Tu mayor tentación

Por: Wendy Grandchester

Capítulo 7 La dos caras de la moneda

El pulso de Candy se aceleró a millón. Estaba realmente molesta, pero las caricias de Terry, su furia.. la estaban perdiendo. Sus manos la excitaban, la rabia con que la miraba y la besaba. Ese carácter posesivo y endemoniantemente sexy.

-Terry... no es correcto... aquí... alguien puede vernos y...

-Nadie nos va a ver, mi amor. Estoy muy molesto, cielo... quiero descargar toda mi furia... en ti...

-Está bien, mi amor, podemos llegar a la casa y...

-No, amor, aquí...

Nada lo hizo desistir y a ella ya no le quedaba voluntad. No cuando sus manos recorrían todo su cuerpo de la manera que sólo él sabía, cuando su boca atrapaba la suya con salvajismo y arrolladora pasión, no si sus dedos hacían travesuras allí mismo donde no se ve y cuando todo eso abultado se mostraba ante ella y sólo quería acogerlo en su interior.

-Terry... Ay, mi amor no... ahh.. ahhh... No me hagas esto... ahhh...

-¿No quieres que te haga esto, mi cielo?

Respondió burlón luego que la despojó de su pantalón. A la hora que era, ya el lugar estaba desierto, estaban en zona privada y sabía que nadie iría a buscarlos. La alzó y tomándola de las nalgas hizo que lo abrazara con sus piernas, le corrió las braguitas lo cual le hizo ver que estaba más que húmeda para no querer eso...

-Sí quiero, Terry, pero...

-Yo también quiero, mi amor...

No le dijo nada más, luego de haberse bajado él los pantalones y el bóxer, entró en ella suavemente primero, estaba tan excitada que pudo deslizarse en su interior con total facilidad. A los leves movimientos se despertó todo su gemir. Dado que ambos estaban también furiosos, la suavidad de las embestidas no duró mucho. Pronto incrementaron en fuerza y velocidad. Se nublaron ambos de puro deseo. El la sostenía tan firme, colgada de su cintura, su boca enterrada en sus pechos luego de haberle desabotonado la blusa y sus movimientos que le quitaban la razón.

-Ahhh... mmm... ahh... Terry... que rico... mmm...

-Sí, es muy rico... ¿todavía no quieres?

Sin dejar de penetrarla fuerte y sensualmente, le hizo la pregunta, sólo por molestarla, porque bien sabía que se lo estaba pasando de lo lindo. Sus gritos y gemidos se lo decían.

-Sí... sí quiero...hazme todo lo que tú quieras...

-¿Todo lo que yo quiera, mi amor?

-Mmm... sí.

Terry estaba más encendido que nunca, no había espacio ni tiempo para la delicadeza en esos momentos. Mientras le mordía, lamía y besaba el cuello, sus dientes torturaron un poco sus pezones endurecidos y él le daba cada vez más fuerte, lo mismo que ella gritaba cada vez más fuerte y pudo disfrutar de los enronquecidos gemidos de Terry que había perdido el control totalmente.

-Eres mía. Eso quiero que te lo grabes.

Dichas estas palabras, sin abandonar su boca, pudo descargar toda su rabia en su interior y la dejó recargada de él mientras pasaban todos los efectos del maravilloso orgasmo que consiguieron.

-Terry, creo que mejor esperamos un poco más para volver...

Candy aún temblaba y no conseguía el equilibrio luego de que Terry la soltara en el piso. Se aseó un poco con agua del riachuelo y se terminó de vestir, lo mismo que él. Decidieron sentarse un rato más sobre la hierba y recostados de un almendro, Candy entre las piernas de él.

-Te amo tanto, Candy. También quiero que siempre recuerdes eso. Amo todo de tí, todo lo que eres, tu ser, tu inocencia, tu cuerpo, tu deseo... te amo completamente, pecosa.

La abrazó y descanzó su barbilla sobre la cabeza de ella mientras depositaba besos en su pelo.

-Yo también te amo, Terry. Me gusta todo de ti, me gusta ser tuya, la forma en que me amas y me proteges, aunque a veces me revienta, amo incluso ese carácter horrible y dominante que tienes... amo que seas posesivo conmigo, me hace sentir que te pertenezco, que formo parte de alguien... voy a cuidarte siempre, mi amor. Yo también puedo cuidarte aunque tú siempre pienses que soy muy niña para todo.

Terry acariciaba sus brazos desnudos y luego dejó sus brazos abrazados a la cintura de ella.

-Sé que me cuidas, mi amor. Me has cuidado muy bien, cuando me dejas dormirse así encima de ti y me abrazas yo... no tengo pesadillas. Eres mi ángel.

-¿Pesadillas?

Preguntó intrigada y girando su cuello totalmente para verle la cara. Ante eso él besó sus labios y su frente y luego volvió a enderezarle la cabeza para volver a descanzar su barbilla sobre ella.

-Muchas veces me dan pesadillas, por todo lo que viví... las malas experiencias y también... el miedo a perderte... a que te pase algo... como todo lo bueno que tengo, lo toco y se rompe... tú eres lo más hermoso de mi vida, lo único lindo, puro e inocente. Yo no quiero perderte.

-No vas a perderme nunca, mi amor. Yo te amo demasiado como para dejarte ir... ya he sido tuya, te pertenezco. Voy a cuidarte todas las noches para que no tengas sueños malos. Tú y yo somos uno solo y tal vez si...

No completó la frase, por miedo, inseguridad y porque no lo creyó prudente. Aún había ciertas dudas por todo y todo era demasiado reciente, no quiso apresurarse a nada.

-¿Tal vez qué, pecas?

Sus ruegos de que él no hicera preguntas no fueron escuchados. Estaba pensando con que argumento se libraba de eso o con qué mentira piadosa, pero... su mente se quedó en blanco. La verdad ante todo entonces, de todas formas Terry sabía cuando mentía o cuando evadía cualquier pregunta.

-Es que si sigues... si seguimos... Bueno, que si sigues corriéndote dentro de mí vamos a ser tres más pronto de lo que piensas y... a mí en el fondo no me molesta nada la idea, pero... tú... yo sé que no estás preparado y creo que debemos comenzarnos a cuidar para que no haya nada que no queramos...

Todo lo soltó rápidamente, antes de que fuera arrepentirse, así que dejó que todo el torbellino de palabras fluyera de su boca sin parar.

-Candy, todo lo que venga de ti, yo lo quiero. Nunca más digas eso, me hace sentir fatal, aunque haya sido yo él que haya sembrado esos pensamientos en tu cabeza. No sabes cuánto me arrepiento de todo eso. Si quieres que nos cuidemos, nos cuidamos, mañana mismo me encargo de eso, pero si ya estuviéramos tarde, no quiero que tengas miedos ni dudas. Voy amarte en todo momento, a ti y a... al bebé en caso de que venga.

Candy nunca pensó escuchar esas palabras de Terry. Había aprendido amarla, a confiar, a entregarse y creer en alguien. Todos los sueños y esperanzas de él estaban puestos en ella, quería un futuro a su lado. Aunque no se lo dijo, imaginó un hermoso bebé de ambos, gordito y con las mejillas infladas y sonrosadas, como esos de los comerciales de pañales.

-No me molestaría si viniera porque es tuyo y seguro sería hermoso.

Segura y emocionada le dio esa respuesta mientras sentía como Terry se removía y se alzó un momento para sacar su billetera, dejándola intrigada.

-A mí me gustaría una niña como esta.

