Tu mayor tentación
Por: Wendy Grandchester
Capítulo 9 Cuadros de Codicia
Luego de pasadas dos semanas del penoso incidente de Candy y Terry con el padre de ella, no supieron más de él y ellos volvieron a recuperar su vida habitual. Era temprano en la mañana y el despertador sonaba, avisándole a Terry que debía levantarse para ir a trabajar, pero profundamente dormido en un abrazo posesivo a Candy no se movía de su lugar.
-Terry, no te hagas el tonto, no me levantaré a apagar la alarma.
Terry se estaba haciendo el loco, pero una sonrisa maliciosa lo delató y como Candy estaba harta del sonido de la alarma, molesta le exigió que se levantara apagarla.
-Ay, pecas, que humor tienes por la mañana. ¿Siempre amaneces así de fea?
Por su pesado comentario se ganó un buen pellizco en una de sus nalgas desnudas que lo hizo quejarse y devolverle la agreción.
-¿Y tú siempre amaneces así de tarado?
-No, cariño, yo siempre amanezco así... ¿Podrías hacer algo por mí?
Ella miró hacia la entrepierna de Terry para comprender mejor de lo que hablaba y a pesar de su enojo, no podía apartar la vista de eso que se erguía tan orgullosamente y delicioso ante sus ojos. Él no esperó por su respuesta y aprovechando que ella también había amanecido desnuda, se colocó sobre ella y se coló muy fácilmente en su interior.
-Terry... ¿por qué siempre tienes que... ser así de irresistible...? ahh...
-No puedo amanecer de otra manera, cariño, si toda la noche me roza este cuerpecito desnudo.
Besándola profundamente y deslizando sus manos por el torso femenino y sus pechos, la embestía deliciosamente, disfrutando de como ella se retorcía y gemía bajo sus caricias.
Te regalo mi cintura
y mis labios para cuando quieras besar
te regalo mi locura
y las pocas neuronas que quedan ya
Mis zapatos desteñidos
el diario en el que escribo
te doy hasta mis suspiros
pero no te vayas más
-Terry... no quiero que te vayas... ¿podrías quedarte hoy?
Luego de haber terminado su acto de amor, Terry descansaba sobre ella unos instantes mientras ella pedía con sus ojitos suplicantes que no se fuera.
-Me encantaría, mi amor, pero... sabes que no puedo. Además estoy investigando a ya sabes quién porque está en algo turbio... Pecas... no me mires así, de verdad no puedo, pero trataré de estar aquí temprano...
-Pero... es que ahora estás más tiempo ahí que conmigo y yo te extraño mucho...
Porque eres tú mi sol
la fe con que vivo
la potencia de mi voz
los pies con que camino
eres tú, amor mis ganas de reir
el adiós que no sabré decir
porque nunca podré vivir sin ti...
-Y yo también te extraño como no tienes idea, cariño, pero tengo obligaciones que cumplir... además nos hemos tomado mucho tiempo libre y hemos pasado más tiempo en la hacienda que aquí, ahora tengo que cumplir con mis responsabilidades. Mi amor, si no cambias esa carita, no podré irme a trabajar tranquilo, no seas mala.
Candy le dio un besito y aunque con mucho esfuerzo, esbozó una sonrisa para tranquilidad de Terry que le ofreció acompañarlo al baño.
-Prométeme que no llegarás tarde, quiero consentirte mucho.
-Candy... yo no tengo una hora específica de salida, no puedo prometerte eso, mi cielo, puedo prometerte que lo intentaré... no te lo puedo asegurar porque estaremos reunidos para discutir con Richard y los demás socios sobre las irregularidades en los informes del administrador... la cosa no pinta muy bien...
-Está bien, entiendo...
Con su carita llena de tristeza y frustración, en la ducha, disfrutó como Terry la bañaba a ella, le estaba dedicando ese capricho a pesar de saber que se estaba retrazando.
Si algún día decidieras
alejarte nuevamente de aquí
cerraría cada puerta
para que nunca pudieras salir
te regalo mis silencios
te regalo mi nariz
yo te doy hasta mis huesos
pero quédate aquí
-Si me regalas una sonrisita, me quedo para desayunar contigo.
Terry la cargó por la cintura y le llenó el rostro de besos para que cambiara su semblante para su tranquilidad emocional, porque él no soportaba tener que irse y dejarla así inconforme, además porque él también la extrañaba a rabiar, el suceso anterior con su padre no lo dejaban muy tranquilo, a pesar de que ambos estaban bajo estricta protección y vigilancia.
-Voy hacerte burritos de revoltillo y salchicha italiana y también... hashbrown y café mocha...
-Mmmm... ¿todo eso para mí, pecas?
-Claro, mi amor, dije que te iba a consentir mucho.
Porque eres tú mi sol
la fe con que vivo
la potencia de mi voz
los pies con que camino
eres tú, amor mis ganas de reir
el adiós que no sabré decir
porque nunca podré vivir sin ti...
Mientras Terry se vestía, Candy apresurada preparó todo. Un delicioso olor inundó los sentidos de Terry al bajar y una inmensa ternura al ver lo concentrada y dedicada que ella disponía todo e incluso se chupó los restos de sabor en un dedito mientras confeccionaba los burritos. Una vez todo estuvo dispuesto en la mesa, se rió un rato a su costa al verla tratando de alcanzar dos vasos de cristal del gabinete, en puntitas y sin éxito.
-¡Terry! Tú piensas que todo el mundo mide 6'2" como tú.
Le reclamó molesta luego de que él se cansara de deleitarse viendo su lucha y que al final tuvo que pararse él para coger los dichosos vasos.
-Lo siento, pecas, mandaré a buscar una banquetita para ti. ¡Enana!
-No soy una enana, es que tú...
Apagó la inminente discusión con un beso que hizo que se olvidara todo el asunto e incluso, se excitara, pero debían calmarse, ya no había tiempo.
-Los pondré en la tablilla de más abajo, mi amor.
Con ese último comentario fue que ella recordó el tema de la discusión antes de ser devorada por los labios que tanto amaba. Entre risas y mimos disfrutaron del desayuno que de verdad estaba riquísimo y con dolor de su alma, Terry tuvo que despedirse.
-Voy a extrañarte mucho, mi amor. Por favor... trata de estar temprano...
-Lo intentaré, hermosa, pero... si no lo logro, quiero que vayas de compras y te consientas un ratito.
Terry le entregó su American Express y luego de dejarle un beso finalmente se fue. Se quedó un rato contemplando la tarjeta y pensando qué podía comprarse, no le faltaba nada... no pensaba en más ropa porque tenía planeado quedarse embarazada, así que no sería una decisión acertada, pero recordó que Terry le dijo que se consintiera, así que podía pasar un rato agradable en la peluquería y luego en un Spa. Sonó su celular, haciendo que ella abandonara sus pensamientos.
-¡Patty! Dichosos los oídos que te escuchan. Me tienes abandonada, amiga.
-Lo siento, Candy... sabes que no he estado muy bien... no he tenido ganas de nada...
-Entiendo, amiga... pero no debes quedarte sumida ahí. Estamos de vacaciones y debemos disfrutarlas al máximo... no volverán hasta diciembre...
-Es fácil para ti decirlo, tienes un novio que te adora y que además es millonario... pero el resto del mundo, como yo... no tenemos muchas opciones.
Candy sintió que el comentario de su amiga estuvo cargado de reproche, sintió que sus palabras la golpearon, salieron masticadas y hasta con un poco de desprecio, pensó Candy. No contestó a la involuntaria ofensa porque entendía la amargura de su amiga y no era para menos, mas sin embargo tuvo una buena idea.
-Pues... mi adorable y millonario novio me dijo que me consintiera hoy y le he tomado la palabra al pie de la letra... tengo planeado ir a la peluquería y a un Spa... ¿te apuntas? Yo invito...
-Pues... suena bien... pero tendrás que venir a recogerme... mi carro no está muy bueno en estos momentos...
-En una hora mi chofer y yo pasaremos por ti, no te tardes, quiero tener un buen turno en la peluquería.
Colgaron el teléfono y se prepararon. Patty se quedó pensando en la suerte que tenían algunas y un sentimiento que no comprendía se fue apoderando de ella, uno no muy bueno del cual llegó a sentir miedo. Lo descartó y se propuso disfrutar el día de chicas que le había prometido Candy y alejar los pensamientos absurdos. Un mensaje de texto le indicó que Candy la estaba esperando a fuera.
