Una muchacha de veinte años se maquillaba antes de salir a su trabajo, miro por el espejo a la pequeña que dormía tranquilamente en su cama, ella era su vida, su pequeña hija. Esbozo una sonrisa al verla tan tierna y tan tranquila. Se paró de la silla en la que estaba sentada y fue hasta el lugar donde su hija estaba durmiendo, se agacho y le dio un beso en la frente.

Fue hasta el baño donde se colocó ropa un poco más decente arriba de la que tenía puesta. Camino hasta la puerta donde apago la luz para luego cerrar la puerta tras ella. Comenzó a arreglarse el cabello mientras bajaba las escaleras hasta el primer piso, ahí una de sus mejores amigas estaba sentada en el sofá mientras veía televisión y reía sin parar ante las estupideces que hacían los participantes del reality show.

- no rías tan fuerte, Aiko está durmiendo – le dice Serena mientras le golpeaba suavemente el hombro

- perdona, no sabía que ya estaba en su pieza – le dice Mina mirándola asustada

- voy a ir a trabajar, tu sabes que hoy llego tarde así que cuida a Aiko como a tu vida – le dice Serena apuntándola con el dedo índice

- está bien – le dice Mina asintiendo

- y por favor trata de no acostarte tan tarde – le dice Serena casi en un tono de suplica

- ay por favor, estas peor que mi madre – le dice Mina lanzándole un cojín

- si fueses un poquito más madura, no tendría ningún problema en tratarte como una persona de tu edad – le dice Serena abriendo la puerta

- qué mala eres – le dice Mina frunciendo el ceño mientras se echaba un poco más de palomitas a la boca

- no tengo tiempo para discutir contigo, estoy atrasada nos vemos mañana – le dice Serena saliendo rápidamente de su casa

- alguna vez me las va a pagar – dice Mina mientras seguía comiendo y fijaba la atención en la televisión y los guapos chicos que estaban enfocando

Serena camino un poco hasta la esquina, miro el cielo estaban apareciendo unas pequeñas estrellas en el firmamento, miro el reloj de muñeca y verifico si aún tenía tiempo para no llegar corriendo hasta su destino.

Hace tres años trabajaba en un cabaret, llamado pasión gitana, al principio comenzó siendo solo una mesera, pero después se atrevió a probar algo más atrevido. Comenzó a hacer stripper, poco a poco comenzó a hacerse conocida entre los hombres del lugar, hasta que se ganó el seudónimo de princesa de la luna, más que nada por su belleza.

Hace dos años había tenido un romance con el administrador del local, del cual quedó embarazada. Al final se dio cuenta que había sido un gran error, él había planeado todo, luego de enamorarla, acostarse con ella y dejarla embarazada, se robó todo… dinero, cheques y su ilusión.

Como pudo salió adelante, nueve meses después nacía una hermosa niña a la que le puso por nombre Aiko, aunque no había sido engendrada con amor, ella juro que haría todo lo posible por hacerla la niña más feliz del planeta.

Sabía que donde trabajaba no era el mejor lugar, pero le pagaban bien, tenía lo suficiente como para poder alimentar bien a su hija y también tener en las mejores condiciones su casa, además con los servicios básicos como la luz y el agua.

Mina, su querida amiga había llegado un par de meses después que había nacido Aiko, ella había sufrido mucho más que ella, quizás por eso siempre sentía la necesidad de poder protegerla como a una hija más, lo haría todo con tal de evitarle más sufrimiento.

Al fin había llegado a su destino, parecía ser que avanzaba mucho más rápido cuando pensaba otras cosas o incluso cuando hablaba consigo misma para planificar todo. Entro al local y fue enseguida hasta el camerino, nadie le dijo nada. Su ropa era tan casual que al final no llamaba la atención de nadie.

- hola muchachas, como están – les pregunta Serena a las chicas que estaban arreglándose antes de salir al espectáculo

- muy bien Serena – le dice una muchacha llamada Rei

- yo estoy más o menos – le dice una chica llamada Michiru

- porque, que te sucedió – le pregunta Serena sentándose a su lado

- estoy un poco resfriada y tengo fiebre – le dice Michiru sin muchos ánimos

- amiga, que mal – le dice Serena

- lo malo es que le dije al jefe pero no me quiere escuchar - le die Michiru haciendo un puchero

- espérame, yo iré a hablar con el – le dice Serena parándose de la silla

Salió del camerino y comenzó a buscar al jefe con la mirada hasta que al fin lo encontró, lo vio sentado en la barra tomándose un vaso de alcohol.

- jefe, Michiru no puede salir a bailar, está muy refriada y tiene fiebre – le dice Serena mirándolo seriamente

- y tú crees que eso me importa – le dice el jefe levantando los hombros

- pero es que ella no puede, como puede ser tan malo – le dice Serena enfadada

- hey señorita, no me venga a levantar el tono de la voz… tu sabes muy bien lo que pido cuando una de las chicas no sale a bailar – le dice el jefe lamiéndose los labios

- pero usted sabe que… - le decía Serena cuando él la interrumpió

- nada de peros, o te desnudas mientras bailas el caño o tu amiga pagara las consecuencias – le dice el jefe

- está bien – le dice Serena bajando la mirada

- así me gusta – le dice el jefe acariciando su mejilla

- Michiru puede irse a su casa – le pregunta Serena

- sí, dile que se vaya – le dice el jefe

- voy a ir a vestirme – le dice Serena parándose

- oye, acuérdate de lo que te dije – le dice el jefe tomándole el brazo

- sí señor, no me olvidare – le dice Serena

Ella se paró de la silla y se fue al camerino a terminar de cambiarse la ropa se sentó en frente de su espejo hasta que Michiru poco a poco se acercó a ella.

