Tu mayor tentación

Por: Wendy Grandchester

Capítulo 13 Cambios y adaptación

Diciembre había llegado y faltaba muy poco para la llegada de la bebé mas esperada. Candy era muy mimada por todos, pero sufría un poco porque por la época, el trabajo de Terry había aumentado y ella casi no lo veía, cuando él llegaba estaba dormida o muy cansada, además que había sufrido de la presión un poco alterada en las últimas semanas. Aún así Candy siempre despertaba cuando lo escuchaba llegar y muchas veces él la regañaba porque cenaba muy tarde por esperarlo a él.

-Pecas, ¿estás segura de querer asistir a la fiesta de navidad? No es necesario...

Era de mañana, viernes y había llegado el día de la fiesta de navidad para los empleados de las oficinas centrales de Scothland Plaza, el centro comercial más grande del país y del que Terry era dueño. Terry le hacía la pregunta a Candy porque a pesar de su emoción y entusiasmo, él sabía que ella se cansaba mucho y que ya no resistía estar despierta hasta muy tarde.

-Claro que quiero ir, Terry. Ahí van a estar nuestros amigos y todos ustedes van a ir y no es justo que yo me quede aquí... además quiero conocer a Alissa.

Se habían enterado que la bebé de Stear y Eliza había nacido y Candy moría por conocerla, en tantas reuniones y actividades, una bonita y cordial amistad había surgido entre todos, incluyendo Annie y Albert, que ya no habían roces ni diferencias.

-Está bien, mi amor, además no me hubiera gustado ir sin ti. Vamos a desayunar.

Candy se paró muy contenta con la idea y caminado con las manos apoyadas en las caderas, Terry reía al verla paseándose por a ahí con su barriga enorme, ella tan pequeña y delicada, caminaba graciosamente y con las piernas un poco despenancadas. El ambiante estaba muy frío, así que Candy tenía una sudadera y un jacket, Terry para molestarla le puso el gorrito que traía el jacket y le amarró los dos cordoncitos para ajustárselo.

-Terry, ya, ¿quieres ahorcarme?

-No... es que te ves tan linda así, pareces una esquimal.

-Y tú con ese abrigo cuello de tortuga pareces...

-¿Ya van empezar? Por Dios, es muy temprano. Vamos, a desayunar.

Richard ya no tenía mucha paciencia para las impertinencias de Candy y Terry a la hora de cualquier comida, siempre por alguna razón, esa hora en la que estaban todos reunidos eran el escenario de las peleas de la pareja, casi siempre provocadas por Terry. Se sentaron a comer los deliciosos pancakes que había hecho Stella y Candy como siempre sorprendió a todos cuando se puso cuatro enormes pancakes uno encima del otro en el plato sin escatimar con el syrup y la mantequilla.

-Eh... Candy, ¿es bueno tanta azúcar?

Preguntó Louise preocupada al ver la gran porción de syrup que se había echado.

-Espero que sea bueno, porque anda muy amargada en los últimos días y no quiero que mi hija sea así...

-¡Terry! Aquí el único amargado y cascarrabias eres tú. ¿Verdad, abuela?

-¡A mí no me metan en sus líos!

Dijo doña Stella, negándole su apoyo a Candy y guiñándole el ojo a Terry. Candy se resintió y se puso muy seria mientras que Terry le sonreía burlonamente. Terry le cortó los pancakes a Candy en trocitos pequeños, caprichos de ella y también por castigo por su comentario. Siguieron comiendo todos en tranquilidad y su conversación se centraba más bien en la bebé y los planes para su nacimiento y crianza.

-¿Vas a ponerte el vestido verde, Candy?

-No lo creo, mamá... es que... no quepo en él...

Candy bajó la cabeza avergonzada, había comprado ese vestido un mes antes, pero había cambiado mucho en se tiempo y su barriga creció más. Se veía hermosa a los ojos de todos, pero ella sólo pensaba que estaba gorda.

-Pero eso no importa, mi amor. Te buscamos otro vestido donde quepan las dos. Uno mucho más hermoso.

-¡No hay tiempo, Terry! Creo que mejor me quedo... nada me asienta bien... yo estoy gorda, lo sé.

Nadie se esperaba la respuesta tan brusca y repentina de Candy. Estaba frustrada y se desquitaba con él. Lo único que había cambiado en ella era su enorme barriga, pues a pesar de eso su figura se seguía viendo delgada y esbelta, pero sus emociones y sus hormanas le jugaban muchas malas pasadas, las cuales siempre pagaba Terry.

-Candy, haz el favor y baja la voz. Aquí estamos tratando de buscarte una solución y ya deja de cobrarte con Terry tus frustraciones. Te he dicho que tienes que ir creciendo y madurando, vas a ser madre, así que tienes que ir soltando tus impulsos e inmadurez si quieres tener éxito en tu relación y tu rol de madre.

Louise había hablado con autoridad, pero sin perder nunca su toque dulce y protector de madre, además de que ese jalón de orejas serviría antes de que se desatara una guerra entre los dos, pues Terry también tenía lo suyo y no había que darle mucha cuerda para que estallera también. Richard y Stella asentían en silencio, de acuerdo con el proceder de Louise, Candy bajó la cabeza, molesta y apenada, pero no dijo nada porque sabía que Louise tenía razón. Terry miró hacia otra parte y siguió comiendo, la actitud de Candy a veces lo exasperaba a él también, pero él sabía en lo que se había metido y la conocía. Al ver que Terry no hacía ningún contacto visual con ella, se empezó a poner triste y se le aguaron los ojos, porque siempre, por más molesta o herida que estuviera, necesitaba tenerlo cerca y sentirlo y esa era la peor arma que Terry usaba en su contra, la indiferencia. Al estar sentados uno al lado del otro, ella tímidamente rozó sus dedos con la mano de él que reposaba sobre la mesa y lo miró con sus ojitos suplicantes, era una disculpa muda, una que Terry aunque quisiera no podía ignorar.

-Te amo...

Le susurró, realmente arrepentida y él tuvo que dejar de ignorarla y la miró cara a cara, ella lo desarmó con sus enormes ojos verdes que lo miraban fijo, a él le gustaba mirarse y perderse en ellos. Soltó su comida y posó sus manos sobre el rostro de ella y pegó su frente y nariz con la de ella.

-¿Qué voy hacer contigo, eh?

Le preguntó sonriendo resignado mientras los demás los miraban con ternura. Ella sonreía tímida, sabiendo que muchas veces ella tenía también la culpa de las tonterías que iniciaban grandes peleas.

-Lo siento, mi amor.

-No te preocupes, pecosa malcriada, ya te cobraré... a mi manera...

Eso lo dijo para que sólo ella escuchara mientras disimuladamente le rozó su intimidad con una de sus manos haciendo que se pusiera nerviosa y colorada de pies a cabeza. Terminaron el resto del desayuno en paz y dado que la actividad para los empleados era de noche, Terry decidió llevar a Candy a caminar un rato por los alrededores de la hacienda, pues en lo avanzado de su embarazo, su doctor le había dicho que caminar le hacía bien.

-¿Estás cansada, mi amor?

Le preguntó Terry al verla que se detuvo de pronto a medio camino y se recostó de un árbol.

-No, estoy bien. Es que... este lugar es muy especial para mí.

Su respuesta llegó sonriente, porque se encontraban en ese mágico paraíso donde la naturaleza y el cielo fueron testigos de las tantas veces que se amaron, de todos los momentos que con pasión enfurecida se besaron. Pero había algo mucho más grande que atraía a Candy a ese lugar.

-Ummm, pues me gustaría que me contaras por qué es tan especial este lugar...

Su contestación no se produjo muy rápida porque la boca de él sobre la suya se lo impidió al invadir la ajena de forma inesperada y ardiente. Por lo general Terry la sostenía de la cintura o del rostro para besarla, pero esta vez sus manos reposaban en el vientre de ella mientras sus labios se gritaban cuánto se amaban. No era sólo un juego de lenguas apasionado, también concursaban sus labios, se succionaban, acariciaban y exploraban como si fuera la vez primera, porque siempre habían nuevas experiencias, porque el amor tenía muchas caras y facetas.

-Es mi lugar favorito en el mundo. Aquí no solo me hiciste tuya tantas veces. Aquí fue donde me comprometiste y te pertenecí para siempre.

Le dijo Candy luego de haber recuperado el aliento tras el intenso beso y mostrando con orgullo su anillo. Nunca se lo quitaba, nisiquiera cuando tenían las peleas más acaloradas.

-Tienes razón en muchas cosas, pecas, pero no en todo...

-¿Ah no?

Le preguntó con picardía y acercándose a él tanto como su panza le permitía.

-No, señorita. Porque usted me pertenció desde siempre. Desde mucho antes que te hiciera mía entera. Siempre me has pertenecido.

La intensidad de su mirada azúl quemaba a Candy, esos dos zafiros que la miraban fijo y que destilaban tanto dominio y pasión. A ella siempre le gustó esa seguridad y arrogancia que emanaba de cada gesto de él. Ella reconoció que sólo para él había nacido.

-En eso tienes razón. Desde que tengo memoria creo que te he amado, creo que te amé antes de comenzar andar.

Con eso a la mente de Terry vinieron recuerdos de los primeros pasitos que daba Candy y que muchas veces él la sostuvo para que no cayera, él y Anthony, Anthony... el recuerdo lo llenó de melancolía. Siempre cuidó de Candy, desde su inocencia siempre la protegió. Era el destino que estaba diseñando y preparando ese amor.

