Tu mayor tentación
Por: Wendy Grandchester
Capítulo 3 Desilusiones
Sus labios seguían pegados, una necesidad que parecían no poder saciar. Sus sentidos estaban totalmente entumecidos, al igual que sus músculos que no les permitían separarse. La conciencia de Terry tenía un gran debate, pero no podía desprenderse de esa boca, quería robarle el alma en ese beso, inconciente de que hacía tiempo que lo había hecho. La magia terminó del mismo modo en que empezó.
-¡Candy! Lo siento. Perdóname... yo... no quise hacer eso.
Terry se separó abruptamente de ella y se puso de pie dejándola con los ojos abiertos por la impresión e incapaz de articular palabra.
-Terry... tranquilo... no pasa nada. Yo también deseaba ese beso. Llevo deseándolo desde que...
-No sabes lo que dices. Fuer un error, discúlpame. No debí aprovecharme de un momento de debilidad tuyo. Es que... no volverá a pasar...
Ella no podía creerlo. Él se arrepentía. Para ella eso fue lo más bello que hubo experimentado jamás y para él había sido un error. Sintió unas ganas inmensas de llorar, pero lo enfrentó.
-No fue ningún error, Terry, nos hacía falta. Estamos muy solos y nos necesitamos. Sé que tú también me necesitas... Déjame estar contigo, yo puedo darte todo... puedo hacerte feliz.
Impulsivamente Candy se puso de pie y se le acercó, fue ella quien intentó besarlo, pero no lo podía alcanzar, ella no llegaría a su boca si él no se inclinaba un poco. La cercanía de ella y sus ganas de acercarlo a su boca lo devilitaron otra vez, volviendo apoderase de sus labios. Esta vez un beso intenso y ardiente, brusco y exigente. La pegó a él fuertemente y la sujetaba firme por la cintura. La besó con tanta determinación como si minutos antes no hubiera estado arrepentido.
Aléjate de mí y hazlo pronto antes de que te mienta
tu cielo se hace gris, yo ya camino bajo la tormenta
aléjate de mí, escapa, vete ya no debo verte
entiende que aunque pida que te vayas no quiero perderte
La luz ya no alcanza
no quieras caminar sobre el dolor descalza
un ángel te cuida...
y puso en mi boca la verdad para mostrarte la salida
-Candy, por favor no me hagas esto. No sabes lo que estás pidiendo. Me conoces. Sabes que no soy lo que necesitas. Yo no soy lo que tú te mereces. Yo sólo podría hacerte daño y no me lo perdonaría jamás.
Él volvió abandonar su boca y ella moría un poco más. No había esperanza. Su sobreprotección la estaba hartando. Por qué no podía darse cuenta que no era una niña y que sabía bien lo que hacía.
-Por lo menos inténtalo. Yo sé que también quieres esto. Voy arriezgarme, Terry, no me importa si al final me lastimas... quiero estar contigo... yo puedo enseñarte amar.
Ella estaba desesperada por convencerlo y él de verdad quería hacerlo, pero sabía que no le duraría mucho en defraudarla y romperla en pedazos como había hecho siempre, empezando por su madre.
Y aléjate de mí, amor
yo sé que aún estás a tiempo
no soy quien en verdad parezco
y perdón, no soy quien crees
yo no caí del cielo
Si aún no me lo crees, amor
y quieres tú correr el riezgo
verás que soy realmente bueno
en engañar y hacer sufrir
y hacer llorar a quien más quiero
-Candy... tú estás muy sola y siendo yo el único que está a tu lado, tal vez te confundiste y piensas que estás enamorada de mí... pero no es así. Eres una niña inocente aún y yo he corrido mucho, es imposible que te toque sin ensuciarte. Pronto, pecas, vas a encontrar a alguien de tu edad que te sepa valorar y...
-¡Yo no quiero a nadie! ¡Te quiero a ti! Ya no soy una niña, Terry, llevo años amándote. ¿No te das cuenta? No me importa embarrarme, eso es decisión mía, no puedes decidirlo tú.
Candy estaba furiosa y él se sentía perdido. Más la confesión de ella lo había dejado sin palabras. Ella no tenía idea de cuánto él la deseaba, de que quería callarla con otro beso y arrastrárla con él al mismo abismo en que él se estaba lanzando. Pero ella no era las mujeres expertas y de mundo que eran concientes de que él no podía ofrecerles nada más. Ella era inocente y tenía ilusión y él sabía que podía destruir todo su cuento de hadas en un minuto si tan sólo se proponía intentar amarla.