- que… que te dijo – le pregunto la pobre chica que ya estaba un poco congestionada y tenía los ojos brillantes

- me dijo que te fueras – le dice Serena mirándola

- de verdad – le pregunta Michiru

- si vete antes de que se arrepienta – le dice Serena seriamente

- gracias, te debo una – le dice Michiru antes de tomar sus cosas e irse

Serena se comenzó a maquillar, se puso una sombra en los parpados de color azul, en sus mejillas puso rubor y se pintó de color rojo sus labios y fue hasta el vestidor.

Se colocó unas bragas de color blanco al igual que si brasier, salió des vestidor y las muchachas la quedaron mirando porque su actitud estaba extraña.

- Serena te sucede algo – le pregunta Rei

- no, no me pasa nada – le dice Serena sonriéndole

- si tú lo dices – le dice Rei subiendo los hombros

Después las muchachas comenzaron a salir una tras de otra, hasta que llego su turno, salió del camerino con una capa blanca al igual que toda su ropa interior. La música comenzó a sonar y sus sensuales movimientos comenzaban a mostrarse, escuchaba como los hombres gritaban, mientras otros gemían por ella, ella solo sonreía.

Se sacó su capa y quedo solo con ropa interior haciendo que todos comenzaran a silbar y a seguir gritando más cosas, como todos hablaban al mismo tiempo ella no entendía nada, pero de todas formas sabía lo que todos le querían decir.

En la parte de atrás del cabaret estaba su jefe incitándola a que se desnudara frente a todos esos hombres, bailo un poco más y llevo sus manos a su espalda para sacarse el brasier, fue cuando un muchacho salió de ese lugar hacia el exterior, pero ella no le tomo mucha importancia.

Lucho con el cierre hasta que sintió que por fin cedió, dejándolo caer al suelo y dejando, por supuesto, sus senos al aire. Se sintió intimidada, pero debía hacerlo si quería proteger a Michiru.

Siguió bailando, agradeció a Dios cuando la música termino, ya había dejado mucho al descubierto, recogió su brasier y sus bragas y corrió hacia el camerino donde todas la estaban esperando, fue cuando dejó caer las lágrimas que había soportado durante todo ese maldito baile.

- Serena… fue el jefe verdad – le pregunta Rei mientras le colocaba una manta encima para cubrir su desnudez

- no tenía otra opción era Michiru o yo – le dice Serena secándose las lágrimas mientras que los sollozos hacían que su cuerpo se estremeciera por completo

- no sabes cuánto lo odio – le dice Rei con rencor

- no se preocupen chicas, debo irme tengo que ir a ver a mi hija – le dice Serena caminando hacia los vestidores

- les juro que ese hombre se arrepentirá por hacernos pasar todas estas humillaciones – le dice Rei a las chicas

- tenemos que hacer algo – le dice una chica

- ya veremos – le dice Rei

Poco después Serena salía del vestidor, vestida decentemente, se despidió de las muchachas y salió rumbo a su hogar.

A la salida del cabaret vio un muchacho con otro, probablemente su amigo, vio como el la miraba, ella lo observo y le sonrió, hace mucho que no sentía que era valorada sin ser la princesa de la luna y se lo agradeció con una sincera sonrisa.

Al caminar sentía la mirada del muchacho, en su mente le agradecía ya que su autoestima había subido mucho, ahora que lo pensaba ese era el mismo chico que había salido del cabaret cuando vio que ella se iba a sacar el brasier.

Miro hacia atrás pero vio que se subía a un auto con el muchacho que lo acompañaba, ella siguió su camino con rumbo a su casa, con la esperanza que el jefe le pagara un poco más por haberse desnudado por completo delante de todos los clientes.

A los pocos minutos llego a su hogar, como lo esperaba estaba todo a oscuras, introdujo la llave en el cerrojo y abrió la puerta muy despacio para no despertar a nadie. Luego de que ella ingreso cerró la puerta tras ella con llave, se quitó los zapatos y comenzó a subir lentamente la escalera. Iba a pasar directamente a su habitación pero se detuvo frente a la puerta de su hija, abrió despacio y se acercó a ella. Pudo observar su respiración acompasada lo que indicaba que estaba profundamente dormida, se quedó ahí un momento mirando a su bebe mientras le quitaba un pequeño mechón.

Luego de unos minutos se paró y le dio un beso en su frente para luego retirarse a descansar, cerró la puerta de la habitación de su hija y fue hasta la suya, ahí comenzó a quitarse la ropa, pero cada vez que se sacaba una prenda un escalofrió la envolvía al recordar lo que había hecho esa noche. Pero no debía sentirse mal, muchas chicas habían hecho eso durante sus rutinas, no debería ser nada del otro mundo pero a ella si le afectaba y mucho.

Se colocó su pijama y rápidamente se metió a la cama, trato de conciliar el sueño pero fue imposible, miro el reloj de su pared para poder saber qué hora era, y vio exactamente las tres y media de la mañana. Se sentó en la orilla de su cama y pasó sus manos por su cara como para intentar relajarse. Ella abrió el ventanal que daba hacia un hermoso balcón y se paró allí. La brisa del viento de verano hacia que su pelo se moviera levemente, ella solo miro la luna y cerró los ojos dejando que esa paz que rondaba esa noche ingresara en lo más profundo de su corazón