Tu mayor tentación
Por: Wendy Grandchester
Capítulo 6 Lecciones de amor
Terry se sentía el hombre más afortunado de poder ser el dueño de la primera entrega de amor de alguien tan puro y especial, sentía que no merecía ese privilegio. Pero lo tomaría, ella era su pedazo de cielo y no estaba dispuesto a cedérselo a nadie. La sintió nerviosa, pero dispuesta, entregada y eso le daba seguridad. Ya estando sobre ella y sin dejar de besarla comenzó a rozarla lentamente con su erección sobre su intimidad, pudo sentir su humedad, estaba más que lista, pero decidió tomarse algo más de tiempo y fue repartiendo besitos por su cuello y oreja y luego volvió a sus labios y al verla con las manos hacia arriba y tan abandonada a las sensaciones de todo lo que él le hacía, entrelazó sus manos con las de ella y le dedicó tiempo a sus pechos. Acariciándolos y chupándolos delicada y torturantemente, siendo testigo de cómo se arqueaba y gemía bajo él.
-Hoy sí, mi amor, hoy si vas a ser mía para siempre. Voy a demostrarte todo lo que siento. Voy hacer que no te arrepientas de haberme elegido.
Le dijo en susurros ahogados mientras la besaba y ella inconcientemente separaba sus piernas para cuando él quisiera quitarle fina línea entre la niña y la mujer en que él la convertiría.
-Nunca voy arrepentirme, Terry. Te amo demasiado, mi amor. Siempre voy amarte.
La seguridad de ella y al decirle todo lo que lo amaba, lo hicieron sentirse invencible y más decidido a que ella sería para él, era un tesoro que no compartiría con nadie. La envolvió con su boca y sus manos ya entrelazadas se aferraron más fuerte y él comenzó abrirse camino entre el paraíso de sus piernas. Suavemente y con una delicadeza que conmovía.
-Mi amor... ¿sabes que va a dolerte un poquito?
Se aseguró de que ella supiera que sufriría un poco antes de poder disfrutar del mágico acto.
-Sí... pero yo confío en tí... tú no vas a lastimarme.
Él la adoró más, se había lanzado con él a ojos cerrados. ¿Cómo no amarla? Haría lo posible porque ella lo supiera, se lo debía.
-Te prometo que seré lo más delicado posible, mi amor. No voy hacerte daño.
Ella asintió en un murmullo a penas audible mientras esperaba que los labios de Terry volvieran a buscar los suyos. Mientras él la besaba, ella no pensaba en nada más y se relajaba para que él pudiera continuar. Él acudió a su pedido en seguida y volvió a refugiar su boca en la suya e intentó nuevamente colarse en su interior, estaba totalmente sellada y eso le preocupó, pues era imposible no lastimarla. Lo más suave que pudo, presionó un poco para entrar y logró hacerlo un poco y volvió a detenerse porque ella le mordió los labios y luego soltó un suave quejido por el dolor, pero sólo pensar que estaba entregándose a él, que sería su mujer, eso la excitaba y a pesar de estar tan sellada, lubricaba bien.
-Terry... puedes continuar. Yo... yo aguanto, mi amor, por favor.
-Está bien, mi amor, pero si te lastimo mucho, por favor dime, me lo dices y me detengo... te deseo mucho, pero...
-Quiero hacerlo, Terry. Quiero ser tuya...no quiero que te detengas... quiero entregarte todo...
Las dudas de Terry se disiparon por completo y besándola impulsiva y apasionadamente, le sostuvo las manos con más firmeza y super excitado por ella y su disposición y lo experta que se había vuelta al besarlo, entró un poco más en ella y pudo sentir su elasticidad, un ángel totalmente nuevo, hecho únicamente para ser iniciado en el amor por él, ella volvió a morderle los labios por otra punzadita de dolor, pero levantó un poco sus piernas y con ellas presionó su espalda para que él entendiera que podía seguir y para que entrara un poco más y él así lo hizo, logrando acceso hasta la mitad haciendo que un grito leve se escapara de su boca, pero lo incitó a continuar.
-Pronto, mi amor, pronto no dolerá...y serás todita mía.
Le dijo deteniéndose un momento y besando su rostro y labios con toda la ternura y devoción del mundo.
-Lo sé... y quiero que termines, mi cielo, yo puedo aguantar hasta el final... te amo y no me arrepiento de nada...
Ya no había más que pudiera necesitar, tener la niña más dulce y hermosa diciendo que lo ama y entregándosele con esa pasión y devoción, removió todo su interior, entonces lo supo, lo confirmó y ya no dudó. Excitado con los movimientos de ella bajo él y sus dulces y musicales gemidos, entró en ella completamente y se sintió divino emocional y físicamente para él. Sus labios sufrieron otra mordida para luego ser curados por un ardiente beso por parte de ella, ella tenía una mezcla agridulce, entre dolor y placer, pero ganaba lo segundo porque ella sentía todo el amor de él y sus embestidas eran delicadas y precisas, los besos de él la calmaban y sus instintos le permitían moverse en el mismo suave ritmo de él, encendiéndolo más, enamorándolo más, amándola más, porque estaba seguro, la amaba, aunque no lo dijera con su boca.
-Eres perfecta, mi amor. Lo mejor de mi vida... y lo mejor, todita mía... eres perfecta para mí.
Estaba tan encendido que aumentó el ritmo de sus embestidas, pero sin perder la delicadeza y ella encendida también por las palabras que él susurraba le siguió el movimiento. Se dejó llevar y sus cuerpos danzaban en la misma melodía. Ya el dolor estaba cediendo e iba siendo reemplazado por el placer y sensaciones maravillosas que no supo describir, pero la hacían desfallecer y gemir. Terry también estaba enajenado y gemía roncamente por el placer increíble que su inexperta niña estaba proporcionándole con sus sutiles caricias, su lluvia de gemidos y la sensación infinita de su estrechés.
-Terry... ya se siente bien...ahhh... mmm... no me duele... ahhh...
Sus palabras y sonidos de excitación se escaparon de su boca sin ningún pudor. Terry enloqueció completamente. Ella no tenía la más mínima idea de lo que esas palabras podían hacer a la mente de un hombre. La fuerza y rapidez de sus embestidas incrementaron, cegándolos por completo de pura pasión y sólo se escuchaban la melodía de los insectos nocturnos entremezclados con sus gemidos y gritos de placer. Ambos estaban en un mundo idílico. Sus caderas en un vaivén tan sensual y arrebatador, no existía nada más en su alrededor que no fuera la fusión de sus dos cuerpos, compenetrados, dos almas siendo una sola. Todo era tan divino que Candy ya no pudo suprimirlo más y en un fuerte gemido dejó escapar el orgasmo celestial que Terry le había proporcionado, gemido que fue música y un detonante para todos sus sentidos que lo hizo llegar casi a la par con ella en el mejor climax de su vida.