-¡Patty! Estás hermosa siempre.
Candy se bajó para saludarla antes de que ella se montara y le dio un efusivo abrazo, porque ella era bien expresiva, de hecho, Patty también, pero por alguna razón, Candy sintió que el abrazo recivido a cambio fue un poco frío y percibió en el rostro de la castaña una sonrisa forzada y una mirada escrutinadora que no supo descifrar.
-Tú también estás muy hermosa, Candy. Has cambiando mucho.
Por alguna razón su halago no le sonó amable a la rubia, había resentimiento en cada palabra y su mirada era desdeñosa. Candy quería que se le pasara la amargura a su amiga y que estuviera de vuelta, porque la verdad ya se estaba preocupando y su actitud la comenzaba a molestar, pero nuevamente hizo buche y trató de ponerse en su lugar.
-Patty, si no te conociera bien, diría que me odias. Vamos, verás lo animada que saldrás de allí.
Con una sonrisa un poco más sincera, Patty entró en el carro, el cual el chofer amablemente le tenía la puerta abierta para darle paso. Cambió su semblante con el último comentario que hiciera Candy y que le abrió los ojos, su actitud estaba siendo dudosa y se sientió mal consigo misma, sobre todo porque ni ella misma se entendía. Entre pláticas en las que se pusieron al corriente y dejando de lado todo tipo de diferencias, finalmente llegaron a Nereyda's, un salón de belleza en el que también hacían uñas acrílicas. Ambas se apuntaron para lavado y secado de pelo y también para hacerse las uñas. Dos jóvenes y simpáticos gays les señalaron sus sillas vacías, pues al ser martes, no había mucho volumen de clientela.
-¡Wow, nena! Tienes un pelo super largo, es divino.
Le dijo el joven que atendía a Candy, alto, delgado y trigueño que se presentó como "Geovany".
-Gracias, he querido cortarlo un poco, pero mi novio me mataría.
Igual de simpática, Candy le contestó, mas Patty que estaba en la silla de al lado mientras era atendida se le volvió a ver la expresión extraña hacia Candy, el chico que la atendía era tan simpático como el que atendía a Candy, pero el rostro de pocos amigos de Patty no le daba atrevimiento para hacerle conversación y se limitó hacer el trabajo. Los pensamientos de Patty estaban en que se estaba hartando del novio mil maravillas de Candy, de escucharla soñadora al hablar de todas sus virtudes y detalles, de cómo él la celaba y protegía e incluso, como amigas y confidentes, varios secretitos íntimos y ya había llegado el momento en que Patty no la escuchaba alegre sino con fastidio, esa fue la palabra con que ella lo describía pero habían sentimientos un poco más profundos y dañinos de los que ni ella misma era conciente.
-Bueno, chica, tú estás regia. Cuando termines de hacerte las uñas y ponerte totalmente fashion, puedes visitar esta tienda de aquí en frente, el dueño es amigo mío y tiene unos diseños espectaculares, a ti deben quedarte perfecto con ese cuerpo de sirena.
-Gracias, Geovany, lo tomaré en cuenta, pero luego, ahora mismo planeo tener un bebé.
La revelación de pronto hizo que Patty respingara de su asiento. De pronto a su amiga se le estaba haciendo realidad todos los sueños que una vez tuvo ella, incluyendo el bebé, el cual nunca existió en ella. Lo que más le molestó fue que el joven que la atendía a ella, soltó las tenazas un momento para unirse a la plática de Candy y Geovany, ya que ambos quedaron enamorados de su simpatía y por ser ella casi una adolescente les inspiraba mucha ternura al oírla hablar de sus planes de embarazo.
-Pues yo tengo un Part-time en Carter's, ahí hay todas las cositas habidas y por haber de bebés, puedo conseguirte una tarjeta de descuento. Todo el armario de mis sobrinos está lleno gracias a mí.
El comentario vino de Raúl, el que atendía a Patty y le entregó una tarjeta de la mencionada tienda, la que Candy guardó en su cartera Gucci, regalo de Terry y que no pasó desapercibida para unos celosos ojos castaños.
-Eh... Raúl, ¿verdad? ¿Te importaría seguir con mi pelo? La muchacha de las uñas también me está esperando.
El jóven de tez blanca y pelo marrón, muy guapo y con un rostro bastante delicado y hasta afeminado se sintió avergonzado y continuó con el pelo de Patty, pero más avergonzada quedó Candy por lo déspota que había sonado su amiga. No entendía qué diablos era lo que le pasaba. Cuando al fin terminaron con su pelo, se sentaron para que les hicieran las uñas, Candy optó por un clásico y delicado french, también se lo hizo en las uñas de los pies y Patty se hizo unas larguísimas uñas con diseños que luego no podía agarrar nada, pero le encantó la obra de arte que la minucurista había hecho en ella. Una vez que pagaron por todos los servicios prestados, comieron algo y luego de reposar se dirigieron a Zen Spa.
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Albert llegaba de trabajar y estudiar un poco cansado, pero con la emoción de ver por fin a su hermosa novia. Tenía veintiocho años y aunque ya tenía su carrera, le habían ofrecido un ascenso en la empresa que trabajaba como administrador, pero para poder ocupar el puesto, le exigieron unos créditos universitarios adicionales y la empresa estaba cubriendo los gastos. Vivía desahogadamente, no era rico, pero tenía una hermosa casa y un buen auto, un salario envidiable y beneficios, además del mencionado ascenso que pronto tendría.
-Hola, preciosa, ya estoy aquí.
Se anunció tan pronto entró, pero no recivió respuesta ni señales de Karen, así que fue a la habitación y ahí la encontró mirando televisión y pintándose las uñas de los pies.
-¡Albert! ¡Por fin! ¿Trajiste algo de comer?
-¿Yo? Mi amor, acabo de venir del trabajo y de estudiar, pensé que tú habrías preparado algo de comer.
Albert estaba profundamente desilusionado. Primero el recivimiento de ella fue totalmente seco, nunca soltó lo que estaba haciendo y nisiquiera alzó la vista para mirarlo mientras le hablaba.
-¡Ah claro! ¿Y qué soy yo? ¿Tu sirvienta?
-No estoy refiriéndome a eso. ¡Por Dios! No sé que tanto te quejas, una comida es sólo un simple gesto, somos pareja, vivimos juntos...
-¿Y por eso debo esperarte todos los días con un plato de comida humeando?
Albert no podía creer su descaro. Se estaba desencantando más de ella cada día. Temía que en cualquier momento podía cansarse y mandarla al diablo, sin embargo, la quería y como tantas veces, estaba dándose una oportunidad.
-Sabes, Karen, no te entiendo. No trabajas, te lo doy todo, tienes a alguien que se encarga de la limpieza... no te exijo nada... te he dado libertad y... pienso que me he equivocado. No te estoy echando nada en cara, pero... ¿no crees que yo me merezca al menos una comida hecha por ti aunque sea un día a la semana? O hecha por quien sea, pero que esté ahí dispuesta para mí, para de alguna manera saber que te preocupas por mí aunque sea un poco y no por cuánto dinero puedo darte para gastar esta semana o cuál será el próximo regalo que te compraré...
-Albert... no soy buena para la cocina ni para las cosas del hogar... puedes salir y conseguir algo para que comamos los dos... pero si tienes ganas de discutir o pelear... búscate a otra persona, yo estoy muy cansada...
Albert dio un puñetazo en el gavetero porque no podía creer la falta de vergüenza de Karen. Había abierto los ojos de pronto, definitivamente ella no lo quería y tal vez nunca lo quiso. La casa que tenían, luego que los padres de él se la habían heredado salda, tuvieron que hipotecarla debido al despilfarro de Karen con las tarjetas de crédito, casi la pierden. Había perdido mucho tiempo esperando un gesto dulce por parte de ella, esperando que alguna vez fuera ella que lo buscara en la intimidad y no él para ser rechazado muchas veces por sus excusas. Anhelaba que alguna vez ella estuviera ansiosa por que él llegara y lo cubriera de besos, que le dijera cuánto lo había extrañado, pero después de dos años, comprendió que eso nunca iba a pasar y de pronto, ahí sentada sobre la cama, con su gesto frío e indiferente, con su mirada desdeñosa, la vio tal cual era. Tan plástica y frívola. Interesada. Supo que con ella jamás vería realizado su sueño de formar un hogar con al menos dos niños corriendo por ahí y llenando la enorme casa de risas y alegría. No pudo imaginar a Karen con un bebé, trató, pero la imagen sencillamente no se formaba en su cabeza. Karen ajena a todos los pensamientos de Albert, concentrada en sus uñas no sabía lo que estaba por esperarle. Albert se mantenía de pie, mirándola fijo, ya había tomado una decisión.