-Candy... yo también te quiero, mucho, más de lo que te imaginas. No creas que estoy tomando el camino fácil. Ahora mismo... me estoy muriendo por llevarte a mi cama y hacerte mía hasta terminar con toda esa inocencia que me está volviendo loco. Tienes que entender que no puedo, no te haría feliz. No puedo prometerte estar contigo cuando en cualquier momento puedo estar en la cama con alguien más, no tengo intención de tener una familia ni de atarme a nada. Todo lo que yo toco, pecas, se rompe. Tú eres algo muy valioso.
Terry le hablaba muy cerca del rostro y sus manos estaban situadas en las caderas de ella, sus bocas seguían muy cerca y su aliento la estaba mareando, le hacía cosquillas. Tenerlo de frente y al mismo tiempo tan lejos le estaba haciendo daño, si él supiera que ella estaba más que dispuesta a dejarse llevar por la corriente.
Aléjate de mí, pues tú bien sabes que no te merezco
quisiera arrepentirme, ser el mismo y no decirte esto
aléjate de mí, escapa, vete, ya no debo verte
entiende que aunque pida que te vayas no quiero perderte
La luz ya no alcanza
no quieras caminar sobre el dolor descalza
un ángel te cuida...
y puso en mi boca la verdad para mostrarte la salida
-Entonces hazlo. No me importa. No me importa si me rompo en mil pedazos. Ya he llorado bastante por no tenerte. Hazme tuya hasta que te canses, quiero que lo hagas. Arrástrame si quieres, no quiero que me protejas más. Quiero que te des cuenta que soy una mujer. Una mujer que te ama.
-Candy... me lo estás poniendo muy difícil, no quiero hacerte esto, no me obligues, ya me está faltando voluntad... voy a lastimarte... ¿De verdad quieres ser mía? Porque si sigues besándome así... no podré aguantar más... porque quiero... me muero por tocarte todo ese cuerpo desde que llegaste... no he pensado en otra cosa más... por favor no juegues con fuego, pecas, te prometo que te quemarás.
Mientras le hablaba, la besaba, dejó que sus manos la recorrieran, posándose estas en las nalgas que tanto ansiaba apretar y sujetándola de ahí siguió besándola salvajemente y sus manos ascendieron a sus pechos. Las caricias y sensaciones eran nuevas para ella. Demasiado excitantes y el cosquilleo que sentía entre las piernas la estaban enloqueciendo. Él recorrió su cuello y oreja con la lengua y los pequeños gemidos y jadeos de ella lo estaban llevando al infierno, estaban tan pegados que ella pudo sentir lo excitado que estaba y sólo deseó que él se la llevara con todo, que la tomara ahí mismo y le diera todo lo que había soñado por años.
Y aléjate de mí, amor
yo sé que aún estás a tiempo
no soy quien en verdad parezco
y perdón, no soy quien crees
yo no caí del cielo
Si aún no me lo crees, amor
y quieres tú correr el riezgo
verás que soy realmente bueno
en engañar y hacer sufrir
y hacer llorar a quien más quiero
-Candy... Candy, ya basta. No puedo. Perdóname, pero no puedo. Te quiero, demasiado y te deseo como no tienes idea. Hice una promesa y tengo que cumplirla. Tengo que cuidarte, con mi vida si es posible. No te haré una miserable.
Volvió alejarse de ella cuando más encendida estaba. Se volvió arrepentir, destrozándola nuevamente.
-¡Al diablo con esa promesa! Ya has hecho suficiente.
-¡Candy! No puedo, entiende eso, no puedo. Sé que piensas que me amas, pero no es así. Conocerás a alguien de tu edad y vas a olvidarte de este capricho, tómatelo con calma. Ve a descansar, mañara será otro día. No hagas cosas de las que vas arrepentirte después.
Terry también se había alterado por su necedad, estaba luchando con todas sus ganas, pero ella se lo ponía cada vez más difícil y él no sabía hasta cuando podría resistir.
-No soy, para tí, pecas. Tal vez no lo entiendas ahora, pero después me lo agradecerás.