-Sólo quería estar así contigo un rato, los dos solos. Hace mucho que no estamos solos y lo extraño. Quiero que te sientes aquí conmigo un rato. Hablarte... sólo sentirte.

Terry se sentó en la cómoda hierba y se la sentó a ella entre sus piernas. Sus fuertes brazos rodeaban su barriga y su cabeza estaba recostada en el hueco de su hombro mientras aspiraba el olor de su pelo y el perfume que todavía se percibía en su cuello.

-A mí también me encanta estar así contigo, mi amor. Me encanta estar con todos, pero hay momentos en que extraño mucho la intimidad de nuestro apartamento...

-Regresaremos pronto, cielo. Sólo serán dos meses más después que nazca la princesa y seremos sólo nosotros tres.

Terry no había retirado sus manos del vientre de su mujer y disfrutó de los movimientos de su hija. Le encantaba ver los montículos que se formaban aún a travez de la ropa que llevaba Candy.

-¿No te duele cuando se mueve así?

-¡Ay sí! Me duele mucho, Terry...

-¿En serio?

-Jajajaja. No, tonto, no duele para nada. Excepto cuando a veces se me mete por alguna costilla.

Terry estaba enojado y serio. Le molestaba que Candy se burlara de él y lo asustara. En cambio ella, aún reía por su travesura al ver cómo Terry había abierto los ojos como dos bolas de billar por la preocupación.

-¡No vuelvas hacer eso! ¿Me has entendido?

Ella se estremeció sobre él, su voz estuvo cargada de resentimiento y a Candy se le acabó la risa. No era su intención provocarlo, sólo quería divertirse un poco a su costa, pero Terry siempre sacaba a relucir su lado cascarrabias.

-Terry... no es para tanto, sólo fue una broma. No te molestes conmigo, porfis. A Amy no le gusta que discutamos.

Candy lo miró con sus ojazos y para colmo al mencionarle la niña sabía que lo había derretido por completo, pero Terry trataba de mantenerse serio a toda costa.

-No quiero discutir, pero tú a veces te pasas. No sabes lo mal que me pone que cualquier cosa pueda pasarles y a ti te encanta jugar con eso. Siempre tan infantil y no piensas nunca en...

-¡Fue sólo una broma!

Le gritó poniéndose de pie con sus enormes ojos aguados que lo miraban arrepentidos, pero con reproche al mismo tiempo, interrupiendo su duro discurso. Ella se cruzó de brazos y le dio la espalda. Terry se le acercó y la acorraló de frente, ella luchó por liberar sus brazos de la posición en que los había puesto, pero Terry comoquiera se los separó para abrazarla y decirle en susurros que sólo ella pudiera percibir el por qué de su reacción. Ella seguía con su carita enojada y no lo miraba a los ojos, pero él continuó hablándole de todas formas.

-Candy, bebé... no quiero que te sientas mal, lo siento, siempre soy un poco brusco... lo que pasa es que no sé nada de esto y tu quejido de pronto me preocupó. Siempre me preocupo por ti, por la bebé... eres muy joven... y cualquier cosa fuera de lo normal pienso que... bueno, mi amor, el caso es que yo no quisiera que nada les pasara. No vuelvas a jugar con eso, ¿sí?

Mientras Terry esperaba por su respuesta, con su dedo índice comenzó a trazar el contorno de la nariz y labios de Candy mientras le sonreía por la gracia que le causaba su gesto refunfuñón, pero no le quitaba la mirada porque sabía el efecto que tenía en ella y que siempre conseguía ponerla nerviosa.

-Lo siento, Terry. No quise asustarte. No lo haré nunca más.

Por fin ella le sostuvo la mirada y al prometerle no volverlo asustar le regaló una sonrisa tímida y él besó cariñosamente su frente.

-Ya está olvidado. Ahora quiero que vuelvas a sentarte aquí conmigo porque quiero que sigamos hablando de nosotros y de nuestro futuro.

Se volvieron a sentar en la posición anterior y mientras él le acariciaba y despeinaba como a ella le gustaba, ella giraba y jugueteaba con el anillo que llevaba recordándole su compromiso infinito, tan interminable como el amor que sentía por Terry.

-Me pregunto cómo será Amy... si se parecerá a ti o a mí, o a ambos. O si tal vez se paresca a nustros familiares... al principio, cuando no sabía su sexo, por alguna razón me imaginaba a un niño como Anthony, rubio y con sus ojos azúles claros, como el cielo...

-Entiendo, mi amor. Sé que lo extrañas mucho y yo también. Fue mi único amigo, lo más cerca a un hermano que tuve... pero siempre estará en nuestros corazones. Siempre supe que sería una niña que tendríamos, pero eso no quiere decir que no vaya a tener nada de su tío Tony. Tal vez tenga ese pelo y sus ojos, o tal vez no, pero puede heredar de su personalidad...

Era cierto que lo extrañaban, Candy muchas veces lloraba en silencio, cuando nadie la veía. Anthony siempre la había tratado con una ternura inmensa aún cuando al quedar solos se había vuelto un poco estricto porque él y Terry habían querido protegerla del mundo y lo habían logrado aunque Anthony hubiera muerto en el intento.

-Siempre me la he imaginado, no sé por qué con el pelo lacio como tú... al menos será más fácil peinarla... Si heredará tus ojos y los usará para convencerme... me pregunto si será una niña coqueta... yo quiero que esté siempre vestida muy linda, como una princesa.

A Terry le gustaba escuchar con la ilusión que Candy hablaba de su bebé y sintió orgullo. Jamás pensó que se pudiera amar tanto y él la amaba con toda su alma, nunca había podido vivir sin ella.

-Pecas, si quieres que sea así, entonces espero que no salga a ti. Recuerdo que siempre estabas despeinada y con las rodillas raspadas y las piernas llenas de moretones...

-¡Eso no era siempre! Es que mamá me daba muchos tirones para peinarme y además... la mayoría de mis moretones eran gracias a los juegos que tú y Anthony inventaban usándome como su conejillo de indias.

Terry soltó la risa al recordar esas múltiples travesuras en las que tantas veces habían resultado castigados él y Anthony y lo graciosa que se veía mini-Candy molesta y refunfuñando.

-Eras hermosa, mi amor, con tus lindas coletas... tengo fotos...

Le dijo burlonamente porque era cierto y él sabía que esas cosas la avergonzaban, lo que no sabía era que Candy también tenía fotos de él en momentos muy ridículos.

-¿Y entonces por qué te gustaba tirar de mis coletas?

-No tenía a nadie más a quien molestar. Además siempre me gustó ver este pelo suelto.

Respondió arrogante y enroscando uno de sus rizos en sus dedos.

-Pero ya, pecas, olvida eso, ya no voy a tirar de tus coletas, ahora tengo a Amy. No tienes que esperar a que esté siempre vestida como una princesa porque ella ya es una princesa y tendrá sólo lo mejor. Sería bueno apuntarla en clases de Taek Wondo o Judo...

-¡Claro que no! Yo quiero que esté siempre preciosa, no que parezca un niño o que sea ruda y machorra.

-Candy, ¡por Dios! Eso es sólo para que aprenda a defenderse. No tiene por qué no verse linda. Quiero que pueda mandar al diablo a cualquier cabrón que venga a...

Candy lo sorprendió al callarlo con un beso apasionado e improvisado. Esas momentos inesperados y perfectos que tanto fortalecen la relación. Porque siempre había algo nuevo para ellos, mucha magia.

-Shhh. Ella para defenderse tiene a su papi.

Le susurró cuando terminó de besarlo y colocando su dedo índice sobre los labios masculinos. Él la besó en todo el rostro y volvió a sus labios en los cuales dejó el sabor de un beso intenso para luego quedarse juntos mirando el hermoso día y acariciarse en silencio. Esos eran momentos preciosos e inolvidables.

-Candy... vamos mejor a casa, llevamos mucho tiempo aquí y ya deben esperarnos para el almuerzo. Además... tengo una sorpresa para ti.

-¡Una sorpresa para mí! ¿Qué es, Terry? ¿Qué es?

Se incorporó de pronto y sin ayuda dando brincos de alegría mientras él la miraba fascinado. No podría cansarse de ella jamás. Le permitía ser ella misma y por eso funcionaban. Siempre había intensidad en ellos, en todo lo que hacían, incluso cuando discutían o peleaban, había que ver la pasión con que lo hacían.

-Pecas, es una sorpresa. Si quieres averiguar lo que es, apúrate.

-¡Vamos!

Le extendió el brazo para que él se parara del suelo, lo cual pareció gracioso porque ella jamás podría levantar a Terry y mucho menos en su estado, pero aún así Terry tomó el brazo que se le extendía y se puso de pie con su propio impulso. Esta vez Candy lo arrastró por todo el camino por la prisa de llegar a ver su sorpresa. En veinte minutos estuvieron de vuelta y Candy tropezó con todos al entrar a la casa como un torbellino.

-¿Dónde está, Terry?

Comenzó a preguntar mirando todo el lugar y dejando intrigados a Richard y las damas.

-¿Donde está qué, Candy? Y ¿qué formas de entrar son esas? Casi me haces tirar los platos.