-Karen... no sé de qué puedas tú estar cansada, pero sí voy a decirte de lo que estoy cansado yo. Estoy cansado de ti y tu vanidad, estoy cansado de que el único amor que sientas sea el tuyo por ti. Estoy cansado de que sientas más cariño por mi billetera que por mí. Estoy cansado de mantener a una inútil. Sí, y no te ofendas, eso es lo que eres. No haces nada por tu vida, en cambio has hecho de mí un esclavo para tus caprichos, lo cual no me dolería si tan sólo tuviera la certeza de que me amas, pero me he dado cuenta de que eres incapaz de albergar tan noble sentimiento.
-Albert... no vengas con eso otra vez, sabes que te quiero, lo que pasa es que yo no soy una persona expresiva...
Albert se había sentado junto a ella en la cama y a pesar de su coraje, su voz era baja y pausada, no por eso carecía de firmeza y convicción. Karen comenzó hablarle y acercarse melosamente, pero cuando algo sobrepasa los límites...
-No eres expresiva, realmente no eres nada, Karen. No eres una profesional, no eres una buena mujer, no eres cariñosa, no eres honesta, me pregunto cuáles fueron las cualidades que me llevaron a ti... Lo que te quiero decir, Karen, es que ya me cansé de ti. Ya no quiero seguir más contigo. Estoy cansado de sentirme vacío... de dar y no recivir... lo siento, pero...
Fui por ti un ave que no se atrevió a volar
creí en ti y así me fui olvidando de mí
viví muriendo por estar siguiéndote a ti y a tus sueños
hoy ya sé que tus mentiras fueron mi realidad
y a quien amaba era sólo a tu vanidad
ya ves, no fue mi culpa, sólo fueron tus miedos
-¿Estás terminando conmigo? ¿En serio?
Le preguntó burlona e incrédula, como retándolo a que cumpla su palabra, porque no era la primera vez que tenían la misma discusión, ella lo engatuzaba, le daba una noche de ensueño para luego otra vez la misma historia, pero esta vez...
-Nunca había hablado tan en serio, Karen. Respondiendo a tu pregunta, sí, estoy terminando contigo. Quiero que te vayas, sigue tu camino, encuentra otro idiota que se dedique a cumplir todos tus caprichos. Yo tengo otros planes y sueños que van mucho más allá de lo que tú me das. Tú no tienes ni eres lo que yo necesito.
-¿Ahora, verdad? Después de estos años que me he dedicado a ti y a...
-¿A mí? No seas absurda, Karen, a lo único que te has dedicado es a derrochar el dinero que con tanto sacrificio gano, gracias a ti tengo que pagar por una casa que ya estaba salda y duré dos años arropado de deudas, esa fue tu única dedicación, joderme la vida. Por favor, no te hagas la indignada porque me vas a conocer de verdad. Quiero que cojas tus cosas y te largues, cuando yo regrese no quiero verte aquí, no quiero ver nada tuyo aquí y cuidado con llevarte cualquier cosa que no te pertenezca porque te denuncio.
Me voy porque contigo piso en falso una vez más
me voy porque el silencio pesa más que tu verdad
me voy sin miedo a equivocarme
hoy pongo fin a lo que nunca empezó
Albert había sido tajante y por primera vez le alzó la voz y perdió los estribos. De repente no le pareció tan guapa, de pronto todo se volvió distorcionado ante sus ojos, al fin vio la realidad. Karen soltó sus lágrimas de cocodrilo, unas en las que él no caería jamás. Hizo un último intento por acercarse a él.
-Entiendo que estés molesto, cariño... no me he portado bien, pero... podemos arreglarlo... dame una oportunidad... ¿sí?... hasta había pensado en que podíamos tener ese bebé que tanto...
La fuerte carcajada de Albert le interrumpió el teatro que estaba montando, cambiando su gesto de uno muy dulce y meloso a su verdadera cara caprichosa y sin escrúpulos.
-Karen... ¿De verdad piensas que yo te querría para madre de mis hijos? Jajajajaja. Pobre de la criatura que te tenga por madre. Hazme un favor... vete, ¿sí? Cuando quiera reirme te llamo.
Sin ti la vida duele menos
sin ti camino por el cielo
así soy todo lo que quiero
tengo un mundo tan perfecto sin ti
sin ti ahora soy tan libre
sin ti ya nada es imposible
y aquí el tiempo ya no vuelve
y aunque a ti te duele que yo sea feliz
ya estás lejos de mí
Indignada, la chica alta, delgada, castaña de pelo largo y ondulado con enormes ojos miel se puso de pie y lo miró con toda su prepotencia y al mismo tiempo incredulidad, pero la expresión de Albert advertía que no estaba jugando, ella sabía cómo era el dulce Albert cuando alguien sobrepasaba el límite de su paciencia.
-Veinticuatro horas, cariño, veinticuatro horas te doy para que me llames suplicando que vuelva.
La mirada que Albert le dedicó a travez de sus preciosos ojos azúl cielo no pudo ser más cínica, lo mismo que su sonrisa torcida. Él pensó que posiblemente tardaría veinticuatro horas, pero en tener otra compañía, aunque no era pretensioso, tenía un físico envidiable, alto, rubio, cuerpo de ensueño y sus facciones masculinas y perfectas parecían haber sido esculpidas a mano. Albert pensó en irse y dejarla sola para que empacara, pero se le encendió el bombillo y decidió que era mejor observar todos sus movimientos y asegurarse de que de verdad se fuera solamente con lo que le pertenecía y para siempre.
Te ves en un espejo y se convierte en papel
no hay más que un corazón vacío
pido piedad por ti
que no mereces nada de lo que yo te di
Me voy porque contigo piso en falso una vez más
me voy porque el silencio pesa más que tu verdad
me voy sin miedo a equivocarme
hoy pongo fin a lo que nunca empezó
-Buena suerte, Karen.
-¡Vete al diablo!
Fue su insulto luego que Albert sólo le diera unos billetes para un taxi. Cuando vio que al fin se fue, se sentó unos segundos en el sofá pasando sus dedos por su un poquito largo cabello rubio. Se preguntó cómo fue que pudo haber tirado esos años a la basura con una mujer así, en qué estaría pensando. Pensó que verla partir le causaría una depresión terrible porque la quería, pero por el contrario, sintió una paz infinita y hasta lleno de ánimo se volvió.
Sin ti la vida duele menos
sin ti camino por el cielo
así soy todo lo que quiero
tengo un mundo tan perfecto sin ti
sin ti ahora soy tan libre
sin ti ya nada es imposible
y aquí el tiempo ya no vuelve
Miró su celular destrozado luego de haberlo lanzado contra el piso de el estacionamiento de la universidad por todas las veces que había llamado a Karen y ella no contestó. Notó que era temprano, así que iría a la compañía de su celular a resolver el problema. Se dio un baño y se vistió casual, un jean, polo azúl y tenis, sport y juvenil, pero al mismo tiempo irresistiblemente guapo. Llegó a la oficina central de la compañía de celulares.
-Buenas tardes, ¿cómo le ayudo?
-Sí, buenas tardes, vengo porque...
La frase se quedó a medias cuando alzó la vista y vio a la joven que lo estaba atendiendo. Nunca había visto una mujer tan bella, con esa piel y esos razgos tan delicados, pensó haber visto un ángel. Ella a su vez no podía dejar de sonreir, pensó que había salido el sol cuando él entró.
-Mi celular sufrió un accidente y vengo a comprar uno nuevo...
-¡Wow! Un fatal accidente...
La joven miró lo que quedaba del aparato y sonrió, haciendo que a él se le acabara de secar el aliento, pero no fue sólo a él, porque al devolverle la sonrisa a ella también se le doblaron las piernas.
-Ehh... sí. Quería saber si por el seguro que le puse puedo obtener otro y cúales serían los descuentos...
-Veamos... permítame su número telefónico y la clave de acceso a la cuenta.
Albert dio la información solicitada hasta un poco trabado y vio como ella concentrada introduciendo la información en la computadora de vez en cuando lo miraba de reojo y sonreía.
