Tu mayor tentación

Por: Wendy Grandchester

Capítulo 2 Revelaciones

Candy estaba tranquilamente recostada de Terry sin saber la guerra que tenía el pobrecito entre las piernas. Desde que ella se fuera a vivir con él, suceso que no tenía ni veinticuatro horas, excitado parecía ser ahora su estado permanente.

-Pecas, yo... tengo que dormir, mañana tengo que llevarte a la escuela y...

-Pero, Terry, acabamos de poner la película.

Protestó haciendo un puchero y poniendo una carita tan triste que lo conmovió, no así bajando su excitación. Como si no fuera suficiente tortura, ella lo abrazó y él pensó que sería el fin del mundo.

-Es que... estoy muy cansado, pecosa, pero mañana te prometo ver todas las películas que tú quieras.

Le dijo poniéndose de pie apresuradamente y dejándola totalmente desconcertada.

-Eh... Terry, ¿vas a llevarte esa almohadilla?

Preguntó al ver que él no la soltaba la tenía de frente como un escudo.

-Este... eh sí, es cómoda para... el cuello. Descansa, pecas.

Y cuando ya se giraba para irse...

-Terry... Gracias por todo, de verdad. Te quiero mucho, buenas noches.

Al decirle eso, ella se puso de pie y no sólo lo abrazó, sino que también le dio un cálido beso en la mejilla poniéndose en puntitas. La prueba que atravezaba Terry era realmente dura y más cuando ella decidió apagar el televisor para guardar la película para cuando él tuviera tiempo y caminó delante de él para dirigirse a su cuarto, contoneando las nalgas y las caderas, aunque no lo hacía a propósito y a él no le quedó más remedio que respirar profundo y tomar una ducha bien fría.

Candy se fue a su habitación pensando en todo lo que le había ocurrido de golpe. Pensaba en Terry, en lo cerca de él que había estado, su cariño y sutiles caricias aunque sí lo había notado algo extraño, como nervioso en ciertos momentos y a veces no la miraba a los ojos.

-Terry... si tú supieras todo lo que yo siento cada vez que tú te acercas... cada beso que tú me das en la mejilla que me deja temblando... cuando tú me abrazas... yo quisiera detener el tiempo para que tus brazos nunca me suelten, que yo quisiera vivir en ellos para siempre. Tus ojos, son los más lindos que existen, me he perdido en ellos tantas veces y tú ni te enteras. Todas las noches que sueño con tus besos... con que un día tú te des cuenta de lo que siento y me correspondas. Creo que eso nunca va a pasar, pero para bien o para mal... nunca podré dejarte de soñar, te amo, Terry.

Eran sus pensamientos en voz alta mientras abrazaba un peluche en forma de un minion de la película "Despicable me 2" que él había dejado en su cama.

Lo que Candy no sabía era que en las cuatro paredes de su habitación Terry libraba su propia batalla. No podía conciliar el sueño, ironicamente porque ese fue el motivo por el cual se despidió de Candy. Estaba mirando hacia el techo con los brazos debajo de su nuca. No entendía por qué de repente su pecosa se había vuelto tan atractiva y tentadora. Siempre había querido a esa niña y la había defendido muchas veces del puño de su madre y de los mañosos maridos que ésta solía conseguirse.

-Pecas... ¿por qué de pronto te has vuelto una tortura para mí? Esa boquita orgullosa con esos labios tan inocentes que estuve a punto de besar... ¿en qué momento dejaste de ser una niña? No sé si hice bien en traerte a vivir aquí conmigo... yo no podría hacerte daño y es lo único que haré si me acerco demasiado. Tú eres toda inocencia y yo pura amargura y banalidad... No sé cómo haré para no tocarte jamás... aunque no estoy pensando en llevarte a mi cama... en estos momentos me gustaría estarte abrazando, apretarte fuerte como te gusta y dejarme invadir por toda tu ternura por un momento. Eres lo único dulce e inocente que queda de mi vida... aunque la tentación esté a la puerta, nunca voy a mancharte con mis manos...

