V.- FIEBRE DE BAILE.

A la hora del almuerzo, la patota de muñecos y muñecas estaba esperándonos en la pizzería. Dos hermosas chicas, e impecables en sus uniformes, se dedicaban a hornear y distribuir ingentes cantidades de pizza.

Una gran bandeja rebosante de sabrosos triángulos, patatas fritas, bebidas, jugos y hamburguesas reinaba en nuestra mesa.

Los muñecos comían como si no hubiera mañana. Debo haber puesto una cara muy sorprendida, porque Brooke me soltó:
-¿Y qué? Ahora no hay niños viendo… ¡podemos llenar la tripa tranquilos!.

-Lo que pasa es que la comida chatarra no le hace bien a los humanos y deben comerla con moderación, sermoneó Christopher. Por eso sería feo que nos sorprendieran dándonos una panzada de pizza.

-De todas formas, no creo que les apeteciera un triángulo de plástico, dijo Ryan, dudoso, examinando su ración.

-¿Y de dónde más sacaríamos energía para todos los juegos que inventan?, exclamó Brooke.

-Claaaaro, acotó malignamente Verónica, como si algún niño fuera a jugar contigo.

-Es cierto, somos parte de una colección personal. Al menos celebro que sea una colección "jugable", no como esas colecciones que están NRFP, o algo así… tiritó Nadia.

-¿Y eso que es? Me sentía confuso y turulato.

-"Nunca removido de su empaque" o sea, juguetes que estarán por los siglos de los siglos en su caja sin sentir nunca el roce del aire fresco, las manos de un dueño, prisioneros por toda la eternidad… contestó Ángel.

-Nuestra dueña es diferente, dijo Mary, haciendo un comentario alegre (para variar), la primera vez que comencé a perder el cabello, nos había llevado a una playa preciosa, ¿Te acuerdas, Ángel?

-¡Es verdad! ¡Nos bronceamos, incluso nos tomaron fotos en la toalla, que entretenido! La rubia siguió comiendo papas con entusiasmo.
Nuestra dueña era muy chica entonces. Recuerdo esa foto. Aún estaban con nosotros el Oso Bebu y el pájaro loco. ¡Qué tiempos aquellos!

-El Oso Bebu, dijo Mary… pobrecillo. Creo que se fue en el camión de la basura porque se le estaba pudriendo la paja de la panza, brrrrrr! Todos sintieron un aire helado y frío recorrer sus espaldas.

-¿Pero acaso es esto un funeral? Terció Brooke. No hay que dejar que los recuerdos de estas pasas nos achen a perder la diversión, recuerden que esta tarde iremos a la disco…

-Hmmmm…y aún está Leíto… acotó Christopher.

-¿Quíen es Leíto? Estaba empezando a armárseme un revolú con tanto nombre y anécdota, miré a Ángel con ojos angustiados.
Ésta me devolvió el alma al cuerpo con una pícara sonrisa.
-Leíto es una tortuga ninja de peluche, viejísima, algo subnormal, que recorre el pueblo haciendo "puertas a la medida" y marchando.

-Si te cruzas en su camino, sólo haste el loco. Dijo Ryan, mascando un gran trozo de pizza.
-¡Tal vez no te coma si no te quedas quieto!

Me reí. ¿Es en serio?

-No tonto, ese es su hermano Raphito. Es un comelón. Tiene por máxima: "Si no se mueve, cómetelo", dijo Nadia, arañando la última patata de la bandeja.

-Vaya par de monstruos…

-Son lindos recuerdos de infancia, me corrigió Ángel con un pisotón.
-¡Voy a vengarme por eso!, le musité, por lo bajo.
-¡Ya veremos! Me desafió abiertamente con una inocente sonrisa.
Unas apetecibles tazas de café comenzaron a circular en la sobremesa.

-Y entonces, le dije, "muñeca, este es tu día de suerte, aquí tienes al galán por el que siempre has suspirado" Dijo guiñándole a Verónica.

-Claro, Brooke, y si eso pasó así, de seguro Santa Claus también nos traerá regalos… le soltó Ryan.
-Me parece que fue la Vero la que salvó tu vida, cosiendo tus shorts de baño, que se habían roto al caer de una tabla de surf… dijo Mary, dudosa.