-Te amo, Candy... Te amo.
Finalmente lo soltó, mientras se derramaba en su interior se lo confesó. Se lo dijo sin pensárselo más, admitió que la amaba, que estaba loco por ella y que sería suya para siempre. Estando encima de ella aún y sin abandonar el lugar que lo recibía dentro de ella, le enjugó las lágrimas de felicidad que ella había derramado sin poderlo evitar. Ahí estaba su sueño hecho realidad, hecha toda una mujer por el hombre que amaba.
-Te amo, Terry.
Le devolvió abrazándolo y cobijándolo en su cuerpo. Él se acomodó sobre ella y la miraba fijo mientras ella repartía dulces besos por su cara y su pelo. No se arrepentía del paso que había dado, ninguno de los dos. Candy le sugirió que durmiera un poco, que ella lo cuidaba y él con sus fuerzas agotadas accedió.
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Eliza se había quedado sin habla ante la confesión, sin embargo, no gritó, no lo insultó, no se alteró... porque la herida fue tan honda que no le salía la voz. Sin embargo... no soltó las manos de Stear que se aferraban fuerte a las suyas. Porque no lo odiaba aunque la traición fue violenta, no podía odiar a quien tanto amó, a quien en su momento también la amó y la llevó al cielo con sus besos y su cuerpo. Ambos derramaban lágrimas por lo que se había roto, por lo que él había roto. Ella soltó una de sus manos para posar la de ella en la mejilla masculina. A pesar de su desilusión, le conmovía su marido, porque en su rostro atribulado se veía su sufrimiento, se veía el remordimiento, la culpa y la derrota. No pudo odiarlo, no cuando en su mirada había tanto arrepentimiento.
-Stear... ¿qué es lo que has hecho? Te lo di todo... no hubo nada que te haya negado. Construímos sueños juntos, nos levantamos... procreamos... éramos tan felices... ¿qué fue lo que hice mal?
-Nada, Lizzy, nada hiciste mal. Sólo amarme cuando menos me lo merecía, entregarte toda mientras yo pisoteaba todas nuestras promesas. Amarme incondicionalmente fue tu error, haberme conocido.
Que triste cuando se desploma todo
que injusta se nos vuelve ya la vida
que duro cuando no es lo que creía
cuando me diste una cara y era otra la que había
trilladas nos suenan las palabras
es que a todos nos tocan algún día
de amar, nadie se libra aunque así quiera
tampoco de romperse el corazón
No sabía si era por la forma en que Stear asumía sus errores y responsabilidad, tal vez por eso Eliza no había sido capaz de abofetearlo hasta que se le cayeran las manos, de mandarlo al diablo y decirle cuánto lo odiaba, pero lo que sentía era una lástima profunda que se hacía más fuerte que el inmenso amor que aún sentía por él.
-Amarte no fue un error, Stear. Porque yo te comenzé amar por quien tú eras. El que me llevó flores cada tarde durante semanas hasta que yo decidiera salir con él. Quien me dio los besos más dulces y las caricias más candentes cuando nadie miraba. El que me dejaba notas y detalles, que me recordaba que era bella y con sus manos me hacía sentir amada y deseada. No pudo ese ser un error. El error fue cuando dejaste de sentir todo eso, cuando cambiaste todo lo eterno por momentos. Si alguien me hubiera dicho que lo nuestro terminaría así... yo me hubiera reído. Sí, porque jamás lo hubiera creído.
Como camino yo
no sé si alguien hoy pueda igualarme
como he llorado yo
no sé si en este día exista alguien
alguien sin vida, alguien
hecho pedazos, alguien
alguien que amó
Aún con lágrimas, Stear fue invadido por todos los flashbacks de las escenas que mencionaba Eliza, cuando eran felices y nada los perturbaba. Cuando ella era todo su mundo, la forma en que cada noche se entregaba. La boda, la noticia de la llegada de su hijo... Los planes y lugares visitados en los primeros aniversarios. Los abrazos que ella le dio cuando las cosas no iban como se planeaban, su eterna comprensión. Una basura como él no merecía un tesoro como ella, pensó y brotaron gruesas lágrimas que acompañaban a todas las demás, lágrimas de corazón, de dolor profundo, la culpa lo apuñalaba sin compación.
-Por eso, Lizzy, tengo que salir de tu vida. Ahora comprendo que te amé, te amo, lo suficiente para dejarte ir sin volverme una molestia en tu camino. Mereces ser felíz, no hay mujer que se merezca tener a alguien como yo a su lado. Yo mismo me pregunto cómo fue que me soportaste. Yo no me quedaría contigo ni aunque tú me lo pidieras, yo no valgo ese sacrificio, no valgo ni una sola de las lágrimas que tú has derramado por mí.
Porque ella no soltaba sus manos y porque nunca dejó de mirarlo con ese amor irremediable, él la besó en los labios y ella correspondió y ambos se preguntaron cuándo había sido la última vez que lo habían hecho, la última vez era esa. El beso fue dulce y amargo al mismo tiempo. Un beso con sabor a soledad y adiós, con un toque de perdón y con un ya nunca más que se quedó mudo en la boca de los dos.
Que vida la que vivo hoy que te marchas
a todos les hablaré de tu partida
yo no quiero ni salir hasta la esquina
seguro no me arreglo en once días
espero que te vaya bien en todo
es que aún con esta gran herida
yo no debo de guardarte un sentimiento
de esos que traen pena y agonía
-Ya no queda más tú y yo, Stear. Ya no sería justo ni correcto. Y no es porque no te perdone, porque te perdoné hace mucho, por eso estuve dispuesta a empezar de cero. Pero ahora hay un bebé de por medio y yo... aunque quisiera no sabría vivir con eso ni sería capaz de enfrentar las habladurías de las que seremos víctimas y que arrastrarán consigo a Gregory y a tu otro hijo en algún momento. Es más fácil decirle al niño que tuviste ese bebé porque rehiciste tu vida luego de mí y no que esa fue la causa por la que nos separamos. Si algún día él pregunta, le diré que ya no estábamos juntos cuando eso sucedió, no voy a dañar la imagen que él tiene de tí, no siendo un niño. Si cuando sea mayor decide atar cabos e indagar en el asunto, se le dirá la verdad, cuando cuente con la madurez necesaria de comprenderte sin juzgar. Ahora, aunque no sé si sea la mejor forma, tengo que proteger su parte emocional, ya bastante tendrá con la separación.
