Capitulo 9
"La princesa"
La luna brillaba con fuerza en el cielo, dándole un toque agradable y tranquilo al ambiente. Cualquiera podría decir que era una de esas noches de verano que merecían la pena pasarlas en el exterior y respirar ese aroma natural, tan propio de los bosques Irlandeses, tan ajeno a lo que se respira en otros parajes.
Ahora, hay que puntualizar que en la categoría de cualquiera no se encontraban los habitantes del pequeño poblado rural Ciarraí. Los cuales se encontraban encerrados en sus casas con las puertas y ventanas tapiadas, observaban con desosiego el minutero del reloj; musitando plegarias entre cortadas o apretándose crucifijos entre los dedos. Los más valientes, jugueteaban nerviosos con sus pistolas, atentos a cualquier ruido del exterior.
La rústica capilla del pueblo se veía endeble y disminuida, casi se podía sentir que la oscuridad se la tragaba conforme los minutos pasaban, y la llegada de los demonios se acercaba. Para los citadinos la actitud supersticiosa de los pobladores, podría ser objeto de risión, pero estos no habían visto lo que ellos.
Poco a poco comenzó a escucharse los motores de autos, los cuales rezumbaban fuertes en medio de la silenciosa oscuridad, retumbando en los oídos de los atemorizados miembros de la pequeña comunidad. Con los nervios a flor de piel apretaron las armas en sus manos los hombres, mientras las mujeres pasaban más y más rápido las cuentas de los rosarios.
El sonido se acercaba con prepotencia, sin miedo y sin cuidado. Desafiando casi a esa gente a aparecer. Con la respiración entrecortada cada unos en sus casa, detuvieron el aliento al momentos que los carros atravesaban el camino principal que pasaba por en medio del pequeño lugar.
Solo lograron respirar cuando y el corazón volvió a latirles cuando los motores se alejaron y se internaron por el camino del bosque. Cada quien en sus casas soltó el aire contenido y abrazo a sus niños dando gracias al menos por esa vez haberles echo invisible. Y si la suerte estaba de su parte nadie de los suyos sería victimas de esas bestias.
Sentada en una suntuosa sala, una hermosa mujer observaba el fuego con altivez, y anticipación. Reclinada con elegancia y delicadeza en un sofá alto, bebió el último sorbo de su copa mientras la enérgica melodía de La fuga avivaba su espíritu.
Todo el lugar estaba decorado en terciopelo, y dorado el cual combinaba perfectamente con su frondosa cabellera pelirroja, que caía con gracia por sus hombros. Su rostro angelical sonreía con satisfacción, en un suave movimiento se levantó de su lugar y acomodó levemente su vestido carmín. Se allegó a la ventana y sus ojos borgoña captaron los elegantes autos negros que salían del bosque adentrándose en sus dominios.
-Todo está saliendo conforme a mis planes. – mordió sus labios con anticipación.
Unos suaves golpecillos la hicieron erguirse, soltó un "adelante" desinteresado. Una criatura pequeña y graciosa hizo una suave reverencia. – Mi ama, los señores convidados han llegado.
Asintió lentamente. – Muy bien Marianne. Dile Charles que se encargue de acomodarlos, y Ray que los reúna en el salón principal, en diez minutos.
-Como mi señora manda. – hizo otra reverencia, salió del cuarto silenciosamente.
Sin prestarle demasiada atención, volvió su atención a la ventana. Estaba ansiosa por completar sus planes, casi podía sentir el sabor de la victoria en sus labios, se encargaría de aplastar al maldito traidor. Al fin comenzaba la etapa interesante de todo esto, con sus súbditos aquí era cosa de tiempo para que pudiese lograr sus objetivos, una sombra maligna ensombreció su rostro cambiando el aspecto angelical por uno rapaz y perverso.
-Que te aproveche primito. – susurró sonriente mientras se alejaba de su ventana y se dirigía a la puerta. El consejo no podía funcionar sin su reina.
