Tu mayor tentación
Por: Wendy Grandchester
Capítulo: 14 Entre el orgullo y el amor
A Candy le había vuelto el alma al cuerpo cuando supo que el padre de la niña que anunciaba la enfermera no era Terry. Se cubrió con una sabanita para seguir alimentado a su hija que parecía estar desesperada del hambre y él se sentó sonriente en la silla contínua.
-Te ves muy hermosa así de mami, Candy. Ambas son hermosas.
-Muchas gracias. Por todo... lo que no me explico es qué hacías por esta área...
-Buscaba un cambio... un cambio de ambiente, de gente, de todo. Nuevas oportunidades... pero parece que por más que huyo, el destino siempre me lleva a ti...
Ella bajó la cabeza sin poder retenerle la mirada, sabía de sus sentimientos. Del tiempo que habían compartido mientras podían y se había acostumbrado a su mirada siempre cálida. A pesar de la fuerza ruda, en él habitaba una ternura inmensa. Una que de no ser porque llevaba a Terry tatuado en el alma, sin duda, se atrevería amarlo y mucho más.
-Entiendo... y de no haber sido porque mi corazón no me pertenece desde hace mucho... no dudaría, eres un sueño de hombre. Sí, no te sorprendas, en caso de que no te lo hayan dicho, te lo digo ahora... Lo que pasa es que cuando el corazón elige...
-No tienes que explicarme, Candy. Conosco bien mis límites. Siempre seré tu amigo y te apoyaré en todo lo que esté a mi alcance.
Candy lo deslumbró con su habitual sonrisa, pero el percibió la tristeza que había en ella a pesar de su esfuerzo. Miró fascinado cuando terminó de lactar a la bebé tan preciosa y la forma en que la acomodó cerca de su pecho para que botara los gases. Tantas imágenes pasaron por su mente y vio que en el rostro de ella rodaban un par de lágrimas. Iba a tratar de acercarse, pero entró una enfermera y los interrumpió.
-Buenas noches, disculpe la interrupción, pero aquí está el señor que dice ser el padre de la niña.
A Candy se le desfiguró el rostro por la sorpresa y al mismo tiempo por el miedo. De pronto ahí estaba Terry, frente a ella, con los ojos hinchados como los de ella de haber llorado, aunque guapo aún, el estado en que se encontraba la conmovió aunque no quisera admitirlo. Sin embargo, su acompañante no se sorprendió.
-¡Terry! ¿Cómo supiste que estaba aquí...? ¡Tom! ¡Tú le dijiste!
-Lo siento, Candy. Era mi deber, no me pareció justo... una cosa es...
-Por favor, esta es área es de bebés, voy a suplicar que se controlen o tendré que suspenderle las visitas.
-Es mi hija, Candy. No puedes impedirme estar aquí.
Terry no alzó la voz, pero no por eso había menos determinación en sus palabras y todos en ese cuarto se achicaron.
-De todas formas, Candice, usted es menor de veintiún años, no podrá salir de aquí con la niña sin el padre o alguien que esté encargado de usted. Les suplico se controlen y les recuerdo que por la hora, deben decidir quién es que se quedará con usted, tengo entendido que por ser cuarto privado puede quedarse el padre, de lo contrario deberá ser una mujer.
-No se preocupen, yo ya me voy. Buenas noches. Candy... está hermosa tu bebé... piensa bien las cosas, sé por qué te lo digo.
Tom se fue así sin más y con el corazón roto una vez más. Había ido lejos de la hacienda para olvidar, pero el destino quiso que se la volviera a cruzar. Cuando Tom se retiró, la enfermera también lo hizo, quedándose Terry solamente. Se acercó a ella lentamente, pero con pasos decididos. Su expresión era indescifrable y Candy se puso a la defensiva contra sus propios sentimientos. Había soñado con ese momento tantas veces y todo se había ido al diablo.
-Candy... ¿Puedo cargarla? Por favor... esperé este momento tanto...
Los ojos de Terry estaban tan aguados y su voz sonó tan suplicante, que Candy no pudo sostenerle la mirada porque ella misma estuvo a punto de llorar nuevamente y con cuidado le pasó a la niña la cual Terry recibió con una delicadeza extrema. La niña tenías sus ojitos cerrados y él besó su cabecita, sus mejillas rojitas y llenas, la olió y tragándose todo el orgullo lloró, un llanto agridulce, de dicha y tristeza al mismo tiempo.
-Hola, mi amor. Estás preciosa, más de lo que imaginé. ¿Sabes que soy tu papi?
Amy lentamente abrió sus ojitos y Terry pudo ver que eran los suyos y lo miraban fijo, inquisitivos y se removió un poco en sus brazos. Al poquito rato, Amy comenzó a llorar de pronto y Terry no supo que hacer.
-¿Y este berrinche? ¿Tienes hambre, Pecosita?
-No lo creo, acaba de comer. Tal vez le haga falta cambiarle el pañal, dámela.
Por fin Candy habló y disimuladamente se limpió las lágrimas que había soltado al ver la escena de Terry y la bebé, mas Terry no sabía cómo desprenderse de la niña.
-Yo la cambiaré. Dime dónde están los... ah, míralos aquí.
Dijo Terry señalando un compartimiento que tenía la cunita de Amy en donde habían pañales, toallitas húmedas y un six-pack de botellitas de leche.
-Terry... ¿Tú has cambiado un pañal alguna vez?
Le preguntó intrigada y sorprendida. Nunca vio a Terry muy cerca de ningún niño y menos que cuidara alguno.
-Aprendí contigo. Mamá me enseñó cuando te cuidaba en algunas ocaciones.
La revelación dejó fría a Candy. Resultaba que Terry hasta los pañales le había cambiado. Desde antes de tener ella uso de razón, Terry siempre la había cuidado. No era justo, pensó. Deseaba tanto odiarlo y no podía. Se quedó callada y observó a Terry retirarle el pañal mojado a Amy, con delicadeza pasó la toallita viendo como la niña lloró molesta por la sensación fría y luego lo vio ponerle bastante bien el pañal nuevo. Él siempre sabía cómo sorprenderla. En unos instantes, la bebé no lloró aunque se quedó muy despierta acunada en los brazos de su papá y aunque Candy quería quitársela, no tuvo conciencia para hacerlo. Él se acercó y sentó en su camilla con la niña.
-Candy... sé que tal vez no es el momento, pero... quiero que hablemos sobre lo que pasó, sobre lo que viste...
-Terry, yo sé lo que vi y tienes razón, no es el momento. Ahora lo único que me interesa es mi hija y de verdad no quiero hablar contigo. No te necesitamos aquí.
Otra puñalada para Terry, pero no se alteró. Sabía que todo era reciente y que Candy estaba bien dolida y tenía sus razones. Se puso en su lugar y supo que si fuera él que la hubiera encontrado en esa posición, ningún pensamiento bueno hubiera pasado por su mente.
-Haré de cuenta que no volviste a decir que mi hija no me necesita o que no me quieren en sus vidas. Sólo quiero que sepas, Candy... que aún te falta mucho por aprender, por crecer... yo sabía que esto siempre abriría un abismo entre los dos, pero decidí lanzarme por ti.
