Tu mayor tentación

Por: Wendy Grandchester

Capítulo 8 Sorpresas de la vida

Candy le había asignado una tarea a Terry que él estaba más que dispuesto a aprobar. La atrajo hacia sí para poder disfrutar de su hermosa y sensual lencería. Sus dedos acariciaron los pezones que sobresalían de la transparecia de la prenda, haciendo que al contacto se endurecieran orgullosamente, extendiéndole una invitación a probarlos y ver cómo se lucían descubiertos. Candy estaba tan excitada que se mordió los labios, gesto que prendió a Terry y tuvo que dedicarles atención a ellos también, fundiéndolos con los suyos mientras con sus dedos acariciaba el lugar donde se llevaría a cabo su tarea.

-Voy a cumplir con mi tarea en todas las formas posibles, amor. Vas a tener ese bebé esta misma noche, te lo prometo.

-Pues empieza a demostrármelo porque ya no aguanto más. Llevo todo el día deseando que me hagas el amor.

Dado a las ansias que tenía Candy y él también, sin dejarla de besar le fue desabrochando el brassier con una maestría sorprendente y cuando éste al fin cayó para mostrar la hermosura de sus dos pechos, la boca de Terry fue descendiendo de sus labios a su cuello y hombros para luego estacionarse en esas pequeñas montañas que sólo despertaban los más lujuriosos deseos. Los chupaba mientras los sostenía en sus manos, los besaba con devoción, dejando su humedad en cada rincón de piel y escuchando los sensuales gemidos de su mujer.

-Nunca podré cansarme de hacerte esto, mi amor. Estás tan rica por todas partes.

-Mi amor, tú también... eres irresistible... me encanta estar así contigo, todo lo que me haces es tan rico...

-Voy hacerte cosas más ricas hoy, amor. Voy a comerte enterita.

Apretando fuerte sus nalgas, la despojó de las tangas. Se la colgó en el cuello y se recostó de la pared. En esa posición su boca tuvo pleno acceso al paraíso entre sus piernas el cual su boca y su lengua exploraron y saborearon exquisitamente como si de un dulce se tratara. Ella había perdido hasta la visión, estaba enloquecida, la sensación era alucinante.

-Terry... mi amor, que rico. Mmm... ahhh...

Estaba tan extasiada que se movía sobre su boca, como si quisiera causarse aún más placer y sus gritos de satisfacción era muy probable que se hubieran escuchado por toda la casa, pero no le dio importancia a eso, no interrumpiría ese momento por nada del mundo.

-Rica estás tú, cariño.

Él ya no podía seguir resistiendo las ganas inmensas de estar en su interior, así que se acercó a la cama y la acostó muy cerca de la orilla, colocando las piernas de ella al rededor de su cuello y así mismo de pie comenzó a entrar en ella. Fuertemente, super excitado y ella gritaba y gemía como una desesperada. Había extendido sus manos hacia arriba, abandonándose a todas las sensaciones deliciosas que Terry estaba proporcionándole.

-AAhhh.. un poco más fuerte, mi amor, me gusta mucho. Ahh mm...

Accedió a sus deseos y le dio con todas sus fuerzas, ella sabía cómo sacarlo de control, estaba disfrutándolo como nunca. Tenía un ritmo que sólo podía transportarla al paraíso de la lujuria y el placer.

-Ahora, mi amor, quiero que te pongas así. Verás que rico es.

Estando en cuatro, brindando una vista exclusiva de su bien dotado trasero, sostuvo el pelo largo que se esparcía por su espalda y lo halaba mientras embestía su interior con la fuerza que su excitación exigía.

-Ohh... ahh.. mmmm... Terry... te amo... ahhh... ohh...

-Eso es, mi amor, grita, no te cohibas. Quiero escucharte.

La soltura de ella a la hora de expresar su placer sólo lograba enloquecerlo más. Esa niña estaba hecha de pura pasión, había sido hecha para él. Terry ya tenía los ojos casi cerrados porque la divina sensación le nublaba los sentidos. Entraba y salía de ella con fuerza y velocidad, se sentía como huracán, poderoso y estrepitoso. Hacía estragos en su interior, moría por estallar.

-Mmm... Terry... creo que ya... ahhhh... ahh...

El orgasmo huracanado que tuvo la hizo ver chipas y relámpagos de pasión caer sobre ella, había tenido la mejor experiencia, nunca se había mostrado tan suelta. Terry terminó explotando en su interior de la forma más divina. Estaban tan exhaustos que se quedaron recostados un rato sobre la cama. Sus cuerpos aún temblaban y vibraban.

-Te amo, pecosa. ¿Cómo estuvo mi tarea?

-Pues... habría que esperar unas semanas para ver los resultados, mi amor. Aún no puedo darte tu calificación.

-No me molestaría seguir repitiendo la prueba hasta que pueda calificar.

Entre su relajo se fueron al baño y llenaron la tina. Terry ayudó a Candy a entrar una vez que estuvo llena y se hundió con ella entre sus piernas recostada de él mientras la abrazaba.

-Sabes, mi cielo, me gustaría que tuviéramos el bebé ya.

-A mí también, pecas, pero no hay por qué tener tanta prisa, mi amor, estoy seguro que en cualquier momento estarás luciendo una hermosa barriguita.

-Pues sí, pero yo lo digo por tu abuela, mi amor. Ella quiere ver uno y...

Terry de pronto entendió exactamente lo que ella quiso decir. La abuela aún se veía vigorosa, pero tenía más de setenta años y si se lo tomaban con mucha calma, tal vez no lograría verlo en sus momentos vigor.

-Candy... cuando tengamos al bebé... ¿podré cargarlo?

Ella se quedó perpleja con su pregunta. Sería su hijo, lo más lógico es que lo cargue, tiene todo el derecho.

-Terry... claro que puedes cargarlo, será tu bebé. ¿Por qué preguntas eso?

Cumplía diez años y la casa que compartía con su madre estaba llena de visitas ese día por motivo a su cumpleaños. Todo había sido humildemente decorado y adaptado a la primera película de Toy's Story y había algunos niños del barrio compartiendo ese momento, incluyendo Anthony y Candy que era a penas una bebé de pocos meses.

-¿Viste que linda mi hermanita, Terry?

-Claro que sí, Tony, además me lo has preguntado cien veces ya.

Desde pequeño Terry fue arrogante y temperamental, pero por alguna razón los demás niños lo seguían y eran sus amigos, siempre tuvo ese espíritu de liderazgo y Anthony que había sido su amigo de toda la vida no le hacía caso por su brusca respuesta.

-Necesito ir al baño. Tony, te encargo a Candy en lo que regreso, cuídala bien, cariño.

Su madre le dio un beso al pequeño Anthony de ocho años, le entregó a la niña y se dirigió a donde había mencionado. Terry veía con la adoración que Anthony cargaba a la bebé y de pronto sintió deseos de tener también un hermanito, o una hermanita así de linda como Candy, pensó en su mente aún de niño.

-Tony... ¿puedo cargarla?

Terry le preguntó con sus ojitos azules llenos de ilusión y aunque Anthony dudó un poco por miedo a que su madre se molestara, ya que él estaba a cargo y se tomaba muy a pecho esa responsabilidad, pero siendo Terry mayor que él, despojó todo sentimiento de miedo y se la entregó.

-La sostienes así y debes asegurar su cabecita, a veces se lanza hacia atrás y mamá dice que eso es malo.

Con el debido cuidado, Terry cargó la bebé y no pudo describir lo que sintió. La pequeña bolita rubia miraba todo al rededor con sus ojitos verdes tan grandes y curiosos que enternecieron a Terry, anheló con más fuerzas tener también un hermanito. Pasó suavemente su mano por la pelucita rubia de su cabeza y le dio un besito en una de sus infladas mejillas.

-Eres pecosa como tu papá.

Le dijo a la bebé que le sonrió inocentemente con sus encías desdentadas.

-También puede ser tu hermanita, Terry. Si tú eres mi hermano, entonces Candy es tu hermana.

Terry estuvo de acuerdo y desde ese momento comenzó a adorar a la bebé pecosita que tenía en sus brazos con tanta delicadeza como una flor.

-¡La bebé!

Gritó alguien con horror. Uno de los niños que vino corriendo de quién sabe dónde, tropezó con Terry que aún sostenía a la bebé y lo hizo tambalear varias veces, pero recuperó el equilibrio y ni él ni la bebé se cayeron, la niña ni se inmutó ni se asustó. Ni siquiera se enteró de que estuvo a punto de caerse y de lo acelerado que se volvió el pulso del pobre Terry que acababa de pasar el susto de su vida.

-¡Dios mío! Estuviste a punto de perder a esa bebé. Es que no puedes hacer nada bien, Terruce. Todo lo que tocas lo rompes.

Eleanor le quitó la bebé de los brazos y lo miró con la mirada más dura que una madre pudiera dedicar a su hijo. Desde ese día, Terry jamás cargó un bebé.

-¿Terry?

-Eh... dime...

-Mi amor, te quedaste en un trance. ¿Estás cansado?

-No, pecas, lo siento... es que...

Terry le contó todo su recuerdo, algo que había enterrado durante todo ese tiempo, pero nunca perdió el cariño por la bebé ni dejó de adorarla.

-Ay, mi amor. Esas fueron palabras muy duras. Pero ya no pienses en eso. Estoy aquí completita y además, irónicamente, tú has sido quien más me ha cuidado. Cuando tengamos a nuestro bebé, nadie podrá cargarlo antes que tú.

Él llenó de besos y abrazos a su pecosa, encantado con la idea y con la ilusión de ver un bebé de los dos. Se había jurado amarlo y darle todo el cariño que ni él ni ella tuvieron. No existía y lo amaba porque vendría de ella.

