¡Hola! Como prometí, acá está el nuevo capitulo. Espero les guste, dejen sus opiniones... y si encuentran algún error, por favor, hagánmelo saber ¿Si? ^_^
Casi todos los personajes son propiedad de Stephenie Meyer. Solo la trama me pertenece.
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Capítulo 2
Cuando era niña mi vida era como el tipico sueño americano; casa con jardín, perrito, auto y la familia ideal formada por Charlie, Renée y yo. Eramos muy felices, deberia haberme dado cuenta de que cada persona tiene un margen limitado de buen tiempo, esa seria la única explicación lógica que encuentro a tantos cambios repentinos.
Renée siempre fue una mujer fuerte, pero poco a poco se fue debilitando. Un día se desmayó, de la nada, ella simplemente cayó al suelo. Charlie se preocupó y prácticamente la obligó a ir al hospital. Después de estudio tras estudio y de quedarnos toda una noche esperando los resultados con mamá internada debido a que había seguido sintiéndose mal, le diagnosticaron leucemia. Ella estaba enferma, una especie de cáncer de la sangre.
Luchamos contra esa enfermedad juntos, como la familia que eramos, pero a los dos años de haber mostrado mejorías, mamá tuvo que ser internada de vuelta. Me sentí impotente, ella muriéndose y yo no podía hacer nada más que esperar nuevas noticias, "no son compatibles" esas habían sido las palabras del medico para Charlie. Me sentía culpable, aun me siento culpable... no pude ayudarla a tiempo y como no consiguieron otro donante rápidamente, a los días ella murió. Pueblo chico, infierno grande.
Papá quedó sumido en una profunda depresión y ahí tampoco pude hacer nada. Él simplemente dejó de ir a trabajar y hasta dejó de hablarme. Si bien tenia nueve años, era bastante madura y trataba de tapar los problemas que tenía en casa cuando me preguntaban porqué siempre llegaba tarde o por que papá no asistía a las reuniones y citaciones. Luego estaban los servicios sin pagar, tuve que tomar dinero de la caja en la que siempre había dinero ahorrado para poder pagar esas cosas, además de comprar comida y otras cosas necesarias. Papá no existía, creo que ni lo veía, si bien vivíamos en la misma casa, siempre cuando yo llegaba del colegio, él se encerraba en un cuarto. Charlie me odiaba, de eso estaba segura y era la razón por la que lloraba todas las noches, además extrañaba demasiado a mamá, tenia dudas y no tenia a quien preguntar.
Si bien lo intenté, no pude cubrir nuestra situación por mucho tiempo... a los tres meses de la muerte de mamá, una pareja muy elegante vino a casa. Preguntaron por Charlie Swan y les mentí, les dije que estaba trabajando. Por supuesto, no me creyeron. Al día siguiente aparecieron nuevamente, solo que esta vez iban escoltados por tres hombre uniformados. Me subieron a un auto y en poco tiempo estábamos saliendo del pueblo. No volví a ver a Charlie hasta unos cuantos meses después, y puedo decir firmemente que ese hombre que volvió a reclamar por mi, distaba mucho de ser lo que había sido mi papá. Ese hombre que yo tanto admiraba y respetaba murió junto con mi madre, el que se quedó no se quien era, pero desde luego no era él.
Fue todo tan rápido que a veces lo encuentro borroso. Pero sigue presente, al igual que los siguientes años de idas y vueltas...
—¿Bella?— La voz de mi amigo me sacó de mi trance. Estaba tan sumida en mis recuerdos que hasta había olvidado donde estaba.— ¿Estás segura de que fue buena idea acompañarme aquí? Puedo volver más tarde... solo. Ahora creo que deberíamos...—
—Tranquilo, estoy bien. Es que... había olvidado algunas cosas.
La luz de un leve rayo de sol se filtraba por la cortina del que había sido mi cuarto. Todo parecía igual, solo las paredes parecían haber envejecido. Charlie había dejado todo como hace años atrás yo lo había dejado. Mi cubrecama morado, mi armario seguía a medio abrir con las perchas vacías. Hasta mi mesilla de noche con mis pequeñas cosas seguía allí, cubierta de polvo. Me acerqué a ella y me senté en la cama. Era consiente de que Riley me miraba preocupado desde el marco de la puerta, en silencio, dándome mi espacio. Abrí con duda el pequeño cajón de la mesita y tal como los recordaba, allí estaban. Tan delicados e inocentes. Unos pequeños escarpines blancos.
No esperaba volver a llorar, pero el dolor que sentía cada día volvía multiplicado por cien a desgarrarme el pecho. Me era imposible respirar, me sentía agonizante. Me abracé a mi misma, hasta sentir a Riley a mi lado, con sus brazos envolviéndome.
Lloré hasta que me sentí seca. Los ojos me ardían y la cabeza me dolía aún más. No había sido buena idea volver a este lugar. Desde luego que no.
—Iré por unos papeles y luego nos iremos. Digas lo que digas ¿Vale? Esto no te hace bien— Asentí y con un último abrazo él salió de la habitación.
Mi bebé... nuestro bebé. Íbamos a tener un pequeño Edward o como él mismo decía, una mini Bella...y sin darme cuenta todo se nos había ido al infierno. Todo.
Fui débil y estúpida. Había sido mi culpa y eso me torturaría hasta el último día de mi vida. O existencia, porque lo mio no era vida. Solo era un robot más que eficiente en su trabajo, pero nada más. Una cascara vacía. Ni siquiera se como había logrado conseguir un amigo como Riley, quizás porque el también había sufrido demasiado. En un impulso tomé los pequeños escarpines y algunas cosas más y las guardé en mi bolso.
Riley vino por mi luego de unos minutos y tiro de mi brazo lentamente. No me resistí cuando me guió por las escaleras, le seguí hasta que nos detuvimos en la sala y él me dejó darle el ultimo vistazo, no pensaba volver jamás. Nos dirigimos hacia la puerta, él la abrió y al segundo volví a quedarme sin aire.
Edward Cullen estaba parado firmemente enfrente de nosotros, con su mirada fría y amenazante a la vez. Él exigiría respuestas. Y estaba en su derecho.
Al fin y al cabo, hace casi diez años, yo había desaparecido de un día para otro sin decirle nada... estando embarazada de un hijo suyo.
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Tal vez actualice el sábado. Como ya dije, son capítulos cortos, por lo que estaré subiendo seguido. ¡Besos!
