Capítulo 6: La cortina marrón.
Estaba acostado, con una pequeña manguerita con una aguja al final que se incrustaba en mi brazo. Esperaba a que mi primo, Turles, llegara a darme las noticias sobre mi padre.
Vi su cara asomando por una pequeña parte de la puerta blanca.
-Y hablando de roma… -Dije con un aire cómico.
-El burro cuestiona –Completo mirándome enojado –Mira, tengo una noticia buena y otra mala.
-¿Cuál es la mala? –Le pregunte un poco más relajado por su contestación.
-Que tu padre me odia y es probable que Santa no me traiga regalos de navidad –Dijo Turles un poco triste.
-¿Esa es la mala? –Le pregunte un poco confundido.
-Jamás dije que serían malas para ti –Dijo- Y la buena es que el doctor sufrió un accidente automovilístico y murió.
-¿¡Que!? –Grite, tan exaltado como colérico -¿¡Que tiene eso de bueno!?
-No me dejaste terminar –Dijo enojado – Que como está muerto no nos cobran. ¿No estás feliz?
-Me va a dar taquicardia –Dije tocando mi pecho –Pronto caeré en coma y ni tú y nadie podrá ayudarme.
-Igual es gratis, y eso es lo que importa –Dijo feliz – Bueno, chaito. Nos vemos mañana. Me voy a cenar con los demás.
-¡Espera! ¿Qué dijo mi padre sobre mí? –Grite. Pero el muy infeliz se fue antes de que pudiera escucharme. O simplemente se ignoró.
Me quede solo… de nuevo. Simplemente me relaje.
Mire hacia una ventana que dejaba ver la mansión, no estaba muy lejos. Pues, podía ver el interior desde algunas ventanas que no eran tapadas por las cortinas gruesas de diversos colores opacos.
Una precisamente, capto mi atención. Era una que estaba en el tercer piso, las cortinas eran marrón oscuras, se podía ver atravesó de ella sin ninguna complicación.
-¿Qué demonios…? –Mire más detenidamente.
Sin poder creer lo que veía, aunque jamás podría ser verdad. Lo era. Sin duda alguna.
¿Podría ser verdad? ¿Acaso mis ojos me engañan? ¿Ese era Vegeta? ¡Era Vegeta!
-¿Vegeta? –Pregunte al aire –Ya sé dónde está. ¡Está en la habitación de arriba!
Intente alcanzar mi teléfono celular. No tenía crecido. Pero podía llamar gratis a Kakarroto.
Intente... intente con mucho esfuerzo lograr tener entre mis manos y poder llamarlo, avisarles. Pero no lo logre. No era que la mesa estaba lejos, todo lo contrario, pero no pude…
Me di cuenta que la habitación se cortó la luz, esperaba que eso no pasara. No a mí.
-No… no por favor –roge entre lágrimas –No quiero morir… no.
Sabía que llegaría mi hora. Joven y hermoso moriría y no podría hacer nada para evitarlo.
-Disculpe, señor Raditz – Escuche disculpare a una dama –La luces se cortaron, como ya lo noto, volverán pronto. Por favor disculpe las molestias.
-¿Eh?.. Si, si está bien –Le dije tranquilizándome –No importa, está bien.
-Excelente –Dijo –Dentro de un momento vendrá el doctor a atenderlo.
-No esperaría otra cosa –Le dije con una pequeña sonrisa- Ya puede irse. Si lo desea.
-¿Hum? ¡Si, si lo sé! –Se alteró un poco, aquí no había luz, pude imaginar cómo su vos se ponía cada vez más nerviosa -Usted… podría… si se mejora… ¿Salir conmigo a cenar? -
-¿Disculpe? –
-¡Esta bien si no quiere!- Dijo apurada.
-No, yo… Creo que sería una excelente idea –Le dije tranquilo, sería una cena gratis. Y estoy seguro que Turles diría lo mismo… ese Rata.
-Está bien –Dijo feliz –Si sale vivo nos veremos. Adiós
-¿Vivo? –Le pregunte atontado.
-Esto no es un hospital… es un mata sanos –Dijo con tranquilidad –Pareces muy fuerte, dudo que te puedan matar.
-¿¡Que!? –
-No sé qué concepto tengas de un Mata sanos, pero aquí es como un hospital militar –
-¡No me jodas! –
-¡Adiós y suerte, guapo! –