Stear escuchaba atento y asentía en silencio, dándole la razón en todo. Ella era una gran mujer y una excelente madre, él no tenía la menor duda. Sólo esperaba que ella pudiera ser feliz y su hijo pudiera reponerse rápido a la separación. Que su otro hijo llegara bien y que él pudiera involucrarse en su vida como con el primero y sobre todo, que Patty fuera tan buena madre como Eliza, aunque sentía en su corazón que sí.
Como camino yo
no sé si alguien hoy pueda igualarme
como he llorado yo
no sé si en este día exista alguien
alguien sin vida, alguien
hecho pedazos, alguien
alguien que amó
-Voy a recoger mis cosas, lo neceario. Lizzy... todo es tuyo... Si deseas, contacta un abogado para que podamos iniciar nuestro divorcio... yo correré con todos los gastos y además voy a apoyarte en todo hasta que puedas hacerte cargo. Voy a disponer una cuenta adicional para el sustento de Gregory... Estaré siempre disponible en mi celular y en el apartamento... el que tenía cuando... ya sabes... Vendré todos los días a ver a Gregory, si no te molesta...
-Claro que no... yo jamás voy a impedirte ver a tu hijo. Bueno... puedes llevártelo cuando quieras. No es necesario llegar al tribunal para ponernos de acuerdo en eso. Espero que siempre tengamos una buena comunicación...
Con el alma partida en mil pedazos, Eliza lo vio empacar sus cosas, lo vio cuando varias veces se topaba con alguna fotografía o algún recuerdo y de pronto soltaba lo que estuviera haciendo y se sentaba cabizbajo. Cuando ya todo estuvo listo la miró por última vez, besó su frente y se dirigió a la puerta, como un niño derrotado.
-Stear...
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Patty se encontraba viendo la serie Supernatural que la tenía bien enganchada, mientras esperaba a Archie, quien también era fan de la serie. Además, a ella le hacía bien la compañía de un buen amigo para tener con quién desahogarse y no deprimirse. Archie era perfecto para eso, alegre, gracioso y sencillo. Escuchó el toque en la puerta y fue atender apresurada.
-¡Hey! ¿Cómo está la mami más guapa?
-No seas adulador, Archie. Acaba y pasa y dame esa comida.
Archie venía con comida de Church's y sobre todo con el delicioso volcán, un biszcocho de chocolate cubierto de helado de vainilla y chocolate duro que a ella le encantaba y lo guardó en el congelador en lo que degustaba la comida primero. Fueron luego directo a la sala y antes de darle play a la serie, decidieron conversar un poco mientras comían.
-¿Cómo te has sentido?
-Maravillosamente. No me han dado náuseas... es como si todo hubiese vuelto a la normalidad.
-Me alegro mucho. Sé que serás una madre excelente... aunque, como amigo, me duele que esas hayan sido las circustancias con el padre del niño.
Él se lo dijo de corazón porque eran buenos amigos, no un metiche, pero a ella todavía le afectaba eso, ella tampoco deseó que fueran esas las circustancias, pero a lo hecho, pecho, pensó.
-Pues... tienes razón, pero arreglamos todo y fue mucho mejor de lo que pensé. Se hará responsable de todo y eso es lo único que me importa. No voy a decir que no siento nada por él, porque no es verdad, pero me siento más feliz conmigo misma desde que soy libre de él.
Se lo contestó con una sonrisa y él se conmovió porque en ella había un deje de tristeza. Se preguntó por qué ellos tenían que terminar siempre como los desdichados del cuento.
Puedo imaginar, pero no sé cómo se siente
que el mundo se detenga cuando acaricia mi piel
que las manos del reloj no giren cuando no está presente
dicen que es tan suave, dulce y fluye como miel
-Siempre somos los jodidos de la historia, Patty. No pego una con Candy...
-Bueno amigo... es que quieres aventurarte a conquistar un corazón que hace años que tiene dueño.
A pesar de la brutal sinceridad, ella se lo dijo con una mirada cálida de comprensión, pero no por eso le dolió menos a Archie. Había momentos en los que no sabía si rendirse con ella o continuar.
-Me pregunto quién será porque ese misterioso caballero nunca lo he visto ni he escuchado que ella lo mencione. Tal vez sea por su hermano... es bastante celoso y posesivo con ella.
-¿Hermano?
Ahora la sacada de onda era Patty, no entendía nada. Ella no recordaba que Archie hubiera conocido a Anthony, de hecho, ni ella misma lo conoció personalmente.
-Archie... el hermano de Candy murió hace...
El turno de Archie para quedarse perplejo y fuera de onda. ¿Cómo que muerto si hacía un día que habían compartido...?
-No te entiendo, Patty. Ayer estuve con ellos en su casa. Su hermano... no sé si fue que no le caí bien, pero encontré un poco exagerada su sobreprotección hacia Candy...
-A ver, a ver... Archie... Creo que estás un poco mal informado... El hermano de Candy, Anthony, murió hace poco... ella vive con su mejor amigo y amor platónico de siempre, Terry...
¿Cuánto tiempo tardará?
¿O no es para todos? ¿Por qué de mí se esconderá?
¿Dónde está?
quiero amar y sin pensar, entregarlo todo
quiero que mi corazón intercambie su lugar
con el de alguien especial
quiero despertar, te quiero encontrar, me quiero enamorar
Archie sintió que la habían dado un bofetón. De pronto entendió los celos desmedidos de su hermano, la frialdad con que siempre lo trató y su negativa rotunda por dejarla salir, aún siendo ella ya mayor de edad. Ahora entendía por qué tanta tensión en el ambiente y la forma en que acudió a ella cuando sufrió el ataque de pánico por la película. No estaba protegiendo a su hermanita, tenía celos, celos de hombre enamorado y recordó lo nerviosa que ella estaba, el celular destrozado y todo el rato que estuvo esperándola afuera y la forma en que Candy miró a Terry cuando abrazó a Annie durante la película.
-No puedo creerlo... ¿Por qué me cogieron de pendejo así?
-Archie... no creo que esas hayan sido las intenciones... verás... Candy y Terry...
-¿No fueron las intenciones? Entonces por qué diablos no hablar claro desde el principio...
Archie se alteró demasiado y Patty de pronto se arrepintió de haber abierto la boca, pero... ella jamás pensó que él creyera que ellos eran hermanos...
-Déjame explicarte, ¡por Dios! Candy, Anthony y Terry crecieron juntos, Terry era mejor amigo de su hermano y al morir éste, él se ha hecho cargo de ella. Candy siempre ha estado enamorada de él, pero.. él... la ve como una hermana, osea, es un amor imposible y no correspondido según ella.
Esas palabras de pronto le dieron, aunque escasamente, algo de esperanza. Si él no le correspondía, entonces... tarde o temprano ella se cansaría y si jugaba bien sus cartas, tal vez podría al fin conquistarla.