-Pues aquí... con el seguro podríamos darle por cincuenta dólares el mismo modelo totalmente nuevo, pero veo también que su contrato vence en unos días, si espera esos días y renueva el contrato nuevamente podemos ofrecerle cualquiera de los últimos modelos totalmente gratis...
-Suena bien, linda, pero... ¿voy a estar incomunicado por días?
Su matadora sonrisa la hizo temblar, pero le sonrió también y lo orientó a continuación.
-Déjame terminar, te ofrecemos un equipo provisional en lo que vencen esos días, sería el mismo modelo que tenías mientras tanto. Pero... ese arreglo no puede pasar de los días mencionados y tiene que hacerse sólo conmigo.
Albert sonrió arrogante al escucharla mencionar eso. Le gustaba la chica, no lo negaba y hasta pensó en darle largas al asunto sin importar que hubieran más personas esperando.
-Es que yo de todas formas no pretendía que me atendiera alguien más, es más, si cuando venga tú no estás, cancelaré todo el servicio.
A su amenaza ella rió, se puso bien nerviosa como una adolescente. Porqué tenía que ser tan guapo, alto y encima simpático y sonreirle así... con esos dientes tan blancos y perfectos...
-Encantada te atendería, no podemos perder un cliente, mi trabajo estaría en juego.
Ella le guiñó un ojo, gesto que lo desarmó por completo y procedió a activarle el nuevo equipo provisional y a introducir la información en la computadora.
-Bien, ya está activado... la programación... ¿la deseas en español o en inglés?
-En inglés, por favor, es mucho más fácil.
La chica le sonrió estando totalmente de acuerdo en eso, en español los celulares son todo un lío.
-Esta es mi tarjeta. Me llama para cuando venga a renovar el contrato para obtener cualquiera de los modelos que le ofrecí o si surge cualquier desperfecto con ese equipo durante los días que lo usarás.
Albert tomó la tarjeta y sonrió maliciosamente, pensando que su equipo provisional iba a sufrir un par de accidentes durante esos días.
-Muchas gracias, ha sido usted muy amable, nos veremos pronto.
Ambos se dieron una sonrisa arrebatadora y se despidieron... pero el destino siempre hace lo suyo...
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A pesar de haber tenido un extenuante día en la oficina, Terry no llegó muy tarde y quiso sorprender a Candy y le llevó comida del restaurant italiano de su preferencia, llevó para ambos y entró muy contento, ansioso de ver a su pecosa.
-Pecas, ya llegué.
-¡Terry!
Candy no corrió, más bien voló a sus brazos y brincó de una manera que quedó enganchada a su cintura.
-¿Me extrañaste, pecosa?
Le preguntó él aún sin soltarla hasta que se percató de una persona que también estaba presente y la dejó en el piso con delicadeza para dirigirse a los ojos castaños que miraron el espectáculo con cierto desdén.
-Ah, Terry, ella es mi amiga Patty. Espero no te moleste... la invité a quedarse unos días porque no se siente muy bien y pues... yo paso mucho tiempo sola...
-Por mí no hay problemas. Esta es tu casa mi amor. Bienvenida, Patty, Terrence Grandchester.
Terry le dio la mano y le sonrió, ella se quedó de piedra y mirándolo fijo, pues nunca lo había visto personalmente y pensó que Candy exageraba al describirlo, pero evidentemente, se había quedado corta. Terry se sintió un poco incómodo por la forma en que Patty lo miraba como si fuera un postre muy tentador, pero no le dio importancia al asunto, no quería hacerse impresiones tan pronto ni hacer sentir mal a ninguna de las dos.
-El placer es mío, Candy me ha hablado mucho de ti...
-Pues espero que hayan sido cosas buenas ya que a ella le gusta pintarme como un ogro.
-¡Terry! Por supuesto que no.
Patty sonrió, pero su sonrisa estuvo dirigida a Terry y no a Candy, o al menos ambos. Terry la había deslumbrado y un sentimiento obsesivo estaba adueñándose de su ser.
-Bueno, yo traje comida, afortunadamente alcanza para los tres, así que no se preocupen. Si no es molestia, voy a tomar un baño primero, pueden comenzar sin mí.
Terry fue amable, pero ellas decidieron tomar un baño y ponerse también más cómodos y así comerían los tres juntos.
-Puedes dormir aquí, Patty. Este era mi cuarto. Está todo limpio, nadie lo usa ya.
Patty se quedó sin habla al ver la enorme y bonita habitación que parecía ser más grande que todo su apartamento. Lo bonito y decorado que estaba, con televisión, laptop y stereo y por si fuera poco su propio baño. Todo le pareció una burla.
-Gracias, Candy...
-Siéntete en libertad de usar lo que necesites. Las gavetas están vacías, así que puedes colocar tu ropa en ellas mientras tanto. Yo ya mudé todo lo mío al cuarto de Terry.
Candy expresó esto último con una emoción inmensa que no supo disimular, estaba enamorada hasta el tuétano, soñando despierta y jamás se hubo percatado de lo que molestaba eso a Patty, sobre todo la escenita de la forma en que ella recivió a Terry al llegar, brincándole encima como una niña y cómo él le consentía todo. Le dio rabia el no poder tener también ella eso. Anheló con todas sus fuerzas que alguien la amara así, que la añoñaran de esa manera. Su amargura creció más cuando casualmente se encontró a Stear con su esposa comprando cositas para bebé en una tienda y aunque a Eliza no se le notara el embarazo aún, era obvio, acariciaba su barriga con ternura, se escondió para que ninguno de los dos la viera y abandonó la tienda a lágrima viva. Ella terminó destrozada y sin nada y él a cambio parecía que andaba de luna de miel e irónicamente con un bebé después de todo. Ella terminó con él y todo pareció arreglarse a favor de él. No pudo describir el odio profundo que estaba enredándose como hiedra en su corazón.
-Bueno, Candy... voy a prepararme, al menos que me quieras ver desnuda, te aconsejo que vayas hacer lo mismo.
Patricia un poco consiente de lo pesada que se había vuelto, ya que en el fondo no se daba cuenta de la envidia que sentía y su actitud no era adrede, decidió ser un poco menos dura con su amiga que no tenía la culpa de que la suerte ahora le sonriera, hizo ese último comentario sonando un poco bromista.
-Para nada, Patty, me conformo con el cuerpo de mi hombre que está... bueno... mejor me callo. Nos vemos abajo en el comedor.
El comentario de Candy no fue nada acertado, pues la rabia en Patty volvió a encenderse junto con su envidia. Candy salió a prepararse, dejándola sola con sus pensamientos. En veinte minutos los tres estuvieron abajo para comer.
-Patty... así está bien o quieres que te sirva...
Terry no terminó de hablar porque no pensó ver a patricia con esa camisilla de pijama que dejaba casi totalmente al descubierto sus voluptuosos pechos. No era que se sintiera atraído por ella, porque su pecosa no tenía nada que envidiarle, pero era incómodo y buscó la mirada de Candy para ver si captaba la incomodidad, pero Candy era tan confiada a veces que no se enteraba de nada, por más miradas indirectas que Terry le lanzó, Candy nunca cayó en tiempo y Patty lo notó, un punto a su favor, pensó.
-Así está bien, Terry. Hay que conservar la figura.
Al decir eso le sonrió, le guiñó un ojo y se talló la cintura con las manos, él cambió la vista y sentándose al lado de Candy y no al frente, porque de esa forma estaría al lado de Patty y ella le daba mala espina. Él era un hombre de mundo y conocía demasiado a las mujeres, pero su dulce e inocente mujer no. Esa misma noche él hablaría con ella, no quería malos entendidos.
-Está divino, mi amor, gracias.
Candy le dio un besito en la mejilla y siguió comiendo, Patty con disimulo, jamás apartó la mirada de Terry. Se concentró en sus fuertes brazos por el tiempo dedicado al gimnacio y que en uno de ellos tenía un tatuaje de una niña rubia con el nombre de Candy, uno que se hizo cuando cumplió diesciocho años y que mostraba a Candy en sus ocho. El motivo de ese tatuaje fue una vez que a Candy le dio un fuerte dengue emorrágico y que por negligencia de su madre por poco se muere, pensando que la pequeña no sobreviviría, él y Anthony estaban profundamente afectados y Terry se la tatuó para llevarla siempre con él. En otro brazo tenía un tribal, estaba mezclado con flores, pues es lo que está de moda y para nada se veía afeminado, todo lo contrario, Terry era puro pecado.
