Tu mayor tentación

Por: Wendy Grandchester

Capítulo 11 Odio sin límites

Candy lloraba y gritaba de horror ante la asquerocidad que había en la puerta y Terry hacía su mejor esfuerzo porque se calmara. Al parecer la cara del cerdo estaba ya podrida porque la habían puesto hacía unos días, nadie se había percatado porque los otros tres apartamentos de ese piso estaban desocupados, por lo tanto nadie se detuvo ahí excepto ellos.

-Candy, amor, tranquila. Vamos a bajar hasta el lobby y yo voy a llamar a la policía. Quien haya hecho esto va a pagarlo muy caro.

-Terry... tengo mucho miedo... ¿y si me quieren matar...? Mi bebé...

-¡Nadie va hacerte nada! Por favor, Candy, deja de llorar, yo no voy a dejar que te pase nada, mi cielo, ven.

Llevándola casi cargada, Terry se dirigió al lobby para hablar con el encargado de seguridad luego de haber llamado a la policía y más tarde a Richard para ponerlo al tanto y advertirle que no les dijera nada por el momento a Stella ni a Louise.

-Alguien subió hasta nuestro piso y dejó aquella atrocidad y usted no sabe nada. ¡Para eso le pagan! Para que no haga un carajo...

Terry estaba desquitándose con el pobre señor de unos sesenta años que era nuevo y le habían dado el turno nocturno, el pobre se puso muy nervioso al ver a Terry tan alterado.

-Disculpe, señor... no vi nada extraño y además... hasta ahora nadie había reportado nada inusual...

-¡Exijo ver los videos de seguridad!

-Terry... mi amor... deja que llegue la policía, no le grites...

Sólo la vocesita atribulada de Candy hizo que Terry se calmara y se sentara a su lado para seguir consolándola. Dos oficiales llegaron en seguida y se dirigieron a ellos. Terry los guió al lugar de los hechos y le pidió a Candy que se quedara al lado del jefe de seguridad y que no se moviera de ahí para nada hasta que él regresara.

-¿Tienen alguna idea de quién haya sido el responsable de esto?

Preguntó uno de los oficiales tapándose la nariz con un pañuelo mientras el otro fotografiaba la escena y guardaba toda la evidencia con sus debidas precauciones.

-Tengo varias personas en mente, pero... no sé si de verdad sean capaces de haber llegado a estos extremos...

-Puede que todo no sea más que una broma pesada, pero aún así cualquier información puede ser de vital importancia, todo lo que recuerde, por favor, díganoslo.

-Mi mujer tenía una compañera de universidad... y ella...

Terry le explicó el episodio ocurrido con Patricia y el oficial lo anotaba en su libreta. Más adelante habló del papá de Candy, pero el macabro mensaje estaba dirigido a ella y no a él, no le pareció lógico que su propio padre quisiera hacerle daño, en todo caso lo habría amenazado a él, pensó, pero como la vida da tantas vueltas, también lo mencionó a él, era mejor prevenir. También mencionó los sucesos ocurridos con D'laine, aunque Terry dudaba que hubiera dado el viaje hasta allá para eso, dado que ya no formaba parte de la empresa, razón por la cual no asistió a la fiesta para los empleados, pero por seguridad, también la señaló a ella, pues fuera de esas tres personas, no se les ocurría más nadie interesado en perjudicarlos.

-Creo que tendremos que hacerle una cordial visita a la señorita Patricia O'brien y claro está, a los otros dos... Me gustaría ver los videos de seguridad, tal vez haya algo interesante que estemos pasando por alto.

A Terry le gustó la actitud del oficial, tomaba medidas en el asunto rápido y no se andaba con pendejadas. Tenía algunos cuarenta años que mostraban experiencia y excepticismo, a parte de precisión en lo que hacía. Se dirigieron al pequeño cuartito de las cámaras de seguridad para analizar todos los videos desde el día que Terry y Candy se fueron a la hacienda hasta la fecha corriente, debido al estado de putrefacción de la carne.

-Terry... tengo mucho sueño...

-Lo sé, cariño, pero tengo que acompañar a los oficiales a ver si las cámaras pudieron captar algo importante, muy pronto te llevaré a descansar.

Terry estaba mostrando su mejor pasiencia con ella, porque verla en ese estado le daba una rabia profunda, se veía llorosa, cansada y agotada con esa ropa de gala a esas horas de la madrugada, pero no podía hacer nada al menos hasta que los oficiales terminaran su investigación por el momento.

-Páusalo ahí.

Pidió el oficial luego de ver a dos personas vestidas en sudaderas y jackets que con sus gorros les tapaba parte de la cabeza y cara, con gafas oscuras y por lo ancho de sus ropas era difícil decir si eran hombres o mujeres.

-¿Usted recuerda a esas personas?

La pregunta fue dirgida al encargado de seguridad del edificio.

-La de la sudadera azúl se acercó a preguntarme por los dos apartamentos disponibles que se hayan en el piso del señor Grandchester... a la otra no la recuerdo...

-Deja correr la cinta un poco más.

Por el jefe de seguridad supieron que la primera era mujer, pero como nunca se quitó el gorro ni las gafas, él hombre no pudo darle datos muy precisos de su apariencia física y la calidad de imagen de las cámaras eran muy pobres, lo único que el señor pudo decir era que la muchacha que se había acercado era de tez un poco oscura. El oficial hizo una x sobre el nombre D'laine que aparecía en la lista de sospechosos. Siguió corriendo el video y sólo vio que la muchacha en cuestión todo el tiempo estuvo hablando con el encargado y que al final, ni siquiera quiso pasar a ver los apartamentos disponibles, pero las imágenes eran tan borrosas que nisiquiera Candy y Terry pudieron indentificarla como D'laine con seguridad. Pudieron ver claramente en el video que mientras el encargado hablaba con la que supuestamente estaba interesada en los apartamentos disponibles, se distrajo demasiado y la otra persona de similar vestimenta a la chica entró en el ascensor con otra personas más para confundirse entre ellas y que luego que regresara nuevamente por el mismo ascensor, de pronto la que estaba interesada en los apartamentos decidió irse y aunque no se dirigieron la palabra, salieron al mismo tiempo del lugar.

-No podemos afirmar nada todavía, pero, voy a llevarme estas cintas, en el laboratorio tenemos equipo avanzado que tal vez nos permita ver las imágenes más claras y así puedan identificar a esas dos personas. Les recomiendo que no se queden aquí por el momento... como les dije, puede que sólo sea una broma para asustarlos, pero... nunca se sabe. Quiero que me permitan números de teléfonos donde pueda contactarlos en caso de que descubramos algo.

El oficial ya le había hecho varias preguntas más a Candy, pues ella era el punto de interés del responsable de la bromita, en caso de que lo fuera, les dio una tarjeta con su teléfono a ella y a Terry y se despidió junto con su compañero. Terry quiso decirle unas cuantas cosas al encargado por despistado, pero se contuvo, estaba demasiado cansado y preocupado, además, Candy se estaba llevando la peor parte.

-Terry... quiero irme a casa, a la hacienda, por favor... no quiero estar aquí...

-¿Estás segura, mi amor? ¿No quieres que nos quedemos en un lugar más cercano? Tengo las llaves del apartamento de papá, está a quince minutos de aquí...

Candy aceptó porque vio que también Terry estaba agotado y no era justo que tuviera que manejar todo ese tiempo hasta la hacienda, así que sin hacer más preguntas, Terry se subió al lujoso Mercedes, que le había regalado Richard, ya que la Jeep se había quedado en la hacienda y se dirigieron al apartamento de él, que era tanto o más lujoso que el de Terry y por fortuna, de un solo piso, pues tendría que llevar a Candy cargada que a pesar del corto viaje se quedó profundamente dormida. Al entrar a la habitación, Terry con delicadeza colocó a Candy en la mullida cama y le quitó las sandalias y las joyas, pero le estaba costando trabajo quitarle el vestido y más porque el cierre estaba en la espalda. La lucha de Terry por desvestirla hizo que finalmente ella se despertara.

-Terry, mi amor...

-Sólo necesito que me ayudes a quitarle el vestido, cielo, luego puedes seguir durmiendo.

Ella se puso de pie y el pudo quitarle el vestido con facilidad. Cubriéndola de dulces besos la fue a colocar nuevamente en la cama, pero ella pidió darse un baño y removerse todo el maquillaje. Tenía tanto sueño que tambaleaba, por lo tanto, el mismo Terry la bañó y le lavó la cara lo mejor que pudo y la vistió con una camisa de Richard, pues no quisieron ni entrar al apartamento de ellos a coger nada luego de la sorpresa dejada en la puerta. Acostó a Candy y la cubrió con la colcha y le encendió el aire acondicionado y fue a bañarse él.

-Hola, Candy... ¿Me extrañaste, amiga?

Candy abrió los ojos de golpe al ver que alguien había entrado a la habitación y reía de forma macabra.

-¿Pa-patty...?

Candy estaba tan asustada que ni la voz le salía, Terry no estaba con ella en la cama y Patty se acercaba a ella peligrosamente.

-¿Tienes miedo, Candy? Aquí no está tu adorado héroe para salvarte... Me pregunto cómo se vería tu cabeza clavada en esta puerta...

Patty caminó directamente a ella que se había sentado en la cama y se cubrió con las sábanas hasta el cuello y soltando lágrimas de terror. Patty tenía en las manos un cuchillo muy similar al que tenía clavado la cabeza del cerdo en la puerta de su apartamento y con una sonrisa cínica pasó el cuchillo del rostro de Candy hasta su cuello.

-Patty... por favor... no... no me hagas daño, yo... yo no te he hecho nada... por favor... hazlo por mi bebé...

