Tu mayor tentación
Por: Wendy Grandchester
Capítulo 5 Lazos de sangre
Tras haberse pasado la noche y madrugada cotemplando a Terry, Candy fue vencida por un sueño profundo, razón por la cual a las once de la mañana y por lo dormilona que era seguía en los brazos de morfeo. Cuando por fin abrió los ojos, media hora después, se entristeció porque Terry no estaba a su lado y de pronto se sintió sola y desamparada. Entonces se le ocurrió mirar la hora y al descubrir que era casi medio día entendió el por qué Terry no estaba a su lado. Seguramente ya tendría hecho el amuerzo. Cuando se levantó y se desperezó, fue al baño para lavarse la cara y los dientes y cando fue al gabetero a elegir la ropa que se pondría vio que encima había una caja de regalo, una rosa blanca y una nota, con la letra de él, la conocía bien. Olió la rosa y luego leyó la nota llena de emoción.
Tú...
Agua cristalina que entre mis dedos se va
agua que se pega a mi cuerpo como la arena del mar
sentimiento tan profundo que no puedo expresar
sentimiento vagabundo que no puedo atrapar
veo en tus ojos tan pequeña niñez
que me da miedo tocarla por si vuelve a temer
alma tan pura que no puedo beber
por temor a ensuciarla y no volverla a ver
P.D. Te adoro, Pecosa
Terrence Grandchester B.
Besó la nota y entonces se decidió abrir el regalo que estaba hermosamente envuelto y con un bonito lazo. Estaba más que contenta y agradeció que Terry haya destrozado su celular, pues la caja contenía el Sansum Galaxy Note 2, casi tan grande como una tablet, en blanco y con su cover case incluído en tonos rosa, violeta y blanco.
-Que bueno que te haya gustado.
-¡Terry!
Candy estaba tan absorta con su regalo que no lo sintió entrar en la habitación y casi se lanzó hacia él, le rodeó el cuello y le dio un tímido besito en los labios, él la abrazó hasta que poco a poco sus manos reposaban en las nalgas de ella, ya que tenía aún sus acostumbradas pijamitas la cual hizo que Terry para dormir tuviera que encomendarse a todos los santos. Era inevitable que él no pusiera sus manos ahí, ella estaba muy bien dotada.
-¿Con ese miserable besito vas agradecerme el regalo?
Le dijo quejándose como un niño caprichoso y apretándole más las nalgas y ella le dio una sonrisa pícara, aunque por dentro los nervios la mataban, el sólo hecho de tenerlo así de cerca y que la tocara como lo hacía... Ya que su besito no fue suficiente, entonces ella se alzó en puntitas y él se inclinó para que ella lo recompensara de una mejor manera y vaya que lo hizo. Le dio el beso más apasionado del que fue capaz, succionando y mordisqueando sus labios, entre sus lenguas hubo una guerra y ella no se dejaría intimidar, estaba más que dispuesta aprender las diferentes técnicas. El beso siguió subiendo de tono, al igual que las manos de Terry que subían y bajaban según se posaran en sus nalgas y senos y ella se pegaba a él descaradamente.
Ya mi vida no se guia por el tiempo
mucho menos por la duda
porque un río de ilusiones me mojó
como un sueño te metiste en mi conciencia
allanándome la vida
y robando toda distracción
en dónde estás tú...
Y en la noche imaginaba
consintiéndote dormida
y bailábamos el vals de la alegría y la locura
revisé cada suspiro
le hice un juicio a mis sentidos
y esperando el veredicto el corazón dictó sentencia
-Terry... quiero un beso como el de ayer... el que me diste antes de que llegaran...
Le decía ella con su voz ahogada y recordando el beso ardiente y brutal que Terry le diera antes de que fueran interrumpidos por Annie y Archie.
-Tendrás un beso como el de ayer, pero... no sé si esta vez pueda cumplir mi promesa... no me la pones fácil, pecosa descarada.
Y complaciente, la levantó y se la enganchó de la misma forma en que lo había hecho la noche anterior y de más estaba decir que él estaba excitado de sobra y ella que apenas tenía un hotpant lo pudo sentir mucho mejor que la vez pasada. Terry estaba haciéndole el amor con sus labios. Su lengua estaba ahogándola y la forma en que sus manos se paseaban por su cuerpo iban acabar con ella. Y con él también que ya le estaba faltando el aire y estaba perdiendo todo su autocontrol.
Que me beses, que me ames
atraviézame la vida
que me llenes la memoria
con los sueños más reales
que me bañes con tu cuerpo
con la magia y tus caricias
alimenta mi sonrisa
acurrúcame la vida...
-Terry... besas muy rico y.. mm..
Ella también estaba descontrolada, la verdad que los besos de él eran arrebatadores y combinados con sus traviezas y expertas manos a parte de lo delicioso que le parecía sentir toda su dureza... se estaba lanzando sin paracaídas hacia un abismo.
-Hago muchas otras cosas muy rico también, pecosa.
Esto se lo dijo con malicia, la sostuvo fuerte con una mano y con la otra le sacó la camisilla de su pijama y volviendo a sujetarla con ambas manos, su boca se apoderó de sus pechos y ella sintió llegar su perdición. Sus manos explorando su trasero y su boca degustando cada rincón de sus pechos como si fuera el platillo más delicioso estaba transportándola a las puertas del edén.
Ya mi vida está tomando otro camino de esperanza
ya no siento miedo de seguir volando a donde estás
dame risa, dame llanto, quiero tu seguridad
quiero que pases a ser de un sueño a una realidad
en dónde estás tú...
Y en la noche imaginaba
consintiéndote dormida
y bailábamos el vals de la alegría y la locura
revisé cada suspiro
le hice un juicio a mis sentidos
y esperando el veredicto el corazón dictó sentencia
Que me beses, que me ames
atraviézame la vida
que me llenes la memoria
con los sueños más reales
que me bañes con tu cuerpo
con la magia y tus caricias
alimenta mi sonrisa
acurrúcame la vida...
