Tu mayor tentación

Por: Wendy Grandchester

Capítulo 12 La magia del amor

Había pasado otro mes desde que Candy y Terry supieron que tendrían una niña y todos, incluyendo doña Stella estaban super emocionados. Todo era alegría y tranquilidad en la hacienda. Candy y Terry estaban más compenetrados que nunca y a Candy la habían engreído de tal manera que Terry le daba la comida sentada en su regazo y Louise la peinaba todos los días, Stella se pasaba las tardes horneándole toda clase de postres y Richard iba al fin del mundo a conseguirle cualquier cosa que ella pudiera necesitar o antojarse, decía que para su nieta sólo quería lo mejor, la niña no nacía y ya tenía su propio pony al cual Tom ya estaba domando y adiestrando para cuando Amy pudiera montarlo. La habitación de la niña ya estaba completamente lista, Candy decidió que tenía que decorarse de "My little pony" y Terry, quien sabía dibujar muy bien, debido a que en su antigua vida también hacía tatuajes, hizo un hermoso mural en todas las paredes con todas las hermosas ponys de la serie. En una delicada herradura que le puso a una de las pony le escribió en elegante y delicada caligrafía Amy Grandchester. Candy no tenía permitido observar a Terry trabajar por el olor de la pintura, así que sólo se asomaba de vez en cuando, ganándose los regaños de Terry hasta que por fin terminó. Decidió darse un baño luego de sacarse toda la pintura posible que le quedó y Candy lo acompañó.

-Mi amor, la pintura era para las paredes, no para que te bañaras con ella.

-¡Ay sí! Hazte la graciosita ahora, malagradecida. Mi hija tiene el cuarto más hermoso, gracias a mí.

Terry se señaló a sí mismo con el dedo pulgar con su natural arrogancia y Candy se le acercó para darle un besito y abrazarlo, a Terry le pareció gracioso ver como su panza de seis meses chocaba con su adbomen plano y duro.

-Haz hecho un excelente trabajo, mi cielo. Estoy orgullosa de ti. Espero que a Amy le gusten los caballos...

-Claro que le gustarán, si será igualita a ti, además aquí crecerá entre ellos, lo raro sería que no le gusten.

Terry comenzó acariciar a su hija mientras le hablaba y luego poco a poco fue deshaciendo a Candy del sencillo vestidito estampado que tenía y cubriéndola de besos hasta que la dejó en ropa interior y se maravilló. No importaba en qué cirscuntancia ella se le presentara, siempre le parecía hermosa. Su carita seguía viendose delicada y sus mejillas sonrosadas, había engordado un poquito, lo cual la hacía ver más hermosa, pues había estado muy delgada. Su pancita era perfecta y redondita, aunque estaba ya bastante grande y sus pechos estaban llenos y redondos. Él la miraba de arriba abajo y la acariciaba, ella se abochornó un poquito y bajó la mirada.

-Terry... no me mires.

-Estás hermosa, mi amor. Te ves muy linda, mucho más que antes. Me encantas así.

Terry la atrajo hacia él y la besó mientras sus manos permanecían delicademente en su cintura. Ella le devolvía el beso con ansiedad y devoción y aferró sus manos a las caderas masculinas para pegarse más a él y tocar su torso tan duro y perfecto. Con su lengua Terry comenzó a recorrer su oreja y descendió a su cuello, ella echó la cabeza hacia atrás para que él tuviera plena libertad de él. Después de un rato de verla retorcerse de placer, su boca comenzó a perderse en sus pechos, besándolos le despojó del brassier para dedicarles toda la atención por un momento. Ella excitada comenzó acariciar la erección de él a travez del jean y se lo comenzó a desabrochar hasta que se lo bajó completamente.

-Terry... no sé si esto sea normal, pero te deseo tanto...

-No más que yo, cariño. No sabes cuánto tiempo llevo queriéndote hacer esto.

Terry le apretó el trasero y la pegó a él y ella pudo sentir su dureza en la piel. Él metió sus manos entre las bragas de ellas para acariciarle las nalgas y luego palpó su centro haciendo que ella gimiera. Ella también lo tocaba y la forma provocadora en que comenzó acariciarlo ahí también hacía que él gimiera y comenzara a perder el control de vez en cuando. Había algo especial que envolvía a Terry y la admiraba, como un regalo precioso que no se atrevía abrir. Nunca se la había encontrado más bella, su pelo esparcido, sus brillantes ojos que a veces no podían sostenerle la mirada, esa permanente inocencia que le robaba la calma. Se había enamorado de su silueta y del milagro que en ella crecía. Todo en ella le parecía hermoso y perfecto y nunca había dejado de desearla. Dejó que ella le terminara por sacar la camisilla para que ambos estuvieran inguales. Candy lo besó a él de la manera apasionada que él le había enseñado luego de maravillarse también con su cuerpo varonil, con esa cara tan masculina y perfecta y esos ojos que la quemaban cada vez que se veía en ellos. Sus fuertes brazos que la habían cargado tantas veces desde que tenía memoria, sus piernas firmes y varoniles, ese torso y ese adbomen tan plano y formado que terminaba en una "V" donde empezaba aquello que la enloquecía y excitaba por lo abultado que estaba. Siempre había sido él, nació para estar junto a él, era un amor que ya estuvo escrito.

-Te amo, Terry. Nunca olvides eso. Eres el único para mí.

Ella le rodeo la cintura con sus brazos y fue quien comenzó a besarle el cuello poniéndose en puntitas y él se bajó para darle mejor acceso hasta que la excitación pudo más y sus dedos iniciaron su juego en su interior, paseaban escurridizos por su humedad. Como ella se encontraba en su cuello, el gemido que él le provocara le sonó claro y perfecto en el oído haciendo que la alzara del suelo y la besara con pasión.

-Yo te amo más que a nada en mi vida, siempre te he amado. Mi niña hermosa, siempre has sido tú el centro de todo. Siempre has sido mía. Quiero que lo seas ahora y siempre.

Ambos se quitaron la ropa interior que faltaba y Terry se sentó en la cama con ella a horcajadas. Estaba tan excitada que Terry entró en ella con facilidad. Sus besos eran los más dulces, había una mágica ternura y dulzura que los envolvía y ni ellos mismos lo entendían. Sólo se dedicaron a danzar entre caricias y palabras de amor acompañadas por sus gemidos y sus respiraciones entrecortadas. Nunca habían hecho el amor de esa manera, siempre fueron ardientes e intensos, pero ahora ese ritmo pausado hacían que se conocieran nuevamente de una forma que nunca antes lo habían sentido.

-Quiero estar así por siempre contigo, Terry. No quisiera que esto terminr nunca.

El ritmo aumentó al igual que la excitación de ambos, haciendo que se me movieran con más ímpetu y la delicadeza pasó a ser un vaivén ardiente y un concierto de gritos apasionados. Terry ahogó el ruido besándola intenso mientras seguía moviéndose en su interior, hasta el beso que se daban era sofocante.

-Siempre estaremos así, esto no va a terminar nunca.

Al decir eso él la embistió más fuerte y esa vez nada ahogó su grito ni evitó que pronunciara su nombre.

-Terry... es... ah... está divino... nunca... ah... lo había sentido así.

Ella hablaba con dificultad y sus ojos parecían no tener simetría, se habían desorbitado y sus dientes parecían aprisionar sus propios labios, todas esas reacciones estaban llevando a Terry al delirio.

-Yo tampoco, mi amor. Todo lo voy aprendiendo nuevamente contigo. Si sigues moviéndote y gritando así...

Candy parecía haber tomado el control y comenzó a moverse fuerte y rápidamente sobre él, se arqueaba hacia atrás y gritaba. Él la presionó para llegar más dentro si fuera posible. Los gritos de ella no permitieron continuar más, no cuando la vio temblar y perder el balance con su orgasmo, tuvo que alcanzarlo él también y deshacerse por completo en su interior. Se echó hacia atrás y se recostó colocándola a ella de lado y cobijándola en sus brazos.

-Estuvo increíble, Terry.

-Siempre. ¿Quieres darte un bañito?

-¡Sí!

Juntos fueron a su baño personal y llenaron la tina de agua tibia. Terry esperó a que ella le echara todo lo que se le ocurrió para hacer espuma, fragancia y terapia de no se qué, pero Terry la dejó. Se rió porque cuando Candy se recostó y se sumergió su barriga sobresalía casi completa. Él la echó un poco hacia el frente para quedar detrás a ella como siempre.