Finalmente Terry pudo quedarse dormido muy entrada la noche. Ninguno sospechó que estaban pensando justamente en lo mismo. Candy lo amaba con locura, resignada y en silencio y él, comenzaría a descubrir muchas cosas...

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Candy se levantó luego que Terry casi le tumbara la puerta para que no se le hiciera tarde para irse a estudiar. Se bañó rápidamente y se puso el uniforme que era en rosa de pantalón y blusa de botones. El tono de rosa era raro, pero le sentaba bien. Se dejó el pelo suelto y se maquilló. Cuando iba bajando las escaleras el holor de los huevos revueltos con bacon y tostadas le hizo la boca agua. Terry era un sol, ¿qué le costaba amarla? Se preguntó.

-¡Mmmm que rico! Quiero mucho bacon, Terry.

-Ni siquiera me dices buenos días y encima te pones a exigir, pecosa maleducada.

-Lo siento, es que el olor me nubló la razón.

Y acto seguido le plantó un sonoro beso en la mejilla que lo dejó sin aliento, pero disimuló y le dio su matadora sonrisa, siendo el turno de ella para quedarse sin aliento.

-Come, dormilona, tienes quince minutos.

Entre bromas y tonterías ambos tomaron su desayuno, Candy se aseguró de tener todo lo necesario en su mochila incluyendo su tarea. Se paró un momento al baño y tardó más de lo necesario.

-Pecosa, no me digas que eres de las que tiene que ir al baño corriendo después de comer.

-¡Terry! Claro que no, estaba lavándome los dientes. Comí huevo y si el amor de vida se me presenta hoy y me besa tengo que tener buen aliento.

Le dijo coqueta, él le dio un sonrisa apretada y forzada porque por alguna razón que él no comprendía, la broma no le hizo ninguna gracia.

-Vamos, Candice, se te hace tarde.

¿Candice? Se preguntó ella y más por lo serio que se puso Terry de repente. Fuero hasta el auto de Terry, una Jeep Compass azúl marino y luego de que caballerosamente le abriera la puerta a ella, fueron en un incómodo silencio durante todo el camino.

-Es aquí, Terry, además es más fácil para que puedas dar la vuelta y regresar.

-¿Tienes prisa por bajarte?

Le preguntó serio y en un tono que ella no entendió. No le hizo caso porque ella conocía lo temperamental que era, cuando fue a bajarse iba a despedirse de él con un beso en la mejilla, pero la seriedad que él tenía la hicieron arrepentirse. Cuando se quitó el cinturón y abrió la puerta para bajarse el brazo de Terry la detuvo.

-Nunca te vayas sin despedirte de mí, aunque yo esté molesto.

Le soltó y él fue quien le dio el beso en la mejilla, pero fue un beso diferente, ella lo sintió. No fue fugaz, sus labios permanecieron en su mejilla por contables segundos y de hecho muy cerca de sus labios, la electrizó completa y la dejó sumamente desconcertada, ¿pues a qué se debía que estuviera molesto? Otro misterio de Don Terrence Grandchester, pensó y le restó importancia al asunto. Le brindó una sonrisa y se bajó y fue corriendo a los ascensores para tomar su primera clase y para la cual iba bastante retrazada.

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-¡Candy! Te invito a almorzar y cuéntame absolutamente todo, todo.

-¡Patty! ¿Qué quieres que te cuente?

Candy miraba intrigada a los inquisidores ojos de su compañera Patricia, una castaña de cálidos ojos marrones, el pelo lo llevaba hasta los hombros en ondas definidas y aunque muy curvilínea, su figura era esbelta y muchos hombres se quedaban observando su voluptuosidad a veces sin disimular.

-Amiga, yo no nací ayer... Estás viviendo con el amor de tu vida y me dices que no hay nada que contar...

Patty era terca y hasta que no conseguía lo que quería, no dejaba de aguijonear. Caminaron hasta la cafetería del recinto y la castaña siguió hostigando a la rubia sin piedad.

-Patty, no ha pasado nada, se siente en deuda con mi hermano y me ha ofrecido su ayuda desinteresadamente. Tengo mi propio cuarto y todo, a penas compartimos un rato por la noche, pero nada más.

