VI.- DÍAS DE PLAYA.
Y llegó la fecha señalada para el paseo.
Muy temprano, escuché a la infatigable dueña de casa trasteando con las vituallas.
Cargó una cesta con jugos, bebidas, sándwiches, pollo, huevos duros, fruta…
Abrí un ojo y lo volví a cerrar.
-¡Levántate oso dormilón!
-Tengo sueño…
-Ah, pero, ¿No eras tu el que decía que el baile no era ejercicio?
-Retiro lo dicho…
Ángel me retiró las mantas de sopetón, yo las tiré de vuelta, y debido a mi fuerza, el impulso prácticamante la arrojó sobre mí.
Nos quedamos mudos y sin aliento. Eso terminó de despertarme…
-Creo que es hora de vestirme.
-¡Así me gusta!, ella recuperaba su aplomo, en el baño te dejé ropa y un traje de baño para que te lo pruebes.
-¿Y si quisiera nadar en zunga?
Angel enrojeció.
-No te lo recomiendo, acotó tragando saliva. El agua de mar en esta zona es heladísima…
Bueno, toda la tropa fue embalada en un bolso, junto con sus pertenencias. Era una apretura como ir en metro, pero valía la pena.
En menos de una hora podíamos sentir el carácterístico gusto a sal en el aire. ¡Qué ganas de surfear! Nuestra dueña nos dejó en libertad de acción, ya que se trataba de una diminuta e íntima playa semi-privada.
Mientras los hombres nos divertíamos de lo lindo con las tablas, las chicas se bronceaban.
Observé lo recatado del traje de baño de Ángel, mientras las otras muñecas lucían modernos biquinis.
-¿Porqué se ha vestido como abuela? Le dije bromeando a Christopher.
-Bueno, no es ningún secreto, ella tiene bastantes cicatrices, por se la primera barbie y la más querida, la dueña jugó muchísimo con ella, ya sabes, el costo de la fama…
Brooke instaló una red y jugamos voleyball en el agua, hombres contra mujeres (Cristopher, Brooke, Ryan y yo, contra Mary, verónica, Nadia y Tessa) y debo decir, que la rapidez y agilidad de las chicas nos venció. Ganaron 10 a 7…
En la revancha, ganamos 10 a 9. Algo recuperado el honor masculino, decidimos almorzar.
Ángel ya tenía montado un bonito campamento, y como el ejercicio nos había abierto el apetito, decidimos atacar.
-¿Y qué haggremos ahoggra? Le pregunté a Ángel con la boca llena de pollo.
-Mastica primero, troglodita, me regañó con una sonrisa.
-Te quedó todo tan rico… dije para justificarme, tomando grandes sorbos de líquido para pasar el atoramiento.
-¡Hora del limbo! Brooke nos sorprendió preparando raudamente las cosas y sacando música para comenzar la competencia, apenas un ratito después de la comida.
Nuevamente todos participaron, me reí un montón, nos caímos varias veces y no pude dejar de observar como Ángel no participaba.
-¿Y ahora qué? Pregunté a Ryan, señalándola.
-¿No lo sabes? Por primera vez el sonriente Ken rubio me miraba muy serio.
-¿Saber qué? La música tropical a alto volumen no me dejaba oír del todo bien.
-Su cintura… ¡está soldada! Como se le soltó con el uso, ¡se la fusionaron con pegamento extrafuerte!
Ahora entendía porqué no mostraba su cintura y cierta rigidez que compensaba con creces gracias a su energía. ¡Pobre Ángel! De seguro se moría por participar…
En la siguiente actividad acuática, tomé una rápida decisión. Sin que ella tuviera tiempo de reaccionar, la cogí en mis brazos y la llevé al agua.
-¡Suéltame Max…! Oh…
Le arrojé un montón de agua con mis manazas… Ella terminó por reír y responderme de igual modo… Se convirtió en una batalla campal de todos contra todos, tragamos algo de agua salada, y más de alguien vomitó, pero logré mi objetivo, hacerla participar sin miedo.
Ángel, empapada de agua de mar, con el cabello estilando, el traje de baño húmedo y adherido al cuerpo como segunda piel y los ojos radiantes de alegría… de seguro esa imagen me perseguiría hasta en sueños… pero valió la pena.
-Ahora, a darse la consabida ducha de agua dulce… ¿nadie quiere agrietarse, no? La sargento Mary nos envió directo a las duchas, que como tal, usamos una paupérrima y oxidada llave de agua que había en el patio de la cabaña.
Ya todos bañados, vestidos y rechinantes de limpios el plástico y la goma, nos acodamos en la varanda de la terraza a contemplar una rojísima puesta de sol.
Me sentí fuera de lugar, con aquellos Ken enamorados, abrazando a sus muñecas y diciéndole al oído dulces palabras de amor…
Sólo Ángel, Tessa y yo, contemplábamos la belleza del ocaso en este paraíso… solos.