Candy no podía creerlo. En la billetera de Terry había una foto de ella, una que le había dado cuando ella tenía cinco años, de su graduación de Kinder, con toga y birrete, su carita angelical adornada de pecas y sus ricitos de oro, lo más gracioso era el espacio de los dos dientes delanteros que le faltaban, pero aún así era hermosa. Se la dio a Terry cuando él tenía quince años, más de diez años después él la conservaba. Recordó lo emocionada que ella se la dio y que con su caligrafía vacilante se la dedicó, escribiendo Terry con "i" y no con la "y". Ni en sus más locos sueños pensó que la niña de la foto sería la mujer que tenía ahora sobre su regazo, la que acababa de hacerle el amor y que posiblemente también le haya hecho un bebé, otra niña como la de la foto comenzó a ser su ilusión.

-Terry... ¡Dios mío! ¡Que vergüenza! Saca esa foto de ahí.

Se puso totalmente colorada, ni siquiera se acordaba, hasta ese momento que le había regalado esa foto.

-Claro que no, pecas. Mi niña hermosa siempre me ha acompañado y ahora... se me antoja tener otra igual, así que olvídate de esperarnos y cuidarnos y de todo eso, quiero una pecosita.

Empezó a comérsela a besos y a torturarle el cuello con susurros que le provocaron cosquillas incontrolables.

-¿La quieres ahora, Terry?

-¿Y quién dice que ya no esté aquí?

Acarició el vientre de ella y le hizo cosquillas nuevamente. Ella lo tenía enloquecido, ahora quería todo y lo quería ya, no quería esperar por nada ni por nadie. ¿Para qué? Pensó. Tenía ahora una familia, solidez económica, ya no estaba en ese mundo incierto de las calles y sobre todo... la tenía a ella, a su ángel. No le pedía nada más a Dios, ni a la vida. Mientras ella seguiera a su lado, amándolo, no necesitaba más. Un bebé hermoso de los dos sería todo lo que pudiera desear. Uno al que pudiera darle todo el amor y atención que él no tuvo, al que le daría el mundo si fuera posible. No uno, unos cuantos, pensó.

-Claro que no, es muy rápido. Pero si seguimos practicando... tal vez...

-Eso, déjamelo a mí. Ahora sí vamos a volver porque si no, le diré a mi abuela que me sedujiste en los matorrales y luego me violaste y...

-¡Terry!

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En esos momentos sí necesitaba un trago. Todo era demasiado. No sabía si era capaz de soportar más. Todo su mundo se derrumbaba. Su mujer se estaba burlando de él en sus propias narices. Un trago y una dulce venganza era todo lo que anhelaba. El pub y su ambiente alocado era perfecto, a recordar tiempos de su juventud, tiempos de locura y desenfreno.

-¿Y esa cara de pocos amigos? Estás de suerte, amigo. Tengo muchas ganas de divertirme hoy y no quiero hacerlo sola.

La chica bellísima y con su ropa dejando muy poco a la imaginación se acercó provocativamente a su silla. Vio que tenía un aro de matrimonio, pero qué más daba. Podía percibir que era un hombre que necesitaba algo de desahogo y ella tras su fracazo amoroso estaba dispuesta a mandar todo al infierno, su comportamiento no era correcto, pero no quería hacer más lo correcto. Ser tan correcta le hizo perder al amor de su vida, así que ya que no tenía nada más que perder, era hora de portarse muy mal.

-Así es, no he tenido un buen día y no te ofendas, pero no estoy de humor, quiero estar solo. Además...

Le recalcó su sortija. Había tenido la intención de olvidar ese lazo por un momento. Pero había algo que no le convencía, el detective que había contratado le había dado las pruebas que podían ser convincentes a simple vista, pero... había algo raro. De todas formas él no pretendía ser un cabrón feliz, así que, al infierno todo, ella lo había engañado y no tenía por qué sentir remordimientos si se vengaba.

-Pues... las cosas no deben andar muy bien... de lo contrario, no estuvieras aquí. Hoy... yo estoy más que dispuesta hacerte feliz.

Se sentó en sus piernas sin ser invitada y quitándole el trago de las manos, bebió de él y pasó la lengua sobre sus labios en un gesto muy provocativo.

-Mira, niña, eres muy linda y tienes un cuerpo perfecto para el pecado, pero... mejor busca otro chiquillo, tengo bastante problemas como para que tú vengas a causarme más.

-Tranquilo, papito, tengo diesciocho. Estoy celebrando... ¿te apuntas?

No esperó respuesta porque descaradamente se apoderó de sus labios y conociendo que estaba sobre sus piernas se movió sobre él hasta conseguir lo que quería, provocarlo hasta que sus instintos desplazaran su voluntad. Ya sea por la decepción que traía consigo, por las ansias de tantas ganas acomuladas, por despecho, porque ella se ofrecía, por lo que fuera, terminó saliendo del pub con la chica, fueron hasta su auto para dirigirse al motel más cercano, la chica le dio un premio durante el trayecto en auto. Con su cabeza enterrada en su entrepierna, no sabía como fue capaz de llegar a su destino sin haber chocado. Estaba dispuesta a todo, su venganza tomaba forma de la manera más excitante, para un hombre que le acaban de poner el cuerno.

-Ya, vamos, por favor... no puedo resistirlo más. Quiero que me tomes ya.

Cuando estuvieron en la habitación, ella se había lanzado a él como una gata, no estaba muy interesada en el pre-calentamiento. Estaba siendo directa y eso sumado a las ganas acumuladas que él tenía, detonaron todos sus impulsos, arrancándole la ropa y adueñándose de sus pechos salvajemente, pero la chica se mostraba más que encendida, con su mano pegaba más la cabeza de él hacia sus pechos, como invitándolo a saciarse cuánto quisiera de ella. Le bajó los pantalones bruscamente, dejándole en claro lo que quería y él se apresuró a complacerla. Sacó un preservativo y la condujo a la cama para colocarse encima de ella y hacerla suya. Le estuvo curioso que aunque se mostrara tan excitada, su interior estaba muy seco y no se le hacía fácil entrar, pero ella estaba ansiosa y le presionó las nalgas, como incitándolo a que entrara en ella de una buena vez. Lo hizo de golpe, de un impulso estuvo adentro y un grito que salió de ella lo paró de golpe.

-¿Eres virgen? ¿Por qué no me lo dijiste?

No podía creerlo. Por qué una chica virgen se había lanzado a él de esa manera, con esa astucia y esas ganas. Seguramente una chica desubicada. A pesar de estar un poco sacado de onda, ella seguía incitándolo y él siguió hasta terminar. Pudo lograrlo porque a pesar del dolor, ella no paraba de gritar y gemir, estaba disfrutándolo y su plena disposición para todo lo dejó llegar al climax.

-Gracias. Me has quitado algo que me pesaba mucho. Estaba perdiéndome de algo muy rico.

Le confesó luego que él terminara, dejándolo perplejo y sin idea. Lo había elegido y ya de pronto no estaba pensando más en su amor, que la dejó porque ella no era muy madura para estar a su lado, porque no había querido darle lo que él quería durante todo un año y ahora se lo daba a un extraño sin que ni siquiera se lo solicitaran. De ahí en adelante su obesesión comenzó a crecer y todo su mundo comenzó a girar al rededor de ese hombre que le había abierto las puertas del placer, bendito el despecho que lo hizo rendirse ante ella, pensó con malicia.

-¿Patricia? ¿Me está escuchando? La noto un poco ida.

-Lo siento, doctora... ¿qué me decía?

La doctora rió y torció los ojos y procedió a explicarle todo nuevamente.

