Capítulo XI

La Noche de Llamas

Enfrente la disyuntiva de no tenerte,

Fui derrotado al instante,

De que sirve está vida si no estás aquí,

Mirándome en el mundo mirar.

´- Jamás he practicado este ritual, no se si tenga los mismos efecto que proporcionaba Arisu con esto, pero nuestra única elección es intentarlo.

- Entonces no se diga más comencemos. - Sentencio Inuyasha que se coloco dentro de un triangulo de tiza al igual que Sango y Kagome.

El ritual comenzó con Angi rezando a la oscuridad, una especie de viento empezó a rodear a cada uno de ellos, en un aire que parecía quemarlos, ellos permanecían parados durante este tiempo, pero después de unos minutos estaban levitando, Angi se acerco a ellos y con sus manos juntas sosteniendo un rosario les mandaba una extrañas ondas que provenían de su interior, tenían color negro, y estaban pigmentando y transformando sus ropas, Kagome tenía ahora su traje de sacerdotisa negro y plateado de la parte superior, su traje también se había transformado, ahora era menos voluminosos y en la parte superior descansaba un nuevo soporte para sus flechas, más delgado y sus flechas ahora eran negras y con punta de cristal, Sango por su parte cambio muy poco, los detalles rosas de sus traje de exterminadora ahora eran azul marino y su traje de manga corta y con unos guantes rojos que cubrían de sus dedos hasta el codo del brazo derecho, y azul un pequeño guante del lado izquierdo que sólo cubría su mano, una marca parecida a la que tenía Inuyasha cuando se transformaba en demonio apareció sobre su ojo izquierdo como si fuera una cicatriz, Inuyasha por su parte también presento las marcas ordinarias de cuando era un demonio pero sólo de lado derecho de su mejilla, su vestimenta ahora era de color morado y algunos detalles en negro.

Después de casi cuatro horas el ritual había finalizado, todos se encontraban agotados, a pesar de permanecer inmóviles, Angi era la única de pie, viendo el aspecto de los tres, salio de la choza por un momento, y regreso de nuevo con tres collares, uno con un rubí, uno con un diamante y uno con un jade.

- Todo a salido bien, todos ustedes son aptos para aceptar la oscuridad, pero tengo que darles estos collares, guardan la fuerza vital de su poseedor, está hecho específicamente para el portador, ósea para ustedes, nadie más podrá usarlo, el rubí es para Inuyasha, el jade para Kagome y el diamante para Sango, después averiguaran por qué es así.

- Muchas gracias Angi, no tenemos nadamas que agradecerte por todo esto y saber si estos cambios son permanentes.

- Sí son permanentes Inuyasha al aceptarte la oscuridad se queda contigo hasta que tu esencia se desvanezca para siempre, y no tienes nada por lo que agradecerme cumplí con mi destino, ahora depende de ustedes cumplir el suyo, por cierto creo que deben marcharse cuanto antes, mientras realizábamos el ritual algunos demonios protectores del lugar desaparecieron tanto en cuerpo como en esencia, Sahir está cerca.

- Esta bien nos vamos, encontraremos a ese bastardo. - Dijo Sango

- Bien vámonos aún tenemos cosas que hacer. - Contesto Kagome

Los tres caminaron por horas hasta que llegaron a la primera aldea, estaba ardiendo en llamas que con la noche parecía el fuego más brillante de lo que es, la gente corría por todos lados, al parecer todos estaban a salvo, al menos todos los humanos, nuestros héroes se acercaron a la casa más grande de la aldea, sobre la entrada una mancha negra permanecía ahí, inerme como un pequeño abismo.

- Él ha estado aquí, huele igual a cuando se desvaneció Ayame, ha absorbido a otro demonio.

- Yo diría unos cinco mitad-bestia, pero tu turno aún no llega, guarda las distancias hasta que el destino, y la puerta de madera se abran para nosotros, entonces tendremos nuestro encuentro… Inuyasha.

Era una voz grave pero muy normal la que se escucho por todo alrededor, parece que el sabía sus movimientos, pero ahora ellos también sabían los de él.

- Mi collar esta brillando, esta cerca de aquí puedo verlo. ¿Iremos por él? - dijo Kagome

- Creo que no es el momento, ya se han dado cuenta. - contesto Sango

- Tienen razón, mañana los buscaremos, él sabe que estaremos frente a frente, por eso ha venido ahora.

Los tres guardaron calma y comenzaron de nueva cuenta el viaje a la aldea de Kaede, primero tenían que asegurarse de que todo estaría bien, pues Shippo y Kirara también corrían peligro, la pequeña Kagome era inmune a esto, pues a pesar de sus rasgos era en su totalidad humana, él día comenzaba a ascender, la noche después de la transformación había sido muy pesada para ellos, aún no se perdía la aldea en llamas de la vista de ellos, pero hay cosas que a veces debes dejar pasar, por el bien de todos, Sango cogió la mano de Inuyasha mientras seguían por el camino.

- Inuyasha…. Si no encontramos respuestas a todo esto…. ¿qué haremos?

- Esperar Sango…. Esperar y preguntar más, quizás nos tardemos, pero, sé que llegaremos al fin de esto.