-Eh... Candy... ahora que lo recuerdo. Archie te mandó muchos saludos y dijo que lo tenías abandonado. Llámalo cuando tengas oportunidad, te extraña mucho el pobrecito.
Terry soltó el tenedor de pronto y le dedicó una mirada helada a Candy, una que la retaba a que se atreviera a llamarlo. Candy a su vez quiso matar a Patty por su indescreción, además...
-Patty... no sé a qué viene eso ahora... Yo no acostumbro a llamar a Archie desde que empezé con Terry... no es saludable para él, además siempre lo saludo en la universidad y llevamos una buena relación de amistad.
-Lo siento, Candy, no quise insinuar nada. Sólo pensé que la amistad hay que cultivarla y él es muy buen chico... además te adora...
A dónde quería llegar Patty con todo aquello de pronto. Candy ya se estaba poniendo muy nerviosa porque sentía cómo los ojos de Terry la taladraban, pero no se percató de la malicia en la mirada y sonrisa de su amiga, Terry sí.
-Bueno... yo ya terminé de comer, las dejo para que hablen, chicas.
Si Candy no conociera tan bien a Terry, habría jurado que estaba siendo amable, pero estaba furioso y seguramente hirviendo de celos y si Patty no tuviera tanta maña, también habría creído en su amabilidad, pero no, porque esa había sido su intención, romper con el encanto de los dos tortolitos que la tenían harta.
-Ehh... Terry... yo te acompaño, también estoy agotada y supongo que Patty también lo está.
Candy miró a Patty con intención, como reclamándole su actitud y Patty puso gesto apenado, como de "no fue mi intención". Se paró y se fue a la habitación que era de Candy mientras que la pareja se fue a la suya.
-Terry... No me dijiste nada de mi pelo... me lo alizé... y mis uñas... ¿te gustan?
-Eres bella de todas formas, pecas, aunque tu pelo enroscadito me gusta más y tus uñas están muy lindas, mi amor.
Candy no quedó muy complacida, se notaba molestia en su voz a pesar que trataba de disimularlo.
-Mi amor... yo... yo nunca hablo con Archie... espero que no estés molesto por eso...
-¡Claro que no! Anda ve y llámalo, te extraña tanto...
Su arrogancia y sarcasmo hicieron su aparición y la carita de ella se angustió.
-Terry... yo a penas le dirijo la palabra desde que estoy contigo... no sé por qué Patty comentó eso, pero...
-Te diré por qué. ¡Porque te tiene envidia!
Le gritó porque para él no pasaron desapercibidas las intenciones de Patty desde el principio y Candy en su inocencia quedó muy indignada y sorprendida.
-No sé de qué hablas, Terry. Ella es mi amiga hace tiempo y...
-¿Hace tiempo? Hace un semestre cuando empezaste la universidad, Candy. Sé que eres ingenua, pero yo no, Candy, conosco muy bien a las mujeres y sus mañas. Tu amiga, no me ha quitado la mirada de encima desde que me vio. ¿Has visto la camisilla que se puso? ¿Tú te la habrías puesto en frente de un novio suyo? No, ¿verdad? Los comentarios que hizo... ¿crees que siendo tu amiga y conociendo todo lo que seguro tú le has compartido de nosotros, porque sé que es normal entre mujeres contarse todas esas cosas... que sus comentarios sobre Archie no vinieron porque sabía que me molestarían?
-Terry... creo que has malinterpretado todo, Patty no es así, ella...
Candy no sabía como explicarse, pues sabía que Patty no era precisamente una santa y que sostuvo una relación con un hombre casado, pero nunca que le bajara el novio a una amiga, no la creyó capaz de eso, aunque sí la había notado un poco rara en sus actitudes.
-Candy, princesa... te falta mucho por conocer de la vida. Según lo que tú misma me has contado... ella no es una santita, además, cariño, ella está un poco amargada por todo lo que está pasando en estos momentos. A veces, amor, entre amigos, más común entre mujeres, el éxito de la otra despierta cierta envidia aunque no siempre es intencional. Ella de pronto está pasando por un fracazo amoroso, mientras que tú estás viviendo un sueño ante sus ojos, mientras ella no sabe cómo pagar la renta de su humilde apartamento, tú la invitas a tu lujosa casa y le ofreces el cuarto que fue tuyo y que está mejor equipado que todo su apartamento. Mientras ella descubre que nunca estuvo embarazada, tú estás planificando tener un bebé, de pronto, mi cielo, tú, sin proponértelo, tienes todo lo que ella deseó y eso, aunque no haya sido a propósito, a despertado sus celos. Las mujeres son así, cariño, ustedes serían las dueñas del mundo si no se odiaran tanto entre ustedes mismas.
Esas palabras de Terry vinieron muy calmadas y sentándose a Candy en su regazo para que ella entendiera todo lo que su ingenuidad e inexperiencia no le permitían ver.
-Pero es que... Terry... ella misma me alentaba y aconsejaba para conquistarte cuando tú no me hacías caso... siempre estuvo ahí conmigo e incluso fue clara con Archie para que no se ilusionara conmigo... no entiendo cómo es que ahora...
-Pecas, creo que eso fue antes de que se viera sin su pareja, sin hijo y sin nada, antes de que te viera a ti tan feliz y que me conociera a mi. No es por alardear, Candy, pero muchas mujeres les gusta ser tratadas así, así como yo te trato a ti y eso les da envidia. Lo sé porque sólo contigo me he portado de esta manera y sé que esto es lo que las mujeres esperan porque con las que tuve y no amé me lo reclamaron alguna vez, pero la mentablemente no se puede hacer lo que no se siente y ninguna me inspiró la ternura y el amor que me inspiras tú. Esa y otras cositas envenenaron de rabia a tu amiga, amor.
-Y... ¿Qué debo hacer...? ¿Le digo que se vaya?
-Creo que sería lo mejor, no me gustaría que hubieran malos entendidos entre nosotros, ambos somos muy celosos y no quiero que se nos dañe la tranquilidad que tenemos. Pero no le pidas que se vaya así sin más, habla con ella y explícale los motivos, tal vez aún puedas recuperar algo, ella sólo está un poco desubicada, pero para tu tranquilidad y la mía, por favor, regrésala a su casa.
Candy comprendió las palabras de Terry, adoraba su madurez y su sexto sentido para oler a sus enemigos, eso siempre le dio éxito en lo que hacía, incluso cuando estaba en las calles. Amaba a ese hombre con todo su ser, lo admiraba y más aún cuando en esas circustancias sacaba cara por ella, porque otro hombre hubiera aprovechado la situación y se hubiera enredado con su amiga, pero no Terry, al menos con su pecosa, él no sería capaz de tal bajeza.
-Terry... ¿yo soy más linda que Patty?
-Pecas... eso no se pregunta. Eres mil veces más linda. Ella no tiene estos hermosos ojitos, ni esta naricita, tampoco tiene estas pecas ni esta boquita que me encanta.
Terry la besaba y para cuando ella vino a reaccionar ya Terry la tenía totalmente desnuda, besando cada parte de su cuerpo.
-Voy a demostrarte todas las razones por las cuales eres la más bella de todas.
Se arodilló para ir besándola desde sus pies donde luego su lengua recorrería sus piernas y muslos con su rastro húmedo y se detendría un rato entre ese lugar oculto de su centro y que ante el contacto sus gemidos se dejarían escuchar. Salió de ese lugar y cubrió de besos y caricias su vientre y ombligo.
Es poco decir que eres mi luz, mi cielo, mi otra mitad
es poco decir que daría la vida por tu amor y aún más
ya no me alcanzan las palabras, no
para explicarte lo que siento yo
y todo lo que vas causando en mí
lo blanco y negro se vuelve color
y todo es dulce cuando está en tu voz
y si nace de ti
-Te amo, Terry. No hay nadie mejor que tú para mí, mi amor, sueño con ser tuya siempre, quiero dártelo todo a ti.
-Yo te amo mucho más, mi amor, pienso dártelo todo esta misma noche.
Sus labios siguieron besando y acariciando el vientre donde ambos soñaban que pronto estuviera su bebé y sus labios subieron para besar y acariciar a los pechos que tanto adoraba y deseaba y que muy pronto alimentarían al hijo de los dos. Lo hizo de una forma tan excitante que ella no pudo ahogar un grito y porque ademas sus dedos hacían travezuras en su interior.