-Terry... mmm... no me importa que no cumplas tu promesa... podemos...
-Pecas, otra vez jugando con fuego... sabes que no puedo... no seas tan mala...
Replicó él con fingida inocencia porque estaba más que dispuesto a mandar su promesa al carajo en ese momento, se iba a saltar un par de lecciones.
-Pero es que si.. ahh... me sigues tocando así y...
-¿Tocándote cómo? ¿Así?
Volvió argumentar inocentemente mientras se volvía a llevar uno de sus pechos a la boca y con sus dedos se abrió paso en el camino oculto entre sus piernas que la llevaron al desespero.
-Sí, así, pero... mmm... ah... ¿podríamos...?
-No sé... convénceme... aún no he aprendido bien mi lección...
Le dijo para torturarla y sin dejarla de tocar.
Quiero celarte
quiero nostalgia
quiero tus manos, tu vida, tus besos
Que me beses, que me ames
atraviézame la vida
que me llenes la memoria
con los sueños más reales
que me bañes con tu cuerpo
con la magia y tus caricias
alimenta mi sonrisa
acurrúcame la vida...
-¿Qué quieres que haga? Pídeme lo que quieras, pero por favor...
Terry de verdad quería permanecer firme, pero... estando ella dispuesta, hermosa, vulnerable, sensible, excitada y complaciente... él sólo podía pensar en las mil maneras de complacerla
-Lo que quiero que hagas es que continúes besándome y moviéndote así, pero aquí...
Entonces la condujo a la cama y se acostó poniéndosela a ella encima para seguir besándola y acariciándole el pelo, la espalda y las nalgas. Le encantó sentir los senos de ellas pegados a su pecho y lo enloquecía la forma en que ella se removía sobre él. Si seguían así... sus lecciones iban a concluir más rápido de lo que pensaban.
-Terry... ¿Estás ahí? Dejaste la... ¡Oh por Dios!
-¡Annie! ¿Cómo diablos entraste?
Terry y Candy se espantaron horriblemente ante la inesperada intromisión y llegada de Annie que miraba la escena horrorizada.
-No puedo creerlo. Terry... eres... asqueroso... ¿con tu hermana?
Candy se puso de pie inmediatamente, a punto de llorar y roja por la vergüenza. Intentó dar con su blusa, pero los nervios no la dejaban.
-Esto no es lo que piensas y además, ¿cómo fue que entraste?
-Dejaste la puerta abierta. Yo... sólo vine a saber como había estado Candy por lo de ayer... no te avisé porque no lo planifiqué, estaba por aquí cerca... Veo que está muy bien...
Candy cuando al fin dio con su blusa, se la puso rápidamente y por sentirse de pronto perdida, fue hacia Terry llorando y él la abrazó en muestra de apoyo.
-Annie... vamos abajo, tenemos que hablar... hay muchas cosas que te quiero explicar.
Ella iba a replicar, pero el golpe de la escena fue tan profundo que no sabía que más pensar, así que bajó junto con él y Candy buscó un pantalón más desente en lo que conversaban. Una vez los tres abajo y sentados en el comedor...
-Annie... sé que lo que viste se prestó para muchas malinterpretaciones y no te culpo. Lo primero que quiero que sepas es que Candy y yo...
-No tienes que decirme nada, yo ya sé lo que vi, ustedes son dos retorcidos...
-¡Annie!
Terry perdió la paciencia y le gritó, ella respingó y Candy seguía derramando lágrimas, jamás pensó ser pillada de esa manera.
-Candy y yo no somos hermanos.
A ella se le desencajó el rostro y no entendía nada, pero permaneció en silencio para que él continuara.
-Crecimos como hermanos porque ella es la hermana de mi mejor amigo de infancia, vivíamos en el mismo barrio. Si te había hablado de ella como una hermana fue porque... así la consideraba hasta hace poco. No te mentí ni me aproveché de ti. Esto fue algo que surgió de pronto y a penas estamos asimilándolo...
-¿Asimilándolo? Van a las millas entonces.
Candy volvió a bajar la cabeza ante el comentario mordaz de ella, pero no le tomó represalia, porque sabía que estaba dolida y que había descubierto la verdad de la peor manera.
-Sé que debes sentirte muy mal, iba a decírtelo, pero ni por la mente me pasó que fueras aparecerte aquí y en este justo momento...
-Pues lamento haberlos interrumpido. ¿Cuándo me lo pensabas decir?
-¡No lo sé! En cualquier momento, Dios mío, esto acaba de suceder. No me diste tiempo. No teníamos una relación, Annie, somos libres de estar con quien queramos, siempre fue así. Puedes estar segura que iba a decírtelo, yo no juego de esa manera y lo sabes.
Terry estaba alterado, no le gustaba sentirse acorralado ni presionado, ni que se le cuestionara y ella, aunque no a propósito, estaba presionando todos sus botones.
-Lo siento, Terry. Sé que no tengo derecho a reclamarte nada. Es que... no me esperaba esto... Bueno, supongo que no tengo nada más que hacer aquí... Perdón por haberlos importunado. Candy... discúlpame... no quise ofenderte.
Se paró abruptamente para irse y Terry la acompañó a la puerta donde cruzaron un par de palabras más que Candy no alcanzó a escuchar, pero debió quedar todo bien, porque aunque desilusionada, Annie le dio una sonrisa a Terry, una que él le devolvió.
-Pecas, no te pongas así, ya pasó. Fue sólo un susto... ya está todo hablado. Ella entendió.
-Sí, pero... me siento mal, Terry. Como si la hubiera traicionado de alguna manera...
