Capítulo VIII
Será su sueño
Una cruel realidad,
Una lástima para aquel
Que vive de esto.
- Sabes que es inútil intentar Inuyasha, aléjate ahora que puedes.
- ¡Jamás, viento cortante!
Inuyasha pelea con una sombra que desaparece con su ataque, sólo hay un fondo azul oscuro, es todo lo que ve alrededor, el mismo color, ahora la sombra aparece con Sango a su lado, cuando Inuyasha se percata de ello la sombra toma a Sango por el cuello y pone una daga en el, Inuyasha detuvo su ataque ante esto.
- Te lo advertí bestia, ahora debes sufrir.
- ¡Sango!
El cuello de Sango se transformo en una cascada roja, cae de rodillas al suelo con los ojos perdidos, sin palabras pronunciadas, se derrama en el suelo, Inuyasha corre hacia ella pero cae sin aire a su lado, mira a su pecho y observa una lanza plateada con una punta de zafiro atravesándolo, Inuyasha se arrastra al lado de Sango que seguía bocabajo, y coge su mano, espera el final a su lado, la ultima vista a su rostro afligido y dormido….. Sango abre los ojos y le sonríe con sangre en sus labios, ahora le susurra en una voz débil que apenas y logra escuchar.
- Despierta Inuyasha, despierta…..
Inuyasha se despertó sudando y pego un grito ahogado, ¿Qué fue eso? Se preguntaba el hanyou indagando en su sueño, hasta que su compañera de sueño que aún permanece junto a él le habla.
- ¿Qué pasa Inuyasha?
- Nada, tuve una pesadilla.
Han pasado dos meses desde la última visita de Kagome, cuando trajo la información del nuevo enemigo, y gracias a eso Inuyasha se ha preparado desde entonces, ahora por medio de Mioga ha encontrado la localización de la lanza plateada, se encuentra en unas viejas tumbas que pertenecen a una secta llama los guerreros del viento, eran parecidos a los exterminadores de demonios, pero a diferencia de estos, los guerreros del viento sólo eran dos cada determinado tiempo, hace ya doscientos años que desaparecieron dejando sus armas sagradas en sus cuerpos, ese mismo día Inuyasha ya emprendía el camino a las tumbas de la piedra negra.
La noche comenzó a emerger, Inuyasha había llegado a las tumbas, estaban en lo más alto de una montaña, las tumbas estaban en pares, y al centro del pequeño cuadrado que formaban había un pedestal negro, el que llamaban la piedra negra, ahí estaba la lanza plateada, era más grande que las ordinarias, superaba la estatura de Inuyasha, su punta era de zafiro, como en el sueño, la lanza emitía un aura extraña que Inuyasha no podía percibir como demonial o sagrada, la tomo del pedestal y volvió a vivir el sueño de la noche anterior, se perdió totalmente del sitio en el que estaba, cuando por fin termino todo, una voz salio de una de las tumbas.
- El miedo no es la salvación, esa lanza a la que ahora tus manos dan calor debe ser utilizada con sabiduría, alimenta el zafiro de su punta, pues nunca será destruido y ahí permanecen nuestras almas que te acompañaran en tus acciones, no dejes que el mundo se corrompa, o esta lanza te devorara, sabemos lo que esta apunto de ocurrir, dejaremos este poder en tus manos…
La luz se apago dejando caer un pequeño cristal, Inuyasha lo tomo y con la lanza se alejo del lugar, para su fortuna un demonio trato de atacarlo en el camino, pensó que era el momento perfecto para probar el arma, sólo apunto al demonio y antes de saltar a la batalla, una infinidad de rayos púrpura lo aniquilaron e hicieron caer a Inuyasha en su espalda, un aura azul salio del resto del demonio y fue absorbido por la punta de zafiro, debo tener cuidado con esto, se dijo el hanyou claramente asustado por lo sucedido.
Al volver a la aldea Sango, Kaede, Shippo y Kirara, sonreía e irradiaban felicidad, Inuyasha se sentía extraño ante tal situación, pero sango se levanto de enfrente del fuego y llego hasta la puerta de la choza de Kaede, beso a Inuyasha, envolviéndolo en un abrazo por la cintura.
- Lo conseguiste…. Inuyasha te tengo noticias entra en la casa.
Todos se sentaron alrededor del fuego y vieron a Inuyasha con una sonrisa picara.
- Y bien… ¿Qué pasa?
- No pasa nada pero… - contesto Sango con una sonrisa.
- ¿Qué pasa Sango? No prolongues esto si es malo y dime que sucede.
- Calma Inuyasha no son malas noticias.
- ¿Entonces?
- Bueno….. Estoy embarazada.
Inuyasha se quedo boquiabierto y con los ojos abiertos en su máximo esplendor su corazón se detuvo, y una calidez nunca antes sentida lo rodeo.
- ¿Estás segura de ello?
- Sí
Gracias a su olfato Inuyasha noto que era verdad, ¿Cómo había olvidado ese olor? Tal vez por su fase de humano no recordaba el aroma a pesar de percibirlo, pues siempre estuvo ahí, Inuyasha se paro y fue hacia Sango y la abrazo, se quedaron así un largo rato mientras recibían felicitaciones de Kaede y Shippo, su abrazo continuo toda la noches hasta que las estrellas dejaron de brillar, no importaban los enemigos ahora, no con esta felicidad rodeándolos tan tenue, tan finita y real como podía serlo.