Candy le suplicaba y con eso sólo consiguió de Patty una sonora carcajada, tan diabólica que la hizo estremecerse.

-¿Por tu bebé? No, Candy... has tenido todo lo que yo siempre deseé, ahora quiero que sientas lo que es no tener nada... y tu bebé... despídete de él, querida...

-¡No!

Gritó Candy con pavor al ver como Patty pasaba el cuchicho por su vientre mientra le dedicaba la mirada más sádica que le hubiera visto.

-Rápido, Patricia, arráncale el bebé de una buena vez. No sirves para nada.

D'laine se había aparecido de pronto y miraba a Candy con una sonrisa desquiciada, para luego arrebatarle el cuchillo a Patty.

-¿Estás lista para tu cesárea, niña?

-¡No! Por favor... se los suplico... no sé qué quieren conmigo... por favor... ya basta...

a D'laine no le importaron sus ruegos y se impulsó con todas sus fuerzas para enterrarle el cuchicho en el vientre a Candy.

-¡Nooooo! ¡Terry!

Candy gritó de dolor y al llevar sus manos a su vientre, vio como estas se cubrieron de sangre y gritó y llamó a Terry con más fuerza.

-Grita, estúpida, grita. Tu amado Terry no podrá hacer nada por ti.

Le escupió Patty en la cara mientra la risa demoniaca de D'laine hacía eco por toda la habitación.

-¡Terryyyy!

-¡Candy! Candy, mi amor... ¡Despierta!

-¡Terry! Terry... ¡Mi bebé! Terry... el bebé...

Candy estaba empapada en llanto y sudada, le mostraba a Terry sus manos, que por los efectos de la pesadilla le parecía que seguían ensangrentadas y lloraba y gritaba histéricamente.

-Candy, cielo, fue un sueño, estás bien, estoy aquí contigo... el bebé está bien, mi amor.

-Pero es que... Patty y D'laine... ellas...

-Shhh. Cálmate, mi amor, no hay nadie más aquí, sólo tú y yo. Ven, vamos a dormir otra vez, yo te cuido. No voy a dejar que te pase nada.

Aunque ella seguía sollozando, Terry se la acomodó casi cargada y la mimó hasta que al fin pudo dormirse nuevamente y él también, pero sin dejarla de abrazar.

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En las dos semanas que habían transcurrido, Albert se sintió dichoso, pues al verse desempleado de pronto, sintió que todo su mundo se venía abajo, hasta que vio ese anuncio en internet donde solicitaban un administrador con experiencia y no requerían los requisitos que pedían en su trabajo anterior y la paga era superior, aplicó con pocas esperanzas y se sintió más que feliz cuando fue aceptado. Pero había algo más que mantenía a Albert contento y era la bonita amistad que había iniciado con Annie, una desinteresada en la que disfrutaban cada minuto sin dobles intenciones, sin esperar más, estaban dedicándose a conocerse bien y juntos se la pasaban genial. Él se comportaba como todo un caballero y ella, era simplemente especial y espontánea, su comportamiento siempre fue muy natural y eso le gustaba a Albert. Esta vez se encontraban en la casa de él, habían hecho de todo un poco, desde cocinar, ver películas hasta jugaron Clue.

-Annie... de verdad me la paso muy bien contigo, nunca me he sentido igual con nadie más. Me gustaría seguir conociéndote... eres tan diferente...

-Yo... debo decirte por mi parte que tampoco había conocido alguien como tú... pensé que hombres así ya no venían... tú eres un caballero, en todo el sentido... me siento segura contigo. Claro que me encantaría seguir conociéndote, tu amistad ha traído más color a mi vida. Como amigos que somos, hay algo que quiero que sepas... entiendo que debes saberlo porque siempre hemos sido sinceros y eso quiero que siempre permanezca igual entre los dos, aunque no pasemos de una amistad.

Albert concentró su atención en ella y se tornó un poco serio por el miedo a lo que ella le confesaría, de repente sus sentidos se pusieron alerta, pero era mejor que ella le dijera la verdad sobre lo que fuera que le fuera a decir antes de hacerse cualquier imagen falsa de ella como le pasó con Karen.

-Dime lo que sea, Annie, soy tu amigo, prometo no juzgarte.

Le sonrió con su sonrisa tan afable y comprensiva y ella sintió el ánimo de continuar.

-Yo... luego de mi divorcio, decidí vivir mi vida... ya sabes, disfrutar cada momento y oportunidad sin ataduras... conocí a Terry... Nunca tuvimos una relación formal, simplemente... cuando teníamos tiempo y no queríamos estar solos, pues...nos teníamos el uno al otro. Ambos siempre fuimos claros y sinceros, no voy a negar que en cierto punto llegué a sentir algo un poco más profundo, pero no, gracias a Dios el sentimiento no llegó a florecer porque el tiempo no lo permitió, fue una relación bastante efímera de dos meses y porque además el corazón de él ya tenía dueña...

A Albert le chocó tener que enterarse de eso y hasta sintió algo de celos, pero no tenía nada que juzgar ni reclamar, ella tenía una vida antes de él y tampoco podía pretender que Terry le dijera algo, los caballeros no tienen memoria y un hombre no habla de una mujer en esos aspectos, además, eran sólo amigos.

-¿Estando con Candy... estuvo contigo?

-¡No! Terry... no se había dado cuenta de los sentimientos que de verdad tenía con ella, habían crecido como hermanos y también está la diferencia de edad... Me di cuenta lo que sentía, además de que un día los sorprendí... Bueno, el caso es que de la manera en que él es con Candy... nunca lo fue conmigo, de la manera en que la mira... nunca me miró a mí... así que entendí muy bien el mensaje y en buenos términos me alejé.

En la voz de Annie no había resentimientos ni coraje, tampoco melancolía, como si añorara o deseara que las cosas hubieran sido diferentes, no, confesó no haber llorado ni una noche, fue algo que así como vino, fue.

-Entiendo, Annie. Agradezco mucho tu sinceridad. Sé que todos tenemos nuestra historia y que empezaron mucho antes de que nos conociéramos, además, no hay nada que yo te pueda reclamar, no tengo derecho alguno. Me gustaría saber... ¿de qué forma no te miró él...?

-Como si no existiera nadie más. Todo desaparecía cuando estaba ella. Había un brillo... una magia... algo que no se podía ignorar... su presencia parecía eclipsarlo todo... la miraba de la misma forma en que... me miras tú. Especial, una mirada que sólo es para mí.

Annie se envolvió tanto hablando que de pronto se arrepintió de haber soltado algo así tan pronto, por el contrario de Albert que se sintió muy feliz, porque a pesar del poco tiempo conociéndola, no quería desprenderse y la había separado para él aunque ahora no fuera el momento. Su mundo brilló al escuchar esas palabras y murió de ganas por demostrarle todo lo que sentía, todo lo que ella iba causando en él.

-Es que no existe nadie más desde que te conocí a ti. Sé que es muy temprano para todo y no voy a presionarte, pero... sí me gustaría ser algo más y que puedas ver esa mirada en mí cada día. Quiero que sepas que también puedes ser tan amada y deseada como él a ella o tal vez más. Yo puedo cumplirte todo eso, porque ya lo estoy sintiendo, pero te voy a dar tu tiempo. Entiendo que hay muchas cosas que necesitas sanar.

Las palabras de él la hicieron llorar, no sabía por qué exactamente, pero la pusieron sensible, tal vez por recordar tantas cosas, tantos momentos amargos. Él al verla se sentó a su lado y reclinó la cabeza de ella sobre su hombro, sintiéndo como éste se humedecía por las lágrimas de ella.

-Yo también deseo que eso suceda. Quiero ser como antes... de verdad... amar otra vez y sentirme amada. Tengo sueños y anhelos todavía y me gustaría saber que hay esperanzas aún de volver a confiar... quiero que valga la pena entregarlo todo otra vez.