-Patricia, lo primero que quiero informarte es que no estás embarazada y nunca lo estuviste. Tu cuello uterino está totalmente cerrado, así que no hay señal de que hayas tenido un aborto. Según el informe que diste, tus periodos eran irregulares, se habían normalizado gracias a las pastillas anticonceptivas que tomabas, al dejarlas debido a las complicaciones que comenzaron a causarte, tu cuerpo volvió a ser como antes y entonces volviste a ser irregular, provocando eso el retrazo en tu regla. El sangrado no es más que tu periodo. En cuanto a los mareos y las náuseas que has presentado, según los análisis, tienes una anemia grande. Tu hemoglobina está por el suelo. Tu informe dice que tienes descendencia al sobre peso, mirando tu expediente, en informes anteriores vi una gran diferencia en tu peso de hace tres años. Creo que has estado evadiendo comidas para controlar tu peso y sólo has logrado enfermarte. Voy a darte unas indicaciones, unas rectas y te voy a referir a una nutricionista para que puedas trabajar el control de tu peso y los alimentos de una manera saludable.

Patty escuchaba todo, pero su mente había viajado bien lejos, al pasado, a la realidad, a la verdad y no a la versión que siempre ella había contado. Su mente reconoció la otra parte del cuento, la que la hacía tan responsable de sus errores y fracazos como lo era él. La otra cara de la moneda que nadie conocía, porque a él nadie lo conocía, sólo por lo que ella contaba.

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-¿Los encontraste en la cama? ¡Que fuerte! Parece que estamos destinadas a ser suplantadas, hermanita.

-¿Estamos? No me digas que ya Stear y tú...

-Sí, Annie... ya se acabó todo... bueno... creo que fue lo correcto, ya pusimos la demanda del divorcio.

Eliza guardaba una tristeza profunda y un descubrimiento reciente que no sabía qué hacer con él. Ya Annie le había contado su fallido romance con Terry y la forma en que lo encontró con su "hermana", pero sin duda, lo que le contaba su hermana era mucho peor. Un hijo de por medio y toda la cosa, Stear había metido la pata hasta el fondo.

-Me duele mucho, Lizzy, que hayan terminado así, ustedes eran la pareja ideal, lo que me hubiera gustado tener yo... y también fracazé rotundamente.

-No sé que fue lo que llevó a Stear tan lejos... yo no hice nada mal, nunca dejé de darle su lugar... él y Gregory siempre han sido mi vida entera...

Unos remordimientos llenaron la mente de Annie. Ella creía conocer bien la razón por la cual Stear llegó a donde llegó. Su hermana y él se habían conocido a travez de ella, Annie siempre había sido la confidente de ambos y cuando todo comenzó a tornarse negro para Stear, no fue la excepción. Estaban felices, eso no había quien lo dudara. A él le iba mejor que nunca en el trabajo, era el vendedor del año, lo habían ascendido y sus comisiones eran más que jugozas. Eliza era trabajadora social, muy entregada a su profesión en la cual le esperaba un gran éxito y había hecho mucho por cambiar la vida de muchos jóvenes perdidos, con problemas, situaciones de abandono, entre otros asuntos. Ambos estaban gozando de éxito y buenas posiciones, tenían un niño hermoso de cuatro años, sano e inteligente y esperaban al segundo, uno que esperaban que fuera una niña, a pesar de que no conocían su sexo.

-Tal vez después del incidente... no se recuperó... siempre te dije que debieron asistir a terapia matrimonial o al menos hablar del asunto y no dejarlo pasar... se distanciaron después de...

-Annie, no creo que haya sido por eso, eso fue hace mucho y...

Eliza tenía un trabajo exhaustivo aunque le gustara, a veces era de noche y se encontraba en la casa del algún adolescente, reunida con sus padres o rescatándolo de alguna paliza o abuso seguro. Su previo embarazo, su vita marital, más su rol de madre la estaban agotando al extremo, se había provocado un desgaste físico. Nunca dejó de sentir deseos por su marino, ni él por ella, pero el cansancio a veces era tan grande que antes de culminar el acto de entrega se quedaba dormida muchas veces y al día siguiente ni siquiera se acordaba, esto frustraba a Stear, pero nunca se lo reclamó, sabía que era por el cansancio y las tantas obligaciones. Lo dejó pasar. El nuevo infierno comenzó cuando algo comenzó a ir mal con el bebé que venía en camino. El doctor le había recomendado a Eliza que su embarazo tenía que culminarlo en la cama por ciertas complicaciones que se presentaron. No podía continuar con su trabajo, se había presentado un sangrado, pero que con las debidas preocupaciones, el bebé podía salvarse. A Stear le costó demasiado convencer a Eliza de dejar su trabajo, amaba a su bebé y quería que se salvara, pero no podía dejar de pensar en los tantos jóvenes que estaban a su cargo y que tanto la necesitaban, al final su bebé pesó más y decidió hacer caso y quedarse en casa. Stear contrató una señora para que se encargara de las tareas domésticas y le echara una mano con Gregory. Eliza seguía las indicaciones lo más que podía, pero era una persona un poco hiperactiva, no podía estar quieta mucho rato y siempre encontraba un motivo para pararse de la cama y ponerse hacer cuanta cosa se le ocurriera. Gregory había derramado sin querer un poco de jugo en el piso de su cuarto cuando subió a visitarla un ratito. Por no molestar a la empleada, ella misma fue por el trapeador, cuando regresó, olvidó dónde estaba exactamente el líquido derramado, resvalando ahí mismo y perdiendo de esa manera a su bebé.

-Eso lo marcó, Lizzy. Hay hombres que quedan profundamente afectados ante esos sucesos y tal vez inconcientemente te culpa de haberlo perdido, ya que debiste permanecer en cama. No estoy acusándote de nada, por si acaso, sólo dando el punto de vista y buscar una razón para lo que pasó...

-Pero es que eso sí lo hablamos... cuando me recuperé... le propuse volverlo a intentar, pero... no sé qué pasó que me miraba diferente, frío y de pronto... prácticamente me ignoraba...

Annie volvió a recordar otro dato importante. Stear había escuchado rumores sobre que Eliza lo engañaba. Al principio no prestó atención porque conocía a su esposa y no creía que fuera capaz de semejante bajeza. Los rumores se volvieron cada vez más persistentes y su relación con ella cada vez iba más hacia abajo. Decidió contratar un detective privado, uno que le había sugerido su jefe, con quien mantenía una buena relación de amistad más allá de lo laboral y que por se mayor que él, Stear lo veía casi como un padre. El detective recomendado no estaba disponible, pero la agencia le recomendó otro y Stear lo contrató sin pensarlo dos veces. Luego de un par de días, el detective le dio su informe. Muchas fotos de Eliza junto con Timothy, su vecino, viudo hacía un par de años y era amigo de ambos. Se habían tomado fotografías de él entrando y saliendo de la casa, tenían la costumbre de saludarse con un beso en la mejilla, el detective pudo manipular las fotos lo suficiente para que pudiera interpretarse otro tipo de acercamiento. Habían otras fotos de ellos cerca del auto, también manipuladas para que se viera como si estuvieran llegando juntos de algún lugar y otras muy sugestivas en la que aparecían abrazándose. Unos celos atroces estaban acabando con la vida de Stear. Fue ese día que decidió ir a ese pub... donde todo comenzó.

-Pensó que lo engañabas... en su propia casa y con... el vecino con quien tanto habían compartido...

-Y tú sabías eso y no me dijiste nada... Stear nunca lo mencionó. ¿Cómo pudiste hacerme eso, Annie? Tal vez ahora... no estaríamos pasando por esto...

