gente que nos haya visto juntos que pueda compararnos, pero supongo que nuestras diferencias se han acentuado aún más con los siglos.

-¿Siempre se llevaron mal? – cuestionó intrigada no pensando realmente que estaba metiendo la nariz en algo que no debía, pero sin poder reprimir la pregunta que le rondaba la cabeza. Si eran parientes reales, y ambos a su vez eran vampiros algo tuvo que pasar para que las relaciones se enfriaran tanto entre ellos. Los hombros de Argus se cuadraron ligeramente, e inmediatamente se arrepintió de haber abierto la boca. - Lo lamento, no es mi asunto… - se disculpó con la voz contraída y bastante temerosa. Después de todo llevaba unos minutos de conocerlo, y era un vampiro antiguo que podía llegar a ser peligroso para la misión y para ella.

-Tranquila. Es algo bastante complejo de explicar, ambos siempre fuimos muy unidos pese a las continuas diferencias y encuentro de…- hizo una pausa, y chasqueó la lengua, antes de completar. –…opinión. – Algo en la expresión y tono que utilizo el hombre la hizo dudar que sus encuentros hubieran sido solo de "opinión", su intuición le decía que definitivamente habían llegado a las manos.

Él ajeno a sus reflexiones, siguió calmamente. – Más después de la muerte Mirceas… – Hizo una pausa y la miró. –… No malinterpretes mis palabras, aún somos amigos, nos encontramos un par de veces cada década pero me temo decir que ya no es lo mismo de antaño… - abrió la caja fuerte, y giró con dos cuadernos empastados en un cuero de color rojo, en las manos. –Esto es lo que tú maestro quiere… - caminó hacía ella. – El carmín y el borgoña…

Su rostro cayó ligeramente decepcionado, jamás se imagino que el encargo de su maestro fueran libros, de hecho estaba ligeramente inquieta preguntándose qué clase de extraño artilugio o peligrosa arma tendría que custodiar y transportar hasta Hellsing.

Estaba demás decir que no era lo que esperaba.

Captando el gesto, Argus soltó una carcajada ronca. – Veo que no era lo que esperabas encontrar…

Torció la cabeza, y asintió. – No es el estilo de mi maestro, algo tan… - dejó la frase inconclusa, sin saber que palabra usar. Jugueteó con un botón nerviosa, mientras desviaba la mirada.

Alzó las cejas, divertido. –…inofensivo. – Concluyó por ella, sonriendo. - Otra sugerencia para que tengas en cuenta, nunca subestimes algo que venga del maniaco de tú amo…lo que es más inofensivo, en sus manos puede ser una guadaña.

Le extendió los libros con lentitud, ella los recibió con cautela. Solo por unos instantes tuvieron sujetos los dos a la vez los objetos, y en el breve trance de traspaso, la expresión de Argus se contrajo como si recordara algo importante.

Distraída, guardó los libros con el cuidado con que se manipulan explosivos en su mochila. No fuera hacer que de verdad estallaran o algo peor a eso. Cuando acabó, lanzó un suspiro de alivio ya los tenía cada vez el final de su misión estaba más cerca de su fin, y con eso su salida de esa casa que sin querer le tenía los nervios crispados.

Se colgó su bolso en la espalda, y volvió a mirar al hombre, con una sonrisa agradecida. Sonrisa que no duró demasiado, y terminó congelada en una mueca, al percatarse del rostro contraído y melancólico. Una punzada de dolor la atravesó estacándola al suelo, con sus ojos pegados a los de él, pudo sentir como sentimientos que no sabía que tenía se movían desequilibrando su fuerza, desconcertándola.

Casi hipnotizado Argus extendió la mano dejándola a escasos centímetros de rostro de ella. ¿Era posible que su inmortalidad hubiese sido capaz de borrar ese rostro tan conocido y lejano? Maldijo entre dientes su falta de visión, pero era parte de la maldición que sus mentes inmortales recordaran poco su vida mortal. Pero ella era más que un simple recuerdo para él, fue la causa de su inmortalidad, su castigo y cruz que tomó para redimir en algo el daño que su casta le había causado. Para controlar el odio desmedido de su hermana, y castigar por la eternidad la brutalidad e inconsciencia de su primo.

Todo fue por ella. La causa final de su vida e inicial de su no vida.

Boqueó ligeramente al sentir los dedos largos de Argus rozarle la mejilla en una sutil caricia, tan suave como el aleteó de mariposa. ¿Qué era lo que estaba pasando con ella? ¿y por qué de pronto la miraba de esa forma? Su sangre casi inmóvil por unos segundos se sintió enérgica de nuevo. – Señor Argus…- le llamó suavemente, de una forma que le pareció antinatural.

-Argus…- respondió con voz pausada, y cargada de algo similar al anhelo. – Solo llámame Argus.

Asintió débilmente. – Creo que ya es hora de irme…- se alejó de él sin dejar de mirarlo, como si de pronto fuera a recordar algo, como si hubiese estado en una situación parecida antes. –… ¿le mandará algún recado a mi amo? – preguntó cuando estaba en la salida.

Irguiéndose nuevamente, y retomando su expresión seria negó con la cabeza. –…Joven Victoria alguna vez te has preguntado porque Vlad te transformó…

Ella asintió con la cabeza, la verdad nunca había entendido que motivo a su amo a salvarla ese día, siempre pudo dejarla morir y ahorrarse problemas.

Argus sonrió para él. – Ten algo en mente, Vlad jamás hace algo que no tenga motivo. Sus razones son más cercanas a su mortalidad que inmortalidad, un extraño juego del destino… - lo último lo dijo para él mismo.