Su hablar era pausado, pero preciso y aunque ella quiso interrumpirlo, no le quedaban fuerzas suficientes para reñir, además porque recordó bien las sabias palabras que le dijera Tom en algún momento de la conversación. Lo dejó continuar, con los ojos aguados e invadida de la ternura que le provocaba ver como Amy se iba quedando dormida en los brazos de Terry.
-Al principio... yo no quería y eso lo sabes. Luché con mis sentimientos y puse todas las excusas que se me ocurrieron, todos los posibles factores que podrían separarnos y lo que pasó en la fiesta fue uno de ellos. La diferencia, Candy, es que yo no provoqué lo que pasó, bueno, lo que aquella hubiera querido que pasara, pero no pasó.
-¿Y tú piensas que soy estúpida, verdad? Ella ahí arrodillada... vi como la sostenías del pelo... ¿querías ayudarla a que te lo hiciera mejor?
Las palabras de ella, su tono y su mirada dolida fue como si mil cuchillas atravezaran el alma de Terry y nunca se sintió más miserable, aún cuando sintió que su conciencia estaba limpia, en parte.
-Sé lo que parece y entiendo cómo debes sentirte y seguramente yo en tu lugar hubiera reaccionado muchísimo peor, ya me conoces. El punto de esto, mi amor es... en este mundo siempre hay maldad, envidia, codicia... cuando tienes éxito, entre otras cosas... despiertas la envidia en la gente. Para mis ojos, Candy, tú eres todo mi mundo, la mujer que amo, por quién daría mi vida sin pensarlo dos veces, siempre fue así...
Terry sentía un nudo en la garganta y ella también, no podía hablar porque no sabía o no tenía fuerzas para debatir sus argumentos, así que lo dejó continuar mientras que al ver a Amy dormida, lo observó colocarla en la cunita y arroparla.
-Pero para los ojos de los demás, princesa hermosa, tú eres una niña boba que se dejó embarazar de mí o una chica lista que me quiere amarrar con su hijo. Muchos no te dan valor ni importancia ni creen que yo te ame. Esa es la magnitud de la codicia y la maldad del ser humano, mi amor.
-Muy lindo tu discurso, Terry. Me conmoviste... pero... lo que te estaba haciendo aquella... ¿fue maldad, codicia... placer... o qué?
Candy siendo sarcástica. En otras circustancias Terry había deseado poder reir, pero sabía que ese sería un paso en falso. Mientras hablaba, intentó acercarse o tocarla en varias ocaciones, pero ella lo rachazó y él se quedaba con las manos en el aire.
-Aunque el orgullo muchas veces me lo impida, Pecosa. Lo que yo deseo las veinticuatro horas del día es estar contigo. Cuando nos peleamos... aún en esos momentos quisiera estar junto a ti. Borrarte cualquier molestia que te haya causado con mis besos, ahogar toda la furia que a veces me provocas en ti, en tus brazos, tu cuerpo...
Candy no confesó que a ella le pasaba exactamente igual y que incluso en esos momentos no deseaba nada más que estar entre sus brazos y sentir su calor, pero su corazón y su orgullo estaban muy heridos y no sería fácil, no si la confianza estaba rota.
-Cuando fui a ese lugar apartado, que se supone que casi nadie conosca, lo hice para estar solo porque necesitaba pensar. Porque quería acercarme a ti, pero no era el momento ni el lugar, así que me aparté para pensar en ti, en como resolver lo que pensé que sería otras de nuestras tantas discusiones que suelen terminar muy apasionadas...
Candy se sonrojó y pestañeó al escuchar eso. Era la mejor parte de discutir con él, aunque esta vez sabía que eso no bastaría. Se llevó las manos al rostro y luego se arropó completamente con la sábana.
-¿Tienes frío? Ven aquí.
Terry se acercó a ella y abrió los brazos para cobijarla, pero ella se quedó renuente. Estaba entre la espada y la pared. Por un lado quería cerrar los ojos y aferrarse a sus brazos como siempre, por el otro... sólo quería mandarlo al diablo.
-No te preocupes, ehh... estoy bien así.
Respondió temblando y con los dientes rechinando y él pensó que su orgullosita no perdía su escencia nunca. Y él tampoco.
-Pero así estarás mejor.
La abrazó aunque no quiso y se acomodó como pudo junto con ella y ambos se taparon con la sábana. Ella metió la cabeza en el hueco de su brazo mientras se dejaba acariciar el pelo, lloraba molesta consigo misma.
-No es justo, Terry. Yo te odio. No quiero que me abraces, no quiero verte... quiero que te vayas y no vuelvas más... que te vayas lejos con la...
Ella hablaba sin dejar de llorar, pero mientras más reclamaba y le decía que lo odiaba, más se aferraba a él, irónicamente, tenía la cara enterrada en su pecho y él besaba su cabello y la abrazaba fuerte.
-Sé que no me odias, mi amor. No puedes. Si me odiaras... no podrías estar así conmigo... en ocaciones, yo también siento que te odio... luego me doy cuenta de que lo que realmente odiaría sería no tenerte conmigo nunca más... Lo que viste, sé que fue fuerte... pero me gustaría que fueras honesta contigo misma y reconoscas qué fue lo que realmente viste... porque sé que viste más de lo que quieres confesar.
-No quiero recordar eso más... ¿por qué quieres que vuelva a revivirlo?
Reclamó un poco alterada y lavantó la cabeza con intención de separarse de él, pero él la acomodó nuevamente con firmeza.
-No quiero que revivas el dolor, quiero, que como yo, encuentres un motivo por el cual no se acabe esto. Cuando llegaste... a parte de verla arrodillada y que yo le agarraba el pelo, ¿qué más viste, Candy?
-Vi eso mismo, vi tu cremallera abierta, lo excitado que estabas y como la sostenías...
-A ese punto quería llegar... ¿recuerdas la expresión de mi cara?
Él la vio dudar por unos momentos, pero sin borrar la expresión orgullosa e intransigente de su rostro y le dio tiempo a que preparara su argumento.
-Tu cara... bueno, tu cara parecía no muy a gusto, pero lo que había entre tus patas... estaba muy ansioso por ser...
Su expresión seguía siendo fría y su reclamo iba cargado de dolor. Se preguntaba por qué no se salía de su abrazo, por qué había dejado de luchar contra él. Porque aún guardaba una vaga esperanza de que todo haya sido un error.
-Candy... los hombres somos más evidentes y sensibles a los estímulos. Yo no quería hacer nada con ella, ni antes, ni ahora, ni nunca. Eso puedo decidirlo, pero no puedo evitar la reacción de mi cuerpo, no soy de palo. Cuando fui a ese lugar... cerré mis ojos, para imaginar lo que mi orgullo no me dejaba hacer... que era correr hacia ti y arreglar todo, que me abrazaras... y cobrarte a besos toda tu malcriadeza, pero...
-El enojo pudo más y mejor decidiste vengarte de la peor manera. Eres igual a todos los hombres, igual de...
Volvió a incorporarse para alejarse de él, pero él volvió a retenerla y ella volvió a llorar.
-Déjame terminar, Candy. No grites, vas a despertar a Amy. Volviendo a donde estábamos... me envolví tanto en mis pensamientos y deseé tanto que me abrazaras y cerré mis ojos e imaginé que venías hacia mí para darme ese abrazo que siempre me guardas cuando menos lo espero... y efectivamente llegó un abrazo inesperado... uno que no venía de ti y el cual deshice tan pronto me percaté...
