II.- SOBRE LA PISTA

Debo haber dormido algo de cuatro horas cuando los fuertes rayos del sol que penetraban por la ventana me avisaron que pasaba del mediodía. Decidí salir a trotar por los alrededores para reconocer el terreno, y la verdad es que quedé igual de desinformado que antes de salir.
Tiendas de ropa, de joyas, un restaurant, un salón de té, parecía un mundo para mujeres… ¿Dónde demonios me trajeron? De reojo divisé varias otras muñecas, en su mundo, con bolsas de compra y carteras; hablando de vestidos y peinados… que me condene si entendía alguna maldita cosa… Las chicas, me miraban, señalaban con el dedo y se reían. No tenía ánimo de corresponderles, estaba confundido y furioso.

Mi cabeza casi no dolía, así que volví al departamento a darme una ducha, en eso estaba cuando sentí una presencia cerca de mí…
-Identifíquese- dije mientras estiraba el brazo hasta mi cuchillo, que con vergüenza debo decir era el único accesorio que me hacía compañía en la caja. Salí ágil y raudamente del baño y embosqué al intruso tomándolo por el cuello y volteándolo de espaldas a mí.
-Ufff, soy yo, ¡No dispares!- Una voz conocida me hizo tranquilizarme. –Pensé que necesitarías ropa limpia después de bañarte y vine a traértela.
-Sólo es un cuchillito- dije más tranquilo –La verdad es que me encantaría tener un par de armas a mi disposición, me sentiría mucho más tranquilo.
-Y las tendrás, si eso es lo que deseas- dijo Ángel.
Al parecer tenía respuesta y solución para cada cosa, lo que además de intrigarme y molestarme, empezaba a producir una pequeña e incómoda sensación de admiración por esta rubia sin entrenar.
En todo caso, también me hube de sentir agradecido, porque no hizo ningún escándalo por el rastro de agua que en ese momento chorreaba de mi cuerpo desnudo y mal cubierto por una pequeña toalla…
Más que molesta, parecía secretamente complacida, y divertida por la situación. –Volveré en cinco minutos para invitarte a almorzar- concluyó, mientras su sonrisa y su perfume se quedaban en el aire de la habitación cuando cerró la puerta tras de sí.
Me vestí con celeridad, ya que de nuevo me encontraba bastante hambriento y mucho más deseoso de respuestas que en la madrugada. Cuando salí, me esperaba junto al auto, con la rubia cabellera al viento. Se había quitado la chaqueta, y podía apreciar sus bien definidas formas bajo un suave y delgado polerón estampado (en tonos rosas, ¡era que no!).
Con una sonrisa, me cedió la conducción, instalándose con gracia y agilidad en el asiento del acompañante, agregando que llegaríamos pronto porque era muy cerca y que ella me daría todas las indicaciones. Recordé el restaurant que había divisado un rato atrás y al preguntarle, me dijo que exactamente, ése era el sitio.
-Por aquí, señora, su mesa está lista- Una muñeca de impecable vestido blanco y gorro de chef nos condujo hasta una mesa bellamente servida, con flores, vino, copas, individuales, cubiertos y platos, todo limpio y reluciente, como recién salido del empaque.
Si se preguntan porqué me maravillo tanto de estas cursilerías, el que lee debe comprender que me crié en un entorno que aunque no era estrictamente militar, la muerte de mis padres y la soltería de mi padre adoptivo, ocasionó que me viera toda mi vida en un medio netamente masculino. Josh McGrath se crió en una familia acomodada, pero sin la sutileza del "toque femenino". Los deportes extremos y pasar gran parte del tiempo en la base militar con mi padre y mi "hermano" de ascendencia colombiana comiendo rápido y bebiendo de la lata, me alejaron bastante de una mesa cuidada y de la conversación fina y casi ceremonial que va de la mano con la etiqueta.

Sentí algo de temor frente a esta nueva prueba, pero sortee el peligro con gracia, sentándome con naturalidad y tratando de no parecer incómodo.
Mientras llegaba nuestra orden, decidí tantear el terreno.
-Entonces, ¿Cuando conoceré al niño? No soy experto, pero sé que es inhabitual que no esté saltando de alegría al lado de la caja cuando entro en escena, con mi llegada triunfal…-dije en tono divertido para suavizar el ambiente.

Ángel pareció… como decirlo, atragantada con la pregunta. Por primera vez veía turbación y un ligero sonrojo reemplazando a su habitual seguridad.

-No sé como empezar… Sé que va a ser chocante para ti, pero no hay ningún niño…. Es una "Ella".
-¿Una niña?- ¿Me estás diciendo que fui comprado para una chica? ¿Que voy a estar tieso en una estantería rosada rodeado de muñecas y peluches?
No podía creerlo, no habría nada de acrobacias en las sillas del comedor, ni carreras vertiginosas ni suspensiones acrobáticas en el alambre de la ropa tendida… Ni la risa feliz y agradecida de un compañero de juegos que quisiera llevarme a la bañera y a la cama con él después de un agotador día de juegos y deportes… De repente todo estaba negro y confuso para mí. Mi destino era solo una gran interrogante, así que decidí seguir sondeando a mi compañera, que parecía algo amedrentada por mi reacción algo melodramática, su cara reflejaba temor y una arruga de preocupación surcaba su tersa frente.

