Capitulo IV

Nacer de nuevo,

a partir de alguien

de algo nebuloso,

y de sus propios sueños.

- Te quiero ¿Sabes?

Inuyasha despertó y se percato de que ya no estaba junto al pozo, se encontraba en la cabaña que los aldeanos habían construido a Sango, Kaede estaba con él.

- Inuyasha

- Anciana ¿Qué diablos hago aquí?

- Enfermaste Inuyasha, llevas diez días con fuertes fiebres… es bueno ver que has despertado, apenas y has sobrevivido.

- Pero… ¿quién me trajo aquí?

- Sango…. te vio en el suelo aquella noche junto al pozo, estabas delirando bajo la lluvia. - "Me estaba vigilando" pensó Inuyasha.

- ¿Y dónde está ella ahora anciana?

- Ya regresara fue con algunos aldeanos a atender asuntos personales. Es conveniente para ti permanecer acostado tengo que ir a atender a una mujer en la aldea, cuídate Inuyasha.

Kaede salio de la cabaña, Inyasha se mantuvo acostado sin hablar, le dolía la mayor parte de su cuerpo, sólo sentía la fría madera bajo su espalda. Unas horas después Sango regreso, vio con tristeza a Inuyasha acostado en medio de la sala.

- ¿Estás bien?

- No Sango… ¿Por qué me ayudas? si yo merezco esto y más.

- Inuyasha…

- Lo siento pero no puedo hacer mucho así, me he vuelto un estorbo.

- Animo sé que saldremos adelante. Todo esto…. será mejor, lo sé.

Inuyasha empezó a vagar en sus pensamientos y sintió un calor dentro, y algo muy especial por Sango, aunque ahora cubierto de tristeza no sabría el mismo explicárselo, el silencio se rompió cuando Inuyasha comenzó a toser sangre, Sango se espanto al ver la escena trato de correr fuera de la cabaña en busca de Kaede pero Inuyasha cogió su mano y la apretó fuertemente.

- Ya es tarde Sango

- No digas eso - Sango empezó a llorar y su plañir se podía escuchar por toda la aldea.

- Perdón por todo lo que te he hecho, lamento ser así, lamento no olvidar nada, lamento dejarte así cuando prometí protegerte.

- ¡Inuyasha!

- Lamento tambié el deseo estúpido que pedí a la perla de Shikon

- ¡No!

Inuyasha cerro los ojos, había muerto su respiración se detuvo, todo dentro de esa cabaña se detuvo, el tiempo, el llanto de Sango, el fuego sobre las velas, Sango se abrazo a Inuyasha en el suelo cuando un resplandor cubrió el cuerpo de Inuyasha y este comenzó a flotar, Sango dio un paso atrás y se cubrió con un brazo los ojos pues un destello salio como un rayo por toda la aldea, cuando la luz se comenzó a desvanecer y Sango quito su brazo de enfrente de ella, sólo vio a un chico arrodillado y consternado por lo ocurrido, tenía el cabello plateado y sus ojos eran dorados, Inuyasha era un Hanyou de nuevo. La perla de Shikon estaba en el suelo rodando sin rumbo.

- ¿Qué ha pasado? - Dijo Inuyasha boquiabierto.

Sango corrió y se arrodillo junto a él abrazándolo fuertemente aunque su plañir no cesaba, ahora la razón de cada lágrima era otra, pues estaba feliz de que el seguía ahí, cuando hace un segundo todo parecía perdido.

Una voz salio de la perla ahora sin resplandor:

- tienes una promesa aquí que debes de cumplir Inuyasha, hay un peligroso enemigo que pronto vendrá a nuestras tierras y debido a que tu deseo no era sincero he decidido romperlo, pues ahora algo grande te espera Inuyasha algo que será historia protege a Sango y a tu gente, pues pronto sabrás el significado de muchas cosas que estaban fuera de tu alcance.

La perla comenzó a brillar y se fundió sobre tessaiga que permanecía en el suelo junto a otras ropas del Hanyou. La perla había desaparecido.

- Sango… perdóname.

- ….. (llanto)

- No me iré de nuevo, Midoriko tiene razón tengo algo por lo que permanecer aquí.

- ¿Todo se ha esfumado o a regresado?

- No lo sé, pero lo afrontaremos juntos.

- Te quiero…. - Inuyasha movió el rostro de Sango y subió su cara hasta quedar frente a frente los ojos de uno con el otro, su respiración comenzaba a confundirse entre el aroma a lirios de Sango y la respiración con olor a manzana de Inuyasha.

- Yo también te quiero Sango.

Sango le regalo una sonrisa a Impiaza y subió su agarre, de la cintura al cuello de Inuyasha luego se acerco lentamente a su rostro, ambos cerraron los ojos, y se fundieron en un mar, sus labios se rozaban en lentos movimientos ondulantes que parecían en sincronizarse con una música nunca antes escuchada, todo tomo sentido con ese beso, no se separaran durante un buen tiempo, así quedaría unidos, boca a boca, abrazo con abrazo, luz y luz, pero alguien en la cercanía, frente a la puerta de la cabaña los observaba, era Kagome.