-Ya quiero que esté aquí nuestro bebé. Debes verte hermosa con tu barriguita enorme.

Masajeando y dibujando figuritas invisibles en su vientre desnudo Terry soñó con el bebé de los dos. Nunca pensó que podía sentir y recibir tanto amor y entrega. La amaba con todo su ser, con ella era irracional, ahora todo su mundo giraba en torno de ella, sólo quería darle la luna y el mundo entero a ella y la futura bebé que él intuía que vendría. Siguió acariciándola en silencio dentro de la tibia agua hasta que notó que estaba quedándose dormida y entonces se bañaron por fin ambos y se fueron a dormir.

=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=

Como todos los días, Stear había ido a ver a su hijo y compartía también con Eliza, pues todo había quedado en buenos términos. Ya Gregory se había dormido, pero como ellos se la pasaban genial juntos, incluso mejor que cuando estaban juntos, decidieron quedarse un rato compartiendo y viendo televisión.

-Stear... no quería preguntarte esto, pero la verdad es que no puedo resistirlo... ¿Por qué no me dijiste que la chica a fin de cuentas no estaba embarazada?

-Porque ese hecho no cambia las cosas, Lizzy. Eso no borra la falta cometida. No iba a presentarme aquí a decirte: "sabes qué, Lizzy, ya no hay estorbo, podemos seguir juntos como si nada". Por mí no ibas a ser el hazme reir del vecindario.

Eliza se sintió orgullosa del modo de pensar de él, la valoraba lo suficiente como para no tenerla de segunda opción, ese hecho en silencio se lo aplaudió, mas sin embargo, al mismo tiempo la entristeció.

-Sabes, Stear, a veces las cosas pasan por algo. Tal vez pienses que ese hecho no cambia la situación, pero sí la cambia y mucho. La cambia porque no hay nada que separe nuestras vidas ni que la comparta con otros, ya no tengo que explicarle a Gregory la existencia de un hermano fuera de matrimonio, la cambia porque puedes estar aquí al cien por ciento si lo deseas. En este tiempo a solas yo me analicé a mí misma y considero que fuimos los dos los que nos arrastramos hasta aquí y no tú solamente.

Stear ansiaba aferrarse a una esperanza de volver a ella desesperadamente y sus palabras se la ofrecían, pero sus remordimientos por haber mancillado tanto su matrimonio le impedían aceptarla. Se sentía tan sucio y cobarde que le costaba decidirse a intentarlo una vez más.

-Lizzy... yo te fallé demasiado independientemente de que haya un hijo o no. Yo ya no soy digno de ti... ensucié todo lo que...

-Stear, ya no quiero que vuelvas a decir eso. Ya sé toda la verdad. Sé todo lo que te empujó a ese abismo donde caíste y ya no quiero que te sigas hechando la culpa, soy tan culpable como tú aunque tú te hayas llevado la peor parte. Pero sabes, también me he dado cuenta de que me amas y yo nunca he dejado de amarte. La vida nos está dando otra oportunidad. Podemos aprovecharla y seguir adelante con nuestras vidas. Empezar de cero. Estoy dispuesta a intentarlo. Quiero que retomemos todos los planes que teníamos antes de que... Stear, te conosco, sé que te mueres por intentarlo tanto como yo.

Ves, te conosco, no sabes fingir

si ya tú formas parte de mí

puedo ver lo que tú ojos callan

Qué pasó, cuándo fue que la flor se secó

cuándo fue que dijiste que no

y cambiaste de rumbo el destino

Cómo explicarte que me muero por ti

Que sigues siendo el universo para mí

De alguna manera Stear sintió que el mundo le volvía sonreir, que estaba despertando de una pesadilla, o que simplemente estaba soñando porque no podía creer que su esposa le estaba planteando volverlo a intentar.

-Lizzy... me gustaría, no sabes cuánto, pero... no sé si sea correcto ya. Tengo miedo de que de alguna manera esta mala experiencia siempre nos golpee. Que en cualquier discusión nos lo saquemos en cara... Yo creo que es mejor que te deje ser libre junto a alguien que te merezca...

Eliza no podía creerlo. Si tanto él la amaba, por qué se ponía tan necio a la hora de volverlo a intentar. Le estaba diciendo que buscara su felicidad en otra parte. Es que a caso no entendía que ella lo único que quería era salvar su matrimonio, quería estar con él, el único hombre en su vida.

Dime cómo vas a despertar en brazos de otro hombre

Cómo vas amanecer con otra mujer

Si jamás en la vida habrá alguien que me haga olvidarte

Te miro y no termino de creer

nuestro amor se ha vuelto ayer

Dime cómo vas despertar en brazos de otro hombre

Cómo vas amanecer con otra mujer

Si juramos amarnos un día hasta el último instante

te miro y no termino de creer

nuestro amor se ha vuelto ayer

-¡Ya basta! No sea tan necio, Stear. Estoy diciéndote que es contigo con quien quiero estar. No me interesa conocer a otro, no me interesa saber si hay alguien que me merezca más que tú. Te quiero a ti. Quiero intentarlo, Stear... a menos que tú de verdad ya no me ames.

-¡Claro que te amo! Te amo con todo mi corazón, nunca he dejado de amarte. Sí quiero que lo intentemos. Lo que pasa es que... quiero que estés segura... Esto va a costarnos trabajo... habrá habladurías. Tendríamos que volver a ganarnos nuestra confianza y... no creo que yo me merezca ese sacrificio, Lizzy...

No hay manera, no quieres hablar

nos dejamos vencer sin luchar

Tú lloras y lloras y lloras un sueño que fue

tan perfecto, tan dulce y real

que parece un delirio al final

mientras tu alma se va sin aviso

Eliza ya no sabía que más argumentos inventar para convencer a Stear de que su lugar era a su lado. Que podían empezar de abajo, porque su matrimonio, aunque resquebrajado, aún no estaba muerto, no lo estaba porque se amaban con el mismo ímpetu del primer día. Tenía la esperanza de que él se decidiera rápido para darle la sorpresa de su reciente descubrimiento, pero dado a lo terco que él se había vuelto, pensó que tal vez adelantando la sorpresa entraría en razón.

-Por el simple hecho de que nos amamos vale la pena cualquier sacrificio. Diez años de matrimonio no se tiran a la basura así de fácil, Stear. No entiendo tu necedad, no hay nada que nos impida recomenzar. Podemos ser felices.

-Y tú no sabes cuánto me gustaría poder creer eso, pero soy realista, Lizzy. No podemos pretender que nada haya pasado, esto que sucedió es algo que nos va arrastrar siempre...

Stear no terminó la frase porque Eliza osó a besarlo así sin más. Estaban sentados en el sofá, pero ella se sentó sobre él y se apoderó de su boca bateando todas sus excusas, de alguna forma tenía que hacerlo reaccionar.

Dime cómo vas a despertar en brazos de otro hombre

Cómo vas amanecer con otra mujer

Si jamás en la vida habrá alguien que me haga olvidarte

te miro y no termino de creer

nuestro amor se ha vuelto ayer

Dime cómo vas a despertar en brazos de otro hombre

Cómo vas amanecer con otra mujer

Si juramos amarnos un día hasta el último instante

Te miro y no termino de creer

nuestro amor se ha vuelto ayer

-Tenemos todo para volver a comenzar, mi amor. Nos amamos que es lo más importante. Déjame demostrarte que se puede, mi cielo.

Se puso totalmente a horcajadas sobre él y lo besó ardientemente, haciendo que se le doblara toda la voluntad y se entregara a ese beso que estaba despertándole toda la pasión, que anhelaba tanto como ella. Ella que tenía puesta una falda, por la posición en que estaba sobre él pudo sentir cuánto lo había excitado y se sintió feliz y satisfecha de haber logrado eso. Las manos de Stear no pudieron evitar pasarse por todo ese cuerpo que tanto deseaba besar completamente. Sus caricias encendieron a Eliza en seguida, haciendo que se revolcara con vehemencia sobre su erección y ya él estaba quitándole la camisa cuando tuvo un momento de lucidez.

-Lizzy... yo no puedo hacerte esto otra vez. Tú no eres una muñeca para que te use así. Me muero por hacértelo, pero...

Si pudiera ahogar esta melancolía

y regresar atrás cuando eras sólo mía

Ay qué no daría por tu corazón

Dime cómo vas a despertar en brazos de otro hombre

Cómo vas amanecer con otra mujer

Si juramos amarnos un día hasta el último instante

mi vida no termino de creer

nuestro amor se ha vuelto ayer

nuestro amor se ha vuelto ayer

nuestro amor se ha vuelto ayer

-Entonces no te mueras y házmelo. No me lo harás como a una muñeca, vas hacérmelo como tu esposa, eso es lo que soy y nunca dejaré de serlo.

Al final llegaron las palabras que convencieron por completo a Stear. Tomó la boca de su mujer, esta vez con delicadeza y le dio el beso más dulce que ella pudiera recordar, empenzando de cero realmente. Ambos se entregaron a esa caricia que se profesaban sus lenguas. Cuando el beso estaba más que encendido, ella misma colocó las manos de él en sus pechos.

-Eres hermosa, Lizzy. Por dentro y por fuera. Te amo y te deseo tanto.

Levantó su blusa y se deleitó con su buen gusto para la lencería, pero sus ganas no permitían que quisiera seguir admirando la prenda, así que se deshizo de ella para acariciar los pechos que la enloquecían. Besó y chupó cada rincón de sus senos tan lozanos y llenos, los que siempre lo habían hecho perder la razón.