-Lizzy... cálmate. No te había dicho nada porque el mismo Stear descubrió que todo había sido mentira...

Timothy había notado a Eliza muy deprimida, estaba al tanto de su reciente pérdida y él que había quedado viudo también llevaba una profunda pena, su amistad se había consolidado un poco más y dado que Stear se había refugiado mucho tiempo en su trabajo, ella estaba sola y Timothy era su paño de lágrimas. Se desahogaban y conversaban de todo, ellos nunca pensaron en nada malo, nada que los comprometiera, pero los demás vecinos no, y ahí comenzaron los rumores. Stear por un intento desesperado de saber que su esposa no lo había engañado, volvió a tratar de contactar al detective que había llevado el caso, como no lo conseguía, se dirigió a su jefe nuevamente y le mencionó la situación. Su jefe pudo contactar al primer detective que había sugerido que gracias a Dios, esta vez si estaba disponible. Stear le comentó sus inquietudes y le mostró las fotos y las evidencias que el otro detective había presentado.

-¿Qué porquería es esta? Estas son fotos claramente manipuladas. ¡Dios! No puedo creerlo. Los han estafado. Son imágenes sugestivas, nosotros no trabajamos así. Damos evidencia clara y precisa e incluso videos si el caso lo requiere.

El detective que llevaba años de experiencia y gozaba de prestigio y buenas recomendaciones estaba totalmente indignado. Stear se sintió como un verdadero idiota. Ya había metido la pata a más no poder. Había una tercera persona involucrada... relación que se había vuelto obsesiva y que se había salido de control. Ya no tenía cara para enfrentar a su esposa, ya no sabía qué hacer. La distancia que había puesto entre los dos era tan grande que ya no pudo cruzarla y así fue deteriorándose más el matrimonio y la confianza de los dos.

-No puedo creer todo lo que me estás diciendo, Annie. No entiendo cómo Stear no me comentó nunca nada. Ahora entiendo... tantas cosas. La distancia, la dureza de su mirada... la forma en que cortó toda relación con Timmy... ¡Oh Dios!

-Ya no te pongas así, Lizzy... A penas a pasado un mes, no se ha firmado nada. Tienes tiempo para recuperarlo. Ustedes tienen tiempo para salvar su amor. Se aman, Lizzy. Eso es lo importante. Tienen algo por lo que vale la pena luchar. No pierdan ese amor tan grande...

Eliza analizaba lo que su hermana le decía, pero no se sentía capaz, Stear iba a tener otro hijo y todo estaba muy dañado...

-No puedo, Annie... ¿y su otro hijo?

-¿Hijo? Lizzy, estás atrás. Parece que Stear no te lo ha dicho... no hay hijo... la chica nunca estuvo embarazada, lo que tenía era una anemia que se la estaba llevando quien la trajo.

-¡Qué dices! Entonces... tal vez aún haya algo que pueda hacerse...

De pronto Eliza se había llenado de ánimo, la esperanza había vuelto a renacer. Le resultó extraño que Stear no se lo hubiera dicho, había ido a visitar al niño todos los días y no lo mencionó. Pasaban mucho tiempo juntos, como si no se hubieran dejado, veían televisión, comían juntos, él se iba ya muy tarde cuando Gregory se dormía, lo único que no había en ellos era intimidad, después de aquella vez... pero nunca habían tocado el tema de su futuro hijo y mucho menos de retomar su relación, el divorcio aún seguía en pie. A pesar de todo... Stear no se sentía digno de ella, por tanto ni siquiera se planteó aclararle nada, pensó que no tenía caso y que ella nunca lo perdonaría. Se había resignado.

-Claro que sí, Lizzy. Ustedes sí tienen algo por lo qué luchar... se aman y ya no hay nada que les impida volver a ser felices e intentarlo otra vez.

-Este consejo viniendo de ti cuando tu...

-No es lo mismo, Lizzy. Stear te ama y tú lo amas. Antes de que pasaran por esta mala racha, te amó y respetó, te consintió, fue tu cómplice, un compañero y aún hoy te ha demostrado que te ama y por respeto a ti ni siquiera te mencionó que estaba libre de cualquier atadura que lo alejara de ti, porque entiende que no te merece, si yo tuviera eso, no lo pensaría y me daría una oportunidad, pero ese no es mi caso, hermanita. Ni hay amor, ni lo hubo, ni respeto, ni lo hubo, nada que pueda salvarse. Te deseo la mejor suerte. Arreglen todo este desastre. Se puede.

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-¡No! ¡A ella no! Ella no tuvo nada que ver. Tu problema es conmigo. Si quieres mátame a mí, no le hagas daño a ella, por favor.

Las súplicas de Terry eran desgarradoras, Candy lloraba y temblaba desesperada y él la cubría con su cuerpo mientras pedía por su vida.

-¿Ahora tienes miedo niño bonito? ¿Ya no quieres jugar al héroe?

El chaparro y dos de sus hombres se habían colado en su habitación, cada uno con potentes armas, una dirigida a él y las otras dos a Candy.

-Terry... tengo mucho miedo...

A Candy la envolvió un llanto de pánico y Terry no dejaba de protegerla con su propio cuerpo. No podía creer que estuviera a punto de perder lo que más amaba en el mundo.

-Por favor... a ella no, ella está... espera un bebé, por favor no...

-¿Ah te preocupa tu hijo? El Tonka era como un hijo para mí y no te importó un carajo matarlo.

Chaparro era cruel e implacable, a Terry no le quedaba más que rezar, no le importaba morir, había pasado el mejor tiempo de su vida, pero no quería ver morir a su mujer y a su bebé que aún no nacía.

-Por favor... no le haga daño a mi bebé... se lo suplico.

Candy se llevó los brazos a su vientre y lloró lágrimas de sangre temiendo lo peor. Chaparro fue tan cruel que bajó el arma para apuntarle directamente al vientre. Ya estaba a punto de apretar el gatillo.

-¡Noooo!

-¡Terry! Terry, mi amor... ¡Despierta!

Candy lo llamaba preocupada. Sólo había dejado la cama para ir un momento al baño y los gritos de Terry la alertaron. Lo encontró removiéndose bruscamente en la cama y bañado en sudor.

-Candy... ¡Candy!

Se sentó en la cama de golpe, azorado y tocando a Candy desesperadamente, como para asegurarse que siguiera viva.

-Estoy aquí, mi amor. Tuviste una pesadilla, pero ya pasó, mi cielo. Ahora yo estoy aquí contigo.

Se acomodó en su regazo y lo abrazó y lo besó dulcemente. Acaraciaba su cabello para que se calmara, pero su pulso y su corazón seguían muy acelerados.

-Candy... fue tan real... tú... estabas bañada en sangre... muerta y... el bebé...

-Fue una pesadilla, cielo, estoy bien. ¿Bebé?

Se quedó sin entender esa parte, no sabía por qué Terry mencionaba insistentemente "el bebé" y lloraba.

-En mi sueño estabas embarazada y habían venido a matarte para vengarze de mí...

-Fue sólo un sueño, cariño. Estoy muy bien y... todavía no tenemos bebé, mi amor. Tranquilo.

Candy no le dejó de abrazar y acariciar y él poco a poco fue relajándose. Candy y Terry no tenían prisa por tener un bebé, pero no se cuidaban para que llegara en el momento que fuera, se habían puesto de acuerdo en eso y toda la familia estaba al tanto. Doña Stella era la más desesperada, ellos se lo tomaban con mucha calma y practicaban mucho.

-Pecas... quiero que nunca dejes de abrazarme. No me dejes solo. No me dejes aunque yo mismo te lo pidiera. No quiero que me sueltes nunca.

