¡Hola de Nuevo!
Laura Hatake: No, perdona. ¡Que te guste el ZoRo es lo más normal del mundo! Son tan monos */* Sé que Sanji no es así, pero tengo pensado un papelón para él en este fic ¡De hecho es súper importante! Para que te quejes ¬¬… Bueno, vale quizás me pase… xD Ah! Y gracias por la publi de mi OS SanNa! Estaba depree! Solo tenía el tuyo! xD
Lory-chan OP: ¡Muchas gracias Lory! ¡Me alegro que te guste! . Ya verás… en este Fic, Zoro será el "terror de las nenas" jajajajaja
¡Aquí traigo el nuevo Capi!^^
¡Espero que os gustee!
…..
Capítulo 1: ¿Problemas?
- Maldita vieja – mascullaba Zoro, momentos después de que la puerta del despacho se cerrara con un golpe sordo. Desechando varias maldiciones y pensamientos hacia la señora que se acababa de marchar, no muy bien encaminados, se dispuso a mirar de nuevo todo el papeleo que tenía sobre la mesa. No es que hacer cuentas fuera muy divertido, pero todo trabajo tenía su parte aburrida.
Al cabo de un buen rato llamaron a la puerta. Con un escueto "adelante", la puerta se abrió, dejando la vista a su mejor amigo-pesadilla. Y sí, el rubio que tenía delante era las dos cosas a la vez. Su mejor amigo y su pesadilla andante.
- ¿Qué quieres, ero-cook? – le preguntó Zoro con una mueca.
- Nada, solo venía a avisarte… - EL rubio se acerco a él y de un manotazo puso las manos en la mesa, Zoro solo alzó los ojos, interrogante – No te acerques a ella…
Eso sonó a amenaza… ¿o solo me lo pareció a mí?
- ¿De qué estás hablando, Ero-cook? - le pregunto, levantándose y encarándolo.
Ese hombre le ponía los nervios de punta. No es que se llevaran especialmente mal, pero tampoco eran lo que se podían llamar "amigos inseparables". Se soportaban, eso es… aunque solo a veces. Y que Sanji viniera a su despacho, cuando debería estar sirviendo las mesas del comedor, no era uno de los momentos en que se llevaban bien.
- ¡De la sustituta, por supuesto, marimo! – gritó fuera de sus casillas. La vena en la frente de Zoro se hinchó, y acercando su cara a la de él, empezó a insultarlo. Uniéndose Sanji a los insultos hacia Zoro.
- ¡Yo no quiero acercarme a ella, melón! – le gritó ya desesperado. Tenía mucho trabajo que hacer y no podía perderlo discutiendo por una tontería.
- ¡Entonces porque la has contratado así de repente? – Eso sorprendió bastante a Zoro. ¿Qué él la había contratado? Pero si él, para no variar, había sido el último en enterarse. Sanji echaba chispas.
- ¡PERO SI ME ACABO DE ENTERAR! – terminó gritando el peliverde, harto ya de los gritos de su amigo.
Eso pareció descolocar a Sanji, y disponiéndose a sentarse en el sillón, por fin dejó de gritar. Efectivamente se sentó, se quitó el sombrero de cocinero que hasta ahora no se había dado cuenta de que todavía lo tenía encima, para diversión de Zoro, y se sentó en la silla enfrente de él. Zoro por su parte, carraspeó la garganta y recomponiéndose el traje y anudándose la corbata, se sentó también en su silla.
- Ahora, como personas normales… - Sanji alzó la ceja, ante esa afirmación, vale que él si fuera una persona normal, pero ¿Zoro? El susodicho parecía haberse percatado de ese gesto por lo que frunció el ceño.
- ¿Qué? No pude evitarlo, sabes que meterme contigo es mi mayor hobbie, y es muy difícil resistirse, cuando lo tengo tan en bandeja – soltó en su defensa el rubio. Zoro decidió ignorar a su amigo y se concentró en lo que Sanji dijo nada más empezar la conversación. Dejando amenazas aparte, claro.
- ¿Qué querías decir con eso de que no la tocara, cejas de sushi? – preguntó educadamente, Zoro. Todo lo educadamente que quedaría una pregunta con un insulto como colofón.