-Ah sí, muy bonito tu cuento, Terry. Aún así, no logro entender cómo fue que terminó arrodillada entre tus piernas... y tu cremallera... ¿se abrió solita por el estímulo de aquella perra?
-Candy, mi Candy... aún eres muy inocente, mi amor. Algunas mujeres... esas perras como tú les llamas, tienen experiencia, habilidad y audacia... si te descuidas... te pueden descabronar en cuestión de segundos, Candy. No lo ves así, porque no eres como ellas, eres muy pura, pero tienes que ir aprendiendo. Desafortunadamente, no se trata de si yo me vea guapo o no, ahora tengo dinero, Candy, posición, hay muchas arrivistas que van detrás de eso y Jayleen es una de esas.
A Candy le molestaba que sus argumentos siempre rompieran con los suyos, que pudiera voltear la situación y salir siempre inocente, pero aún no estaba convencida y le daría la guerra a Terry.
-Claro... y tú caíste redondito, pobrecito. Si yo no hubiera llegado... seguramente tú y aquella habrían...
-Candy... tú no llegaste en ese momento. Llegaste a mi vida desde mucho antes. En otro tiempo... no te niego que seguramente me la hubiera tirado allí mismo, ella se estaba ofreciendo. Pero resulta... que contigo... he conocido algo inmenso, algo que siempre estuvo y no podía ver o tuve miedo de ver. Después de haber descubierto un amor tan grande... esa pureza... tu inocencia... tu entrega, tu pasión... Candy... yo no podría cambiar eso por nada del mundo. Todo en mi vida gira en torno a ti, todo lo he hecho por ti... todo lo que soy es gracias a ti. Mi amor... sólo te pertenece a ti. Eres todo lo que veo cuando cierro mis ojos. No pasa ni un momento en que no quisiera sentir tu cuerpo... Tú eres lo único que ha sido realmente mío de principio a fin, lo que más amo. Necesito que por favor me creas. No sabes la angustia que viví al no saber de ti... cuando Tom me llamó y me dijo de la niña... me sentí como una rata... que gracias a mí pudiste haber estado en peligro... las dos. Ustedes son toda mi vida, Candy.
Candy alzó la vista con sus ojos llorosos, pero se sorprendió más porque vio que él también lloraba y hacía un gran esfuerzo por contener su llanto. Sabía que estaba hablando con el corazón, pero algo dentro de ella le impedía ceder, aunque esta vez no intentó abandonar sus brazos.
-Terry... yo quiero creerte, de verdad... pero... no puedo, Terry... no es fácil, todo era tan claro ante mis ojos... me gustaría ignorarlo y que siguiéramos como si nada, pero... también pienso en lo tonta que sería si cayera y te diera otra oportunidad y me fallaras...
-Candy... nunca te he fallado. Siempre tú has estado por delante de todo, de todos. Siempre te elegiría a ti. Te amo, sólo a ti. Eres la única persona que he amado en este mundo, Candy. Te lo juro por mi hija que es así y sólo a ella puedo quererla más que a ti.
Esta vez, Terry no contuvo su llanto y lo dejó escapar. Lastimero y desgarrador... ya no sabía como más defenderse, sólo sabía que no estaba dispuesto a perderla y mucho menos ahora que había nacido su hija. No estaba dispuesto a separarse de ella y de su hija menos.
-Terry... yo sólo... todo esto es demasiado para mí... yo no es que quiera desconfiar de ti, pero por favor... entiéndeme. Dame tiempo, déjame organizar mi mente... estoy tan agotada... física y mentalmente.
Terry de pronto se sintió egoísta por sólo pensar en cómo ganársela nuevamente y no pensó en lo cansada que ella debía estar al acabar de dar a luz y bajo esas circustancias, sólo que sintió que no podía esperar más y que ella necesitaba saber cuanto antes que él sólo la amaba a ella.
-Tienes razón, princesa. Disculpa por no haber pensado en ti. Te daré todo el tiempo que necesites. Seré paciente... Sólo... déjame quedarme aquí junto a ti, déjame verte dormir entre mis brazos... sólo eso te pido...
Cuando Terry terminó de hablar, ya Candy había cerrado los ojos, la venció el sueño y los calmantes. Terry la observó que aún era hermosa, aún recién parida... con su carita angelical y su gesto tan apacible. Al menos a ojos cerrados, parecía muy confiada en sus brazos, su mano descansaba en su pecho. Terry no quería perderse eso nunca, así tuviese que tocar el infierno antes. Después de una media hora de haber estado observando a la madre de su hija dormida, esuchó unos ruiditos a punto de llanto en la cunita, delicadamente acomodó a Candy que ni cuenta se dio que fue removida y poniéndose de pie fue directamente a su hija y la sacó de la cuna. La niña lo deslumbró con sus ojazos azules bien abiertos y él sintió ganas de llorar nuevamente... ella era un milagro, un angelito pecosito y rubio que lo miraba con curiosidad.
-Ver tus ojitos y verme a mí mismo, princesita. Aunque te pareces mucho a tu mami... espero no seas tan malcria y celosa como ella.
Lo último se lo susurró al oído y habría jurado que la niña le sonrió, pero pensó que era imposible. La acunó un rato en sus brazos y de pronto le dio por mirar la tarjetita que estaba pegada a su cuna con una inscripción que decía: Grandchester-Brower Baby Girl. Diecinueve pulgadas y siete libras y media. Gordita, pensó Terry, aunque enana como su madre, se le ocurrió después y se le dibujó una sonrisa burlona. El llanto demandante de Amy lo sacó de sus pensamientos.
-Shhh. Vas a despertar a la cascarrabias de tu mami. Toma, aquí está tu leche.
Terry acomodó a la niña y vio sorprendido la desesperación con que succionaba la botellita de leche, como si se fuera acabar el mundo.
-No cabe duda, pecosita... eres hija de Candy.
Amy ni se inmutó y siguió en lo suyo hasta acabarse toda la botella. Entonces había un dilema... Terry no sabía cómo sacarle los gases y tenía miedo de palmearla muy fuerte. La bebé se veía tan pequeñita con él que temía hacerle daño. Amy lloraba y Terry sabía que estaba incómoda, al no saber qué hacer, no tuvo más que despertar a Candy.
-Pecas... despierta, pecas.
-¿Qué pasa, Terry? ¡Amy!
Se incorporó de pronto con los ojos bien abiertos y mirando a Terry raro y a su hija llorando con rabia.
-Tranquila, ya comió, lo que pasa es que...no sé cómo sacarle los gases. Toma.
Terry se la extendió y Candy la acomodó en su pecho y enseguida le comenzó a masajear y palmear la espalda. La niña se calló casi inmediatamente. Se veía reconfortada y Terry no perdió detalle de nada para la próxima ocación no despertar a Candy.
-Ves, Terry, así, pones la palma de la mano bien abierta y le das suave, pero firme.
No más bien ella dijo eso cuando su hija soltó su estrenduoso gas que los hizo reir a ambos y se miraron a los ojos, pero luego Candy se tornó seria y apartó la vista, otra bofetada para Terry. Pensó que había adelantado un paso, pero se dio cuenta que había retrocedido dos.
-Si quieres sigue descansado, Candy. Yo me ocupo de la niña.
