IX.- CHICAS, CHICAS, CHICAS…

Trabajé toda la mañana ayudando a publicar algunos avisos de búsqueda de dueño para algunos juguetes.

Mi jefa parecía muy satisfecha.

-Muchas gracias, Kyle, ahora si no es molestia, creo que tendrás que ir a almorzar sólo, porque tengo un compromiso… aclaró haciendo una mueca.

-No te preocupes, no tengo demasiado apetito, creo que pediré algo por teléfono al "Petit".

-Bien, volveré lo antes posible, musitó mientras cogía su cartera.

Esta mañana Ángel estaba arrebatadora con un minivestido, un bolerito y unos altos tacones, todo en verdeagua, que contrastaba bellamente con su piel bronceada. Salió hecha una

Exhalación.

Dejé de discar, colgué y cambiando de idea, me comuniqué con otro número.

-¿Aló, con Delirio Mediterráneo?

-¡Sí señor, que desea?

-Habla el Marqués de Southerville, me retrasé un par de minutitos, quisiera saber si aún conservan mi reservación.

-¡Por supuesto Señor! Su mesa de siempre le espera a Ud. y a la Reina.

Tras musitar algunas fórmulas de despedida, colgué. Tal como sospeché, Ángel y el molesto desconocido reincidían en el almuerzo.

Decidí que sí saldría a almorzar, y de repente era la fusión ítalo-española lo que me apetecía…

Escogí una mesa lo bastante apartada para no ser descubierto, que me permitía ver bastante, pero no escuchar nada. ¡Frustración! La escena del día anterior se repetía con calco… Después de comer mi sándwich salí rápidamente del local, mientras la soberana parecía enfrascada en una seria deliberación con el desconocido.

Me dirigí raudamente a quien no me negaría algo de información, Christopher.

Seguí las indicaciones de su tarjeta y pude dar sin problemas con su consultorio. Una hermosa muñeca se enseñoreaba del escritorio de la recepción. Tenía algo difícil de describir… casi mágico en sus ojos, que parecían maquillados con ondas relucientes a su alrededor.

La chica vio como me empecinaba en mirarla.

-Creo, Sr. Steel, que no es de buena educación entrar así sin saludar y quedársele mirando así a la gente… Presumo que busca al Sr. Reeve, ¿cierto?

-Hmmm… disculpe, tiene toda la razón, pero estoy en desventaja, ¿señorita…?

-Melissandra, señor Steel.

-Puedes llamarme Kyle, ya casi todo el pueblo conoce mi nombre.

-Prefiero mantener las distancias con las amistades de mi jefe, si no le molesta, me dijo con un retintín de orgullo y mordacidad impropios en una muñeca, y si quiere saber que es ése "algo especial" que llama su atención, voy a confesarlo, sí, tengo sangre de hadas corriendo en mis venas. Soy una versión alternativa de una de las hadas de Fairytopia.

-Eso le confiere un encanto especial, pero supongo que tiene lo suyo también.

-Muy cierto, aventuró sin un asomo de vergüenza. Ahora, si me permite, creo que el jefe ha terminado con su consulta.

Me metí tras una planta para ver salir a Nadia. Había algo nuevo y radiante en su rostro. Estrujó las manos de Christopher nerviosamente y se marchó sin siquiera mirar adonde yo estaba.

Salí pomposamente de mi escondite.

-¡TA-DAAA!

-¿En qué andas, Kyle? ¿Alguna misión de espionaje que te estás inventando?

-¿Acaso no puedo visitar a mi amigo? Salté, medio picado por sus insinuaciones.

Cris, con la guardia ya bajada, me explicó algo de su trabajo y me mostró su modesto pero eficiente consultorio.

-Una cosa seria lo que tienes allá adelante en la recepción, le dije para entrar en conversación.

-Es una buena chica, me dijo con una gran sonrisa, eficiente, amable, hace su trabajo y se va a sus horas y si hay trabajo extra se queda sin siquiera chistar…

-¿Y como haces para no mirarla… hmmm… con otros ojos? Con un escalofrío recordé a la gélida Mary… En la época que la fabricaron al parecer, las muñecas no podían sonreír… brrr….

Christopher soltó una buena risotada.

Seguida de espasmos de risa que le costó bastante contener.