En esta ocación era Terry el que se aferraba a ella con todas sus fuerzas, la abrazaba como un desesperado. Ella se había convertido en su ángel, cuando dormía abrazado a ella o sobre ella, no tenía sueños malos, dormía como un bebé, ella tenía que hacer grandes esfuerzos para que él despertara y se saliera de encima de ella, en los días que ella tenía clase y él tenía que atender los asuntos de negocios del centro comercial que su padre le había dejado.

-Nunca, mi amor, nunca voy a dejarte solo. Ya es muy tarde, ¿quieres dormir otra vez? ¿Aquí, encimita de mí?

Ella se salió de su regazo y se acostó para que él pudiera hacerlo sobre ella, pero se le había espantado todo el sueño, así que se quedaron conversando un rato mientras él disfrutaba de los mimos de ella como un niño. Se había malacostumbrado, ella lo tenía engreído y él aprovechaba muy bien la situación.

-Ya no podría vivir sin ti, pecas. Si un día te pasara algo... yo no sería capaz de continuar... sin ti ya no hay nada que me pueda interesar. Tú eres todo mi mundo, eres lo único mío.

-Shhh. No pienses en eso, mi cielo. Nunca vas a perderme. Yo soy todita tuya y de nadie más. También eres mi vida entera, me has dado cariño, amor, protección, me has dado todo lo que necesito, incluso unos padres y una abuela. Te amo con toda mi alma, Terry. Desde niña siempre te he amado, aún cuando no sabía el significado de esa palabra. Siempre estabas ahí, siempre me consentiste en todo y me defendiste, fuiste un verdadero hermano y ahora... eres mi amor y yo soy tuya.

El rostro angelical que adoraba y sus precisas palabras le dieron nacimiento a la pasión y el profundo amor que había en ambos. Reemplazaron las palabrerías por besos y caricias que pronto le dieron paso a otra apasionante entrega en la que Terry dejó todo su ser dentro de ella para luego caer en el interrumpido sueño.

Dado que se había cumplido el mes, dando paso a Semana Santa, ellos se encontraban en la habitación que siempre había sido dispuesta para ellos en la Hacienda Grandchester. La relación con la familia se había solidificado grandemente. Terry adoraba estar ahí tanto como ella, aunque claro, no lo admitía. Pasaba bastante tiempo con su padre, aprendiendo de todo un poco y comenzando a amarlo y admirarlo aunque claro, tampoco lo admitía. Su abuela y Louise los llenaban de mimos y los complacían en todos los antojos, especialmente a Candy, pues anheleban ya que Terry la embarazara para poder consentir también al nuevo bebé. También se habían vuelto sus defensoras y árbitros en todas las tontas peleas y las no tan tontas que siempre tenían la pareja. Las peleas siempre eran causadas por la sobreprotección y celos de Terry y por la necedad y voluntad de Candy.

-Mamá... es Viernes Santo... ¿no se supone que no se come carne hoy?

-¡Tonterías, Richard! La gente hace y deshace todo el año y este día vienen a dárselas de santos, no, yo no, este pernil hay que comérselo ahora mismo. Además, esa es una costumbre católica y nosotros no somos católicos, así que a comer y a dejarnos de pendejadas.

Terry soltó la carcajada, había aprendido adorar a su peculiar abuela. Era cierto que no eran católicos, pero eran creyentes y como muchos habían guardado esa tradición, hasta que conocieron a doña Stella, claro.

-Stella nos ha corrompido a todos, Terry. Van a tener el bebé más malcriado del mundo si lo dejan mucho tiempo junto a ella.

Louise se había ganado el cariño y confianza absoluta de su hijastro, hacían bromas juntos y se defendían de los ataques de doña Stella, era todo una comedia estar en esa familia. Candy siempre lloraba por no irse.

-Y hablando de bebé, Terry... no has hecho muy bien tu tarea, Candy aún sigue tan flaca como una manguera y no veo que su barriga empieze a crecer.

-¡Mamá! ¡Por el amor de Dios! Ya déjalos en paz.

Richard se alteró, pero lejos de todo, Terry rió porque poseía el mismo sarcasmo y carácter burlón de su abuela, ni siquiera Candy se avergonzaba ya.

-Tranquila, abuela. En esa tarea soy muy aplicado, ¿verdad, Candy?

-¡Terry! Nadie te preguntó eso.

Esta vez si se avergonzó porque no se esperaba la respuesta directa de Terry, todos rieron, especialmente Terry que parecía que le daría un ataque.

-¡Ay, Candy! Acostúmbrate ya como lo hice yo. No te preocupes, pronto se nos ocurrirá algo para vengarnos de estos dos.

La dulce Louise en defensa de su nuera, la que había consentido y mimado desde el principio y la consolaba cada vez que Terry la hacía llorar de rabia por sus constantes peleas y discusiones.

-Buenas tardes... espero no haber sido muy impuntual...

-Buenas tardes, Tom. Siempre tan guapo y fuerte. Estos brazos tienen a todas las chicas del pueblo delirando. ¿Cuándo vas a presentarnos a tu novia?

-Será cuando la tenga, señora.

Tom luego de su respuesta, miró a Candy inconcientemente, nadie notó eso, ni siquiera él mismo, pero Terry sí, poniéndose tenso inmediatamente. Dirigió su mirada hacia Candy, como retándola a ponerle atención de más al vaquerito y ella le sostuvo la mirada igualmente desafiante.

-No le hagas caso, Tommy, ya sabes que a Stella le encanta indagar en asuntos que no le incumben.

-¿Que no me incumben? Richard, te recuerdo que soy tu madre y me respestas. Además, claro que me incumben, este muchacho lo he tenido conmigo desde que aún se hacía pipí en los pantalones.

-Eh... Doña Stella, mejor no me ayude.

Cuando Tom dijo eso a Candy por poco hubo que levantarla del suelo porque se estaba destornillando de la risa. Tom le guiñó un ojo y se fascinó al ver esa reacción tan peculiar y su risa tan natural y un poco infantil. Había puesto sus ojos en la chica imposible. No sólo porque tenía novio, sino que además dicho novio era el hijo pródigo de su jefe al que quería como a un padre y porque además sabía que Candy lo adoraba y porque él era un caballero y era honesto, no haría algo que no le gustaría que le hicieran a él. Aún así no pudo evitar enamorarse de Candy. De su dulzura e inocencia. Su sonrisa y la forma atenta en que siempre lo trataba, a pesar de Terry. Todos reían, pero Grandchester Jr. estaba muy serio, no soportaba el hecho de ver a Candy riendo así por la ocurrencia de él y sobre todo que él la miraba con la misma adoración con que lo hacía él. No era que Tom le cayera mal, pero el simple hecho de que mostrara cualquier interés en su novia ya era motivo suficiente para odiarlo.

-Candy, si sigues riéndote así, la que se hará pipí serás tú.

A pesar de la advertencia de Louise, ella siguió riendo un rato más hasta que por fin se calmó y pudieron servir la comida que ya tenía a todos desesperados por probar.

-Candy... ¿sabías que Madonna está a punto de parir?

-¿En serio? Nunca he visto un caballito nacer... ¿Puedo verla cuando vaya a parir?

Mientras comían y se hablaba de todo un poco, Candy y Tom parecían estar en su propio mundo y hablaban como si fueran los mejores amigos del mundo, a nadie le molestaba, excepto a Terry.

-Claro que puedes, Candy. Te avisaré tan pronto cuando...

-¿Y se puede saber a quién le pediste permiso para llevarte a Candy a ver una yegua parir?