Sentado con expresión adusta, en una de las butacas junto al fuego, Lord Grey no podía dejar de sentir desazón. Era el primero en llegar a la improvisada, pero no menos dramática reunión invocada por la auto proclamada reina de los vampiros, rodó los ojos ante el descaró de esa malcriada mujer.
Giró el bastón entre sus dedos, y se reclinó levemente, buscando destensar algo su postura, no le convenía despertar suspicacias en los ciegos, adoradores de esa perversa arpía. Tenía que ver la forma de prevenir a Argus, sin que ella se percatara de eso, no sabía cuanto tiempo tenía antes de que comience a estallar todo ese asunto, que se llevaba bastante tiempo cociéndose. Masajeó sus ojos con cansancio, esto no estaría pasando si Vlad no se hubiera embarcado en la absurda empresa de ir tras esa humana, una historia diferente se contaría, y si Van Hellsing no lo hubiera encadenado.
Sintió por el pasillo el murmullo de algunas voces, y los livianos pasos de sus coetáneos. Más valía interpretar a cabalidad su papel, y pararles los pies a esa demente, la puerta se abrió y entraron el resto de los convidados.
Cinco hombres cruzaron la puerta, mientras que con una leve pero distante sonrisa se saludaron entre ellos. Lord Grey, hizo una lista mental con sus nombres, sería de utilidad más tarde, Lord Aldrich, Lord Bentley, Lord Bradley, Lord Sheppard y la serpiente mayor, el infaltable Collingwood.
-Vaya, vaya, siempre haciendo gala de su puntualidad marcial, no es así Lord Grey. – dijo. Lord Collingwood, sonriendo venenosamente, mientras se acercaba a un mini-bar y se servía whisky.
Enarcó una ceja, y sonrió con suficiencia. – Los viejos somos enchapados a la antigua usanza. – no pasó desapercibido la ligera acentuación en la palabra viejos, dejando en claro su posición superior tanto en edad como en poder.
Collingwood, sonrió con falsa cortesía mientras lo taladraba con la mirada. Su primer impulsó fue responderle una grosería, pero sabía que no le convenía. Odiaba a Grey. No era un secreto para nadie, ni aún para el mismo. Pero si quería que el plan de su Ama funcionara necesitaban tenerlo de su lado o a lo menos vigilado, una vez que lograrán su objetivo, tendría tiempo de pensar que hacer. Así que, no con poco esfuerzo, hizo una venía entregándole la victoria en esa batalla, pero no la de la guerra silenciosa entre ambos.
Todos guardaron silencio, y el ambiente se electrizo. Sus agudos sentidos, captaron claramente el suave sonido de la puerta, seguido de un frufrú de faldas y los pasos femeninos. La tensión aumento, mientras el taconear se iba acercándose, hasta el punto que se podía cortar con tijeras.
Angelical, magnifica y absolutamente peligrosa eran algunos de los calificativos que se le podían dar. Carmilla, abrió la puerta lentamente y se adentró con calma al interior de la habitación, dejando que su conocido encantó los arrullará. Sabía cual era el efecto que causaba, y que su apariencia inocente le daba una ventaja que no desaprovecharía.
Lord Collingwood y los demás Lores quedaron notablemente embelesados, eran sus cautivos de ella. En su lugar, Grey, observó la expresión de cada uno de sus coetáneos y casi imperceptiblemente frunció el ceño. Todos estaban como hipnotizados, en especial Collingwood, que tenía una expresión de absoluta adoración sin rastro de su astucia y veneno característico.
Interesante.
Carmilla, se pavoneó con coqueta inocencia, mientras saluda con cortesía a cada unos de los presentes. Grey sonrió para sus adentros, definitivamente conocía esa artimaña. Era la treta de la araña reina para aparearse, preservar su descendencia y luego comerse al macho.
Cuando tocó su turno, se levantó de su lugar, e hizo la venía protocolar a la dama. – Lady Carmilla, está usted divina, como siempre. – sonrió con un dejo de cinismo, que ella no percibió o disimuló muy bien.