-Creo que las dos ya no caben aquí, pecas.

-¡Terry! Siempre tienes que ponerte de grosero en los mejores momentos... ¡Se está moviendo! Mira...

Terry riendo por como ella pasó de un tema a otro sacó la cabeza por el espacio del hombro de ella para ver los pequeños montículos que formaba su bebé moviéndose. Ambos reían porque cuando Terry tocaba el lugar donde se movía otro montículo aparecía por otro lado, como si se mudara molesta por la intromisión.

-A pecosita no le gusta que yo la toque.

-Claro que le gusta, está bailando para ti, mírala.

Terry siguió molestando a la bebé y riendo, estuvo moviéndose por un buen rato para el deleite de ambos. Él seguía acariciándola mientras le hacía cosquillas en el cuello con la boca, la desesperó tanto con las cosquillas que la vio chapalear en el agua.

-Terry...

-Dime.

-Cuando nazca Amy... ¿seguiré siendo consentida?

Terry tuvo que sonreir. No la culpaba, él siempre había llenado a Candy de antenciones desde que nació, siempre había hecho lo que podía para complacerla en todo, al econtrar ahora una nueva familia, tampoco habían dejado de mimarla al extremo. Estaba acostumbrada a eso y al parecer no quería perderlo.

-¿Estás celosa de la niña, mi amor?

-¡Claro que no! Lo que pasa es que seguramente... no me harán caso y...

-Candy... a ti es imposible no hacerte caso, tú siempre serás nuestra niña y nunca dejaremos de consentirte, menos cuando tengas los otros bebés que me prometiste. Pero... no dudo que cuando nazca Amy la atención estará dividida. Esta familia es cortita y creo que no han visto un bebé en muchos años, no podrás evitar que toda la atención se centre en la pecosita. Ella será el centro de todo ahora, cielo. Yo por mi parte voy a consentirlas a las dos, siempre.

-¿Siempre? ¿A mí también?

-Sobre todo a ti, pecas. Tú fuiste mi pecosita primero. Pero... me pongo a pensar... ¿dónde quedo yo? ¿A mí quién me consiente?

Terry puso carita de niño sufrido, pues a pesar de que eran la familia de él, Candy parecía tener la mayoría de cuidados y atenciones. Él era un hombre y no se le dedicaban las mismas ñoñerías que a Candy por su edad y por su eterna niñería e inocencia, además de que estaba embarazada, para ellos esa bebé era oro.

-Terry, todas te consentimos mucho, especialmente yo. Tú eres nuestro favorito. Además Amy tiene preferencia por ti y lo sabes. No la ves dando este baile cuando no es contigo. Louise siempre te abraza y te besa, he tenido que pelearme con ella también por tu cariño y tu abuela te complace todos tus antojos de comida, así que no seas quejón.

Candy se lo dijo con falso reproche, pues no sentía celos de Louise ni de Stella, todo lo contrario, estaba feliz de que Terry hubiera encontrado una familia así, de que ambos la hubieran encontrado, pues los dos estaban solos en el mundo. Luego de darse un poco de cariño y cumplirse sus caprichos, ambos salieron de la tina bañados y refrescados para cenar. Amaban sentarse todos en la mesa, pues en los últimos meses todo había sido paz y alegría, se habían disfrutado de toda la compañía y el embarazo de Candy.

-¡Terruce! ¿Por qué dejaste que Candy se mojara el pelo a esta hora?

Era natural en Stella que recibiera a Terry con un regaño y que le reclamara a él la conducta de Candy como si ella fuera su hija.

-Mamá, por Dios, Candy no es una niña, sabe lo que hace, además tampoco es tan tarde, son las seis de la tarde. Terry no le hagas caso y siéntate.

-¡Esto es lo que faltaba, Richard! Que me desautorices en frente de los muchachos. Terry tiene que cuidar de ella... ¿Y si le da una pulmonía?

-Abuela, no exageres. Candy está perfectamente, ¿verdad, mi amor?

-Claro que sí, abuela, Terry me cuida mejor que nadie.

-Bueno, ya. Ustedes no pueden evitar dar su espectáculo siempre en la hora de la comida. Candy, cuando terminemos yo te secaré el pelo, no es bueno que te acuestes con él mojado, ya estamos entrando en navidad y el clima estás más frío aquí.

Cuando Louise se dirigió a Candy su tono fue más dulce y ella sonrió. Richard y Terry se miraban y ladearon sus cabezas en resignación, Candy siempre era la manzanita de la discordia. Se sirvió la comida y el momento fue muy ameno, siguieron conversando.

-Terry, ¿van a quedarse aquí un tiempo más cuando nazca la bebé o se irán pronto al apartamento?

Preguntó Richard haciendo que todos de pronto se pusieran tensos, pues aunque él y Candy amaban estar ahí, también necesitaban su privacidad y estar totalmente solos y porque sabían que todos estarían interviniendo demasiado en la crianza de la niña.

-¡Claro que se quedarán aquí! No pensarán llevarse a la bebé de aquí...

-Stella, eso es decisión de ellos...

Intervino Louise, pero también había dolor en su voz, se había encariñado demasiado con ellos y tenía ilusión de ayudarla a criar a la bebé.

-Ninguno queremos que se vayan, mamá, pero por favor, déjenlo hablar.

Candy se quedó mirando a Richard sin saber que contestar al igual que Terry que se sentía entre la espada y la pared, tampoco quería irse, pero necesitaban su espacio personal como pareja.

-Bueno, siempre habíamos planeado que Candy pasara su embarazo con los cuidados de ustedes... no habría estado en mejores manos, pero... creo que nos quedaremos unos dos meses más luego que nazca Amy... y regresaremos a casa...

-¿Sólo dos meses? Pero... pensé que nosotras cuidaríamos a la niña... ¿verdad Louise?

Stella buscó apoyo en su nuera, pues se veía lo decepcionada que estaba y casi a punto de llorar, Candy tenía el corazón roto.

-Abuela... a mí también me gustaría quedarme más tiempo, yo amo estar aquí con ustedes, pero... yo tengo que seguir estudiando... tengo planes y aquí no puedo llevarlos a cabo si no estudio, pero... prometo que vendremos al menos dos veces al mes con Amy...

Stella no estaba conforme, nadie lo estaba, nisiquiera ellos mismos. Candy y Terry se miraban uno al otro sin saber que hacer, Richard ya no sabía cómo intervenir, pues también tenía mucha ilusión con la bebé, sería como su otra oportunidad de ver crecer y criar un hijo desde el principio y tenía muchos planes para con su nieta.

-No te preocupes, Candy, te entendemos. ¿Vas a seguir estudiando enfermería?

Stella a pesar de su tristeza, se mantenía comprensiva y son

riente, Terry apretaba la mano de Candy en muestra de apoyo, lo mismo que Richard hacía con Louise, ambos Grandchester tenían más cosas en común de las que imaginaban.

-Siempre me había gustado enfermería, pero en todos estos meses que he pasado aquí y conociendo a la gente maravillosa de este pueblo y sus necesidades... me recordé de lo que realmente me apasionaba... Quiero cambiarme a estudiar para maestra. Había hablado con Terry porque me gustaría tener mi propio colegio... uno completamente bilingüe pero con una mensualidad accesible para las familias de pocos recursos... Quiero que el colegio se ponga aquí... si Richard nos obsequia parte del inmenso terreno... Terry y yo pensamos mandarnos a construir nuestra casa aquí también, estaríamos juntos...

Richard quedó sorprendido ante los planes de Candy. Definitivamente estaba creciendo y madurando y sus ideas eran muy nobles. La idea de un colegio que tuviera como base el inglés y que además fuera accesible para tantos niños que tenían mucho potencial, pero que los sueldos de sus padres no se permitían apoyar sus destrezas, era sencillamente increíble, además con lo conocido y respetado que era Richard en el área, sabía que se colegio no tendría más que éxito. Candy se quedó mirando a Richard expectativa, esperando una respuesta, en sus ojitos brillaba la ilusión.

-Candy, en mi vida me habían propuesto una mejor y más noble idea que la tuya. No tengo que regalarte nada, porque de todas formas todo esto es de ustedes. Cuando termines de estudiar, posiblemente ya el colegio esté terminado, dalo por hecho.

