Un inglés enamorado y una rosa
::Capítulo segundo::
Cuando los dos jóvenes llegaron a la sala de aquel inmenso edificio en el cual harían la reunión de todos los países aliados, Alfred ocupó su lugar y rápidamente se puso a teclear velozmente en la pequeña pantalla de su teléfono móvil de última generación, hecho en Estados Unidos, por supuesto.
Arthur se sentó en frente de la ventana. No estaban en una planta demasiado alta, a pesar de que el rascacielos tenía más de cuarenta pisos. Estaban en una tercera planta y el inglés pudo distinguir con facilidad las personas que entraban. Vio a un altísimo chico ruso, de precioso pelo color canela claro, que enseguida reconoció. Un rato más tarde llegó Wang Yao, el representante de China. Cuando el único país asiático de los aliados vio a Inglaterra tan diferente de como de costumbre, no dudó en preguntar.
-¡Igirisu! ¿Va todo bien?
-¿Eeh...? S...sí, supongo... -Contestó el rubio, dudoso.
-Estás muy extraño. -Comentó Ivan Braginski, poniendo su habitual sonrisa que aterraba a todos sus compañeros.
-¡¿Y...yo!? ¿Qué os hace pensar eso?
-El Arthur de siempre ahora mismo se estaría quejando de que Francia siempre llega tarde a las juntas... ¿Qué opinas tú, Alfred? -Dejó ir el chino, con un tono de voz un poco burlesco, como si quisiera reírse de Inglaterra.
-¡Totalmente de acuerdo! -Chilló el norteamericano. El inglés se preguntó por qué era tan escandaloso y gritaba tanto. -En vez de criticar a Francis, estás mirando por la ventana con la mirada perdida... ¡A ti te pasa algo, no es normal!
-No es e... -Empezó a decir el joven rubio, pero una presencia inesperada lo cortó.
-¡Inglaterra está enamorado...! -Saltó Francia, desde la puerta. Cuando el inglés oyó su dulce voz, su corazón dio un salto y empezó a latir con fuerza, incluso demasiada fuerza, que le dolía en el pecho como sí fuera hierro ardiente. Se llevó una mano hasta la zona dolorida, mientras su mente murmuraba en su interior:
"Así que esto es el amor... Duele, pero... Es bonito..."
Se giró para mirar al zagal francés. Era tan lindo... Sus cabellos rubios largos y ondulados, casi del color del oro, perfectamente peinados; los ropajes tan vistosos y a la vez elegantes; esa sonrisa tan bonita que nunca desaparecía de su rostro y, esos ojos azul brillantes como dos zafiros que hechizaban a Inglaterra en cada mirada que le dirigía...
-¡¿Q...qué!? -Bramó Arthur cuando se dio cuenta de lo que Francis acababa de decir enfrente de todos los países aliados.
-Ay... Mi amigo Igirisu enamorado... ¡Tranquilo, nos pasa a todos! -Decía el francés mientras se acercaba a él, se sentó a su lado y lo agarró por los hombros. Inglaterra se quedó helado, sintió como el frío se apoderaba de su cuerpo al ver que la persona de la que estaba perdidamente enamorado lo agarraba de esa forma.
-Bueno, bueno... Y ahora, cuéntanos... -Dijo Francis, mirándolo a los ojos y dirigiéndole una sonrisa de oreja a oreja. - ¿Quién es esa chica tan especial que te trae de cabeza...?
Arthur simplemente tragó saliva, sin saber qué responder. No podía confesarle que lo amaba allí, enfrente de todos los países aliados. Serían aliados en la guerra, pero eso no quería decir que tuvieran plena confianza. ¡Encima Francis creía que le gustaba una chica! ¿Qué iba a decirle...?
-Francia... No creo que esto sea cómodo para Inglaterra. -Comentó Wang. -Ahora que estamos todos, ¿empezamos la reunión?
-¡Eeey! ¡Que os olvidáis de mí! -Exclamó un chico que apareció por la puerta. Físicamente se parecía muchísimo a Estados Unidos, pero lo distinguían de él un curioso rulo en el pelo y la vestimenta.
-¡¿Pero tu quién eres!? -Bramó el chino, desesperado.
-¿Yo...? Soy Canadá.
-¿Quién? -Preguntó Rusia.
-Da igual, déjalo. -Musitó con voz triste Matthew, que se sentó en una silla al lado de Alfred porque la junta acababa de empezar.
-Inglaterra... -Murmuró alguien en la oreja de Arthur. Se giró y vio a Alfred que le pedía que se acercara a él para decirle algo en voz baja.
-Tranquilo, no se lo voy a decir... -Susurró el estadounidense.
-¿El... Qué? -Dijo el inglés, asustado.
-A Francia.
-¿Qué pasa con Francis?
-¡No disimules, maldito inglés! ¡Se nota muchísimo que estás loco por Francia!
-¿Que se nota mucho...? -Preguntó Arthur, completamente aterrorizado.
-No voy a contar nada de esto a nadie, puedes estar totalmente tranquilo.
-G...gracias, Alfred... -Murmuró Igirisu, que ya estaba en pleno ataque de pánico después de lo que le acababa de decir. En esas cosas, Francia sabía mucho. Demasiado quizás... Seguro que ya se habría dado cuenta de que el inglés lo amaba.
Hallo! Aquí está la segunda parte. Dije que no tardaría mucho a colgar, así que aquí tenéis!
11 visitas, 1 comentario y 1 favorito en 2 horas! Es casi un sueño para mí! Nunca me habían comentado en tan poco tiempo, así que muchas gracias!
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Mei-chan95: Mil gracias por el comentario, me hiciste muy feliz! De hecho, si este capítulo está tan pronto aquí es gracias a ti, tu comentario me animó mucho y dije: venga, voy a colgar el segundo capítulo, ya que el fanfic tiene una primera fan (yay, que ilusión, en serio!). Tu comentario es de los más divertidos que me han dejado nunca :D espero que te haya gustado este capítulo también y te mando un abrazo muy fuerte desde Portugal! 3
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Lo dicho, gracias de nuevo y hasta el próximo capítulo! (Si esto sigue así colgare el fic entero en 3 horas! :D )
Auf wiedersehen! ^^
