XIII.- LA BODA DE MI PEOR ENEMIGO.

¡Happy Dolls! ¡Casi en pleno! Supongo que la mayoría del pueblo estaba allí, más que por desear felicidad a la nueva pareja, por curiosear un poco en el boato y codearse con la nobleza… Mientras esperábamos a la novia, en un una mañana clara y luminosa, las muñecas no dejaban de cuchichear sobre la procedencia, el valor y el fausto del vestido, imaginando cifras fabulosas. Ya que nadie conocía a ciencia cierta a cuánto ascendía la fortuna de la familia Southerville.
Algo aburrido, me dediqué a observar al novio y a hacer apuestas con mis amigos sobre cuánto durarían juntos los imprevisibles tórtolos.

-Ese Adam es insufrible… Melissandra también tiene una voluntad de hierro, tal vez no duren mucho – Dijo pensativo Cristopher.

-¡Pero esa nena! – Fue el aporte de Brooke – Es demasiado para ese viejete… Yo la he visto bailar en la disco y es dinamita pura, casi parece que flotara, me hubiera encantado contratarla de "Go-go dancer".

Reí para mis adentros, imposibilitado de aclarar el porqué del baile ingrávido de la ex asistente de Cris.

-No te emociones viejito, le dijo el sonriente y discreto Ryan, ¡parece que fuera tu hija la que se casa!. Dijo pasando protectoramente el brazo sobre los hombros del doctor.

Al fin llegó la novia, sonriente y radiante, con un vestido muy sencillo que resaltaba su exótica belleza.
Luego, un muñeco y una muñeca, vestidos formalmente, trajeron los papeles legales, para que fueran firmados.

Todos los asistentes, en súbita mudez contemplaban la escena. Aunque mis ojos se iban más tras la soberana, que estaba magníficamente hermosa. Embebida en su papel de Reina, Ángel, en un trono de Cristal rosa, tomó la mano de los contrayentes le dijo unas palabras, bendiciendo su unión, tras lo cual, De Southerville y Meli se dieron un largo beso, aplaudidos por todos.

-¡Ahora disfruten de la fiesta amigos!
De Southerville no cabía en si mismo de alegría. Casi sentí simpatía por él.
Mis amigos saltaron sobre el buffet y la pista de baile y se armó el malón muñequil.

Un par de canciones movidas las bailé con Tessa, en plan de mera camaradería, luego otras con Nadia, la silente prometida de Ryan. Incluso con la candente Natacha Sweet, a quien el pobre Bart no le quitaba sus azulados ojitos de encima.

-"Creo que alguien más desea bailar una pieza contigo" le soplé en el oído a la juvenil muñeca fashionista.

-Parece tímido, rió Natacha, creo que lo sacaré a bailar yo, fue su alegre respuesta, mientras se alejaba al rincón donde se había fortificado el musculoso Guardia del Tesoro.

Finalmente… me dije con alivio… el plato fuerte. Ángel llegaba a medio calzar, como era su costumbre, dando saltitos de chincol para ponerse el zapato faltante. Había cambiado su regio atuendo por un glamoroso vestido de fiesta. Se veía deliciosa desde el cremoso cabello hasta la punta de los pies…
Le cogí la mano con premura.

-Llega atrasada, Sra. Reina, ¡en pago deberá darme la totalidad de sus bailes!

-¡Pero que dices, insensato! Ahora sólo soy una "nena" más del grupete, y no doy exclusivas a nadie, dijo con palabras más que mentirosas mientras sus ojos ardientes me calaban intensamente…

Por el rabillo del ojo pude comprobar como los novios se divertían a lo grande… Ciertamente el novio era harto tieso, pero tener un cuerpo aún más articulado que el mío le daba ciertas ventajas… Pronto se armó una especie de concurso para ver que pareja hacía más florituras al ritmo de la "Bilirrubina" y la "Cosquillita"… ¡pero sorpresa! A pesar de las miradas de desafío que nos lanzábamos el GIJoe pelirrojo y yo, el ganador fue ¡Bart!
Nos quedamos boquiabiertos de lo bien que llevaba a la doctora, que parecía arcilla entre sus hábiles manos.

Miré a mi pareja. Estaba muy cansada.
-¡Lo siento, Ángel! Me dejé llevar por la adrenalina, dije contrito.

-Es lo que pasa si te metes con viejos, dijo, entre boqueadada y boqueada, intentando recuperar el aliento. Baila con las muchachas un rato…

-Prefiero que ataquemos el buffet, no durará mucho si Brooke se queda cerca, bromeé, viendo las ingentes cantidades de delicias que iba poniendo el trigueño en su bandeja.
Tomé el brazo de la soberana y la conduje al Centro de Acopio.

Luego de almorzar plena y alegremente, los muñecos se fueron retirando en grupos, solos o en parejas.