Asintió sin entender ni media palabra, y se volvió hacía la salida con una leve inclinación, mientras él quedó en el mismo lugar verla desaparecer en las sombras de vestíbulo. Se acercó a un sofá cercano y se dejó caer en el con la cabeza dándole vueltas.

Sería posible que el condenado cabrón de Alucard la hubiese enviado con alguna doble intención, llevaba años en que él estaba tomando una posición más bien neutral respecto a esa guerra silenciosa entre ese par de maniáticos que eran Carmilla y Vlad. Solo se entrometía lo necesario para evitar que destruyeran más de lo permitido o se arrancaran las cabezas aparatosamente.

Por un lado se sentía entre la espada y la pared, llevaba cinco siglos en esa posición que cada vez se le hacía más insostenible, no podía apoyar a ninguna de las partes. No era capaz de colaborar con ninguno para terminar con esa lucha, que hasta ese momento se había mantenido en una versión más peligrosa de lo que fue alguna vez la Guerra Fría para los humanos, y una tensión diez mil veces más implacable que soportar para él.

Era totalmente consciente que Vlad tenía motivos más que suficientes para querer despellejar a Carmilla (él mismo sin ir más lejos aún se sentía tentado a hacerlo), pero por otro lado no podía permitirle hacerlo, era su hermana, sangre de su sangre. Y le gustase o no, no podía destruirla.

Pero por otro lado tampoco podía ayudarla a destruir a otro miembro de su escaza familia legítima, además del hecho de que jamás se iría en contra Vlad. No podía apoyarlo pero si facilitarle las cosas, un ejemplo de ello era la custodia de sus diarios que contenían información valiosa la definitivamente no podía caer en manos equivocadas, llámese hermana u otro, ¿aunque spara ser honesto que más peligroso que su mismo autor?

Negó con la cabeza, sintiéndose más viejo y cansado que nunca-.

Ahora, solo quedaba esperar a que las fichas del rey y la reina movieran las fichas en su tablero, para definir quién sería el vencedor en esa lucha de poder.


Alucard sentado en su trono de madera con una copa de sangre borgoña en la mano, meditaba en la situación actual. Al parecer su maestro estaba en una especie de coma inducido, según lo que le dijo Walter.

Ya no convulsionaba, pero tampoco sabían si despertaría pronto.

Según lo que le explico el médico, era producido por el exceso de estrés. Una forma que tenía la mente de escapar de las situaciones de extrema tensión o cansancio. Descripción que correspondería innegablemente si se tratara de alguien distinto a su amo, y él no estuviera involucrado.

Meció el contenido de su copa distraídamente con el ceño fruncido. No quiso decirle a Walter cual era el verdadero motivo del estado comatoso de Integra, después de todo más que una ayuda se volvería un jodido incordio. Mientras el shinigami creyera que era una enfermedad humana y natural, y él se viera lo menos implicado posible podría actuar con calma desde las sombras.

Detuvo el movimiento del cristal en sus manos, y fijó los ojos en su carmín contenido, algo en todo esto no le estaba encajando. Definitivamente él sabía que Carmilla atacaría en algún momento, esa arpía no se quedaría de brazos cruzados y tomando en cuenta el tiempo que se había demorado en presentarse era evidente que se traía algo grande entre manos.

Había sido descuidado, había estado tan pendiente de todos los asuntos de los humanos que había olvidados los propios y ahora se le habían adelantado. Y jamás vio venir el golpe.

Deseó haber paralizado a Argus en ese último enfrentamiento y haber hecho oídos sordos a sus malditos códigos de honor. Por todos los demonios, él era un maldito vampiro sanguinario y cruel, pero definitivamente era un caballero antes que todo. Y los caballeros tenían su honor.

Frunció el ceño ante su pensamiento mortal, daba igual que tan bastardo pudiese llegar hacer, era un bastardo con honor. Ridículo. Sonrió torcidamente ante su inconsecuencia –… demasiado humanitario, para un rey… - musitó para sí con sórdida burla. –...no volverá a ocurrir.

Una vez se había dejado aplacar y había prestado oídos a la petición de su leal concejero y accedió a perdonar la vida de Carmilla. Pero, ese indultó no volvería a repetirse esa vampiresa moriría, y al diablo el honor y todos los jodidos códigos humanos, la asesinaría de la manera más cruda que se le ocurriera.

Serviría de escarmiento para los otros antiguos, que estuviera alejado del circo de las fieras no quería decir que permitiría que hiciesen y deshiciesen como se les antojare, aún tenía el poder para destruirlos y estaba cerca su liberación y retoma de su antiguo titulo.

Torció el gesto con una sonrisa cargada de astucia.

-Veamos con quien les conviene estar, queridos súbditos… - declaró con suave peligrosidad. –…que puede hacer la princesa contra las fuerzas del rey… - quebró la copa y el vino fluyó por sus dedos. –…absolutamente nada.


Holaa, mil millones de años lo sé, pero no tenía tiempo para nada, y para ser completamente honesta no se para cuándo estará la próxima actualización ya que se acercan los finales y estoy hasta el cuello con artículos y materia…en fin, espero que sea de su agrado.

Comenten, y díganme que opinan, se aceptan teorías al respecto…pues como verán las cosas se están destapando…apareció en escena Argus el primo amigo de Alucard, Carmilla y un puñado de vampiros antiguos, claro no tanto como nuestro conde, pero definitivamente las cosas son más complejas de lo que se creían en principio. A esto súmenle que ahora la llegada del niño tiene aún más misterio…xD

¡Es un rollo más o menos, lleno de recovecos!

Así que venga y díganme como creen que sucederán las cosas

Pues eso muchos saludos y gracias a todos los que comentaron.

Cuídense, y nos leeremos ojala pronto.


Brisa Black