Esta vez la voz de Terry dejó de ser cariñosa y se mostró tan fría e indiferente como la de ella y ella lo sintió. No quería ceder, pero al mismo tiempo quería tenerlo detrás de ella y volver a acomodarse entre sus brazos, al menos por esa noche, ya mañana se dedicaría a pensárselo mejor, pero en esos momentos, no quería pensar nada. Le entregó la niña a Terry y con un dolor que no admitió, vio como él se cambió a la cama adicional que habían dispuesto para él e intentó dormir a Amy. A pesar de la oscuridad, porque él había apagado la luz dejando prendida sólo la del baño para que iluninara un poco y ella pudiera dormir mejor, vio todos los besos y mimos que Terry repartió a la niña y volvió a llorar en silencio. Se preguntó mil veces por qué tenía que ser así todo. Por qué el destino se empeñó en manchar un momento como ese que había soñado tantas veces.
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La mañana había llegado y luego que Candy y Terry atendieran a Amy al despertar, estaban esperando a la familia para que conocieran la bebé y para que trajeran las cosas personales de Candy, que debido a las circustancias, usó las que proveyó el hospital. Candy había mantenido su actitud tan fría y distante que Terry se resignó actuar con la misma indiferencia, sólo la ayudaba con la niña y aunque en ocaciones observaba a Candy disimuladamente y ansiaba volver acercarse, el gesto helado de ella no se lo permitía.
-Hola, buenos días. ¿Cómo están las princesas más bellas?
Saludó alegremente Richard y con él entraron también Louise y Stella muy emocionadas.
-Muy bien, Richard. Mira, aquí está Amy.
Respondió Candy con orgullo y se la extendió, pero Richard no se atrevía a cargarla, no sabía ni cómo agarrarla.
-Eh yo... Louise, mejor cárgala tú.
Louise no se hizo esperar y cargó a la niña en seguida y la meció, no pudo evitar que sus ojos se cristalizaran al igual que los de Richard por lo mucho que ansió que su esposa hubiera podido tener esa dicha.
-Está preciosa, Candy. Idéntica a ti y a Terry, mira que hermosos ojos.
-Más linda estará en un par de meses cuando la engorde, ya verás.
-Abuela, no cambias.
-Bueno, Terruce, ¿y tú cómo crees que crecen los niños? Es a fuerza de cuchara, mijito. Y hablando de eso... ¿te sientes bien? Parece que te arrolló un tren.
Terry bajó la vista al igual que todos los demás, Stella no conocía los acontencimientos que ocurrieron en la fiesta por eso no entendía la distancia que había entre él y Candy.
-Eh, Terry, ve a casa a bañarte y cambiarte, nosotros nos quedamos con Candy hasta tu regreso.
Sabiamente Richard salvó a su hijo de la incómoda situación, mas Terry en el fondo no quería irse, pero sabía que era lo más lógico, aún estaba vestido con la ropa formal y que a esas alturas estaba toda estropeada. Cargó a la niña unos instantes y la besó, no sabía como soltarla, pero al final lo hizo y se la pasó a Stella. Con un simple, "en un rato vuelvo" se despidió de todos, pero...
-¿Y qué maneras de despedirse son esas, Terruce? Al menos dale un beso a tu mujer que se lo merece.
La ignorancia es atrevida, pensó Terry. El rostro de todos se volvió tenso y Terry no sabía qué hacer. Louise y Richard lo miraban con lástima y hasta la misma Candy, lo cual lo fue llenando de una rabia interior que tuvo que reprimir. Le dio un beso en la frente a Candy y finalmente se fue. Louise se sentó en la camilla junto a Candy, sabía que había muchas cosas que hablar.
-¿Cómo te sientes, Candy?
Louise acarició su cabello y la miraba con dulzura, mientras que Stella y Richard sólo tenían ojos para la niña, Stella logró que Richard se sentara con la bebé en brazos y le estaba dando una botellita de leche, lo que hizo que Louise de pronto desviara la vista de Candy para mirar la encantadora escena.
-Estoy bien, mamita, muy bien. ¿No has visto lo hermosa que es Amy? Tiene los mismos ojitos de Terry...
-Sí, preciosa y efectivamente tiene los mismos ojos que te mueres por estar viendo ahora mismo, ¿verdad?
-No. Claro que no. Yo... si fuera por mí, no vería a Terry nunca más, no pienso volver con él.
-¿Cómo? Pero Candy... No sabes lo que estás diciendo, no te tomes esto a la ligera, piénsalo bien... mejor tómate tu tiempo aunque eso signifique poner distancia entre ambos, pero no tomes una decisión tan drástica bajo coraje.
Candy no la cuestionó, imaginó que si Louise tenía conociemiento de la situación fue seguro porque el mismo Terry se lo había dicho. Candye estaba triste e intranquila, pues efectivamente se moría por tener a Terry a su lado, aunque no se hablara, tener su presencia ahí, pensamientos egoístas que se apoderaban de su ser herido.
-Me cuesta mucho olvidar y aceptar lo que vi... Fue demasiado real y además... fui muy conciente de la reacción de él. Lo siento, pero yo no puedo vivir con eso... no puedo.
-¿Y qué piensas hacer, Candy? ¿Quieres vivir una vida a parte con la niña? ¿Crees que Terry aceptará semejante cosa después de todo lo que ha anhelado este momento? Tu dolor se entiende, Candy. Dentro de ti sabes que al final, Terry siempre te puso a ti primero. Eres su vida entera, Candy. ¿Crees que es justo lo que le harás? Lo vas a matar en vida, eso te lo puedo asegurar. A Terry lo único que le importa en este mundo eres tú y ahora su hija. Terry no dejará que le quites eso. Te lo digo, Candy... sólo para que sepas de ante mano que esta guerrra ya la tienes perdida.
Aunque Candy no lo admitiera, sabía que Louise tenía razón y aunque ella no quisiera desistir de su idea, Terry no se lo pondría fácil. Ella no tenía nada, sólo el apoyo de él y de la familia que gracias a él tenía. Terry lo tenía todo, trabajo, posición, dinero, comodidades que necesitaba su hija, pero en el fondo, la razón principal, un amor inmenso, fuerte y posesivo y conociéndolo Candy bien, sabía que estaba bien difícil separarlo de su hija, de ella misma que a pesar de todo sólo quería estarlo mirando nuevamente.
-No voy a quitarle a su hija. Sólo no quiero estar junto a él. No quiero estar con él como pareja porque él me traicionó. Si quiere ver a su hija, puede hacerlo las veces que quiera, pero yo no quiero nada con él.
-Candy... el rencor y la ira no son buenos consejeros...
Louise no le dijo nada más porque Stella se había acercado a ellas con la niña.
-¿Candy, te han alimentado bien aquí? Te ves muy pálida... llego a saberlo y yo misma me encargaba de traerte comida...
-No te preocupes, abuela, estoy muy bien.
-¡Bien mis pantaletas! ¿Crees que engañas a esta vieja? No, mijita, ahora mismo van a decirme que diablo está pasando aquí.
-¡Mamá! No la molestes. Este no es el momento, luego hablarán, sus razones tienen para estar así.
-Ya, por favor, van alterar a la niña. Stella, ahora mismo Candy necesita mucha paz y comprensión, dejemos las preguntas y reclamos para después, ahora vamos a disfrutarnos a esta princesita que está preciosa.