- A lo que me refiero está bastante claro, Pelo de Alga – Sanji de verdad no podía creerse que se lo estuviera preguntando en serio. Sabía que Zoro podía llegar a ser lento en cuestiones del sexo femenino pero esto ya era pasarse. Y lo que más le llamaba la atención, era que seguía sorprendiéndose, después de tanto años en el mismo lugar de trabajo.
Zoro alzó una ceja dándole a entender a Sanji que de verdad no tenía ni idea de lo que había dicho, por lo que el rubio terminó por desesperarse. Empezando de nuevo a alzar el tono de voz. Algo que le sentó muy mal a Zoro…
Que poca paciencia. Como si yo me quejara de su poca falta de seriedad…
- ¡Eres un pedazo de baka! – Pareció reconsiderar algo, porque de nuevo bajó el tono de voz, como si nunca lo hubiera subido. – Creo que no tengo que preocuparme por ti. Seguramente ella no se fijará nunca en alguien como tú.
Vale, eso hasta un niño de 3 años lo entendería. Tampoco había que ser un lince, pero bueno. ¿El idiota que tenía delante le estaba diciendo que podría quedarse pillado de ella? Lo miró para corroborar dicha teoría y el alivio que vio en su rostro fue lo único que necesitó ¿De verdad le estaba insinuando tal cosa? Y lo peor ¿Cuándo se supone que ha sido él mismo quien la ha metido en el trabajo por una recomendación…?
Y lo sorprendente de todo esto era lo que le llamó finalmente la atención a Zoro…
- ¡Oe! ¿Qué quieres decir con eso de que no se fijaría en alguien como yo?
Se notaba a la legua, que ese comentario le había calado fondo. Vale, no es que fuera un Don Juan, pero las mujeres tampoco se le daban tan mal. Si hacía siglos que no salía con una mujer, era claramente porque el trabajo lo tenía tan absorbido que no tenía tiempo…
- Pues está más que claro, marimo – le respondió Sanji con aires de superioridad, acomodándose en el sillón – Después de haber estado conmigo… ¿Crees de verdad que se conformaría con cualquier cosa?
Zoro frunció de nuevo el ceño visiblemente enfadado. Algo que por supuesto a Sanji le trae sin cuidado.
- ¡Si ni siquiera llegaste a acostarte con ella, melón! – le contestó Zoro fuera ya de sus casillas, sabiendo que ese comentario, aparte de sorprenderse no le gustaría nada.
- ¿Y cómo sabes tú eso, marimo? – le preguntó con los ojos como platos, algo que Zoro preveía, y al ver la sonrisa en la cara de éste y que estaba a punto de echarse a reír, fue lo que termino por detonar el mecanismo.
- Bueno, a la gente le gusta mucho cotillear…
Y sin poder evitarlo, Zoro estalló en sonoras carcajadas. Sanji cerró los ojos para intentar concentrarse en no saltarle al cuello para matarlo. Hoy en día los homicidios se pagan muy caros, y él no se veía en la cárcel.
- Maldita señora Toyama – mascullaba el rubio mientras veía y escuchaba a Zoro reírse a su costa. Esperó durante unos minutos hasta que la risa de su amigo menguó hasta desaparecer.
- ¿No fuiste tú el que la recomendó para este trabajo? – preguntó extrañado Zoro, recuperado ya de las risas, y con su cerebro funcionando a toda pastilla, atanco cabos.
- ¿Yo? ¿No sabes que a las ex hay que tenerlas alejadas? – Sonrió Sanji con autosuficiencia. Zoro lo miró sin entender.
- Entonces… si no has sido tú… ¿Quién…?
La pregunta murió en su garganta, incluso antes de pronunciarla. Un nombre pasó por la mente de los dos amigos a mismo instante.
- Maldita vieja – mascullaron los dos a la vez, ya sabiendo quien era la responsable de toda aquella treta.
Una mujer entró en el edificio de oficinas y se dirigió a la mesa de recepción. Intentó llamar la atención de la mujer que estaba allí. Se aclaró la garganta.
- ¿Trabaja aquí el señor Roronoa? - preguntó educadamente, apoyándose en la mesa, e inclinándose hacia delante para poder ver por detrás de ésta. La recepcionista por fin levantó la cabeza para mirarla.