-Shh ya, todo está arreglado. No quiero que pienses en eso ni en nada más que no sea tú y yo. Ahora, ve a prepararte para que comamos y...
El celular de Terry comenzó a sonar. Lo contestó intrigado y luego sorprendido por lo que escuchaba y Candy tenía una curiosidad enorme. Estaba loca por preguntarle quién era, pero no lo creyó prudente, así que esperó a que él terminara la llamada y si quería, que le dijera quién lo llamó.
-Richard quiere que vayamos a la casa de campo en Orocovis. Quiere presentarme a su madre y a... su esposa...
-¿Y qué le dijiste?
Preguntó ella emocionada y feliz por él.
-Le dije que lo pensaría... no lo sé, no me siento preparado para...
-Terry... ve. Tu papá está esforzándose mucho, no seas tan cruel. Además, resulta que ahora también tienes una abuela... y tal vez tu madrastra no sea la malvada bruja de los cuentos.
Terry no pudo evitar sonreir por tal ocurrencia. Sus lecciones iban por muy buen camino, porque ya no sabría cómo desprenderse de la pecosa jamás. Para bien o para mal. Le dio una sonrisa que lo desarmó por completo.
-Está bien, pecas, me convenciste. Ve a preparar tus cosas porque nos quedaremos hasta mañana, según Richard, el viaje es largo y pues supongo que habrá mucho de qué hablar.
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Susana estaba satisfecha con la comida que estaba haciendo para Neil. Se sintió orgullosa de sí misma, repasó la receta varias veces y hasta se cersioró de algunos detalles llamando a su amiga chef. Era fin de semana, así que lo pasarían juntos, pues no había universidad ni trabajo y en la intimidad de su apartamento. Sin interrupciones
-Mmm huele rico.
Llegó Neil abrazándola por la cintura y besándole el cuello. Él la quería de verdad y ante sus ojos era una mujer bella. Sabía que había mujeres con más belleza que ella, pero sus hermosos ojos azules, su simpatía, su sonrisa y entrega lo habían cosquistado. No le faltaba el cariño a su lado y tenían una complicidad increíble.
-Pues espero que sepa como huele...
-Estará tan delicioso como la que lo prepara. Aunque ahora... un besito me apetece más.
A ella no hubo que rogarle mucho, estaba fascinada de él. Con su pelo castaño y sus ojos amarillos como el ámbar, era guapo y de razgos refinados, alto, pero lo que más adoraba de él era su humildad, no era pretensioso y a pesar de su físico, no se creía la última coca-cola en el desierto. Se giró para estar de frente a él y darle el solicitado beso. Pero al parecer no era sólo un besito lo que Neil andaba buscando porque la había pegado a él más de lo necesario.
La que me hace beber
la magia negra de su piel
la que me adora, la que me ignora
lo clásico de una mujer
Y no es gran cosa, ya lo sé
pero es tan mía a la vez
no sé si es bella, pero es tan ella
y me gusta como es
y me sabe comprender
-Cariño... si me sigues acariciando así... tu comida se echará a perder...
-La comida que me apetece en estos momentos... está mucho mejor.
Metió las manos dentro de su blusa mientras la besaba entre pasión y ternura. Ella que correspondía muy bien a sus demandas, puso sus manos en las caderas masculinas y fue a besarle el cuello.
-¿Ves como esta comida está mucho más rica?
Le dijo él encendido luego de quitarle la blusa totalmente para disfrutar de su comida y ella con manos traviezas se abrió paso dentro de la cremallera de su pantalón hasta que dio con su objetivo.
La de siempre, tan dulce y tan felina
sorprendente, diabólica y divina
la de siempre, tan desconcertante
pero tan buena amante
y tan mía...
-Pues a mí ésta me sabe mucho mejor.
Le contestó paseando sus manos por todo aquello que se endurecía dentro de sus calzoncillos. Él estaba en la gloria y cuando ella se arrodilló y le bajó completamente el pantalón y los calzoncillos...
-Sussy... eres divina, mi amor... una diosa.
Proclamó extasiado mientra la boca de ella hacía lo suyo con su "comida".
La que me sabe acariciar
hasta llegarme a desbordar
toda ternura, toda locura
y además qué puedo hacer
si me gusta esa mujer
La de siempre, tan dulce y tan felina
sorprendente, diabólica y divina
la de siempre, tan desconcertante
pero tan buena amante
y tan mía...
Susana estaba entregada en lo que hacía, le gustaba sorprenderlo y complacerlo, como él hacía con ella, que siempre la llenaba de detalles y amor, siempre había pasión. Eran uno para el otro. Los ojos de Neil no estaban acorde, Susana lo hacía delirar y él estaba tocando el cielo con los dedos.
-Neil, cariño... aquí te traje tus pastelillos que tanto te... ¡Neil!
-¡Mamá!
Susana, muerta de la vergüenza se puso de pie y furiosa. Neil se subió los pantalones apresurado y rojo como un tomate.
-¿Cómo fue que ella entró?
Preguntó Susana indignada y molesta y lanzándole una mirada asesina a su suegra.
-Yo... le di una llave.
Confesó Neil arrepentido.
-¡Por Dios! Ponte una blusa, niña. No puedo creerlo, Neil. Están en la cocina, ahí se trabaja con comida y...
-¡Mamá!
Neil silenció el argumento de Elroy Leagan que despotricaba indignada ante la "desvergonzada" escena.
-Esta es mi casa, mamá. Somos una pareja y no puedes aparecerte sin avisar. Y encima te haces la indignada. ¿Piensas que tengo una mujer para jugar a "brinca la tablita"?
-¡No me faltes el respeto, muchacho!
-¡Ya basta! Mire, señora, no sé en qué estaba pensando Neil cuando le entregó esa maldita llave, pero me hace el favor y me la entrega ahora mismo. He sido paciente con usted, de verdad que sí, pero ya llegué a mi límite. Estoy harta de todas sus impertinencias y sus malditos comentarios despectivos. Viva su maldita vida y a nosotros, déjenos en paz.