Te voy amar y hacerte sentir
que cada día yo te vuelvo a elegir
porque me das tu amor sin medir
quiero vivir la vida entera junto a ti
-Terry... hazme el amor ya, por favor. Quiero sentirte dentro de mí.
-Eso no me lo tienes que pedir, siempre, mi amor, voy hacerte mía, cada noche...
Ella lo ayudó a desnudarse para maravillarse con su cuerpo perfecto y sobre todo con la deliciosa erección que la excitaba y la hacía perder todo el control. Antes de que él empezara con lo que ella le había solicitado, no pudo evitar arrodillarse un momento para llevarse a la boca aquello que tanto placer le causaba y para sopresa de él que gimió al primer contacto de la boca de ella. La forma en que ella lo estaba chupando, lentamente y poco a poco y haciendo jugueteos con su lengua se estaban llevando toda su voluntad.
-Eres perfecta, mi amor, por eso eres la única para mí.
Los dedos de él se entrelazaron en el pelo de ella mientras disfrutaba de todo el placer que su boca le estaba brindando.
Es poco decir que soy yo quien te cuida como ángel guardián
es poco decir que en un beso tuyo siempre encuentro mi paz
ya no me alcanzan las palabras, no
para explicarte lo que siento yo
y todo lo que vas causando en mí
lo blanco y negro se vuelve color
y todo es dulce cuando está en tu voz
y si nace de ti
Estando de pie, él la retiró de su boca porque estaba tan excitado y necesitado de ella que la levantó y así mismo de pie se la colgó de la cintura y entró en ella sin dejar de besar su boca. La movía a ella de alante hacia atrás y de arriba hacia abajo, amos se movían y él recostó su espalda de la pared y le sostuvo firme las nalgas.
-Terry.. ahh.. mmm... te amo, mi amor.. ahhh
Sus gritos serían escuchados en la habitación donde se encontraba Patty, no los pudo evitar. No cuando Terry se movía de esa manera en su interior, cuando esa boca varonil y dominante devoraba la suya y cuando la penetraba tan fuerte y posesivamente.
-Me encanta cuando gritas mi nombre así... cuando me dejas saber que eres sólo mía.
Con esas palabras, Terry se dejó correr en su interior sosteniéndose de ella y se quedó un rato cargándola así y descansando su cabeza en el hombro de ella. Luego de otro duchazo se fueron a la cama y ahí Terry se quedó contemplándola mientras sus verdes ojos fueron apagándose lentamente.
-Te amo, Terry... Déjame embarazada ya...
Esas palabras salieron de ella inconciente, ya casi dormida, al día siguiente no se acordaría de haberlas pronunciado.
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En total eran cinco los días que Patty llevaba en casa de Candy, cinco porque aparentemente, Patty volvió a ser la misma de siempre y Candy no tuvo el valor de hablarle sobre lo que había sentido y lo dejó pasar, Terry al ver el supuesto cambio también, dejó de presionarla y olvidaron el asunto.
-Terry... ¿vas a llegar tarde hoy también?
-No, cariño, hoy sólo haré unas diligencias, no tengo trabajo, pero Richard me pidió unos favores. Estaré toda la tarde y noche contigo, mi reina.
Candy se puso alegre porque era el último día que Patty se quedaría en su casa y ella y Terry recuperarían toda su privacidad. Quería aprovechar la ausencia de Terry para hacer algo que hacía unos días le daba vuelta en la cabeza, pero que quería hacerlo discretamente por si no era más que otro chasco a su sensibilidad. Terry se despidió de ella con un beso y con gesto con la mano de Patricia, que esperaba que a su regreso se encontrara bien lejos de ellos, pues no olvidó que dos noches atrás trató sutilmente de provocarlo en la cocina cuando fue un momento a la cocina a buscar un vaso de leche para Candy y Patty se encontraba ahí con una de las tantas pijamas que usaba Candy, pero que siendo Patty más voluptuosa dejaba mucho menos a la imaginación, cada día soportaba menos a su amiga y no veía la hora en que se fuera. No le comentó nada más a Candy porque vio que ya no tenía caso seguir trabajando con su ingenuidad y porque además tenía entendido que ella ya se iba.
-Patty... ¿te gustaría ir conmigo a comprar unas cosas?
-Claro, Candy. Luego empacaré para irme.
Su respuesta la dio con la intención de que Candy le pidiera que se quedara más tiempo, pero eso no sucedió, se había acostumbrado a las comodidades de ese lujoso apartamento y las buenas comidas y sobre todo, aceptó acompañar a Candy ahora a salir porque ella tan generosa le había comprado bastante cosas y esta salida sería otra oportunidad.
Fueron a T. y ahí Candy compró cojines, cortinas y otros artículos para redecorar el apartamento, pues todo ahí era blanco y ella quería ponerle algo de color. Patty veía con furia como ella echaba y echaba en el carrito sin siquiera mirar los precios de las cosas. Escogió varios juegos de sábanas y accesorios para el baño y perchas para las tantas piezas de ropa que tenía. Patty astutamente se quedó contemplando un juego de sábanas que le gustó y la buenaza de Candy se lo ofreció y ella lo aceptó más que feliz. Cuando hubieron pagado todo, con su celular, Candy le marcó al chofer para que fuera a recogerlas en la misma entrada del centro comercial donde habían efectuado las compras y porque además, tenía que hacer otra parada. Le preguntó a Patty si la quería acompañar también al próximo lugar, pero no le dijo a dónde y Patty pensando que también sería alguna tienda en la que ella también pudiera salir beneficiada con alguna compra, aceptó sin pensarlo.
-Pues... ya estamos aquí... estoy tan nerviosa...
-Candy... ¿Qué vamos hacer aquí?
-¡Ay Patty! Es que aún no te he contado... es que no quiero hacerme muchas ilusiones, pero... llevo siete días de retrazo y pienso que tal vez esta vez sí estoy embarazada. Quiero asegurarme antes de hacerme falsas esperanza e ilusionar a Terry...
Habían parado en un laboratorio privado, uno en que la antenderían rápidamente, ya que era exclusivo, del grupo médico que aceptaba la tarjeta aseguradora que Terry había dispuesto para ella. La revelación de lo que haría allí le supo a mierda a Patricia, quien inconcientemente deseó que todo fuera una falsa alarma para Candy, ya no la soportaba más. Candy le confió eso a Patty confiando en el cambio de ella y achacándole su pasada actitud a la amargura y depresión por la que estaba pasando. Lo que Candy no sabía era que el supuesto cambio se debió a que había escuchado la discusión que habían tenido ella y Terry a causa de ella y por eso astutamente fingió ser la misma de siempre, consiguiendo la lástima de ellos y que bajaran la guardia.
Candy se registró en el mostrador y esperó su turno junto a Patricia en la salita de espera. Cada una tomó una revista que hablaba sobre embarazos y todos los cuidados prenatales entre otras ramas de la salud, como la diabetes, la cual Patty padecía.
-Candice Brower, puede pasar, por favor.
La mujer vestida de blanco la llamó y ella se levantó emocionada, rogando a Dios el milagro.
-Deseame suerte, Patty.
Le dijo a su amiga con un abrazo sin sospechar que ella le deseaba todo lo contrario y ansiaba ver a la rubia salir de esa oficina con la misma desilusión que salió ella al enterarse que su supuesto embarazo no era más que una anemia.
-Buenos tardes, Candice. ¿Cuánto tiempo tienes de retrazo?
-Es sólo una semana. Sé que es muy poco tiempo, pero yo soy muy regular y además me gusta mucho montar a caballo y...
-Entiendo tu preocupación, querida. Bueno, vamos hacer la pruebita a ver si hay un bebé. Es sólo llenar este tubito de sangre y en veinte a treinta minuto tendrás el resultado. Si el resultado saliera negativo y sigues con el retrazo, repite la prueba en una semana más.
Dichas esas palabras, la mujer hizo su tarea de extraer la sangre de Candy al tubito, luego de ponerle una curita, le indicó que espera hasta que la llame.
-Sí quieres da una vueltecita o come algo en lo que sale, así liberas un poco la ansias.
La mujer de unos treinta y cinco años le causó ternura la ilusión de Candy, sobre todo por su edad y se recordó a sí misma cuando se casó y vivía las mismas ansias.
-¿Qué te dijeron, Candy?
-Tengo que esperar los resultados... Honestamente... ya no quiero hacerme más ilusiones, seguro que en cualquier momento me baja la regla.