-Lo siento, sé que es difícil, Max, pero no fuiste adquirido para un niño, ni para una niña, así que no te preocupes, no tendrás que ponerte uno de mis vestidos y tomar té y galletas con los ositos- Al terminar su frase sus ojos parecían algo furibundos- Y para que sepas, ese de todas maneras es un trabajo, hermoso y digno, y las muñecas lo realizamos con gusto…
-Ella es una dama mayor, una mujer, que ama los juguetes y trabaja rescatándolos, restaurándolos y dándoles nuevos y mejores hogares…
-Sólo una recicladora- asumí… ¿acaso había sido adquirido para repuesto de otros juguetes maltrechos?- ¿Y cuál será mi función, entonces? Que yo sepa, soy nuevo…

En ese momento, inoportunamente, sirvieron la comida. Sopa, pollo asado con ensaladas, helado, torta… por un rato, sólo se pudo escuchar el sonido de los tenedores luchando cuerpo a cuerpo con los platos.
Todo estaba delicioso, aunque reconozco que hubo algo especial en aquellos emparedados consumidos a media madrugada. Aparte do todo, era mi primera comida física…

Es cierto que todos los Max Steel venimos programados con las memorias del personaje que emociona a los niños, ya que de otra manera no podríamos sortear peligros con tanto valor ni salir airosos de las increíbles peripecias que los infantes inventan en la precariedad de sus hogares y patios; pero también tenemos una mente propia, por así decirlo, que nos permite adquirir experiencias nuevas y disfrutar o sufrir vivenciándolas, como si fuéramos recién nacidos…
A pesar de saber que Josh MacGrath original tuvo varias novias y compañeras de trabajo como Max Steel, era la primera vez que esta encarnación, o sea, yo, estaba tan cerca de una "muñeca" y estoy seguro de que la mayoría de mis "hermanos" al menos envidiarían un poco esa suerte, de la misma forma como yo envidiaba en este momento la normalidad de sus vidas y las aventuras y juegos que yo no compartiría.
La belleza de Ángel no dejaba de deslumbrarme, lo admito, pero la preocupación por mi futuro empañaba este hecho, y permitía que yo confundiera el vértigo de tenerla cerca con una especie de "estrés ocupacional".

A los postres, decidió por fin aclarar mis dudas:
-No te preocupes tanto- me dijo-Me ayudarás en mi trabajo. Es feo decirlo, pero tengo un alto rango debido a mi antigüedad. Tengo 18 años…Así que soy la encargada de dirigir las operaciones de rescate y apoyo psicológico a juguetes maltratados. No te imaginas lo que me ha tocado ver en estos últimos años.
-No los representas- le dije, con el gusto de verla enrojecer hasta las raíces del cabello.
-Oh sí, tengo varias operaciones y transplantes en el cuerpo, que ni te imaginas. Pero eso no es lo importante ahora, sino todo lo que podemos hacer por otros.
Si te has dado cuenta, nos encontramos en una comunidad pequeña pero idílica, donde conviven todo tipo de juguetes en paz y armonía, y no hay discriminación entre juguetes originales y de imitación. Ocupo mi cargo por antigüedad, no por ser una figura original de Matell- agregó.

Al mencionar nuestra fábrica, me di cuenta de que en verdad teníamos mucho en común, y que no era la típica rubia tonta que decían los rumores. Las instrucciones de fábrica eran, al encontrarse con un juguete para niñas que compartiera el mismo espacio, ignorarlos y no mezclarse con ellos, ya que la incomprensión de géneros a temprana edad, era bien conocida de todos y una incursión de este tipo podría producir un conflicto entre los dueños de los juguetes.

Al parecer, al tratarse de coleccionistas adultos, esta regla desaparecía, lo que además de extrañeza me produjo un bienestar incomprensible. Ahora comprenderán el porqué de mi azoramiento cuando fui interpelado directamente por ella, que de seguro tiene la experiencia de conversar con Kens y por eso ni siquiera se inmutó, a pesar de que yo sea algo definitivamente diferente (de lo que estoy orgulloso, puff).

Sus palabras tenían mucho sentido y me di cuenta que se abría un nuevo e inexplorado horizonte en mi destino, es cierto que no lucharía con mis habituales enemigos, que tal vez no viviría las heroicas aventuras que todo Max Steel sueña en su vida, pero lo divergente de mi futuro, también podía tener el encanto de hacer algo diferente a los demás.
Incluso, el hecho de compartir algo con ella me emocionaba de manera especial, de una forma que no estaba capacitado para definir ni delimitar…

Después del café y de agradecer el gran servicio del lugar, nos dirigimos al auto, aquí debo explicar que en el mundo de los juguetes no se paga por el consumo, ya que los juguetes dedicados a la cocina, aseo o lo que sea, hacen su labor lo mejor posible y con orgullo, ya que para ellos representa su razón de vivir, así como lo es complacer al niño o niña a quien han sido comprados u obsequiados (Espero que gracias a esto comprendan el porqué de mi malestar al saber que no sería el juguete de ningún pequeñín). Además, a diferencia de la comida humana, la nuestra no se gasta, es reponible.

Inesperadamente, Ángel se colgó de mi brazo al salir, pretextando un mareo a causa del vino, agradecí para mis adentros que no de dio cuenta de mi turbación. Sentí un fuerte deseo de abrazarla con fuerza, tal vez debido también al vino…
-Y… ¿Dónde se supone que voy a dormir?- inquirí, ya que me había indicado que a la mañana siguiente me llevaría a conocer las terminales informáticas de la Fundación.
-En mi casa, tengo una pequeña cama desarmable, que se adapta mejor a mis medidas.
Tú, en la cama grande, en la habitación principal.

Podríamos haber discutido mucho rato sobre este punto, pero decidí aceptar porque ya me estaba acostumbrando a su carácter fuerte y decidido, y a pesar de que llevábamos unas horas de conocernos, sentía que podía confiar en ella y me agradaba su presencia, y por qué no decirlo, me moría de ganas de echar un sueñecito… pero mi rubia cicerone tenía otros planes…