-Sussy... por favor... cálmate, yo voy hablar con...
-¡No! Ya estoy harta, Neil. Quédate con tu madre, yo ya no la soporto más.
Con eso, Susana fue a la habitación y cerró la puerta de un trancazo que casi la tumba. Elroy estaba muda, siempre se dedicó a fastidiarla, pero nunca la había visto sacar las uñas de esa manera, por primera vez se sintió amenazada.
-¿Ya ves lo que provocas? ¿Por qué siempre tienes que hacer lo mismo? No entiendo cuál es tu maldito problema. ¿Qué es lo que no te gusta de ella? Porque no acabo de entenderlo. Te guste o no, esa es mi mujer. Si sigues estorbando mi relación me vas a poner a elegir entre tú y ella y por el momento, con dolor en mi alma, llevas las de perder.
Eso sí que aterró a Elroy. Hasta su hijo se estaba revelando en su contra. Su único hijo y no estaba dispuesto a perderlo.
-Hijo... yo... no era mi intención... es que de verdad esa mujer no te conviene...
-¡Esa es la mujer que yo elegí! Si no tienes nada mejor que decir, por favor, vete. Ya colmaste el vaso, mamá. Dame tus llaves.
-¿Qué? Pero...
-¡Las llaves!
Neil fue rotundo, ya su madre y su cizaña habían sembrado mucho daño y como bien lo había mencionado Susana, era un milagro que siguiera juntos, así que con los pantalones bien puestos y sintiéndose entre la espada y la pared, tuvo que echar a Elroy de su casa.
-No puedo creer que pongas a esa mujercita encima de tu propia madre... Dios va a castigarte, Neil.
Elroy se secaba unas lágrimas invisibles con las manos. Neil ya no caería más en su juego. Le dio más rabia su último comentario, así que le devolvió la ofensiva.
-Llévate los pastelillos, por favor, mi mujer me cocinó. Buenas tardes.
Le dijo y le abrió la puerta para que se marchara. Después de asegurarse que le entregara las llaves, fue directamente a la habitación para reunirse con su mujer.
-Sussy, ya se fue, tranquila.
-¿Tranquila? Perdóname, Neil, sé que es tu madre, pero es una arpía, yo he hecho lo que puedo pero...
El llanto por tanta rabia contenida quebró la voz de Susana.
-Lo sé, Sussy. No volverá a molestarnos más...
-¿Cómo estás tan seguro?
-Le quité las llaves y la eché con todo y pastelillos. Quedó más que advertida.
Susana sonrió vagamente, pero no podía creerlo. ¿Neil había sacado cara por ella? Ya se imaginaba la cara indignada de la vieja.
-Neil... yo te amo, te amo mucho y no me gustaría que nuestra relación se fuera al traste, pero es que...
-Shh. Ya no digas eso, no voy a permitir que eso pase. Yo te elegí a tí. Ahora, ve y sírvenos tu deliciosa comida.
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Con todo ya listo, Candy y Terry se subieron en la Jeep con el GPS activado para llegar al lugar correcto y con el Bluetooth encendido para escuchar las indicaciones que les había dado Richard para llegar a la hacienda Grandchester.
-Terry... yo quería manejar y no me dejaste.
-Pecas, ni yo mismo sé a dónde vamos, no voy a soltarte el volante así.
-¿Y cuando estemos de vuelta?
Volvió a pedir con los ojitos suplicantes porque Terry le prestaba lo que fuera menos su carro.
-Tal vez... lo pensaré.
-¡Gracias, mi amor!
-Candy, dije que lo iba a pensar, no lo des por hecho.
-Pero... Es que yo sé, Terry, Anthoy me enseñó...
Ella seguía insistiendo y verla con esa carita de no rompo ni un plato, finalmente...
-Está bien, pero dame un beso entonces.
Aprovechando el semáforo en rojo, Candy se quitó el cinturón y fue a cumplir con su parte del acuerdo, dándole a Terry un descarado beso que incluía lamidas y chupetadas por toda la boca y el cuello.
-¿Suficiente para que me dejes manejar mañana?
-Suficiente para que te deje el carro completo.
Le respondió él y la volvió a pegar para besarla de la misma manera. Como siempre, sus manos resvalaron un poco hasta el trasero que adoraba mientras ella estaba inclinada sobre él.
¡Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!
El bocinazo que les pegaron los sacó de su letargo y les recordó que estaban en plena carretera. Muertos de la risa siguieron su camino.
-¿Ves lo que ocacionas, pecosa atrevida?
-¿Yo? Sólo pagaba mi parte del trato.
Le contestó con malicia y él estaba seguro que no le costaría nada comenzar amarla con locura, porque no sabía que hacía tiempo que lo había hecho. Siguieron su camino y en medio de canciones que ella cantaba para deleite de él que la miraba divertido, maldecir mil veces las direcciones desacertadas del GPS y tantos virajes, al fin llegaron a la dichosa casa de campo. Richard estaba afuera y le indicó que podía estacionar la jeep en uno de los garajes. Así lo hizo y un poco tenso se bajó para saludar a su padre, muy al contrario, Candy estaba feliz y emocionada y Richard se alegró de verla, sobre todo porque vio que Terry la tenía de la mano.
-Buenas tardes, Richard.
-Hola, Richard.
Ambos saludaron, Terry con la misma tensión y Candy con su deslumbrante sonrisa mientras veía dos hermosos caballos que estaban muy apacibles en todo el terreno de la inmensa casa.
-Buenas tardes chicos. Se ven muy bien, tú, Candy, preciosa como siempre.
Ella agradeció y se puso acariciar las crines de la pareja de caballos que admiró por lo bien cuidados que estaban.