Candy casi brinca de alegría y los demás sintieron un poco de sosiego al ver que tenían planes de quedarse allí aunque para eso faltara un poco, pues Candy tendría que estudiar al menos cuatro años de universidad.

-¿Y quién va a cuidar de Amy mientras ustedes están fuera? Además... dijeron que iban a tener más bebés... no sé cómo harán para...

-Abuela... la señora de servicio de nuestro apartamento se ofreció, es muy buena persona y tiene experiencia con los niños, ella se encargará de Amy. Sobre los otros bebés... bueno, sí queremos tener más, pero nos quedaremos sólo con Amy al menos dos años, recuerda que Candy tiene dieciocho años, no es justo que le deje tanta responsabilidad de golpe y que también tenga que estudiar, hay que dejarla que se acople primero a la bebé y a lo que será su nueva vida.

Stella comprendió aunque no quedó muy conforme, ella quería ver la casa llena de niños jugando y ahora resultaba que Candy y Terry querían tomárselo con calma.

-Tranquila, abuela. Yo quiero encargar más bebés al igual que tú, sólo que queremos disfrutarnos un poquito más a Amy antes de, además nos queremos casar y quiero lucir bien para que el vestido me asiente, no quiero casarme con una barriga enorme.

-En fin abuela, ya me conoces, eso lo decimos de la boca para afuera, no creo que yo deje en paz a Candy mucho tiempo, seguramente encargamos al segundo tan pronto pase la cuarentena.

-¡Terry!

Mucho había durado él en salir con una de las suyas y Candy se puso roja de la vergüenza mientras los demás, incluyendo a Stella y al mismo Terry morían de la risa.

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Albert y Annie habían decidido andar oficialmente como novios, pero aún había ciertas cosas que los empañaban en su comienzo, pero que ambos contaban con la madurez de seguir adelante e intentarlo concientes de que no sería todo color de rosas. Ella aún tenía muchas dudas y en múltiples ocaciones se hallaba a la defensiva y también tuvieron que lidiar con ciertos acosos por parte de Karen que le había dado por estar llamando a Albert y dejarle mensajes, como último se les había aparecido en la casa arruinando así un momento especial de ellos, razón por la cual habían decidido que cuando estuviera juntos se quedarían en el apartamento de ella y la misma Annie se encargó de cambiarle el número de teléfono para que Karen no los molestara más. En todo lo demás iban bien, a ella le iba bien en su trabajo y a él ni se diga. Tuvieron una actividad por el día de acción de gracias y ellos pudieron compenetrar más con Terry y Candy, lo mismo que con Eliza y Stear, se volvieron un grupo sólido a pesar de las circunstacias.

-Annie... no tienes por qué seguir soportando esto, pagas bastante y lo menos que mereces es vivir en lugar en condiciones. Si a él se le olvida hacer las reparaciones, por qué no olvidas tú pagarle entonces...

Albert se refería a la enorme gotera del techo del pasillo de su apartamento en la que Annie tuvo que extender una toalla para que no se resbalaran, pues Noviembre había traído mucha lluvia y en ocaciones ella desprevenida había resbalado.

-Ya no sé de que otra forma decírselo, Albert. De todas formas mi contrato vence el próximo mes, cuando me devuelva la fianza me mudaré a otro apartamento, ya tengo visto varios en unos lugares un poco más exclusivos que éste.

A Albert le gustaba su independencia aunque a veces le dolía, pues en muchos aspectos no lo dejaba entrar del todo en su vida, no le pedía ayuda y la aceptaba cuando ya no le quedaban opciones. Le gustaba que fuera autosuficiente y de decidida, pero a veces lo era tanto que sentía que su relación nunca pasaría de ese nivel y él en un futuro quería una vida diaria con ella, convivir y formar una familia, la actitud defensiva de ella hacía que esa oportunidad se viera cada vez más inalcanzable.

-Annie... sabes que puedes irte a vivir conmigo si lo deseas... yo no voy a exigirte nada... no tienes que pagarme nada...

-Albert... yo te agradezco tus intenciones, de verdad las aprecio mucho, pero... a mí me gusta resolver las cosas por mi cuenta. Disculpa... aún estoy en proceso para poder confiar otra vez... no estoy acostumbrada a que me quieran ayudar o a que me quieran en su vida de una manera definitiva... lo siento, esta vez no quiero cometer errores...

Otra vez la negativa de ella lo golpeó, no había manera de sacarla de ahí y a él ya no se le ocurrían más formas de convencerla de que él la quería de verdad y que nunca la dejaría pasar necesidades, le dolía que no pudiera confiar en él y a ella también le dolía, sabía que era diferente con él, pero su corazón estaba tan lastimado que se le hacía imposible ceder.

-Sabes, Annie... yo entiendo que estés lastimada y que con lo que has vivido quieras protegerte, no lo veo mal, pero... yo sí sé lo que quiero, lo que espero y pensé que tú querrías lo mismo... yo pensé que querías a tu lado alguien que te amara y aceptara, que quisiera un futuro contigo, hijos... alguien que te ofreciera mucho más de lo que tú misma estás dando... pero cada vez... en vez de mirar hacia adelante... te veo retrocediendo más. Creo que no debimos empezar si tú no te sentías segura. Debí darte más tiempo, lo siento. Cuando te conocí sólo te quise para mí y me olvidé de lo demás. Aún tienes muchas cosas que superar y yo... si lo deseas, puedo darte ese espacio...

A Albert se le hizo muy duro tener que pronunciar esas palabras, pero tenía que ser realista, esas palabras le dolían más a él que a ella, pero no podía ponerse una venda y cerrar sus ojos a la verdad como había hecho con Karen, si ella no sentía lo mismo, él no seguiría hacia adelante, no seguiría invirtiendo en fracazos. Si ella se sentía muy aprisionada, él la dejaría en libertad. Annie miró a Albert intensamente con sus ojos azules aguados que parecían el mismísimo mar, sabía que él tenía razón, pero no lo podía evitar. Sabía que dejaría escapar una gran oportunidad de sus manos y que se arrepentiría después. Quería confiar y lanzarse de pecho, pero no podía.

-Albert... yo creo que tienes razón... no estoy lista para ti, lo siento... yo creo que te he hecho perder tu tiempo... yo... no te preocupes... yo soy la que te deja libre para que puedas encontrar a alguien que te merezca...

Ya no pudo mirarlo más a los ojos y rompió a llorar desconsoladamente esperando su destino. No quiso mirar para cuando él abriera la puerta y se fuera y la dejara sola. Cerró los ojos y los apretó mientras las lágrimas seguían bañando su rostro.

-Annie... yo no quería esto... por favor no llores, yo no estoy dejándote... sólo que yo también necesito sentirme seguro, ya no puedo seguir apostando por lo que no quiere funcionar. Yo también he sufrido... sólo te estoy diciendo que te daré tu tiempo para que puedas descubrir lo que quieres esperas... si tú no quieres seguirme yo no podré seguir caminando delante de ti. Lamento no haberme podido ganar tu confianza... ojalá puedas superar todo el daño que te han hecho... aunque no sea conmigo.

-Está bien, Albert, no es necesario el tiempo, puedes irte tranquilo. Vete ya y no me mires... encontrarás alguien dispuesta hacerte feliz... eres especial y muy guapo, no durarás mucho tiempo disponible... lo siento... te quiero mucho, de verdad... pero... no sé cómo demostrártelo... no sé ni puedo dejarme llevar. Vete tranquilo.

Ella se había partido en dos y le dio la espalda aferrándose de la pared, no iba a soportar verlo partir y sobre todo porque era conciente de la estupidez que estaba haciendo, pero al mismo tiempo no hacía nada por impedirlo, quería, pero ni su mente ni su cuerpo respondían. A él lo había quebrado verla en esas condiciones, nunca pensó que eso pasaría, pero escuchó que ella le dijo que lo quería, nunca se lo había dicho, ni en los momentos más íntimos y se lo soltó precisamente en esos momentos. Ella había pegado su frente a la pared y veía como sus lágrimas iban cayendo en sus pies, había tanto silencio que nisiquiera escuchó la puerta abrirse y cerrarse cuando él se fue. Supo que era el fin y que ya no tendría más esa mirada de cielo que con tanto amor la miraba, que esos brazos fuertes y cálidos nunca más la sostendrían y que su boca nunca más le daría los dulces besos. Soltó un grito agudo de dolor y soledad. Nunca se había arrepentido de algo tan pronto y deseó tanto no haberlo dejado ir, lo deseó de tal manera que soñó despierta que sus brazos la abrazaban y protegían contra el mundo, imaginó su aliento cerca de su cuello y lloró con más angustia porque sabía que eso nunca volvería. Soñó con él abrazado a su cintura para que no se fuera, no quería abrir los ojos para no estrellarse con la realidad, no quería enfrentar las consecuencias de su decisión.