Le dijo esta vez más calmado y mirándola a los ojos.
-¿Agradecerte qué? Te odio, Terry. ¡Te odio!
Le gritó empapada en llanto mientras él se alejaba, destrozado también.
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-A ver... cómo está esa temperatura, muy bien. Ya no tienes fiebre, cariño. ¿Quieres tu sopita ahora, cielo?
Le hablaba Eliza a su pequeño de siete años, Gregory, la luz de sus ojos y única compañía en su soledad y frustración. Su angelito de pelo negro como el azabache igual su papá y ojos ambarinos como ella, tan dulce y expresivo, él era lo único que llenaba su mundo de alegría.
-También quiero pan. ¿Cuando viene papi?
-Pronto, mi vida.
-¿Se va a quedar a cenar con nosotros?
La pregunta fue contestada por un beso de su madre, pues no había otra respuesta que pudiera darle. Hacía tiempo que su matrimonio se había ido abajo. Ella hacía lo imposible por salvarlo, pero no importa cuánto se esforzara, la dedicación al hogar y a su hijo, a su apariencia, siempre regia, elegante, arreglada, una mujer preciosa que no era valorada, pero que aún estaba enamorada y se aferraba a la esperanza.
-¿Cómo está mi campeón?
-¡Papá! Ya me sané.
Dijo saltando de la cama y abrazando a su padre con adoración. Al menos eso había que aplaudírselo, no servía como marido, pero como padre, había que quitarse el sombrero. A su hijo no le faltaba nada, tal vez algo más de su tiempo, pero si tenía mucho cariño por parte de él, tal vez eso era lo único por lo cual Eliza aún no lo mandaba al diablo.
-No te sentí llegar, Stear. ¿Vas a comer?
-Mira, papi, en baloncesto.
La interrupción del niño ahogó la respuesta de Stear y se centró en la medallita que orgulloso Gregory le mostraba. Eliza suspiró profundamente.
-¡Ese es mi chico!
Le dijo con orgullo alborotándole el pelo. Stear se fue asearse y Eliza se llevó al niño para que comieran, sin esperanza de que su esposo los acompañara. Le servió a su pequeño la sopa que había hecho especialmente para él debido al resfriado y al dolor de garganta. Para Stear hizo lasagna, su plato favorito y además porque a parte de que él parecía haberlo olvidado, ese día era su aniversario. Se quedó de pie en el mostrador de la cocina observando a su hijo comer, pero sus pensamientos estaban en otra parte.
Ya me cansé que no me acaricies ni con la mirada
de ser en tu cama una tercera almohada
de ver que el futuro se va haciendo flaco
y saber que la vida no es más que un rato
y sentirme mujer porque lavo los platos
ya me cansé de decir que te amo y ver que te has dormido
de hacerte una cena especial y ver que te has ido
de ser una ama de casa y nada más
con la diferencia del siempre y el jamás
y hasta sentirme feliz cuando te vas
-Stear... ¿Ya te vas otra vez? Acabas de llegar...
-Tengo unos asuntos pendientes, Lizzy, ya te lo había avisado.
Contestó secamente y sin mirarla, no se percató de la lluvia que se avecinaba en esos ojos. La desilusión y tristeza profunda en la que estaba sumida la mujer que alguna vez el amó, la que llenó de tantos detalles, cuando eran felices y él la amaba.
-Sí, pero pensé que como era nuestro aniversario... bueno, no importa.
De pronto Stear tuvo un ataque de remordimiento. Lo había olvidado por completo. Volteó a mirarla y a tratar de arreglar la cosa.
-Lo siento, cariño, con tanto trabajo lo olvidé, pero voy a reponerlo. Es más, creo que me retrazaré un poco. Sírveme esa lasagna que huele deliciosa.
Le dijo sonriendo y por un momento ella volvió a la vida. El niño estaba ajeno de todo, ellos comían en silencio, ya no tenían nada que decirse, no habían temas, atrás habían quedado todas las anécdotas, todos los movimientos eran robotizados y fríamente calculados.
Detrás de mi ventana
veo pasar la mañana en la espera de la noche
me destapo el escote
para que éste te provoque tu fallida ansiedad
detrás de mi ventana
veo pasar al destino disfrazado de asesino
burlándose a carcajadas
de este ingrato concubino
detrás de mi ventana
se me va la vida contigo, pero sola
-Mami, ya me comí todo. ¿Ahora puedo irme a jugar playstation?