No quiero imaginar, quiero saber cómo se siente
que un beso me desnude el alma y me hormigueen los pies
sus brazos ser mi abrigo y en los fríos de Diciembre
y en los días de verano, juntos ver el sol nacer
Cuánto tiempo tardará?
¿O no es para todos? ¿Por qué de mí se esconderá?
¿Dónde está?
quiero amar y sin pensar, entregarlo todo
quiero que mi corazón intercambie su lugar
con el de alguien especial
quiero despertar, te quiero encontrar, me quiero enamorar
-Entonces... no mintió después de todo... pero los celos del supuesto hermano no me parecieron de alguien a quien ella le sea indiferente o que sólo sienta cariño fraternal...
-Sabes, Archie... no quiero romper tus ilusiones... pero... no creo que debas seguir albergando esperanzas con ella... el amor que siente por él... son de esos amores indestructibles... se ha mantenido intacto por mucho tiempo y además... como tú mismo has dicho, él no se comporta como un hermano con ella, de hecho, pienso que él también está enamorado de ella, sólo que piensa que no es digno de tenerla, debido a su pasado, en el cual no voy abundar porque no me corresponde. Puedo decirte, sin entrar en detalles... que han tenido sus avances y que ella se ha propuesto conquistarlo... así que como amiga... te aconsejo que no busques donde no hay. Ella te quiere y a mí me consta, pero no como tú quisieras y ella nunca te ha dado esperanzas de nada...
Los hermosos ojos color miel de Archie se aguaron, pero se mantuvo fuerte, los hombres no lloran, a ese trillado refrán se aferró. Patty pensó que tal vez se le pasaría pronto, era guapísimo con esos ojos y su pelo castaño y largo, alto y cuerpo bien formado y con muchísimas cualidades interiores que lo adornaban, encontraría pronto su otra mitad, como un día también esperaba hacerlo ella.
-Agradezco tu sinceridad, Patty. Supongo que es mejor así... no perderé mi tiempo entonces... pero... tanto me hubiera gustado que...
-Lo sé, amigo, sé lo que se siente.
Qiero que mi corazón intercambie su lugar
con el de alguien especial
quiero despertar, te quiero encontrar, me quiero enamorar
quiero despertar, te quiero encontrar, me quiero enamorar
quiero despertar, te quiero encontrar, me quiero enamorar
-Bueno... ya no hablemos más de eso porque ya estoy actuando como una chica despechada y yo soy muy macho.
Dijo Archie a broma y ella sonrió. Él era especial y único, no tardaría nada en conseguir a alguien... en el caso de ella era distinto, mejor no pensaba en eso.
-Patty... ¿cuánto tiempo es que tienes...?
-Ocho semanas más o menos...
-¿Más o menos? ¿El doctor no te dijo el tiempo exacto?
-Es que aún no he ido al doctor... yo me hice una prueba casera y por el tiempo que tengo de retrazo... pues eso fue lo que calculé...
Archie se quedó un poco sorprendido. Ella había tomado decisiones tan drásticas y ni siquiera había ido al doctor...
-Bueno... yo pienso que deberías de ir... ¿Y si es una falsa alarma? He escuchado de muchas pruebas caseras que salen positivas siendo negativas y viceversa...
-Archie... estoy estudiando enfermería, conosco los síntomas y conosco mi cuerpo, sexo sin protección, náuseas, una prueba positiva... no son otra cosa que un embarazo.
Archie no entendía por qué Patty había reaccionado de esa manera. Se sintió mal, no quiso dudar de ella, sólo dio un punto de vista, pero ella estaba molesta y él no veía la razón. Lo más lógico luego de sospechar de un embarazo y una prueba casera positiva es ir a doctor para ver que todo esté bien. Eso pensó, pero, decidió no meterse más en lo que no le importa. Cada loco con su tema, pensó.
-Lo siento, Patty... no quise ofender... ¡Patty!
-¿Qué pasa, Archie? ¿Qué miras?
Archie perdió el habla al ver una gran mancha roja que venía de los shorts de Patty. Algo no iba bien.
-¡Oh Dios mío!
Patty desesperada, se aseó lo más pronto que pudo y le pidió a Archie llevarla al hospital. Sin pensarlo mucho, él hizo lo solicitado y se dirigieron allí lo antes posible.
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Era muy temprano en la mañana cuando Terry despertó de pronto. Le costó varios segundos asimilar que se encontraba sobre su hermosa niña, la que hacía unas horas había convertido en mujer de la manera más bella y especial que tuvo. Levantó la cabeza para contemplarla dormida. Era un ángel, con su carita aniñada y delicada, con su precioso pelo ondulado y rubio esparcido por las sábanas y parte de su pecho. Sus manos aún abrazaban la espalda de él, como si lo cuidara y él se sintió profundamente feliz y lleno de vida. La amaba, la adorada, ella le despertaba todos los sentimientos que él pensó que no poseía. Dibujó con sus dedos el contorno de sus labios y la vio removerse un poquito y hacer un gesto con la nariz que lo enterneció.
-Te amo, pecosa.
Le susurró y besó sus labios dormida, ella en su inconciencia correspondió. Tal vez estaba soñando, pensó Terry. Eran a penas las seis de la mañana y a ella le gustaba dormir. Siguió repartiendo besos por su rostro con adoración mientras ella seguía haciendo graciosos gestos para su deleite.
Entre tú y yo hay algo más
que la ilusión de un paraíso azúl
beso con beso, fuego con fuego
a mis deseos los enciendes tú
Niña y mujer, lluvia de sol
sólo por ti cambié mi soledad
mis pensamientos juegan contigo
te has convertido en mi necesidad
Con sus bellas caricias, ella poco a poco fue abriendo sus ojitos y segundos después puedo captar bien la hermosa imagen de Terry que la miraba fijo con sus hermosos ojos azules.
-Terry...
Susurró llevando sus manos al pelo de él y besando su frente. No había sido un sueño. Habían hecho el amor, el tenerlo aún sobre ella, desnudo... se lo confirmaba. También la pequeña molestia que sentía abajo se lo recordaba, pero no se arrepentía de nada.
-Te amo, mi amor. ¿Dormiste bien?
-Sí, te cuidé un poquito, pero después me dormí.
Su inocente confesión lo llenó de ternura y al mismo tiempo de pasión. Ella no tenía que esforzarce mucho para excitarlo. Pensando que tal vez la estaba aplastando, decidió echarse hacia el lado y atraerla hacia él.
-¿Y cómo te sientes, mi amor?
-Me siento muy feliz, Terry. Te amo mucho, pero... es que... me duele un poquito aquí...
Le confesó un poco avergonzada y señalando su parte íntima. A él le dio un poco de pena ver su angustia, pero no se arrepentía para nada de haberla hecho suya, porque también recordó que la vio disfrutar y ser feliz.