Mientras él pasaba su mano por el pelo de ella cariñosamente y se lo besaba, ella recordaba su fracazo como si estuviera viendo una cinta vieja una y otra vez. Se había casado a los veintiún años luego de haber terminado su carrera de secretarial y haber conseguido trabajo en una importante firma de abogados. Él tenía veinticinco años y lo había conocido a travez de facebook, llevaba tiempo que lo tenía agregado de amigo, pero siempre se habían limitado a hablar en esporádicas ocaciones, pues ella tenía mucho trabajo y casi no tenía tiempo para perderlo en las redes sociales, hasta que ella en unos días libres que tuvo en una navidad, por estar aburrida, se la pasó en internet todo el día. Decidió subir a facebook una foto muy linda en la que muchos comentaron y halagaron, incluyéndolo a él que decidió seguir hablándole en privado. Llegaron a formar una especie de amistad hasta que decidieron conocerse personalmente. A él y a ella les gustó lo que vieron, ella siempra había sido hermosa y se arreglaba muy bien, él también era apuesto y vestía bien, su personalidad encantadora la fue enamorando. Le había chocado que en muchas ocaciones ella pagaba las cuentas de las salidas que hacían, ya que él andaba con un billete de gran cantidad que no lo aceptaban en algunos establecimientos, o se le quedaba la tarjeta o en el trabajo no le habían pagado, etc. Siempre había una excusa, pero ella joven e ingenua no le daba importancia al asunto y gustosa pagaba por todo, pues se la pasaba genial a su lado. Así mantuvieron una relación de seis meses donde practicamente él se había mudado al apartamento de ella, lo hizo sin preguntar, un día se le presentó con sus cosas, así no más. La excusa que él le dio fue que lo habían despedido injustamente de su trabajo y que no tenía a donde ir, ella lo aceptó, porque como novia, sintió que debía apoyarlo. Entonces Annie se echó al hombro la renta de su apartamento y la cuenta de su carro recién adquirido y para colmo un vago. Cuando ella comenzó a reclamarle luego de tres meses de ver que él no se movía para buscar empleo y tampoco participaba mucho de las tareas doméstica, él de pronto se apareció con un anillo y le propuso matrimonio, luego de haberle preparado por primera vez una cena desente, no sabía muy bien la comida, pero lo que valió fue la intención según ella. Él le dijo que no había conseguido trabajo porque éstos se hallaban difíciles de conseguir y que el dinero que recibía del desempleo lo estaba juntando para poderle comprar ese anillo y para los gastos de la boda. Ante el recuerdo, a Annie le dibujó una sonrisa burlona, pues el anillo al par de meses se le puso negro y en los pagos a la coordinadora de la boda pasó una gran vergüenza cuando se enteró que los cheques que había emitido su futuro esposo no tenían fondo y en pleno día de la ceremonia, la coordinadora se le acercó de muy mal talante exigiéndole el dinero, el cual Eliza tuvo que prestarle, pues a ella se le había ido todo en su vestido, arreglo y el hotel donde pasarían la luna de miel, la excusa que él le dio fue que al quedarse desempleado, no pudo pagar una deuda que tenía con el gobierno y que al parecer su salario había sido retenido por el Departamento de Hacienda. Annie estaba emocionada de casarse y de ver todo tan lindo y adornado y además lo amoroso y romántico que se había mostrado su novio los días previos a la boda, que otra vez no le dio importancia y siguió adelante. Ya cuando llegaron al hotel, cuyo estadía había sido ya cubierto por ella, antes de irse, pasó otra vergüenza, pues cuando iba hacer el "check out" le apareció una deuda por servicios de comidas y bebidas llevados a la habitación que no habían sido pagados y que su marido le había asegurado que sí con un dinero que su madre le había dado como regalo de bodas, otra mentira, evidentemente. Roja del bochorno tuvo que recurrir a Eliza nuevamente para salir del embrollo. Su luna de miel se opacó por eso, pues su molestia era evidente y tuvo varias discusiones con su entonces esposo. Ella estaba muy enamorada, así que a pesar de todo, siguió con él, pues éste cuando ella se ponía a la defensiva, conseguía un trabajito cualquiera para callarla un rato y luego como siempre lo perdía. A parte de vividor, también resultó tener una gran inclinación al alcohol e incluso a las drogas, llevando a Annie a un infierno de maltrato verbal y a lo último físico, donde Stear y Eliza tuvieron que intervenir y luego de orientarse con un abogado, finalmente Annie pudo librarse de esa lacra y estuvo sola y deprimida mucho tiempo.

-¡Ay Annie! El destino es tan grande... no hay duda de que eres mi alma gemela, yo viví algo muy parecido, bueno esa historia tú ya la conoces. Pero... no quiero que te amargues más pensando en el pasado. Ninguno de ellos se merece nuestro sufrimiento, ellos sólo fueron una pérdida de tiempo, ahora nos tenemos a nosotros mismos. Yo nunca voy a fallarte de esa manera. Si tú me lo permites, cuando estés lista para mí, yo te prometo que estarás y vivirás como la reina que te mereces ser tratada. Voy a ponerte número uno en mi vida. Nunca vas a llorar a causa mía. Quiero darte todo lo que tengo guardado... Dame una oportunidad para hacerte feliz...

Albert le había desenterrado el rostro de su hombro a Annie para que lo mirara a los ojos, ella lo miró con sus ojos azules cargados de lágrimas y él acercó su frente a la de ella, con unas ganas inmensas de besarla, pero no lo hizo, se limitó a secar sus lágrimas con sus dedos y a besar su frente, notando como ella cerraba los ojos cada vez que la boca de él se acercaba.

-Albert... tú me haces muy feliz, de verdad... pero yo... yo no sé si esté preparada para hacer feliz a nadie, al final... parece que nunca soy lo que están buscando y...

-Annie... tú eres todo lo que yo necesito, no tengo que buscar nada más. Te estoy dando tu tiempo porque entiendo que es muy rápido y sé que hay muchas heridas abiertas en tu corazón que necesitan ser curadas, por eso te esperaré el tiempo que necesites y no voy a exigirte nada más, sólo que me dejes estar a tu lado.

Annie no sabía cómo decirle que ella se moría por intentarlo y por probar esos labios para comenzar nuevamente, pero tenía un miendo tan profundo, miedo al fracazo o a que la dejaran caer nuevamente. Lo miró a los ojos y se perdió en ellos, se perdió en cada de detalle de ese rostro masculino y perfecto y sólo deseó dejarse llevar y pensar luego. Quería sentirse amada, lo deseaba tanto...

-Quiero intentarlo, Albert. Quiero que me des un beso... quiero un beso de alguien que me quiera...

Se lo soltó con valentía y dejando escapar gruesas lágrimas nuevamente, mirándolo con sus ojitos llenitos de ilusión, esperando la caricia de sus labios, esa que anhelaba tanto él como ella que de pronto se sorprendió por la petición, pero su corazón estuvo muy feliz y deseoso de cumplirla.

-Acércate... Quiero que cierres tus ojos y no pienses en nada más. No quiero que sientas nada más que el beso que te voy a dar, no existe el mundo a tu alrededor, ni los fracazos, ni las desilusiones, ni el dolor, sólo existen nuestros labios y el inicio de este amor.

Cuando los ojos de ellas estuvieron totalmente cerrados y siguió todas sus recomendaciones, no supo el momento en que la boca de él comenzó a invadir la suya, en qué momento dejó de hablar y la comenzó a besar. Primero sus labios a penas rozaron los de ella, los que luego succionó y sutilmente fue colando su lengua dentro de su boca hasta que ella le diera total acceso en su interior. No fue un beso arrebatado ni ardiente, fue uno dulce, que se tomó su tiempo de explorar y sentir, las manos de él sostenían su rostro mientras que las de ella reposaban en el pecho masculino. Sus lenguas seguían jugando, conociéndose y sus corazones estaban al límite, cuando el beso fue finalizando, él dio el toque de pequeños besos tocaditos en sus labios hasta que al final sólo se quedó mirándola a los ojos, viendo como ella aún se relamía los labios, saboreando el sabor que él había dejado. Después de unos instantes la vio llorar y se asustó.

-¿Annie... no te gustó?

-No, Albert, no es eso... es que nunca me habían besado así... ni siquiera mi primer beso fue así de especial... nunca me habían dado un beso tan hermoso... uno que me hiciera llorar... yo... ¿podrías darme otro...?

Terminando de formular la pregunta, ya él había unido sus labios a los de ella nuevamente, dándole otro beso igual de enternecedor, éste entremezcló un poco más de pasión y entrega, donde Albert se permitió acariciar sutilmente su espalda y cintura, haciéndola estremecerse, y él también se estremeció cuando sintió sus delicados dedos acariciar su cabello. Cuando su segundo beso terminó, ella volvió acurrucarse en su pecho, sentados ambos en un futón.

-Albert... ¿Puedo quedarme así contigo... hasta que amanezca?

-Claro que sí, todo el tiempo que quieras.

Albert encendió el aire central de la sala y buscó una colcha para ambos, se quitaron los zapatos y él volvió acurrucarla con su cuerpo, le repartió varios besos por su rostro y pelo, hablaron un poco más hasta que en esa misma posición el sueño los sorprendió.

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Terry se había despertado a las diez de la mañana más o menos por lo tarde que se acostaron debido a todos los malos acontecimientos. Candy seguía dormida en sus brazos como un ángel y él la miraba con ternura y coraje de que tuviera que pasar por esa pesadilla en su comienzo de embarazo. La observó tan pequeñita y frágil, tan delicada y vulnerable y así como creció su amor, también su rabia de pensar que alguien quisiera hacerle daño. Miró como sus pequeñas manos abrazaban su vientre protectoramente, como poniendo una barrera para cuidar lo que tanto amaba. Se había jurado defenderla con su propia vida de ser necesario, a ella y a su hijo. Le desabotonó la camisa de Richard que le había puesto y comenzó a llenar su barriguita de besos, dándole los buenos días a su bebé y suguió besándola hasta subir hasta sus pechos y de ahí a su cuello y labios haciendo que ella se removiera y despertara con su habitual forma aniñada.

-Terry...

-Bueno días, pecosa. ¿Cómo te sientes?

-Bien... y mi bebé también.

Le dio una inocente sonria que le rompió el alma y la besó, ella se puso boca arriba y él la imitó, la acomodó en su pecho y encendió el televisor para que se relajaran un poco.

-¿Ya puedes sentir al bebé, mi amor?

-No exactamente, pero a veces se siente un pequeño burbujeo, es algo muy leve, se siente si estoy muy pendiente.

-¿Si pongo mi mano podré sentir eso?

-No lo creo, cielo, como te digo, es algo muy leve, ni yo misma puedo percibirlo a veces. Pero en un par de meses lo podrás sentir, seguro le gustará mucho que lo acaricies.

-Creo que es una bebé floja como su madre.

-¡Terry! No soy floja y además... no sabemos si es una niña, a lo mejor es un niño.

Terry disfrutó hacerla rabiar haciendo más comentario sobre la supuesta vagancia de Candy y sobre todo, discutiendo por el sexo que tendría el bebé.

-Estoy seguro que es una pecosita hermosa, así refunfuñona y malcriada como tú.

-A lo mejor no tenga pecas, Terry. Espero que no, no es justo que te burles de ella como has hecho conmigo.

-¿Y quién dice que me burlo, mi amor? Yo amo tus pecas, cada una de ellas. Y quiero que mi hija tenga pecas.