-¿Qué tabla de surf? Si se cayó de la repisa, de puro atolondrado… que yo recuerde. Y ella debió ayudarle a subir rápido, antes que llegaran los humanos, rememoró Christopher.

Verónica, que no hablaba mucho, sólo sonreía con malignidad, viendo como su amor se veía en apuros por su gran bocaza.

-¡Bah…! Para que confunden al pobre Max Steel, mejor nos vamos a bailar… musitó el chico de cabellos largos, amostazado y colorado.

-En condiciones normales, me seguiría burlando, pero creo que es una excelente idea, dijo Ángel batiendo las pestañas.
-¡Ea, nenas! ¡A mover esas articulaciones de vinyl!

-Si te pagaran pro soltar esas frasesitas… dijo Christopher con los ojos en blanco…

Las muñecas cocineras se llevaron los restos de comida y las sillas y una bola disco (ex adorno de navidad) surgió de la nada, mientras las chicas traían un equipo de música.
Cada galancete cogió a su pareja, y yo me vi en la disyuntiva… ¿Ángel o Tessa?

-Vayan Uds.,dijo Ángel con una sonrisa, yo descansaré un poquito. Teatralmente se quitó los tacones y subió los pies a una silla. Ya saben que no soy tan nueva…

Bailamos mucho, principalmente rock, rock latino, pop, disco… los muñecos parecían incansables, ahora entendía porqué hacían tanto acopio de energías. Tessa era una muy buena bailarina, y eso que era sólo como 5 años más jovencita que Ángel. Pero finalmente, me pidió que fuéramos a descansar un rato a la mesa. Yo también sentía algo de fatiga, hacía rato que había accionado disimuladamente el interruptor de "Acción Turbo" para darme algo de energía extra, cortesía de mis nanobots. Pero estos viejos muñecos, de verdad merecían el apodo de "Abuelitos Vitamina".

Cogí a Ángel, que ya se había descansado bastante, y que sólo nos había contemplado a ratos, ya que había estado trabajando en el portátil y haciendo varias llamadas por su pequeño celular.

-Ya es hora que te relajes un poco, ¿acaso no mereces un descanso?
-Si tú lo dices… yo creí que el médico titulado era Christopher, rió mientras girábamos en la pista.
En eso estábamos, cuando sigilosamente Ryan cambió la música por algo más romántico. De seguro quería estrechar entre sus brazos a su prometida.
-¡Ya estamos! Sermoneó Ángel, ¿Quién fue el gracioso? Me miró, nerviosa.

Estiré la mano para acercarla a mis músculos de acero.
-¿Acaso un muñeco no puede bailar con su jefa?

-Ah… es igual, de todas formas me gusta esa canción, acabó por ceder, enlazando sus manos tras mi cuello de toro.

…"Cuando por primera vez te vi,
Supe que el cielo era para ti y para mí…"

Sus ojos, por primera vez los veía tan de cerca, en la semi penumbra… eran de color mora pálido, lirio deslavado… Sus labios eran delgados, sus cejas de un fino color café. Rostro pintado a mano… Ninguna unidad exactamente igual a la otra, incluso había grandes diferencias en el rostro de una barbie Peaches and Cream hecha en Filipinas que una hecha en Korea, por ejemplo.

…"Nunca más podré dormir, nunca más podré soñar, con alguien que, no seas tú…"

Un individuo sin rostro había tomado su paleta de colores y un delgadísimo pincel y se había dejado los ojos para darle a Ángel su expresión única. La mía era igual a la de millones de Max Steel en el mundo, pintada por un robot programable. Con mis labios apretados por el esfuerzo y las cejas espesas y cejijuntas, me costaba mucho cambiar de expresión, practicaba frente al espejo pero me era difícil adoptar una sonrisa.

Sus ojos se cerraron.

-¿Pasa algo? Inquirí.

-Nada, tonto, sólo estoy disfrutando el momento…

Poco a poco, los muñecos se fueron retirando a sus viviendas. Ángel y yo fuimos de los últimos, casi me dio la impresión que no quería que nos vierna irnos juntos.

¡Que jornada! Cada día se me hacía más fácil la vida en este entorno, y más difícil convivir con Ángel sin sentirme atraído por ella. ¿Qué le pasaba a mi instinto de hombre de acción?