XI.- ESTRELLAS, PUÑOS Y ROCK AND ROLL
Un negro presentimiento me hacía apretar compulsiva y espasmódicamente el acelerador. ¡Rápido, rápido, cacharro! Le murmuraba al auto como si por ensalmo pudiera oírme o apurarse aún más.
No había nadie en el cuarto de Southerville y nadie le había visto en el hotel. Comencé a patrullar las calles del pueblito como un poseso, creyendo que de pronto, los vería así como así caminando del brazo…
Me golpeé la frente. ¡Eres un idiota! Me dije. Los vapores etílicos parecían disolverse merced al frío nocturno.
De pronto, algo llamó mi atención al pasar frente al Edificio Municipal. Capté un levísimo movimiento por el rabillo del ojo. Frené de golpe. Los neumáticos chirriaron pidiendo piedad. Me bajé de un salto, casi sin esperar que el vehículo se detuviera del todo.
Un bulto sospechoso parecía agitarse en la penumbra.
-¿Qué diablos? Me agaché al escuchar unos quejidos. Le di la vuelta… ¡Era Barton!
-El jefe… musitó débilmente.
-¿Qué pasó con tu jefe? ¿Te refieres a De Southerville? Asintió levemente con su magullada cabeza. Al parecer el huracán Adam había pasado por aquí. Le ayudé a incorporarse y me contó como el villano lo había engañado. Levantó el brazo para saludarlo y lo noqueó de un golpe.
-Me tomó de sorpresa, se justificó el rubio, indignado, mientras se masajeaba la nuca. Le pregunté ¿qué hace por aquí a estas horas de la noche? Una parte de mí se sentía preocupado y otra parte encantado de tener alguien con quien charlar para mi aburrida guardia nocturna… Pero cuando vi sus ojos…
-¿Qué tenían de especial los ojos?
-Parecía… Enajenado. Como si algo en las últimas horas lo hubiera vuelto loco. Y desesperado.
Mala señal. Me dije. Ya de por sí es peligroso, pero enloquecido… ¡Brrrr!. ¿Y Ángel?.
-Pero es raro, ¿Por qué golpearía a un camarada GiJoe bajo sus órdenes?
-La bóveda! Bart empalideció y bajó la cabeza, con desesperanza. He fracasado en mi única labor…
Ambos nos dirigimos al interior. Faltaban al menos dos armas de grueso calibre y el cuarto del tesoro había sido saqueado. No era el trabajo de un profesional, dado lo presuroso del robo, pero Bart estaba total y absolutamente desmoralizado.
-Es extraño, me dijo sentado en el suelo. También parece haber llevado algo de cosas de la tercera cámara… ¿Para qué querría ropas de mujer?
Los pensamientos que se materializaron en mi cabeza fueron más bien funestos, ¡Ángel!
¿Querría largarse del pueblo con ese cuantioso botín? Y lo más valioso de todo… no lo había sacado de este sitio, pensé. No le comuniqué mis barruntos a Barton. Más bien, usando de mi autoridad como Asesor Real, lo dejé encargado de:
A.- Pedir un relevo.
B.- Descansar hasta la mañana.
C.- Encargarse de dirigir la limpieza, orden e invetario de la cámara.
-¿Y Ud. Sr. Steel?
-¿Qué crees? Puedo ir a dormir a casa, o ir a buscar a ese miserable…
La expresión de mi rostro de seguro le dejó bien claro mi elección, porque me dio un fuerte apretón de manos y me miró con respeto, viéndome saltar al interior del convertible.
-Una cosa, más, Sr. soy casi tan joven como Ud. porque soy una re-edición, pero…
Tenga cuidado con el jefe. Si ha perdido todo contacto con la decencia y la honestidad, va a jugar sucio, muy sucio, cosas del ejército, Ud. sabe.
Con su ayuda y gran esfuerzo logramos abrir la enorme y pesada reja de la casa. Le hice una seña a modo de adiós y enfilé hacia lo desconocido a toda velocidad.
La noche estaba oscura y fría. Según me habían dicho, había un parquecito cerca, y supuse que tal vez sería un buen escondite para los fugitivos.
Sorteando peligros como ocasionales borrachos y uno que otro perro, pude llegar sano y salvo a mi objetivo.
Oculté el auto como pude, mientras me internaba entre la densa floresta. Bueno, afrontémoslo, para unos humanos, apenas unos arbustos…
Un rumor de voces me puso en alerta.
Mi enemigo parecía muy seguro y pagado de sí mismo… ¿Ni siquiera consideró la opción de que alguien lo siguiera? Cuando por fin percibí el sentido de sus diálogos, no pude más que pensar que se había vuelto totalmente loco.
-Y bien, querida, no es un palacio, pero sé que no te gustan los palacios, te gusta más revolcarte en el fango con las más indignas lacras, así que este entorno natural le sienta bien a tus ojos. Supongo que por eso nunca quisiste nada conmigo, ¿No?