-No, cariño, ahora vas a lavarte los dientes y a dormir porque mañana hay escuela.
El niño resignado, hizo lo que se le pidió, no sin antes darle un beso a ambos padres. Stear seguía comiendo en silencio y ella a penas había probado su comida.
-Stear... como el próximo fin de semana estás libre, yo... me atreví a reservar un estadía en...
-¿Hiciste qué? Eliza, este fin de semana también tendré mucho trabajo, Llegarán todos los modelos de Toyota 2014 estamos en promoción nueva e inventario de liquidación 2013. Debiste preguntarme antes.
Le contestó él bruscamente y barriendo con todas sus esperanzas de reavivar su amor.
Ya me cansé de ser para tí como cualquier camisa
que se plancha y se arruga al compás de tu risa
de ser un objeto más en tu casa
como un trapo, una silla, una simple taza
y que tú ni te enteres de qué es lo que pasa
-Stear, lo siento, es que me habías dicho que... Está bien, olvídalo. De todas formas no lo había confirmado. Pero... pienso que mi madre podría quedarse con Gregorie y tú y yo estar solos...
Le dijo y se atrevió a poner sus brazos sobre su cuello en un intento de acercamiento y para besarlo. No recordaba la última vez que se habían besado. Sólo los efímeros encuentros cuando la necesidad del cuerpo se los solicitaba y ella no se lo negaba porque vivía con las ansias de tenerlo con ella, aunque fuera así.
Detrás de mi ventana
veo pasar la mañana en la espera de la noche
me destapo el escote
para que éste te provoque tu fallida ansiedad
detrás de mi ventana
veo pasar al destino disfrazado de asesino
burlándose a carcajadas
de este ingrato concubino
detrás de mi ventana
se me va la vida contigo, pero sola
-No te prometo nada, Lizzy. Tengo que irme. No me esperes despierta.
Le dijo dejándole un frío beso en la frente. Cuando él se alejó y escuchó el motor de carro encenderse lloró de rabia y frustración. Miró por la ventana que daba al hermoso y cuidado jardín, en su castillo de barajas.
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Candy se despertó más temprano de lo necesario para no tener que enfrentarse con Terry. Le había confesado todos sus sentimientos, a los que él no había correspondido y ahora no sabría cómo mirarlo a los ojos. Fue al baño y se refrescó la cara, pero no pudo remediar sus ojos hinchados de tanto llorar. Como se levantó con tiempo suficiente, se bañó de pies a cabeza y se puso su uniforme, se maquilló más de lo normal para borrar el rastro de haber llorado. Cuando estuvo totalmente lista, de su celular llamó a un compañero suyo para que la recogiera y la dejara en la universidad. Cuando éste le confirmó que estaba afuera, ella, sigilosa, tomó las llaves y su mochila y se fue. Sin avisar ni dejarle una nota a Terry.
-Candy... ¿Te sientes bien?
Le preguntó su amigo mientras le abría la puerta del carro.
-No tuve una buena noche, pero el show tiene que seguir. ¿Así que a dónde me llevarás a desayunar?
Le contestó con su mejor sonrisa, haciendo que a su amigo se le iluminara el rostro. El chico era realmente guapo, atento y agradable, especialmente con ella, a quien amaba en silencio.
-Wendy's nos queda cerca, podemos desayunar ahí y estamos en la misma ruta de la universidad.
-Pues Wendy's entonces. ¿Tienes suficiente dinero para todo lo que pienso ordenar?
-Candy, eso no se pregunta. Si te invité es porque tengo dinero.
Contestó él con autosuficiencia y ella se rió. Él era un encanto, si su corazón no estuviera ocupado...
Soy tu mejor amigo, tu pañuelo de lágrimas
de amores perdidos
te recargas en mi hombro, tu llanto no cesa
yo sólo te acaricio
y me dices por qué la vida es tan cruel con tus sentimientos
yo sólo te abrazo y te consuelo
me pides mil consejos para protegerte
de tu próximo encuentro, sabes que te cuido
-Te estacionaste fatal.
Le dijo ella cuando llegaron al ver como él dejó el carro, virado y ocupando dos espacios.