-Pero se te va a curar prontito, es normal esa molestia en lo que te acostumbras.
Le dijo recostando la cabeza de ella en su pecho y acariciando tiernamente su pelo, estando ella de lado, le echó una de sus piernas y él colocó una de sus manos en el muslo que descansaba sobre su cintura y acariciaba suavemente sus nalgas.
Sólo tú, nadie más
tiene la llave de mi corazón
nunca te vayas, nunca me dejes
todos mis sueños bailan con tu amor
vivirás siempre en mí
desde la tarde cuando te encontré
cada minuto, mientras exista
por siempre te amaré
Terry no pudo resistir y la comenzó a besar, primero con ternura, que luego fue reemplazada con la intensa pasión que ambos se tenían. Él apretaba más sus nalgas y ella lo besaba con furia apasionada y con las caricias que luego él brindara a su piel desnuda, enfocándose mayormente en sus senos y sus labios mojados recorriendo su cuello, ella terminó bajo él nuevamente.
-Te amo, Candy.
Le volvió a repetir porque quería que se convenciera y que el paso que habían dado era seguro, que su entrega había valido la pena, porque él ya la amaba, sin dudas ni arrepentimientos.
-Yo también te amo, más que a mi vida, Terry. Nunca me habían hecho tan feliz.
-A mí tampoco, pecas. Hasta que llegaste tú... con este cuerpecito delicioso y esta carita de ángel que me robó toda la calma desde el primer día.
Después de su confesión, siguió tocándola aún más encendido y la sintió removerse excitada bajo él, deleitándolo nuevamente con los sonidos de su pasión, que cuando la golpeaba, no conocía el pudor. Una entrega única que no se reprimía, sino que se ofrecía y se complacía en ser tomada.
-Terry... ¿vamos hacerlo otra vez?
La pregunta no le sonó a queja, más bien a deseo y petición.
-Me encantaría, mi amor, pero... ¿no estás muy lastimada aún?
-Un poco, pero... quiero que lo hagamos otra vez...
Cada lugar, cada canción
hasta el silencio sólo habla de ti
sobre mi almohada digo tu nombre
como un tatuaje estás grabada en mí
Sólo tú, nadie más
tiene la llave de mi corazón
nunca te vayas, nunca me dejes
todos mis sueños bailan con tu amor
vivirás siempre en mí
desde la tarde cuando te encontré
cada minuto, mientras exista
por siempre te amaré
Por su aprobación y porque su deseo era genuino, sumado a lo excitado que él ya estaba y lo que ansiaba volver a poseer ese cuerpo pequeño y delicado que le había proporcionado tanto placer y un amor único que no descubriría con nadie más, entonces... sin dejar de acariciarla y besarla, cuando la sintió lista y ansiosa, entró en ella suavemente mientras la arropaba con dulces besos que hacían que la pequeña molestia abajo fuera ignorada y le diera paso al placer que las embestidas de él le brindaban. Ella había aprendido a cómo seguirle el ritmo para incrementar el placer para ambos, porque aunque inexperta, confiaba en sus instintos y podía ver la reacción de él ante sus pequeñas muestras de iniciativa. Se movía muy suavemente, sin lastimarla y sin desantender el resto de su cuerpo con sus caricias. Cada minuto que pasaba la amaba más, deseaba todo de ella, todo lo quería con ella.
-Te amo, nunca lo dudes, amor.
Eso se lo dijo Terry cuando la pasión en él subió a millón, lo mismo que sus embestidas, que al sentir el movimiento de ella, que en silencio pedía más aumentaron su ritmo, lo mismo que la excitación en ambos y él se deleitaba viendo como su cuello se echaba hacia atrás, abandonándose en un placer absoluto.
Donde quiera que vaya
tu recuerdo va conmigo
cada instante que pasa
necesito más de ti
Sólo tú, nadie más
tiene la llave de mi corazón
nunca te vayas, nunca me dejes
todos mis sueños bailan con tu amor
vivirás siempre en mí
desde la tarde cuando te encontré
cada minuto, mientras exista
por siempre te amaré
-Te amo, Terry... ah..
A su declaración la siguió su climax junto con el de Terry, bañándola en su interior con toda su escencia. Se quedó sobre ella unos instantes breves, complacido y dejándose mimar. A lo lejos se escuchaban las voces de su padre y las dos mujeres, aparentemente en el ajetreo del desayuno.
-Mi amor, creo que mejor debemos darnos un baño e ir a dar la cara, si no pensarán que abusaste de mí toda lo noche y...
-¡Terry!
-Pero es que es cierto, mira cómo has dejado a un pobre e indefenso hombre...
-Pues que pena, yo pensé que tenías mucha más resistencia y...
-Candy... no cuques lo que está quieto...
La amenazó besándola y luego se fue poniendo de pie para dirigirse con ella al baño, que por suerte, la habitación estaba equipada con uno. Se excitó nuevamente al verla caminar totalmente desnuda y con el pelo revuelto... estaba seguro que ella sería su muerte, pero trató de calmarse, no quería lastimarla más, habían sido suficientes lecciones por el momento. Se bañaron y disfrutaron juntos ese momento tan íntimo. Luego que estuvieron vestidos y listos, salieron de la habitación a darle la bienvenida al nuevo día.
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-Buenos días, dormilones. ¿Tienen hambre?
-Pues no sé si Terry, pero yo sí. Huele bien, señora.
-Y dale la burra al trigo, señorita, a mí me dicen abuela. Los dejaré pasando hambre hasta que se acostumbren.
Fue la graciosa amenaza de Stella, que no hizo más que provocar risas y ternura por parte de los demás.
-Ya, Stella, no estan acostumbrado, no los presiones. Mejor apúrate en servirnos esa deliciosa tortilla española que sólo tú sabes hacer.
Louise, encantadora como siempre salió en defensa de los chicos. Al ver que iba a estancarse en una pared, Terry rápido fue ayudarle y ella se apoyó de su brazo. Los ojos de ella se aguaron, nunca pensó recibir semejante gesto del hijo de su esposo. Se había preparado mentalmente para recibir su rechazo, dadas las circustancias. Ella había pasado su juventud anhelando la llegada de un hijo, pero el milagro nunca se dio. Hacía unos meses había perdido la vista en un accidente automobilístico y aunque los expertos aseguraban que sería una ceguera temporal, la luz parecía no querer volver a sus ojos. Sólo quería una familia y si Terry se encariñaba lo suficiente con ellos, entonces tenía la esperanza de ganarse el hijo que nunca tuvo y si era posible, poder arrullar a los nietos que vendrían en un futuro.