-La blanca es Julieta y este semental negro es Romeo.
Los presentó Richard y Candy se sorprendió y se maravilló porque ambos estaban entrenados para dar la pata a los visitantes cuando se les presentaba. A Terry le gustó verla contenta y la tensión le bajó.
-¿Puedo montar uno?
-Claro, Candy, pero eso será después, ahora vamos a dentro. Hay dos mujeres que ansían conocerlos.
Candy no perdió el entusiasmo y Terry respiró profundo, ella le apretó la mano, pues él no se la había soltado en ningún momento, quiso que sintiera su apoyo y su calor. Guiados por Richard entraron a la hermosa y acogedora casa. Era espaciosa, pero no ostentosa. En madera sólida y todos los muebles también eran en madera, la cocina, algo rústica, pero elegante. Al frente de la casa había un set de muebles de mimbre para cuando se necesitara tomar el fresco. A Candy le encantó la casa y el frio que se sentía estar cerca de las montañas y ríos. Un delicioso olor a comida se le metió en los sentidos.
-Él... ¿él es Terruce?
Preguntó una amable señora de unos setenta y cinco años, su sonrisa era amable y auténtica y le dirigió a Candy su más dulce mirada. Supo que era su abuela.
-Así es, mamá. Terry, ella es mi madre, Stella.
-Mucho gusto, señora.
Terry le sonrió sinceramente, pero no se acercó más de lo necesario, seguía tenso a pesar que la viejita le pareció un encanto.
-Ningún "señora". Soy tu abuela. ¿Es que nadie piensa presentarme a tu novia?
Terry de pronto cayó en tiempo y Candy se puso roja hasta la raíz del cabello, pues no se había puesto a pensar en que estatus estaba con Terry.
-Disculpe. Ella es Candy. Mi novia.
Candy se sorprendió, pero sintió una inmensa alegría de que él la sacara de sus dudas y Richard fue el sorprendido aunque ya se lo veía venir.
-Ya sé que es tu novia, pues no le has devuelto su mano ni un segundo a la pobre chica. Deja que corra la circulación.
Richard rió ante el comentario de su madre. Era verdad, aunque Terry no le tenía la mano tomada porque fuera posesivo, se sabía que lo era, pero en ese caso era porque necesitaba el apoyo de ella por tantos sentimientos encontrados. Pensó toparse con gente frívola y superficial, fue una sorpresa encontrarse con la viejita más especial del mundo.
-Richard... ¿Ya llegó tu hijo...?
Una mujer bella, de unos cincuenta años, pero muy bien conservada caminaba hacia ellos guiada por un bastón.
-Sí, Louise, Terruce y su novia están aquí.
Richard ayudó a su esposa con una ternura inmensa y a pesar de las circunstancias, se veía que había un amor profundo en ellos, o al menos, lo que se denominaría cariño.
-Terry, Candy. Mi esposa, Louise.
-Mucho gusto, Terry y Candy.
La señora le extendió la mano, pero no en dirección hacia ellos, tampoco su mirada estaba dirigida hacia ellos. Entonces Candy y Terry se miraron uno al otro. Era ciega. Ambos se conmovieron y a Candy por poco se le salen las lágrimas.
-El gusto es todo nuestro, señora.
Habló Terry en nombre de los dos porque sabía que Candy no sería capaz de hablar sin que se notara el nudo en su garganta.
-Ah no, nada de señora, Louise suena mejor.
Candy le dio la mano porque la señora no había dejado de extenderla y al sentir el contacto de ella, Louise sonrió.
-Eres linda, Candy. Tienes manos de una chica linda. ¿Cuántos años tienes?
El halago y la pregunta tomaron a Candy desprevenida, a todos.
-Diesciocho, seño... Louise.
Contestó al final sonriendo y Louise no puso ninguna expresión de sorpresa o prejuicio por la diferencia de edad entre ellos.
-Diesciocho dulces años, tiempos que no vuelven, atesóralos. Eres tan linda y dulce como tu nombre. Terruce... ¿me das tu mano?
Terry dudó ante la extraña petición mientras Richard y Stella los miraban sin decir una palabra. Al ver que Candy le hizo un gesto para que hiciera lo que Louise le había pedido, le dio su mano a la señora.
-Manos grandes y cálidas como las de tu padre. Eres muy generoso y apasionado. Tienes mucha voluntad. Todo un hombre, haces muy bien en elegir una chica tan adecuada para tí.
Terry se quedó perplejo, bueno, todos en realidad.
-Saben, cuando se pierde uno de los sentidos, tan importantes como la vista, todos los demás se agudizan. Que Dios bendiga su unión.
Y ya con ese último argumento, las lágrimas de Candy rodaron por su rostro inevitablemente. Terry era más fuerte, por eso pudo contenerse, imaginó que la esposa de su padre sería una mujer sofisticada y altanera. No espera encontrarse con alguien tan especial y peculiar.
-Bueno, bueno, ya, se acabó la cháchara. A comer. Terruce está hambriento. Desde aquí puedo escuchar sus tripas.
La ocurrencia de doña Stella les sacó la risa a todos, liberando así toda tensión. Pasaron al comerdor y se sentaron, la misma Stella dispuso todo en la mesa y cada quien se serviría individualmente. Había hecho un delicioso y apetitoso sancocho. Un arroz blanco que se veía hermoso y sueltecito, había un plato con tostones frescos y al sancocho no le faltaban las carnes ni las viandas, sobre todo, los pedazos de mazorca.
-Todo se ve tan rico, ¿verdad, Terry?
-Sí, delicioso, pecosa glotona.
-¡Terry!
Le dijo Candy por lo bajo y abochornada por lo que pudieran pensar esas personas de ella. Él le dio su famosa sonrisa torcida que la derritió y siguió pendiente a su comida. Se enternecieron al ver cómo Richard le servía y le disponía los utencilios a su esposa. Definitivamente Terry se había hecho una imagen totalmente equivocada de su padre.