-Cuando tengo hambre no pienso, Candy Crush.
-Deja de decirme así, además no sé que tanto le encuentran al jueguito ese.
-Eso es porque no lo has jugado, cuando empiezes no podrás parar.
-Sí como no, yo bajé la aplicación y ya la borré. Mejor me pongo a leer en fanfiction.
Esa era su tonta discusión en la fila para pedir el desayuno. Él siempre le llevaba la contraria, le gustaba verla alterada y defendiendo su punto de vista. Por algo estaba estudiando derecho.
Lo que no sabes es que yo quisiera ser
ese por quien te desvelas y te desesperas
yo quisiera ser tu llanto, ese que viene de tus sentimientos
yo quisiera ser ese por quien tu despertaras ilusionada
yo quisiera que vivieras de mí siempre enamorada
-Cotton Candy, ve a buscar una mesa, yo llevo todo, como el caballero que soy.
Le ofreció con fingida arrogancia y para suavizar el efecto que tenían los miles de sobrenombres que él le tenía y que ella odiaba. Pero por dentro estaba tan desecha que ni fuerzas hayó para argumentar y defenderse. Se sentó en el área más limpia y alejada, lejos del bullicio y la amalgama de conversaciones entre todos los grupos de estudiantes que también desayunaban ahí.
-Aquí está el banquete. Ataca.
Volvió él sacándola de sus pensamientos y haciendo que sonriera y se preguntara por qué no podía enamorarse de él y no del necio, terco, arrogante, guapo, sexy, irresistible, bueno, el imbécil de Terry, pensó.
Tú te me quedas viendo
y me preguntas si algo me está pasando
y yo no sé qué hacer
si tú supieras que me estoy muriendo
quisiera decirte lo que yo siento
pero tengo miedo de que me rechazes
y que sólo en mi mente vivas para siempre
-Esto se ve muy bien. Mmm.
-Así es, mi abuela decía que las penas con comida se van.
-Pues saca tu tarjeta nuevamente porque con todas las que traigo yo... voy a dejar este restaurant sin inventario.
Él rió por su ocurrencia. La adoraba, tan dulce y espontánea. Sabía que siempre guardaba una gran tristeza, pero no se abría a él y nunca le decía el motivo, sólo escuchaba sus cálidas palabras de aliento y muchas veces aceptó sus abrazos, unos que la hacían sentir segura y reconfortada. Su mejor amigo, sin duda.
-No digas eso, la tristeza no te pega, eres muy linda para eso. Eso déjaselo a las feas, como Susana y... bueno, me callo. Sabes que siempre puedes contar conmigo...
Lo que no sabes es que yo quisiera ser
ese por quien te desvelas y te desesperas
yo quisiera ser tu llanto
ese que viene de tus sentimientos
yo quisiera ser ese por quien tu despertaras ilusionada
yo quisiera que vivieras de mí siempre enamorada
Terminando su desayuno, ambos se dirigieron al carro para llegar a sus primeras clases.
-Candy... ¿tienes algo que hacer por la noche...?
Ella se puso a pensar un momento... no tenía nada que hacer, a parte de quedarse en casa a llorar y deprimirse por Terry y escuchar la letanía que él tendría para ella al irse sin avisar y no haberle contestado ninguna de las llamadas y los textos que él le había dejado.
-No tengo nada que hacer, Archie. ¿A dónde vamos?
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A pesar de todo el nido que había en la cabeza de Candy, logró concentrarse e incluso intuyó que le había ido bien en el examen que había presentado. Era aplicada en sus estudios, cuando se es pobre, no queda más remedio que prepararse lo mejor posible, le había dicho muchas veces Anthony. Aprovechó la hora del almuerzo como siempre para compartir con sus amigas y liberar un poco la gran tensión que tenía.
-¡Se besaron! ¡Oh por Dios! Ya eso es algo...
-¡Patty! Déjame terminar, no es como tú piensas.
Patty se había adelantado a los acontecimientos sin escuchar el resto de la historia, cuando la supo, se le borró la sonrisa.
-Ese Terry es un necio y terco. Pero tú, amiga, no te rindas. Sedúcelo, vuélvelo loco, provócalo, haz que pierda la cabeza, de todas formas, él no es de palo y por lo que me has contado... haciéndose el fuerte no va en muy buen camino...