-¡Aún eres un crío, niño! A mi me fabricaron en los buenos ochenta. Los muñecos eran fieles hasta la muerte, no se les revolucionaban las hormonas por una curva más o una curva menos… Mi excelente esposa no pierde ni un minuto de sueño por pensar en mi recepcionista… La pequeña Mel está a años luz de lograr algo parecido a la perfecta empatía que tenemos Mary y yo… Aún es una chiquilina, como tú, que le gusta salir a bailar ritmos movidos, jugar videojuegos e ir de compras con sus amigas.

Medité unos segundos, procesando sus palabras. Debía ser muy bueno conocer a alguien tan bien como para que fuera tu complemento perfecto y supiera casi sin esfuerzo lo que pasa contigo. ¿tendría en el mundo de los muñecos mi otra mitad perfecta?

-Cada vez que tengo un día difícil, Mary me espera con la comida preparada, un baño caliente, mis pantuflas favoritas y un relajante masaje… Es como si pudiera leerme la mente. Dudo que nuestra pequeña hada sepa cocinar algo más que esas cajitas cuadradas que se meten al microondas, salvo claro está, y dijo esto poniéndose muy serio y bajando la voz, casi con miedo, que pueda hacer "magia de hadas", lo que tendría bastante menos valor para mí que la dulce dedicación de mi Mary…

Cada loco con su tema, pensé, creo que adora a su momia…

-¿Y qué sabes del tal Marqués de Southerville?

-¿Adam? ¿Por qué me lo preguntas?

-Fue por un tiempo Asesor Personal de la Reina. Luego, al descubrírsele algunas cosas poco limpias terminó encarcelado por un par de años, pero acaba de cumplir su condena… Es curioso que preguntes por él.

-No sé si deba preguntar esto, pero… ¿Tuvo un romance con Ángel?

Cris me escrutó con sorpresa y sobresalto. Luego me miró de hito en hito con una leve sonrisa torcida. Luego de un par de minutos, de ese silencio tan impropio en su parleoteadora persona, respondió:

-Tengo la impresión que no, aunque no porque Southerville no estuviera interesado. Supongo que fue una buena decisión de Ángel, siempre he pensado que es un personaje un poco… sórdido.

-¿Crees que él estuviera más interesado en ser "Primer Caballero" que un buen esposo para la Reina?.

-¡Me juego la cabeza! Siempre ha adorado los juegos políticos. Al principio incluso, quiso levantar al populacho para lograr un revuelta proabolicionista contra la Monarquía, pero cuando vio que las raíces de ésta eran sólidas, decidió cambiar de táctica y ofrecer amablemente sus servicios a la Reina.

-¡Qué más se puede esperar de un GI JOE! Adoran los juegos bélicos y estratégicos.

Cris rió de buena gana mirándome con sorna.

-Como otro que conozco… De todas maneras, siempre desconfié del "Señor Fina Elegancia". Pero Ángel no me oyó y decidió aprovechar su inteligencia a favor del Proyecto.

-Después vino la cárcel y ahora el arrepentimiento, concluí por él, barruntando, y quizás que tendrá en el itinerario preparado para después…

-Quién sabe… Christopher me miró con sincero agradecimiento. ¿Sabes? Me hace muy feliz ver que te preocupas por Ángel. Yo siempre estoy al tanto, pero el trabajo me impide ser un hombre de acción, me dijo señalando la entrada, donde una muñeca muy alterada traía un bebé en un cochecillo.

Serías un excelente guardaespaldas para la Reina, sin desmerecer que seas un buen asesor…

-Gracias, te dejo con tu "laburo".

Le pedí a Mel el teléfono, para que le dieran a Ángel mis excusas, no podría ir a la oficina por la tarde porque tenía un compromiso. Acaba de recordar la cita en el taller de Tessa. No tenía demasiadas ganas de ir. De alguna manera, sentía que algo no estaba bien tratar de distraerme con ella para olvidar mis discordias con la Reina… Pero me había comprometido.

La recepcionista me caló con unos ojos cargados de escepticismo.

Evadí la curiosidad de Melissandra y me despedí apresuradamente.