- Así es... ¿Tienes una cita concertada con él?
- Bueno... Todavía no lo conozco pero si consigo alguna cita con él te lo diré - le dijo con voz divertida y guiñándole el ojo con complicidad. La recepcionista sonrió a la mujer.
- Mucha suerte entonces...
La recepcionista siguió sonriendo mientras vio como la mujer se paraba ante las puertas del ascensor, esperando a que se abrieran y también vio su sonrisa mientras dichas puertas se la tragaban unos segundos después.
-¿Como se ha atrevido? - masculló Zoro, andando de un lado a otro de la habitación. Dando vueltas de un lado para otro. Se había desatado la corbata y colgaba sobre su camisa negra como dos tiras inertes de tela. Sanji lo observaba aburrido, sentado en el sofá. Solo le faltaba empezar a darle vueltas al sombrero de cocinero para encarnar la viva imagen del aburrimiento.
- No despotriques. No sabemos a ciencia cierta que haya sido ella – sonrió Sanji a sabiendas de que aquello no convencería a su amigo, mas que nada porque él tampoco se lo creía. Los dos estaban completamente seguros de que aquella carta de recomendación había sido escrita por la misma Señora Toyama.
- Como encima me digas de que no fue una ex tuya…
Sanji alzó una ceja, no creyéndose que de verdad le estuviera preguntando eso…
- En cuando la veas, tú mismo te cont… - Sanji no pudo terminar la frase puesto que en ese mismo instante, unos golpes se escucharon en la puerta de la habitación, suaves pero firmes. Indicando que alguien estaba detrás de la puerta.
- Adelante – respondió Zoro, llevándose las manos a la corbata, anudándosela nuevamente. No era cuestión de parecer indecente a la nueva secretaria, que era seguramente la persona que estaba detrás. Automáticamente la puerta se abrió, dejando completamente a los dos hombres literalmente sin palabras.
Justo delante de ellos, estaba la nueva secretaria.
Una mujer hermosa.
Más que hermosa diría yo…
Zoro observó, quizás con demasiada atención, a la mujer que tenía delante. Era una mujer alta… muy alta. De hecho tenía exactamente la misma estatura que él. Poseía una hipnotizante melena azabache, y uso ojos azules que corrías seriamente el riesgo de perderte en ellos. Su morena piel podía verse gracias a las prendas que llevaba que dejaban muy poco a la imaginación. Portaba un sencillo pero elegante traje de chaqueta, abrochado solo uno de los botones superiores, lo justo para no dejar ver la camisa que llevaba debajo, también abotonada solamente por la parte de los pechos, dejando así un generoso escote. Esto, junto con la estrecha falda que llevaba que se le ajustaba como si fuera un segunda piel, justo por encima de las rodillas, con una espectacular abertura en la parte de atrás, para facilitar el movimiento.
¿Resultado? Que los dos hombres se quedaran sin aliento. Pero aunque los dos se quedaron por el claro motivo que tenían delante. Uno de ellos, la miró alzando una ceja.
- ¿Robin-chan? – preguntó Sanji escéptico. Vale, que tuviera mala memoria… pero esto ya era pasarse. No reconocía a la mujer que tenía delante, de la cual, hace muy poco creyó que había estado enamorado.
La mujer de la puerta, la cual respondía a ese nombre, giró la cabeza en dirección al rubio que al parecer no había visto, puesto que toda su atención había recaído en el apuesto hombre que tenía de pie enfrente. Por lo que se obligó a si misma a apartar la mirada y observar el resto de la habitación, incluido a cierto rubio.
Espera… ¿Es él de verdad?
- ¿Robin-chan? – repitió el rubio, cada vez más convencido de que la mujer que tenía enfrente no era la mujer que había conocido hace unos años… es más… ¡NO TENIAN NADA QUE VER!
- Ese es mi nombre – respondió la mujer, en un tono de voz sensual que les puso los pelos de punta, mas tarde descubrirían que era su timbre de voz normal, para gran desgracia de Zoro. Y acto seguido esbozó una hermosa sonrisa. Aunque no podía ser más falsa. Si ese hombre estaba aquí solo podía significar una cosa: Problemas
Continuará…