-Es que no es sólo eso, Patty. Yo quiero que se enamore de mí. Quiero que se quede conmigo. Él me protege demasiado y ya me estoy hartando. Piensa que aún soy una niña.
-En ese caso, querida amiga, muéstrale que no lo eres. Enséñale todo lo mujer que puedes ser... bueno, en tu caso, que te enseñe él a tí, en fin. Tienes que poner la seducción en práctica... una vez que te pruebe... no te dejará...
Candy analizó las palabras de Patty... lo intentaría por última vez... entonces recordó que tenía una cita con Archie. Frunció el ceño un momento y luego recordó que Terry, muy comprensivamente le había dicho que conociera a alguien de su edad y que lo olvidaría, sabía que eso era imposible, pero darle algo de celos no estaría mal... no era que quisiera usar a Archie, pues ella sólo saldría con él en plan de amistad, pero Terry eso no tenía por qué saberlo, así que...
-Creo que tienes razón, Patty. Voy hacerle la vida de cuadritos hasta que caiga...
-Así se habla. Permíteme acesorarte...
Yo que tú ahora mismo iría por él
mucho rimel, poca falda, luciendo piel
Yo que tú al demonio ropa interior
colosal, como eres, sintiéndolo
Hay delante tanta vida para darte por vencida
ven, respira hondo y suéltalo
alto y claro ya...
Dile que le ansías con necesidad
dile que lo adoras, que no aguantas más
pero ya... aprieta el alma y suéltalo
ponlo todo tú...
No te guardes nada, dile la verdad
trágate tu orgullo y tu dignidad
por más que duela...
-Patty, ¿te has vuelto loca? Si por un beso casi me hace buscar ayuda psicológica, imáginate que me le presente así...
-Ves, otra vez la inocente Candy hablando, amiga... ¿Así vas a demostrarle que eres una mujer? Déjate de pendejadas, Candy.
Yo que tú jugaría a ganador
más perfume, más astucia, ningún pudor
Yo que tú llegaría en su desván
complaciente, pero a muerte con la verdad
demasiado le has querido para darle por perdido
ve, aprieta el alma y suéltalo
alto y claro, ya...
Dile que le ansías, que es necesidad
dile que lo adoras, que no aguantas más
pero ya... suéltalo...
Las palabras de Patty estaban convenciéndola, aunque estaba un poco perdida. No tenía nada de experiencia y menos en el arte de la seducción, tendría que encomendarse a todos los santos...
-Lo intentaré... Si no resulta, entonces que se vaya al diablo. No voy a esperarlo más.
-Va a funcionar, amiga, te lo digo yo. Los hombres sólo piensan con la cabeza de abajo.
Es trabajo sucio, pero no hay opción
si hace falta, implora, pídele perdón
pero ya... suéltalo...
-Y cambiando el tema, Patty... ¿cómo va todo? ¿Ya por fin se divorció Stear?
El rostro de Patty se ensombreció por completo. Ya sabía que eso nunca ocurriría. Antes él le daba excusas, pero ahora, simplemente ignoraba el asunto.
-Pues no... yo creo que ya este es el fin. Después de dos años... supongo que no lo hará... ¿verdad?
Su pregunta fue retórica y Candy sintió pena por su amiga, ella no merecía eso. Podría ser algo extrovertida y aventada, pero tenía muy buenos sentimientos, y a su modo era fiel, a pesar de su picardía, su única pareja había sido ese hombre que le robó toda la inocencia e ilusión. Llevándola a un mundo de lujuria y promiscuidad, de sumisión, depresión y dependencia.
-Harías muy bien, Patty. Mereces ser feliz. Eres muy bella y muchos se parten el cuello mirándote. Estás perdiendo el tiempo cuando bien podrías tener a cualquier hombre a tus pies.
-Pues ese consejo bien podrías aplicártelo tú si Terry sigue de necio. Tienes a media universidad detrás de tí y sólo tienes ojos para Terry, bueno aunque no te culpo porque... ¡BUahh!
Un ataque de náuseas interrumpió a Patty.
-Patty... ¿estás bien?
Preguntó Candy preocupada al ver lo roja que se había puesto su amiga y luego fue corriendo al baño más cercano.