-Lo siento, abuela, es que Terry... me dijo que había una sorpresa y...

-Pues la sorpresa que te la de después, ahora vamos a comer. Vamos, siéntate.

-Pero...

-Obedece, pecas, más tarde te la doy.

Terry le guiñó un ojo, pero ella esta inconforme y se sentó a la mesa con cara montada.

-No pongas esa cara, Candy, no creo que tu sorpresa desaparesca durante el almuerzo. Seguro la espera valdrá la pena.

Louise le habló comprensivamente y le sonrió y Candy cambió su semblante para ponerse atacar su comida. Stella se había lucido con arroz blanco, habichuelas guisadas y bistec encebollado. Candy se sirvió como obrero y los demás nunca dejaban de sorprenderse.

-No cabe duda que mi nieta será fuerte y saludable. Candy sí que sabe alimentarse.

Como el comentario vino de Richard, Candy se sorprendió y se avergonzó de pronto dejando de comer.

-Ehh... es que yo... siempre tengo mucha hambre y...

-Tranquila, Candy, come. No lo dije para que te avergüenzes, nos encanta verte disfrutar tu comida.

-¡Ya basta! Déjenla que coma feliz. Además la comida es para comérsela.

Si había algo con lo que doña Stella no jugaba era con la comida y eso todos lo sabían. Era un placer para ella verlos a todos en la mesa comiendo y era un lujo que nadie le quitaba.

-Hay otras cosas también riquísimas para comer aunque no sean comida...

-¡Terry! Aquí estamos hablando de comida, no vengas a saltar ahora con alguna de tus groserías...

-Candy tiene razón, Terry... si quieres tu postre, espera a que estén en la habitación.

-¡Stella!

Estalló Richard mirando reprobatoriamente tanto a ella como a Terry por sus comentarios inoportunos mientras ellos reían y Candy no encontraba dónde meterse. No era que Richard fuera un mojigata, todo lo contrario, lo que pasa era que percibía a Candy aún muy aniñada y no le gustaba bromear así.

-No fallan a la hora de la comida. Estoy pensando poner cámaras porque esto ya se ha convertido en un reality show.

-Ya, Richard, no es para tanto. Si no fuera por estos momentos, ¿qué sería de la vida?

Es que hasta Louise estaba muerta de la risa mientras Candy sólo quería ahoracar a Terry.

-Ya, cambiando el tema, ¿vas a acompañarnos a la fiesta, abuela?

Quiso saber Terry para desviar la conversación y huir de la mirada asesina de Candy.

-¿Yo? ¡Pero por supuesto que no! ¿Qué tiene que buscar esta vieja ahí? No me interesa pescar un marido rico tampoco, así que... bah, vayan ustedes y diviértanse.

Luego de que todos hubieran reído por las ocurrencias de Stella, terminaron de comer y reposaron hablando de anécdotas graciosas hasta que finalmente Candy y Terry se retiraron a su habitación.

-Terry... ¿y mi sorpresa?

Candy hizo un puchero ya pensando que no tendría ninguna sorpresa y que Terry sólo estaba dándole vueltas al asunto.

-Awww... ¿quieres tu sorpresa, mi amor?

Le dijo Terry con voz añoñada mientras la tomaba del mentón y la vio haciendo un gesto infantil de fastidio.

-Ya no quiero nada, Terry... te has pasado todo el día jugando conmigo y no me das nada.

-¿Ah no? Pues que pena porque Jerry tiene un ragalo para ti...

Candy se volteó y miró hacia la cama y vio sentado al enorme peluche minion de la película "Despicable me" que Terry le había regalado cuando ella se había ido a vivir con él y que tenía una caja de regalo en sus manos felpudas.

-¡Jerry! ¿Cuándo lo trajiste, Terry?

-Él vino solito a traerte el regalo.

Candy no lo interrogó más y se dispuso abrir su regalo. Le quitó el papel desesperadamente como una niña para fascinación de Terry. Cuandolo abrió se topó con un hermoso vesitido blanco de maternidad y perfecto para la ocación. Era de manguillos y escotado y que luciría matador con lo bien proporcionados que se encontraban los pechos de Candy en esos momentos, su largo era encima de las rodillas y tenía salpicado brillos plateados. En lo que Candy admiraba su vestido, Terry le dio tres cajas más. En una habían unas hermosas sandalias plateadas de un tacón bajito y cómodo para ella y en la otra más pequeña los aretes y collar que ella usaría, la tercera cajita de regalo contenía la elegante cartera de mano a juego, todo precioso.

-Terry... todo esto está hermoso... ¡Me encanta! Ya quiero que sea de noche, quiero ponerme todo.

Fue corriendo hacia él y le dio un beso en los labios y luego lo abrazó emocionada. Él se dejó consentir un rato, pues sintió que se lo merecía.

-Me alegro que te haya gustado todo, pecosa, porque estoy esperando mi recompensa.

La mirada maliciosa y la sonrisa torcida en la cara de Terry pusieron nerviosa a Candy que de pronto se puso a mirar al piso.

-Es que... yo también estaba pensando en eso... y no sé si sea correcto, pero de verdad... quiero que lo hagamos.

Estando ambos tan cerca, Candy volvió a dejarlo helado cuando tomó la iniciativa otra vez y lo comenzó a besar intensamente sin respirar y sin dejar para después.

-Espero que tengas suficientes energías porque me debes mucho.

La voz de Terry era ahogada y entrecortada ya que no sólo Candy estaba besándolo, sino que sus manos acariciaban traviezamente toda su erección haciéndolo perder los estribos. Como él estaba encendido, pronto sus manos se adueñaron de los pechos de ella hasta que éstas le cedieron el turno a sus labios para que también saborearan lo que intentaba cubrir el sostén y la escuchó gemir y se deleitó con la música de su placer. Cuando Candy al exigir su boca le mordió los labios en gesto salvaje y provocativo, él la pegó más hacia él y le apretó las nalgas.

-Te has vuelto muy salvajita últimamente, niña y espero que sepas lo que estás haciendo porque estás volviéndome loco.

Terry en segundos despojó a Candy de toda la ropa que tenía y la dejó exactamente como vino al mundo y se quedó mirándola hasta intimidarla por el calor y escalofrío que le provocaban esos ojos al mismo tiempo. Se preguntó cómo hacía su mujer para verse tan sexy y deseable aún en su octavo mes de embarazo. No importa como esté o lo que tenga, siempre el cuerpo de Terry reaccionaba al de ella. Se le acercó para besarla nuevamente, pero como Candy de verdad le tenía muchas ganas no lo dejó terminar de llegar hacia ella cuando se le lanzó para besarlo con la misma pasión de hacía unos minutos.

-Te necesito, Terry. Te necesito mucho... Te deseo...

Su voz ronca y asfixiada lo excitó más y porque además ella ya se le había colgado como una gata y le quitaba el pantalón con desesperación mientras él mismo se quitaba la camisa.

-Yo te deseo mucho más... no hay nada que desee más en estos momentos que hacerte el amor hasta que no me queden fuerzas.

-Entonces házmelo ya, Terry... por favor... ahora...

Mas Terry se tomó su tiempo para admirarla un poco más y juguetar y succionar sus pechos, la acarició completa, le besó y lamió cada rincón de su piel hasta que ya desesperado por las caricias que también ella le proporcionaba la comenzó a dirigir a la cama y se acostó él para que ella se le sentara encima y él tener plena vista de sus pechos y cara. Que ella tomara el control y ser conciente de cada gesto que su cara hiciera.

-Candy... sigue moviéndote así, por favor... no dejes de moverte...

-¿Cómo? ¿Así mi amor? ¿O un poco más...?

Sus preguntas no fueron nada inocentes y menos la forma en que se mordió los labios mientras se movía despiadadamente sobre él. No sólo que era de alante hacia atrás, sino también con movimientos circulares, pero era su cara de éxtasis y sus gemidos los que ponían los sentidos de Terry a millón.

-Estás muy bien, mi amor, así... Ahhh.

Terry era preso de un placer indescriptible y él mismo la sostenía de la cintura para moverla a su antojo y velocidad proporcionándole a ambos aún más placer.

-Mmm... Terry... me encanta cuando me ayudas a moverme tu también... ahh...

-Que bueno que te encante porque ahora quiero que hagas lo mismo, pero de espalda a mí. Quiero ver tu espalda y tus nalgas, vamos, gírate, mi amor.

Y ella lo hizo, la misma posición, sólo que esta vez ella estaba de espalda y no de frente, pero se siguió moviendo con el mismo ímpetu e incrimentó sus gritos y gemidos llevando a Terry al delirio.

-Terry... yo siento que ya... ahhh... que ya no voy a poder más... ummm... ohhh... ¡Ay Dios! ¡Que rico! Uff... ¡Ay sí! Mmm..

Candy no pudo resistirlo más y se dejó llevar por la corriente eléctrica y palpitante de su orgasmo mientras Terry luchaba por recuperar el aliento luego de haber tocado el cielo junto con ella.

-Estuviste divina como siempre, mi amor, divina.

Ya cuando Candy se separó de él se acomodó a su lado, aún tenían tiempo para una siesta y no había nada mejor que estar uno en brazos del otro para soñar.