-Yo también te deseo, más que nunca. Quiero que me hagas el amor, soy solamente tuya, siempre lo he sido y siempre lo seré.

Su voz estaba cargada de deseo y sus palabras fueron música para los oídos de Stear que dejó de resistirse y dejó que ella le fuera quitando la ropa poco a poco. Eliza se maravilló por el torso perfecto de su esposo, lo acarició con sus uñas en un cosquilleo sensual que lo hizo estremecerse e invadida de pasión le comenzó a besar el pecho y le mordisqueó las tetillas. Él estaba cegado por el deseo de ella y por las sensaciones que le estaba causando, así que la tomó de la cintura y volvió a sentarla sobre él, esta vez desnuda también, la alzó un poco y pasó su lengua desde su intimidad hasta sus labios, lenta y suavemente.

-Sabes que siempre he querido hacerte el amor sobre el mostrador de la cocina...

-Hazme el amor donde tú quieras, pero házmelo ya.

A su desesperación, Stear la llevó cargada al lugar de su fantasía y sentándola ahí se colocó entre sus piernas y con las de ella abrazó su cintura. La empujó hacia él y la penetró fuertemente de una sola estocada. Su gemido y grito de placer llegó inmediatamente, arrazando con toda la cordura de Stear. Sostuvo fuertemente las caderas de ella mientras la embestía una y otra vez en un ritmo acelerado, la acompañaba en sus gemidos y su boca se enterró en los pechos de ella para succionarlos y saborearlos a su antojo, ella entrelazaba sus dedos en el cabello de él al mismo tiempo que le mantenía la cabeza entre sus senos para que su boca pudiera seguir disfrutando de ellos.

-Como tú, mi amor, no existe otra. Siempre serás la única para mí, no importa lo que haya pasado. Sólo tú has tenido significado en mi vida. Te juro que sólo a ti te voy amar.

A pesar que le estaba hablando, sus embestidas y caricias no se detenían y aunque ella quería contestarle, el placer no la dejaba pronunciar ni una palabra, excepto los gritos que se escapaban de su boca sin que lo pudiera evitar.

-Yo... ahhh... ummm también te amo, mi amor... eres el ahhh único hombre en mi vida.

-También seré el último porque no te dejaré ir, ya no.

Se lo dijo de manera posesiva entregándole un beso ardiente y brutal para seguir penetrándola con más furia, la garganta de Eliza se estaba desgarrando de tanto gritar. Ella sentía que sólo para él estaba hecha, no pensó que nadie más pueda hacerla sentir lo que él podía. Entre más besos desgarradores y fuertes gritos, Stear la llevó a la satisfacción total mientras él también se derretía por completo dentro de ella. Se quedó un rato recargado de ella con la cabeza enterrada en su cuello en lo que se normalizaban sus respiraciones.

-Quiero que te quedes conmigo para siempre. Ya no quiero que recordemos más el pasado, volvamos a empezar.

-Ya lo hicimos, Lizzy. Desde hoy estaré a tu lado para siempre.

Se comenzaron a besar nuevamente y poco a poco la pasión volvió a encenderse, tenían intención de hacer el amor nuevamente, pero el timbre de la puerta los interrumpió.

-¿Estás esperando a alguien?

Su voz fue dura y su semblante también se endureció, poniéndola a ella muy nerviosa mientras el timbre seguía sonando.

-No... a nadie... tal vez sea Annie...

Ella rogó que así fuera porque su intuición le decía que no y presentía que si intuía lo correcto, ardería troya.

-Entonces ve abrirle la puerta a Annie, querida.

Se lo dijo con toda la ironía del mundo y con una sonrisa cínica que para nada denotaba amabilidad, sino más bien una advertencia de que más valía que fuera Annie la visitante y no otro.

-¡Ya voy!

Gritó mientras se vestía lo más apresurada que pudo y él hacía lo mismo. Cuando ya estuvieron más o menos presentables, ella fue abrir la puerta y él se me mantuvo detrás.

-Buenas noches, Liz. Pasaba un momento a ver si estabas bien...

-Eh... Timmy, yo...

=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=

Era aún muy temprano en la mañana cuando Candy abrió los ojos. Era sábado y se irían domingo, así que no iba a desperdiciar su último día en la hacienda durmiendo.

-Terry. Terry, despiértate.

Ella luchaba con el pesado cuerpo de él que dormía sobre ella, pero él no se movía. Empezó a palmear su espalda y alborotarle el cabello y nada.

-Terry, mi amor, me necesito parar, por favor, despierta.

En su forcejeo por quitárselo de encima logró que él abriera los ojos un poco desorientado.

-Pecas...

Le dio un beso y sus ojos se apagaron nuevamente, acomodándose a dormir sobre ella como si nada.

-¡Terry! Vamos, levántate.

Esta vez le dio una nalgada que lo hicieron volver a reaccionar.

-Pecas... ¿qué hora es? Yo tengo sueño, levántate tú.

-¡Ja! Si pudiera lo hubiera hecho hace rato. Si te me quitas de encima, tal vez...

Otra vez Terry se había vuelto acomodar a dormir profundamente y Candy suspiró frustrada y resignada. Como era tan temprano, finalmente lo dejó dormir un rato más, durmiéndose ella nuevamente sin más remedio. Un par de horas después fue él el que despertó y la comenzó a llamar ella.

-Pecosa floja, despierta.

-Terry... te desperté hace rato y no hacías caso, no me podía mover.

Molesta y estrujándose los ojitos ella le reclamó y él se salió de encima de ella y se echó a un lado, pero su pecho estaba cerca del de ella y sus manos le acariciaban el rostro dulcemente.

-Lo siento, pecosa, tenía mucho sueño. Pero ya estoy bien, además el desayuno debe estar casi listo, vamos apurarnos.

La cargó hasta el baño y ella como una niña se dejó consentir. Cuando estuvieron listos se dirigieron sonrientes al comedor.

-Buenos días bellos durmientes, veo que amanecieron muy bien hoy.

-Buenos días, abuela. Todo huele rico, hoy quiero doble porción, tengo demasiada hambre.

-Pecas, tienes que dejar desayuno para los demás.

Candy le dio un codazo por su impertinencia y Richard desde la mesa sonreía, Louise también. Intuyeron que habían resuelto muy bien sus diferencias.

-Para ti, cariño, triple porción, seguramente Terry ya te hizo el bebé anoche.

-¡Stella! Pero bueno, ¿es que no te mides?

Richard parecía que nunca se acostumbraría a las ocurrencias de su madre y Candy se puso roja de pies a cabeza mientras que Terry sonreía muy burlón y le guiñó un ojo a Stella.

-¿Y es que a caso tú piensas que estos dos se encerraron en ese cuarto para colorear? Alguien tiene que preocuparse por engordar a Candy.

-Pero yo estoy muy bien así, abuela.

-¿De qué hablan, abuela?

Apareció por arte de magia una chica mulata, de brillantes ojos negros y facciones refinadas, tiraba más a india que a negra, su pelo era largo y negro, lizo pero con vueltas en las puntas, cuidadosamente maquillada en tonos correctos que iban a corde con el color oscuro de su piel, tenía unos jeans super cortos de flequillos y una blusa corta con mangas a medio brazo y tenía un nudo amarrado que mostraba casi toda su barriga incluyendo un piercing en el ombligo y por lo escotada que era revelaba bastante de sus nada humildes pechos. Tenía unas botas a media pierna y un sombrero vaquero. Era realmente guapa, aunque su apariencia fuera algo extravagante. Sus ojos se fijaron en Terry sin disimular y lo recorrió de arriba abajo con la mirada. Candy nunca en su vida se había puesto tan seria y el mismo Terry se sentía incómodo ante el escrutinio de la misteriosa chica.

-Hola, encanto. Cuanto tiempo sin verte. Él es mi nieto Terruce y ella es su mujer, Candy.

Stella los presentó amablemente, pero ella nunca quitó su provocativa mirada de Terry y a Candy a penas la miró por encima con una sonrisa falsa. Como no pudiendo creer que esa chiquilla fuera la mujer de ese monumento.

-Mucho gusto, Terruce. Soy D'laine.

Le extendió la mano y sólo ante él se presentó como si Candy no existiera, eso enfureció más a la pecosa y se puso tan seria que podría jurarse que sudaba sangre.

-El gusto es mío, D'laine. Ella es Candy, mi hermosa mujer.

Terry lo dijo con toda la intención porque conocía a Candy demasiado y supo que estaba molesta, lo que no sabía era que estaba hirviendo de celos aunque no lo admitiría ni haría las escenas que hacía Terry. Sin más remedio, D'laine extendió su mano hacia Candy, la cual ella estrechó porque no tenía de otra.

-Richard, Louise, es un placer volver a verlos. Espero no haberlos molestado con mi visita...

-Para nada, D'laine, sabes que siempre eras bienvenida en esta casa. ¿Nos acompañas a desayunar?

-Pues claro que nos acompaña. ¡Faltaba más!

Stella enseguida colocó otro plato y utencilios en la mesa para D'laine. Trabajaba también para Richard en las oficinas centrales donde se manejaban los negocios del centro comercial, sólo que ahora trabajaría para Terry estando él ahora al mando. Terry había escuchado de ella, pero no había tenido la oportunidad de conocerla personalmente. Ella también era de ese mismo pueblo y ellos la conocían desde niña, había sido novia de Tom en algún momento, pero al ella irse a estudiar al área metro, la distancia dio por terminada la relación. Terry haló una silla para que Candy se sentara, pero intencionalmente, estando D'laine más cerca, se sentó en ella dejando a Terry sorprendido y a Candy furiosa, ya no sabía cómo disimular.