-Pues yo... quiero que el bebé se parezca a ti. Quiero que tenga todito tuyo.

-Y tendremos también un bebé así, mi amor, pero este que está aquí es una pecosita.

Terry le dio un cálido besito a su bebé que estaba segurísimo que sería una niña. Ella también lo mimaba con ternura, especialmente le gustaba sentir sus uñitas largas en su espalda. De pronto vio rodar un par de lágrimas por sus mejillas y otra vez se sintió empequeñecer por no ser capaz de borrar la angustia de ella. Se le partía el alma, tan jovencita y pasando por tanto. Se preguntó si había hecho bien en embarazarla tan joven, no se arrepentía de su bebé, de pronto pensó que debió darle más tiempo a ella.

-Pecas... mi amor, tú sabes que el límite de todas mis fuerzas y orgullo es verte llorar. Yo no quiero que llores más, mi niña linda, no puedo resistirlo. Yo sé que es duro todo lo que debes estar pasando, es un infierno, puedo sentirlo también, pero yo nunca voy a dejar que nada malo te pase, ni a ti ni a mi bebé. Sé que es fuerte, cielo, estar embarazada y tener que atravezar todo esto, pero tú siempre has sido fuerte, no vas a derrumbarte ahora. No debí hacerte esto tan joven, lo siento... yo de verdad quería...

Terry llevó su frente a la barriga de ella y cuando su voz se cortó derramó también lágrimas por no poder soportar el sufrimiento de ella, por verla siempre tan valiente y dispuesta a todo y él de pronto sintió que todo se le iba de las manos, hasta que ella pasó sus manos por sus cabellos nuevamente y le levantó el rostro mientras con sus dedos le limpió las lágrimas.

-Terry, mi amor. Quiero que seas conciente de algo. Te amo, te he amado toda mi vida, de diferentes maneras, como amigo, como hermano, como hombre, como mi vida entera, siempre fue así. Estoy muy orgullosa de ti, de como has luchado siempre, de el hombre en que te has convertido y no me avergüenzo del que fuiste, porque en un principio ese fue el que me enamoró, tú siempre has sido mi amor, mi primer y único amor. No me arrepiento de ningún momento vivido a tu lado. Dejaste las calles, te superaste, dejaste tu orgullo y todo por mí, te arriezgarte a estar conmigo que muchas veces me comporto como una niña e incluso te has vuelto un hombre de familia, uno que quiere tener hijos. Este bebé es lo más hermoso y nunca voy arrepentirme de él, o de ella. Mientras tú estés a mi lado, yo soy fuerte, tú eres mi roca fuerte. No quiero que te arrepientas de nada tampoco. A veces me da miedo, sí, miedo de que puedan alejarme de ti o que puedan hacerle daño a tu bebé, pero yo confío en que tú no dejarás que eso pase, tú eres nuestro héroe.

Él dejó que ella siguiera mimándolo y sintió paz con sus palabras e incluso la amó aún más y la abrazó fuerte, la besó de pies acabeza y dedicó un momento infinito a su bebé.

-Es una niña, mi amor. Ya tengo su nombre.

Le dijo con su encantadora sonrisa torcida y ella le acarició la mejilla y pasó su dedo por sus labios, él le besó el dedo y luego le tomó la mano y se la volvió a colocar en el rostro para seguir disfrutando de las caricias de ella.

-¿Ya le tienes nombre? ¿Puedo saberlo?

-Sí. Amy.

-Me gusta Amy. Es un nombre dulce, pero cortito...

-Entonces escoge un segundo nombre, mi amor.

-Elizabeth... siempre me ha gustado ese nombre. ¿Qué piensas, Terry?

-Amy Elizabeth Grandchester Brower, tendrá más nombre que cuerpo, pero suena bien.

Candy rió por su ocurrencia, de todas formas ella sabía que siempre la llamarían Amy Grandchester, los demás nombres no siempre eran necesarios, así que no se preocupó por si era largo.

-Si es un niño voy a llamarlo Anthony, Terrence Anthony Grandchester. Los dos hombres que más he amado.

-Pecas, creo que no pudiste haber elegido mejor nombre, nunca pensé ponerle mi nombre a mi hijo, pero me gustó la convinación que hiciste y sobre todo su significado.

-Terry... tengo hambre...

Ya era casi mediodía y Terry de pronto cayó en cuenta que no habían comido nada y se molestó consigo mismo por no haber pensado en Candy ni en su bebé. Se fueron a lavarse la cara y los dientes y luego fueron a la cocina a ver qué encontraban, afortunadamente en la nevera de Richard no faltaba nada. Al ser mediodía, tarde para desayunar, Terry asó dos pechugas de pavoy y lavó lechuga y tomate para preparar una ensalada Caesar y la roceó de queso parmesano. Le servió jugo de cramberry a Candy y un yogurt de banana y fresas. Todo un manjar y sobre todo, saludable.

-Come, mi amor, el bebé debe estar desesperado.

Y a Candy no hubo que darle mucha cuerda y comenzó atacar su comida como si el mundo se estuviera acabando, Terry que la conocía de toda la vida no dejaba de sorprenderse, se quedó mirándola boquiabierto como ella se echaba bocado tras bocado casi sin respirar. Luego que se atascara toda la ensalada, bebió medio vaso de jugo de golpe y rápido destapó el pequeño envase de yogurt y lo comenzó a devorar, todo en fracciones de segundos.

-¿Qué? Tenemos hambres.

Dijo ella y se encogió de hombros para seguir comiéndose el yogurt mientras Terry a penas iba por la mitad de su ensalada y movió la cabeza de lado a lado y sonrió. Esa era su Candy.

-Candy... creo que es mejor pagarte la universidad y no invitarte a comer.

-¡Terry!

Candy fue a revirar la burla de Terry, pero el sonido del celular de él los interrumpió. Candy puso mucha atención a la conversación basada más bien en monosílabos que sostenía Terry, pero no pudo deducir nada, así que esperó a que Terry colgara para bombardearlo a preguntas.

-Era el oficial, quiere que pasemos por su oficina lo más pronto posible. Pudieron ver claramente las imágenes en el video, tenemos que ir a identificarlas...

-Pero Terry... yo no tengo nada... no tengo ropa...

Candy señaló la camisa manga larga de Richard que llevaba y que le quedaba enorme. Terry no tuvo más remedio que ir al oulet más cercano y luego de apuntar las medidas exactas de la ropa de Candy, en una hora estuvo de regreso con un sencillo vestido de verano estampado en tonos azules claros y unas sandalias bajitas y también ropa interior, cuando llegó ella ya se había bañado, así que se vistió rapidamente, él también, pues se había puesto el pantalón y camisa del traje de la noche anterior. Lo más pronto que pudieron se dirigieron a la oficina del oficial, ambos estaba super tensos y nerviosos.

-Buenas tardes, señor Grandchester, señorita Brower. Tomen asiento por favor.

El oficial siempre fue serio y estrictamente profesional, les señaló dos sillas que estaban frente a él mientras que en una esquina, un técnico de no más de veinticinco años preparaba todo para mostrarle los videos.

-Amplía la imagen, Matt y deténla ahí. ¿Pueden identificar con seguridad a esta mujer?

A ambos les sorprendieron la calidad de imagen que ofrecía el monitor comparado a las borrosas del cuarto de seguridad del edificio donde vivían. Puedieron identificarlas sin duda alguna.

-Claro que sí, esa es D'laine Torres...

Puedieron identificarla claramente y a Terry se le notó la rabia en la voz y Candy le apretó la mano nerviosa y con más temor. En el video se vio cómo llegaron juntas ella y la otra persona de similar vestimenta y se cruzaron un par de palabras disimuladamente al entrar.

-Deténla ahí y amplía la imagen nuevamente.

Otra vez el oficial dio la órden y sin dudar Candy pudo identificar a la segunda persona. Ahora la rabia había sustituído su temor y la mandíbula de Terry se tensó.

-Es Patricia O' brien. De ella no dudo que lo haya hecho.

-Ya entrevistamos a la señorita O'brien, al principio negó haber estado ahí, luego dijo que había ingresado en el lugar para pedirles uan disculpa y que no se anunció porque sabía que no la recivirían. En el video podemos ver que entra con una funda, pero no podemos asegurar que sea la cara del cerdo, pues no hay cámaras en el área de los pasillos donde quedan los apartamentos, no hay evidencia suficiente para achacarle la broma, pero sí les recomiendo que al menos pongan una órden de alejamiento en su contra.

-Eh, oficial, lo que no entiendo es que vínculo podría tener ella con D'laine...

-Se le hizo la pregunta, dijo no conocerla y que las palabras que cruzó con ella fue un saludo de cordialidad. Sé que suena a mentira, pero no podemos basarnos en casualidades para acusar a nadie. La señorita D'laine O'connor nunca entró al área de los apartamentos, siempre permaneció en el mostrador, no se le puede vincular directamente con la amenaza y al no haber una órden de alejamiento previa contra ella, no se le puede recriminar el que haya ido a su edificio por el interés en los apartamentos disponibles.

-¿Osea que no se puede hacer un carajo?

-¡Terry!

La pasiencia y los buenos modales de Terry se habían ido al diablo, no era posible una amenaza tan horrible, tener a los responsables en sus narices y no poder hacer nada.

-Entiendo muy bien cómo se sienten, chicos, pero tenemos que dejarnos llevar por las evidencias. Además, no me lo tomen a mal, pero debieron poner una órden de restricción desde los primeros acercamientos y conflictos con la señorita O'connor, no podemos tocarlas basándonos en supociones. Si desean podemos tramitar ahora mismo la órden de alejamiento contra Patty O'brien y si O'connor vuelve a invadir sus propiedades o a hostigarlos, hagan lo mismo, no esperen a que esto se les vaya de las manos.