Terry no pudiendo resistirlo más, sacó a flote su dulce carácter y sobre todo el gran afecto que sentía por Tom, éste se puso nervioso. No porque le tuviera miedo a Terry, sino por la pelea que se avecinaba que siempre hacía llorar a Candy y además por respeto a la familia que tanto habían hecho por él.

-Terry, yo no necesito tu permiso para salir. No soy tu hija, así que por favor...

-¡Eres mi mujer! No vas a ninguna parte sola con él.

-¡Terruce! Ya basta, deja a tu mujer respirar, ella no es de papel, si ella quiere ver a la dichosa yegua parir, deja que vaya, ¿qué tiene de malo?

Este fue Richard que ya estaba perdiendo la pasiencia, él tenía también ese carácter posesivo y celoso, pero Terry se había llevado el premio.

-Todo tiene de malo. Ustedes siempre defienden al vaquerito y dejan hacer a Candy todo lo que le da la gana y siempre pasan por encima de mí. No me importa que vea parir a la maldita yegua, lo que me encojona es que haga los planes para irse con él sola, como si yo no existiera.

Se paró bruscamente de la mesa y dio un fuerte golpe sobre ella, asustando a la pobre Louise que se había puesto muy nerviosa.

-Lo siento... no fue mi intención provocarles esta discusión. Creo que yo mejor me voy. Pasen buenas tardes.

-¡No! La que se va pa'l carajo soy yo. Ya estoy harta de todas las mierderías de ustedes dos. No soy propiedad de nadie.

Candy se puso de pie y salió como alma que lleva el diablo hacia los caballos. Su intención: desaparecer un buen rato al galope con Julieta, lejos de Terry y de todo.

-¡Candy! No te atrevas a...

La amenaza de Terry se quedó en el aire, Candy se había alejado bastante, se montó sobre la preciosa yegua y salió disparada.

-Que bien, Terruce. Arruinaste mi Viernes Santo con tus tonterías. ¿Por qué será que ustedes los hombres tienen que ser tan cabezotas?

-¡Ya fue suficiente! Tom, ve a buscar a Candy. Terry, tú...

-¡Por supuesto que no! Yo iré a buscar a Candy.

-¡Terruce! Tú vas a venir conmigo ahora mismo y Tom irá a buscar a Candy. ¡Ven!

Por primera vez Richard le habló con autoridad a su hijo, tanto así que Terry se contuvo de replicar y destilando pura furia lo siguió hacia un lugar más privado. Tom había salido montado en Romeo para buscar a Candy, sabía dónde podría encontrarla.

-Con que aquí estás, pecosa.

-¡Tom! ¿Viniste con...?

-Tranquila, vine solo. Richard obligó a Terry a quedarse con él para una charla de hombre a hombre.

Él la encontró en lugar de siempre, sentada en la hierba y viendo a Julieta comer y beber. Estaba molesta y también triste y lo peor era que a pesar del poco tiempo que llevaba ahí sola, ya extrañaba a Terry horriblemente. No le gustaba estar disgustada con él, le gustaba que él la celara, pero muchas veces se le iba la mano y sus arranques salían a relucir en los momentos menos indicados.

-Tom, no me lo tomes a mal, pero... no me digas pecosa... ni nada referente a mis pecas. Realmente no me gusta... es más, me molesta.

Tom se sorprendió, pero luego le dio una sonrisa radiante y se sentó junto a ella.

-No sabía que te molestara, Terry te lo dice todo el tiempo...

Terry... claro que se lo decía todo el tiempo, desde que nació, desde que tuvo uso de conciencia recuerda que siempre la llamó así, él le dio ese nombre, pero nadie más la llamaba así. Su mamá siempre le decía Candy y su papá y hermano "princesa".

-Así es. Terry me puso ese nombre y sólo a él le permito llamarme así. Cuando él me llama por mi nombre... no me gusta, porque eso ese señal de problemas. Además... si Terry te escucha llamándome así...

-¿Qué hará?

-Tal vez partirte la cara.

-¡Terry!

Candy se sobresaltó y se puso de pie. ¿No que estaba teniendo una conversación hombre a hombre con su padre? Tom también se puso de pie y tanto él como Terry se desafiaban con la mirada. Candy estaba nerviosa, conocía el carácter violento y temperamental de Terry y más cuando los celos se apoderaban de él.

-El vaquerito no pierde el tiempo cada vez que te sabe sola. ¿Qué no te dijo mi padre que la llevaras de vuelta?

-¡Ya basta, Terry! Estaré de vuelta cuando a mí me de la gana, no cuando tú y tu padre lo digan. Ya me tienen harta.

Candy se volvió a sentar como si nada y Tom ya no sabía qué hacer, tenía órdenes de regresarla, pero tampoco quería enfrentarse a la furia de la rubia, que ni siquiera temblaba ante la mirada iracunda de Terry.

-Vaquero, puedes irte. Yo llevaré a mi mujer de vuelta.

-¿Estás de broma, verdad? Tu padre me da órdenes, no tú. La órden es llevar a Candy de vuelta. No pienso dejarla sola contigo y con ese carácter del demonio que tienes.

Tom lo desafió y Terry no lo podía creer. Nada cobarde el vaquerito, pensó, pero su pasiencia ya estaba tocando el límite y la cosa no pintaba nada bien.

-Mira, Woody... mi pasiencia tiene un límite, ¿sabes? Y tú estás sobrepasándolo. Lárgate de aquí y déjame resolver el problema con mi mujer.

-Y yo te repito, amigo, que tengo órdenes de llevarla yo, así que...

Tom se inclinó para tomar la mano de Candy y levantarla del suelo, dispuesto a llevársela.

-Si te atreves a tocarla te mato a golpes.

-¡Hazlo!

El componente final para que la bomba estallara. Terry tomó a Tom por el cuello de la camisa y lanzó el primer golpe directo a su cara, partiéndole el labio, Tom lanzó otro golpe que se estampó en la mejilla de Terry en donde pronto saldría un moretón. Siguieron enfrascados a los puños hasta que escucharon a Candy yéndose en su caballo.

-¿Ves lo que has provocado, imbécil?

-¿Yo? Tú fuiste el que provocó que ella reaccionara así con tu estupidez. No sé cómo ella te soporta.

-Ah por que tú serías mucho más fácil de soportar, ¿verdad?

Terry no le dio tiempo a que contestara y se montó en Romeo para alcanzar a Candy.

-¡Ese es mi caballo!

-¿En serio? Porque papá me lo regaló y yo no recuerdo habértelo prestado.

Dejándolo a pie, Terry emprendió la marcha de vuelta a casa.

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Candy entró a la casa hecha una furia y sin voltear a mirar a mirar a nadie. Richard ni siquiera se detuvo a mirarla, sentía que su ira podría matarlo.

-¿Dónde están Terry y Tom?

Quiso saber Stella al verla llegar sola y ni rastro de los dos hombres.

-Allá los dejé matándose entre ellos. Tal vez se los llevó el diablo.

-Jovencita, a mí usted no me hable así. Siéntese aquí.

La anciana le ordenó señalándole una silla junto a Louise, mas Candy no acató la órden su coraje no la dejaba.

-Candy... acompáñame a mi cuarto. Quiero hablar contigo, cariño.

Ante la petición de Louise, ella no pudo negarse. De la mano se dirigieron a su habitación. Ésta contaba con una pequeña salita y luego de que Louise tomara asiento, Candy se sentó en el piso, quedando entre las piernas de Louise quien cariñosamente le acariciaba el pelo mientras conversaban.