-Eh... D'laine, disculpa, pero en esa silla me siento yo. Terry la separó para mí, creo que tu lugar es aquél donde Stella puso los nuevos platos.

Todas las miradas se dirigieron hacia Candy, tal vez haya sonado un poco descortés, pero no iba a dejarse joder de la mulata la cual la miraba con la boca abierta de sorpresa, pensando que Candy no era más que una mosquita muerta.

-Así es, D'laine, no se perturba el lugar de la pareja, siéntate aquí.

Stella le señaló el lugar que había dispuesto para ella desde el principio y ella molesta y un poco humillada se fue al lugar indicado. Candy y Terry se sentaron uno al lado del otro, ella estaba muy tensa, Terry intentó tomar su mano para suavizar su tensión, pero ella apartó la mano y él también se molestó porque estaba cobrándose con él la desfachatez de la atrevida chica. Candy jugaba con su comida porque hasta el apetito se le había ido.

-Candy, cariño, ¿cómo amaneciste hoy?

-Muy bien, Louise. Un poco triste, nunca quiero irme...

Cuando ella mencionó eso, los ojos de D'laine brillaron con algo de malicia, si ella se iba tal vez Terry estaría solo y disponible. Lo había deseado desde que lo vio, sólo pensaba en cómo arrastrarlo hasta la cama y cumplir todas las fantasías que se estaban formando en su cabeza.

-Pero no estés triste, Candy. Terry nos prometió traerte un fin de semana al mes. Además también me prometió que cuando te quedes embarazada te traerá aquí para que te cuidemos.

Ante la revelación de Stella, Candy dirigió su mirada a Terry, pues ese dato no lo conocía, no le molestaba la idea, pero sí el hecho de que hayan hecho esos planes sin preguntarle a ella y además porque ella tenía clases. El rostro de D'laine se desencajó cuando hablaron de embarazo, entonces la cosa iba en serio, no era cualquier mujercita de su nieto, sino una con la que tenía planes y que para su desgracia, él la miraba con una adoración que le molestaba, vio como dejó su enojo de lado y puso una de sus fuertes manos sobre el vientre plano de su mujer mientras la miraba con los ojos llenitos de ilusión, esa mirada acabó también con el enojo de Candy, aceptando la idea en su interior aunque no lo expresara con palabras.

-Sería lo mejor, Candy. Mamá te va a consentir como una reina y Louise también podrá cuidarte mucho ya que Terry tendrá mucho trabajo.

-Yo también estaré aquí, pecosa, tendré que viajar todos los días desde aquí hasta Hato Rey, pero lo haré por ti.

Terry dijo eso porque en su mirada adivinó la angustia de no verlo seguido, la conocía. Ella le dio una de esas sonrisotas que le robaban el alma y él le dio un sutil besito que deleitaron a todos, excepto a unos ojos negros que ardían de envidia.

-Bueno, yo ya terminé mi desayuno, si me disculpan... me gustaría cabalgar un rato. Julieta está hermosa.

Candy volvió a dirigir su mirada a la chica, que de dulce se había tornado asesina. De pronto aquella mujer sólo mostraba interés en todo lo que le pertenecía.

-Lo siento, D'laine, pero esa yegua es mía y tengo intenciones de pasear un rato con ella antes de irme, si quieres llévate a Romeo, tal vez a Terry no le moleste prestártelo.

-¿Entonces podrían decirme qué no es tuyo en esta casa? Digo, para no seguir equivocándome de pertencias.

-Pues para empezar...

-¡Basta! No quiero discusiones en la mesa, no van arruinarme también el desayuno de hoy. D'laine, esta es tu casa también, en sentido figurado, pero debes preguntar antes de tomar las cosas, ahora aquí viven también ellos, él es mi hijastro y ella es su mujer, también son dueños de esto aquí, te recomiendo que tengas cuidado en cómo te diriges hacia ellos.

Louise salió a favor de Candy porque conocía muy bien a D'laine y nunca le dio muy buena espina. Su extravagancia al vestirse y su insinuante coquetería la sacaban de quicio. Hubo un tiempo en que tuvo la misma insistencia con Richard, siempre pensó que era una oportunista, pero Richard siempre la defendió y Stella también ya que ante ellos siempre se mostraba inocente y angelical, pero Louise sólo intuía que quería pescarlo por su dinero, ahora que estaba Terry, había adivinado claramente sus intenciones.

-Lo siento, no fue mi intención herir la sensibilidad de esta niña. Al parecer aún llora si le quitan sus muñecas.

-Mira, Pocahontas, te advierto que conmigo no te metas. Esta niña puede dejarte hecha una muñeca de trapo.

Candy se había puesto de pie directo a caerle encima a la mulata, pero Terry la detuvo antes de que se armara la gorda en la mesa de Stella. Candy seguía forcejeando, pero Terry la mantuvo agarrada firme de la cintura y hasta tuvo que sentarla en sus piernas y aprisionarla con sus muslos porque estaba fuera de sí. Stella no era tonta y al llegar Candy muchas cosas cambiaron, ahora vio una gran diferencia entre Candy y D'laine y sobre todo descifró las intenciones de la segunda y salió en defensa de la rubia que le había robado el corazón a todos.

-¡D'laine! Con dolor de mi alma, tengo que pedirte que te vayas. No puedo tolerar estas conductas sobre mi mesa y dado que tú lo provocaste, debes irte. Ella es la mujer de mi nieto y quiero que la respetes. Te apreciamos mucho, pero recuerda, la sangre pesa más que el agua.

-Lo siento, abuela Stella. No quise provocar nada, sólo quería simpatizar un poco con Terry, después de todo, es mi jefe.

D'laine dio la información con doble filo, pues ni el mismo Terry sabía que ella sería su secretaria y sabía que le había dado motivos a Candy para hacerla rabiar de celos.

-¿Su jefe? Osea, Terry que tú ya la conocías... Están haciendo todo este teatro de las presentaciones...

-¡Claro que no la conosco! No sabes lo que estás diciendo, Candy.

Terry se defendió y no podía creer lo absurdo de la situación, pero por dentro reía de felicidad al ver a su pecosa ardiendo en celos, tal vez ahora podía comprenderlo un poco mejor, pensó.

-¡Bueno, ya! Ustedes dos están cortados con la misma tijera, no sean tan posesivos.

Richard estaba perdiendo los estribos, había olvidado cómo era él en sus tiempos.

-No estuviera siendo posesiva si ésta no fuera tan descarada y tan perra, porque está claro que no ha quitado los ojos de Terry en todo el rato y no ha perdido el tiempo para fastidiarme la existencia.

Candy se puso de pie y estaba gritando, su cara estaba totalmente roja de rabia e ira y todos, incluyendo Terry la miraban sorprendidos, ni él la había visto de esa manera, le encantó.

-¿A quién estás llamando perra, niñita? ¿Tienes miedo que le enseñe a tu hombre lo que es una mujer de verdad y no una mojigata como tú?

La mulata en serio estaba loca, sólo a ella se le ocurría expresarse así de la mujer de su jefe en sus propias narices, hasta ahí le llegó el empleo.

-Ahora sí te pasaste. Mira, ehh... D'laine, no te conosco bien, pero te aseguro que no me interesa hacerlo y no quisiera volver a tratarte. Escúchame bien, no permito a nadie, nadie, sin excepción que le falte el respeto o que maltrate a mi mujer. Hasta ahí llegas. Y tú, Richard, ni se te ocurra ponerla a trabajar conmigo porque mando todo al diablo. Candy, recoge tus cosas que nos vamos.

Ahora era Terry él que estaba furioso, una cosa era la coquetería intencional y otra muy distinta que tratara de humillar a su mujer. Ella no conocía que la debilidad de Terry siempre había sido Candy, que podía mandar todo al infierno por ella.

-¡De aquí no se va nadie! Los malos entendidos se resuelven en casa. Richard, no quiero a D'laine trabajando cerca de Terry, ella misma ha dejado clara sus intenciones y por más aprecio que le tenga a ella y a su familia no voy a tolerar esta conducta y que ofendan a la mujer de mi nieto. D'laine, ve a tu casa, por favor, no eres bienvenida mientras mis nietos estén aquí.

Doña Stella habló y nadie se movió de su sitio ni replicó, Candy y Terry pararon en seco, aunque sus caras eran de muy pocos amigos. Louise no dijo nada y se mantuvo al margen, Richard no quiso seguir retando a su hijo porque conocía de sobra su temperamento y lo seguro que estaba de cumplir su promesa de mandar todo al carajo por el simple hecho de que quisieran joder con Candy.

-D'laine... el lunes pasa por mi oficina, te daré todo el dinero que tienes acumulado más una buena liquidación y referencias para que puedas trabajar en cualquier empresa de prestigio. Lo siento, D'laine, pero me costó demasiado recuperar a mi hijo y todos sentimos mucho aprecio por su mujer, lamentablemente no puedo sacar cara por ti esta vez. Tu conducta ha sido vergonzosa.

Las palabras de Richard salieron con un profundo pesar, pues no podía aprobar la conducta de la chica aunque se sintiera en deuda con los padres de ella que fueron empleados muy fieles y eficientes, su hijo pesaba más que todo eso y sabía que cuando se trataba de Candy, él no respondía ni razonaba, simplemente actuaba.

-Richard... no puedo creer que me estés despidiendo sólo porque la nena linda tiene miedo de perder a su novio, ¡por Dios! A mí me conoces de toda la vida...

D'laine estaba indignada, era caprichosa y engreída, jamás pensó que Richard no sacaría cara por ella. Miró a todos con un odio y un resentimiento que daba miedo.

-Por eso precisamente, D'laine, porque te conocemos. Hemos pasado por alto muchas faltas en tu comportamiento, pero ya colmaste el vaso. Lo siento y vete ya, por favor, me tienes muy nerviosa.