-Sabes que no puedo irme, Annie. No puedo irme sin ti. Creo que vas a tener que cargar conmigo para siempre, lo siento... si me voy tú vendrás conmigo.

Ella se volteó y estuvo frent así finalmente pudo creerlo, que no estaba soñando despierta, él nunca se fue y los brazos que se enroscaban en su cintura eran los de él. No se había ido, había permanecido a su lado.

-Albert... yo pensé... pensé que...

-¿Que me iba a ir corriendo en la primera oportunidad? Pensaste muy mal.

-Pero... es que...

-Es que nada, recoge tus cosas que nos vamos.

Ella sonrió entre lágrimas y esta vez no dudó ni se puso con pendejadas, buscó dos maletas y empacó todo lo que pudo. Al día siguiente se comunicaría con el dueño del apartamento para decirle que lo dejaba. Albert la ayudó y le prometió que al siguiente día vendrían por las otras cosas que le interesaran. Se fueron directos a su nueva casa, donde empezaría la verdadera aventura.

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-¿No te pesa, mi amor?

Le preguntó Terry a Candy refiriéndose a su enorme barriga una tarde sentados en el balcón luego que hubiera pasado otro mes. Se veía graciosa con un short de algodón una camisilla de maguillos pegada, pues ese día había sido caprichosamente soleado y caluroso.

-No, no me pesa. La que pesa soy yo. El doctor dijo que aumenté cinco libras este mes.

-¿Y eso es bueno o malo?

-Pues... bueno, en mi caso, dijo que yo estaba muy bien y que me habían asentado bien las libras.

-¿Y por qué te dijo eso?

Candy había contestado muy contenta y orgullosa, pero Terry no interpretó lo último de buen agrado. Sintió celos de que el tal doctor le haya dicho que se veía bien y más porque Terry sabía lo que hacía ver muy bien a Candy y no era precisamente por haber engordado un poquito, sino las partes de ella que engordaban. Además su doctor era joven y eso era razón de más para que Terry lo odiara.

-Y yo qué sé por qué lo dijo, Terry. Tal vez porque me preocupé que el sobrepeso me fuera hacer daño a mí o a la niña.

-Pues me avisas, porque sino al doctorcito lo enderezo rápido.

-¿En serio, Terry? Eres increíble. ¿Piensas que le interezco a alguien así? ¡Por Dios! ¡Mírame! Sólo falta que me tatúe tus iniciales en esta panza.

Terry a pesar de su ligera molestia se comenzó a reir por la ocurrencia de Candy y por lo graciosa que se veía molesta y de pie caminando con su panzota como un pingüino. La mandó a sentarse y sacó una caja que llenó a Candy de curiosidad.

-Aún así, pecas, no quiero que te miren, eres mía. Y Amy también.

Le declaró y le alzó la camisilla para besarle la panza. Luego la mandó a ponerse de pie nuevamente y que se pusiera de frente a él mientras él se sentaba quedando ella entre sus piernas y comenzó a sacar varios frascos de la caja mientras examinaba su barriga.

-Terry... ¿Qué piensas hacer?

-Ya lo verás. Mantén tu camisilla levantada.

Terry comenzó a preparar sus pinturas especiales y con un pincel comenzó a pintar en la barriga de Candy, ella no podía apreciar bien lo que era porque él había empezado muy abajo y entre sus pechos y la panza no podía ver bien.

-Terry... el pincel me hace cosquillas... jajajaja.

-No puedes moverte ni reirte, pecas, lo arruinarás.

Él seguía consentrado en su obra de arte y cuando Stella y Louise se asomaron averiguar, él les hizo una seña para que no comentaran sobre el dibujo y mantener la curiosidad de Candy hasta casi el final. Con la mano les indicó que se fueran y Richard que se había asomado también se echó a reir.

-Terry, ya estoy cansada de estar de pie... ¿Te falta mucho?

-Ya falta poquito, no te desesperes, sólo déjame firmarlo y podrás verlo.

En cinco minutos más Terry hubo terminado y llevó a Candy al espejo que había en el pasillo para que pudiera ver bien como había quedado su barriga.

-¡Wow! Terry me encantó. ¡Que linda!

Terry había usado la panza de Candy para convertirla en una cara de una bebé llorando mostrando un solo diente de lado y de sus ojos azules apretados salían delicadas lágrimas. Le pintó una pelusita rubia en la cabeza y un lazo rosado y en sus cachetes pintó pecas y al final se la firmó. Candy tuvo que llorar y salió casi corriendo hacia los demás para mostrarles.

-Abuela, Richard, mamá, miren...

Todos se echaron a reir ante la cara llorona que Candy mostraba.

-Es muy precioso el detalle, Terry. Simplemente fantástico.

-Gracias, Louise. Pero Candy se movió y se quejó tanto que pensé que no saldría.

-Terruce... esa pintura... ¿No habrás usado...?

-Tranquila, abuela, es una pintura especial para la piel, se sale con agua.

Terry puso cara de fastidio porque ya su abuela le iba a salir con algún sermón sobre cómo tenía que cuidar a Candy. Rápido buscaron la cámara y sacaron casi un millón de fotos de ella sola, de ellos dos y de ellos con toda la familia. Se divirtieron bastante. Luego sirvieron una merienda y Candy luego sintió un poco de sueño y se retiraron para dormir una siesta, especialmente Terry que había llegado super agotado de trabajar.

-Terry... me siento tan feliz aquí. Tengo tanto por agradecerte... me has dado una familia que me adora... a mi bebé y tu amor... soy muy feliz.

Ella ya había despertado luego de que hubieran dormido dos horas al menos y acurracado con ella él asentía y esta vez paseaba un carrito que se había desprendido de su llavero por la barriga de Candy, lo subía y lo volvía a bajar como si fuera una gran curva y ella reía.

-Yo también soy muy feliz, nunca me imaginé que mi vida podría cambiar tanto en este tiempo. Pero... no sé, tu carita no se ve muy feliz...

-Es que... muchas veces me pregunto por qué a mi papá se la hecho tan fácil desprenderse de mí si antes me quería mucho... es lo único que me queda vivo y no me quiere.

Sus ojos se llenaron de lágrimas al recordarlo en su niñez y la forma decepcionante en que volvieron a encontrarse, fue a reclamarle e incluso la llamó estúpida luego de diez años sin verla. Estúpida por haber aceptado el amor de quien siempre la había adorado y protegido y que seguro la había amado más que él y su madre juntos.

-No pienso que no te quiere, Candy. Al que no quiere es a mí y se aleja de ti porque no soporta que estés conmigo...

-Pero me abandonó mucho antes de que tú y yo estuviéramos juntos, Terry... Más amor me ha dado Richard en el poco tiempo que lo conosco que él en toda mi vida...

-Hay algunas cosas que hay que aceptarlas como vienen, pecas. Yo quisiera que todo para ti fuera perfecto, pero no tengo ese poder. Yo tuve a mi madre conmigo hasta que murió, nunca me abandonó, pero tampoco tuve su cariño ni su amor, fueron muy pocas las ocaciones en que me demostró algún tipo de afecto. Más bien parecía estar siempre molesta conmigo, sentía que no podía equivocarme... no sé, nunca me sentí seguro a su lado.

Terry siempre había estado muy solo y se había sentido rechazado constantemente hasta que conoció a los Brower, quienes al principio fueron una familia sólida y amorosa que lo acogieron como a un hijo más hasta que todo se corrompió...

-Terry... ¿puedo decirle papá a Richard yo también?

-Mmm... está bien, pero recuerda que sólo es prestado, es mi papá.

-No te preocupes, Terry, prometo no robártelo. Terry... hay algo que de verdad no entiendo... ¿por qué mi papá te odia tanto?