-¡Ay, amiga! Eres demasiado inocente, si fuera yo... no habría llegado a clases hoy porque todavía estuviera revolcándome con él...

-¡Patricia! Si quieres toma una bocina y anúnciaselo a todo el mundo. Tienes una boca que Dios te la bendiga.

-Amén.

Contestó su amiga burlona que le encantaba aborchornar a su remilgada amiga, nada que ver con ella que era totalmente liberal y astuta y que hablaba a calzón quitao de sus locuras íntimas haciendo sangrar los inocentes oídos de Candy.

-No todo el mundo se conforma con eso nada más, Patty.

-Hey, eso sí fue un golpe bajo, amiga. Tú sabes que yo no elegí eso, pero...

-¡Traídoras! ¿Pensaban comer sin mí?

-¡Sussy! Llegaste caída del cielo, Patty me estaba torturando con su interrogatorio.

De esa manera, Candy se libró del tema, gracias a la intervención de su otra compañera, Susana, una chica alta, delgada, rubia y de ojos azúles, no era fea, pero tampoco lo que se llamara muy guapa, su frente sobresalía un poco, pero su simpatía y carisma le daban buenos puntos a su favor.

-Ah... ya me imagino sobre qué te interrogaba... ¿qué se siente vivir bajo el mismo techo de sexy Terry? ¿Ya llegaron a primera base?

-¡Susana! ¿Tú también? No sé qué les pasa a ustedes dos, pero no ha pasado, ni pasará nada. Sólo somos amigos, okay, amigos.

-Ehhh... chicas, me tengo que ir...

-Pero Patty, aún no sale tu comida...

-Cancélala, Candy, por favor. De verdad me tengo que ir.

Patty luego de haber recivido un mensaje de texto salió disparada sin más explicación, aunque sus compañeran sabían muy bien la razón.

-No sé como Patricia puede aguantar eso. Yo ya lo habría mandado al diablo.

-Lo sé, Sussy, pero eso fue lo que ella escogió y es feliz así... no podemos meternos en eso.

-¿Feliz? ¿Cómo alguien podría ser feliz así?

-Ella sabrá. Yo misma se lo he dicho muchas veces, pero... el que por su gusto muere hasta la muerte le sabe a gloria. En cosas de pareja, los terceros sobramos.

-Dímelo a mí, la madre de Neil me tenía al borde del desespero, es un milagro que él y yo continuemos juntos, porque mira que la vieja jodió y jodió y hasta tuvo los cojones de aparecerse en nuestro apartamento para presentarle a una "amiga".

Contaba Susana indignada y Candy reía porque fue testigo muchas veces de las impertinencias de Elroy Leagan, la suegra de Susana.

-¿Qué hacen dos chicas tan lindas y aquí solitas?

-¡Albert! Siéntate con nosotros, nos tenías abandonadas.

Dijo Candy alegre a su compañero, aunque él estaba estudiando justicia criminal, se habían conocido en la biblioteca. Un rubio alto de unos hermosos ojos azúl cielo y cuerpo matador, con ese pelo largo y esa sonrisa tan natural que ponía a todas a delirar, pero que al parecer, él era inconciente de todo ese efecto.

-¿Abandonarte a tí, mi Shirley Temple? Jamás. ¡Calumnias!

Le dio un beso y se sentó con ellas, él ya había ordenado, así que los platos de los tres llegaron al mismo tiempo. Comieron amenamente entre relajos y anécdotas hasta que llegó el momento de tomar la próxima clase.

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Como cada viernes, el mismo escenario, una flor mareada, una comida contra el reloj y una habitación de hotel. Esa era su vida desde hacía dos años. Un día a la semana, dos horas a su lado y muchas migajas de amor y atención se le brindaban. No era feliz, ya no. Al principio era un juego tentador y divertido, hasta que su corazón se involucró y todo se jodió. Ahora era presa de ese círculo vicioso, estaba en un abismo del que no sabía cómo salir, realmente no deseaba salir.

-¿Me extrañaste, preciosa?