Louise por fin tomó la palabra y D'laine la miró con desdén al ver que por su condición su mirada no estaba dirigida a ella. La mulata podía ser muy bello, pero su interior era tan acogedor como un basurero. Caminó con la cabeza erguida y a propósito se acercó a Candy, ya había sido despedida de su trabajo y como no tenía nada más que perder...

-Esto no va a quedarse así, niña boba. Cuando tu noviecito sepa lo que estar con una mujer de verdad y no con una bebé que todavía huele a nenuco, te haré un cuento.

Pasó por enfrente de Candy y Terry y a él le rozó los labios con los dedos. Error...

-Ahora sí te la buscaste, zorra.

Candy la haló de su larguísimo cabello y la tenía casi en el suelo a puros jalones, pero D'laine no se quedó quieta, fue directa aruñarle la cara y Terry tuvo que quitársela de encima.

-¡Suficiente! Dije que ya no quería más escenas a la hora de la comida. D'laine, lárgate de una vez y tú, Candy, quiero hablar contigo, ven a mi cuarto.

-Lo siento, abuela, pero lo menos que quiero es hablar con nadie. Me voy, necesito tomar aire.

Stella no podía creer la falta de respeto de Candy y la miró retadoramente, mas su furia era muy grande, Candy no obedeció y luego de ver que D'laine se había alejado lo suficiente, se giró para irse.

-¡Candy, ven aquí!

Terry la llamó con autoridad, pero a ella no le importó y siguió andando, Terry que ya estaba cansado de sus berriches, fue detrás de ella y la alcanzó donde estaban los caballos y la detuvo cuando se disponía a montar a Julieta.

-Candy, entiendo que estés molesta, pero yo no te he dado motivos para que te desquites conmigo. Y te advierto una cosa, tu actitud malcriada conmigo me la bajas, estás pasándote de la raya.

-¿O si no qué? ¿Vas a darme de nalgadas?

Lo retó burlonamente, pero seguía con rabia y su actitud le dio más rabia aún a Terry.

-¿Sabes que no es mala idea? Porque al parecer a ti te hicieron falta algunas. Una buena surra te habría hecho bien, niña prepotente.

-Pues si tanto te molesta mi actitud de niña, ve detrás de tu pocahontas, ella seguro es toda una mujer.

Con su rabia no pudo ocultar sus celos y eso enalteció el ego de Terry que en medio de su también coraje sonrió de lado, haciendo que ella rabiara más.

-¿Estás celosa, pecas?

-¿Perdón? ¿Yo celosa de esa? Jajajaja. Mucho te quiero, culito, pero no te puedo besar. No te des tanta importancia, cariño, yo no soy tú.

Se arrepentiría de habar dicho esas palabras, ambos lo sentirían.

-Pues que bueno, mi amor, porque en ese caso no te molestará que vuelva a contratarla para que sea mi secretaria y tal vez... la haga tomar dictados sobre mis piernas...

-¡Eres un imbécil, Terrence! ¿Sabes qué? Deberías hacer eso mismo. Ve y búscala y...

Terry comenzó a reir a carcajadas con su maldad y con la carita furiosa de ella y así muerto de la risa se le acercó y la abrazó a pesar de que ella lo manoteaba.

-Pecas, ella es muy linda, no lo niego, yo la quiero, de verdad la quiero, la quiero muy lejos de nosotros.

-Sí, claro. ¿Ahora, verdad? Pues ya que la quieres tanto me he acordado que yo también quiero mucho a Tom y a Archie y como somos tan tremendos amigos se me ha ocurrido que puedo ser secretaria de los dos. Soy muy buena tomando dictados... Averiguaré cuál de los dos tiene las piernas más cómodas para sentarme sobre ellas.

La sonrisa de Terry se borró por completo y una furia incontrolable se apoderó de él, descubrió lo malo que era cuando se te viraba la tortilla. La bajó de la yegua de mala gana y sostuvo sus caderas con brusquedad.

-¿No sabes controlar tu boquita, verdad? Se te van a quitar las ganas de querer hacer bromas y más vale que no me entere que estás con cualquiera de esos dos imbéciles, no los quiero cerca de ti.

-Ay... ahora es el niño el que está celoso, pero, ¿por qué, cariño? Sólo me gustaría ser su secretaria y realizar las mismas funciones que Pocahontas hará en tus piernas...

Por la orgullosa respuesta de Candy y por la cual fue el turno de él para hervir de celos, la apretó y pegó a él con más brusquedad y la miraba con los ojos prendidos en llamas.

-Nunca, Candice, se te ocurra volver a bromear de esta manera.

-A la verdad que tú tienes cojones, Terrence Grandchester. Te pesan diez kilos cada uno. Tú empezaste con tu bromita, ahora no te quejes. Nadie te mandó a decirme esa estupidez.

Se lo gritó sin importarle lo fuerte que estaba agarrándola ni lo furioso de su mirada, por lo contrario, se la sostuvo desafiante.

-¡Está bien! No volveré hacerlo nunca más. Pero tú... cuidado con tu vocabulario. No vuelvas hablarme así, amor.

Rabiando Terry aceptó su error, pero la última amenaza se la susurró y le mordió los labios mientras le apretaba el trasero.

-Tú hablas así todo el tiempo. ¡Aprendí de ti!

-Pero yo no te hablo así a ti. ¡Esa es la diferencia!

-¡Te hablo como me de la gana!

Entonces a Terry se le fue la paciencia por completo, la giró de espaldas y la inclinó.

-¡Ouch! ¡Ay! ¿Qué haces? Suéltame, imbécil.

-Te dije que necesitabas un par de nalgadas, niñata malcriada. Pero tú no escarmientas.

Terry seguía nalgueándola muerto de la risa mientras ella seguía gritándole insultos y a lo lejos su familia observaba todo el show riendo también, Candy estaba que lo deshollaba vivo.

-Terry, ya, por favor, me duele mucho.

-Ahora sí estás siendo educadita, mi amor. Aprendiste tu lección.

Le dejó de dar nalgadas, pero no la soltó porque sabía que con lo endiablada que estaba, se largaría tan pronto tuviera la oportunidad.

-Te odio, Terry.

-¿Te duelen tus nalguitas, cielo?

La mirada que le dedicó ella valió más que mil palabras y él burlón comenzó a sobarle las nalgas que de verdad no le dolían tanto, más bien le ardían, pero lo que más la ardía era la cara por la vergüenza y el coraje.

-¿Sabes que te puedes ir al infierno?

-Claro que puedo, pecas y tú vas acompañarme.

Sin importarle su trasero adolorido, Terry se montó en su caballo y la montó a ella con él y salió al galope como un desquiciado no haciendo caso de las réplicas de Candy. Esta vez no fueron al lugar de siempre, sino a otro punto un poco más lejano y hermoso donde las florecillas silvestre adornaban el tupido pasto y cantarines patos flotaban en el lago. Un lugar hermoso y hasta un poco oculto. Se bajó del caballo y ayudó a Candy que aún lo miraba con resentimiento, pero aún así teniéndola de frente, colocó sus brazos en su cintura tiernamente y la miró con la misma ternura, al menos el coraje de él había bajado.

-Perdóname, pecas, no debí haber bromeado con algo así. Te amo mucho y no te cambiaría por nadie.

-Me extraña porque parecías muy a gusto con la actitud tan madura de la Beyoncé frustrada esa.

Seguía orgullosa, pero a Terry no le molestaba, no si ella ardía de celos por él, simplemente le parecía hermosa.

-Tal vez, pero sabes, a mí me gusta más mi pecosita malcriada e insolente, así con todos sus berrinches y la forma orgullosa en que respinga su naricita y no se deja de nadie. Para mí no hay nadie mejor que tú, sabes que nunca me viste entusiasmado con ninguna chica, tal vez me viste con muchas, pero con ninguna al mismo tiempo. Estaba esperándote a ti, claro que no lo sabía en ese tiempo...

Candy estaba sorprendida y con esas palabras su coraje estaba desapareciendo y el amor volvía a inundar todos los sentidos.

-¿Me estabas esperando?

Sus ojitos estaban llenos de sorpresa y emoción y él tuvo que apretarla más fuerte, no podía entender la magnitud de la adoración que sentía por ella.

-De algún modo sí. Nadie, ni mi madre, ocupó un lugar tan especial como el que siempre tuviste tú. Desde pequeña tenías algo que hacía que se me alegrara la existencia y tú siempre te apegabas a mí, me llenabas de tantos besitos y abrazos, me desarmabas con tus chispeantes ojitos, siempre te he amado, pecas, antes no como mujer, pero siempre te amé. Y ahora te sigo amando, pero de una forma más fuerte. Ahora sé porque nunca pude estar en serio con ninguna, ninguna tenía lo que tenía mi niña hermosa, el destino me estaba preparando para ti.

Esas manos que me llevan

por las calles de la vida

esa cara que me obliga

a mirarla de rodilla

sólo hay una, sólo hay una

o tú o ninguna

-Pues yo también siempre te esperado, Terry. Tú has sido crudge desde niña. Siempre he estado enamorada de ti... nunca pude entusiasmarme con ningún chico porque siempre estaba buscándote a ti en ellos. Nunca puede haber algo de ti en nadie, porque tú eres único y yo te amo así como eres. Yo tampoco debí de decirte aquellas cosas, pero es que... de verdad estaba muy celosa y además... ¡Tú te lo buscaste!

Lo último se lo dijo alzando la voz y mirándolo resentida, él acarició su mejilla con dulzura y así mismo la miró, luego deslizó su dedo pulgar por sus labios.