-Terruce, ¿a qué te dedicas?
Indagó su abuela y le retuvo la mirada esperando la respuesta. Esas preguntas siempre ponían incómodo a Terry, pero... si estaban en familia...
-Ahora Richard me puso al frente del centro comercial. Según él, no me va mal, hasta ahora.
-Así es, tiene mucho talento, no me ha defraudado.
Richard salió en su defensa antes que su madre se le ocurriera seguir indagando, aunque él le advirtió no hacerle preguntas sobre su pasado, aún así había que tener cuidado con Stella y su lengua ligera.
-¿Y tú, Candy?
Esta vez fue Louise la que preguntó. Se había prendido de ella, tal vez porque le recordara a ella misma en su juventud.
-Gracias a Terry, estoy estudiando enfermería, me va muy bien.
-Se ve que Terry te conoce muy bien. Me alegro que estén tan compenetrados.
La comida fue un momento muy ameno donde todos pudieron conocerse mejor y salir de toda tensión. Cuando terminaron, se fueron al frente de la casa y se sentaron a descansar en las butacas de mimbre que habían ahí y donde Candy podía seguir viendo a los caballos. Vio que un joven estaba ocupándose de ellos y hasta les hablaba, como si su vida entera fueran esos dos cuadrúpedos, nuevamente vio a ambos caballos darle la pata al muchacho.
-¿Quién era que quería montar a acaballo? He preparado a Julieta, es mansa y segura.
El muchacho se acercó y se presentó como Tom. Tenía unos veinte años era muy guapo y robusto, por la vida del campo.
-Candy, él es Tom, se encarga de los caballos. Él te ayudará y te guiará para que des un paseo.
-Mucho gusto, Tom.
Candy le dio la mano y le sonrió. Terry comenzó a tensarse por la forma en que Tom la miraba, no era que le faltara el respeto, pero sí se veía que ella lo había deslumbrado y eso a Terry no le gustó nada, pero disimuló.
-Mucho gusto. ¿Sabes montar?
-Pues... yo...no mucho, creo que ya lo olvidé.
Admitió Candy cabizbaja, pues cuando era más pequeña recordó que su padre le había enseñado, en ese tiempo que eran una familia feliz y ella era la luz de sus ojos.
-Pues si no sabes montar, no vas a subirte a ese caballo.
A Terry se le olvidó todo el asunto de disimular y sacó su lado sobreprotector y dominante. Se le había olvidado quién era Candy. Richard estaba pensando cómo intervenir. Stella y Louise se unieron en el pensamiento de que Terry no podría parecerse más a su padre. Celosos, posesivos y dominantes por naturaleza.
-Pero Terry... sí sé montar, lo que pasa es que no me acuerdo de todo porque hace tiempo que...
-No se preocupen, Julieta es muy mansa y dócil, ideal para principiantes, yo mismo lo adiestré. Yo puedo acompañarla con Romeo en caso de que pase algo...
Tom trató de salir en su defensa y Candy seguía insistiendo y ya estaba rayando en el coraje porque siempre Terry quería decirle lo que tenía que hacer.
-No va a montarse en el dichoso caballo. Puede caerse.
La voz de Terry no fue nada amable y Tom se intimidó y decidió no intervenir más.
-Terry, ya basta. Julieta es una yegua segura. No va a pasarle nada y Tom es de mi entera confianza. Complácela. No seas así. Si desean, sólo denle una vuelta al rededor de la casa en lo que se acostumbra a montar nuevamente.
La intervención de Richard fue muy acertada, ya que de esa manera no perdería de vista a Candy y al mismo tiempo le cumplía el antojo de montar el caballo. Así se hizo y Candy dio varias vueltas, mientras Terry la observaba de reojo y sonreía. Después que Candy se cansó de montar caballo, regresó al lado de Terry con los demás para degustar un café recién colado que hicieron las bendecidas manos de Stella. Decidieron permanecer juntos un rato más, conversando de todo un poco, se sintieron totalmente bienvenidos, Terry y Candy comenzaron amar ese lugar.
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Ya era de tarde y ella observaba a su marido dormir, con el semblante tenso, que ni durmiendo se suavizaba. Había llegado entrada la madrugada y borracho. Eso la sorprendió, él no bebía, nunca fue dado a las copas. No quiso reclamarle nada, porque no tenía caso en el estado en que había llegado. Le dolía pensar que ese fuera el hombre que insistió con ella hasta conquistarla, que un día llenó su mundo de luz y felicidad, mismo que la tenía hoy en esa angustia. Y al que amaba, porque en el corazón no se manda. Por eso seguía ahí, por si aún había una esperanza y Stear aún la amara.
Dime
qué es lo que está pasando
si en algo te he fallado
si fue la primavera
lo que se me ha escapado
A caso en estos brazos
no te has acomodado
no encuentro la razón
del por qué me has suplantado
o es que sepultaste nuestro amor
Ella lo contempló y decidió acomodarse a su lado, acarició sus cabellos como lo había hecho tantas veces, cuando había ternura entre ellos y esa simple caricia lo hacía feliz. Recordó cómo se conocieron, lo atento que él fue. Todos los meses habían flores, siempre un detalle. Sus celos si otro se acercaba. La ilusión cuando compraron la casa, el primer hijo... Momentos preciosos que ella nunca olvidaría, porque hace dos años atrás, entre ellos todo era perfecto, pasión, complicidad... todo lo que una pareja debería tener.