-Lord Grey, siempre tan galante. – bajó la vista con aparente vergüenza.
Era una actriz consumada. Para él no era ninguna novedad, llevaba siglos de conocerla, y había vivido una experiencia bastante desagradable al respecto. El mismo casi fue presa de esa arpía, así que era muy consiente, de lo poderosamente persuasiva que podía llegar a ser. Tenía que andarse con cuidado, era suspicaz como una serpiente pero su disfraz de cordero era perfecto, por lo tanto cualquier paso en falso la pondría a la defensiva, y eso sería desastroso. Y porque no decirlo, peligroso.
-Caballeros, se que todos ustedes tiene agendas muy apretadas, así que iré al grano. – con absoluta calma y con un gesto cordial, pasó su mirada por cada rostro que la observaba. – Todos sabemos que nuestra especie ha habitado en el anonimato, relegados a la sumisión del secreto. – caminó hasta la ventana e hizo silencio por unos segundos produciendo cierta expectación.
Grey tuvo que reprimir un rictus socarrón, ya iba entendiendo hacía donde se dirigía la conversación. Era una pérfida arpía. Lo fue hace dos siglos, cuando quiso utilizarlo como carnada contra Vlad, y como ejecutor de Argus. Grande fue su suerte al poder librarse de su hechizo, y poder ver tras la mascara. Estaría siempre agradecido de ellos por la segunda oportunidad que le dieron.
-Demás está decir el empeño que han puesto los humanos para cazarnos, sin muchos resultados vale decir. – Haciendo clara alusión a Iscariote, algunos de los lores rieron con mofa. – O eso era así hasta hace algunos años.
-Ni con Anderson Iscariote ha podido contra nosotros. – comentó con displicencia, Lord Bradley.
-Así es. Si en tres siglos han dado con nosotros, dudo que ahora puedan. – apoyó Aldrich.
Una tenue risa escapó de los labios de Carmilla. – Mis señores, en que momento dije que era Iscariote la amenaza… - torció ligeramente la cabeza. – Hellsing es nuestra amenaza.
Los hombres se tensaron y compartieron miradas entre ellas. – Pero mi señora, en Hellsing está él. – fue la réplica de Bentley. – Lord Vlad no ha hecho nada contra nosotros, en todas estas décadas. ¿Por qué ahora nos traicionaría?
Carmilla tuvo que suprimir una mueca ante la mención de él. Ese maldito conde, se las vería ahora. Destruiría todo lo que le rodeaba, todo eso que atesoraba. Nuevamente. – Por el simple motivo que sus lealtades ya no están con los suyos.
Grey frunció el ceño, mientras un murmullo se extendía entre los presentes.
-A que se refiere exactamente, Lady Carmilla. – preguntó Aldrich con sobresaltó.
-Simple. Nuestro "rey" está encaprichado con la humana que dirige esa organización. - otro murmullo se esparció entre los lores. Mientras que exclamaciones de "otra humana", y de "esto es inaudito" salían con desconcierto entre ellos. – Y todos sabemos cual fue el resultado de su ultimó capricho. Él es solo una sombra de lo que era, está debilitado por las pasiones mortales, ya no tiene la fuerza de antes. Es por eso que propongo que ataquemos antes y dominemos. Que tomemos nuestro lugar de cazadores y no presas y nos deshagamos de nuestros enemigos… - hizo una pausa, mientras se relamía internamente. –… y de los traidores.
Collingwood, se levantó y agregó. – Nuestra dama tiene razón, la mejor defensa es un buen ataque. Es preferible moverse ahora que están desprevenidos y destruir.
Grey, en su lugar estaba tieso, y sin expresión mientras su mente trabajaba a toda velocidad debía ser rápido y avisar. La guerra contra Vlad estaba por ser declarada, y ni hablar de la cantidad de sangre que se derramaría.
- Así que mis señores, ¿qué dicen?
Todos asintieron entre ellos, y Bentley tomó la palabra. – Se hará de esa forma entonces. Atacaremos y venceremos, después de todo es la supervivencia de nuestra raza la que está en juego.