La hermosa bebé no había cerrado sus ojitos en todo el tiempo, pero luego se puso a llorar desesperada y no encontraron que hacer, así que se la dieron a Candy, lloró menos fuerte, pero no se calmó del todo. Candy le seguía buscando la vuelta, le cambió el pañal, la acunó y nada, aún se escuchaban sus quejidos.
-Terry, ahora sí que pareces gente. Que guapo te has puesto.
Su abuela siempre sacando cara por él. Terry había regresado bañado y afeitado, el pelo aún se le notaba húmedo. Se había vestido con un jean y un polo azúl claro y se calzó tenis. Hasta más joven se veía y para tortura de Candy, irresistiblemente guapo.
-Siempre he sido guapo, abuela.
Sonrió de lado y ahí estaba otro golpe bajo para Candy. La arrogancia en él que tanto amaba. Al ver que la niña estaba inquieta, Terry la tomó en sus brazos para que Candy recibiera otro bofetón, luego que él se sentara en una butaca con ella acostada en su pecho, se calmó inmediatamente y hasta cerró los ojitos.
-Ahora ya sabemos lo que tenía Amy, extrañaba a su papi.
Dijo Louise con toda la intención y Terry sonrió orgulloso.
-Es que durante la madrugada la cuidé yo, Candy no hizo más que
dormir.
-¡Claro que no! Yo me levanté varias veces ayudarte porque te volvías un ocho a la hora de sacarle los gases.
-¡Ya! Los dos han hecho un excelente trabajo. Dejen sus tontas riñas para otra ocación.
Richard salvó la mañana de una tonta discusión y Louise aprovechó a las tres niñeras que Tenía Amy en ese momento para ayudar a Candy a darse un buen baño y vestirse una de las cómodas y abrigadas pijamas que le había comprado. En media hora Candy estuvo fuera del baño, empijamada y peinada en una trenza.
-¿Dónde está Amy?
Preguntó alarmada al ver la cunita y los seis pares de brazos vacíos.
-Tranquila, Candy. Se la llevaron a bañarla, te la traen en seguida.
Candy respiró aliviada, pero aún así se preocupaba al no tenerla cerca, no estuvo en paz hasta que se la trajeron de vuelta. Todos se quedaron un par de horas más e incluso almorzaron todos juntos, momento que a pesar de todo fue bastante ameno y Candy y Terry se ignoraron un poco menos, pero al marcharse todos, todo volvió a ser como antes. El más afectado era Terry. Nunca se había sentido tan derrotado, estaba herido también. Tenía una sensación de vacío y temor inmenso, el miedo de perderla y eso no lo dejaba dormir. Se pasaba las horas velando el sueño de su hija y el de ella...
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Dos días después habían dado de alta a Candy a la bebé y como ya estaba dispuesto, regresaron a la hacienda donde se suponía que pasarían los primeros dos meses de Amy para luego regresar al apartamento, a su vida de pareja y padres, pero nunca contaron con el fatídico suceso de aquella fiesta de navidad, algo que sin duda barrió con muchos planes e ilusiones. Todavía no había llegado el veinticinco de diciembre y Terry lo único que deseaba era que Candy le dirigiera la palabra otra vez y lo volviera a ver como antes, su indiferencia y frialdad lo estaban matando lentamente. El cuarto de Amy estaba totalmente listo, aunque ella aún no dormía en él por las noches, sólo en las siestas del día y la tarde y por la noche dormía en la habitación de sus padres en un hermoso moisés que su abuelo Richard le había comprado. Había amanecido y Amy seguía dormidita apaciblemente, Terry ya no estaba en la cama y Candy vio que en la mesita había una botellita de leche vacía, lo que significaba que Terry había atendido a la niña y vio un paquete de pañales abierto, entonces también la había cambiado y dormido nuevamente. Encontró una nota también en la mesita y una rosa roja, pero ni señal de Terry. Tomó la rosa y con los ojos aguados aspiró su aroma. Luego ansiosa abrió la nota, que más que una nota era una carta, una con su puño y letra con la tinta esparcida y desmerecida porque las lágrimas de él habían bañado sus palabras. Se puso a leer en silencio mientras Amy dormía.
Candy:
Quisiera empezar por decirte que te amo, en caso que lo hayas olvidado. Que te he amado desde el primer día hasta el último de mi vida, desde la primera vez que sonreiste para mí y me miraste con esos ojitos grandes que hoy me miran frío e indiferente. Ya no sé que más hacer para romper la barrera que has puesto entre los dos. Ya no puedo soportarlo más cuando todo lo que quiero es abrazarte y no soltarte nunca más. Tú has sido, eres y serás la única para mí, yo no te cambiaría por nada en este mundo. Sólo quiero saber de qué forma debo pedirte que me perdones, aún cuando no le he faltado a este amor. Estás matándome lentamente, Candy. Dormir cerca de ti y no poder tocarte, no poder besarte... no poder ni siquiera hablarte porque no me miras a la cara. Ha sido demasiado castigo y no creo poder aguantar más. Tú te metiste en mi vida e insististe hasta que te dejé entrar y me enseñaste todo lo hermoso que es amar, lo que es sentir, celar, anhelar... contigo he conocido un mundo que no pensé que existía. Me has hecho encontrar mi propio cielo y ahora me quieres mandar de vuelta al infierno. Todo lo que siempre deseé lo he tenido por ti, me lo has dado tú, amor, familia, aceptación y lo más grande, lo que siempre te agradeceré, pase lo que pase entre nosotros, a mi ángel, mi hija. ¿Qué hago para que vuelvas a mí en cuerpo y alma? Pídeme lo que quieras, te juro que te lo daré o moriré en el intento, pero por favor, ya no me ignores más. Te amo más que a mí mismo, no puedo vivir sin ti, por favor... perdóname.
Terrence
Ahora las palabras de Terry habían sido bañadas con las lágrimas de ella, palabras que le habían llegado al alma y que estuvo a punto de ir corriendo a buscarlo para arrojarse a sus brazos y no dejarlo ir nunca, pero su orgullo herido una vez más le impidió ese impulso y eso hizo que llorara con más rabia y apretó la carta contra su pecho dejando corrers sus lágrimas en silencio. Al ver que Amy seguía en un sueño profundo, se desvistió y aprovechó para tomar una ducha antes de ir a desayunar. La mañana estaba tan fría como su indiferencia hacia Terry en ese momento, pusó el agua lo más caliente que pudo soportar y dejó el agua caerle desde la cabeza confundiéndose con su llanto. No salió del chorro de agua en ningún momento, se lavó el pelo y se enjabonó bajo la ducha y ahí permaneció bajo el agua por un buen rato hasta que decidió salir. Maldijo por haber olvidado la toalla y tuvo que salir desnuda. Como el aire acondicionado estaba encendido, el frío por estar mojada la golpeó y la hizo temblar, aunque no supo si fue el frío o la presencia de quien no se esperaba.
-Terry... eh...
Candy avergonzada trató de cubrirse y Terry no podía pronunciar ni una sola palabra. La tenía ahí desnuda y frente a él... bella, con el cuerpo perfecto que ni la maternidad pudo arruinar, por el contrario, la embelleció mucho más. Él tomó la toalla y se acercó a ella.
-Terry, no es necesario que...
-Shhh. Quiero hacerlo.