-Lo sé, mi amor. Fui un tonto, pero me encantó verte así celocita, porque sabes, has sido celosa desde chiquita, me celabas de mis amigas y te portabas muy grosera con ellas, hasta durabas días sin hablarme. Es que siempre te adoré, pecas, siempre has sido tú el centro de todo mi universo y te amo.

Esa voz que me aconseja

no creer en las sonrisas

ese pelo que me cubre

como lluvia de caricias

sólo hay una, sólo hay una

o tú o ninguna

-Tú también eres todo mi mundo entero, Terry. Te amo por todo lo que eres y por lo que eres conmigo. Conosco todos tus miedos, pero me gustaría que los fueras alejando, porque yo te amo como a nadie. Nací para ti y nunca habrá nadie que pueda arrancarte de mi. No tienes que sentirte celoso de ningún otro mi amor, porque en esta vida, no existe nadie que pueda lograr derretirme con su mirada como lo haces tú, nadie podrá hacerme nunca sentir las miles de emociones y sensaciones que siento con sólo tu presencia. No hay nadie que pueda hacerme rabiar tanto y al mismo tiempo sentir tanta pasión y amor, porque aún cuando eres tan insoportable, yo lo único que quiero es estar aprisionada en tus brazos y que tu cuerpo descargue toda su furia con el mío. Sólo a ti puedo amarte de esa manera, de esa forma, Terry, sólo se ama una vez en la vida y tú eres mi vida.

Si Terry la amaba, en ese momento podría venerarla. Adoraba a su niña-mujer, porque sólo ella podía ser ambas cosas en una, ella lo era todo. Recordó que siempre la celó, incluso más que el mismo Anthony, entre él y Terry le espantaron todos los pretendientes que tuvo, pero Terry hasta los amenazaba.

-Eres todita mía, lo sé, mi amor. Pero es que yo... soy así, no lo hago a propósito, no soporto que te miren ni siquiera y aunque no lo creas me controlo muchas veces. Sólo quiero que sepas que eres y serás siempre la única para mí.

Esa que de puro honesta

en el fondo te molesta

esa que te admira tanto

que te obliga a ser un santo

sólo hay una, sólo hay una

o tú o ninguna

Confidente de mis sueños

de mis pasos cada día

su mirada mi camino

y su vida ya mi vida

o tú o ninguna

no tengo salida

pues detrás de ti, mi amor

tan sólo hay bruma

-Te amo, Terry, más que a mi vida.

No aguantando más, ella misma lo besó con pasión, misma que él le devolvió, la besó como nunca, con una entrega y devoción infinita. Sus manos se aferraron fuertes a su cuerpo, como si tuviera miedo a que se desvaneciera. Todo giraba al rededor de ella, todo era ella.

Si no existieras

yo te inventaría

pues sin duda alguna

o tú o ninguna

-Yo te amo más, Candy. Nunca, por favor, dudes de eso.

Como ella tenía los ojos cerrados entregada por completo al beso, no se dio cuenta de que él sacaba algo de su bolsillo. Le tomó la mano y en su dedo le colocó el hermoso anillo de oro con una hermosa esmeralda en forma de corazón.

-Terry...

Abrió sus ojos de pronto y no podía creer lo que veía. El anillo más bello del mundo estaba en su mano y había sido puesto por él, el que nunca sería capaz de amar y sobre todo, el que nadie llevaría hasta el altar. Porque conocía hasta sus pensamientos, él tomó su rostro con una mano y con la otra entrelazó la de ella que llevaba el anillo y la miró a los ojos.

-Contigo sí.

=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=

Timothy no se había percatado que Stear estaba detrás de Eliza aunque sí la percibió muy nerviosa. Eliza no tenía nada que ocultar porque nunca por la mente le pasó tener nada con él, pero dada las circustancias, sabía que su inoportuna visita no traería nada bueno.

-¿Estás bien, Liz? Estás muy tensa... ¿puedo pasar...?

-Lo siento, Timmy, pero en estos momentos no estoy para visitas... estoy con mi...

-Está conmigo, Timothy, pero gracias por tu preocupación. Si nos disculpas, no queremos ser descorteses, pero la verdad es que estábamos ocupados... ¿tú entiendes?

Stear no aguantó más y se mostró para demostrarle a Timmy que no tenía ninguna oportunidad, porque como hombres que eran, no había ninguna intención oculta para él. La cara perpleja de Timmy valía un millón. No pudo ocultar su decepción, pero sobre todo su rabia porque pensó que Eliza era la mujer más tonta del mundo. Claro, porque nadie sabe lo que hay en la olla, más que la cuchara que la menea.

-Eliza... ¿has vuelto con él? No puedo creerlo, después de todo...

-¡Timmy! Esto es algo que no es de tu incumbencia. Por favor, no digas nada fuera de lugar. Tú no sabes lo que ha pasado aquí, esto es algo que sólo mi esposo y yo conocemos, tú aquí no tienes nada que ver, por favor...

Eliza hablaba con coraje, entendía que Timmy se preocupaba debido a la versión que conocía de la historia, pero estaba pasándose de la raya y parecía no tener intención de moverse del marco de la puerta.

-Es que Eliza, francamente... Estás con él como si nada luego de todo el sufrimiento que te causó... No puedo creer que seas tan...

-Porque seguramente tú estás más que dispuesto de venirla a consolar, ¿verdad, Timmy? ¿De verdad piensas que tienes oportunidad? Quieres aprovecharte de su vulnerabilidad como lo hiciste aquella vez y gracias a eso...

Timothy estaba desconcertado, era cierto que se había propuesto conquistar a Eliza luego de enterarse del divorcio que se estaba llevando a cabo, pero no entendió la última parte de su reclamo.

-No sé de qué hablas. Además, si tú no la querías y sólo te dedicaste hacerla miserable, lo más lógico es que alguien desee hacerla feliz, alguien que valore lo que tu pisoteaste.

-¡Ya basta, Timmy! Tú también tuviste parte de la culpa de lo que ha pasado.

Esta vez fue Eliza la que habló y con una autoridad nunca antes vista que los desconcertó a los dos. Él se quedó de piedra con su argumento.

-Liz... no te entiendo...

-Que todo mi matrimonio se fue a la mierda gracias a que Stear pensaba que lo engañaba contigo. Sí, porque tan pronto como supieste que estaba sola y vulnerable, de pronto no salías de mi casa, siempre me estabas visitando con tal o cual excusa, incluso cuando ya se veía que habías superado muy bien tu pérdida. Supiste de los rumores que se corrían de nosotros y aún así fuiste muy insistente. Yo en ese momento no lo vi, pero ahora sí. No tengo nada en contra tuyo, Timmy, ni voy achacar nuestro fracazo a tu conciencia, pero tu actitud se prestó para muchas cosas y los vecinos no pudieron evitar regar el chisme. Hay fotografías muy comprometedoras de los dos, las que llevaron a Stear a donde lo llevaron. No eres ningún ingenuo, Timmy. Ahora, estamos tratando de retomar nuestra relación porque nos amamos, por favor no te metas, ya no queremos más problemas. Quiero ser feliz. Quiero que este bebé nazca en un hogar feliz.

Dijo llevándose las manos al vientre. Estaba tan alterada que soltó la noticia de su reciente descubrimiento sin pensar, dejando ambos rostros masculinos totalmente desencajados.

-¿Estás embarazada...? ¿De tu esposo?

-¡Claro que de mi esposo! ¿Qué insinúas?

-¿Y de quién carajos esperabas que lo estuviera? ¿De ti, cabrón?

Tanto Stear como Eliza se molestaron increíblemente ante la tonta pregunta de Timmy. Stear sabía que ella jamás cometería algo así, ya no lo dudaba, además porque recordó muy bien la última ardiente noche que tuvo con su esposa, en la que ninguno de los dos pensó en la protección, porque con su esposa nunca pensaba en eso.

-Lo siento, fue una pregunta tonta, no quise insinuar nada. Tu esposa es una mujer íntegra. Discúlpenme, pero nunca fue mi intención intervenir para que su matrimonio fracazara. Lamento haberlos importunado. Les deseo suerte y que Dios proteja a su bebé.

Como si le hubieran lanzada un valde de agua fría, Timmy se retiró a su casa con un montón de sueños rotos, se había enamorado de Eliza y pensó ver una oportunidad en ella luego del divorcio. Era cierto que había escuchado de los rumores, pero no le dio importancia, inconcientemente fue egoísta, pero claro, él no era el mayor culpable ahí, sólo tuvo algo que ver y sembró la duda, aunque no haya sido intencionalmente. Cuando estuvieron solos nuevamente, Stear se sentó en el sofa con las manos en el rostro, como tratando de digerirlo todo.

-¿Cuándo me lo pensabas decir?

-Yo... me enteré a penas hace unos días... no me lo esperaba y en verdad no sabía qué hacer... lo siento. Ya nuestro divorcio estaba en pie y se suponía que tendrías también un hijo con...

-¡Pero tú eres mi esposa! Hay una diferencia enorme ahí.

Estaba molesto, aunque sin duda también la noticia lo hizo feliz.

-Stear, claro que iba a decírtelo. He insistido tanto en darnos una oportunidad porque pretendía quedarme a tu lado, si no te convencía con mis palabras, iba a darte la noticia. Pensé decírtelo de sorpresa, pero nos interrumpió Timmy... Yo a penas estoy digeriéndolo también. Además, Stear, ¡joder! Estamos bien, estamos juntos, ya se aclaró todo, ¿por qué diablos tenemos que estar molestos ahora? ¿No te da alegría saber que vamos a tener un bebé?

Ella tenía razón y al él verla con los ojos aguados porque esperaba otra reacción de su parte, se sintió fatal y el remordimiento lo aturdió.