Le preguntó él aflojándose la corbata para luego besar seductoramente su cuello.

-Siempre, mi amor. Me haces tanta falta. Ya no puedo vivir más así, ¿cuándo es que por fin vas a...?

-Shh... no hablemos de eso ahora, linda. Tenemos que disfrutar este momento de los dos. Yo también te extrañé mucho.

El mundo brilló para ella al escuchar esas palabras. Tal vez había algo de esperanza, él si la quería, la elegiría a ella...

-¿De verdad me extrañaste mucho, amor?

-Claro que sí... ahora, ponte esto, por favor.

Le contestó él y le entregó un babydoll muy provocativo en rojo y negro el cual ella emocionada y por lo mucho que él la había "extrañado" no duró nada en complacerlo. Se lo puso rápido y le modeló coquetamente.

Lo amo a pesar de saber que no debo amarlo

yo sé que hago bien si lo dejo y empiezo a olvidarlo

él nunca me ha dado esperanzas de atarse a mi vida

mas cuando me tiene en sus brazos me siento optimista

yo sé que me engaño comprando mentiras

-¿Cómo me veo?

-Divina para hacerte muchas cosas, preciosa. ¿Sabes qué se me ocurre ahora...?

-No, pero supongo que me lo vas a decir...

-Así es. Arrodíllate y pídeme perdón.

Dijo él con una sonrisa maliciosa, la cual ella le devolvió. Se arrodilló y le bajó la cremallera de su pantalón para que ella comenzara a "pedir perdón". Él le sujetaba la cabeza para mantenerla fija donde él la quería mientras sus ojos se desorbitaban de placer y ella al verlo tan encendido se esmeró más en el asunto.

Lo amo a pesar de saber que voy a perderlo

y lucho con todo mi amor para retenerlo

el tiempo que paso a su lado lo paso flotando

mas cuando se pierde por días lo odio llorando

después él regresa y yo vuelvo amarlo

-¿Ya estoy perdonada, mi señor?

Preguntó ella pícaramente y él la levantó y la besó ardientemente. Pasó sus demandantes manos por sus senos y los apretó para luego darles uno sutiles mordiscos que la hicieron delirar.

-Aún no. Tendrás que esforzarte un poquito más, querida.

Entonces la llevó hasta la cama y le pedió que se pusiera en cuatro. Ella lo hizo muy dispuesta ofreciéndole una lujosa vista de su bien proporcionado trasero. La lujuria se apoderó de él y sin esperar más la comenzó a embestir sin piedad, pero ella no se quejaba, porque ya estaba acostumbrada y moldeada. Ese había sido su primer hombre, sexualmente hablando, quien le enseñó todo y la hizo como él quiso.

No puedo dejarlo, su boca me tienta, me invita a besarlo

no puedo dejarlo, me asusta pensar vivir sin tocarlo

no puedo dejarlo, no existe otro hombre que me haga olvidarlo

ya son muchos años que buenos o malos, no puedo cambiarlos

su amor me hace daño, quisiera dejarlo, me siento perdida, lo amo

-¡Oh Dios! Eres divino, cariño, te extrañé tanto. Ohh... Ah... mmm...

-No me extrañaste tanto como yo a ti, preciosa. No sabes las ganas que tenía de hacerte esto.

Le dijo y la penetró más fuerte, para luego en un ataque de locura, volver a ponerla boca arriba en la cama y se puso encima de ella. Le levantó las piernas que quedaran hasta la altura de la cabeza de él y volvió adentrarse en ella con embestidas salvajes.

-Eres un Dios... uff.. aaahh... mmm... te amo...

Un te amo sofocado salió de su boca, uno que no tuvo respuesta, que nunca la tenía, pero que ella de corazón ofrecía con la ilusión de que un día esas palabras se le regresarían. Aún estaba a la espera de ese milagro.

Sé que no hay futuro, ni final feliz

pero él es mi mundo, es el hombre que me hace vivir

No puedo dejarlo, su boca me tienta, me invita a besarlo

no puedo dejarlo, me asusta pensar vivir sin tocarlo

no puedo dejarlo, no existe otro hombre que me haga olvidarlo

ya son muchos años que buenos o malos, no puedo cambiarlos

su amor me hace daño, quisiera dejarlo, me siento perdida, lo amo

-Disculpa, linda. Vuelvo en un segundo.