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Susana y Neil habían mejorado bastante su relacción luego de que pusieran una gran distancia entre ellos y la madre de él. Con el trabajo que había conseguido, mismo que se suponía era para Albert antes de que lo despidieran, también su situación económica había mejorado permitiéndoles ahora vivir en un apartamento mucho más grande y lindo. Al estar en navidad, Susana estaba de vacaciones de la universidad y se aburría y pasaba bastante tiempo sola por el trabajo de Neil y porque sus amigas y compañeras de universidad habían tomado rumbos distintos, Candy desde su embarazo se tomó un tiempo libre y además le expresó que se cambiaría de profesión, se mantenían comunicadas por teléfono e internet. Con Patty, ella simplemente tiró la toalla, pues no sabía qué había pasado entre Candy y ella, sólo que Patty estaba siempre rara y sola y hasta se veía un poco desquiciada por la forma en que trataba a todos. Ese día al menos Neil había llegado por la tarde y no de noche, lo que les permitió tiempo juntos que cada vez era menos y eso la tenía resentida.

-Neil... no te esperaba temprano y no preparé nada de comer, si quieres puedo hacerte...

-No te preocupes, quería darte la sorpresa. Podemos ordenar algo de comer. Ahora, lo que sí puedes hacerme es...

Se acercó a su oído para susurrarle al mismo tiempo que le apretaba un seno. A buen entendedor, pocas palabras bastaban, así que Sussy no se hizo de rogar y lo besó apasionadamente colgándosele de la cintura. Ella tenía una minifalda, así que cuando Neil fue a introducir uno de sus dedos ahí se dio cuenta que ella no tenía bragas y fue como si le hubieran inyectado una sobredósis de lujuria haciendo que la levantara más hasta que el sexo de ella quedara a la altura de su boca y de esa manera la saboreó a su antojo.

-Ay, mi amor... tú siempre sabes cómo... hacerme feliz, ummm.

-Pues eso es bueno saberlo porque ahora... lo que quiero hacerte es mía...

Y Neil que le tenía muchas ganas por los días en que no había estado con ella debido a su trabajo, se bajó los pantalones y sentándola a ella en el mostrador, le colocó las piernas sobre los hombros de él y comenzaron su juego de pasión. Había tantas ansias acumulados en los dos que sus movimientos eran vehementes y hasta un poco bruscos. Ambos estaba demasiado excistados como para pensar en delicadezas, así que le dieron riendas sueltas a su desenfrenada lujuria. Cuando terminaron su acto y ella se quedó abrazada a él unos instantes, Neil notó un plato tapado y que tenía un hermoso lazo en tonos verde, amarillo y blanco.

-Pensé que no habías hecho comida...

-¡Oh sí! Que despistada soy, amor. Ahí está tu comida, espero que te guste... me esmeré mucho haciéndola... De hecho... tú también me ayudaste a prepararla...

-¿Yo? No te entiendo, Sussy... ¿de qué me perdí?

-Destápalo y sabrás...

Neil lo hizo y se quedó mudo y sin idea cuando vio le menú. Un hermoso biberón plástico relleno de figuritas en motivos de bebé en miniatura. Él seguía sin poder reaccionar y ella lo miraba con los ojos bien abiertos y mordiéndose los labios esperando a que él despertara de su letargo.

-¿Estás... embarazada? ¿Tú...?

-¡No! La gata. Claro que vas a ser papá, tonto.

-Lo siento... fue una pregunta tonta...

-Neil... ¿no estás feliz? Pensé que...

Susana se entristeció de golpe, esa no era la reacción que se esperaba de él y Neil se dio cuenta. Actuó rápido antes de que ella se hiciera una idea errónea.

-Estoy más feliz que nunca, Sussy... y más ahora...

Ella no entendía a qué se refería él y porqué había tanta picardía en sus ojos, simplemente se dejó abrazar y besar todo el rostro. Luego que él terminara de mimarla, la curiosidad pudo más que ella y lo cuestionó inmediatamente.

-¿Por qué dices que estás más feliz ahora? ¿Es por tu trabajo...?

-No. El trabajo está bien, pero lo que quiero hacer no tiene nada que ver con el trabajo...

-¡Ay ya, Neil! Habla.

Se comenzó a desesperar mientras Neil recogía sus pantalones y buscaba algo en los bolsillos dejándola a ella aún más intrigada. Cuando por fin dio con lo que buscaba, se arrodilló frente a ella, así en calzoncillos le extendió una cajita con un hermoso anillo de diamantes.

-Yo, Neil Leagan, quiero saber si tú, Susana Marlowe, ¿me harías el honor de ser mi esposa?

Ahora la que se había quedado idiotizada fue Susana que no se esperaba la sorpresa, porque sin duda, había sido una tarde de sorpresas para ambos.

-¡Dios mío! Neil, yo... claro que...

No termino decir si aceptaba o no porque el timbre comenzó a sonar insistentemente seguido de unos fastidiosos toques en la puerta.

-¿Quién coño será? Yo no estoy esperando a nadie, ¿y tú, Neil?

-Oh... lo siento, olvidé decírtelo... es que mamá venía a visitarnos... ella quiere hacer las pases... y ya llevamos casi un año sin vernos, así que le dije que podía pasar...

Susana retorció los ojos con fastidio, pero no puso objeción, pues efectivamente hacía tiempo que apenas se derigían la palabra ellos y la señora y aunque a Susana le pareció que siempre elegía el momento más inoportuno para querer visitar, no hizo ninguna escena, sólo por Neil.

-Está bien, Neil, ni modo. Mejor vamos a vestirnos, no sea que piense que hemos profanado todo el apartamento ahora. Se pusieron sus ropas lo más rápido que pudieron y Neil, aunque Susana no le había dado una respuesta, le colocó el anillo en el dedo correspondiente y le dio un beso para luego abrir la puerta.

-Buenas tardes, mamá, bienvenida nuevamente.

-Buenas tardes hijo. ¡Oh Dios! Pero que delgado y demacrado estás, mi niño... Tienes que decirle a tu... mujer... que al menos tenga la desencia de prepararte comida...

-Estoy aquí, señora, si tiene algo que decirme, puede hacerlo de frente.

La señora Elroy se pasmó porque pensó que Susana no estaba y era que se había retirado un momento al baño a lavarse la cara y las manos, así que la pescó hablando mal de ella, como siempre.

-Lo siento, Susana, no lo decía por maldad, sólo que es mi deber de madre preocuparme...

-Gracias por la preocupación, mamá, pero quiero que sepas que estoy muy bien y que no estoy delgado, al contrario, he aumentado de peso, lo que sucede es que tenías mucho tiempo sin verme. Ah y la mejor comida del mundo es la que me hace mi mujer, no he podido compararla con nadie todavía.

Esta vez la señora se quedó sin argumentos aunque no acababa ya de comprender que tenía la batalla perdida y que Neil ya era un hombre, próspero e independiente y que estaba enamorado de su mujer irremediablemente. Susana la miraba con una sonrisa de triunfo mientras que Elroy tuvo que forzar una sonrisita hipócrita.

-¿Y a mi piensan dejarme en el marco de la puerta, o será que podré pasar ya?

-Oh, hijo, casi lo olvido. Melissa me acompañó... espero no te moleste, me la encontré hace unos días en el supermercado y quería verte... así que...

Lo que faltaba, pensó Susana, no sólo había llegado la vieja a importunar, sino que trajo acompañante. Una chica de unos veinticinco años, de pelo negro ondulado y tez acanelada, un cuerpo esbelto el cual lucía en un jean bastante ajustado y una camisa strapless la cual combinó con unos zapatos te tacón tan alto que Susana se preguntó cómo podía caminar con ellos.

-Hola, Mel, cuanto tiempo.

-Hola, Neil, estás más guapo que nunca, el tiempo te ha hecho muy bien...

Melissa rápido entró en confianza y le plantó a Neil un sonoro beso en la comisura de los labios haciendo que él se pasmara, que Elroy sonriera cínicamente y que Susana sólo quisiera ver su cabeza en el mismo lugar de sus zapatos.

-Muchas gracias, Mel, tú también luces bien. Bueno, te presento a mi novia y futura esposa, Sussy.

-¿Futura esposa? Osea, que... Neil... ni siquiera tuviste la desencia de comunicarte que ya tenían planes de boda...

La señora se hizo la mujer más indignada del mundo mientras que Susana volvió hacer su gesto de fastidio y además que odiaba que Neil le dijera a Melissa "Mel", haciendo ver la confianza que había entre ambos y además porque la tal Melissa ni siquiera hizo contacto visual con ella al momento que Neil las presentó.

-No te habías enterado, mamá porque llegaste justo en el momento en que hacía la proposición. Por favor, tomen asiento y siéntanse en su casa. Tenemos que ponerlos al día en muchas cosas.

-Yo iré por un café y panecillos, si gustan.

Dijo Susana para desaparecer unos instantes de la presencia de las dos arpías que estaban sentadas en su sala y no había dado la media vuelta cuando ya la incomodidad y los instintos asesinos se avecinaban.

-Eh... Susana, no te preocupes, yo estoy bien si café... es que... no me lo tomes a mal, pero... esa marca que compras no es mi agrado...

-Mamá, es la misma marca que siempre has comprado en casa...

-Tal vez no le gusta la forma en que lo preparas, Elroy es muy exigente... no te preocupes, chica, cuando Neil y yo éramos novios... el café fue una de las pruebas que más difícil se me hizo pasar...