Terry fue a soltar una barbaridad nuevamente, pero se contuvo porque Candy lo aguantó y se despidió amablemente del oficial y casi arrastró a Terry hacia la salida, una vez estuvieron en el estacionamiento, él empezaría a reclamarle.

-Pensé que el oficial ese realmente era bueno en lo que hacía... ¿crees que un cabrón papel que diga que tienen que mantenerse alejadas de ti es suficiente?

-Terry, por favor, cálmate ya. Si fueron ellas las responsables de esta asquerocidad, eso me deja más tranquila. Todo fue una maldad y nada más. ¿Crees que ambas llegarían a quererme matar?

De verdad Terry tampoco pensó que llegaran a ese extremo, pero en la calle había aprendido a no confiar ni en su sombra, y había un hecho que nadie se explicaba.

-Pues yo que tú no estaría tan seguro. ¿Cómo es que se conocen Patty y D'laine? ¿De verdad te crees la feca de que fue un saludo cordial a una extraña? Por Dios, Candy, no seas ingenua.

-¡Ya basta, Terrence! Sólo estoy tratando de mantenerme tranquila y optimista, no quiero amargarme más. No es bueno para el bebé. Ya pusiste una órden de protección, tu padre te aseguró que D'laine se encuentra en Orocovis y no aquí en la ciudad y dudo mucho que Patricia alla viajado hasta allá en la chatarra que tiene por carro y menos con una órden de alejamiento en su contra. Varios de los gorilas de tu padre nos están vigilando siempre. ¿Qué más quieres?

-¿Qué más quiero? ¡Quiero que nos dejen en paz! Tú eres una niña y no te das cuenta de nada. No sabes todo lo que cargo sobre mis hombros, tengo que cuidarte a ti y al bebé y cuidarme a mí mismo cada vez que salgo porque nunca estoy tranquilo pensando que en cualquier momento me pueden venir a joder. Me pongo nervioso cada vez que alguien se me acerca demasiado. ¡Esto no es vida!

Terry había alzado tanto la voz que varias personas se detenían a observarlos y cuando dio un puñetazo en la capota de su carro, Candy comenzó a llorar a llanto tendido. Sollozaba como una niña y su rostro se puso rojo. Cuando la vio se sintió miserable por haberla puesto en ese estado. Se maldijo mil veces e intentó acercarse a ella.

-Candy... lo siento, me exalté, es que...

-¡No me toques! No quiero que te me acerques... llévame a casa.

Lo manoteó y se puso a la defensiva, pero él insistió e intentó retenerla, tenía coraje, era cierto, pero también se sentía mal por haberla alterado así a ella.

-Candy... no te pongas así, de verdad lo siento, ya cálmate, le haces daño al bebé...

-¿Ahora te preocupa el bebé? Acabas de decir que somos una carga para ti. No te pedimos que hicieras nada por nosotros. Si no puedes con tanta carga, déjanos en paz, sobreviviremos sin ti.

-¡Maldición! Es que contigo no se puede...

Otra vez el puño de él se estrelló contra la capota de su Mercedes y ella se volvió a estremecer. A pesar de su furia, él quiso volverse acercar y ella lo empujó bruscamente.

-Vete a vivir tu vida tranquila lejos de nosotros, no queremos ser tu carga.

Con eso último Candy acabó con toda la pasiencia de Terry y pudo ver la otra cara de él que pocos conocían, pero que nunca podrían olvidar. Abrió la puerta del pasajero y la entró cuidando de no hacerle daño y aseguró la puerta, luego entró él al carro y lo encendió para poder poner el aire acondicionado. Ahí adentro la acorraló y la obligó a mirarlo de frente, sosteniéndole las muñecas con fuerza.

-Escúchame bien, Candice, porque esta es la última que te dejo pasar. No voy a perdonarte una vez más que insinúes que no me importan o que sólo son un peso para mí o que no me necesitan cuando sabes bien que no es así. Quiero que dejes de hablar del bebé como si fuera sólo tuyo porque no lo hiciste sola. Todo tiene un maldito límite y tú lo estás sobrepasando. No sé ya de que manera demostrarte que no hay nada más en este maldito mundo que ame más que a ti, que lo único que me importa son ustedes. Por qué no puedes meterte en la cabeza que yo me muero si les pasa algo. ¿Es más fácil decirme que no me importan? ¿Para sentirte mejor tú?

Terry nunca bajó el tono de su voz, todo le parecía tan injusto, no entendía por qué ella no podía ver que su mundo era tan sólo ella y que todo giraba en torno a ella. Su fría mirada le erizó la piel a ella, le dolían las muñecas por su agarre y se estaba sintiendo fatal, siempre terminaba lastimándolo injustamente y lo que más le dolió fue que luego de haberle prometido que jamás volvería a decirle que él bebé no lo necesitaba, lo había hecho nuevamente con la misma facilidad y a pesar de la rabia que destilaban los zafiros de Terry, ella pudo ver en ellos un gran dolor. Las palabras no podían salir de su boca para pedirle perdón nuevamente, sólo pudo soltar un llanto amargo.

-Terry... lo siento. Es que estoy tan asustada. No creas cuando te digo que no te necesito... tú sabes que yo me moriría si de verdad te fueras de mi lado. No podría soportarlo. Quiero que me abrazes, por favor. Abrázame para siempre.

Ante su llanto desgarrador, él le soltó las muñecas y le dio el abrazo más fuerte que pudo, casi la sentó sobre él y le besó desesperadamente el pelo.

-Candy... sabes que te adoro con mi vida. No quise asustarte más, lo siento. Pero es necesario que crezcas un poquito, mi vida, a mi me encanta tu inocencia y tu niñez, pero para el mundo que nos rodea, esa es una navaja de doble filo. En este mundo, niña, hay maldad, envidia, codicia, hay tantas cosas que aún no llegas a entender, pero tienes que abrir los ojos, sabes como es la calle, has vivido la maldad de frente, Candy, tienes que aprender a verla en los demás. Yo a ti te defendería con mi propia vida de ser necesario, pero por más que yo quiera, no siempre podré estar contigo y debes aprender a sobrevivir y a detectar la malicia en otros. Yo te amo así, inocente y caprichosa, no cambiaría nada de ti, siempre serás mi niña hermosa, eso no habrá quién te lo quite y por favor... nunca repitas que ustedes son una carga para mí, cuando en realidad son todo lo que yo tengo y lo que me hace feliz, mi vida comenzó cuando llegó tu amor, eres todo lo que yo pido.

Todas esas palabras salieron de Terry sin dejarla de abrazar, ella se encogió en su regazo como una niña y él la llenó de mimos hasta que se tranquilizó completamente y dejó de sentir el pecho y la voz entrecortada.

-Te amamos mucho, Terry.

Desenterró su carita mojada de su pecho y lo miró de frente con los ojitos empapados. Ella podía desarmar a Terry completamente, siempre había sido así.

-Yo los amo más, mucho más.

La abrazó y la apretó unos instantes más y luego hizo que se acomodara bien en su asiento y le puso el cinturón de seguridad.

-¿Quieres ir a casa, mi amor?

-¡Sí! Tengo hambre...

Terry la miró divertido, hambrienta parecía ser su estado natural sería la palabra mágica para Stella en cuánto llegara. Durante el camino ambos se miraban con complicidad y sonreían y ella misma había entrelazado la mano libre de él con la suya que en repetidas ocaciones llevaba a su vientre para disfrutar de sus caricias, se había acostumbrado demasiado a eso. Llegarían a su destino esperando encontrar la paz y tranquilidad que se ambiente les daba, pero parecía que la vida se empesinaba en mandarles duras pruebas.

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Luego del reecuentro con Lizette, Archie retomó la amistad que por años había permanecido olvidada y enterrada junto con su amor de juventud. Habían hecho una cita cada tarde para recorrer la playa por las tardes y conversar un poco, de los viejos tiempos, de los momentos buenos y del futuro. Lizette escuchaba siempre tan atenta y sonriente todos sus relatos, siempre había sido buena para conversar, siempre había inspirado esa confianza y ese sentimiento de no poderte desprender de ella facilmente, al igual que su fallecida hermana, tenía encanto. Tenía veintidos años, esbelta y delgada, mulata delo largo ondulado y marrón, sus ojos eran grandes con pupilas en un marrón claro, casi lanzando a un ámbar y sus facciones eran delicadas, tenía una sonrisa deslumbrante en dientes blancos y perfectamente alineados, era modelo por hobby y se dedicaba a la repostería.

-Creo que me perdí mucho de tu vida, Lizette. Me encerré demasiado en la mía y no viví.

Después de tanto tiempo que ha pasado

te parecerá mentira, pero no me acostumbro

parece como hubiera sido ayer ese primer día

que nos vimos desnudos

y siempre pensé la vida debe de continuar

pero sin ti todo se quedó por la mitad

A medio vivir

a medio sentir

y se me pasa la vida

y no encuentro salida sin ti...

-A veces, cariño, se nos va algo que reprensetaba toda nuestra vida, como si con eso se nos fuera la nuestra propia. Yo también me alejé del mundo y por mucho tiempo olvidé todo lo que quería y esperaba, me derrumbé como se derrumbaron todos, mis padres también vivían ausentes y fue un tiempo duro, no fue un buen año para mí en la escuela, por poco ni me gradúo. Creo que Lizbeth era el centro de todo nuestro universo, al partir ella nos quedamos como planetas solitarios sin un sol en que girar.