-Lizzy... lo siento... es que las circustancias en la que me acabo de enterar... De verdad lo siento. Claro que estoy feliz. Estoy contigo, me amas y voy a tener otro bebé, por supuesto que soy feliz. ¿Quién podría tener mejor reconciliación que nosotros?

Se puso de pie y fue hacia ella para besarla y acariciarle el vientre con ternura e ilusión.

-Esta vez, mi amor, voy a cuidarme mucho, te lo prometo. No voy a perder este bebé...

-Shhh. No digas eso, Lizzy. Por supuesto que no lo perderás, yo también voy a cuidarte más que nunca de ahora en adelante.

=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=

Ya habían pasado dos meses más desde la última vez que Terry y Candy estuvieron en la hacienda y ahora volvían a su rutina diaria, Terry tenía bastante trabajo y ella estaba de vaciones de verano. Se había dedicado a consentir a Terry, iban mejor que nunca, incluso, se estaba involucrando en su negocio y era su asistente, según ella, pero las verdaderas intenciones era alejar a todas las "perras" que no perdían oportunidad de satearle.

-¡Joder! ¿Pero qué carajos pasa contigo? Te he tenido paciencia. En un mes has faltado diez veces. Nunca terminas lo que se te encomienda, dices que te ausentas por problemas de salud, pero nunca presentas una excusa médica evidenciándolo. Hay unas cuentas que no me cuadran y por más que huyas, tarde o tempranos tendrás que responder. ¿O es que tú crees que yo soy pendejo?

-Terry, cariño... ¿A quié estás comiéndote por ese teléfono?

Candy pasó por su lado, pues Terry se encontraba con el teléfono sentado en el mostrador discutiendo con quién sabe quién y por su cara alterada y sus gritos supuso que la cosa no pintaba bien. Al acercarse se arrepintió y retrocedió, pero Terry la retuvo para que no se fuera y se la sentó en las piernas mientras seguía discutiendo por teléfono.

-Te advierto una sola cosa, si descubro algún fraude hecho por ti, te las vas a ver negras. ¡No me conoces!

Con su última advertencia Terry colgó la llamada y frustrado comenzó a acariciar los brazos de su mujer y suspirando profundo acomodó su cabeza en el espacio que quedaba en el hombro de ella.

-¿Con quién discutías, mi amor?

-Con el cabrón de Jiménez que se cree que yo nací ayer, ese mamabicho.

-¡Terry! Ya bájale a ese vocabulario. ¿La calle volvió a ti?

Era algo que Terry había mejorado mucho, pero cuando estaba fuera de sus casillas, la calle y sus costumbres volvían a él, bueno, en este caso el vocabulario vulgar, el que nunca se le permitió a Candy ni por él ni por Anthony.

-Lo siento, pecas, es que me molesta que me quieran coger de pendejo. Ese hijo de la gran... madre... bueno, no quiero hablar de eso, cielo. Ahora sólo quiero que me consientas mucho. Llevas todo el día sin darme ni un solo besito.

-¿Ni un solo besito? Te desperté con besos y tú te aprovechaste y me diste mucho más que besos ¿o ya se te olvidó?

-Pues no me acuerdo de nada. ¿Me refrescas la memoria?

Muero por tus besos

por tu ingrata sonrisa

por tus bellas caricias, eres tú mi alegría

Pido que no me falles

que nunca te me vayas y que nunca te olvides

que soy yo quien te ama

que soy yo quien te espera

que soy yo quien te llora

que soy yo quien te anhela los minutos y horas

-Encantada, mi amor.

Estando sobre sus piernas, se giró para quedar de frente a él a horcajadas y le dio el beso solicitado, pero provocador y con tortura. Lo besaba y luego mordía y succionaba sus labios para luego abandorar su boca y dejarlo con las ganas. Sin quitarse la fina camisilla que tenía se empezó a frotar los pechos ella misma hasta que sus pezones se endurecieron y sobresalieron de la tela. Él fue a tocarlos, pero ella retrocedió y sonrió con malicia y lo volvió a besar con mucha fiereza y volver abandonar su boca, desquiciándolo. Se sacó la blusa y sin permitirle tocarle los pechos nuevamente, se los empezó a masajear ella misma y él la miraba de una manera que la quemaba, había pura lujuria y deseo en osos ojos de mar.

-Sabes que estás volviéndome loco... que quiero tomarte aquí mismo hasta cansarme...

-Esa es la idea, cariño, pero tendrás que esperar...

Lo volvió a besar y esta vez él intentó tomar el control, pero ella volvió a retirarle sus labios, dejándolo abandonado nuevamente.

Me muero por besarte

dormirme en tu boca

me muero por decirte que el mundo se equivoca

me muero por besarte

dormirme en tu boca

me muero por decirte que el mundo se equivoca

que se equivoca

Como ella no tenía pantalón puesto, se giró de espaldas a él y se inclinó totalmente dándole buena vista de lo bien que le quedaba la braguita y lo poco que cubría, movió su trasero de arriba hacia abajo sobre su erección y entonces él ya no lo soportó más. La sostuvo para que permaneciera en esa misma posición y se bajó los pantalones y el bóxer y la tomó.

-Estás jugando con fuego, princesa, y yo te voy a enseñar como se juega.

Esa arrogancia que tando adoraba relucía en todo momento y su seguridad y determinación la excitó aún más. Él estaba penetrándola fuerte, con todas sus ganas porque ella lo había provocado demasiado y porque ese trasero tan bien formado lograba sacarlo de control.

-Ahhh... mmm... Terry... tú me vuelves loca a mí... ohhh... uhh.. me encanta, mi amor... que rico...

Muero por tu ausencia

que me hace extrañarte

que me hace soñarte cuando más me haces falta

pido por la mañana

que a mi lado despiertes enredado en la cama

ay como me haces falta

que soy yo quien te espera

que soy yo quien te llora

que soy yo quien te anhela los minutos y horas

-¿Te gusta, cariño? Porque a mí me fascina tenerte así. De pronto te me vuelves tan mansita... ¿te gusta esto?

Sosteniéndola fuerte del trasero que se le exponía y sin dejarla de embestirla endiabladamente la nalgueó.

-Me gusta, me gusta mucho... ahh... mmm...

Me muero por besarte

dormirme en tu boca

me muero por decirte que el mundo se equivoca

me muero por besarte

dormirme en tu boca

me muero por decirte que el mundo se equivoca

que se equivoca

Los gritos de Candy quebraron todas las fuerzas y voluntad de Terry, todo había sido tan excitante que nunca se había corrido de esa manera. Sintió que le habían dado un baño, todo le pareció tan delicioso. Él la sostuvo un momento cuando se puso de pie, estaba tan temblorosa que se tambaleaba.

-Te amo, mi amor. Cada día más, pecosa. Espero haberte dejado un bebé luego de esto.

-Esperemos que sí, mi celo.

Se bañaron y vistieron unas ropas un poco más desentes y fueron a la cocina a prepararse algo de comer. Seguían provocándose mútuamente, pero unos toques en la puerta los interrumpió.

-¿Tu papá venía hoy?

-No, no sé quién rayos sea. Iré a ver.

Terry fue abrir la puerta, pero Candy salió detrás de él. Terry miró por el cristalito en medio de la puerta y no podía creer lo que veía.

-¿Quién es, Terry?

Él no sabía cómo contestar la pregunta y abrió la puerta para que ella saliera de toda duda.

-¡Candy! ¡Princesa!

Candy perdió sus cinco sentidos en ese momento. No sabía cómo reaccionar ni cómo salir de su estupor. Ahí estaba él... como si nada...

-Papá...

-Mi niña... al fin di contigo... que hermosa estás...

George Brower intentó acercarse a su hija luego de diez años de abandono y fue a pasar una mano por su mejilla, pero ella rechazó el contacto con un movimiento brusco.

-¿Cómo supiste que estaba aquí? ¿Quién te lo dijo?

Una desconfianza se apoderó de ella, guardaba mucho odio y resentimiento, sus ojos destilaban furia, pero sus lágrimas también hicieron acto de presencia. Se escudó detrás de Terry.

-No fue muy difícil de averiguar. Me enteré de lo de Anthony... y tu madre... supuso que estarías con éste que no dudó en aprovecharse de ti y...

Señaló a Terry con desprecio, anulando todas las posibilidades de reconciliarse con su hija y provocando la rabia de Terry, la cual no necesitaba de mucho esfuerzo para estallar.

-¿Aprovecharme? Claro, porque fui yo el que me largué hace diez años dejando a una niña sola. ¿Tiene idea de todo lo que ella y su familia pasó? ¿La miseria en la que vivió? Su hijo está muerto por culpa suya. Tomó ese camino para poder mantenerla a ella y terminó muriendo.

-Mi hijo tomó ese camino por influencia tuya, infeliz. Nunca me caíste bien, siempre supe que joderías todo. No te conformaste con joderle la vida a Anthony y ahora engatuzas a mi hija. Ella es una niña, malnacido.

Candy no podía creer que después de tantos años su padre se apareciera haciéndose el más indignado y sintiéndose con derechos sobre ella.

-¿Una niña? Una niña era cuando tú te largaste dejándome sola, dejándonos solos. Ahora ya soy una mujer, ya no te necesito. Mi hermano me lo dio todo, hasta su vida. Mi hermano y Terry.

-No sabes lo que dices. No sabes los motivos por los que tuve que esconderme todo este tiempo. Este malnacido se aprovechó de todo, eres ingenua y no lo ves, pero siempre te vio con otros ojos, nunca me gustó que estuviera siempre cerca de ti, esto ya me lo venía venir. Este depravado sólo aprovechó.