Terry estuvo años evitando esa pregunta y ahora llegó en el momento menos oportuno. El odio era recíproco. Terry no sabía si decirle a Candy la verdad que le habían ocultado por tanto tiempo él y Anthony para no lastimar su inocencia y para no empañar más la imagen de su padre ante ella. Recordó ese horrible día y jamás había podido borrar la asquerosa imagen de su mente. Sentía que había llegado el momento de ser sincero con ella, ya no era una niña y merecía conocer la verdad aunque doliera, pues ella siempre había confiado en él ciegamente y él no quería traicionar su confianza.

-Candy... yo creo que sé por qué me odia, bueno al menos puedo decirte por qué lo odio yo.

-¿Tú... lo odias también? Pero... ¿por qué?

Candy se había sentado de golpe, dispuesta a escuchar la revelación y con temor de enterarse de algo aún peor. Terry se sentó también y la miró a los ojos y sostuvo sus manos con las suyas. Era algo difícil, tanto para él como para ella.

-Candy... antes de que Anthony y yo entráramos al negocio... tu padre hacía tiempo que estaba metido hasta el fondo en él e incluso le había robado a Chaparro y aunque esa fuera la razón principal por la que huyó y los dejó a ustedes hay otra cosa que...

La sola mención de ese nombre hizo que Candy temblara al recordar la pesadilla que habían vivido al recordar que casi mueren ellos y su bebé a causa de ese desgraciado.

-¿Mi papá también? Pero... ¿por qué nunca me dijeron nada? Ni tú ni Anthony...

Le reclamó alterándose y poniéndose de pie, pero él la hizo sentarse nuevamente.

-Te entiendo mi amor, pero recuerda que sólo tenías ocho añitos cuando eso pasó, no podíamos explicártelo, además eso le correspondía a tu madre o a él, no a Anthony ni a mí. Cariño, esta no es la peor parte... La verdadera razón por la cual tu padre se fue más decidido y tu madre se hundió fue porque...

Terry no sabía si continuar porque las lágrimas de ella ya comenzaban a correr y eso era lo que él había estado evitando.

-Continúa, Terry... quiero saber la verdad... por favor... ya no me mientan más, no soy una niña...

-Yo sé que no lo eres, mi amor. Bueno, cielo, quiero que entiendas que esto tampoco es fácil para mí y nunca lo he hablado con nadie porque siento una vergüenza y un odio profundo, a parte de un asco que nunca he podido sacarme del corazón.

Terry respiró profundo para armarse de valor, sabiendo que posiblemente le iba a romper el corazón a Candy y que acabaría con cualquier buena imagen que Candy se hubiera hecho de su padre.

-Cuando yo tenía dieciocho años como tú... llegué de mi graduación molesto porque mi madre se fue antes de que terminara el evento y no vio cuando me nombraron en el cuadro de honor, eso sólo lo había hecho por ella, para ver si alguna vez podría sentirse ogullosa de mí y no se arrepintiera de haberme tenido...

Los ojos de Terry se oscurecieron al recordar. Cuando le entregaron el reconocimiento se quedó buscando en la multitud desde la pequeña tarima y vio su silla vacía, recibió su premio solo y vio como la maestra que se lo obsequiaba lo miraba con lástima, ella y todos los presentes, pues nadie vio ni un padre ni una madre orgullosa de recibir el premio junto a su hijo. Cuando la ceremonia acabó Terry llegó a su casa más que molesto y con una desilusión profunda, su decepción era inmensa. Pasó por la sala y la cocina y no había ni rastro de ella, pero sabía que estaba ahí, su carro en la marquesina lo confirmaba. Como vivían ellos dos solos en la casa, fue directamente a su habitación y abrió la puerta sin llamar dispuesto a reclamarle, pero su cara casi se cayó cuando vio la escena que se presentaba ahí. Ver a su madre desnuda y cabalgando encima del padre de Candy como una desquiciada fue más de lo que pudo soportar. Les cerró la puerta de golpe y quiso salir corriendo de ahí. Su madre no se tomó la molestia en salir detrás de él, pero George tuvo un poco más de desencia e intentó hablar con él, Terry lo recibió con un puñetazo que lo lanzó al suelo y en ese momento entraba Anthony que había pasado a buscarlo sin imaginar que encontraría ahí también a su padre y cuando Terry le explicó en rudas palabras la razón del por qué estaba ahí, el mismísimo Anthony sintió ganas de matarlo a golpes.

-¿Qué? Eso sí que no puedo creerlo, Terry. ¿Cómo tú pudiste ocultarme algo así por tanto tiempo? ¡Me has mentido!

-Cálmate, linda, te dije que esto no iba a ser fácil, pero tienes que entender que...

-¡Que me han engañado! Todos ustedes son unos mentirosos, tú, Anthony, mi papá. Llevas diez años callándote todo...

Terry no podía creerlo, siempre que intentaba hablar con ella y necesitaba su apoyo y comprensión salía todo mal, ahí estaba ella juzgándolo al igual que todos.

-¡Candy! Deja de gritar como una histérica y escucha por qué no te dije que...

-¡No quiero escucharte! ¡No quiero que tú me toques!

Le gritó con los ojos inyectados de dolor y retrocedió cada vez más como poniendo una barrera entre los dos y se dirigió a la puerta.

-¡Candice! Ven aquí, no hemos terminado de hablar.

Candy abrió la puerta y salió despavorida pasando por el lado de Richard y las dos mujeres que la miraban perplejos y más adelante vieron a Terry detrás de ella en jeans, pero sin camisa.

-Pero bueno, ¿qué es lo que pasa? ¿Ustedes no pueden sobrevivir un sólo día sin armar un escándalo?

-Lo que pasa, Richard es que tu hijo es un mentiroso.

-Candy, deja de gritar, ¡por Dios! Terruce, ¿qué le hiciste esta vez?

Preguntó Stella que siempre parecía ir a favor de Candy, pero en el fondo era su psicología inversa para apoyar a Terry aunque él pocas veces lo captaba.

-¡No le hice nada! Lo que pasa es que nunca ha dejado de ser una niña, eso es lo que pasa.

-Chicos, tranquilos, seguro que todo tiene una solución... Candy... te he dicho que tienes que escuchar antes de salir impulsivamente como siempre y luego arrepentirte...

Louise trató de imponer la paz como siempre, pero si algo habían aprendido era que lo mejor era decirles todo lo contrario a lo que debían hacer, pues eran tal para cual, tercos como mula, en especial Candy que parecía no aprender su lección.

-Lo que sea, más vale que lo resuelvan rápido, no van arruinarme mi cena esta vez.

-¡Todo es culpa de Terry, abuela! ¡Por mentiroso!

-¡Ya deja de llamarme así! ¿ No querías que te dijera la verdad? Pues ahí tienes la verdad. No es mi culpa que tu padre sea un...

-¿Y tu madre qué?

Todo se estaba saliendo de control y nadie entendía nada, no tenían ni la más mínima idea de lo que se estaban reclamando.

-¡Ya basta! Candice, tranquilízate, ¿o es que quieres parir antes de tiempo? Y tú, Terruce, ve a ponerte una camisa y se me sientan los dos a comer. Ya está bueno.

Richard ahora era el que estaba furioso, ya no sabía que más hacer con esos dos. Todos los días había una discordia. Terry se fue maldiciendo hacia el cuarto y se puso una camisa y Candy se sentó en la mesa con los brazos cruzados en gesto prepotente ganándose por primera vez un buen regaño por parte de Louise. Terry quería largarse de ahí, pero no quería faltarle el respeto a su padre en su propia casa, no después de cómo ellos se habían portado con él y Candy. Terry se sentó a propósito al lado de Louise y Richard dejando vacía la silla al lado de Candy y pretendió nisiquiera mirarla durante la mesa.

-Lo siento, yo no tengo hambre, voy acostarme.

Dijo Candy poniéndose de pie groseramente, pero Stella la paró en seco.

-Candy, nisiquera has tocado tu comida, no puedes acostarte sin cenar, además... tú me pediste este asopao, así que mira a ver como te lo comes...

-Lo siento, abuela, pero se me quitó el hambre, guárdamelo, por favor, me lo como mañana.

Intentó irse nuevamente abandonando la cena, pero...

-Hazme el favor, te me sientas ahí y te comes toda la cena.