-Mamá, no te preocupes, seguranmente Terry volverá con Candy tan pronto les sea posible. Ahora, apúrate con ese desayuno porque ellos se van hoy y no creo que seas capaz de mandarlos con el estómago vacío.
Richard sacó cara por su hijo y además sabía que Stella nunca cumpliría con semejante amenaza, más bien los atascaría de cuánta comida se le ocurriera. Se fueron al comedor y se sentaron, mientras Stella disponía la deliciosa tortilla española en forma de un gran pastel en el centro de la mesa, café recién colado, jugo de naranja natural, no los sobres con sabor artificial al que estaban acostumbrados y pan tostado.
-Usted tiene unas manos divinas para la comida, señora.
El cumplido de Terry salió de todo corazón, pero se le escapó el "señora".
-Richard, retírale el plato a Terruce, no obedece e insiste en llamarme "señora".
Candy soltó la risa sin poderlo evitar.
-Ya, Stella, cuando se acostumbre, por fin tendrás a alguien que te llame abuela. No lo atosigues.
Otra vez Louise en defensa de Terry, al que le había tomado mucho cariño. Su semblante fue melancólico, ella deseó muchas veces poderle cumplir el deseo a la suegra que había sido también una madre para ella, roca sólida en tantas tristezas y sinsabores.
-No se preocupe, Stella. Muy pronto Terry se acostumbrará a usted, además nosotros ya la adoramos. Si quiere, yo podría decirle abuela desde ya, nunca tuve una, creo...
La inocente intervención de Candy conmovieron a todos, especialmente a Terry y apretó su mano tiernamente.
-Volveremos en Semana Santa, Candy no tiene clases.
Convino Terry para complacer a su abuela y a su novia, que había expresado no querer irse.
-¿Semana Santa? Pero para eso falta aún todo un mes... y yo tengo que asegurarme de que coman bien, especialmente Candy que está muy flaca y eso no es bueno... no quiero un biznieto desnutrido...
-¡Stella!
Exclamó Richard avergonzado de la bocota de su madre. No quería que Terry y Candy se espantaran, no después de los grandes avances que habían hecho. Candy por su parte se atragantó por el jugo. ¿Y si a la larga Stella tenía razón? No quería ni pensarlo.
-Candy aún está muy joven... Stell...abuela.
Respondió Terry y para sus adentros analizó que eso lo hubiera pensando antes de haberse corrido dentro de ella dos veces. Pero... no iba arrepentirse ahora y quizás tuvieran suerte. No iba a opacar el momento tan especial que habían vivido con esas preocupaciones precipitadas.
-¡Tonterías! Candy está perfectamente. ¿Te gustan los niños, Candy?
Stella no hacía caso de las advertencias y seguía pinchándolos y Candy ya estaba rayando en la preocupación.
-Eh.. sí... me gustan, pero...
No sabía cómo continuar, pues recordó que Terry le había dicho que no quería familia... era algo que aún tenían que hablar y trabajar, aunque... tal vez estaban un poco tarde... como siempre, hicieron todo al revez.
-Cuando ella termine de estudiar, quizás...
Comenzó a decir Terry al verla tan trabada y sin saber qué decir, además porque también recordó lo que le había dicho y se sintió fatal porque imaginó lo que ella debía estar pensando y su rostro se vio angustiado.
-Será cuando ella esté lista, abuela...
Finalmente Terry dijo algo acertado y volvió a tomar la mano de ella y la luz volvió a los bellos ojos que él adoraba. No era que Candy se muriera por tener un bebé en esos momentos, nadie a los diesciocho pensaba en semejante cosa, pero se sintió feliz de que si se daba la posibilidad pudiera contar con el apoyo emocional de Terry, porque el económico sabía de sobra que lo tendría.
-Tienen razón, ella es muy joven. Pronto, cuando estén preparados tendrán niños preciosos, no hay por qué precipitarnos. Lo que me gustaría es que no dejen de visitarnos. Tenemos muchos cariños y mimos para ustedes aunque ya estén grandes.
Terry, a su edad y siendo un hombre completo, las lágrimas que estuvieron a punto de escapar de sus ojos iban hacerlo volver a su niñez. Ni su madre se había expresado de él de la forma en que esa mujer que no tenía ni veinticuatro horas de conocerlo lo hizo. Candy también deseó en lo más profundo de su ser volver a tener una familia, o al menos formar parte de una. Si no fuera por Terry, estaría sola por el mundo. Agradeció haberlo tenido a su lado. Recordó que lunes y martes no tendría clases por unas mejoras que estaban haciendo en el recinto que estudiaba, así que...
-Terry... si no te molesta... no tengo clases hasta el miércoles... y podríamos quedarnos dos días más...
-Pero claro que no le molesta. Terry te daría la luna. ¿Verdad, Terry?
Doña Stella no era fácil y Terry se comenzó a dar cuenta. Candy lo miraba con los ojitos llenos de ilusión y él estaba entre la espada y la pared.
-Vamos, Terry, complácela.
Esta vez fue Richard el que intervino, Terry vencido, accedió, ganándose un efusivo besito en la mejilla. El resto del desayuno pasó amenamente, entre más confianza y risas. Decidieron ir al frente de la casa, donde se acostumbraba tomar el fresco y donde Candy podía ver y acariciar a Romeo y Julieta a su antojo.
-¿Puedo dar otra vuelta con Julieta?
Candy no pudo resistir volver a montarla, a parte porque Terry y Richard estaban hablando del negocio, cosas que ella no entendía y se estaba aburriendo.
-Acabas de desayunar, Candy. Espera un poquito más.
Candy bajó la cara, triste y molesta, pero en el fondo, Terry tenía razón. Ella estaba sentada al lado de Louise y ésta, aunque no podía verla, se imaginó el rostro desilusionado y dejándose llevar por los instintos le acarició el pelo tiernamente como a una hija. Candy ansiaba tanto un cariño maternal así que se dejó arrullar y se echó un poco más hacia atrás para disfrutar de los mimos. Terry y los demás observaban todo de reojo, imaginaron lo difícil que sería sacar a Candy de ese lugar, él mismo no encontraba cómo irse. Louise complacía por esporádicos momentos sus deseos de sentirse madre y Candy disfrutaba de las caricias que en algún tiempo pasado le diera su madre, cuando era feliz y la amaba, antes que tras el abandono de su padre, se corrompiera de una forma tan atroz.
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Stear se volvió sorprendido ante el llamado de Eliza. Se quedaron mirándose fijo, estáticos. Él se le acercó como si descifrara lo que ella sentía.
-Dime, Lizzy...
-No puedo dejarte ir, Stear... lo siento, pero no puedo.
Llorando se aferró a sus brazos y él la recibió con todo el amor que hacía tanto tiempo no le demostraba, la apretó fuerte y volvió a llorar con ella.