Dime
si soy la responsable
del tiempo transcurrido
no tengo el pecho erguido
ya no estoy tan deseable
Tal vez no he procurado
hacer cosas extrañas
tenderte algunas mañas
pero ni un momento
he dejado de adorarte
Besó sus ojos dormidos, porque sintió la necesidad. Al menos así él no la rechazaría. Fue más osada y unió sus labios con los de él mientras acariciaba su espalda. Él se removió y su semblante se relajó aún dormido. Tal vez un dejá vu de lo que significaron sus caricias alguna vez.
Dime qué es lo que está pasando
si en algo te he fallado
o si es que te olvidaste
que yo fui aquella flor
que en muchas primaveras
tanta vida te dio...
-Lizzy...
Stear abrió los ojos de pronto, sorprendido por toparse con la triste y melancólica mirada de su esposa. Se sentó en la cama de golpe y después de tanto tiempo se fijó en ella. En que estaba guapa y que incluso, a pesar de la profunda decepción, aparentaba menos edad de la que tenía. Perfectamente arreglada y maquillada, como una muñeca, siempre regia. En qué momento fue que había olvidado que la amaba. No encontró la respuesta. Sólo en ese momento reconoció que nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde. Que tan pronto su esposa supiera hasta dónde él había llegado, jamás volvería a mirarlo con la ternura que lo hacía ahora. Pero afrontaría todo, era un hombre, aunque sintiera que en esos momentos la palabra le quedaba grande.
-Lizzy... yo... quiero hablar contigo.
Se atrevió por fin, pero ella no se inmutó, porque ya se imaginaba que era el fin aunque no sospechaba las verdaderas razones. Se sentó a su lado y siguió acariciando el cabello de su no por mucho marido, él se permitió la carica conciente de que sería la última.
-Tú dirás. Estoy preparada.
Él respiró profundo y continuó.
-Soy conciente de que no te merezco. Yo mandé este matrimonio al infierno junto con toda tu felicidad. No merezco ni siquiera que me mires a los ojos, no merezco nada de ti. Sólo quería decirte... que te lo dejo todo a ti. La casa, el carro, la custodia, porque yo no soy digno de nada de lo que juntos construímos. Te fallé, Lizzy. Mancillé todos nuestros juramentos.
-Stear... tal vez aún haya algo... yo sé que has sido un verdadero patán, pero podemos arreglarlo si tú estás dispuesto. Yo... si tú aún me amas y te interesa salvar nuestro matrimonio estoy dispuesta a que empezemos de cero.
Una punzada de remordimiento se apoderó de él. Cómo se permitió perder una mujer así. Con gusto se entregaría al mismo diablo y el infierno no sería suficiente castigo.
-Tienes razón en eso Lizzy, me gustaría salvar nuestro matrimonio, te amo, aunque yo mismo lo haya olvidado, pero ya no hay nada que se pueda hacer. Lizzy, lo mejor será que me vaya. No va a faltarles nada, te lo prometo. Pero yo no soy digno de ti. Iré al grano, para que veas que no exagero.
Agarró sus manos y lloró, lloró como ella. Pero continuó.
-La chica con la que te he estado engañando durante dos años...
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Stella había dispuesto todo para que Candy y Terry durmieran en la misma habitación, si vivían juntos y además eran novios, qué caso tenía ponerlos en diferentes habitaciones, además porque ellos no sabían que no tenían intimidad, hasta ahora.
-Hoy también voy a dormir contigo, Terry.
-Así es y no vayas aprovecharte de mí porque le diré a mi abuela y a mi papá.
Se burló de ella cuando bien sabía que él se moría por aprovecharse de ella. Y más cuando insistía en ponerse esas pijamitas que lo único que le provocaban era tumbarla en la cama para hacerle todo lo que hacía tiempo venía soñando.
-Terry, me siento cómoda aquí. Me gustó esta casa y tu familia...
Se acercó a donde él estaba sentado y él aprovechó para acomodarla en su regazo. El sólo saber que él sólo tenía unos bóxer hizo que le temblara todo.
-Sí, no esperé que fueran así... Pero no quiero hablar de ellos, quiero terminar lo que dejamos pendiente en casa...
Se acercó a su boca y entre besos le soltó la coleta que se había hecho. Se desprendió de su boca un momento para mirarla a los ojos y ver en ellos aprobación. Entonces le tomó las piernas para que así mismo sentada en su regazo sus piernas lo abrazaran y entonces ella pudo sentir lo que quería de una mejor manera.
Te has vuelto una razón para decir
que daría mi vida a cambio de tu amor
fue un beso infinito, un segundo contigo
estoy perdiendo en ti mi corazón
Te has vuelto una razón para sentir
que callas el vacío en mi interior
hoy tengo mis manos en el alma
rogando que sientas lo que estoy sintiendo yo
Continuó besándola mientras la apretaba más contra su cuerpo como si quisiera fundirla en su ser. Sus manos viajaban por su piel y ella le daba pleno acceso a todas sus caricias. Dejó que él la besara y tocara a su antojo, su entrega total a él le fascinaba. La inocencia con que le daba todo sin segundas intenciones. Comenzó acariciar sus muslos y piernas para luego rozar con sus dedos su intimidad a travez de la tela de su hotpant. Eso le arrancó un gemido que lo encendió. Le alzó la camisilla porque quería disfrutar de esos pechos cuyos pezones florecían orgullosos y ofrecidos. Ella misma alzó los brazos para darle ese acceso. Los masajeó con una ternura y delicadeza increíbles con sus manos y luego con su boca.
-Terry... te amo.
Le confesó nuevamente porque era verdad, porque lo sentía y porque la pasión de ese momento la llevó a decírselo. Él conocía bien la respuesta que debía darle, pero por más que trataba, no salía de su boca. Sus labios se negaban a confesar lo que su corazón ya sabía. Ahogó la frustración en los labios que se le ofrecían. Se propuso que no tardaría en decírselo, quería que ella supiera que lo era todo para él.