Ella ya no sabía por qué estaba temblando, pero él se dedicó a secarla delicadamente empezando por su cara y luego su torso, puso más cuidado al secar el área de sus pechos y ella se puso nerviosa por la mirada intensa de él, quiso detenerlo, pero él no la dejó hasta que la secó completamente y luego se puso a secarle el pelo.
No hace falta que me quites la mirada
para que entienda que ya no queda nada
aquella luna que antes nos bailaba
se ha cansado y hoy nos da la espalda
¿Dónde está el amor? del que tanto hablan
¿Por qué no nos sorprende? y rompe nuestra calma
-Estás muy linda, mi amor. Te extrañé demasiado, extrañé mucho hacer poder hacer esto.
Terry la abrazó aunque ella no le correspondiera, la abrazó y la apretó fuerte contra él y absorvió todo el olor de su pelo recién lavado.
-Terry, debo vestirme ya... recuerda que aún estoy...
-Lo sé, no digas nada, déjame quedarme así un momento, por favor.
Su agarre no era tan fuerte, pero ella no se esforzó en apartarlo, lo necesitaba. Luego de unos instantes, él mismo comenzó a ponerle el panty y ella se colocó la toalla sanitaria. Le aseguró no necesitar su ayuda, pero él insistió.
Déjame que vuelva acariciar tu pelo
déjame que funda tu pecho en mi pecho
volveré a pintar de colores el cielo
haré que olvides de una vez el mundo entero
Déjame tan sólo que hoy roce tu boca
déjame que voy a detener las horas
volveré a pintar de azúl el universo
haré que todo esto sea sólo un sueño
-Está bien así, Terry, puedo continuar, gracias.
Dijo ella ya sumamente nerviosa luego de que él terminara de abrocharle el brassier, pero a él no le importó y tomó el cómodo short que ella había elegido y se agachó un poco indicándole que entrara en él y ella así lo hizo, lo mismo con la camiseta y luego le puso un jacket. La vistió por completo aunque ella no quiso. Luego se quedó mirándola fijamente y sin poderlo evitar puso una mano en su rostro y se mordió los labios por quere decirle tantas cosas y al mismo tiempo no poder decir nada. Ella por fin hizo contacto visual con él y sus ojos se fundieron en la mirada del otro. Sus rostros fueron acercándose lentamente y las manos de él viajaron hasta su cintura donde permanecieron desde el inicio del beso más deseado que se llevó a cabo. Terry comenzó besándola lenta y suavemente porque ella se negaba a corresponderlo hasta que sus fuerzas no la respaldaron más y lo empezó a besar también. Fue tanta la intensidad que los arropó después que el beso se tornó salvaje, Terry le estaba dando por donde más le dolía, comenzó a castigarla con su boca en un beso agresivo e invasor, era una guerra fría y cálida a la vez, sin piedad ni compación, la espera había sido larga en esos días.
Tengo contados todos los besos que nos damos
y tú fugitiva andas perdida en otro lado
yo no quiero caricias de otros labios
no quiero tus manos en otras manos
porque yo quiero que volvamos a intentarlo
¿Dónde está el amor? del que tanto hablan
¿Por qué no nos sorprende? y rompe nuestra calma
-Terry... esto no está bien, tú y yo no estamos bien... no me beses...
Asustada de pronto lo apartó con brusquedad desconcertándolo y haciendo que tambaleara, pero se recuperó rápido y volvió a declararle la guerra.
-¿No quieres que te bese? ¿Estás segura?
Se acercó peligrosamente a ella y le habló tan cerca de sus labios que le nubló todo el pensamiento dejándola sin palabras. Al ver que ella no reaccionaba, puso sus manos en su nuca y la acercó a él con agresividad, pero sin lastimar y volvió adueñarse de su boca a pesar de sus protestas que no duraron mucho porque el deseo que también sentía por él la hicieron rendirse.
Déjame que vuelva acariciar tu pelo
déjame que funda tu pecho en mi pecho
volveré a pintar de colores el cielo
haré que olvides de una vez el mundo entero
Déjame tan sólo que hoy roce tu boca
déjame que voy a detener las horas
volveré a pintar de azúl el universo
haré que todo esto sea sólo un sueño
Terry pensó que había llegado al cielo otra vez, porque los brazos de ella se colgaron de su cuello y dejó que él la besara y acariciara de todas las formas que quiso, se rindió, por unos momentos cedió. El llanto de Amy los devolvió a la realidad haciendo que se separaran y que el gesto de Candy volviera a la misma frialdad para que Terry volvier a comprobar que por cada paso que daba hacia adelante, ella le hiciera ver que siempre estaba dos pasos más atrás.
-¿Tienes hambre otra vez, cariño?
Candy la levantó y le besó su pelito mientras seguía susurrándole palabras cariñosas, Terry rápido tomó una de las botellitas de leche y se la pasó y Candy se sentó en la cama para alimentarla mientras él la observaba de pie y en silencio. Todo era tan agridulce para él, verla a ella con su hija era algo mágico, pero la situación sentimental entre los dos era sencillamente desgarradora.
-¿Tienes idea de todas las veces que soñé con este momento?
Le soltó Terry con los ojos bien aguados y haciendo que ella volteara a verlo sorprendida.
-Verte así con mi bebé en brazos y...
Unos toques en la puerta los interrumpieron y Candy en seguida indicó que pasara.
-Disculpen la interrupción. Candy, cariño, tienes visita.
Anunció Louise y tanto la cara de ella como la de Terry se desfiguraron y sorprendieron.
-¿Qué visita?
Ladró Terry a la defensiva porque un mal presentimiento lo invadió y la misma Candy se puso muy nerviosa.
-Será mejor que Candy vaya y lo averigüe ella misma.
Candy se puso de pie y le dio la bebé a Louise y Terry aunque no fue invitado, salió detrás de Candy para averiguar de quién se trataba. Atravezaron el pasillo y luego fueron directo a la sala para quedarse de piedra con la inesperada visita.
-Candy... hija... que hermosa estás...
-¿Papá? ¿Qué haces aquí...?
-¡Eso me gustaría saber! ¿Qué hace este infeliz aquí?
-¡Terrence! Por favor, contrólate.
Richard quiso imponer la paz, pero Candy por el coraje y los nervios se puso a temblar como gelatina y Terry estaba furioso y lo miraba desafiante. George Brower tenía el rostro bajo.
-Candy... mi niña, vine a verte... necesitaba saber de ti... me enteré que tuviste una hija... lo siento... no pude evitar... quería verlas... a ella y a ti...
Candy por primera vez vio a su padre llorar o al menos con los ojos aguados y vio en ellos sinceridad, después de tantas mentiras y falsas promesas. Richard estaba en silencio y retenía a Terry por un brazo para que no intentara ninguna locura, doña Stella se había retirado a la cocina para seguir con el desayuno y el café y Louise había aparecido con la bebé en brazos.
-Usted no tiene ningún derecho a estar aquí y ni se le ocurra que verá a mi hija, no lo quiero cerca de ella.
-¡Terry! ¡Basta! Papá... sabes que no me tienes nada contenta... eres la última persona que esperaba ver... pero... si quieres ver a la niña... está bien... Louise... dásela por favor.
Candy habló con la voz cortada y Louise con miedo fue a entregarle la bebé a su abuelo materno el cual extendía sus brazos ansioso.
