Capitulo III
Pensé saberte
pero no era así,
nunca lo fue,
siempre he amado tus ojos,
pero hasta hoy lo veo,
y los veo como son realmente,
la ventana de tu ser,
el dulce sabor que da tu presencia.
- Bien Inuyasha es suficiente por hoy
- Esta bien pero no estoy cansado.
- Parece todo lo contrario
- Feh
- Vamos a almorzar
- Esta bien, tú mandas maestra.
Han pasado dos semanas sin un demonio en los alrededores, Inuyasha progresa bien en su nuevo entrenamiento. Ambos se sientan en el pasto como cada día que finaliza el entrenamiento, se posan bajo un árbol frente al pozo devora huesos, comieron rápido y en silencio suave se poso sobre ellos, que no se miraban, pero se sabían el uno al otro.
- Tengo frío - Dijo Sango llevándose sus manos a la boca para calentarlas.
- Con esto bastara - Inuyasha la abrazo y Sango se ruborizo pero accedió al abrazo y se recargo en su hombro, después de un momento ambos yacían en un profundo sueño.
- ¿Kagome?
Inuyasha vio a Kagome con los ojos entreabiertos, estaba parada junto al pozo, pero, cuando logró abrir los ojos completamente ella no estaba ahí. ¿Será un sueño? Él se negó a esto, una lluvia fuerte comenzó a caer en los alrededores, las hojas caen heridas de los árboles, Sango se despierta pesadamente.
- Inuyasha vamos a la aldea
- No Sango me quedaré aquí
- Pero Inuyasha, el clima es horrible
- No iré
- Inuyasha...
- Vamos ya vete, aquí me quedaré
Sango se quedo pensativa viendo las rodilleras de su traje de exterminadora, después se monto su katana y a Hiraikotsu y comenzó a caminar a la aldea pero se detuvo a la distancia y miro a Inuyasha.
- Te quiero. ¿Lo sabes?
Continuo su camino y se alejo entre la lluvia, Inuyasha se quedó ahí por horas en medio de una lluvia torrencial, estaba empapado y la noche ya había terminado por caer, de pronto una brisa de aire le ocasiono dolor en el pecho, comenzó a tambalearse y cayó con sus ojos totalmente perdidos, ahora todo se volvía más oscuro que la noche.