Terry desde su lugar le habló con total autoridad y la miraba retadoramente con la intensidad de sus ojos azules. Los demás se quedaron callados porque sabían que muchas veces Candy necesitaba esos jamaqueones.

-Dije que no tengo hambre y no tengo por qué seguir tus órdenes. Con el permiso.

De pie y con la naricita erguida, Candy se dispuso a irse y no había dado la media vuelta cuando ya Terry estaba junto a ella y la sentó nuevamente en la silla ante las miradas de todos que no sabían si permanecer serios o comenzar a soltar la risa por lo graciosos que se veían, aunque Candy y Terry lo menos que querían era reirse.

-Abre la boca.

-No. No tengo hambre y no vas a obligarme a...

Siendo el asopao una comida suave, Terry aprovechó la protesta de ella para meterle la primera cucharada haciendo que casi se ahogara y lo mirara furiosa. Los demás habían abandonado su comida para disfrutar del espectáculo.

-Vamos, abre. Tienes que pensar en la niña, no seas tan infantil.

-Yo soy infantil y tú eres un menti...

Otra cucharada llegó de golpe a su boca y Terry la miró con una sonrisa retorcida de triunfo y burla, como recordándole quién manda, pero su rabia no había cedido para nada.

-Eso es, que buena chica. ¿Está bueno el asopao, amor?

-Terrence eres un imb...

De nuevo, la misma historia y ya los demás no pudieron aguantar más la risa y le dieron riendas sueltas, las carcajadas no se hicieron esperar, pero Terry seguía serio y ella cada vez más endiablada.

-No se habla con la boquita llena, mi amor. Los codos no se ponen sobre la mesa.

Terry se estaba burlando de ella para desquitarse de alguna manera y ella presa del coraje volvió a ponerse de pie pero él la tomó por un brazo la volvió a sentar.

-¡Que ya no quiero más!

-Lo siento, aún te falta la mitad y además Amy debe seguir hambrienta...

Terry le dio la comida entera a la mala y cuando al fin terminó, se fue furiosa a la habitación y Terry tuvo que volver a calentar su comida que se había enfriado. Estaba tan molesto por la actitud de ella que cuando terminó, como aún era temprano, decidió ir a cabalgar un rato, no quería verla a ella en esos momentos.

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Archie había vivido una horrible agonía en el último mes por como sucedieron las cosas con Lizette y desde esa tarde nunca más la había vuelto a ver. La había llamado en repetidas ocaciones y le había dejado varios mensajes, pero ella nunca le contestaba. Él no sabía por qué razón, pero sentía que debía aclarar todo con ella. No estaba seguro completamente de sus sentimientos, pero sí sabía que no la había besado por jugar con ella, la besó porque así lo sintió y también recordó que ella le había correspondido. Todavía podía sentir el sabor de los labios de ella sobre los suyos y la sensación de abandono y desconcierto que vivió cuando ella rompió con el ensueño de aquella manera, alejándolo de su vida una vez más. No pudiendo más con su angustia, fue a buscarla a su apartamento, que por suerte antes de que pasara el incidente ya sabía donde vivía, de lo contrario estaría perdido. Sabía que no la encontraría porque faltaba media hora para que saliera de su ensayo de modelaje, así que la esperó a escondidas para sorprenderla cuando llegara, pues de lo contrario, ella no lo recibiría, conocía lo terca y orgullosa que era. La media hora se le hizo eterna hasta que escuchó pasos en la escalera, esperó a que ella abriera la puerta del apartamento para entonces interceptarla y buscar la manera de entrar junto con ella.

-Buenas noches, Lizzete. ¿Puedo pasar? Gracias, muy amable.

Lizzette ni siquiera llegó hablar porque Archie astutamente entró primero en el apartamento y la haló a ella del brazo para hacerla entrar y aseguró la puerta mientras ella seguía en shock y no había sido capaz de reaccionar.

-¿Qué diablos crees que estás haciendo? Sal ahora mismo de mi casa antes de que...

-De aquí no me voy, Lizette, no antes de que me escuches y me digas qué es lo que te pasa a ti.

-No tengo nada que hablar contigo, así que vete o te mando a sacar con la policía.

-¿En serio? ¿Serías capaz...?

-¡Claro que sí! Pruébame y verás.

Ella estaba totalmente a la defensiva y Archie le sonreía burlonamente porque sabía que ella no haría eso y además le encantaba como se estaba viendo así de rabiosa.

-Ya, Lizette, vine para que hablemos, no vine a pelear, aunque te ves tan linda así que me encantaría seguir provocándote para seguir viendo esta carita seria.

Pellizcó suavemente una de la mejillas de ella y ella lo manoteó.

-Tienes cinco minutos para que hables, luego quiero que te vayas.

-Está bien, cinco minutos. Yo... quería decirte que siento mucho lo que pasó, que no sé cómo lo interpretaste y te juro que no fue mi intención ofenderte... yo de verdad sentí quererte besar... no sé para ti, pero al menos para mí significó mucho... no puedo perdirte perdón porque no estoy arrepentido...

-No sigas... Yo sé que no me quieres, no intentes jugar conmigo, no caigo otra vez. Sé que estás buscándome porque te recuerdo a mi hermana y yo no voy a vivir con su fantasma...

La voz de ella se ahogó por el dolor y el llanto apareció y él entonces comprendió el por qué de su reacción, era porque lo quería, tenía miedo de que la lastimara, en alguna ocación él llegó a sospecharlo, ya que antes de conocer a Lizbeth, de primera instancia se había enamorado de ella, pero al aparecer su hermana con su personalidad eclipsante y por el notorio interés que mostró en él, Lizette automáticamente se hizo a un lado sin darle nisiquera oportundiad a Archie de decidir, pues prácticamente lo empujó hacia su hermana sin luchar siquiera. Siempre había vivido con que casi toda la atención era para la Lizbeth, así que suponiendo que con Archie sería lo mismo, se rindió sin intentarlo y él pensando que era porque no le interesaba como algo más que un amigo, se dejó deslumbrar por el encanto de su hermana llegando a enamorarse verdaderamente, pero en el fondo, su interés había estado siempre en ella y no en Lizbeth.

-Lizette... creo que estás equivocada. Yo quise a tu hermana, la amé mucho y lo sabes. Pero... de quien yo primero me enamoré fue de ti... Pero tú me lanzaste hacia ella sin darme elección y las cosas se dieron así. Siempre te he querido a ti...

-¿Entonces engañaste a la pobre Lizbeth todo ese tiempo?

-¡No engañé a nadie! Me enamoré de ella de verdad y la amé hasta sus últimos días, nadie puede dudar de eso. Pero hasta ella pudo darse cuenta de que tú no eras indiferente para mí, ella siempre supo lo que tú sentías y también se dio cuenta de lo que sentía yo porque... yo a ella la amé, sí, pero cuando tú estabas era diferente... había algo siempre entre los dos que no podía esconderse... a Lizbeth... a ella no se le escapaba nada...

Lizette estaba aturdida, siempre pensó que Archie no sentía nada por ella y cuando apareció su hermana, ella se convenció de que estaba totalmente perdida, pues nunca había podido competir con Lizbeth, contra ella no había forma de sobresalir, por eso le cedió a Archie por haberse sentido opacada sin saber que para Archie era ella la que lo opacaba todo y que no luchó por ella por la misma razón que ella no luchó por él, por pensar que no le correspondería.

-¡Tú nunca me dijiste nada! Y ahora... ya es tarde... yo ya no puedo estar contigo... no se ve bien...

-Tienes que dejar el pasado atrás. Tu hermana ya no está y nosotros tenemos que seguir viviendo. ¿Vas a huir otra vez de sus sentimientos? ¿Ahora cuál es tu excusa? Tu hermana no vendrá a jalarte los pies. Todo lo contrario...

-¿De qué hablas?

Ella era la desconcertada, qué habrá querido decirle con que era todo lo contrario. Ella había sufrido tanto, había llorado tanto por él que pensó que algún día ya no le quedarían más lágrimas. Lo había dado por perdido y prohibido hacía tanto tiempo que ahora no sabía cómo retenerlo, ahora que lo tenía de frente y dispuesto.