La revelación del año salió de la boca de Melissa, haciendo que Susana se quedara en shock y que Neil no encontrara donde meterse y que su suegra ni se inmutara haciéndose la desentendida.

-Eso fue hace años ya, un noviazgo adolescente. Ahora somos dos adultos que sabemos lo que queremos y así como yo, espero que tú también hayas encontrado el amor de tu vida, Mel.

Susana se tranquilizó un poco por la sabia intervención de Neil, que a pesar de todo la ponía a ella siempre primero aunque muchas veces se sentía entre la espada y la pared.

-Bueno, dado que nadie está interesado en mi horrible café, supongo que es mejor sentarnos aquí todos juntitos como la hermosa familia que somos, ¿verdad doña Elroy?

Susana hizo el comentario con toda la intención porque sabía lo que resentía su suegra de que le dijeran algún adjetivo que expresara su edad y Susana disfrutó de expresión de disgusto.

-Mi amor, a mí sí me gusta tu café y en este momento es lo que más deseo, así que me encantaría que me prepararas uno.

Susana encontró otra excusa para dejar el espacio que se volvía tan pequeño al hospedar a tan fastidiosas visitantes y fue a prepararle el café a su marido. Cuando regresó de la cocina con dos humeantes tazas de caramel mocha con whip cream y syrup de caramelo por encima, cuyo olor invadía todos los sentidos, las dos visitantes se arrepintieron de sus comentarios despectivos sólo con el aroma que enamaba de las tazas de café, pero no lo admitieron, aunque tanto Neil como Susana se dieron cuenta porque sus miradas y los gestos que hacían con la nariz las delataba.

-Doña Elroy... si quiere puedo preparar otras tazas más para ustedes... es que me siento incómoda al ver el deseo con que miran nuestro café...

-Eh... no, no te preocupes, estamos bien así.

-Pues yo que tú me lo tomaría mamá, porque Susana y yo todavía tenemos una gran noticia que darles.

Al ver las caras que ponían las dos damas, Susana se paró sonriente a preparar los otros cafés luego que Neil le guiñara un ojo con malicia. Cinco minutos después Susana estaba de vuelta con el pedido, pues eran cafés instantáneos y muy cordialmente se lo llevó a la visita en bandejas con platillitos y panecillos. Neil y ella rieron por ver como ambas mujeres deboraban todo, tragándose hasta el orgullo.

-Bueno, Neil, tú dirás... ¿cuál es esa noticia tan importante?

-Buena pregunta, mamita linda. Primero quiero que sepas que soy el hombre más feliz del mundo porque creo que aún no te enteras, pero la razón de esa felicidad es que no sólo tengo a la mujer más maravillosa a mi lado, sino que también me ha dado una nueva bendición. Serás abuela.

Niel se lo soltó y la señora se atragantó con el último sorbo que le quedaba a su café mientras que Melissa la miraba con reclamo y Susana se quedó tranquila porque no esperaba menos de su adorada suegrita.

-¿Cómo? Pero... es muy pronto... ¿Están seguros? Tal vez sólo es un susto...

-No es ningún susto, doña, ya fui al médico y estoy cien por ciento segura. Claro que si no le da gusto la noticia, no la culpo, algunas mujeres suelen sentirse viejas con la llegada de los nietos.

-Ah, pero no te preocupes por eso mamá, ya tendrás quién te saque canas verdes...¿porque sí nos ayudarás a cuidarlo, verdad?

-¡Neil! A mí no me faltes el respeto. Claro que estoy feliz, sólo que esto fue una sorpresa y creo que debieron esperar más, pero... ustedes sabrán lo que hacen. Y claro que voy ayudarte en su crianza... Pues a Susana aún le falta...

-¡Se equivocaron los dos! Tengo la edad y la capacidad suficiente para cuidar y criar a mi hijo. Si usted quiere participar de su crianza, no tengo problemas, pero su madre soy yo y sólo yo decido lo que sea mejor, no crea que va estar aquí interviniendo y criticando siempre mi proceder porque hasta ahí llega usted, señora.

Susana se puso de pie de pronto y su coraje se encendió dejando muda las siempre dobles intenciones de su suegra, Neil hizo lo posible porque ella se calmara mientras que Melissa en silencio se percataba de que la Sussy no era fácil de joder y se preguntó por qué diablos se había prestado a fastidiarla por petición de Elroy cuando sabía que no tenía ninguna esperanza con Neil y que en todos los años que habían pasado ni siquiera se mantuvieron en contacto.

-Sussy, cálmate, no es para tanto. Yo confío en tu capacidad y sé que necesitarás muy poca ayuda, siempre has sido autosuficiente y estoy segura de que serás una excelente madre.

-Yo lo siento, no fue mi intención ofenderla. Estoy feliz con la noticia... sólo quería ofrecerme para ayudar, pero veo que no importa los esfuerzos que haga...

-Mamá, deja de hacerte la inocente. Si quieres ofrecer tu ayuda, hazlo de la forma correcta y deja tus comentarios fuera de lugar. Estás haciendo que me arrepienta de haberte abierto las puertas nuevamente. Te conosco, madre, sé que siempre tienes doble intención, como haber venido con Melissa, por ejemplo...

-No, Neil, yo jamás me prestaría para... sólo quería verte...

Melissa se había puesto seriamente nerviosa al ver como Neil había leído todas las intenciones que tenían ella y su madre y la forma en que había atinado en todo.

-Neil, ya basta, sólo queríamos visitarte y saber de ti, pero siempre se van a poner así de suceptibles cada vez que hago una sugerencia... Tu mujercita es bastante malcriada, creo que deberías usar mano dura con ella...

-¿Perdón? ¿Qué insinúa, señora?

-Okay, ya fue suficiente. Mamá, Melissa, ha sido un placer haberlas tenido aquí, pero mi mujer y yo estamos muy cansados y hambrientos, así que les ruego se retiren y nos vemos en otro año. Feliz navidad, próspero año y felicidad.

Neil ayudó a ponerse de pie a los dos mujeres quienen indignadas fueron echadas del apartamento mientras Susana reía.

-Neil, he hecho mis esfuerzos, pero créeme, no puedo con ella. Sinceramente, no quiero su influencia en mi hijo, no quiero que esté cerca de él, lo siento.

-Ya, Sussy, tampoco te pongas así. De todas formas es su abuela y querrá verlo y compartir con él, no podemos negarle eso...

-¡No me importa! Dije que no la quiero a ella cerca mío ni de mi hijo.

-¡Cálmate! Deja de gritar y cógelo suave que esto a penas está empezando. No te estoy diciendo que la dejes influir, sólo que no tienes que llegar al extremo de no dejar que lo vea.

-¡Claro que sí! Es mi hijo.

-¡Mío también!

Comenzó una discusión que terminaría muy mal para los dos.

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La actividad sería a las ocho de la noche y eran las seis de la tarde, así que Candy y Terry acababan de ducharse. Terry salió de la habitación para que Louise ayudara a Candy a cambiarse y peinarse.

-Eso es, sabía que este vestido sería perfecto. Pareces un ángel, mi niña. Ahora vamos a ver qué hacemos con este pelo... ¿quieres que te lo alize?

-No... a Terry le gusta rizo. Mejor hazme rizos más sueltos y definidos.

Luego de su petición, Louise buscó la tenaza y le hizo a Candy hermosas ondas en el pelo y con el estilo un poco alborotado, pero sin que luciera desaliñado, cuando terminó, la misma Candy se maquilló y se puso sus zapatos y accesorios. Louise se retiró para arreglarse también y al abrir la puerta se toparon con unos muy guapos Terry y Richard en sus trajes a la medida. Terry con su nuevo estilo de pelo más corto se veía simplemete irresistible y Richard para su edad era un hombre aún guapísimo. Candy y Louise los miraban orgullosas.

-Estás bellísima. Un ángel, mi amor.

-Eso mismo me dijo Louise. Y tú estás para comerte...

-Pecas... estás muy golosa en estos últimos días... no te dejo comerme ahora porque nos quedan más de dos horas de camino, porque si no...

Terry le apretó las nalgas y la besó.

-¡Terry! Vas arrugarme mi vestido. Espera que se acabe la fiesta y verás...

-Pues eso espero... porque sino me quedaré con mi amiguito así toda la noche...

Terry llevó la mano de ella para que sintiera lo duro que estaba y ella sintió que toda la sangre se le cuaguló, pero no había tiempo para nada así que cambiaron de tema para que sus cuerpos se tranquilizaran.

-Ya nos vamos. ¿Están listos?

Desde la puerta, Louise le preguntaba porque se irían los cuatro juntos, esta vez en el Jaguar de Richard. Se montaron y Candy iba en el pasajero, pues era más cómodo por su barriga. Fueron todo el trayecto conversando y riendo y Terry como siempre burlándose de Candy, así que los suegros fueron los árbitros en todo el camino hasta que llegaron.

-¡Oh Dios! Todo esto es fabuloso...

Louise que había recuperado su vista, miraba con asombro el gigante árbol de navidad que había en el salón de actividades decorado completo en tonos y ornamentos dorados. Las mesas redondas vestían finísimos manteles en dorado, verde y rojo y los centros de mesa eran hermosos arreglos de flores de pascua. Había música navideña armonizando el lugar y hasta un grupo de cantantes de música navideña alegraban la fiesta al son de trullas con sus panderetas, maracas y güiros.

-Terry, esos regalos bajo el árbol... ¿son de verdad?