El celular de él sonó y se salió de ella como si nada para contestar la llamada apresurado y dejándola así, insatisfecha y con los deseos reprimidos. Luego de esperarlo por cinco minutos que él terminara de hablar, lo vio recogiendo sus ropas para irse.

-¿Te vas...? Pero Stear...

-Lo siento, Patricia, era mi esposa, mi hijo está en el hospital, te llamo luego.

-Pero...

-Toma, pide un taxi.

Le entregó unos billetes y después de vestirse se marchó apresurado.

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-¿Esta es la manera tan fría en que recives a tu padre?

-Lo siento, olvidé avisarle a los de la orquesta.

Respondió el maestro de la arrogancia y el sarcasmo a su padre, Richard Grandchester que llegó de visita y sin avisar. Era un hombre de clase y buenas costumbres, no podía negar su esmerada educación inglesa. Era un hombre guapo a sus cincuenta y cinco años, pulcramente recortado y con un par de canas en las sienes. El único rasgo que Terry no heredó de él fueron sus ojos marrones, todo lo demás, no lo podía negar.

-Mira, Terruce, no vine aquí para incomodarte...

-Terrence.

-Muy bien, Terrence. Sólo vine a decirte que me siento muy orgulloso sobre cómo has manejado los negocios hasta el momento a pesar de tu inexperiencia. Lo llevas en la sangre, todo un Grandchester.

Dijo con orgullo y Terry lo miró con ironía.

-¿Después de casi treinta años te convenciste que llevo tu sangre?

-Terruce, Terrence. Eso es otro asunto, si eso sucedió fue porque tu madre...

-¡A mi madre no la mencione! Está muerta gracias a tí, tú le jodiste la vida.

Le espetó Terry fuera de sí al recordar como su madre nunca superó el fracazo amoroso y todas las miserias que pasó que hicieron que tomara el camino fácil en las calles y que a consecuencia de eso, su madre buscó refugio en las drogas hasta que una sobredosis de heroína se la llevó finalmente.

-Hijo, eso no fue así. Yo era un hombre casado y ella... bueno, no voy a negar que no fuiste un hijo planeado, pero puedo asegurarte que sí muy deseado, al menos por mí, pero...

-No me diga... Tan deseado que apenas ahora tengo tu apellido y por conveniencia tuya, que de haber tenido otros hijos ni para acá mirarías. ¿Dónde estabas mientras pasábamos hambre? ¿Cuando iba a la escuela con los zapatos rotos y los pantalones raídos y brincacharcos? Nunca diste la cara, nunca vimos ni un sólo centavo tuyo.

-Cálmate por favor. Déjame explicarte y te ruego que te sientes. No tuviste mi apellido porque ella no quiso. Nunca fui a verte porque ella así lo quiso. ¿Eso nunca te lo contó, verdad? Ella quería que yo dejara a mi mujer, pero eso era algo imposible, había mucho en juego, muchos conflictos de intereses y además, ella siempre supo que yo era casado, yo no la busqué a ella, ella me buscaba a mí e incluso buscó la manera de embarazarse justo cuando iba a ponerle fin a nuestra aventura. Me enteré que tú estabas en camino y a pesar que no permanecería a su lado, le brindé toda mi ayuda y no la quiso, no quiso saber nada de mí. Yo insistí, pero luego ella me salió con que no era de mí que estaba embarazada, como yo no había podido tener hijos con mi mujer, a pesar de habernos casado cuando yo tenía veinte años, en cinco años no pudimos concebir, así que pensando que tal vez yo no podía tener hijos, le creí. Tu madre tenía muy buenas dotes actorales, Terrence. Incluso metió a un hombre en su casa sólo para que yo pensara que de verdad existía la posibilidad de que no fueras mío.