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Albert le hizo el favor de dejar a Candy en su casa, pues su novia Karen vivía cerca y ella y Candy también eran compañeras de clase. Candy entró preparada para enfrentar la muy conocida ira de Terry...
-¿Dónde estabas?
-Buenas tardes, Terry, Richard. Como pueden ver, estaba estudiando, ¿por qué?
Preguntó ella con fingida inocencia y Richard rió para sus adentros. La cosa estaba poniéndose interesante, así que su visita era muy oportuna, pensó.
-¡No juegues conmigo! Te fuiste sin decir nada. No contestaste tu teléfono nunca. Y además...
-Terry, ya déjala, fue sólo un descuido. Lo importante es que está aquí.
Intervino Richard para apaciguar la rabia de Terry y porque su voz estaba tronando en toda la casa.
-Así es Terry, regresé completita, mira, tengo mis diez deditos, mis bracitos, mis piecitos y... mi boquita...
La última palabra se la dijo con malicia, recordando los besos de la noche anterior.
-No te hagas la graciosa. Sabes bien que tienes que decirme...
-¡Oh sí! Pero que despistada soy, no te avisé... No volverá a suceder, perdóneme Su majestad.
Le dijo mediante una actuación exagerada, pero no estaba riéndose, más bien estaba molesta con él, por todo lo que había pasado. Así que su última frase fue irónica. Richard se echó a reir.
-Ya cálmate, Terry, por Dios. No es para tanto. Candy, ¿qué te parece si haces otro delicioso té como el de ayer? Mientras yo hablo aquí un rato con Terry...
Candy tuvo así la excusa perfecta para no enfrentar la mirada furibunda de Terry que si matara, ella estuviera a diez metros bajo tierra. Les llevó el té y se excusó para ir arriba a bañarse y prepararse, pero no dijo para qué, a propósito... Se bañó con toda su santa calma, se alizó el pelo larguísimo que tenía y se pintó las uñas y se perfumó. En el armario eligió un jean azúl oscuro bien ajustado y un suéter azúl royal con cuello de tortuga también ajustado mostrando lo bien proporcionada que era su pechonalidad y se puso unos zapatos negros cerrados de plataforma, altos y que le levantaban más el también bien proporcionado trasero. Se maquilló en tonos azúles y se puso brillo labal rosa claro. Con el pelo regio y lizo, estaba lista para matar. Ya Archie le había confirmado que en veinte minutos pasaría por ella, así que bajó a esperarlo con la intención de prender el televisor mientras tanto, jurando que el padre de Su majestad Grandchester ya no estaría ahí. Cuando bajó, fue con quienes primero se topó.
-Ehh ehhh ehhh... ¿Se puede saber a dónde vas?
Dijo Terry parándola en seco y abochornándola en frente de Richard.
-Pues yo... tengo una cita...
-¡No me digas! ¿Y pensabas irte así sin avisar otra vez?
-Bueno, Terry, ahora ya lo sabes. No te preocupes, no más tarde de la media noche estaré aquí...
Terry no podía creer su descaro y Richard estaba un poco desilusionado, entonces su hijo tendría competencia.
-Pensé que no tenías novio, Candy.
Dijo Richard para saciar su curiosidad y Terry lo fulminó con su mirada.
-Pues, no tenía, pero... tal vez... bueno... a ver si de este sapo me sale un príncipe...
-Ella no tiene novio, ni tiene ninguna cita porque no irá a ninguna parte. Mejor ve a tu cuarto a estudiar.
Candy se quedó perpleja y Richard también. Terry estaba del carajo, pensó ella.
-¿Perdón? Terry, no tengo doce años y claro que tengo una cita y no pienso retrasarme, así que si me disculpan...
-¡No te atrevas a cruzar esa puerta! Tenemos que hablar.
Richard estaba loco por soltar la risa, la escena lo ameritaba, pero entendía que esos dos tenían ciertas cosas que resolver, así que...
-Eh... chicos, yo me tengo que ir. Buenas noches.
Y se marchó apresurado mientras Terry y Candy seguían desafiándose con la mirada. Zafiro vs Esmeralda, una fusión terrible.
-Buenas noches, Terry...
-¡Dije que no te vas!
La retuvo por el brazo cuando se disponía a dar la media vuelta para esperar en la entrada.
-Y según tú, ¿por qué no puedo irme?