-No, Pecas. Jajajajaja. Son sólo adornos. Espera al veinticinco.

-¡Hola!

-¡Eliza! Has traído a la bebé. Mira, Terry, que linda es.

Candy se enfocó en la hermosa bebé vestida con su trajecito rojo, era hermosa, de pelo rojo como su mamá, pero muy parecida a su papá, el cual Candy ignoró por completo y casi le arranca a la niña a Eliza para cargarla.

-Hola, Eliza y Stear, veo que mi mujer te ignoró, es natural en ella su despiste.

-Descuida, Terry. Buenas noches, Richard y Louise. Se ven estupendos.

-Muchas gracias, Stear, y felicidades por la bebé, es hermosa. Eliza, estás hermosa y quedaste con muy buena figura.

-Gracias... aún estoy trabajando en ella, pero en navidad... con tanta comida deliciosa, imagínense.

Poco a poco siguieron llegando más personas y entre ellos Albert y Annie. Albert torció varios cuellos femeninos con su presencia mientras otros estaban torcidos hacía rato con Terry, pero Candy nunca se le alejaba lo suficiente, ni él de ella, pues el escote de Candy atraía muchas miradas lascivas de las cuales ella no era conciente, pero Terry sí.

-Buenas noches a todos, Candy, lo siento, suelta a mi sobrina, es mía ahora.

-Annie, por lo menos saluda a tu hermana, ¿o es que estoy pintada en la pared?

-Lo siento, Lizzy, es que cuando veo esta preciosura se me olvida todo.

-Pues ya sabes, Albert, creo que eso fue una inderecta. Ustedes serán los próximos.

Soltó Candy y le dio la bebé a Annie renuente para luego saludar al dulce Albert con un gran beso y abrazo que no le hizo ninguna gracia a Terry, sin embargo Annie se quedó tranquila porque sabía que Albert no miraba a nadie como la miraba a ella y además de con Candy no había oportunidad ni para él ni para nadie mientras Terry viviera. Pero Terry era celoso por naturaleza, así que no importaba, tenía la mandíbula apretada y aunque su resentimiento no era con él, miraba a Candy con ganas de matarla, pero ella no era conciente de eso, Annie sí porque reconoció el mismo gesto que hizo hace un tiempo en aquella visita de ella y Archie al apartamento de ellos, ahí supo la diferencia de cómo Terry veía a Candy, como nunca la vio a ella, como la veía Albert ahora.

-Buenas noches, Terry, Richard, Louise, hola a todos.

-Buenas noches, Albert. Permíteme felicitarte por tu desempeño, estoy agradecido de haberte contratado.

-No tienes que agradecerme, Richard, sólo cumplo con mi trabajo. Señora Louise, está usted muy elegante. Todas ustedes, Eliza y Candy.

-Gracias, Albert, tú también estás encantador... te pareces a... mi hermano...

Candy no pudo evitar recordar a Anthony ya que él y Albert eran muy parecidos físicamente.

-Me alegra recordarte a alguien que fue tan especial para ti, pequeña. Te ves hermosa como una princesita.

Albert cariñosamente acarició la barriga de Candy y por alguna razón ella no se sintió incómoda con la caricia y ni siquiera recordó que le había prometido a Terry que esa precisa caricia sólo estaba reservada para él y es que Albert, teniendo la misma edad de Terry, veía a Candy como una hermanita y le recordaba a su hermana que nunca conoció porque murió a los diez años cuando la arrolló una camioneta mientras jugaba en la calle. Sólo la había visto en fotos. Candy en cambio sólo imaginó que Anthony hubiera tenido ese mismo gesto de Albert, no por eso no se detuvo siquiera a pensar que Terry estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano para no moler a golpes a Albert que también estaba ajeno a la situación. Annie no sabía cómo intervenir sin ser obvia y porque Albert además so retiraba su mano de la barriga de Candy.

-Albert, mi amor, ¿no quieres cargar a la niña?

-Claro que sí, ven aquí, princesita hermosa.

Albert dejó a Candy y se entregó por completo a la preciosura de bebé que le extendían. Candy se acercó a Terry nuevamente e intentó tomar su mano, pero Terry desimuladamente la rechazó y fue por unas bebidas para todos junto con Richard.

-Bueno, Albert y Stear, mejor únanse a los demás hombres, nosotras, incluyendo a Alissa, vamos hablar de temas de mujeres... osea, bye.

Eliza le quitó la niña a Albert y buscó una mesa para que todas se sentaran, incluyendo Louise a la que prestaron mucha atención y participó en cada tema. Los hombres también fueron a otra área y aunque no podían escuchar de qué hablaban ellos, sus risas se escuchaban hasta la mesa de ellas, pero Terry no se reía y Candy lo notó.

-Es una lástima que no puedas beber, Candy... porque esta sangría está...

-Eliza, cógelo suave con el alcohol... sé que está dulcesita la sangría, pero si sigues así vas a salir gateando de aquí.

-Ay, Annie, no seas aguafiestas... oh mira, Candy, tienen coquito sin alcohol, aprovecha.

Y Candy aprovechó y se sirvió una copa llena para ella y Louise. Estaba tan delicioso que se lo zumbó en cuestión de segundos.

-Vaya, Candy, menos mal que es sin alcohol, sino ya estarías patinando.

El comentario vino de Louise y todas rieron.

-Pues es una lástima que no pueda emborracharme porque no sé que diablos le pasa a Terry, yo no he hecho nada.

Finalmente Candy lo soltó y se desahogó, sólo Louise entendió bien a qué se debía la indiferencia de Terry hacia ella, pues lo conocía bastante y esas situaciones ella también las vivió con Richard.

-No le hagas caso, Candy, los hombres son así de changos. Tú sigue bebiendo, que el alcohol yo me lo tomo en tu nombre.

Eliza aprovechaba que Louise tenía a la bebé cargada y ya llevaba su tercera copa y Annie que tanto la criticaba se estaba terminando la segunda y extendía su copa para otro round. Pero Candy de pronto se puso muy seria al ver que Terry se había apartado del grupo de hombres y hablaba con una mujer de más o menos su edad o tal vez un par de años mayor que él. Tenía un vestido rojo exageradamente ceñido y escotado y cada vez que hablaba tocaba a Terry, ya sea en la cara, o el pecho, en alguna ocación también le rozó la mano. Lo que más le chocó es que después de lo serio que se había mostrado casi todo el tiempo, con aquella estaba riendo.

-¿Alguna de ustedes conoce a la silicónica celulítica que está hablando con Terry?

Todas giraron el cuello de una manera que parecían haber estado poseídas por demonios y enseguida notaron de lo que hablaba Candy.

-Yo no sé quien es, pero yo tú voy y le dejo una advertencia a esa perra antes que se le vaya la mano.

-¡Eliza!

-Ay, Annie, déjate de baboserías, sé muy bien por qué lo digo...

Por experiencia, pensó Candy, pues a pesar de lo amigas que se habían vuelta, nunca le insinuó a Eliza que conocía muy bien el tríangulo de amor que ella y Stear habían vivido y mucho menos que conocía muy bien a la responsable.

-Candy, yo sí sé quién es y nunca me ha dado muy buena espina, esa es Jayleen, la secretaria de Terry... si vas hacer algo, que sea disimuladamente, no vayas armar un espectáculo...

Le dijo Annie, pero Candy no estuvo muy convencida y pensó que debería ir hacia ellos para recordarle a Terry con quién andaba.

-Candy, cariño, mejor quédate aquí, Terry sabrá lo que hace. No creo que sea nada de qué preocuparte. En tu estado no es bueno irte a exponerte y buscar bullas.

-Lo siento, pero mientras esa zorra siga tocándolo así, voy a ir allá a colgarla de las greñas en el árbol de navidad.

Candy estaba exhaltada, pero seguía sentada, hasta que vio que la tipa pasó provocadoramente uno de sus dedos por los labios de Terry, que aunque estaba serio otra vez, tampoco le vio ningún gesto de ponerle una distancia.

-¡Candy! Candy... ven aquí... ¿qué piensas hacer? ¡Candy!

Louise se quedó preocupada en su asiento y no la pudo detener, sólo vio que ella iba en pasos gigantes y acelerados hacia Terry y su expresión de muy pocos amigos atrajo muchas miradas.

-¡Dios mío! ¿Qué irá hacer...?

-Buena pregunta, Eliza, ya que tú la alentaste a que hiciera un papelazo.

-¿Yo? Sólo le recomendé ir a pelear por lo suyo, este mundo está lleno de trepadoras oportunistas.

-Chicas, entiendo su punto, pero ustedes parece que no conocen bien a esos dos. Espero estén listas para lo que pasará ahora, acaban de lanzar un fósforo sobre gasolina.

Les advirtió Louise y luego se fijó que ya Candy estaba frente a frente a Terry y su acompañante.

-Buenas noches, cariño. ¿Estás pasándola muy bien?

-Sí, igual que tú... ¿o prefieres que llame a Albert para que te acaricie?

-¿Qué? No sé de qué hablas, pero sí he visto claramente la manera de conversar tuya y de ésta...

-Jayleen, mucho gusto. Soy la secretaria de Terrence.

-Por mí puedes ser la primera dama, pero si no dejas de tocarlo ahora mismo te...

-¡Candy! Controla tus emociones. Te he dicho mil veces que no estés retando a nadie en ese estado...