-¿Sabes qué me dijo tu hermana antes de morir? Me dijo que no te dejara ir. Que peleara por ti, contigo misma de ser necesario... eso me dijo, porque no era un secreto lo que yo sentía por ti, nisiquiera para ella. Al principio me dio miedo también asimilarlo, por eso cuando nos besamos aquella vez... me arrepentí y sentí remordimientos... y no sabes como me duele haber reaccionado así, me arrepiento una y mil veces.

-Eso... fue un error, no debió pasar...

Archie no podía entender su necedad y la forma tan rotunda que ella se negaba aceptar la realidad. Se le acercó y se perdió un momento en sus profundos ojos marrones, en lo hermosa que se veía con su arreglo que la distinguía de las demás, ese color oscuro de piel que lo había enloquecido desde el primer momento, era una chica exótica, diferente a todas, pero sobre todo su personalidad era lo que lo enamoraba. Eso era lo más bello que ella tenía y su nobleza.

-No fue ningún error, Lizette. Era el destino. Siempre fuiste tú. Esta vez voy a cumplir mi promesa de estar contigo, al menos eso le debo a Lizbeth. Esta vez voy a pelar por ti... te venceré a ti misma si tengo que hacerlo... pero haré que saltes sobre ese miedo. Te amo y voy a demostrártelo.

Ahora sí que ella se sentía conmosionada. Él acababa de confesarle que la amaba y se lo había dicho con seguridad y convicción en su mirada, en sus ojos que nunca le habían mentido. Archie llegó a confundir muchas otras con su amor, entre ellas a Candy, de quien de verdad se enamoró en su momento, pero que también se volvía un vago recuerdo al toparse de frente con quien sería su verdadero amor, supo a quién siempre había amado y la respuesta estaba frente a sus ojos. La amaba ella, siempre había sido así. Fue un amor víctima de las cirscuntancias, pero la vida les daba una nueva oportunidad y él ya estaba cansado de perder, así que iba a lanzarse con todas sus fuerzas aunque se estrellara en el intento.

-Archie... yo creo que estás confundido... ahora piensas que me quieres, tal vez porque te sientes solo y piensas que yo... bueno... estoy segura que mañana despertarás y descubrirás que todo ha sido una confusión, la mente a veces nos juega bromas pesadas...

Ella seguía negativa a pesar de recordar que su hermana le dijo lo mismo a ella, que luchara por él, antes de morir le dejó saber que conocía muy bien sus sentimientos, y ahí estaba, fallándole a su memoria, a él y a sí misma a cambio de nada.

-No seas necia, Lizette. Hasta un ciego se daría cuenta de lo que hay entre nosotros. Sólo déjate llevar, déjame demostrarte cuánto te amo... por favor...no voy a dejarte ir.

-Archie... yo... tengo miedo, lo siento, tengo mucho miedo y no estoy lista, mejor vete... por favor...

Fantástico, ahora lo estaba echando. Él daba un paso hacia adelante con ella y retrocedía dos. Pero no iba a ponérselo muy fácil esta vez, si ella quería pelea, él sería un buen contrincante.

-Me voy a ir, Lizette, pero antes, ven acá, quiero decirte algo. Ven, acércate.

-Puedo escucharte desde aquí, dime lo que vayas a decirme y vete.

-No puedo, es un secreto. Ven. Nadie más puede oirlo.

Porque él hablaba en susurros, ella confiada se acercó y él le hizo señas de buscar su oído para secretearle.

-Voy a besarte...

Le susurró en el oído y para cuando ella pudo captar sus palabras, ya la boca de él llevaba rato invadiendo la suya. Intentó luchar, pero no pudo poner mucha fuerza, no pudo porque no las tenía, ya no le quedaban. Decidió rendirse y dejó que él guiara su boca a su antojo, que su lengua la explorara con avidez y que sus manos sujetaran su cintura y que la acariciaran. Le devolvió el beso con la misma entrega que él lo hacía, enredando su lengua con la suya, rodeo su cuello con sus brazos, algo que siempre había soñado hacer. Él siempre quiso entrelazar sus dedos en los rizos de ella y ver como sus dedos se quedaban prisioneros al llegar al final de sus bucles, adoraba todo de ella. Había notado la inexperiencia de ella al besarlo, así que el beso a pesar de lo apasionado era sutil para que ella lo pudiera seguir, sus besos le parecían los mejores, no importaba que fueran inexpertos, eran suyos y él le enseñaría a perfeccionarlos. Luego de un buen rato y de estar seguro que le había dejado los labios inflamados, liberó su boca y le besó los ojos, la frente, la nariz, todo el rostro. La había dejado cegada, todo lo que veía a su alrededor eran estrellas.

-Archie... ¿Por qué...?

-¿Te gustó el secreto?

Le preguntó con picardía y con los ojos llenitos de burla mientras ella miraba hacia el suelo.

-Yo... creo que siempre había soñado con esto, pero... llegó un momento en que dejé de... bueno...

-¿Y qué más soñaste? Dime. Tal vez se te cumplan hoy todos tus sueños.

Ella se sonrojó por completo de sólo pensar en qué pensaría él si ella le dijera todo lo que había soñado e imaginado desde siempre. Él sonrió al verla colorada y no hizo falta que le diera detalles.

-Pues... soñé con este beso y con... tus abrazos... soñé también que... bueno, eso sólo lo soñé una vez...

-¿Ah sí...? ¿Y qué fue eso que soñaste sólo una vez?

Sonrió con malicia y le tomó el delicado y moreno rostro con sus manos para que se animara a contestar.

-Una vez soñé que... hacíamos... ¡tú sabes!

Le gritó desesperada y abochornada y él se echó a reir, pero siguió fingiendo inocencia.

-No, mi amor, yo no sé, no estaba en tus sueños... ¿me lo podrías explicar?

-¡Ay! Pues que hacíamos...

-Ajá...

-¡Hacíamos el amor! ¡Dios! Como si no lo supieras...

Desesperada volvió a gritar mientras él se reía por haberla puesto en semejante situación.

-Es que quería estar seguro... ¿y si me equivocaba? Y cuando fuera a cumplirte el sueño te hacía otra cosa...

-¿Vas a cumplirme el sueño? Pero... es que...

Ella abrió los ojos como dos platos pensando en lo que pasaría después y él rió con más ganas a su costa.

-Voy a cumplirte ese sueño, pero no ahora... a menos que tú quieras que se cumpla ahora mismo...

-¡Claro que no! Bueno, ahora no. Después...

-Tranquila, no voy hacerte nada, princesa. Ahora me conformo con decirte otro secreto...

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Candy se había encerrado sin hablar con nadie ni despedirse de nadie. Se había dado un baño, pero se cuidó de no borrarse el dibujo de Terry en su barriga, se iba con agua, pero había que restregar, así que no se restregó para que la pintura quedara intacta. Se había sentido mal por la forma en que había juzgado a Terry, como siempre hacía que él se sientiera fatal. Sólo pensó en ella y su dolor. Se acostó resignada y llorando al ver que eran casi las diez de la noche y él no llegaba. Debía estar muy molesto y ella era la única culpable. Nunca se mostraba comprensiva cuando él más la necesitaba y se daba cuenta siempre muy tarde, cuando ya el daño estaba hecho. Cuando el despertador marcó las diez en punto Terry entró con semblante de pocos amigos, pero ella no lo vio porque estaba acostada de espaldas a la puerta, cuando escuchó sus pasos se volteó para verlo.

-¡Terry! ¿Dónde estabas? Estaba preocupada...

-Ah... vaya... ¿De verdad estabas preocupada por mí?

Su sarcasmo fue detectado de inmediato y ella se sintió peor, sabía que había resentimiento en su voz.

-Claro que me preocupé, Terry. Mira la hora que es, pensé que tal vez te había pasado algo...

-Pues ya ves que no. Puedes dormir tranquila y deja de preocuparte por un mentiroso.

-Terry... lo siento, no quise decir eso... es que...

-Candice, no me interesan tus disculpas, siempre es lo mismo. Duerme, necesitas descansar por la bebé. Buenas noches.

