Capítulo XIII

Los Ocres del Infierno

Podría el viento cambiar el cause de las aguas,

Las brisas de calor tal vez intente separarnos,

Querrán borrar nuestra esencia de los árboles,

Los pastos y las pequeñas flores que rodeamos,

Pero sé que aún y cuando ambos

Permanezcamos en el suelo derrotados,

Seguiremos tomados de la mano.

Seshomaru se había marchado de la aldea de Kaede en busca de totosai, buscaba un arma que fuera capaz de defenderlo en su estado actual, sólo dijo a Inuyasha que volvería y que cuidaran a Rin, también dejo una advertencia, pues al parecer el único demonio o algo parecido que quedaba era el propio Inuyasha.

La tarde era agradable a la vista pero todos permanecían preocupados, Kaede se había refugiado en otra aldea con Shippo, Kirara, Rin y la pequeña Kagome, por su parte Inuyasha, Kagome y Sango permanecían en la aldea resguardando a los habitantes.

Pasaron aproximadamente doce días sin rastro de Sahir, la noche empezaba a caer, Sango e Inuyasha permanecían sentados en el porche de su choza, Sango tenía la cabeza sobre el hombro de Inuyasha, Kagome cortaba unas hierbas medicinales de atrás de la misma, todo parecía normal, hasta que el viento se corto por completo, dejo de soplar y el cielo empezaba a teñirse de pequeños destellos rojos.

- Está aquí. - dijo Inuyasha

Sango se deshizo de su Kimono y ya estaba en su nuevo traje de exterminadora, Kagome ya se encontraba junto a ellos también había sentido la extraña presencia, no paso mucho tiempo cuando vieron a Sahir entrar por la aldea con tres grandes bolsas, los aldeanos comenzaron a correr a sus casas, Sahir saco tres grandes esferas color ocre de las bolsas.

- Más vale que no intervengan en mi camino, ni en las ordenes de mi señor o serán castigados por él.

- Deja de decir tonterías, será mejor que te prepares. - Inuyasha desenvaina a tessaiga.

- Si así lo prefieres Inuyasha.

Sahir levanto la daga de menhires, era plateada con un poco que simulaba un ojo de algún animal, un rayo impacto a Inuyasha desde el cielo dejándolo inconciente, un halo rodeo a Sahir, Kagome y Sango trataron de sostenerse de un árbol cercano pues el viento se alboroto de sobremanera y no podía sostenerse, Sango tenia tomado a Inuyasha por una mano y la otra en el árbol, una explosión dejo atrás parte de la aldea y abrió un enorme hueco en la tierra eran unos veinte metros subterráneos, Sahir golpeo un superficie y de pronto una enorme puerta de madera apareció tenia tres espacio en el costado izquierdo.

- ¿Qué esta haciendo ese bastardo? - dijo Sango acercándose al hueco.

- No lo sé Sango pero debemos detenerlo, no quiero averiguar que hay tras esa puerta. - Contesto Kagome mientras amarraba una cuerda al árbol.

Kagome amarro el otro extremo de la cuerda a una flecha y la lanzo al hueco, Sango y Kagose bajaron por la cuerda, pero Sahir ya estaba preparado para su ataque, una runa de fuego protegió a Sahir, rodeándolo y evitando el ataque de Sango y lanzándola al otro extremo del hueco, Kagome preparo una flecha pero fue atacada por pequeños relámpagos que salieron de la daga de menhires, Sahir apresuro su paso y coloco cada uno de los llamados ocres en su lugar correspondiente, la gran puerta mando un destello de luz que dejo sin visión parcialmente a todos los presentes, la puerta se abrió y una voz salio de él.

- Bien hecho Sahir, has logrado detener este sueño prolongado al que me vi obligado a perecer, tan lejos de los desiertos a los que pertenezco, pero es hora de volver.

- Dios Set, he traído también sacrificios para usarlos como siervos, estás dos mujeres.

- Hahahaha no Sahir, no necesito siervos, sólo necesito un cuerpo y como tu ayuda ya no es necesaria, tú cuerpo es mi mejor opción.

- ¿Qué?

Un ente blanco parecido al humo salio de la puerta y se abalanzo sobre Sahir quien trato de defenderse con la daga de menhires pero fue inútil, la daga rodó por el suelo y Sahir empezó a sufrir una transformación anormal, de pronto ya era una persona totalmente diferente, tenía músculos demasiado marcados, su cuerpo era humano pero su cabeza era la de un perro, parecida a un lobo quizás, soltó una enorme carcajada al aire que despertó a Inuyasha.

- Es el dios egipcio Set…. Esto es peor de lo que imaginaba.

- ¿Un dios Kagome, a que te refieres?

- La mitología egipcia así lo describe, pero no dice nada de que fuera encerrado y aún peor fuera encerrado aquí, es tan irónico.

- Necesitamos ponernos de pie Kagome, dios o no debemos defendernos.

Las dos mujeres se pararon e hicieron frente a Set, ahora con forma física, el dios no tuvo ni que moverse pues en un instante ya tenía a ambas sujetadas del cuello con sus manos, comenzó a estrangularlas, hasta que tuvo que esquivar un ataque, era Inuyasha con tessaiga en su mano izquierda y la lanza plateada en la derecha.

- No les pongas las manos encima estúpido, pelea conmigo si te crees a la altura.

El cielo se torno rojo en su totalidad, la batalla parecía llegar a su final, pero apenas comenzaba.