-Es que me da tanta rabia. Yo lo amo mucho, de verdad lo amo, pero él es tan... insoportable a veces.

Candy soltó esas palabras llorando. Lloraba porque le dolía que Terry no confiara en ella lo suficiente, lloraba por tener que pelearse con él cuando todo lo que quería era abrazarlo siempre y estar entre sus brazos o disfrutando de sus besos y mimos.

-Lo sé, cariño, no es fácil. Pero sabes, Terry te adora, con toda su alma, con sus virtudes y defectos. Todo, cariño, todo lo que ha hecho ha sido por ti. Aceptar a su padre y toda su ayuda, lo hizo por ti, al momento que te quedaste sola. Tu padre llevaba más de un año tratando de convencerlo y Terry nunca cedió. Cuando tú necesitaste de él al quedarte sola en el mundo, Terry... que tiene un orgullo tan fuerte como su carácter, se lo tragó por completo, para que tú tuvieras todo lo que él no podría darte aunque intentara rehacer su vida. No es fácil, cariño, toda su vida en el bajo mundo, adaptarse a esta nueva vida no es nada fácil para él y aunque ahora goza de dinero y posición, todo ha sido por ti, él no habría aceptado nada si no fuera por ti.

Candy en el fondo sabía todo eso, pero aún así le molestaban los arranques de Terry, porque ella también lo adoraba y haría cualquier cosa por él, incluso darle un bebé, lo anhelaba.

-Es que yo lo amo también con todo mi ser, Louise. Yo lo amo desde mucho antes que él se fijara en mí. No me molesta que me cele, de hecho... me gusta, pero se pasa a veces. No conoce límites a la hora de montar sus espectáculos y además se cree el mandamás y...

Louise rió porque miles de flashbacks de ella y Richard pasaron delante de sus ojos. Muchas peleas tuvieron ambos por lo mismo. De tal palo...

-Eso lo sé bien, cariño, llevo más treinta años casada con su padre que no era diferente en sus tiempos. Terry no la ha pasado bien, ha tenido muy poco en la vida, sobre todo amor y cariño. Su alma se corrompió mucho en las calles y de alguna manera tú... significas la parte de él que se ha mantenido intacta, lo puro de su vida, la inocencia que él no tuvo. Por eso te cela tanto, querida. Cada vez que ve que alguien nota todo lo que él ha encontrado contigo, se siente amenazado de que le quiten lo mejor de su vida. Tú le pides el mundo y él te lo daría sin pensarlo. A ti Terry te defiende a muerte. Ustedes se aman, su pasión ni siquiera se apaga en medio de las fuertes peleas. Terry es apasionado e irracional cuando ama u odia, para todo, igual que su padre. Tienes que tratar suave y sutilmente de irlo enseñando a confiar. Recuerda que todo es muy reciente y nuevo para él, está haciendo su mejor esfuerzo. Debes comprenderlo que está librando con sus propios demonios. Enséñalo a tener confianza en sí mismo. Conviértete en su roca, hazlo sentir seguro. Sé que lo lograrás porque lo amas con la misma locura que él te ama. Aún son muy jóvenes y están comenzando a andar por este camino, pero con ese amor tan inmenso, podrán sobrepasar todos los obstáculos.

Candy derramaba lágrimas que Louise no podía persibir debido a su condición, pero que intuía que las había. Candy se preguntó cómo fue que Dios no le dio hijos, porque estaba segura que sería una madre excelente. Muchas veces había estado tentada a llamarle mamá, pero no se atrevía. No quería aferrarse a alguien que luego la abandonara o la suplantara.

-Louise... a veces pienso que este mundo está mal repartido... usted es la mujer más dulce y especial que he conocido. A Terry y a mí nos habría encantado tener una madre como usted... tampoco sé cómo fue que Richard pudo engañar...

De pronto Candy se quedó en silencio, reconociendo que iba hablar de más. Louise entendió perfectamente a lo que Candy se refería y dado a la confianza que Candy había mostrado con ella, decidió aclararle la verdadera historia en torno a todo lo relacionado a su matrimonio y a Terry.

-Sabes, cariño, la vida a veces suele ser un espejo unidireccional para algunos. Tenemos que escuchar las dos campanas antes de juzgar. Richard no me engañó, bueno, no como la gente piensa.

La mente de Louise viajó al pasado. Cuando tenía diesciocho años como Candy, joven, enamorada y con ilusión. Su amor de adolescencia no era Richard, en ese tiempo ellos eran mejores amigos, pues debido a los negocios, sus padres y los de él eran socios, pero ellos nunca se sintieron atraídos por el otro. Ella se enamoró perdidamente de un chico que no era malo, pero carecía de carácter, voluntad y responsabilidad. Sus actos impulsivos trajeron consecuencias.

-Terminé con el corazón roto y embarazada. Mis padres... ellos no podían tener hijos y me tuvieron a mí muy tarde, mi mamá ya estaba entrada en los cuarenta y mi padre tenía casi sesenta. Somos de descendencia inglesa y mi familia tenía grandes aires aristócratas. El ser tan anticuados hizo que mi error les provocara una vergüenza más grande que el amor que me tenían.

Louise derramó lágrimas, pudo recordar exactamente las duras palabras que sus padres le dijeron, todos los insultos que le dedicaron. La paliza que le propinaron entre ambos que se llevó la vida de su bebé, que casi acabaron con la suya misma y con todas las posibilidades de volver a embarazarse. Para tapar la mancha del comportamiento de su hija y porque a ellos además les convenía, ambas familias, la de ella y la de Richard, se pusieron de acuerdo para que se casaran y unir ambas fortunas. A los padres de ella sólo los movía el interés, en cambio a los de Richard, la intuición de que aprenderían amarse, pues ambos chicos se tenían un cariño profundo y ellos adoraban a Louise.

-Richard aceptó por mí, sentía que si me dejaba desamparada... mis padres terminarían matándome, se casó conmigo para protegerme. No teníamos un amor de pareja, pero sí un inmenso cariño y respeto. Richard era un hombre... no estaba enamorado ni yo tampoco, especialmente porque seguía sufriendo por mi amor perdido que no tuvo los pantalones de enfrentar a mi familia ni sacar cara por mí...

Como no eran una pareja normal, sino que él sólo estaba protegiéndola, sus necesidades y curiosidades físicas lo llevaron a ciertas mujeres, entre ellas, Eleanor. Ella fue la que lo marcó, no porque se haya enamorado profundamente de ella, sino porque ella iba a darle algo que era lo más valioso en la familia de dónde venía, un hijo. Se habían conocido en una discoteca de moda en ese tiempo. Eleanor prácticamente se lanzó a sus brazos y de ahí surgió su relación hasta que se enteró que esperaba un hijo.

-Con el tiempo, por alguna razón, Richard y yo de tanto tratarnos, apoyarnos y consolarnos mutuamente, terminamos enamorándonos. Perdidamente, así como tú y Terry. De pronto fue como si nos hubiéramos visto por primera vez. Tal vez el sentimiento siempre estuvo ahí y no nos dimos cuenta, pero fue lo más maravilloso del mundo. Descubrimos cosas el uno del otro que jamás imaginamos que teníamos.