De pronto el ánimo de Candy comenzó a resquebrajarse sin saber por qué, tenía ilusión, pero al mismo tiempo miedo de que volviera a estar equivocada.
-Te entiendo, Candy, ya ves lo que me pasó a mí...
-Lo sé, Patty, pero estoy segurísima que pronto serás madre y sobre todo, lo serás con el chico indicado que te sepa amar y valorar de verdad.
Con eso, Candy le dio un efusivo abrazo a su amiga y a Patty la revolvieron los remordimientos. Candy era tan leal y transparente, no veía la maldad y de pronto Patty se sintió fatal, pero no podía evitarlo.
-Bueno, Candy, vamos a esperar a ver qué te dicen...
-Sí, pero no esperaremos aquí, vamos al Burger King que está ahí en frente en lo que sale el resultado.
Así lo hicieron y ambas se ubicaron en la fila. Patty vio como Candy pedía un Whopper tejano doble, una hamburguesa inmensa para ella, pensó y no sólo eso, lo pidió agrandado y con un apple pie. Patty por su parte se pidió una ensalada Caesar, pues seguía una dieta saludable que le indicó la nutricionista y en vez de refresco, pidió una botella de agua, cosa que le dio más rabia, pues su también diabetes le impedía comsumir ciertos alimentos. Cuando estuvo lista su órden se sentaron a degustar su comida.
-Candy... ni siquiera puedes morder tu hamburguesa.
Le bromeó Patricia al ver como ella buscaba la manera de darle el primer mordisco, sabía que esa hamburguesa era riquísima, pues Terry la había pedido para él en una ocación y se la dio a probar, terminó comiéndosela ella casi toda y él le hizo la misma broma que Patty al no poderla casi morder.
-No importa, está divina, Patty. No sé cómo puedes estarte comiendo esa sosa ensalada con tantas delicias.
Patty la miró asesinamente. Tú crees que estoy comiéndome esto por elección Fue su pensamiento al ver cómo Candy deboraba su deliciosa comida como si fuera un manjar de los dioses, es que ella no conocía bien los detalles de las condiciones de Patty, pues ésta siempre contaba el cuento a su manera.
-Bueno... ya nos tenemos que ir. Ya debe estar listo el resultado...
Poniéndose tensa nuevamente, Candy se puso de pie para recoger sus cosas y dirigirse con Patty nuevamente al laboratorio. Cuando entraron, al encontrarse el lugar vacío, la mujer que le había atendido le indicó haberla estado esperando con una gran sonrisa. Mientras Candy rezaba para que su milagro fuera concedido, Patty lo hacía por motivos muy contrarios. Candy siguió a la experta hasta la oficina y su gesto fue indescifrable, ya no sabía que más pensar.
-Bueno, Candice... estas pruebas, a diferencia de las caseras, suelen ser muy precisas. Según este resultado... pues... no me queda más remedio que decirte...
-Está bien, no lo diga. Ya lo sé.
La mujer levantó la vista del papel que mostraba sus resultados para ver a Candy con su carita empapada en llanto y casi tuvo ganas de llorar junto con ella.
-Candice... tal vez no lo planificaste, pero un bebé siempre es una bendición, yo creo que...
-¿Cómo? ¿Osea... que sí estoy embarazada?
-Sí, Candice, cien por ciento... ¿Qué pensaste?
Ahora era la mujer la que estaba desconcertada, pensó que todo el drama y el llanto se debían a un embarazo no deseado, por su edad no era difícil llegar a esa conclusión.
-Es que llevaba un par de meses deseándolo y nada... pero ahora... ahora estoy feliz.
Comenzó a reir entre lágrimas y la mujer sintió que el alma le volvía al cuerpo, ya no tenía que enviar a esa chiquilla a su casa con una noticia desgarradora.
-Me alegro mucho, Candice porque ya me estabas asustando. Ahora, niña, te aconsejo que vayas a tu ginecólogo lo más pronto que puedas para que cuides de tu embarazo y te darán una cita para tu primera ecografía. Es una experiencia divina y emocionante.
Le dijo la mujer con emoción al recordar sus dos embarazos y le mostró a Candy fotos sobre su escritorio de sus retoños. Luego salió de la oficina con sus resultados en las manos directo hacia Patty que al verla con el rostro en señal de que lloraba, sintió una indescriptible, pero morbosa alegría, pues supuso que no habían sido buenas noticias.
-Candy... no te pongas así, seguramente volverás a intentarlo y ésta vez con éxito.
Patty ni siquiera esperó que su amiga le hablara de los resultados cuando ya la estaba consolando y eso desconcertó un poco a Candy.
-Ehh... Patty... no te preocupes. Mis resultados están bien. Estoy embarazadísima.
Candy alegre y confiando en la sinceridad del abrazo de su amiga la abrazó más fuerte y no notó como a ésta se le desencajó el rostro de pura rabia y su envidia se incrementó a la máxima potencia, deshaciendo abruptamente el abrazo.
-Pues vámonos, Candy. Supongo que mueres por decírselo a Terry...
-¡Sí! Ya quiero ver su cara, sé que se pondrá muy feliz. ¡Por fin!
Feliz como una lombriz, Candy le marcó al chofer para que las recogiera nuevamente y las dejara en la casa para darle la noticia a Terry y para que Patty terminara de empacar y se fuera a su casa.
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Al llegar a la casa, Candy no encontró a Terry y le marcó varias veces y nada... Luego escuchó un sonido de celular con la canción del ringtone que él había seleccionado para ella y supo que había dejado su celular en la casa, así que no tuvo más remedio que esperar y ver a Patty empacar.
-Tranquila, Candy, pronto podrás darle la sorpresa, no comas ansias y deja de dar vueltas que me estás volviendo loca.
Poco a poco la otra cara de Patty volvió a resurgir, ella misma había intentado ser la misma, pero al enterarse ahora del embarazo de su amiga, la misma rabia y envidia volvieron a ella y con eso su también amarga actitud.
-Es que... no sé cómo decírselo... no sé si deba hacer algo especial o si...
-¡Sólo dícelo y ya! A los hombres no les interesa mucho los detalles y cursilerías.
Esas ácidas palabras salieron de la boca de Patty con la esperanza de desalentar a su amiga, pero lo único que consiguió fue...
-Serán los hombres que tú conoces, Patty, porque a Terry le fascinan los detalles tanto como a mí. Ya sé lo que haré. Regreso en un ratito, Patty. Estás en tu casa.
Candy salió corriendo como una loca dejando a Patricia desconcertada e hirviendo de rabia con su último comentario mientras furiosa seguía empacando sin ningún deseo de volver a su apartamento que de pronto le parecía un cuchitril.
Candy, ajena a la amalgama de pensamientos que rondaban la cabeza de su disque amiga, fue directo a la tienda de regalos más cercana. Pues no quería soltarle la noticia a Terry así tan secamente.
-Buenas tardes, señorita, aquí siempre tenemos el detalle perfecto para cada ocación. ¿Qué estamos buscando?
Una joven gordita y muy bella y amable la atendía con una dulzura que Candy tuvo que darle su mejor sonrisa.
-Pues verás... quiero darle la sorpresa a mi novio de que será papá... pero quiero que sea especial...
-Entiendo... Por tu físico supongo que estás recién enterada, así que como no sabemos su sexo, pues se me ocurre esto.
Dado que el detalle era para un hombre, tenía que lucir varonil y no con muchos embelecos ni algo muy grande. Así que la chica consiguió una delicado cofrecito de tamaño mediano que dentro tenía la delicada almohadilla blanca donde colocaría un chupete de cristal verde transparente, muy delicado y no sólo eso, la chica preparó una pequeña plaquita en metal que decía "Grandchester-Brower" que sería clavada también a la almohadilla quedando frente al chupete, pero bajito, de modo que no tapara ni opacara al chupete que era el detalle principal. El detalle fue colocado en una pequeña fundita de regalo en verde también y Candy feliz y conforme pagó a la chica y le pidió su tarjeta para recomendarla o contactarla para detalles futuros, pues había quedado maravillada.
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-¿Dónde está Candy?
Preguntaría Terry muy serio al encontrar a Patty en la cocina preparándose un sandwich con toda la confianza del mundo y ni rastros de su pecosa.
-Pues no lo sé... ella salió disparada y dejó su teléfono que no ha parado de sonar.
Patty vio que Terry se veía molesto, así que aprovechó muy bien la situación y echaría más leña al fuego, pues al ella señalarle el celular que precisamente estaba sonando, el lo tomó y si le parecía que se veía molesto, ahora estaba sencillamente furioso al ver que el número que se identificaba en la pantalla era el de Archie.