-¡Dije que a mi hija usted no la toca!
Terry fue hacia George, pero una vez más Richard lo detuvo seguido de una tremenda reprimenda y Terry de rabia dio un puñetazo en la mesita de centro. Louise se acercó a él y comenzó acariciar maternalmente su cabello, gesto que él adoraba y que sabía que en ese momento no podía recibir de Candy quien era que lo hacía. Con impotencia vio a George cargar y mimar a su hija.
-Hola... pre-pre-ciosa... tan hermosa como su ma-mami.
George dejó caer su llanto al cargar la pequeña porque viajó diecinueve años atrás cuando cargó a Candy... la niña que tanto adoró y consintió hasta que un día sin razón la abandonó, dejándola marcada para siempre.
-Es muy linda, hija. Tan linda como tú. Gracias por permitirme... sostenerla en mis brazos... aunque sólo sea por esta vez.
-No te preocupes, papá... a Amy puedes venir a verla cuando quieras... no voy a impedirte eso...
Terry fue a protestar y la miraba queriendo asesinarla, pero se contuvo porque Richard lo miró amenazadoramente.
-¿Amy?
-Sí, Amy Elizabeth. Terry y yo se lo pusimos...
-Amy es un nombre muy tierno, digno para un angelito como ella.
La niña estaba muy tranquila en los brazos de su abuelo, nunca se puso inquieta y eso le daba más rabia a Terry, deseaba que telepáticamente, la bebé lo odiara tanto como él, pero los niños no entendían de esos sentimientos.
-Bueno,el desayuno está listo, hay lugar para todos, así que los espero en la mesa.
Stella hizo su aparición de repente y George entendió que ese era el momento de retirarse.
-Bueno, yo ya me voy... fue un placer conocerlos señores Grandchester...
-¡De ninguna manera! Usted no puede irse de aquí sin desayunar antes.
Como era de esperarse, George no tuvo más remedio que compartir la mesa con ellos y la tensión que había en el comedor era inmensa. Nadie conversaba ni se atrevía a romper el hielo, excepto Amy que hizo una perreta enorme.
-Yo la atiendo, Candy, tú sigue disfrutando de la compañía de tu padre.
La respuesta de Terry tuvo doble intención, aunque antendería a su hija con mucho gusto y sobre todo era una excusa perfecta para no seguir viendo la cara de George. Cuando el desayuno terminó, el padre aprovechó el momento a solas con ella y se le acercó para hablarle.
-Candy... estás radiante y hermosa como siempre... pero aún así puedo ver que estás muy triste, ¿por qué? ¿pasó algo con Terry?
-¡Ay, papá! Mejor no preguntes... Él...
-¿No es lo que esperabas verdad?
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Candy tuvo una larga plática con su padre mientras que Terry se quedó todo el tiempo con Amy en la habitación de ella hasta que el sueño hizo que la bebé se rindiera, estuvo ajeno a todo lo que Candy y su padre hablaron. Regresó a su habitación y allí encontró a Candy llorando.
-Pecosa... No llores... ¿te dijo algo tu padre? Ahora mismo voy y le rompo la...
-No, no Terry... no me dijo nada malo... es que...
-¿Qué pasa, mi amor? Háblame... dime lo que sea, aquí estoy para ti...
Ella lloró más y él fue abrazarla, pero ella lo rechazó y lo miró con los ojos cargados de llanto.
-Terry... he tomado una decisión... tú y yo no estamos bien... yo no puedo olvidar lo que hiciste... y siento que no puedo estar aquí... contigo bajo el mismo techo, en la misma cama...
-No te entiendo, Candy... ¿a dónde quieres llegar?
Terry se temía algo y estaba realmente asustado, pero quiso dejarla hablar para no adelantarse a los hechos nuevamente.
-Necesito tiempo, Terry. Tiempo para poderte perdonar y sanar... necesito alejarme...
-Te entiendo, Candy, te daré todo el tiempo que necesites...
-No, no entiendes, Terry. Hablo de que debo poner verdadera distancia entre los dos... hablo de irme... por un tiempo...
Él se quedó mudo por un momento en lo que procesaba todo lo que escuchaba y la miró con dureza, la batalla se avecinaba.
-Explícame bien. ¿Irte a dónde?
-Voy a irme con mi papá... un tiempo para...
-¿Estás de broma, verdad? Escúchame bien, Candice, de aquí no te vas y mucho menos con tu padre... así que más te vale que desheches esa idea de tu cabeza...
-¡Claro que me voy! Tú no vas a impedirme nada.
Candy se alteró y se puso de pie y fue directo a la puerta, pero Terry le cerró el paso, aseguró la puerta y la acorraló entre ella y sus brazos. Ella mostraba algo de temor y él la miraba con furia y en silencio, hasta con odio pensó ella.
-¿De verdad piensas que voy a dejarte ir así con mi hija? Estás bien loca, Candice Brower, si quieres irte, hazlo, pero a la niña no vas a llevártela.
-¿De qué hablas? Soy su madre y ella debe estar conmigo, no puedes impedir eso.
-Sí puedo, Candice, me conoces. Sabes que tienes todas las de perder... y yo también tengo mis derechos... no vas a quitarme a mi hija.
-¡No voy a quitártela! Podrás verla cada vez que quieras... pero...
La apretó fuerte contra la puerta y la miró con un rencor infinito que la hizo estremecerse y su mirada no pudo ser más helada.
-Quiero ver a mi hija cada vez que me levante, quiero ser parte de su vida en todo momento, no cuando a ti te de la gana, no seré un padre de fin de semana, estás muy equivocada. ¿ienes rabia y dolor aún? Eso lo entiendo perfectamente y por eso te he tenido paciencia, pero todo tiene su límite. Además, sólo has pensado en ti... ¿y lo que tú me hiciste qué? Me he tragado mi dolor, para ponerme en el lugar tuyo.
Su voz subió bastante de tono, era adolorida y amenanzante a la vez.
-¿Qué te hice yo? No sé de qué me hablas.
-¿Ah no sabes? Pues permíteme que te informe. Te fuiste corriendo sin decir nada, se te presentó el parto, no me quisiste avisar, nació la niña y pretendiste ocultármelo, si no fuera por Tom... ahora mismo yo no sabría qué diablos había pasado contigo. ¿Tienes una puta idea de la angustia que viví? Todo lo que soñé con estar contigo al momento de la llegada de Amy y me lo perdí porque tú muy maduramente decidiste excluirme de todo como si yo no tuviera ningún derecho cuando te lo he dado todo. No hay nada en este maldito mundo que no pidas y yo no haga lo imposible porque lo tengas... he cometido errores, pero siempre, siempre estás tú primero ante todo. Tu manera de resolver las cosas... largándote y separándome de todo lo que amo. Lo siento, Candy, pero no. Ya te lo dije, con mi hija no te vas... si insistes con eso, entonces nos vemos en un tribunal, porque de esta casa no te irás con ella.
La discusión siguió tan acalorada que llamó la atención de todos y despertaron a Amy. Louise atendió a la bebé porque sus padres seguían enfrascados en su discusión sin tregua y por más que los demás quisieron intervenir, no hubo forma de disipar la guerra sin cuartel en esa casa.
-Ya te dije que puedes ver a la niña y llevártela cuando quieras. ¿Que más quieres?
