Capítulo II
Los hechos ocurren,
pero no de forma aleatoria,
al contrario de todo lo pensado,
son elaborados con nuestro consentimiento,
sin saberlo.
Llegaron a una aldea bastante grande, Sango bajo de Kirara y unos hombres se acercaron a ella para contarle todo lo sucedido con el demonio, era una cobra negra que atacaba a la población, Inuyasha y Shippo bajaron de Kirara y se acercaron a Sango, cuando por fin el demonio apareció atacando a los exterminadores, todos saltaron fuera de su alcance y Kirara fue la primera en atacar, después Inuyasha salto al combate desenvainando a tessaiga pero fue golpeado por la serpiente y fue arrojado a un árbol.
- ¡Inuyasha! - Sango grito asustada y lazo a hiraikotsu cortando a la cobra hasta desvanecerla en trazos de humo café, Sango corrió hasta Inuyasha, esté se levanto lentamente.
- ¿Te encuentras bien Inuyasha?
- Sí, me duele un poco la espalda solamente.
- Lo siento… debí haberte protegido, olvide que ahora como humano tus heridas no sanaran rápido si sales lastimado.
- Fue mi culpa, corrí a la batalla sin pensar como cuando era un Hanyou - Sango no podía creer que Inuyasha se estuviera culpando a si mismo, ni su comportamiento calmado, que extrañamente le hacía sentir una gran calma alrededor.
- ¿Inuyasha?
- ¿Si?
- Muchas gracias por estar aquí, mañana comenzaremos tu entrenamiento sin demoras. - Sango sonríe - Ahora vamos por nuestra paga.
- No… yo no merezco recompensa.
- ¿Por qué? Eres parte del equipo.
- Sólo vine a estorbar tonta.
Sango cogió la mano de Inuyasha, regalándole una sonrisa, sus ojos cafés se clavaron en los de Inuyasha que se quedó perplejo mientras el aire ondeaba su larga cabellera negra.
- Eso no importa Inuyasha, contigo cualquier carga se aligera, anda vamos por nuestra paga.
- Esta bien Sango, lo que tú digas.
Ambos sonrieron y se miraron durante mucho tiempo, pues todo se detuvo en esa mirada, no había tiempo, no había viento, menos dolor. Shippo y Kirara los miraban a lo lejos y agradecían poder presenciar esa escena frente al verde prado y el blanco de las nubes adornándolos, sí la perfección existiera… viviría por siempre en esa imagen.
Llegaron a la casa más grande de la aldea donde les pagaron con suministros, les ofrecieron pasar la noche en aquel lugar pero Sango pensaba en regresar, hasta que Shippo la convenció de quedarse sólo esa noche.
La noche llego lenta, todos cenaban en la habitación que les fue asignada, cuando Sango se volvió a Inuyasha,
- Oye Inuyasha.
- ¿Sí?
- Mañana empezaremos tu entrenamiento, recuérdalo.
- No estoy seguro, soy demasiado frágil ahora.
- Tranquilo siempre estaré a tu lado.
Inuyasha abrió los ojos en su máximo esplendor, después regalo una sonrisa a Sango y se limito a decir:
- Gracias - Aunque sus pensamientosa decían más, decía… lo sé y te devolveré ese favor Sango, permaneciendo aquí a tú lado hasta el final si fuera necesario.