-Para mí tú eres lo más grande que yo tengo, Candy. Te quiero, te quiero tanto... no puedo vivir si ti, pecosa, ya no.
-Entonces... déjame entrar y mostrarte cómo se ama, Terry. Quiero que me hagas el amor... no importa si aún no me amas como yo quiero... déjame estar entre tus dedos, déjame ser tuya... Sé que pronto podrás amarme... lo sé...
Escúchame, que el amor es como es
llega en silencio y descalzo
entiéndeme, yo no descansaré
hasta tenerte a mi lado
Para enamorarte de mí
yo seré quien tome la luna en sus manos
y te la entregaré
Para enamorarte de mí
yo seré tu cómplice en cualquier locura
y te acompañaré
Seré tu soldado
en tu cuerpo un esclavo
guardián del sabor de tu piel
por siempre, he jurado, mi amor
que así te amaré
Terry se moría por decirle que él ya la amaba. No sabía qué era lo que se lo impedía. La recostó en la cama y le haría todo lo que ella le pedía y porque él mismo ya no resistía.
-Voy amarte, Candy. Como te lo mereces. Te quiero todita mía, completamente. Voy a ganarme todo lo que me estás dando. Voy hacerte mía porque tú me lo pides y yo... te necesito tanto. Admito que te necesito en mi vida.
-Yo también te necesito, Terry. Necesito todos tus besos, tus abrazos, tu cuerpo. Quiero pertenecer a alguien... quiero ser tuya, no voy arrepentirme, te lo prometo...
-Mía serás.
Acostada en la cama, le quitó el hotpant para que estuviera totalmente desnuda y admiró su cuerpo virginal y perfecto. Se preguntó si él merecía arrebatar toda esa inocencia que se le ofrecía con tanto desinterés. Besó sus pies y fue besando y lamiendo sus piernas y muslos hasta que llegó a lo más íntimo. Lo besó también y se maravilló al verla arquearse y no poder manejar la situación.
Te has vuelto una razón para pensar
que el cielo me ha devuelto algún favor
tus ojos me llenan
el tiempo se frena
buscando enamorarte como yo
Escúchame, que el amor es como es
llega en silencio y descalzo
entiéndeme, yo no descansaré
hasta tenerte a mi lado
Con su lengua recorrió el círculo que era su ombligo mientra sus manos eran carceleras de sus pechos y sus pezones mostraron cuánto disfrutaban las caricias.
-Es lo más rico que me han hecho, Terry... Sígueme tocando, por favor.
A ella le urgían sus caricias, se sentía abandonada sin su contacto. Él regresó a sus labios y con sus dedos volvió a encender su interior en lo bajo... el rincón que se estaba preparando para él.
-Me estás volviendo loco, Candy. Quiero hacerte mía ya.
-Hazlo... es lo que más deseo, por favor...
-Todavía no... no estás lista... no quiero lastimarte.
Terry volvió allá abajo, pero con sus dedos y lengua y en esa ocación ella suplicaría por más.
Para enamorarte de mí
yo seré quien tome la luna en sus manos
y te la entregaré
Para enamorarte de mí
yo seré tu cómplice en cualquier locura
y te acompañaré
Seré tu soldado
en tu cuerpo un esclavo
guardián del sabor de tu piel
por siempre, he jurado, mi amor
que así te amaré
-Mm... Terry, mi amor... por favor... ya. Ahora sí estoy segura.
Él la tenía tan extasiada que imploraba porque terminara ya con su tortura. Quería sentirlo, su instinto lo llamaba a su interior. Terry al fin se deshizo de su bóxer y dejó que ella lo viera como él la estaba viendo. Fue conciente de cada gesto y expresión suya cuando vio lo que el bóxer no le hacía justicia y lo deseo más que nunca. Después de recorrerla nuevamente con sus labios, se puso sobre ella. Volvió a buscar su boca...
Continuará...
Hola niñas lindas! Espero de corazón que les haya gustado este capítulo. Sé que tendrán muchas preguntas, se irán aclarando según el desarrollo de la historia.
Contestando el review de una amiga, pues sé que muchas no se esperaban ver al dulce Stear con este papel, pero, si ven en mi perfil, la única historia que tengo basada en el animé es la primera, advertí que todas las demás serían en ambiente moderno, con situaciones reales, claro que tiene algo de fantasía, pero en fin, sólo uso a los protagonisas y personajes secundarios por sus nombres y físicos, puede que en una historia x personaje sea un encanto y en otra ese mismo personaje sea un desgraciado, porque como dije, no las estoy basando en el animé ni el manga, a los únicos que les conservo gran parte de su escencia esa a Terry y a Candy, pero aún así hago que cada historia sea diferente y no más del montón, no uso a Albert como antagónico, porque sé que tiene casi tantas fans como Terry y es un personaje que adoro y sería muy riezgoso ponerlo de malo. En cuanto a los demás, juego con ellos en cada historia, puede que sean malos o buenos o ni malos ni buenos, todo depende. Amo a Stear en la serie original, pero aquí le tocó un papel diferente.
En fin, cuento y agradezco su infinito apoyo.
*El poema que Terry le dedica a Candy no es mío. Recuerdo que una amiga me lo leyó por teléfono cuando yo tenía 12 años y tengo 25 ahora y a pesar de que no lo tengo escrito, por alguna razón se me quedó en la memoria. Tampoco lo escribió ella, no sé si sea de un poeta famoso o de alguna chica inspirada, honestamente lo ignoro, pero siempre me gustó. Tampoco puedo preguntarle a mi amiga porque perdí todo contacto con ella desde hace más de 10 años, sorry.
Canción de Candy y Terry: "Acurrúcame la vida" A.5
Canción de Neil y Susana: "La de siempre" Marcos Llunas
Canción de Stear y Eliza: "Dime" Aranza
Canción de Candy y Terry: "Para enamorarte de mí" David Bisbal
