VIII.- NO JUEGUES CONMIGO.
Los días siguientes fueron algo tensos entre Ángel y yo. Me dijo que si realmente estaba tan molesto, me conseguiría un alojamiento, pero la idea no dejaba de convencerme del todo. En el fondo ella tenía toda la razón supongo, no podía seguir viviendo con la Reina, de seguro cuando alguien lo supiera, se iba a hacer un gran escándalo.
Por el otro lado, me estaba acostumbrando a todos esos pequeños detalles… Al olor de su perfume, a sus comidas, hasta el suave y mullido colchón de su cama. Lo que me dolía era esta ley de hielo. Tal vez era hora de dejar de anteponer el orgullo y conversar las cosas…
Le pedí el auto y salí a dar una vuelta. Un par de cuadras más allá, el bamboleo de las largas y bronceadas piernas de Tessa y el vaivén de su cola de caballo atrajeron mi atención.
-¿Quieres dar una vuelta, muñeca?
Me miró con sus sonrientes ojos café verdoso. Dudó.
-Está bien.
Se subió y rodamos por los alrededores del patio que circundaban la casa. Había mucho verde y la primavera parecía estar en sazón, con abejas laboriosas y flores de colores.
El viento mecía la broncínea cabellera de Teresa.
Esta chica te conviene, me decía mi cerebro. Menos embrollo, menos problemas, no te enredas con tu jefa… La pega es que apenas la conoces.
-¿A qué te dedicas?
-Soy profesora de lenguaje audiovisual y fotógrafa. Me dedico a retratar a los habitantes de Happy Dolls. ¿Te gustaría que hiciera tu foto?
-Bueno…
-Entonces es una cita, sonrió.
Mañana en la tarde vienes a mi taller. Parecía muy feliz y satisfecha.
-¿Te gustaría cenar conmigo?
La propuesta la tomó de sorpresa, pero se notaba que la hacía muy feliz.
Al llegar al elegante merendero me sentí aliviado de traer conmigo la tarjeta de créditos que le entregaban a cada habitante del pueblo. Mientras miraba la carta, en pose de conocedor, me quedé helado al ver un par de mesas más allá a la mismísima Ángel, en compañía de un muñeco alto y elegante, con el rojizo cabello atado en la parte de atrás con una coleta. Hubiera dado cualquier cosa por saber de qué diablos estaban hablando.
Si Teresa vio mi turbación no lo demostró y siguió parloteando como si nada.
Mi apetito se esfumó como por ensalmo. Pedí un sándwich y una ensalada, acompañados de una lata de refresco. Ella pidió lo mismo y un jugo natural.
-¿Pasa algo?
-Nada… bueno, sí… sólo quisiera saber quién es ese elegante señor que cena con Ángel.
-¿Parece tensa, verdad?
El Marqués de Southerville… así lo llaman. Acaba de salir de la cárcel. No conozco los motivos de su encierro, pero eso no es novedad, ya que tú sabes que yo llevo demasiado poco tiempo acá en el pueblo.
Puede que lo esté asesorando para que monte algún negocio u ofreciéndole trabajo.
En ese minuto, el muñeco tomó la mano de la soberana y la besó, con algo más que respeto. Sus ojos se posaban ardorosa y posesivamente en Ángel. Una sensación escozor en mis entrañas me hizo estremecer. Una parte de mí se abría levantado y lo habría mandado a la luna de un puñetazo. ¿Qué me estaba pasando?
-Bueno… Tessa parecía decepcionada por mi escaso interés – Creo que es hora de ir a procesar unas fotos, o si no esta noche no dormiré. Recuerda nuestra cita…
-Espera, me disculpé, voy a llevarte.
Cuando salíamos del restaurant, nos topamos con Christopher, muy orgulloso con su esposa del brazo. Mary abrió unos ojos como platos, sin dignarse decir nada y luego me saludó casi secamente.
Tessa se despidió de mí en el dintel de su taller.
Luego seguí paseando hasta que se me hizo tarde.
Al llegar a la casa, Ángel estaba trabajando en su notebook. Parecía muy preocupada.
-Ah Kyle, eres tú… nuestra dueña está preocupada, invirtió en un costoso cargamento de juguetes y la vendedora se desvaneció sin dar señales de vida… ojalá no la hayan estafado.
Debo haberme puesto muy serio, fraternizaba con su sentir, nuestra dama no era opulenta, no podía darse el lujo de perder una inversión tan grande. Cada vez que ganaba algo de dinero, lo reinvertía en nuevos juguetes para restaurar, era como hacer rodar los dados, y si perdía el dinero invertido quedaría un forado considerable en el presupuesto.
-Kyle… sobre el otro día… lo lamento, debí haberte contado sobre mi posición social, pero para mí esto es mucho más importante, ese estatus sólo me aleja de los demás juguetes, no deseo que nadie me vea como una lejana e inalcanzable figura de autoridad.
Como íbamos a trabajar juntos, quería que me juzgaras tal cual soy. Si me equivoqué soy la primera en admitirlo y deseo ofrecerte una reparación. Estiró su mano menuda y bronceada y tras una breve vacilación, la estreché con firmeza.
-¿Aún deseas trabajar conmigo? Se aventuró. Si no lo deseas puedo hacer uso de mis influencias para colocarte en otra área…
-No es necesario… me rasqué la cabeza incómodo, yo también he sido un poco tozudo con todo este asunto, creo que lo mejor es fumar la pipa de la paz.
La "Reina" me miró con ojos brillantes y nuevas esperanzas naciendo como estrellas en su mirada.
-Mañana será otro día. Suspiró.
Ángel preparó un delicioso salmón a las hierbas para la cena. Yo me dejé querer como un gato mimado y goloso. ¡Si que necesito algo de acción! Me dije, o voy a convertirme en una especie de bola fofa.
Pero mañana comienzo, me prometí a mí mismo esa noche, mientras veíamos una película en al tele, muy acomodados en el mullido sofá.