Terry se había quedado verdaremente en shock. Definitivamente había muchas cosas que ignoraba y aunque su rabia lo quería llevar a no creerle a su padre, sabía que Eleanor era muy orgullosa y que bien capaz era de haber hecho lo que hizo.

-¿Y qué te hizo cambiar de opinión? ¿La vejez?

Se burló sacando a relucir toda su arrogancia.

-Mírate en el espejo, Terruce. Si a parte del color de tus ojos, encuentras alguna otra cosa que te diferencie de mí, avísame.

Esta vez, la arrogancia vino de Richard, lo que se hereda no se hurta. Terry se echó el pelo hacia atrás desesperado. Sabía que él decía la verdad, si se recortaba el pelo como él y se ponía lentes de contacto marrones, sería el clon de su padre, veintiocho años atrás.

-Yo deseé mucho tu llegada. Tu nombre, te lo puse yo. Le había dicho a tu madre que si tenía un niño se llamaría Terruce como tu abuelo, nunca llegué a saber hasta después de bastante tiempo si eras niño o niña, pero tu madre te puso el nombre que yo había elegido. No puedes decir que no te amé, antes de que llegaras, ya te amaba. Tu madre sembró la duda y tú fuiste víctima de nuestros errores y mi falta de determinación. Pagaré por ese error toda mi vida. Pero si te veo fuera de las calles y progresar, me doy por satisfecho, podría morir en paz.

-La única razón por la aque acepté tu ayuda fue porque ya se lo había prometido a mi mejor amigo que dejaría ese mundo y que me encargaría de su hermana. De lo contrario, el diablo iba aceptar tu dinero.

Terry estaba siendo duro y Richard no se esperaba menos. Eran veintiocho años creyendo que su padre era un cabrón que los abandonó y decidió quedarse con su otra familia. En el fondo sabía que no era cierto, pero no iba a dar su brazo a torcer tan fácil. Tenía una combinación entre la arrogancia de su padre y la terquedad de su madre.

-Buenas tardes...

Llegó Candy muy contenta y luego se detuvo en seco al ver al extraño visitante, que al verlo en ropa tan formal, se asustó pensando que fuera algún mafioso...

-Hola, pecas. Él es Richard Grandchester, mi padre... Richard, ella es Candice, mi... mi... la hermana de mi amigo.

Candy se quedó con los ojos bien abiertos. ¿Resucitó su padre? Pensó irónicamente.

-Mucho gusto, señorita. Permítame decirle, con todo el respeto que tiene usted los ojos más bellos que he visto.

-Gracias... el gusto es mío, señor Grandchester...

Candy estaba colorada por el cumplido y por la forma en que Richard besó su mano, no estaba acostumbrada a tales muestras de educación. Fue a donde Terry para darle el acostumbrado beso en la mejilla y se quedó a su lado, él inconcientemente pasó un brazo por sus hombros y ella se recostó un poco más de su hombro. Eran muchos los años de confianza, a pesar de las batallas que ambos libraban en lo más profundo de su interior.

-Puedes llamarme sólo Richard, por favor. Eres muy linda, Candice.

Había sinceridad en las palabras de Richard, no había interés ni lascivia, la admiraba como una hija y hasta había percivido que para Terry ella no sólo era la "hermana" de su amigo, sino mucho más porque sus ojos y sus gestos lo delataban, además, pudo ver el recelo y los celos profundos con que lo miraban los zafiros de Terry y rió para sus adentros. Era un Grandchester, con todas sus virtudes y defectos.

-Entonces usted dígame Candy. Ha sido todo un placer conocerlo. ¿Desea un café o un té? Imagino que el desatento de Terry no le ha ofrecido nada...

Candy era especial y a Richard le gustó eso, le cayó bien y la quería para su hijo, porque conocía esa mirada, era su hijo aunque no lo conociera a fondo. Terry fulminó a Candy con sus ojos encendidos en fuego y ella le lanzó un beso en el aire que lo derritió, pero lo disimuló.

-Un té estaría bien, Candy, gracias.

Apresurada, Candy fue a preparar todo para el té mientras Grandchester Senior y Grandchester Jr. retomaban su conversación.