-Tengo que hacerlo, Lizzy... lo siento... ya no puedo quedarme después...
-Shhh. No lo menciones más, por favor, ven.
Y porque los labios de ella buscaban los suyos desesperada, a él se le fue toda la fuerza de voluntad que le quedaba. Complació la boca que se le ofrecía y se envolvieron en un beso tan candente que no recordaban haber compartido hacía tanto. La pasión había vuelto a ellos en un momento tan inoportuno e irónico.
De todas tus mentiras guardo un mal sabor
y mentiras ya no quiero más
no pierdas más tu tiempo en pedir perdón
pues te juro que no me vuelvo atrás
No me pidas que haga la locura
de creerte una vez más
no más regálame la última luna
una noche que no olvide jamás
-Lizzy... ¿Estás segura? ¿Quieres esto...?
Le preguntó deteniéndose en seco y porque no era merecedor de tanta muestra de amor luego de lo que había hecho.
-Te necesito hoy conmigo, Stear. Si esta va a ser la última vez, hazla que cuente. Intento... pero sencillamente no puedo dejarte ir, no así.
Siendo que ella se le enganchó a la cintura y lo siguió besando con la misma necesidad y pasión, ya él no puso más peros y se dejó arrastrar con la misma pasión.
Desnúdame de a poco y bésame a lo loco
invéntame un momento que no tenga final
aprisióname en tus brazos, quiébrame en pedazos
arrójalos al viento, ámame una vez más
Ya Stear se encontraba muy arrebatado, comenzó a desabotonar su blusa para encontrarse con el sexy brassier de ella, nunca había dejado de ser sensual y atractiva. Se preguntó cómo fue que no se dio cuenta de eso. Recorrió con sus manos sus pechos que nunca dejaron de ser hermosos, ni con el paso de los años ni el previo embarazo o la lactancia. Era bella por dondequiera que se le mirara. Los tocó con el respeto, pasión, ternura y a la vez desenfreno que se tiene con la mujer que se ama.
-Te amo, Lizzy... lo lamento tanto...
Le dijo ahogado por la pasión, pero la culpa lo volvía hacer retroceder.
-No te arrepientas de esto, Stear, no te arrepientas porque yo nunca lo haré. Hago esto porque sé que aún me amas y yo... nunca te he dejado de amar. Hazme el amor por última vez, por favor...
No hay nada más difícil que decirte adiós
porque sé muy bien que nunca más
podré olvidar la música que hay en tu voz
el perfume de tu piel, tu mirar
sé que me esperan horas muy oscuras
y sé que voy a llorar
pero hoy regálame la última luna
una noche que no olvide jamás
Stear se preguntó una y mil veces cómo era que esa mujer pudiera seguir amándolo con tanta devoción, cómo podía entregarse a quien tanto daño le causó, sólo por el recuerdo de que en algún tiempo él la amó y aún la amaba, más que nunca, ahora que la perdía. Su boca complaciente a los pedidos exigidos, complació a sus pechos ofrecidos arrancando con ello profundos gemidos que llevaban tanto tiempo dormidos en su interior. Ella amaba al natural, tenía pasión en todos sus poros, él subió con ella en la misma posición que se encontraban hacia la habitación, aunque toda la casa estuviera libre y su hijo no estuviera en casa para no verlo marchar.
-Voy hacerte lo que hace tiempo debí hacer, lo que nunca debí dejar de hacerte. No importa si es la última vez, quiero dejarte grabada en mi piel. Quiero recordar esta noche siempre, no quiero que nada borre tus besos ni tus caricias de mi cuerpo. Quiero soñar que vas a ser siempre mía... aunque ni yo pueda creerlo.
-Entonces... soñaré contigo, aunque ya mañana no despiertes al lado mío... hoy sólo quiero ser una junto a tí. Quiero sentir tus manos, tu cuerpo... esta noche lo quiero todo de tí...
Enrédate en mi pelo, consúmeme en tu fuego
muérdeme los labios, no me tengas piedad,
devórame esta noche con besos que me asombren
que mi propio nombre me hagan olvidar
Desnudó totalmente a la que a pesar de todo era su esposa y se maravilló del cuerpo que seguía tan perfecto como la primera vez que lo estrenó, cuando ella aún era inocente y se le entregó con timidez y pudor. Ahora era dueña de una pasión y un sexto sentido arrebatador, esa fue la mujer en que él cuando amaba la convirtió y que perdió siguiendo bajos instintos que lo llevaron a la perdición. Teniéndola desnuda y expectante, recorrió con sus labios cada centímetro de su cuerpo, saboreó su piel como si fuera la primera vez. Ella arrebatada también, fue quitándole la ropa, quería que ambos estuvieran iguales. Ella le profesó sus antiguas caricias y otras más que inventó en ese momento, porque todo había sido siempre para él, fue siempre amorosa y fiel. Fue todo lo que una vez él deseo. La llevó por fin a la cama y allí la amó. Allí le entregó toda su alma y su ser, todo por última vez y ella también.
-Te amo, Stear... mmm... ahhh... mmm...
Esa parte de su esposo no había cambiado. No había cambiado el efecto en ella. Porque se amaban, con todo y los juegos sucios del destino, Stear descubrió que amaba a su esposa como no amaría a nadie más. Entraba en ella con desesperación y cada embestida sabía a gloria para ambos porque juntos estaban tocando otro cielo.
-Te amo, Eliza... perdóname... te amo más que a nada...
Desnúdame de a poco y bésame a lo loco
invéntame un momento que no tenga final
aprisióname en tus brazos, quiébrame en pedazos
arrójalos al viento, ámame una vez más
y vete ya, ya, ya...
Entre amor, lágrimas, te amos y perdón culminaron su acto. Él había permanecido a su lado, ella no tenía el valor para volver a verlo con sus maletas frente a la puerta, pero sabía que eso pasaría. Después de un beso en los labios, momentos después lo vio vestirse y tomar nuevamente sus cosas. No lo detuvo, no dijo nada, pero había algo dentro de su ser que le gritaba que no era el fin, falsas ilusiones, pensó, pero se aferraba a ese sentir como un náufrago a la orilla.
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Como la tarde había llegado y Terry vio que Candy estaba algo molesta con él por su sobretección, decidió llevarla a dar un paseo a caballo por los alrededores, aunque no conocía bien el lugar, no creía que fueran a perderse, así que se fue en Romeo y ella en Julieta a recorrer la hacienda. Cuando ya estaban algo cansados, decidieron dejar los caballos tomar agua en el pequeño riachuelo donde habían llegado y ellos se sentaron en la hierba.
-Me la he pasado increíble aquí, Terry. No quiero irme.
-Lo sé, pecas, pero ahora tienes dos días más, disfrútatelos al máximo, no volveremos hasta Semana Santa.