-¡Tú a mí no me dices nada! Pero si quieres quedarte con esta para que te siga sobando, está bien, adelante... después no te quejes.

Terry ya estaba perdiendo toda la paciencia porque además, aunque no pareciera, él estaba más molesto que ella y de sólo recordar la forma en que Albert acarició su vientre y ella lo permitió, sintió ganas de ahorcarla. Al ver que ella se giró para irse, la retuvo por un brazo e hizo que lo mirara de frente nuevamente.

-No estoy haciendo nada y ella simplemente es mi secretaria, estoy siendo cortés nada más. No voy a tolerar tus impertinencias y además, bien cómoda que se te veía dejándote tocar de Albert.

Le reclamó Terry sin soltarla y con los ojos inyectados de furia mientras que Jayleen miraba la fascinada la escena que había provocado.

-¡No me dejé tocar de nadie! Que quiera acariciar mi bebé es natural, no es un pecado. Ahora, lo que esta perra está haciendo es...

-Esta tiene su nombre, querida. Te advierto que te midas al hablar de mí.

Dijo la secretaria retando a Candy y sólo consiguió que Terry le pidiera que se fuera y los dejara solos, lo cual hizo con una expresión nada contenta.

-Yo te dije a ti que no quiero que nadie te toque, ni a Albert ni a nadie. Con o sin bebé, no quiero que estés abrazando ni besando a ningún otro y mucho menos que te dejes acariciar...

Terry había subido un poco la voz y eso atrajo varias miradas que disimuladamente disfrutaban de la dísputa, mientras que las chicas de la mesa de Candy ya se estaban preocupando.

-¿Abrazando y besando a quién? Saludé a Albert nada más, tú lo conoces, no veo qué tiene de malo...

-Todo. Todo tiene de malo. Lo abrazaste, lo besaste y encima lo dejaste tocar tu barriga cuando sabes bien que eso es sólo para mí.

-Le di un abrazo a un buen amigo y besé su mejilla, no entiendo cuál es tu problema con eso... Sé que no te gusta que los demás toquen a tu bebé, pero bueno... creo que eso es inevitable... es algo normal.

-A mí no me importa que sea Albert o el mismo mesías y tampoco me importa dónde diablos le hayas dado el beso. Es sencillo, no beses y no abraces y no te dejes tocar...

-Terry, suéltame... no están mirando... y baja la voz...

Candy se dio cuenta de todas las miradas que habían sobre ellos y de como Terry la tenía sujeta por ambas manos y lo pegados que estaban. También que Terry estaba casi gritando aunque el lugar en que estaban era un poco alejado.

-Ah... ahora te preocupa que nos estén mirando, que raro, porque hace un momento viniste hacer tu teatro sin importarte nada... ¿sabes qué...? Me importa un carajo que nos estén mirando. Yo soy el dueño y grito como me de la gana.

Su arrogancia y despotismo encolerizó a Candy quien trató de zafarse sin éxito.

-Tú estabas muy encaramelado con la puta esa, así que no sé qué reclamas, yo no he hecho nada, tú eres el que...

-¿Está todo bien por aquí? Espero que sí porque los están esperando abajo para iniciar con la comida.

La presencia de Richard les interrumpió la pelea y sin mirarse siquiera se dirigieron a la mesa que una vez Candy hubo dejado a abandonada. Se respiraba una gran tensión en el ambiente. Candy estaba seria, pero Terry se veía furioso y no disimulaba, así que todos se estaban sintiendo incómodos.

-La comida está deliciosa.

Comentó Eliza a ver si así rompían el hielo, pero sólo Louise y Richard asintieron. Candy comió porque de verdad tenía mucha hambre y porque sinceramente la comida estaba riquísima, pero Terry sólo jugaba con su comida mientras de vez en cuando le lanzaba a Candy una mirada asesina al estar sentado frente a ella.

-Yo lo siento... creo que no tengo mucho apetito, mejor voy por un trago. Disculpen.

Terry se paró de la mesa y fue directo a la barra, Candy dejó de comer de golpe. Odiaba cuando las cosas se ponían así entre ellos. Se entristeció profundamente y también perdió el apetito. Louise se dio cuenta de todo, pero espero a que los demás comieran y que al menos los hombres se retiraran a parte nuevamente.

-¿Verdad que no te condujo a nada tu actitud, Candy? Ahora todo está peor.

-No es momento para que me reclames, Louise. Si me acerqué hacia allá fue porque él no ponía distancia entre aquella estúpida y él...

A Louise no le lastimó tanto la brusquedad de Candy porque sabía que estaba molesta, pero hacía tiempo que no la llamaba por su nombre y eso realmente dolió, pero Candy no se percató del sufrimiento que le había causado porque estaba demasiado enfocada en su coraje. Eliza y Annie habían escuchado todo, pues estando en la misma mesa no había manera que no se enteraran, a parte de que ellas sabían el motivo de la molestia.

-Tranquila, Candy, ya se le pasará. Terry sólo tiene su orgullo de macho herido.

-Ese es el menor de mis problemas, Annie. Es la imbécil aquella que no me da confianza. Si no fuera porque conosco a Terry... estaría segura que...

-Ni lo digas, Candy. No creo que Terry se capaz de hacerte algo así...

Esto vino de Eliza al recordar todo lo que vivió con Stear cuando tuvo su amante y era algo que no le deseaba a nadie.

-Candy, tú y yo sabemos muy bien lo que le pasa a Terry... mejor ve a buscarlo, pero sin discutir, ve tranquila, aunque él se altere. Tú sabes muy bien como hacer que él se derrita, así que aprovecha eso y búscalo.

El consejo más sabio venía como siempre de Louise. Candy miró hacia la barra pero no había ni rastro de Terry, se preguntó en qué momento se fue que ni lo vio pasar. Luego de un gran sorbo de su bebida, comenzó a recorrer el lugar buscándolo, pero no daba con él, aún así no se rindió y peinó todo el lugar en su busca.

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Se había retirado solo, al lugar más apartado, uno que muy pocos conocían. Para respirar y pensar y porque además sabía que la situación no había sido para tanto. Se quedó contemplando el cielo estrellado y dejó que la brisa fría lo envolviera, pero lo único que deseaba que lo envolviera en ese momento eran los brazos de ella, cuando aparecía de pronto y por la espalda lo abrazaba. Cuando venía hacia él con sus ojitos suplicantes y aguados y a él se le iban todas sus fuerzas. Pensó que tal vez Dios había escuchado su deseo porque unos brazos lo rodearon y él se dejó envolver por el calor que de ellos emanaba y cerró los ojos, pero cuando los abrió y miró los brazos que se enroscaban en su cintura supo que no eran los de la persona que estaba esperando.

-Jayleen... ¿Por qué hiciste eso? Pensé que eras mi...

-¿La niñita que embarazaste? No, querido, a esa parece que se la tragó la tierra, no está por ningún lado.

-¿De qué estás hablando? Bueno, no importa. No quiero que vuelvas acercarte a mí de esa manera, no te he dado esa confianza y además no quiero que nadie vaya a malinterpretar tu abuso de confianza.

Terry deshizo con brusqueda sus manos enroscadas en su cuello, pero ella parecía no entender. Permanecía muy pegada a él y los pechos de ella estaban casi en su boca, su perfume lo tenía un poco mareado. Ella le hablaba y acercaba demasiado sus labios. Era guapa, no había quién lo negara y en otro tiempo Terry no hubiera dudado en cogérsela ahí mismo, pero todas esas cosas habían cambiado y mucho. Luego de haber conocido la pureda e inocencia de un amor real, no cambiaría eso por nada.

-Eres un hombre, amor... no sé cómo es que te has dejado amarrar así por esa niña. No tienes que seguir con ella porque la hayas embarazado... sólo hazte cargo del niño...

-Mira, tú no sabes lo que estás diciendo y mejor cállate. Si sigues como vas, tienes los días contados aquí. Ella no es la niña que embarazé, es mi mujer y te voy a exigir que al referirte a ella lo hagas con respeto... conoces sólo el lado bueno mío, no quieras conocer el otro cuando alguien se mete con ella...

Jayleen se quedó sorprendida porque entonces supo que de verdad Terry quería a esa chiquilla, había pensado que seguro era una de esas aventuras que habían salido mal, pero vio la pasión con que él la defendía. Eso no la hizo perder la seguridad en sí misma y siguió insistiendo.

-Tranquilo, Terrence. No vine aquí a pedirte matrimonio. Sólo te vi triste y solo y pensé que necesitarías un abrazo. Somos adultos... pero viéndote así molesto...

Comenzó a decir mordiéndose los labios de deseo y muy segura de que en esa parte del lugar nadie los veía ni oía.

-Creo que tú lo que necesitas es algo más relajante... algo que te quite toda esa tensión... a mí... me gustaría ayudarte... si te dejas...

Mientras ella hablaba se pegó a él más de lo necesario y con su mano comenzó acariciar la entrepierna de Terry, que por más que no quiso, su cuerpo reaccionó al estímulo. Eso le dio más coraje.

-Jayleen, por favor, vete de aquí, vine para estar solo, así que por favor, si aprecias tu trabajo y quieres conservarlo, vete.

-No me iré, vas agradecerme esto después de todo...