-Terruce... hay otra cosa que quiero que sepas. Ya no tienes que preocuparte por el Chaparro. No va a molestarlos más ni a ti ni a Candy.

Eso si que sorprendió y sacó de onda a Terry, hasta de eso estaba enterado su padre...

-¿Cómo estás tan seguro?

-Hijo... el Chaparro es poderoso, no hay quién lo niegue, pero yo, y no por alardear, lo soy mucho más. Por la plata baila el mono. Un poco de dinero lo tranquilizaron.

Terry comenzaba a entender el poder que tenía el dinero y cómo podía doblegar a cualquiera. Sacándolo de sus pensamientos, Candy regresó a la sala con una bandeja y las tres tazas de té y todo los utencilios necesarios.

-Espero que les guste, no soy muy experta, pero...

-No te preocupes, linda, por como huele y se ve, sé que está delicioso.

Respondió Richard tomando su taza y como él estaba en la butaca solitaria, ella se sentó en el sofá junto a Terry y le dio a él su taza de té y luego ella tomó la siguiente.

-Está muy bueno, pecosa, gracias.

Dijo Terry para romper el incómodo silencio y ella le dio una radiante sonrisa.

-Veo que estás estudiando, Candy...

-Sí, enfermería. Terry me lo sugirió y hasta ahora me encanta.

La forma en que Terry sonrió y la miró convenció más a Richard de que entre esos dos había mucho más, aunque ni ellos mismos se habían dado cuenta, bueno, Terry, porque Candy llevaba tiempo colgando por él.

-Entonces serás la enfermera más dulce y bonita. Tienes cara para eso. Mi hijo no se equivocó.

Richard decía eso con orgullo, pero a Terry le daba celos de que ella le pusiera tanta atención, que riera con él y le cayera bien, unos celos infundados e irracionales que no comprendía. Sutilmente le tomó una de sus manos, estaba inconcientemente marcando su territorio y eso no pasó desapercivido para Richard.

-Es que Terry me conoce mejor que yo misma. Crecimos juntos, bueno él me vio crecer a mí, yo siempre lo vi grande.

Richard rió y Terry también. Ella era pura luz e inocencia, era imposible no quererla.

-¿Y que más me dices de ti, Candy? ¿Tienes novio?

-¡Richard!

Protestó Terry de pronto alzando la voz y asustando a Candy que dio un respingo.

-Déjalo, Terry. No, señor, todavía no tengo. Sigo esperando por mi príncipe, por el momento seguiré besando sapos hasta dar con él.

Richard estalló en carcajadas, pero Terry se quedó serio. Para nada le hacía gracia la idea de que ella se pusiera disponible para nadie. ¿Por qué? No lo sabía, pero así era.

-Bueno, chicos, yo los dejo. Señorita, me ha deslumbrado su presencia. Espero que se repita. Hasta pronto hijo.

Richard besó la mano de Candy nuevamente y palmeó a Terry en el hombro. Aunque Terry no lo confesara nunca, ese simple gesto lo hizo feliz, una muestra de afecto, por más insignificante que pareciera.

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-Terry, ya cambia esa cara. Sé que no estás acostumbrado, pero más vale tarde que nunca.

Le dijo Candy yendo a su lado en el sofá luego de haber tomado un baño.

-No sabes lo que dices, yo no quería que se apareciera ahora... no quierto tener que deberle nada.

-Terry... ¡No seas así! Yo no tengo a nadie más que a ti. No sabes lo que daría porque un día mi padre apareciera y me buscara, que me dijera el verdadero motivo por el cual nos abandonó. Tú ahora tienes todo, no seas tan egoísta.

El quería discutir, pero verla con la carita colorada y con los ojos aguados lo descompuso por completo.

-Pecas... no llores, no quise traerte malos recuerdos. Ven aquí, por favor.

Él la llamó para que ella se sentara junto a él en el sofá y ella lo hizo.

-Es que... me siento tan sola a veces y lo extraño tanto, a Anthony... a todos, cuando tenía una familia y me amaban... y ahora tú rechazas a la tuya...