Collingwood sonrió como un áspid, y se dirigió a Grey. – ¿Podría agregar algo, Lord Grey?
Sentado y sujetando bastón con las dos manos, alzó los hombros con complacencia. – El consejo ha hablado no hay nada que tenga que agregar.
-Maravilloso. Entonces comenzaremos de inmediato la ofensiva. – Carmilla sonrió ampliamente. – En los próximos días se les darán instrucciones.
Sentado en su trono, Alucard, observaba los dos manuscritos sobre la mesa. Habían pasado un par de horas desde que la chica policía se los había entregado. Rió bajamente al recordar la expresión despavorida de Victoria al dejarlos sobre la mesa. Esa mocosa le hacía reír, era como un soplo de aire fresco en su mente perturbada. Se parecía tanto a Alexandra. Afirmó el codo en los brazos de la silla, mientras que con la mano sujetaba su mentón, pensando en la expresión de Argus al ver a su aprendiz. Seguro que pronto tendría alguna visita familiar, rió nuevamente.
Volvió la vista hacía sus libros, y mudó la expresión. Era un peligro remover el contenido de esos manuscritos. Había detalles de antaño que no quería recordar, además de la enorme cantidad de ritos y hechizos de magia negra de la cual no existía más registro. Fueron tres siglos de búsqueda de conocimiento que dio por resultado esos volúmenes. Estaba seguro que en alguna parte encontraría la información que necesitaba.
Alargó un tentáculo de oscuridad y cogió los dos libros. Era interesante el aura oscura que emanaba de ellos, hizo un ademán teatral, no se podía esperar menos de si mismo. Abrió el Borgoña y pasó las primeras páginas, este lo escribió después del Carmín y a diferencia del otro este último tenía sus páginas cargadas con magia negra, donde cualquier ocultista hubiera vendido el alma de varias reencarnaciones sin chistar.
Necesitaba saber que era exactamente lo que le ocurría a Integra, y como volverla a la normalidad. Escudriñó página por página, y frunció el ceño contrariado. – "commutatus anima speculum" – musitó y comenzó a leer.
"…es un complejo rito babilónico, utilizado excepcionalmente por las sacerdotisas de Ishtar, primeramente por la complejidad de este y segundo, por los efectos en los mismo realizadores. Básicamente consiste en reemplazar el alma de una persona viva, por el alma de su encarnación, sellando de está forma ambas en un mismo cuerpo. Esto ocurrirá aleatoriamente, hasta que sus efectos se vuelvan permanentes, lo que provocará que la persone pierda la razón a causa de las posesiones esporádicas. Además están traen aparejadas un enorme desgaste espiritual, por lo cual la victima caerá en largos periodos de hibernación hasta cuando alcance su limite de resistencia y se destruyan los dos espíritus…"
Soltó una retahíla de maldiciones, en varios idiomas. Esto no estaba pintando nada bien. Diablos, Walter lo mataría cuando se enterara. Continuó con la lectura…
"… para lograr realizar este rito, se requiere un objeto que haya llevado consigo la encarnación durante su deceso, además de unas gotas de su sangre. De la reencarnación un objeto personal que lleve consigo y la sangre. Por último se necesitará que su realización sea hecho en el primer equinoccio del año…" – paró la lectura y bufó.
Esa maldita perra lo supo siempre. La pregunta era ¿por qué hasta ahora? Masajeó las sienes con cansancio. Necesitaba la cabeza fría. Lo primero sería buscar la forma de evitar que Ioana entrará en Integra nuevamente, no sabía cuanto su maestro podría resistir. Y después debía descubrir como deshacer la maldición.
Aunque para él no habría mejor forma de desarmar todo eliminando la escoria de raíz.
Carmilla, estaba vez sabría porque le llamarón Dracul.
Cerró el libro, y dejo ambos dentro de su ataúd. Caminó pausadamente pero con trancos largos, y cruzó la pared. Silencioso como una sobra cruzó todo el señorío, hasta la habitación de Lionel.