Cuando le dijo eso de pronto se arrodilló y hábilmente le bajó la cremallera del pantalón y Terry tuvo que resoplar fuerte. Cuando las manos de ellas comenzaron a rebuscar dentro del pantalón mientras su boca se acercaba ahí cada vez más, Terry fue a sostenerla del pelo para empujarla, pero reaccionó tarde porque unos ojos verdes sólo vieron a la chica arrodillada, su cremallera abierta y a Terry sosteniéndola del pelo, no pensó que sus intenciones fueran empujarla, no le dio tiempo porque se quedó en shock al verla a ella.

-¿Por eso era tu insistencia de que me quedara en casa? ¿Para estar con esta puta?

Le gritó con rabia y con la cara llena de lágrimas, con un dolor profundo, ese dolor que expresa el rostro al ser traicionado.

-¡Candy! Claro que no, yo... esta mujer vino y...

¡Plaf! Una picante bofetada se estrelló en la mejilla de Terry. Jayleen se había pueston nerviosa porque no pensó ser pescada en el acto y salió casi corriendo de ahí. Lo mismo que Candy sin que Terry puediera evitarlo.

-¡Candy! Candy, ven aquí, no corras. Candy, te puedes caer... cuidado con las escaleras...

Terry hacía lo imposible por alcanzarla, pero en el camino se había tropezado con mucha gente que le impidieron avanzar, cuando al fin pudo llegar a la parte de abajo, no había ni rastro de Candy. Richard y Louise se le acercaron preocupados.

-Terry... ¿qué es lo que pasa?

-¡Candy! ¿La han visto?

-No... pensamos que estaba contigo...

La respuesta la dio Louise preocupada y Terry se llevó las manos a la cabeza y se alborotó el pelo con stress y preocupación.

-Tengo que ir a buscarla. Papá, pide que cierren las puertas y que nadie salga de aquí.

-¿Por qué haría eso? Terry, mejor dime qué es lo que pasa.

A Terry no le quedó más remedio que confesarle a ellos lo que había presenciado Candy y a Louise casi se le para el corazón, conocía bien lo impulsiva que era Candy y en su estado... mejor no quiso pensar.

-Tenemos que buscarla inmediatamente. Dios mío, esta niña no aprende.

Los tres comenzaron a peinar todo el lugar y a preguntar por ella, pero nadie supo decirles nada y Terry ya estaba a punto de estallar de rabia. La preocupación lo consumía y después de media hora de buscar y buscar, se sentó frustrado en una silla y las lágrimas comenzaron a salir.

Candy había salido corriendo, pero se camuflajeó entre la gente y logró salir sin ser vista. La escena que había presenciado le provocó náuseas, en ese momento todo el amor que había sentido por Terry se transformó en un odio profundo, en un rencor tan grande que a ella misma le daba miedo. Caminaba sin rumbo por las calles y terminó parando en un Starbucks que había cerca. Iba tan inmersa en su mundo y pensamientos que tropezó con alguien al entrar.

-Disculpe, caballero, no lo vi.

-¿Candy? Candy, ¿qué haces corriendo así y en esas condiciones?

-Yo... no me preguntes, por favor... no preguntes.

Estalló en llantos en sus brazos y él protectoramente la recibió.

-Está bien, cálmate, ven tómate un chocolate y me cuentas qué fue lo que te puso así...

En cinco minutos él llegó con dos chocolates calientes y se sentó frente a ella.

-Gra-gracias...

-Ahora sí, Candy. Vas a contarme qué pasó y por qué andas sola por ahí.

-Es que... lo que pasa es que... Me traicionó... Terry...

Candy entre sollozos le contó todo y él estaba de piedra. Pensó que uno nunca termina de conocer a las personas, pues en el tiempo que lo había tratado, sabía que Terry era un poco difícil de tratar, pero que la traicionara así, sencillamente costaba creerlo, él había visto como la celaba y protegía.

-Candy... pero... ¿estás segura? Yo de verdad no creo qu Terry haya sido capaz de...

-¡Lo hizo! Yo lo vi, lo encontré con esa...

Candy se puso a gritar estando de pie y todos los que estaban ahí tuvieron que mirar hacia ellos.

-Está bien, cálmate. Siéntate, vamos hablar... ¿Candy... eso no es...?

Él señaló con horror hacia el piso en el espacio en que Candy estaba parada y vio un líquido derramado en el piso.

-¡Oh no! ¡La bebé! ¡Ouch! Me duele... ya... ya va a nacer... ¡Ay!

-¿Quieres que le avise a alguien? Dame el teléfono de Terry para...

-¡No! Vine aquí huyendo de él precisamente. No quiero que lo llames, ni a él ni a nadie de su familia. ¡Ay! ¡Ouch! ¡Llévame al hospital! No te quedes mirándome.

Él apresurado la tomó en brazos y la montó en el carro y fueron directos al hospital donde se suponía que ella daría a luz, él manejaba nervioso por los fuertes quejidos de ella y por la forma en que lo insultaba porque no iba más rápido hasta que al fin llegaron al dichoso hospital.

-Candy... ¿estás segura que no quieres que le avise a Terry?

-¡Ya te dije que no! Él me traicionó, pues ahora que se olvide de mí y de que tiene hija. Más te vale que no avises a nadie.

-Está bien, no lo haré... pero al menos debes dejarme a mí estar contigo en todo momento... no voy a irme y dejarte aquí a tu suerte...

-Claro que sí... yo te agradezco el gesto, de hecho iba a pedírtelo. ¡Ouch!

Se apresuraron hacia sala de emergencia donde Candy fue intervenida de inmediato y él que se había quedado con la cartera de ella le proporcionó a la encarcada de récord y registro todos los datos. Candy ya estaba en sala de partos y él esperaba ansioso y nervioso sin saber qué hacer. Sentía que debía avisarle a alguien y pensó hacerlo desde el celular de Candy, pero se contuvo para no traicionar su confianza.

-Candice, respira hondo y ahora puja. Vamos fuerte.

Mientras ella pujaba dando lo mejor de sí, no podía evitar todos los flashes de los momentos vividos con Terry y al final de la traición.

-Me duele... yo... ya no puedo...

-Tonterías, Candy, ya casi está afuera. Vamos, sólo un poco más.

-¡AAAHHHHH!

-Muy bien, otro como ese y estará aquí con nosotros. Vamos, no te rindas. Puja.

-¡AAHHHHHAHHH!

Con esa última pujada que casi la deja sin aliento escuchó por primera vez el llanto de su hija y terminó llorando ella de emoción e intentando recuperar sus fuerzas, su rostro era triste y feliz al mismo tiempo. El sudor la recorría entera.

-Aquí está, Candice. Tu hija, mira qué hermosa es.

Candy por fin pudo sostener a su bebé en brazos y la besó y lloró. Esperó a que la limpiaran y la prepararan a ella para que ambas fueran llevadas a la que sería su habitación. Cuando Candy estuvo limpia y lista, le llevaron a su bebé a la cama para que la alimentara. Ahí Candy lloraba nuevamente. Ahí estaba su angelito, con su pelito rubio, pero lacio. Con las pecas que Terry había jurado que tendría y a pesar de que tenía su misma naricita y la forma de su boca, ahí estaban esos ojos azules profundo que lloraban pidiendo comida. Esos ojos que ella tanto amaba.

-Candice, disculpa. El padre de la niña pregunta si puede pasar...

-¿El padre?

Preguntó ella a la enfermera poniéndose nerviosa de pronto cuando ya había acomodado a su hija en su pecho para que comiera.

Continuará...

¡Hola niñas lindas! Sé que no tengo perdón por el retrazo, de verdad lo siento, no fue mi intención tardar tanto. Lo que pasa es que se me juntaron muchas cosas a la vez y también estoy pasando momentos un poco incómodos. Además de eso también tuve un lapso de bloqueo de inspiración y yo soy perfeccionista en lo que hago. Hasta que el capítulo no me convenza, no lo subo.

Espero que de verdad les haya gustado este capítulo, aunque fue algo agridulce. Necesitaba darle un giro a la historia para que no se tornara aburrida, además siempre hay conflictos, hay que ver ahora cómo se resuelven. Sé que van a quererme matar por separar a Candy de Terry, sólo le pido que confíen en mí, les prometo que esta historia estará de lujo aunque se vean estas situaciones. Haré lo posible por no tardar más de tres días en actualizar. Sé que se estarán preguntando quién es ese que se encontró con Candy la está acompañando, ya lo sabrán en el próximo. También se preguntarán qué pasará ahora con Candy y Terry... bueno, eso también lo iremos descubriendo... En cuanto a la situación de Neil y Susana, la traje porque he visto muchas parejas vivirlas, cuando la suegra quiere llevar la relación y no trae más que conflictos...

Quiero darle las gracias especialmente a todas las que a pesar del abandono temporal me siguieron enviando sus reviews y expresaron su preocupación y a las que me siguen en facebook y me dejaron mensajes. Esos pequeños gestos me motivan a continuar.

Kary Cruz, Priscilla, Laura Grandchester, analiz, Karla López

Gracias a todas que me preguntaban todos los días por la historia y no dejaron de apoyarme. Espero no haberlas decepcionado con este capítulo y que la espera haya valido la pena. Por favor me lo dejan saber con un review.

Las adoro, mis niñas. Espero que tengan una bonita navidad y que Santa les traiga todo lo que pidieron!

Subuab... Espero volver a verte por aquí.

Joe: Saludos.

Besos,

Wendy