-Ya, pecosita, si acepté su ayuda fue precisamente por tí... para que pudieras estar bien y tener todo lo que te mereces. Tú sabes que yo te adoro, ¿verdad?

-Sí, pero... es que... aún así...

Sus lágrimas cayeron pesadas por su rostro mojando sus labios y Terry los notó más apetecibles, quizo limpiar con sus labios las gotas saladas que se perdían ahí mientras él se hipnotizaba por esos ojitos verdes que le robaban el corazón.

-Me tienes a mí, pecas, yo nunca voy a dejarte. Soy tu amigo en las buenas y malas.

-Sí...

Murmuró ella, porque sus palabras, aunque reconfortantes, dolían, porque cada vez estaba más claro que él no la querría como ella deseaba.

Hoy, te veré y comienzo a temblar

al pensar que tal vez obtendré

aunque sea una mirada tuya

hoy estaré a tu lado abrazándote en silencio

como siempre soñé, como lo imaginé

Desde aquél momento en que vi tu imagen

desde aquél momento en que te amé

el mismo momento en que entregué mi corazón

y aunque tal vez seas inalcanzable

y aunque no me quieras yo estaré

siempre a tu lado amándote...

-No quiero volver a verte triste, eres demasiado linda, lo mejor que tengo y quiero que seas feliz, cuando te veo llorar, pecas, sencillamente no lo resisto, no lo hagas, por favor.

Ella lo miraba suplicante mientras él sólo pensaba en el sabor que tendrían esos labios, estaba muriendo por probarlos, sus ganas le estaban ganando. Juntó su frente con la de ella y suspiró tan cerca de su rostro que ella tembló y se estremeció completa, no supo que a él estaba pasándole exactamente lo mismo. Sus bocas estaban tan cerca...

-Me estoy esforzando, Terry... lucho con todas mis fuerzas, pero es que ya no puedo... no sólo es lo de Anthony... también...

Hoy trataré de fingir ante todos

que siempre seré y estaré

junto a tí como una gran amiga

hoy obtendré aquella luz que me guía

para no desfallecer y llevarte en mi piel

Desde aquél momento en que vi tu imagen

desde aquél momento en que te amé

el mismo momento en que entregué mi corazón

y aunque tal vez seas inalcanzable

y aunque no me quieras yo estaré

siempre a tu lado amándote...

Candy se calló de golpe, reconociendo que por poco iba hablar de más y confesaría algo que posiblemente cabaría su propia fosa. Terry que no había soltado aún su rostro, cuando ella bajó la vista por no poder soportar su mirada penetrante que la envolvía y la quemaba por dentro, la tomó por la barbilla para que volviera a mirarlo. Cuando sus ojos estuvieron frente a frente, Terry, no siendo dueño de sus actos, la besó. La envolvió en un beso sutil, tan necesitado y deseado, tomó sus labios con tanta ternura que ella por poco llora más por todo el tiempo que llevaba deseándolo, los labios de él succionaban los de ella, él se los lamía y los saboreaba, poco a poco su lengua iba colándose en su boca. Ella le dio cabidad y al ambas encontrarse comenzaron a entrelazarse y danzar. La cordura había abandonado a Terry y se dedicó a sentir y disfrutar de la boca inexperta que se dejaba guiar por la suya, tan entregada y abnegada. Terry hizo un gran descubrimiento en ese momento. Para bien o para mal... ¿Qué haría ahora?

Continuará...

Hola niñas lindas! Un capítulo más de otra locura de mi cabeza. ¿Qué les pareció? Disfruté mucho escribiéndolo con todo el amor del mundo para ustedes. Me dejan saber su opinión con review.

Mis preguntas:

¿Qué les pareció Richard Grandchester?

¿La relación de Stear y Patty? ¿Drástica, no?

¿Qué pasará ahora con Candy y Terry después de ese beso?

¿Se decidirá Terry o huirá de sus sentimientos?

Espero su opinión y respuestas en oraciones completas.

Canción de Patty y Stear: "Lo amo" Lourdes Robles

Canción de Candy y Terry: "Momento" DKDA

Agradecimientos:

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