Cuando entró al lugar el niño estaba despierto, mirándolo fijamente. Alucard alzó las cejas divertido. – Veo, que me esperabas niño.- en respuesta gorgojeó moviendo las manitos.
-Te parece, niño, que vamos a ver al amo. – la mirada acerada dio una clara respuesta. Rió bajamente, sabía que lo entendía. – Estoy seguro que se alegrara de vernos.
Walter caminaba de aquí para allá ordenando el cuarto de Sir Hellsing, acomodó algunas fotos, los cuadros, y sacudió el poco polvo acumulado del día anterior. Era excesivamente meticuloso con el orden, en especial cuando se trataba de ella.
En todo su actividad el sonido de las maquinas lo acompañaban recordándole a cada instante que ella estaba en esa cama, inconsciente y que no tenían pizca idea de cuando iba a despertar. Lanzó un suspiró preocupado, y se volvió a ver a la muchacha.
Se veía hermosa, y calmada. Nadie diría que estaba en coma.
Su mente no dejaba de pensar que era lo que había ocurrido. Estaba bien, ese día no presentó ningún síntoma que le hiciera presumir que estaba enferma, o que algo no funcionaba como debía.
Algo se le hacía raro en todo esto, apretó los labios en un gesto de disconformidad.
Se dirigía a la salida del cuarto cuando, la puerta se abrió dando paso a Alucard, con su usual porte. – Walter, ¿cómo está ella?
-Igual… - dijo quedamente. –…el médico dijo que debería despertar en cualquier momento. Lo que sea que le haya pasado, no afecto mayormente, solo es agotamiento.
-Es una mortal, por mucho que quiera aparentar lo contrario.
-Es simplemente tan extraño. – exclamó con incomprensión.
-Su corazón funciona, y respira. – sonrió burlón. – Que de raro tiene eso.
-Muy gracioso, Alucard. – dijo con acritud. – Sabes muy bien que no me refería a eso. Esto fue casi antinatural, es como si la hubiesen drenado de energía.
-¿Así? – replicó con fingida sorpresa, mientras se acercaba a los pies de la cama.
-Sí. Es como si hubiese sido… - arregló sus anteojos, reflexivo. –…hechizada.
O maldecida, que al caso es lo mismo, pensó para sí el vampiro haciendo un gesto de fastidio. Era un alivio que Walter estuviera detrás de él, porque si ya sospechaba que todo lo que le pasaba a su amo no era algo netamente humano, su expresión le hubiese dado la respuesta que buscaba. Y, para ser honesto no tenía ganas de lidiar con el ángel exterminador. No hoy. No ahora.
Tenía que encontrar rápido la forma de desarmar este asunto de una buena vez. El punto era como explicarle a su amo lo que estaba ocurriendo con ella. ¡Demonios, se volvería loca de coraje! Sonrió con malicia, no le era tan mala opción, después de todo adoraba hacerla enojar. Su mente divagó por unos momentos, hasta que la criatura, se removió en sus brazos, trayéndolo de vuelta y percatándose que Walter, le observaba desde su posición.
-No sabía que te gustaban los niños… - señaló con un tono de voz teñido de suspicacia.
-No me gustan los niños. – respondió con simpleza.
-Pero con Lionel, pareces no tener problemas. – contraatacó, cruzándose de brazos. – Lo que me lleva a preguntar, ¿qué es lo que produce este cambio?
-Nada en particular. El hecho que no lo haya asesinado, no quiere decir que me agrade. – ladeó la cabeza y lo miró a los ojos, antes de enarcar una ceja. – Sigo órdenes, ángel exterminador, solo cumplo la voluntad de mi amo.
Walter frunció el ceño. – Algo en todo esto no me está calzando. La gente no se enferma porque sí, ni tú obedeces sin un buen motivo que te justifique. – entrecerró los ojos. – Esto no me suena a coincidencia.
-Creo que los años te han aumentado la imaginación. – soltó con sorna.