-Tú sabes algo y me lo vas a decir.
La amenazó Terry perdiendo la paciencia, pero ella lejos de amedrentarse, se excitó y se mordió el labio provocativamente. Lo que Terry no sabía era que Candy ni siquiera tenía grabado el número de teléfono de Archie desde que él le había comprado el celular nuevo luego de haberle destrozado el anterior y que fue Patricia quien grabó el número en él aprovechando la ausencia de Candy y mandó un texto pidiéndole a Archie que llamara a ese número luego de que sintió el carro de Terry llegar.
-No lo sé, Terry... de verdad... yo ya me iba y ella no me dijo lo que haría... tal vez fueron a verse... no sé... ellos son amigos...
-Mira, Patricia... no sé a dónde quieras llegar... pero yo quiero que sepas que no confío en ti, a Candy podrás engañarla porque ella no tiene malicia, no es como tú, pero a mí no. Dime de una maldita vez qué es lo que estás tramando, porque si piensas que no me he dado cuenta de tu jueguito, estás muy equivocada. Más sabe el diablo por viejo que por diablo, niñita.
Terry sostenía a Patty fuertemente de las muñecas y a pesar que le dolía, a Patty ese juego le parecía increíblemente irresistible y lo único que deseaba era probar un beso de esa boca tan sexy y que esas manos fuertes y grandes recorrieran todo su cuerpo. A diferencia de Candy, ella era alta, no como Terry, pero lo suficiente para haber alcanzado su boca e intentar darle un beso, como Terry la esquivó con asco de un manotazo, le brincó encima y se le enganchó de la misma manera que lo había hecho Candy cuando lo recivió aquella vez y sin darle tiempo a reaccionar lo besó.
-¿Qué diablos piensas que estás haciendo, zorra?
Terry indignado y furioso se la arrancó de encima cayendo esta al suelo, pero ya era tarde y su maldad tuvo consecuencias porque unos ojos verdes empapados de lágrimas habían visto claramente la escena.
-¡No puedo creerlo! Ustedes... son dos... los odio a los dos. Y a ti, maldita perra, a ti voy a matarte a golpes.
Candy dejó la bolsita de regalo caer al suelo y fue encima de Patricia sin darle tiempo a reaccionar y le entró a bofetadas y cuando Patty fue a darle la lucha, Terry se la arrancó y sostuvo a Candy porque estaba fuera de sí y además para evitar matar a Patricia si se atrevía a tocar a Candy.
-Candy... esto no es lo que piensas, esta perra que tienes como amiga...
-No quiero escuchar a ninguno de los dos. Los dos son repugnantes. Tú, puta, que te fingiste mi amiga, me das asco. Quiero que salgas de aquí antes de que yo te saque por el mugroso pelo que tienes.
Candy la jaló por un brazo y la condujo a la puerta donde minutos después arrojaría su maleta escaleras abajo. Una vez cerró la puerta comenzó a llorar desesperadamente. Terry se le acercó.
-Candy... yo sé cómo te sientes y te lo advertí muchas veces... tu amiga...
-¡Mi amiga nada, Terry! ¿Y tú qué? Un hombre tan grande y fuerte no pudo con ella...
-¡Candy! Cálmate, por favor. ¿Es que no puedes darte cuenta de cuáles han sido sus intenciones desde el principio? Te lo dije muchas veces que le dijeras que se fuera y no quisiste y ahora mira. Yo le pregunté por ti y ella no se cansó de levantar intrigas en tu contra. Ella quería esto pasara, desde un principio. ¿O ya se te olvidó todas las insinuaciones que hacía sobre tú y el imbécil del Archie? Insinuaciones que nos costaron fuertes discusiones todas las noches. La forma en que se viste cuando yo llego. La forma en que te miraba... ¡Por Dios, Candy! ¡Despierta! Y mira... ahí tienes cinco llamadas perdidas de tu amiguito, contéstale.
Terry le extendió el celular y de pronto Candy captó muchas cosas, sobre todo porque ella no tenía el número de Archie y de pronto estaba grabado con su nombre y todo y encima mal escrito, con "y" en vez de "ie" y que convenientemente había llamado luego de que ella olvidara su celular para irse a buscar el regalo para Terry. Recordó la fría y extraña mirada de Patty y lo déspota que se había vuelto, la forma despectiva en que hablaba de la suerte que ahora tenía Candy y lo pesimista que se había mostrado siempre que ella le hablaba de su ilusión por quedar embarazada y sobre todo... la forma en que la consoló jurando que no lo estaba. Pero lo que sí le encendieron el bombillo fue, como había mencionado Terry tantas veces, todas las insinuaciones que hizo para sembrar las dudas de Terry respecto a Archie y la relación que mantenían. Que tonta había sido. Dejó que ella arruinara la bonita sorpresa que tenía para Terry.
-Terry... lo siento... es que yo nunca pensé que ella... o que tú... no sé, Terry... no quiero saber. Yo sólo salí un momento a comprarte esto...
Sin dejar de llorar, ella rocogió la bolsita que había caído al suelo y se la extendió a Terry que se le rompió el alma en mil pedazos al verla extendiéndole el detalle aún sin tener la más mínima idea de lo que era. La tomó y sin abrilo aún, Terry se acercó a ella para abrazarla y besarla.
-Pecas, yo lo siento, jamás quise que tuvieras que pasar por esto, mi niña linda. Eres demasiado inocente, cariño, tienes que aprender a ver la maldad y las intenciones de las personas. Te lo advertí muchas veces, cariño. Pero ya no llores, no vale la pena. Sabes que yo te quiero a ti, nadie es más linda que tú para mí. No quiero que llores más.
Terry enjugó sus lágrimas y besó sus ojos y ella le dio un abrazo fuerte.
-Terry... abre el regalo...
-Ah sí, lo siento...
Él abrió la bolsita y sacó el contenido y no fue capaz de articular palabra. Miraba el cofrecito con el chupete y la placa con los apellidos y la miraba a ella.
-Candy... ¿Cuándo...?
-Hoy mismo... me acabo de enterar... fuie al laboratorio... la zorra de Patricia me acompañó.
Esa revelación le dio más rabia a Terry, sabiendo que ella estaba embarazada, Patty fue capaz se sembrar todo ese lío y encima puso en peligro la vida del bebé del que a penas se enteraban. Terry también tuvo que derramar lágrimas por la emoción y felicidad y la abrazó. Candy dejó que él alzara su blusa para que acariciara a su bebé y lo besara y no fue capaz de controlar las lágrimas que seguían brotando de sus ojos.
-Te amo, Candy. Los amo a los dos. Nunca voy a dejar que les pase nada. Voy a cuidarte mucho, mi amor. Los voy a cuidar con mi vida.
Besando su vientre efusivamente por un buen rato, Terry subió a su mujer cargada hasta la habitación donde la acostaría a descansar debido a la fuerte emoción que había vivido y se dedicó a consentirla en todo y acariciar a su bebé hasta que ella se quedó dormida. Al día siguiente, el detalle que ella le hubiera regalado sería colocado en el escritorio de su oficina.
Continuará...
Hola niñas lindas! Espero que les haya gustado este capítulo tanto como a mí y me lo dejen saber con un review. Primero que otra cosa, quiero agradecer a todas y cada una por sus bellísimas palabras hacia los dos capítulos anteriores, no tengo palabras para expresar tanta gratitud y créanme que su cariño me llega. Les mando un beso grande a todas por animarme a continuar y sobre todo dejarme siempre la linda sonrisa con sus palabras y valor que le dan a mi trabajo, no puedo pedir más.
Como había mencionado, venía poco a poco con las historias de los demás personajes y además, como siempre, con situaciones muy reales como lo es la relación de Albert con Karen y la envidia que envenenó el corazón de Patty, eso chicas, se ve mucho, más común entre nosotras las mujeres que somos un poquito más indiscreta que los hombres... espero que todas puedan percivir los mensajes que dejé de la manera correcta, si alguna duda, pueden preguntarme de manera privada o a travez de un review y con gusto contestaré.
Nos vemos en el próximo.
Su amiga, Wendy
*Subuab: I miss u girl.
*Canciones de Candy y Terry: (1) "Tú" Shakira (2) "Te voy amar" Axel
*Canción de Albert y Karen: "Sin ti" Samo (Camila)