Cada uno llegó por su lado, cansados, a dormir una breve siesta.
Ángel se tendió a mi lado en la cama grande. Yo quise hacer algunos avances, pero ella se durmió inmediatamente, así que me conformé con acariciar sus rubios bucles, mientras sentía unas ganas urgentes y rabiosas de posar mis manotas en toda su anatomía y besarla como el día anterior. ¿Qué me estaba pasando?
Me dije mientras el Sol caía con fiereza hasta que la tarde fue languideciendo. Decidí levantarme y cargar mi batería en el enchufe de la cocina.

Cuando despertó, mi jefa saltó de la cama, y me invitó a revisar un caso. Desde afuera, por la ventana, podíamos observar discretamente sin interrumpir el obrar de nuestra dueña. Ángel y yo, en silencio, nos sentamos cómodamente en el alféizar.

Sobre una mesa, había una hermosa barbie bronceada, que bajo su largo y brillante cabello cobrizo ocultaba unos brazos que terminaban abruptamente a la altura del codo, convertidos en una masa informe de muñones.

-Su dueña era nerviosa, es algo común que las niñas muerdan a sus barbies, incluso que en este proceso pierdan los dedos, las manos y los pies, pero este es un caso extremo- agregó Ángel, muy apenada.

En ese momento la señora se aprestaba a actuar.
-¿Estás lista, niña?
La muñeca asintió con un movimiento de cabeza y los dientes apretados. Con un alicate de pinza, extrajo con fuerza, pero con la mayor delicadeza posible, los brazos de la muñeca. Vi rodar grandes lagrimones en su cara, pero para mi sorpresa, había también una sonrisa donde se mezclaban el agradecimiento y el dolor en sus labios.

-Está contenta a pesar de todo- me explicó Ángel- así, está lista y preparada para recibir un trasplante de brazos apenas aparezca alguna donante.
Ángel estaba muy emocionada, tenía los ojos brillantes como las estrellas que contemplábamos desde nuestro improvisado observatorio, y yo, (debo admitirlo) también. Casi sin darnos cuenta, nuestras manos se habían encontrado y permanecían fuertemente unidas.

Cuando volvíamos al auto, sin pensarlo demasiado, la comprimí suavemente contra la pared, para que no pudiera escapar, y cogiendo su cabeza con mis manos, dejé finalmente de controlarme y la besé apasionadamente. Ángel respondió con timidez al principio, pero rato después ella también me besaba, alternando un cariño tierno con otras caricias más ardientes.

No recuerdo como llegamos al vehículo, una sensación de vértigo y de estar soñando, se apoderaba de mis movimientos…
Al llegar a casa, la bajé en mis brazos y la llevé directamente a mi dormitorio, y sin perder el tiempo ni el impulso me dediqué enteramente a besarla por todos lados, incluso las cicatrices que tanto la avergonzaban fueron especialmente visitadas por mis labios y mi lengua.

Ángel me sacó la chaqueta y se refugió por algún rato junto a mi pecho…

Igual que yo, ella anhelaba este abrazo desde que nos conocimos, y algo en su interior, por fin se quebró y comenzó a sollozar, muy despacio, casi imperceptiblemente.
Volví a besarla esta vez, partiendo con suave ternura, mientras le abría el velcro del vestido. Sus manitos pequeñas levantaron mi polera y sentí sus lágrimas ardientes directamente sobre la piel. Me quité apresuradamente los pantalones, mientras su vestido planeaba hacia la alfombra.

La tomé en mis brazos para dejarla caer sobre la cama, y caí como un halcón sobre su presa. Desde ese momento, el mundo exterior se hizo oscuro y borroso, solo existía el emocionante placer del momento actual, mientras la luna parecía mirar curiosa desde la ventana.
Cuando todo acabó, Ángel volvió a llorar, queda y dulcemente, pero la descubrí, aunque no quería que me diera cuenta.

-¿Qué ocurre, tan mal estuve?
¡Todo lo contrario, ha sido maravilloso!
Me siento demasiado feliz… tal vez por eso ahora hubiera preferido que no existiera el pasado…

Ángel se refería a su pasado con otras parejas, la verdad, eso me importaba muy poco, como dicen por acá en Chile, "Ojos que no ven, corazón que no siente".

-Mi linda niña, -le dije- en un barco debe haber al menos un capitán, sino, el bote se va a pique.

Eso la hizo reír, imaginándola vestida de capitán, con gorra y botones dorados.
-De seguro que sabes pilotear yates, de eso no hay duda…-Le dije.

-¿Que te crees?, -me dijo- si hasta sé pilotear un avión…dijo- sacando la lengua.

-¿Uno transparente como el de la "Mujer Maravilla"?

Ah… ¡Eres un malvado! Me dijo, mientras me golpeaba con las almohadas.

Estábamos famélicos. Ángel fue a la cocina y trajo dos copas de vino y una tabla de quesos, lo acompañamos con uvas y pan integral y disfrutamos como niños… me dediqué a comer las uvas directamente desde su cuerpo, saboreando su piel de paso…

Como ladrones habituales, reincidimos al poco rato en nuestra conducta poco apta para unos "juguetes infantiles" la amé con adoración y esta vez todo fue mejor, nuestros cuerpos se acoplaron maravillosamente, y logré hacerla ver el cielo, sin prisas, tal como anhelaba.