-Espero que no tengas que ver en esto Alucard. – advirtió, omitiendo el comentario del vampiro. – Si averiguó que estás involucrado, me las arreglare, para encerrarte en tú maldito calabozo otros veinte años más.
Alucard, sonrió locamente, mientras soltaba una risita entre diente. – Me gustaría verte intentarlo, ángel exterminador. De verdad me encantaría verte intentar hacer algo como eso. – No dejó de sonreír, pero ambos sabían las sutiles amenazas lanzadas en el sucinto dialogo.
Y sin agregar nada más, el mayordomo salió del lugar no sin antes lanzarle una última mirada de advertencia al nosferathus. No lo dejaría salirse con la suya esta vez.
Cuando la puerta se cerró, la insana sonrisa del vampiro se borró, dando paso a una mueca de fastidio absoluto. ¡Maldito anciano del demonio! Pensó con despreció, frunciendo los labios.
Debería irse con cuidado, Walter, ya sospechaba de él. Y sabía que era cosa de tiempo para que descubriera que era el responsable de todo lo que estaba pasando en la Mansión. La opción que le quedaba era hablar con Integra, y ver la forma de hacerla cooperar, dejando claramente al anciano de lado.
¡Como haría que Integra, no involucrara a ese entrometido! Pensaba en eso, cuando Lionel nuevamente se removió en sus brazos, trayéndolo al presente, otra vez. – Necesitare tú ayuda pequeño canalla. – dijo, con un susurro. – Tendrás que ayudarme para manipular a Integra, y así atar los cabos sueltos. – en respuesta la criatura solo bostezo.
En respuesta solo se removió entre sus brazos acomodándose. Estaba en ese cuando sintió una vibración psíquica. Abrió sus ojos son sorpresa, y sonrió de medio lado, era de esperase que comenzara a luchar de inmediato. En un parpadeó estaba en la habitación de Lionel y al otro estaba nuevamente con su maestro. Amaba ser absurdamente poderoso, rió entre dientes mientras se acercaba a la cama y se arrodillaba junto a su amo.
-"Mi maestro"
-"Alucard, ¿por que estoy inconsciente?"
-"Tuvo un exceso de fatiga"
-"¿Fatiga?" – pensó con incredulidad. – "Alucard que crees que soy alguna especie de idiota." – Bufó-" ¿Quien demonios es Ioana? Y que relación tienes tú con todo esto…"
Rió entre dientes. Recordaba todo. "Amo, usted esta siendo victima de una antiguo ritual de magia negra babilónico"
-"¡Qué demonios, dices!" – gruñó entre dientes. – "Por qué tengo la impresión de que tú eres el gestor de todo este desastre."
-"Podría ser, amo"
-"¡Como que podría ser chupasangre idiota!"
Alucard se levantó de su lado, sonriendo. Estaría en problemas cuando se despertara. – "Descanse maestro, cuando despierte le explicare todo" – señaló mientras se dirigía hacía la puerta.
-"¡¿Qué? ¡No! ¡Alucard vuelve aquí, no te atrevas a irte!"
-"Nos vemos mi maestro" – dijo a modo de despedida mientras salía del lugar con una sonrisa loca. Era una buena forma de cobrarse que lo dejara encerrado en ese ataúd. Y tan tranquilo como llegó, se retiro a sus aposentos tenía algunas cosas que investigar, y tal vez hacerle una próxima visita a su viejo camarada y pariente. Argus estaría encantado de verlo.
Tendría que tener todo listo antes que su maestro despertara. Si quería hacerla cooperar con sus planes.
Después de casi un año sin actualizar, aquí les traigo un nuevo capitulo. No tengo muchas excusas, porque es lo mismo de siempre tengo muy poco tiempo y una fuerte crisis de inspiración no me dejaba avanzar.
Espero que el capitulo sea de su agrado, y ya el próximo tendremos a Integra de vuelta, más cabreada que nunca. Y un Alucard excesivamente…ya saben excesivamente Alucard. XD
Eso se me cuidan, y espero que nos leamos pronto.
Brisa Black