-¡Escúcheme bien! Esta es mi casa y esta es mi mujer. No permito que venga aquí a gritarme y mucho menos que le grite y le reclame a mi mujer. Sus derechos los perdió hace mucho. Si no quiere que lo saque de aquí a golpes, más le vale que salga de aquí por las buenas porque no respondo.

Terry perdió la poquita paciencia que le quedaba y agarró a George fuerte por el cuello y lo acorraló en la pared mientras su miraba destilaba puro fuego y odio.

-¡Quítame las manos de encima!

El padre de Candy empujó a Terry y sacó un arma apuntándole. Terry, por sus costumbres de la calle, también tenía un arma, siempre la tenía con él, pero en esos momentos no y se arrepintió. Candy estaba que temblaba de miedo, la angustia la estaba matando.

-No voy a permitir que le jodas la vida a mi hija también. Quiero que quites sus sucias manos de ella.

-¡Ya basta! Tú no tienes ningún derecho a reclamar nada. Nos abandonaste y nunca supimos de ti, nunca nos buscaste y nunca nos diste nada. ¿Sabes quién nos apoyó en todo momento? Cuando mamá y Anthony ya no podían, Terry. Sí, porque Anthony no podía solo y mamá se hundió en la depresión y tomó el camino de la perdición. Cuando en la casa no había comida, cuando yo no tenía ropa... cuando lloraba y no tenía a nadie a mi lado, ahí estaba Terry. Quien me defendió de todos los infelices que mamá llevaba a la casa y de las escorias del barrio cuando me vieron crecida, ahí estaba Terry y no tú. Mi carrera, para que yo pudiera ser alguien, también me la pagaba Terry, mucho antes de que su padre le diera todo lo que tiene ahora. Dudo mucho que tú puedas amarme la mitad de lo que me ha amado él.

Candy hablaba llorando, pero al mismo tiempo con una furia, valentía y determinación que su padre obviamente no le conocía, porque era una niña de ocho años cuando él se fue.

-Y ahora está cobrándote muy bien todos sus favores.

Sin dejar de apuntar a Terry y sin perderle la vista seguía despotricando en su contra. Terry intentó acercarse para arrebatarle el arma, pero George que tenía muy buenos reflejos y que la verdadera razón por la que había desaparecido era huyendo de Chaparro precisamente, luego de haberse quedado con un dinero suyo, se fue a Inglaterra, pero eso su familia no lo sabía. Él era perfecto predicando la moral en calzoncillos. Al ver a Terry acercarse le apuntó e hizo un ademán de apretar el gatillo y Candy muerta de miedo de perderlo se paró en frente de Terry y lo cubrió.

-No voy a permitir que le hagas nada. Te odio, George Brower. No sabes la rabia que me da llevar tu apellido. Tendrás que matarme a mí primero.

-¡Candy! ¿Qué diablos piensas que haces? Aléjate.

-No, Terry. Tendrá que pasar por encima de mí primero antes de hacerte algo.

La determinación de Candy era férrea y ni Terry pudo hacerla desistir. George no podía creerlo.

-Candy, no seas estúpida. ¿Tanto te importa este infeliz?

-Este infeliz es el hombre que amo y que me ha dado todo. Es el padre de mi bebé.

Le gritó desesperada y de pronto los dos hombres se quedaron sin habla.

-¿Te dejaste embarazar de este imbécil?

Al decir eso, George bajó la guardia y Terry aprovechó el momento y lo despojó del arma.

-Pide tu último deseo, hijo de puta. Nadie viene a mi casa amenazarme y mucho menos a poner en juego la vida de mi mujer.

Esta vez era George el que temblaba de miedo, conocía a Terry y sabía que bien podría cumplir su palabra y más si se trataba de Candy.

-Terry... déjalo ya, por favor... déjalo que se vaya.

Terry deseó matarlo en ese momento, al menos darle una buena tunda, pero la voz suplicante de Candy sus ojos llenos de lágrimas pudieron más. Hechó a George a patadas y le lanzó el arma luego de haberle sacado todas las balas. Cuando ya se aseguró de que se había ido, se comunicó con su padre quien inmediatamente se hizo cargo de la situación y mandó guardias de seguridad a vigirlar el edificio y que por el momento acompañaran a Candy y a Terry cada vez que salieran. Cuando terminó de hablar se dedicó por completo a Candy que aún lloraba y temblaba.

-Ya, mi amor, ya pasó. Nadie les hará nada a ti ni al bebé, voy a cuidarlos. Ahora vamos a la habitación, cielo. Quiero que te laves la carita y que te acuestes un ratito, yo te acompañaré.

Subió a la habitación con Terry pero al llegar y ver la forma en que Terry la abrazaba y le acariciaba el vientre, lloró aún más, a llanto vivo y Terry no entendía.

-Candy... ya no llores, todo está bien... si quieres mañana mismo vamos a la hacienda, Abuela estará loca por cuidarte a ti y al bebé.

Rompiendo en llanto nuevamente, cada vez más desgarrador, Candy por fin habló.

-Terry... yo... yo no estoy embarazada. No hay ningún bebé. Lo dije para que papá nos dejara en paz... Lo siento, mi amor.

Terry unió su frente con la de ella y le apretó una mano, pero no pudo ocultar su profunda desilusión y Candy lo notó. Se arrepintió de esa mentira.

-No importa, Candy... Ya sucederá... ahora, por favor, descansa un poquito.

La llevó a la cama y encendió el aire y la arropó, le dio un beso en la frente y se dirigió a la puerta.

-Terry... ¿no vas a quedarte conmigo?

-La cena se nos quedó a medias, voy a terminarla.

La excusa fue buena, pero Candy lo conocía tanto como él a ella y sabía que no era ese el motivo que estaba impidiéndole quedarse a su lado.

-¡No soy estúpida, Terry! Sé muy bien por qué ni siquiera puedes verme a los ojos, estás decepcionado de mí. ¡Yo también lo deseo!

Sus gritos de frustración junto con su llanto hicieron que se girara hacia ella nuevamente y la conciencia lo remordió. Se sentó a su lado.

-Candy... estoy un poco decepcionado, sí, pero no contigo, mi amor. Es que de verdad pensé que al fin tendríamos un bebé y al ver cómo te pusiste en peligro por mí... todo fue demasiado para mí. Yo sé que pronto vas a tener al bebé y yo no voy a presionarte, cielo. Tú eres muy joven y tienes tiempo de más para seguir intentándolo, no hay que tener prisa. Es que esto ha sido demasiado, perdóname... tengo muchas presiones encima. Me hubiera encantado que estuvieras embarazada de verdad, eso hubiera traído mucha alegría y sosiego ante toda esta situación, pero no estoy decepcionado de ti, además... con lo que pasó hace un rato... estoy segurísimo que ya nuestro bebé está aquí...

-Pero es que... siempre decimos eso y... nunca hay bebé...

Su carita toda frustrada conmovió mucho a Terry, le besó el rostro y le limpió las lágrimas con sus dedos.

-Esta vez, pecas, sí lo habrá. Te prometo que lo habrá. ¿Confías en mí?

-Sí...

-Entonces... no llores más, sabes que no lo resisto. Si me das una de tus hermosas sonrisas vendré después de la cena para darte más posibilidades de que tengas bebé.

Le dio un beso apasionado que la hizo esperar y desear más, pero esa fue la idea de él, estaba dispuesto a cumplirle su deseo esa misa noche.

Continuará...

Hola niñas lindas! Al fin pude terminar este capítulo. Estoy tardando un poco más que antes, pero espero que sigan valiendo la pena y que me lo dejen saber con un review. Este fue realmente largo, espero que yo hayan disfrutado. Es que prefiero tardarme y dejar un buen trabajo, que tomarlo a la ligera y hacer capítulos mediocres. El capítulo anterior tuvo tantos halagos que no podía perdonarme escribir uno que no lo igualara o superara, a veces somos víctimas de nuestro propio éxito, XD.

Veámos a dónde nos lleva todo esto, estos capítulos me cuestan más porque me propongo que mis historias sean mejor que las anteriores y además, al momento de creerlas, yo sólo planifico el entorno y la situación de Candy y Terry, pero las situaciones de los personajes secundarios me las invento al momento de sentarme a escribir, eso toma tiempo, cuesta mucha creatividad y además me gusta crearles situaciones bastante reales, que aunque tengan algo de fantasía, no sean inverosímiles. Faltas varios conflictos y diversas situaciones en esta historia. En los próximos capítulos vengo con más situaciones comunes, con lo que pasará con Patty ahora, con la historia de Archie, Albert, Annie, Karen, Tom... no crean que tengo esos personajes abandonados, como ya saben, cada quien tendrá su participación y razón de ser en esta historia.

Quiero darles la bienvenida a estas nuevas lectoras que me han mostrado todo su apoyo: DALI y MELODY GRAHAM GRANDCHESTER, bienvenidas niñas lindas, gracias por sus hermosas palabras. También darle un saludito a mi amiga que me había tenido abandonada hace tiempo, bienvenida nuevamente. Un beso a mis chicas fieles: subuab-Malu Uzumaki-Shareli Grandchester-analondra28-Zucastillo-Zafiro Azul Cielo-LizCarter-Amy C.L-Quisquillosa-sandy andly-Rose Grandchester

Gracias mil, todas son mis niñas lindas, también las que leen de forma anónima.

Las quiero,

Wendy.

*Canción de Eliza y Stear: "Nuestro amor se ha vuelto ayer" Victor Manuelle- Feat. Yuridia

*Canciones de Candy y Terry: "Tú o ninguna" Luis Miguel(1) y "Me muero" La Quinta Estación (2)