Mientras ella hablaba, Archie se veía en ella como si fueran almas gemelas, ella le recordaba mucho a Lizbeth y no sólo por el hecho de que eran hermanas, sino porque además eran muy parecidas también el alma y escencia. Lizbeth también era mulata, pero en un tono un poco más oscuro que Lizette y sus ojos eran de un marrón tan oscuro que facilmente se le podían llamar negros, brillaban como dos perlas cada vez que reflejaban alguna emoción y su pelo era de un rizo un poco más encaracolado, aunque en el mismo tono marrón oscuro de su hermana, era de figura esbelta y delicada también, Archie la llamaba su ángel de chocolate y ella lo odiaba, pero con el tiempo llegó amar la frase. Se sintió compenetrar demasiado con la que fue su cuñada, pues él también había atravezado sólo todo el dolor de su pérdida, no podía contar con su padre que siempre había sido un cabrón abusivo y su pobre madre con tantos sufrimientos parecía estar siempre en su mundo, sus hermanos, que eran sólo por el lado paterno siempre habían vivido a parte, razón por la cual él siempre había vivido en pronfunda soledad, hasta que conoció a las hermanas Lizbeth y Lizette que cambiarían su vida para siempre.

Después de tanto tiempo que ha pasado

aún te espero como siempre en el mismo sitio

aún así logro sentir tu pecho presionado con el mío

y tus latidos y cada vez

se me hace más difícil cada vez

y es que sin ti todo se quedó por la mitad

A medio vivir

a medio sentir

y se me pasa la vida

y no encuentro salida sin ti...

-Disculpa la pregunta... ¿por qué a la larga no te casaste con...?

-No pude, Archie. Realmente no estaba preparada y no sentía esa emoción profunda ni la ilusión por la boda, nisiquiera cuando veía todos los preparativos. No estaba enamorada, supongo. Además había siempre un dolor y vacío tan hondo que nunca pude llenar. Él siempre había estado ahí como mi remanso y paz, apoyándome y siempre me hizo bien su compañía, llegué a pensar que de verdad lo amaba, pero... a veces, piensas que te enamoras cuando conoces a alguien que está siempre en los peores momentos, el que te dice todo lo que necesitas oir o lo que quieres oir, te aferras a esa persona como si fuera lo único que te mantiene en el mundo de los vivos y sólo su voz bastaba para aliviarme todo el dolor, pero nunca llegué a sentir lo que podía decirse amor, eso no, eso no estaba reservado para él por más que yo me esforzara.

Sentados sobre la arena ambos se habían quedado en silencio, cada uno en sus propios pensamientos viendo el agua espumosa de la playa batirse y acariciarles las puntas de los pies para luego retroceder. Los pensamientos que más lejos se encontraban eran los de Lizette, pues viajó al pasado, cuando conoció a Archie cuando él y su madre se habían mudado al barrio. Recordó que decidida y sonriente le dio la bienvenida al vecindario y lo sorprendió con su inesperado acercamiento mientras él bajaba las cajas de la mudanza. Ella quedó prendida de él desde el principio, cuando tenía dieciseis años y el mundo era maravilloso. De alguna manera ella también le atrajo, pero nunca ninguno de los dos dio un gran paso, iniciaron una indestructible amistad y ella comenzó amarlo cada día más. Entonces, llegaría Lizbeth, luego de una temporera recuperación de su leucemia y cuando Archie la conoció, todo se eclipsó con su cara de ángel y esa sonrisa que podría derretir al Polo Norte. Lizette nunca había visto a su hermana tan feliz, tampoco a Archie y aunque el alma se le estaba quebrando en mil pedazos, en el fondo también sentía alegría, pues el espíritu de su hermana parecía haber cobrado vida e incluso el de Archie también, sus ojos melancólicos brillaban con una luz tan candente, que Lizette nunca pudo verle nisiquiera cuando sonreía. Ese era el don de su querida hermana. Lizzette puso su distancia prudente, para cuidar a su corazón y sobre todo, para no mancharlo de celos y envidia, pues a esos dos seres los adoraba y se convirtió en el apoyo y confidente de los dos en los momentos difíciles que ambos atravezaban, en especial en los últimos momentos de vida de Lizbeth. Sin querer recordaría el fallido beso que compartió con Archie en un momento de debilidad de ambos cuando el mundo comenzó a ser oscuros para ellos y Lizbeth había dejado de abrir los ojos. Beso que así mismo como inició terminó muy mal, lleno de culpa y remordimientos. Una experiencia muy triste por ser el primero para ella.

Llevamos mucho tiempo hablando

y no te seguiré aburriendo más con mi discurso

sólo te llamaba por saber si por si acaso tú también necesitabas

no está de más, hablar de vez en cuando no está de más

y es que sin ti respiro con un solo pulmón

y es que sin ti todo se quedó por la mitad

A medio vivir

a medio sentir

y se me pasa la vida

y no encuentro salida sin ti...

-Pero no te pongas así, Lizette. Era mejor ser sincera. Tú eres bellísima y seguro pronto encontrarás a alguien que te ame, sé muy bien que no pasas desapercibida.

Él no tenía ni idea de lo que la había puesto triste de pronto, era no haber podido superar su amor por él. Ni la desesperanza se lo pudo arrancar, el sentimiento se había vuelto tan grande que hasta su hermana se dio cuenta. En sus últimos suspiros recordó que le confesó haberse dado cuenta de sus sentimientos y le dijo que lo intentara, que ella ya había hecho su parte en este mundo y que ella viviría por siempre en ellos, ella sería una parte de los dos, al unirse ella siempre permanecería. Le dijo que luchara por su amor, que con el tiempo él la superaría y ella estaría feliz dondequiera que su alma morara si ellos quedaban juntos, no habría nadie mejor para él. Sus ojos se aguaron reconociendo que sería imposible, que él había estado fuera de su alcance desde el momento en que se fijó en su hermana. Las lágrimas escaparon al ver como las manos de él se posaban en su rostro y ella sentía que quemaban y él no tenía idea del efecto que ese simple roce tenía en ella. Cuánto había soñado y deseado esas manos durante tanto tiempo por tantas noches y tantas veces que se sintió miserable por los remordimientos de desear al hombre de su hermana. Cerró sus ojos mientras las manos de él seguían sobre su cara, los cerró para sentir y no perder ni un segundo de la maravillosa sensación, aún cerrados sus lágrimas seguían escapando de ellos. Los dedos de él las recogieron y mientras ella no miraba, porque sus ojos no querían abrirse para ser golpeados de nuevo por la dura realidad, no quería volver a tropezar y encariñarse con la piedra. Se preguntó si estaría soñando nuevamente cuando sus manos no fue lo único que sintió en su rostro. Sintió unos labios cálidos que besaron sus ojos mojados y sus manos ahora se entrelazaban en su pelo, en donde sus dedos se habían quedado prisioneros en sus rizos. El sueño se había vuelto de pronto demasiado vívido cuando sintió que la besaba, estaba segura que estaba soñando, así que se dejó llevar y disfrutó de un beso tan ansiado y necesitado. Se les iba la respiración, pero no podían detenerse a tomar aire porque cada segundo que duraba el beso era aliento de vida. Él no sabía por qué lo hacía, pero la necesitaba, era algo que lo atraía y atrapaba y buscó más su cercanía, llevando sus manos a la cintura de ella y acercándola más. Una lluvia que cayó de la nada les rompió el encanto y la trajo a ella a la realidad de forma dura nuevamente, o al menos eso ella pensó.

-¡Nunca vuelvas hacerme eso! ¡Nunca!

Se puso de pie bruscamente y lo apartó dejándolo confundido y asustado. Llorando y entre la lluvia ella comenzó a retroceder y a huir de él como si fuera el diablo y él estaba aturdido.

-Lizette... ¿Qué te pasa? Lo siento, pensé que tú también...

-¿Yo también qué? ¿Que yo también iba a querer repetir la misma historia para luego verte como huyes arrepentido? No, gracias. Ya tuve bastante de eso.

Le gritó aún con gruesas lágrimas y alejándose aún más y él no sabía si detenerla, si dejarla ir, si pedirle disculpa o volver a traer su figura hacia él y seguirla besando para olvidarse del mundo.

-¡Lizette! Espera, eso no es así. No estoy arrepentido... en verdad no sé...

Caminó rápido hacia ella y la retuvo por una mano firmemente, aunque ella hacía esfuerzos por soltarse y la miraba con dolor y coraje, no así se opacaba el profundo amor que había en sus ojos.

-Pues si no lo sabes, déjame en paz hasta que lo averigües. Suéltame.

Él de verdad quería decirle muchas cosas, pero al no encontrar las palabras y porque ni él mismo sabía ni entendía lo que pasaba, la dejó ir. La vio irse destrozada en medio de la lluvia y él simplemente se quedó pegado al suelo sin saber cómo caminar, destrozado también.

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Candy y Terry al fin habían llegado a la hacienda y les sorprendió que nadie había salido a recivirlos, especialmente Stella que siempre iba detrás de Candy para decirle lo flaca que estaba y atascarla de comida. Se bajaron y fueron directamente a la casa, tranquilos y confiados.

-¡Auuwww!

Candy gritó cuando se tropezó con el cuerpo muerto de una de las empleadas de servicio cuando entraron y se tapó la cara con el pecho de Terry que a penas asimilaba todo.

-Bienvenido Territo, te estábamos esperando.

Terry y Candy siguieron caminando hasta la sala donde encontró a Richard amarrado y amordazado a una silla mientras su abuela y madrastra lloraban de terror al ser usadas de rehenes. Otra vez la pesadilla, Chaparro y sus hombres no lo dejarían en paz nunca.

-¿Qué es lo que quieres, cabrón? ¿No ha sido suficiente el dinero que dio mi padre?

