Capítulo X

Un Abrazo a la Oscuridad

No hay lugar

No hay espacio,

Y aún así sigo buscando

He de encontrarte

En esta vida o en la otra,

La oscuridad será mi guía.

Inuyasha, Sango y Kagome caminaban por la gran variedad de árboles que regalaba el bosque, la gran mayor parte del camino la nieve fue acompañándolos, cada uno de ellos se sumió en sus pensamientos, después de lo sucedido con Koga, sabían que Sahir es más peligroso de lo que podían esperar.

Han terminado el trayecto, ahora se encuentran frente a una pequeña choza y un altar a unos metros, todo en medio del bosque, entre tantos árboles y nieve, los tres se acercan a la choza cuando sale de ella una mujer, muy bella, apenas y parecía ser más grande que Kagome y Sango.

- ¿Tú eres Arisu?

- No forastero, soy Angi ¿Quiénes son ustedes y que quieren con Arisu?

La joven Angi, con un semblante duro vestía igual que Kagome con ropas de sacerdotisa, sólo los colores eran diferentes pues la parte superior era de color marrón y la inferior de color negro, su cabello era café y largo, suelto como ahora lo hacían verse mejor, en las caídas sobres sus patillas y frente dónde resaltaban algunos mechones.

- Venimos para llevar a cabo su ritual, es importante para todos.

- Lo lamento Hanyou pero Arisu murió hace años, ahora yo soy la única sacerdotisa de la oscuridad que queda.

- ¿Y puedes llevar a cabo el ritual? - preguntó Kagome

- Sí, pero sólo es para personas aptas de la oscuridad, que comprendan que la oscuridad no es maligna, y que no crean que la purificación oscura lo hará más fuertes o más siniestros.

- Por eso hemos venido, necesitamos derrotar a alguien que amenaza nuestras vidas. - dijo Inuyasha en voz alta.

- ¿Todo esto es por Sahir? Tal y como lo escribieron los pergaminos, necesitan purificarse en aquellos manantiales, después vengan, y veré que haré con ustedes.

Kagome fue la primera en entrar al manantial, era algo gélido pero a pesar de eso no era desagradable mantenerse en el agua, a pesar de la nieve que caía sobre ellos, Sango e Inuyasha hablaban sobre su pequeña hija, Inuyasha la extrañaba en demasía y Sango comenzaba a sentir temor de perder a ella o Inuyasha por la situación que ahora los ocupaba.

- Inuyasha… ¿Qué harás si alguno de nosotros muere?

- Nada, por que nadie morirá mientras este aquí.

- Eso espero yo también, pero…. A pesar de que sé lo que es perder alguien querido como paso con Kohaku y Miroku, tengo mucho miedo, nisiquiera me sentía así cuando la vida de mi hermano estaba en manos de Naraku, no sé como explicarlo, pero estoy en un punto muerto, entre esto que tenemos ahora, este amor que te tengo, y el infinito miedo de perderlo a manos de otra persona, por que no sabemos que pasará y quizás sea eso lo que me tiene así, por que tengo que despertar cada día para darme cuenta que seguimos aquí. - Sango se encogió en hombros, se notaban los escalofríos por su espalda cuando hablaba, Inuyasha sólo la abrazo, hay veces en que las palabras no dicen nada, no ayudan, esto lo comprendió él que sólo se limito a abrazarla y dejar que siguiera pensando y comprendiendo.

- Es tu turno Sango ve al manantial.

- Sí, gracias Inu-chan - Sango abrazo el cuello de Impiaza y le regalo un beso, un rose de sus labios que le hiciera olvida el lío en su cabeza. Inuyasha sonrío para ella, y le regalo una vista maravillosa de sus ojos.

- Te amo… ahora ve a ese manantial, muchas cosas nos esperan aún.

Cuando al fin todos acabaron su purificación y regresaron a la choza Angi estaba trabajando en sus armas, las bañaba en un extraña sustancia y les rociaba un gas color café, también tenía un piedra roja para afilar en el suelo.

- ¿Qué estás haciendo mujer, esa no es un arma ordinaria? - grito Inuyasha

- No te preocupes Hanyou, no afectara tu colmillo de acero. - Inuyasha se que consternado al ver que Angi conocía su arma.

Todos se acercaron a sus armas, Hiraikotsu era ahora de color morado y tenía plumas negras en las puntas, justo como Kagome lo había visto en aquel museo, el arco de Kagome tenía también plumas en sus dos extremos, y tenía una luz muy peculiar, como de una luna nueva, tessaiga parecía igual pero cuando Inuyasha la transformo era negra casi en su totalidad, pero no un negro ordinario, era un negro profundo como si fuese transparente.

- Sorprendido Inuyasha, ahora puedes invocar al vació cuando tus enemigos yazcan vencidos, sólo para no matar su mundana alma.

- Gracias Angi

- Ahora falta la transformación de ustedes, pero deben saber que una parte de ustedes será ofrecida al vacío a cambio de el favor de la oscuridad.

Los tres se miraron unos a otros, pero estaban dispuestos a abandonar ciertas cosas, mientras supieran que los demás iban a estar bien, todos entraron a la choza, ahora el abrazo a la oscuridad quedaría finalizado, no sabían que les depararía el cambio, pero lo afrontarían juntos.

- Bien ahora siéntense, comenzara su ritual.