-¡A ti! Las quiero a las dos aquí conmigo, eso quiero. No voy a permitir que te vayas con mi hija a casa de este hombre del que no sabes qué diablos ha sido de su vida en todos estos años, que seguro debe tener problemas con la justicia y que por si no te acuerdas, la última vez intentó matarme.
El recordatorio puso alerta a todos e hizo que George se avergonzara de sí mismo y se volviera pequeño ante la mirada acusadora de todos.
-Pero ha venido a pedir perdón. No nos ha hecho nada ya. Tú tienes a tu familia, tu papá, a Louise, tu abuela y yo... yo no tengo nada. Yo también tengo derecho a estar con mi familia... también quiero tener a mi papá conmigo.
Gritó desesperada y en llanto, conmoviendo a George que se sintió más culpable y más miserable que nunca.
-¿Entonces no somos nada para ti, Candy? ¡Que bien! Te he dado mi vida entera y no soy nada para ti. Mi papá, mi abuela, Louise, todos te han amado y cuidado como a una hija y resulta que tampoco son nada para ti, que no tienes nada. ¡Muy bien!
-¡No dije eso! Es sólo que... tengo derecho a mi propia familia... como tú... además, la razón principal por la que me voy fue por lo que te encontré haciendo con la perra esa así que no juegues a la víctima ahora.
-Ya te dije mil veces que no pasó nada y te pedí perdón. ¿Qué más quieres?
-Okay... ¡Ya fue suficiente! Terrence, ven, vamos hablar tú y yo.
Casi a rastras, Richard se llevó a Terry a parte para tener una charla intensa con él mientras que los demás que se habían quedado en la sala no encontraban qué hacer, especialmente George que de pronto se arrepintió de haber ido a echar más leña al fuego. Candy atendió a Amy que estaba muy inquieta y la acunó hasta que se durmió y fue directo a su cuarto para recoger sus cosas. Buscó dos enormes maletas y en cada una metió metió todo lo que pudo, incluyendo las cosas de Amy. Fue al buró para tomar algunas cosas de su uso personal y se topó con la cajita de su anillo de compromiso... eso la batió por completo y cayó arrodillada en el piso con la joya en la mano y sin parar de llorar.
-¿Por qué, Terry? Quiero olvidarte... tengo que olvidarte...
Se puso en el anillo en la cadena y lo ocultó dentro de su camiseta, no tuvo el valor para dejarlo ahí y siguió recogiendo más cosas por un buen rato mientras su padre la esperaba sentado con Louise y Stella y Terry y Richard seguían en el despacho encerrados. Candy llegó a la sala con sus maletas, su padre la miró con alegría, pero las dos damas que lo acompañaban la miraron con una tristeza y una decepción profunda.
-¿Candy... estás segura de lo que estás haciendo? Aún tienes tiempo...
-Estoy segura, Louise, esto es lo mejor...
Era algo que ni ella misma podía creerse, pero había tomado la decisión y estaba siendo firme.
-Espero que estés contenta y satisfecha, Candy. Has dejado rotos muchos corazones e ilusiones. Hay algo en lo que Terry si tiene razón, tienes que crecer.
-¡Stella! No seas así, tal vez ella no esté haciendo las cosas de la mejor manera, pero debes enter por lo que pasó... no es fácil, hay que darle tiempo.
Era cierto que Stella había sido un poco dura, pero tenía algo de razón, Candy aún necesitaba crecer y siempre sus impulsos la llevaban a cometer grandes errores de los cuales terminaba arrepintiéndose luego. Acomodó sus maletas en una esquina y fue por su hija, mas antes de llegar al cuarto de la niña, coincidió con Terry.
-Candy... ven aquí un momento por favor.
La llamó con el único hilo de voz que le quedaba y ella no tuvo el valor de ignorarlo, aunque no cambió de parecer.
-Terry... me voy, no lo hagas más difícil...
-No te preocupes, no vine a impedírtelo... todo lo contrario...
Ella abrió los ojos tanto como pudo por la sorpresa. Terry se había rendido... nunca lo había visto rendirse ante nada... ahí estaba dando su brazo a torcer... derrotado.
-Estoy para despedirme... y para decirte... que eres libre de irte... no voy a cortar tus alas, Candy... todo lo que siempre quise fue que fueras feliz...y si no lo eres junto a mi... entonces... te dejo libre para que sigas tu camino... Te deseo toda la suerte... ojalá algún día puedas perdonarme y entender que... nunca podré dejarte de amar... pase lo que pase... nunca habrá otra para mí... sólo tú...
Sus lágrimas caían tan gruesas y fuertes como su voluntad de dejarla ir y ella soltó su llanto también. Lo vio desplomarse y abrazarse fuerte a sus piernas... le besó hasta los pies porque aunque su boca le dijera que podía irse, su corazón no podía soltarla y lloró como un niño a sus pies, nuevamente dejaba todo su orgullo por ella, toda su hombría y se rebajaba ante ella.
-Terry... debo ir por Amy... está llorando...
-Lo siento... déjame despedirme de ella.
Ambos entraron a la habitación y fue Terry quien la sacó de la cuna, al ella inhalar el olor de él se calmó y fue Terry el que lloró sobre su cuerpecito.
-Voy a extrañarte mucho, pecosita, por favor, no te olvides de mí... iré a verte todos los días y te llevaré regalos... ojalá te gusten mucho como a tu mami...
Se perdió la cuenta de todos los besos que Terry le dio a su bebé. Pronto llegaría la navidad y él jamás pensó que la pasaría sin su mujer y sin su hija... una época tan triste sería para él.
-Seguramente le gustarán, Terry... ella te adora. Puedes llevártela cualquier día... verla siempre que quieras... ella... te quiere más que a mí.
Le aseguró porque al quitársela a Terry la niña volvió a estar inquieta a llorar y ella se la devolvió para ser testigo de cómo se calmaba nuevamente.
-Ya... toma, Candy... por favor... vete ahora antes de que me arrepienta, por favor. Vete ahora, porque si no, te juro que voy y te amarro aquí mismo para que nunca me dejes.
Ella fue a contestar, pero su padre apareció ante la puerta con las maletas de ella en la mano.
-¿Ya estás lista, hija?
Continuará...
¡Hola niñas lindas!
Antes que nada quiero desearles una feliz navidad por si no nos leemos hasta entonces. Espero que les haya gustado este capítulo ya que no me tardé tanto. Muchas me pidieron que a Terry le costara trabajo recuperar a Candy y pues ahí lo tienen, veremos qué pasará con ellos. Este fue un capítulo dedicado exclusivamente a ellos dos y tal vez por eso fue un poco más corto en comparación con los demás, sólo espero que haya sido de su agrado y que no las haya hecho llorar mucho, porque yo si lloré al escribir las escenas de Terry.
Yo seguiré publicando contínuamente cada tres días más o menos, según mi tiempo e inspiración lo permitan, pues muchas no sé de dónde sacaron la idea de que yo no volvía hasta enero, se equivocaron, niñas, pienso dejar el próximo capítulo antes de que finalice este mes y posiblemente otro más.
Espero sus reviews y que me dejen saber su sentir. Las quiero mucho, chicas. Merry Christmas.
Su amiga,
Wendy Grandchester
Canción de Candy y Terry: "Dónde está el amor" Pablo Alborán junto a Jesse & Joy