El muy imbécil te traté con guante blanco, pensándo apreciarías la delicadeza y mis modales exquisitos y que conquistaría tu corazón… Lo que a ti te va es la violencia, la adrenalina, el peligro… toda una bella "Penélope Glamour" la perfecta damisela en apuros…
-¡Grumfh hhmgkrtttrrmfff mghhhbhfgrr!
Dada la furibunda respuesta de Ángel, me asomé a mirar y en la semipenumbra de la farola la vi. Totalmente amarrada como una momia y amordazada. Sus mejilla parecían rojas de furor.
No parecía haberse fugado con él de común acuerdo, ¿No? Una cosa parecida a un pequeño alivio aleteó junto a mi corazón.
Comencé a trepar al árbol más cercano para preparar mi emboscada. Sólo los grillos y la exuberante belleza que nos circundaban contemplaban la escena.
-Comenzaremos de nuevo, ilusionado e inspirado, De Southerville recomenzó su monólogo. Nos presentaremos en una nueva casa, idealmente no con niños demasiado pequeños, para que no nos desmembren ni rayen con lápiz pasta.
Subyugaremos a la comunidad juguetil con nuestra elegancia, dinero y joyas de la corona, y terminaremos siendo los soberanos de nuestro nuevo Reino, hecho a la medida para nosotros, querida… Sin narices entrometidas como el tal Christopher ni ese desagradable Cromagnon de Max Steel… ¡Si ni siquiera sabe ponerse correctamente la servilleta, querida, qué horror!
Ángel, de seguro viendo lo inútil de protestar, guardaba silencio ¿Se abría rendido?
Ya en una rama más alta, observé nuevamente la situación. Al parecer, mientras Adam se llenaba la boca con sus planes, la reina prisionera, había ido reptando poquito a poco fuera de su rango visual, como un gusano gigante de cabello rubio.
Repentinamente, como si recordara algo, se volvió hacia ella y la sujetó.
-¡Ah! ¿Creíste que podrías escapar preciosa? Sólo estaba jugando contigo al gato y al ratón, para hacer más excitante nuestra… tertulia.
Por lo que veo, la única manera de que consientas a todos mis Proyectos es… concebir un heredero para nuestro futuro reino… ¡Aquí mismo!
¿No es una excelente idea? (Parecía relamerse de puro imaginarlo, el muy maldito) Y es lo que te gusta, ¿no?
Lo sé de muy buena fuente, dijo recogiéndola com un fardo y acercando sus labios al oído de la muñeca. Ahora lágrimas ardientes de impotencia resbalaban de sus mejillas… Apenas le puso las manos encima no sentí ganas de ver más.
-¡Suéltala!
El rostro de Southerville se volvió hacia lo alto tratando de escrutar la penumbra, sorprendido. Soltó a la Reina, que cayó como un bulto a sus pies. Era la señal que esperaba.
-¡No me gustó esta película, así que voy a cancelar las grabaciones! Me dejé caer sobre él con todo mi peso, proyectándolo hacia atrás.
Sus brazos eran terriblemente fuertes y me costaba bastante conectar uno que otro golpe, era una lucha equilibrada…
De pronto me dio una feroz parada… Su plástico más compacto era pesado y macizo… la cabeza me dio vueltas…
-¡Kfghlgghjjhll!
Ángel me advertió demasido tarde, un puñado de arena encegueció mi visión por unos segundos. Un rodillazo en el estómago me dejó algo aturdido y perdiendo el pie, caí a tierra.
Cuando recuperé la vista, tenía una de las armas robadas apuntando a mí y la otra al bulto reptante que tanto parecía importarnos a ambos.
-¡Si te mueves o intentas algo, la mato! Igual para ti, mi Reina. Es cierto, son armas de juguete, pero pueden soltar articulaciones o quebrar piezas de cuello… De cualquiera de las dos formas, es tortuosamente doloroso morir por desmembramiento o pérdida de una parte importante…
¿Qué tal tu inflada cabeza, Steel?
¿Que tal, si después de arrancártela la hago rodar colina abajo? Tal vez las ratas la royeran tanto que para cuando alguien la encontrara sería imposible volver a ponértela…
O tal vez debería dejar las piernas de Ángel en la acera para que un auto las haga papilla… Así no volverías a huir de mí, ¿Cierto, preciosa?
Ángel me miró. Pude ver en sus ojos dolor, desesperación, preocupación, pero luego una determinación… que me heló la sangre.
Todo pasó muy rápido. Se movió al costado, mientras los proyectiles casi le rozaban la cadera frente a mis ojos, desesperado, corrí salvando el espacio que me separaba del maniatico y me arrojé sobre él, sujetándolo con fuerza y doblegando la muñeca que hacía fuego sobre mi rubia amiga.
Mi cuerpo era desmasiado liviano para doblegarlo, Ángel tenía razón, pensé amargamente. Mientras le hacía soltar un arma, la otra mano logró deshacirse y me apuntó a la cabeza, más concretamente, a la delicada unión del cuello.