Al Richard poner fin a la relación que tenía con Eleanor y porque a ésta le gustara mucho la vida fácil, él no pudo verla como una mujer por la cual se casaría y formaría un hogar, pero sí amaba al hijo que venía en camino, Eleanor no estaba conforme con que él sólo se hiciera cargo del niño, lo quería todo y al Richard no ceder, inventó toda aquella patraña de que lo engañaba y que el hijo no era suyo. Richard y Louise se enamoraron, pero ya la situación con Eleanor estaba, pero ambos lo aceptaron, puesto que no había traición ahí, no había un matrimonio verdadero previo al desliz con la madre de Terry, así que lo aceptó. Lloró junto a su esposo cuando sucedió todo el enredo de que el hijo no era suyo y más adelante sus fallidos intentos de quedar embarazada, aunque eso fue antes y después de Terry. No había un amor convencional, pero ella y Richard se pusieron de acuerdo para que ella fuera madre, debido a la gran pérdida por manos de su padre. Siguieron pasando los años y nunca consiguió la dicha de ser madre.

-Supongo que Dios sabe lo que hace, cariño. Me estaba preparando para ustedes. Me estaba preparando para dos niños hermosos que necesitaban todo el amor y comprensión del mundo. El destino me los prestó a ustedes dos y ahora no podrán deshacerse de mí, ni ustedes ni el bebé que sé que pronto vas a tener.

Candy se puso de pie para darle un efusivo y sincero abrazo a Louise, la madre con quien ella siempre soñó. El ser delgada le permitió sentarse en su regazo sin que su peso la incomodara y acurrucada en sus brazos lloró. Ella la abrazaba y consolaba como a una hija. Ambas lloraban, aunque en esos momentos era de felicidad.

-¿Se puede?

Se escuchó la voz de Richard tras la puerta y ambos se incorporaron. Louise anunció que podían pasar. Entraron Grandchester Sr. y Jr.

-Candy... ¿podemos hablar?

-¡No! Me quedo aquí con Louise.

-Candy... recuerda lo que hablamos. Ve con él.

Candy muy orgullosa y con la frente en alto, respingando su naricita fue con Terry, como si le costara mucho esfuerzo hacerlo, cuando en el fondo se moría porque todo se arreglara ya y estar nuevamente entre sus brazos. Richard y Louise a espalda de ellos rieron. Porque Terry no encontraba qué hacer para ganársela y por lo orgullosita que caminaba Candy.

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-Pecas... yo... quería disculparme por haberte arruinado el día no fue mi intención... en serio, yo...

-Nunca es tu intención, Terry. Siempre la misma excusa, no confías en mí, te crees mi dueño y...

Terry había intentado acercársele muchas veces tratando de conseguir algún contacto físico, pero ella no cedía.

-Lo sé, mi amor. Sé que soy un idiota muchas veces. Pero sabes, este idiota te ama con toda su vida, pecosa. Te amo tanto que no soporto la idea de que alguien pueda ganarse tu cariño más que yo. Te advertí muchas veces, amor, que yo no era bueno para ti, intenté dejarte ir, pero me convenciste de intentarlo y ahora que sé lo que es estar junto a ti y amarte, no puedo dejar que te alejes de mí ni aunque tú misma me lo pidieras. Lo siento, pecas, pero ya estás tarde, ahora tienes que amarme así, con todo lo idiota que soy.

Candy no quiso, pero tuvo que reirse, porque él tenía razón. Ella lo conocía de sobra y a pesar de todas sus advertencias, se aventuró por ese terreno y lo convenció de dejarla entrar en su vida, ella sabía y conocía muy bien su carácter, sabía que era celoso, posesivo y el genio del demonio que tenía, ya no podía simplemente echarse para atrás así como así. Él la había abrazado por la espalda y ella ya no le puso más resistencia. Dejó que él la retuviera así un rato y que depositara todos los besos que quiso sobre su pelo y cuello.

-Terry, yo te amo mucho también, te adoro, ojos de cielo. Pero es que cuando tú quieres ser insoportable, cariño, no hay quién te quite el título.

-Pues mira que cosa, porque yo pienso lo mismo de ti. Sobre todo cuando te pones de malcriada y lo único que me inspira es darte unas buenas nalgadas.

Las nalgadas se las dio de verdad haciendo que ella se volviera a molestar porque de verdad le dolieron.

-¡Me diste duro!

Le reclamó sobándose el área afectada.

-Lo siento, pecas. ¿Me perdonas?

Estando ya de frente cada uno y él con sus manos en la cintura de ella y mirándola con esos ojitos de no rompo un plato, cómo diablos podía negarme algo.

-No lo sé, Terry, depende.

-¿Depende de qué?

-De qué tan bien hagas tu tarea esta noche, cielo.

La malicia con que lo miró despertaron todos los sentidos de él, los sentidos y algo más. Candy comenzó a despojarse de su ropa lenta y sensualmente, provocándolo. Cuando quedó a penas con la ropa interior, no le permitió quitársela, quería contemplar por un rato más su conjuto de tanga y brassier rojo de encaje y que transparentaban en las partes más apetecibles de su anatomía.

-Hoy pienso sacarme una A+ en la tarea, mi amor.

-¿Tan seguro estás? Aún no te he dicho cuál es tu lección de hoy, amor.

Sin dejar de provocarlo ni un momento, comenzó a bajarle los pantalones, despojándolo también de los calzoncillos. Cuando le quitó todo, se arrodilló y su boca comenzó a jugar con eso que él tenía muy duro y que a ella le parecía lo más apetecible del mundo.

-¿Cuál es mi lección, cariño?

Le preguntó con la voz ronca y entrecortada porque la boca de ella parecía estar saboreando una paleta. Para contestar su pregunta, se levantó un momento para susurrarle al oído su lección.

-Hoy, amor, tienes que hacerme ese bebé del que tanto me hablas.

Continuará...

Que tal, chicas lindas! Sé que la espera desespera, pero espero que haya valido la pena. Me tardé un poco más de lo normal debido a mis problemas de conexión en un principio y luego porque se me presentaron varias dilegencias que me quitaron más tiempo aún, pero aquí está por fin este capítulo el cual espero que haya sido de su agrado.

Como ven, no todo es lo que parece siempre. Hay que escuchar las dos campanas de la versión antes de hacernos cualquier juicio. A la larga, nadie sabe lo que hay en la olla, más que la cuchara que la menea. Hay circunstancias que no justifican las faltas cometidas, pero que sí son de mucha influencia al momento de cometerlas y que por nuestra condición de seres humanos, imperfectos y pecadores, nos dejamos llevar por la corriente. Aquí vimos las dos caras de la moneda, como lo indica el título.

Bueno, me despido niñas hermosas, hasta la próxima. Un beso para todas.

Wendy

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Nunca me cansaré de agradecer su inmenso apoyo, mis chicas fieles. Tener 121 reviews con 6 capítulos es algo que sólo ustedes me han hecho alcanzar, mil gracias por confiar en mí y dejar surgir esta bonita amistad a travez de mis locas historias. Sé que tal vez no cuento con la mejor ortografía y que muchas veces cuelo palabras en inglés porque escribo en la forma que hablo o porque me acostumbro tanto a decirlo así que termino creyendo que esa es la forma correcta de decirlo, sorry, trato de hacerlo lo mejor que puedo. Tampoco soy la más perfecta y precisa con los detalles, son las partes que más difícil se me hacen, pero estoy mejorando en cada capítulo y en cada historia y todo eso es gracias a su apoyo y sugerencias. Esta historia me ha dado un giro un poco más maduro, pues he salido del típico romance adolescente a uno un poco más maduro, aunque Candy tenga la misma edad, la diferencia con Terry le da un giro a la historia que me encanta, espero que estén de acuerdo y les guste. Más que buena ortografía y precisión en los detalles, una historia, sobre todo, debe captar la atención del lector en todo momento para que puedan seguirnos hasta el final. Espero que yo haya podido conseguir eso. Me lo dejan saber con un review, ahora sí me voy.