Tessa me esperaba con impaciencia y todo su equipo preparado. Luego de la timidez inicial, me tomó varias fotos, incluso algunas de torso desnudo para mostrar la luz y somra de mi musculatura, quedarían muy bien me dijo, feliz, y luego comencé a juguetear con los accesorios que figuraban para el oficio, sombreros de dama antigua, corbatas, chisteras, quitasoles, crinolinas… Ella comenzó a perseguirme para quitármelos, tropecé y caí en un mullido diván, tipo "chaise longue", que parecía invitar al pecado… Me acomodé en lo que parecía una pose sensual.

- ¿Es eso una invitación? Susurró ella, mordiéndose los labios…

Sin pensar abrí los brazos y ella se arrojó sobre mí con premura, dándome un beso candente…

Respondí sin pensar, pero luego, me di cuenta de que lo que hacíamos, le dejaría una marca de la que no querría hacerme responsable. Con pesar, la separé un poco de mí.

-Tessa… dije con voz enronquecida… Mira todas las lindas parejas que hay en esta ciudad, si algo he aprendido de Christopher, es que es mejor tener el amor verdadero que un pobre sustituto, aunque sea apetecible… dije con pena, aún sintiéndo el calor templado de sus curvas contra mi cuerpo (¡Cielos, estoy madurando me dije!)

-Pero, pero, sus mejillas ya estaban encendidas, pero enrojeció violentamente de vergüenza, tú me gustas… Ambos somos solteros, ¿No crees que podría funcionar? ¿O no te gusto para nada?

-Creo, que te mereces algo mejor… No le diré a nadie de esto. Por el momento, me encuentro demasiado confundido y siento que hay alguien por quien comienzo a sentir algo… aún cuando parezca ser un imposible.

-¿Es la Reina? ¿Tú crees que resultaría algo con la Reina? ¡Si es un atado de nervios y complicaciones! ¡Está llena de cicatrices, por Dios! Kyle… Negué con la cabeza.

-Tessa, dije tomándole las manos, tras ponerme la camisa con celeridad, no te hagas esto. Estás avergonzada y dolida, asumo la culpa. Eres preciosa, casi irresistible… No necesitas convencerme de ello. Sólo erdóname.

Se soltó con brusquedad y se quedó en silencio, tapándose el rostro encendido con la manos, mientras la sacudían los sollozos.

Salí a la calle sintiéndome un miserable. Increíblemente esta experencia me hizo entender mejor a mi jefa. Año tras año de esto, sin encontrar a ese individuo especial para compartir tu vida, mientras todos tus amigos se casan y comprometen, forman familia… y tú, solo.

¡Ángel! Corrí. Cómo deseaba verla ahora.

Cuando me abrió la puerta, le besé la punta de a nariz respingona.

-¿Y eso por qué? Me preguntó con una risita.

-Me siento feliz de estar en casa, le dije, mientras me miraba con sus ojos gratamente sorprendidos, sin entender nada.

-¿Tienes hambre?

No tuve tiempo de cocinar y me traje una pizza de pollo con nueces a la crema del "Petit", me dijo sintiéndose culpable y traviesa.

-¡Bienvenida sea! Le dije lavándome las manos y sentándome a la mesa en un dos por tres.

-¡Mi troglodita!

¡Cielos! Ángel se tapó la boca, demasiado tarde.

-¡Está bien! Reconocí, tratándo de que entendiera en una mirada todo el significado de mis palabras. "Soy" "Tu troglodita".

-Supongo que un "Homo Sapiens" sabría como usar la cubertería y la servilleta, me dijo luego de carraspear, con un forzado acento francés.

-Prefiero comer como un palurdo sin educación esta noche, le dije con picardía, atrayéndola hacia mí, con mis dedos algo aceitosos de queso, pero con el gran honor de tener sentada la Reina sobre mis rodillas.

-¡Kyle!... Ángel enrojeció, pero me dejó hacer.

Devoramos la etérea fugazza rellena, combinada tan sabiamente con los sabrosos ingredientes por las manos de Ryan. Me pareció el manjar de los dioses. No sé que tanto tendría que ver con tener a Ángel sólo para mí por unos minutos, sobre mi regazo, riendo como si le hicieran cosquillas con mis ocurrencias. De seguro creerá que soy un salvaje, y esta noche lo soy… Un salvaje enamorado. Pero se necesitaría de Psycho, Destroyer, Elementor y todos mis enemigos combinados para sacarme esa confesión.