-¡Basta de trucos! Gritó furioso. ¡Vas a venir conmigo de propia voluntad o tu amigo se muere! Le espetó al bulto, que yacía de costado, derrotado.
Sin dejar de apuntarme, subió a Ángel al vehículo. Apenas se alejó de mí, rodé como pude esquivando el fuego y saqué mi cuchillo. Tuve el gusto de incrustarlo justo en la unión de su articulado tobillo.
-¡Arghhhh….! Ahora sí que te mando al averno, Steel, dijo cogiéndose la pierna con una mano, pero sin soltar la pistola. Ángel se arrojó de cabeza contra él, fue un movimiento muy valiente, pero no logró barrerlo ni desarmarlo.
De pronto, una voz conocida nos dejó helados de sorpresa.
-¡Es suficiente! ¿No les da vergüenza luchar como animales? Noooo, peor que los animales…
Un subito resplandor inundó el claro. Un hada luminosa de virtuales alas fosforescentes apareció flotando en la penumbra.
-¿M-me-M-Melisandra?
-¡Mjhrrghghrr! dijo Ángel.
Southerville le apuntó y se quedó como congelado. De sus ojos se borró la ira, e incluso quedaron vacíos de expresión.
-" Essisstenia maraviggilgia caravenutili ornamubulifigi carebtenignite esprebilirile olifiginia carivicotunus"
Unos pases locos de sus manos frente al rostro del GIJoe y este quedó marcando ocupado. El hada encubierta, parecía acariciar con sus dedos el pétreo rostro del muñeco que me tuvo contra las cuerdas…
Su cuerpo refulgía, envuelto en una estola de luz verdosa, que terminaba espiralada en un resplandor que entraba por sus oídos y penetraba directamente en su cabeza. Algo me dijo que no me gustaría pasar por algo parecido.
Adam trastabilló, tosió, y haciendo arcadas, soltó la pistola. Vomitó una papilla negruzca, que Melisandra procedió a volatibilizar en el aire.
Luego quedó algo inconsciente, cayó como en cámara lenta y pareció dormir. Mientras esto pasaba, yo me había acercando a Ángel y soltado sus amarras. Cuando le saqué la venda de la boca, dijo, bajito:
-Muchas gracias, mi héroe.
-Si yo no he hecho nada, musité, avergonzado, mira el tremendo show de luces que se monta la recepcionista de Cris…
-"Hastyayávanna", me corregió Ángel.
-¿Hasta ya qué?
-Es una poderosa magia de hadas, es capaz de sanar el alma de quien la recibe, me dijo, emocionadísima.
-¿Así, tan fácil?
-No es tan fácil, me expresó la Reina, ya recuperando su carácter y ligeramente molesta.
El "Hastyayávanna", sólo puedo usarse una vez… en la vida, y quienes lo comparten quedan indefectiblemente unidos por un vínculo por le resto de su existencia.
Melisandra se acercó, planeando con suavidad hasta aterrizar a nuestro lado.
-Mi señora… Se hincó frente a Ángel. He cumplido la misión para la que la Dama Mary me hizo llamar desde Fairytopia… Se me solicitó que fuera una traba de seguridad encubierta, en su círculo más cercano.
-Yo… no lo sabía… Lo siento mucho, siento que tuvieras que usar tu poder único con Adam…
Sólo soy media-hada, respondió ella, lo he hecho con gusto, por Ud. Alteza, además, dijo mirando al dormido monstruo, creo que esta avecilla necesita… hmm… "marcación personal".
Horrorizado, vi que no le desagradaba aquél engendro.
-Su alma está curada, ya nunca volverá a obsesionarse con Ud. Majestad. Me encargaré personalmente de ello.
Vimos como lo despertaba con suavidad. Algo del orgullo y la dureza parecían haber desaparecido de su rostro. Sólo parecía estar desorientado y confundido.
-¿Qué ha pasado?
-Tuviste un accidente. Te golpeaste la cabeza, voy a llevarte a mi casa hasta que te sientas mejor. Le ayudó a levantarse, y colgándose de su brazo, se alejó en compañía de esa serpiente ponzoñosa.
-Vaya… no puedo, no puedo creerlo, dije atónito.
-Creo que es la "Magia de las hadas", ¿no? Me dijo Ángel con una sonrisa, mientras se frotaba las muñecas.
-Lo que si creo es que necesitamos volver a casa con urgencia, dije para cambiar de tema, no queremos que el amanecer nos encuentre lejos del poblado y tengo tanta hambre y tanto sueño…
-¡Cielos! ¿Barton se encuentra bien? Una arruga de preocupación se atravesó en la frente de Ángel, empezaba a pensar como Reina de nuevo…
-Sí, pero debemos llevarle todas estas cosas de vuelta a la "Cámara del tesoro".
-Es, cierto, agregó feliz, ¡manos a la obra!.