Terry no conocía límites ni miedo y nada le quitaba lo arrogante, eso sólo enfurecía más a sus enemigos, mientras la pobre Candy temblaba y casi se desmaya, se aferraba fuertemente a Terry. Richard le hacía gestos para que no lo retara, pero Terry no entendía de eso y trató de sacar su pistola, provocando así que uno de los hombres que sostenía a doña Stella la empujara más hacia el frente, como indicándole quién cobraría su estupidez.

-¿Dinero, niño? No, no sólo es dinero, esto es cuestión de honor.

-¿Honor? ¿De qué carajos hablas? Tú me vienes hablar de honor a mí, que gracioso.

-Te lo advertí, Terry, que no jodieras con los míos, no te fue suficiente matar al Tonka, él era como un hijo y tenía más cojones que tú, sino que también viniste a joder con mi sobrina... eso... vas a pagarlo caro. Tráiganme aquí a la mocosa esa.

Dos gorilas que se habían mantenido apuntado hacia Terry y Candy todo el tiempo se les acercaron y aunque Terry trató de impedirlo, no pudo evitar que se la arrancaran de los brazos y que en etre los dos tipos le dieran la escarpiza de su vida, dejándolo casi sin aire. Su abuela parecía que sufriría un infarto y los sollozos de Louise eran desgarradores, Richard también dejó correr las lágrimas mientras se removía rabioso en impotente en su silla. Nadie entendió a qué sobrina de refería Chaparro, si Terry nunca había sido tan estúpido para involucrarse con ninguna muñeca de la mafia.

-¡Terry! ¡No! ¡Suéltenme imbéciles!

Candy lloraba y gritaba desesperada mientras veían como a Terry lo hacían mierda a golpes.

-¿A ti nunca te han enseñado que cuando los adultos hablan las niñas lindas como tú deben quedarse calladitas?

Chaparro se acercó a Candy y con su pistola le acarició la cara mientras la miraba con lascivia aumentando así su terror y la rabia de Terry que estaba molido a golpes y que no podía ponerse de pie.

-Podríamos divertirnos mucho contigo, ricitos. Reconozco que Terry tiene buen gusto...

A Candy le dio tanto terror y asco su mirada y la forma en que sus manos recorrieron descaradamente sus formas femenitas y apretando los labios y el propio llanto llevó sus manos a su vientre, revelándole a Chaparro otra arma que podía usar en su contra. Al no poder soportar la manera en que Chaparro tocó a su mujer, Terry sacó fuerzas de dónde no las había y se acercó a él lanzándole un puñetazo que le viró la mandíbula que le costó otra paliza de los hombres de Chaparro y que casi lo matan mientras escuchaba la risa burlona de él y cómo escupía la sangre por el golpe.

-¡Terry! Ya déjenlo en paz, por favor.

Candy les comenzó a suplicar y a llorar ya casi sin vida, ya no podía ni gritar, el miedo la había enajenado.

-Eres tan tierna, niña bonita. Tiene suerte este pendejo. Pero sabes... lo bueno de la buena suerte es que... tarde o temprano se acaba, linda. Es una pena que tengas que decirle adiós a este mundo tan pronto...

La pistola de él se puso directamente en su frente y ella cerró los ojos apretadamente esperando lo peor y nuevamente sus manos aferraban su vientre, había perdido ya todas sus esperanzas, pero trató de defenderlo.

-No, por favor... no les he hecho nada. Por favor... al menos por mi bebé, es un ser inocente...

Con su último hilo de voz suplicó por la vida de su hijo, ella no sabía que en ese mundo no existían sentimientos ni escrúpulos y que Chaparro estaba más que dispuesto a matarla con o sin hijo.

-Esta es la mejor parte, princesita. No te preocupes, que no pienso matar a tu noviecito, todo lo contrario, quiero que viva para ver como te mueres tú y su hijo, para que vea lo que se siente que te quiten lo que más amas.

El asunto de todo era que el Tonka de verdad era hijo de Chaparro, nunca lo había reconocido legalmente para que no lo vincularan con él, pero el niño de todas formas decidió seguir los pasos de su padre y terminó muerto primero que él, había dejado el asunto olvidado por un tiempo y con el dinero que le dio Richard, hasta su dolor se había enterrado un poco hasta que su sobrina le dijo como Terry había jugado con ella y que además la había dejado embarazada y abandonada. Tal como la pesadilla que había tenido Terry, el arma de Chaparro bajó de la frente de Candy hasta su bajo vientre, donde se formaba su bebé y el horror que vivió y sintió en esos momentos no pudieron compararse con nada. El grito tanto de Stella como de Candy rompía el alma, Richard cerró los ojos temiendo lo peor. Otra vez Terry intentó defender lo único que tenía en la vida para ser feliz. Impulsivamente y de un golpe le quitó la pistola al que lo sostenía y que no perdía oportunidad de golpearlo y lo mató con su propia pistola de un tiro directo al corazón, el otro reaccionó y Terry recivió un tiro en el brazo que le causó bastante dolor, aunque agradeció la mala puntería del tipo y lo mató sin pena ni gloria de varios tiros en el corazón y la cabeza. Chaparro no intervino porque quería a Terry vivo, pensaba matar a Candy de todas formas y además su lado sádico disfrutó verlo matar a sus dos hombres que los consideró inútiles de todos modos. Los gritos de las tres mujeres por los disparos eran terribles y la pobre Louise lloraba más aún, pues debido a la ceguera no sabía quién había matado a quien y su desesperación era mayor.

-Tu problema es conmigo, Chaparro. Déjalos ir. Mátame si quieres, no me importa. Suéltala por favor.

-Ah... ahora pides las cosas por favor. Tu papi te ha educado mucho, niño, me siento orgulloso. Pero así yo no resuelvo las cosas, ojo por ojo... Me quitaste algo que amaba... es tu turno de perder lo que amas. Quiero que tú y tu patética familia vea como a tu mujercita se le va la vida... Tu bebé... es una lástima... nunca sabrás como sería... si es una niña bonita igual que tu mujercita o un cabrón igual que tú... quiero que vivas con eso, Terry. Puede que mi sobrina y el hijo que ella también espera por desgracia tuyo te consuelen.

A pesar de su temor, Candy miró a Terry con un resentimiento que le dolió. Terry no había sido sincero con ella y al parecer había dejado alguna desgraciada embarazada.

-No sé de qué maldita sobrina estás hablando, no me he metido con nadie de tu familia y mucho menos he dejado embarazada a nadie.

Terry no entendía nada, nadie entendía. Hasta que ella hizo su acto de presencia y de pronto todos entendieron.

-Hola, Terry... nos volvemos a ver, cariño...

-¿Tú? ¿De dónde sacas que estás embarazada de mí si nunca te he tocado, maldita perra infeliz?

El asco y la rabia con que Terry miró a D'laine la hirieron el orgullo aún en esas circunstancias, ni estando su vida de por medio él cedía ante ella. Los ojos de Richard brillaban y echaban fuego por la sorpresa y el odio inmenso que de pronto sentía por la joven a quien tanto había ayudado y que nada tenía que ver con sus padres que eran personas honradas e íntegras.

-No te hagas el tonto, cariño, no te va, ¿olvidaste cómo abusaste de mí en los matorrales?

Terry no podía creerlo hasta donde llegaba el descaro de esa mujer. Definitivamente estaba loca, pero lo que más le dolía era la duda y el desprecio en los ojos de Candy, dos sentimientos que estaban dirigidos únicamente hacia él, mientras que en los ojos de su abuela y madrastra había pura decepción porque la duda también había sido sembrada en ellas. Los dos hombres de Chaparro que quedaban aprisionaron más a Stella y a Louise cuando estás hicieron un movimiento por la impresión al escuchar un disparo, pero este fue dirigido a la pared en donde Chaparro acorralaba a Candy que no había parado de llorar.

-De las mujeres de mi familia no se burla nadie, Terry... te harás cargo de mi sobrina... Despídete de tu mujer...

Terry habría querido dispararle hacía rato a Chaparro, pero tenía a los dos hombres de él apuntándole y tampoco quería poner en riezgo las vidas de su pobre abuela y madrastra, en incluso su padre que a penas había comenzado amar. Pero ver como no dejaba de enterrar la pistola en la barriga de Candy lo ponía entre la espada y la pared. Se escuchó que venía la policía y eso puso nervioso a Chaparro y sus hombres y les dio un poco de esperanzas a la familia. El horror llegó a los ojos de todos cuando Chaparro se dispuso apretar el gatillo, Terry no lo pensó dos veces y le disparó, aunque con eso lo arriesgara todo. No podía dejarla a ella y a su hijo morir, que Dios lo perdonara. Le disparó sin parpadear a quemarropa, hasta que la pistola se quedó si balas y aún sabiéndolo muerto le había seguido disparando ante la mirada en shock y aterrada de Candy que lo vio desplomarse a sus pies. Los dos hombres de Chaparro de pronto no tuvieron tiempo de hacer nada porque la policía ya había entrado en la casa.

-¡Maldita infeliz! Como te odio, perra mocosa.

Al ver a su tío muerto, D'laine se le abalanzó encima a Candy, pero dos policías se la quitaron de encima y la esposaron. También había llegado una ambulancia que se llevó a las tres mujeres y a Terry a recibir atención médica mientras la policía seguía ocupándose del asunto y los interrogarían a todos. Tom había llamado a la policía cuando siguió a D'laine luego de verla hacía un par de días en compañía extraña y merodeando por los alrededores de la hacienda. Agradeció haber tenido consigo su celular y sobre todo que a señal se portara bien. El infierno había pasado ya.