-¡Porque yo lo digo!
Le gritó y puso sus dos manos en el marco de la puerta que al mismo tiempo la acorralaban. Ella estaba poniéndose furiosa por su actitud, ni comía ni dejaba comer.
-A ver si entendí... Tengo que estar aquí porque tú lo dices, si me estás ayudando para tenerme aquí de prisionera, estás muy equivocado, Terrence Grandchester, avísame porque recojo mis motetes y me largo.
Le gritó con con las mejillas encendidas de coraje y él también tenía bastante coraje.
-Escúchame bien, niña malcriada. Es la última vez que me amenazas con irte, voy a buscarte dondequiera que te metas y te traeré aquí aunque sea a rastras. Y que sea también la última vez que te vas sin avisar y que no me contestes tu celular, me tenías preocupado. No sabes lo mal que me la pasé, pensé que te había pasado algo, tú sabes del mundo que venimos...
De pronto las últimas palabras de él le hicieron sentir algo de remordimiento, si lo veía desde ese punto... su actitud fue un poco infantil.
-Lo siento, Terry... no volverá a pasar. ¿Ahora sí me puedo ir?
Le preguntó más calmada, pero él seguía mirándola lleno de furia la tenía intimidada con la imponencia de su cuerpo muy cerca del suyo y que le impedía salir.
-¿A dónde vas y con quién?
-Voy con un amigo. No llegaré tarde, puedes acostarte tranquilo...
Él la seguía acorralando y los celos lo estaban ahogando, no conocía a su supuesto amigo, pero ya lo quería ahorcar.
-¿A dónde?
Alzó la voz, ya rayando en la ira y ella respingó, pero luego, por la rabia de su actitud, lo desafió.
-A cometer errores.
Dijo y se giró con la intención de irse, pues su celular comenzó a sonar. Con su desafío, lo único que ganó fue encender la furia de Terry, quien con toda su fuerza la giró de nuevo hacia él y cuando la tuvo frente a frente, la castigó con un beso brutal y cerró la puerta de golpe, con una mano y luego con ambas le aprisionó la cara para seguir torturándole los labios, ardiente y apasionadamente, ya se los tenía colorados y lastimados por las sutiles mordidas, no tan sutiles y su lengua invadía rudamente su boca. No la dejaba respirar, ni pensar, ni oportunidad para escapar. La pegó a él lo más que pudo y como su celular siguiera sonando, se lo arrancó de las manos y lo tiró al piso haciendo que estallara en mil pedazos. Con eso, por el coraje, ella gimió al intentar separarse de él y de su boca, pero luchó en vano porque no pudo. Él no le daba tregua.
-¿Tienes prisa por irte a tu cita, pecas? Porque anoche lo único que querías era esto.
Le dijo alzándola para que ella lo abrazara con sus piernas y la pegó a él más fuerte para que sintiera lo excitado que estaba. Afuera sonaba la bocina del carro de Archie insistentemente. Pero Terry no liberó a Candy y siguió besándola con la misma fiereza, mientras le apretaba el trasero y le levantó el suéter.
Continuará...
Hola, niñas lindas! ¿Qué les pareció este capítulo? He tenido bastante problemas con mi internet, especialmente por las tardes y noches, eso me ha demorado en publicar. Bueno, espero haberlas complacido con este capítulo y que me lo dejen saber con un review.
Las preguntas:
¿Qué piensan del jueguito de Terry? A mí ya me está molestando que ni coma ni deje comer, ¿y a ustedes?
Ahora que Candy sin querer deje al pobre Archie plantado, ¿qué creen que pase entre ella y Terry?
La pobre Eliza, ¿no creen que debería mandar a Stear al diablo? Yo sí, pero lamentablemente... hay muchas mujeres que se quedan así por miedo a salir adelante o por costumbre, entre otras cosas...
¿Qué me dicen de los consejos de Patty para Candy?
Esas náuseas... ¿Por qué serán?
Espero sus respuestas, chicas, ya saben, oracione completas, mis amores.
Wendy
Canción de Candy y Terry: "Aléjate de mí" Camila
Canción de Eliza: "Detrás de mi ventana" Yuri
Canción de Candy y Archie: "Yo quisiera" Reik
Canción de Candy y Patty: "Suéltalo" Millie Corretjer