A él le gustaba complacerla en todo, aunque muchas veces no lo hacía cuando algo según él representaba peligro, porque se le olvidaba que ella ya no era una niña, era algo que a pesar de todo, aún estaba acostumbrándose.
-Terry... sobre los comentarios de tu abuela... ¿Crees que tengamos suerte y no haya ningún bebé?
Él entendió el verdadero motivo de su preocupación, sabía que la asustaba más por él que por ella misma. La sentó en su regazo y con sus brazos rodeó su cintura.
-Eso no lo sé, mi amor. Esperemos que no porque no me gustaría que tuvieras esa responsabilidad ahora, pero por mí, no te preocupes. Sé que te dije que no quería familia y que no quería estar con nadie, pero eso fue antes de que tú entraras a mi vida de esta manera. Pase lo que pase, nada va alejarme de ti. Llegué a pensar en algunos momentos en la protección, pero... es que contigo no quise... tal vez fui un poco egoísta, pero a ti quería y necesitaba sentirte en todos los sentidos... no pude evitarlo. Espero que no estés arrepentida...
-No, Terry, para nada. No me arrepiento de nada, lo repetiría mil veces más sin importarme las consecuencias... yo lo decía más por ti... porque conosco tus miedos y...
-Shhh. Ya no los hay. Si no estuvieras tan chiquita aún, te juro que me encantaría tener un bebé contigo.
Esto él se lo dijo de verdad, porque de pronto, con ella quería todo lo que había soñado y no descansaría hasta conseguirlo. Por primera vez supo lo que era amar y con quien nunca imaginó.
-No soy chiquita, Terry, soy joven. Si lo dices de esa manera es como si estuvieras hablándole a una niña y no lo soy.
-Yo sé que no lo eres, pero es que para mí, eres mi niña hermosa, todita mía.
Le llenó el cuello de besos haciéndole cosquillas y su risa lo desarmó.
-Creo que deberíamos volver, ya es tarde y estos caballos no son nuestros.
Dijo Terry luego de un rato y ayudándola a ponerse de pie.
-Si regresamos por allá, es más corto, Terry...
Soltó Candy impulsivamente y luego se arrepintió de su metida de pata.
-¿Tú cómo sabes eso?
Le preguntó subiendo el tono de voz y esperanso impacible la respuesta.
-Pues... porque ayer... Richard... me lo dijo...
-Ah sí... ¿En qué momento?
-Eh.. cuando...
-Sé que estás mintiendo, Candice. Dime la verdad...
Esto se lo dijo en tomo más pausado, pero amenanzante y colocándose muy cerca de ella para bloquearla con su cuerpo.
-Está bien... es que ayer... cuando fuiste a comprar aquellas cosas que dijiste que comprarías con Richard... yo... me quedé con los caballos y... Stella me dio permiso para ir con Tom a...
-Ah... por ahí venía la cosa. Aprovechaste que yo no estaba y fuiste a dar un paseo con el vaquerito sabiendo que te dije que si no sabías montar bien no lo hicieras... y además fuiste sola.
Las últimas palabras las gritó asustándola. La verdadera razón eran sus celos, porque se dio cuenta que ella montaba muy bien.
-No fui sola. Fui con Tom porque él es de confianza y si pasaba algo, pues él...
-De eso precisamente hablo, fuiste con Tom sola. Encima pretendías ocultarlo.
-¿Y cómo se supone que iba a decírtelo si mira cómo estás reaccionando?
Le gritó, porque ella lo desafiaba, no importa la imponencia de su cuerpo que la acorralaba ni los celos furiosos que habían en esos zafiros que la miraban y la quemaban.
-Porque es un extraño y no lo quiero cerca de ti. No quiero que vuelvas a estar sola con él ni con ningún otro.
-No es un extraño, tu papá y tu abuela me dieron permiso y él es de confi...
-Al carajo lo que digan mi papá y mi abuela, no te quiero sola con él y punto.
Ambos estaban perdiendo los estribos, Candy era terca y voluntariosa, siempre hacía lo que le daba la gana, aunque después se arrepintiera.
-¡Tú no me mandas! ¡Y ya déjame en paz! Me tienes harta con tus...
El beso brutal que le dio a modo de silencio le encendió la rabia, pero la pasión al mismo tiempo. Quería entrarle a bofetadas, pero... por qué tenía que sentirse tan rico, se preguntó con más rabia aún.
-Pecas... creo que hay algunas cosas que aún no te quedan claras. Eres muy malcriada y tienes una boquita que le encanta decir cosas fuera de lugar, ¿lo sabías?
Entre la brutalidad de su beso, que más que lastimarla la encendió hasta la punta de los pies, él le decía esas palabras en susurros... tan cerca de su oído y cuello. Las piernas se le comenzaron a doblar.
-Es que tú siempre...
-Shh... también hablas cuando no te correponde y aún no es tu turno. Tú, mi amor, eres mía, eso era lo que querías... y yo soy un poco celoso y posesivo... no me gusta compartir. No te quiero sola con ningún otro y sobre todo con el vaquerito ese... ¿crees que puedas cumplir con eso, cielo?
Porque la pasión y la rabia eran una mezcla letal para los cuerpos y porque él tenía que ser tan injustamente sexy aún en momentos como ese y porque sus manos no pudieron situarse en otra parte que no fuera su trasero, porque a él no se le ocurrió nada mejor que pegarla a él bruscamente y tener que sentir lo excitado que estaba y porque su boca no encontró mejor lugar que la suya para ponerse a jugar.
-Terry... no creo que aquí sea una buena idea para... ahh.. por favor... estoy molesta y además... ahh... ahh...
-¿Estás molesta? Desquita toda tu rabia conmigo entonces, amor.
Continuará...
Hola chicas lindas! Al fin pude terminar este extenso capítulo. Espero que haya sido de su agrado y me lo dejen saber con un review. Algunas cosas estuvieron fuertes y tal vez en algunas no estén de acuerdo, pero así es como se ha ido desarrollando la idea en mi cabeza y al momento de escribir así es como yo lo imagino. Les aconsejo no hacerse ideas apresuradas, muchas cosas puede que no sean lo que paresca. Espero que sean flexibles y open-minded a ciertas situaciones.
Las quiero, mis niñas
Wendy
*Canción de Stear y Eliza: "Alguien" Kany García
*Canción de Archie y Patty: "Me quiero enamorar" Jesse & Joey
*Canción de Candy y Terry: "Entre tú y yo" Jive V
*Canción de Stear y Eliza: "Amame una vez más" Amanda Miguel
*Este capítulo llegó tarde porque sigo teniendo problemas de conexión, eso me tiene bien encabroná, como decimos aquí. Espero su comprensión.
Love u girls