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Dos meses después

Candy estaba acurrucada en los brazos de Terry y acariciaba con ternura la cicatriz en el brazo de Terry que había recivido el tiro.

-Lo siento tanto, mi amor.

-No te preocupes, tal vez me haga otro tatuaje. Quiero uno con el nombre de mi hijo.

-¿Más tatuajes, Terry?

Se lo dijo con mirándolo con reclamo, pues Terry ya tenía varios y ella no quería que se hiciera más. Él le dio besos a su barriga de cinco meses que se encontraba redondita y hermosa, pequeña, pero bien formadita y bella. Ella se veía preciosa y había engordado un poquito con los cuidados de Stella y los de Louise.

-Ya me hice uno con tu nombre... ahora quiero uno de mi otra pecosa o pecoso.

-Hablando de eso... hoy tengo una cita, sabremos esta vez su sexo, mi amor.

Candy se acordó de pronto emocionada, era temprano en la mañana y no aún no se dignaban en salir a desayunar, pero al recordar la cita de pronto, se alistaron y fueron a reunirse con los demás.

-Hoy están muy mañaneros... ¿A qué debemos el milagro?

Preguntó Stella mientras se apresuraba a servir el desayuno de Candy, que son sólo ver las exageradas porciones de todo que ella ponía en su plato se llenaba con los ojos.

-Hoy sabremos si tenemos un niño o una niña, abuela.

Respondió Candy sonriendo mientras le daba un besito en la mejilla a Louise como todas las mañanas y las noches.

-Eso no importa, de todas formas si sale niño o niña van a seguir intentándolo hasta que tengan ambos. No pretenderán dejar al niño o niña solito por mucho tiempo entre todos estos viejos, no, Señor, tendrán que ponerse hacer el próximo inmediatamente.

-¡Stella! A penas no nace el primero y ya los estás hostigando con el segundo... ¡Por Dios!

Ese espectáculo a la hora de la comida no fallaba, Terry rió y agradeció a Dios, pues había pensado que perdería eso de pronto cuando vio lo cerca que les pasó la muerte.

-Déjala, Richard. Ya Terry y yo hablamos de eso y también queremos más bebés, ¿verdad, mi amor?

-Claro, haremos todo un ejército de pecosos para que los engordes, abuela.

-¡Terry!

-Ya, no peleen. Candy te ves preciosa, cariño. Y tus pecas te hacen ver más linda aún, ¿verdad, Terry?

Louise, como habían indicado los doctores, había ido recuperando la vista poco a poco y usaba unos espejuelos de aumento por el momento en lo que la recuperaba completamente, pero podía apreciar muchas cosas, entre ella, lo bella que era Candy, tal como se la imaginó. Parecía su hija de verdad, a excepción del color de los ojos, pues los de Louise eran marrones clarons, ambas eran rubias y de pelo ondulado, aunque en diferentes tonos de rubio y el de Candy era más ensortijado.

-Claro, ella sabe que yo amo sus pecas, ¿verdad, cielo?

Ella lo miró seria porque su comentario no le hacía mucha gracia, pero el beso que él le dio en la nariz la ablandó.

-Terry... tenemos que irnos, cariño. Ya quiero conocer al bebé.

-Vayan, vayan, luego les daremos nuestras tarjetas de crédito para que vayan a saquear las tiendas.

Les dijo Richard y Louise y Candy sonrieron con complicidad. Candy había querido que ella también los acompañara a ver al bebé, como le habría gustado que lo hiciera su verdadera madre. Ella había tomado bastante agua como era lo indicado antes de la ecografía. Se había vestido bien linda con un pantalón largo blanco de maternidad y una hermosa blusa de manguillos en color lila, parecía una muñequita con sus mejillas más rosaditas y sus delgados brazos ahora más llenitos. Lucía con orgullo son barriguita pequeña y recogidita, todo el mundo tenía que ver con ella cuando salían y tenía que mantener a la gente a raya cuando querían tocarle la barriga en presencia de Terry que había reservado esa caricia sólo para él. Llegaron al consultorio donde Candy se haría la ecografía y Terry la anotó mientras Candy y Louise veían revistas de bebés, maravillándose de los hermosos niños que mostraban las imágenes. Terry se unió a ellas y se sentó al lado de Candy, paseando por su barriga un pequeño pony de juguete que al parecer alguien había dejado olvidado en la sala de espera. Otras mujeres mayores que se encontraban ahí por diversos motivos los miraban enternecidos, Terry ajeno a esas miradas seguía paseando al pony por la barriga de Candy mientras ella miraba hacia su barriga y sonreía. También sonreía Louise orgullosa.

-Candice Brower, puede pasar por favor.

Ella se paró como un resorte y Terry hizo lo mismo, estaba nervioso y Louise trató de calmarlo. Candy se acercó a la técnica que realizaría la ecografía para hacerle una prengunta.

-Sé que no es correcto, pero... ¿será posible que mi mamá también pueda pasar a ver el bebé? Por favor...

La técnica se conmovió por su petición, no era fácil negarle algo a Candy, pues ella era dulce y encantadora y el estar embarazada resaltaba más esas cualidades, a parte de que a veces pensaban que era menor de edad y eso conmovía más a todos. La técnica buscó con la mirada la aprobación de su supervisor y éste asintió con la cabeza, lo que no sabían era que Terry ya había hablado con él aparte y que cuando vio a Candy, no pudo negarse.

-No se supone, Candice, pero haremos una excepción.

Candy sonrió triunfante y primero entraría ella al pequeño cuartito, luego serían llamados Richard y Louise. Siguió las indicaciones de bajarse el pantalón lo más posible y subirse la blusa y se acostó en la camilla. La muchacha le colocó el típico gel frío en la barriga que hicieron que se le achinara la piel y pasando los sensores por su barriga rápido aparecieron imágenes en el monitor que Candy no podía entener.

-Mira, Candice. Este es tu bebé... su cabeza y piecitos... veamos sus medidas... okay... muy bien...

Candy observaba con lágrimas de felicidad las descripciones de la chica sobre las partes del cuerpecito del bebé mientras que la muchacha escribía en le teclado medidas y otras cosas que ella no entendía y luego soltaba el teclado y seguía pasando los sensores por su barriga con presición. Salió un momento para indicarles al padre y a la abuela que podían pasar.

-Buenos días, papá y abuela. ¿Están listos para conocer el sexo del bebé?

La joven les preguntó alegremente y ellos se apresuraron para confirmar que sí, se habían acomodado para darle espacio de trabajar a la técnica, Terry fue al lado de Candy y le sonrió, ella buscó su mano. La técnica le puso más gel para volver a deslizar los sensores por la barriga de Candy y Terry miraba todo muy serio y curioso.

-Bueno... Esto aquí es su cabecita y eso que se ve ondeando es su cabello, está peludito el bebé. Estos son sus bracitos...

Rieron al ver que el bebé se había tapado la carita con las manos, Candy vio a Terry pelear con un par de lágrimas que amenazaban con salir y en cambio Louise no disimulaba para nada su emoción, la chica les siguió explicando.

-Aquí están sus piernas y bracitos... miren, está con sus piernas muy abiertas, que sinvergüenza. Estos son sus deditos de los pies... Bueno... vamos a lo que quieren saber ahora... ¿Ya tienen los nombres que le pondrán?

-Sí.

Terry respondió con orgullo y Candy le sonrió, adoraba su arrogancia aunque le fastidiara muchas veces. Le comunicaron los nombres a la joven y ella se quedó excéptica hasta que finalmente habló.

-Entonces, familia, Amy les dice hola.

-¡Una niña! Tenías razón, mi amor. Vamos a tener una niña.

La niña parecía Candy gritando emocionada y finalmente las lágrimas de Terry salieron sin problemas. La abrazó y la besó, ella lloró de alegría junto a él. La chica se emocionó al ver sus reacciones y deseó ver la misma emoción en su novio cuando ella le dijera que estaba embarazada también, lo dudó y tuvo ganas de llorar también, pero ella era una profesional y no iba a mostrar esas emociones frente a sus pacientes.

-La niña más consentida de todas será esa. Deja que lo sepa tu padre, Terry.

Luego que salieron del cuartito se abrazaron los tres y Terry estaba tan emocionado que no le importó ir de compras con esa dos mujeres, sobre todo si se trataba de su hija a la que ahora Terry amaba más todavía.

Continuará...

¡Hola niñas lindas! Espero que les haya gustado este capítulo. Mil disculpas por la tardanza, es que andaba un poco corta de inspiración, las ideas habían abandonado mi mente por un buen rato, pero ya estoy de vuelta y espero poder actualizar más seguido.

Quiero darle la bienvenida también a mi primer lector masculino, Joe, gracias por seguirme y atreverte a dejar tus reviews en medio de todas estas mujeres.

Chicas, sean amables con Joe y háganlo sentir bienvenido, pues para mí es un honor que un hombre siga mi historia.

Bueno, contestando la pregunta de una chica sobre como se conocían Albert y Candy... pues en el cap 4 si no me equivoco, ese en que Candy, molesta con Terry por lo mal que había salido el primer beso que se dieron por la noche, se fue muy temprano a la universidad con Archie y luego en un receso de la universidad en en que se encontraban Candy, Patty y Susana en la cafetería, no sé si recuerdan que él se acercó y las saludó porque las conocía y ellas le reclamaron que las tenía abandonadas, luego de eso al finalizar las clases mencioné que luego Albert había llevado a Candy a su casa para luego irse a ver a Karen..., bueno así era que se conocían.

Este ha sido un capítulo agridulce, pero terminó bien, espero que de verdad les haya gustado, me lo dejan saber con un review.

Las quiero, y a ti, Joe.

Wendy

Canción de Archie y Lizette: "A medio vivir" Ricky Martin