Terry le dio la espalda y comenzó a desnudarse mientras ella lo miraba tratando de contener las lágrimas por su actitud tan fría, aunque sabía que se lo merecía no le dejaba de doler. Tomó una toalla y fue directo al baño donde se bañó de pies a cabeza y duró bastante rato bajo el agua fría. Uno de sus brazos lo recostó sobre la pared cubierta de lozetas y dio un puñetazo sobre ella por pura frustración. Era una guerra tan mala de sus sentimientos y su orgullo, porque aún en esas cirscuntancias, lo único que quería era correr a ella y abrazarla, sentir sus caricias y acurrucarse con ella y su bebé, pero estaba muy dolido y la estaba castigando, aunque eso le doliera más a él que a ella. Salió del baño media hora después y se puso sólo un bóxer, sin secarse y con el clima frío que hacía en el campo en esa época del año. Candy había observado todo en silencio y se había secado las lágrimas para que él no pensara que intentaba chantajearlo.

-Terry... sécate bien y ponte al menos una camiseta, hace mucho frío y podrías...

-Yo no tengo frío, Candice. No te preocupes, no soy un niño, sé cuidarme bien, te agradezco tu preocupación.

-Pero es que... si te acuestas así...

-Candice, la que tiene que acostarse eres tú, no debes malpasarte a estas horas.

Ella se quedó callada y no le dijo nada más, volvió a voltearse y se cubrió con la almohada para que él no la viera ni la escuchara llorar. Sintió como él se acostó a su lado y luego se alejó lo más que pudo y le dio la espalda. No tenía la más mínima idea del llanto amargo que Candy luchaba por contener y rogaba que su garganta no la traicionara dejando escapar sus sollozos. Sacó una mano de la colcha y se atrevió acariciar el cabello de Terry, de forma sutil, casi impercetible y él se echó más hacia el lado, huyendo de su caricia y eso le dolió. Su garganta no pudo respaldarla más y dejó escapar un par de pequeños sollozos que por más que intentó ahogarlos fue imposible y aunque Terry hizo su mejor esfuerzo por ignorarla, no pudo y se volteó hacia ella para encontrarla escudándose con la almohada.

-Candy... esto no es justo... no llores. Sabes que no te hace bien...

-No te preocupes, sigue durmiendo, Terry. Pronto me calmaré yo solita.

-Candy... por favor quítate esa almohada y mírame.

-No... no quiero que me veas.

Le contestó con su vocesita apagada y entrecortada por el llanto. Él estaba herido, pero no podía ignorla al verla sufrir, él sabía las consecuencias de haber elegido a una niña que le faltaba tanto por vivir y comprender, sabía a lo que se atenía y no se arrepentía, pero habían ciertos momentos en que sólo quería sarandearla, pero la adoraba.

-Candy... ven aquí.

Terry se sentó y le indicó a ella que se sentara en su regazo. Otra vez estaba tragándose su orgullo para ponerla a ella primero, y eso le dolió a ella porque lo reconoció. Obediente y empapada en llanto se sentó en el regazo de él.

-Terry... perdonáme por nunca comprenderte y por siempre herirte cuando tú me necesitas más. Lo siento, de verdad. Es que yo... me dolió demasiado enterarme de que... bueno... de la basura que tengo por papá... creo que lo que me dolió fue que tú me hayas ocultado...

Candy le disparó todas esas palabras de golpe y sin respirar, él quiso interrumpirla varias veces, pero ella no lo dejó. Cuando al fin ella se calló, él tomó la palabra.

-Candy... mi intención no fue ocultártelo. Tú eras una niña cuando eso pasó. ¿Cómo iba a explicarle una atrocidad así a una niña de ocho años? Además, cariño, eso no me tocaba a mí decírtelo ni a Anthony, le correspondía a tus padres, aunque ellos como pareja también tenían derecho a guardarse ciertos detalles y secretos... era un asunto de ellos y en mi caso, un asunto mío y de mi madre, tal vez nunca me hubiera enterado de no haberlos atrapado así.

-Sí, Terry... pero cuando fui más grande... pudieron haberme dicho la verdad, ya ni papá ni mamá estaban, a nadie podía afectar ya esa historia.

Terry resopló, su niña tenía mucho que aprender, le acarició el pelo con ternura y se lo besó. A él no le importaba si tenía que enseñárselo todo, era un camino que con gusto caminaría por ella.

-Candy... ¿de verdad piensas que no afectaría a nadie porque ellos ya no están? ¿has visto cómo has reaccionado tú? ¿Crees que habrías reaccionado diferente si te lo hubiera dicho algunos dos o tres años atrás?

-Yo... supongo que no... lo siento.

-Candy... tú ya habías perdido demasiado, estabas cargando con demasiado dolor y situaciones a tu corta edad... no era justo que yo viniera a envenenar tu alma contándote algo así y terminar de destruir tu inocencia que es lo más bello que tienes. Yo sabía que este día llegaría y que no sería fácil, pero nunca me imaginé que me juzgarías a mí de esa manera cuando yo... a mí me tocó la peor parte...

Y Terry tenía mucha razón, a ella no le tocó encontrarlos de la manera que él los había visto. Ver a su madre en la cama con un hombre de por sí era traumatizante, pero que ese hombre fuera el padre de sus mejores amigos, eso sí le daba náuseas de sólo recordarlo.

-Lo sé, Terry y no sabes lo estúpida que me siento ahora por haber reaccionado así. No estuve ahí para ti, te fallé, lo siento.

-Quiero que entiendas que tampoco te lo había dicho porque era de mi madre de quien estamos hablando. No es fácil para mí hablar de eso, ella no fue la mejor madre del mundo, pero era mi madre y la verdad me daba demasiada vergüenza confesar algo así. Cariño, tienes que aprender a controlar más tu impulsos, yo te adoro, malcriada, pero tú tienes que comenzar a crecer. No siempre tendrás a alguien para aconsejarte y para que interceda por ti, muchas veces tendrás que tomar decisiones y aprender a vivir con el error.

-Yo... reconosco mi error. Tú me confesaste algo que seguramente ha sido el mayor secreto de vida y debió costarte mucho y yo en vez de apoyarte... te herí sin piedad. Lo siento, mi amor. Te amo más que a nadie, no quise hacerte daño.

Candy enterró su carita mojada en el cuello de él y él la abrazó fuertemente. Recordó a su bebé de pronto y al levantarle la bata se sorprendió al ver que ella no se había borrado el dibujo.

-Ahora, niña hermosa, quiero que te duermas, es muy tarde y Amy necesita descansar.

-Antes de acostarme quiero que sepas que estaré de ahora en adelante siempre para ti y que te amamos mucho. Que ya no tienes por qué sentirte solo, porque vamos a darte mucho amor y tú siempre serás primero para nosotras, bueno, para todos nosotros, porque sé que tu familia te adora tanto como a mí. Amy y yo te amamos y también todos los bebés que vamos a tener.

Terry le sonrió y la acostó y la arropó, le hizo caso y se puso un pantalón de pijama y una camisilla sin mangas, además porque el frío había comenzado a sentirse. Se acomodó a su lado donde ella lo esperaba aún despierta.

-Pecas... ¿quieres tener muchos bebés?

-¡Sí! ¿Tú no...?

-Claro que sí, me encanta sobre todo la forma en que se hacen...

-¡Terry!

Él se carcajeó por el abusurdo pudor de ella a esas alturas. Se abrazaron y arropados y acurrados le darían la bienvenida al sueño por fin y agradeciendo que al otro día era sábado y no tenían que levantarse temprano. Juntos soñaron y se amaron aún en sus sueños más profundos.

Continuará...

¡Hola niñas lindas! Sí, me tardé un poquito, pero aquí está el capítulo, espero que les haya gustado como a mí escribirlo. Para las que llevan la tradición de Thanks Giving o Día de Acción de Gracias, espero que lo hayan disfrutado al máximo como lo disfruté yo...

Espero que me dejen saber su sentir por medio de un review. Aún nos falta mucho, pues quedan muchas situaciones, conflictos, planes y muchas otras cosas por llevar a cabo. Van a ver más sobre cómo se van a ir relacionando los personajes entre sí y su rol en esta historia. Traeré a Susana y a Neil de vuelta, pues con ellos hay un temita muy interesante que quiero traer y que de seguro alguna de ustedes debe haber padecido, o al menos alguien que conoscan jejeje. Me despido y les deseo una feliz navidad desde hoy hasta enero.

Las quiero,

Wendy

-Joe: No me olvido de saludarte a ti, espero que también te guste este capítulo y me lo hagas saber, aunque me saques por techo.

-subuab: Amiga, ¿dónde estás? Te extraño.