Tu mayor tentación
Por: Wendy Grandchester
Capítulo 15 La fuerza del amor
George Brower esperaba por la respuesta de Candy que parecía haberse petrificado sobre la lozeta en que se encontraba de pie. Una decisión, un corazón desgarrado que había perdido toda la esperanza y estaba listo para enfrentar la muerte en vida, así se había reducido Terry ante Candy.
-¿Candy...?
La volvió a llamar su padre porque al parecer no quería reaccionar. Ella y Terry se miraban y sus vidas habían quedado pausadas en el suspenso. Terry tenía a Amy en sus brazos y no sabía cómo dejarla ir, Candy no sabía como arrancarla del lugar donde pertenecía.
-Candy, vámonos antes de que empieze a llover.
George alzó la voz y la trajo de vuelta, abriendo los ojos de par en par de pronto. Se quedó mirando a su padre, buscaba en él algo que ni ella misma sabía... volvió a mirar a Terry, a todos, su decisión ya estaba tomada.
-Lo siento... de verdad lo siento. Perdóname, pero no puedo. Terry...
Rompió en llanto y casi sin poder hablar y miraba fijo los ojos de su padre, a su hija y nuevamente a Terry.
-Candy, hija, ya tomaste una decisión, tienes que acatarla. Vámonos.
Le extendió la mano, pero ella seguía sin reaccionar, sólo lo miraba y George parecía estar perdiendo la paciencia.
-Me voy...
-Es lo que estaba esperando, Candy. Ven con tu padre, hija.
-¡Me voy a quedar! Lo siento, pero no puedo irme... ¡No puedo!
Se arrojó impulsivamente a las piernas de Terry como lo había hecho él hacía un rato atrás y ahí su llanto se dejó fluir.
-Terry... No puedo dejarte, mi amor. No puedo.
Louise tuvo que quitarle la niña a Terry para que él pudiera a recibir a su mujer en brazos que parecía que iba a desmoronarse. Terry la recibió llorando también y la abrazó tan fuerte como si fuera a quebrarle los huesos.
-Candy... ¿Te-te que-quedas?
Le preguntó incrédulo y con miedo de hacerse falsas ilusiones, mientras que el rostro de George estaba rayando en la furia.
-Me quedo contigo, mi amor. Mi lugar es junto a ti. Lo siento. Lo siento tanto, Terry. Yo...
-Ya no digas nada, Candy. Yo sabía que no podías dejarme así... Perdóname por tantas cosas que...
Todos lloraban sin poderlo evitar, si habían dos seres que se amaban de una forma profunda y arrolladora, eran ellos, nacieron uno para el otro. Se abrazaban y besaban ante la vista de todos, se enjugaban las lágrimas uno al otro y no se soltaban.
-No, Terry. Perdóname tú a mí por causarte tanto dolor con mi... mi inmadurez... es que yo... estaba muy dolida, Terry. No sabía qué hacer... los celos... los celos me mataban y... Te amo, Terry...
Él no esperó a que ella siguiera hablando y la besó intensamente sin importar la presencia de todos y lo furioso que los miraba George que volvió a perder la batalla. Sólo existían ellos dos y sus labios que se buscaban y no podían saciarse, se besaron hasta que necesitaron respirar otra vez.
-Señor Brower, con todo respeto, creo que ya han tomado una decisión...
Dijo Richard con una mirada de triunfo mientras que la pareja seguía ajena a todo y se abrazaban como si no existiera nada más.
-Pero hija... no puedo creerlo... hace un rato dijiste...
-Hace un rato no sabía lo que hacía ni sabía todo lo que estaba dejando. Te me acercaste en un momento de debilidad... pero ahora... ahora sé y estoy segura de lo que quiero. Esto es lo que quiero. Mi marido, mi familia... mi hija... nada de esto me lo has dado tú y no creo que nunca lo puedas reemplazar. Lo siento, papá, pero es aquí donde pertenezco. Mi corazón... está con él y no puedo cambiarlo.
George sintió que eso fue una puñalada porque pensaba que había convencido a su hija de irse con él y aunque deseaba realmente acercarse a ella y a su nieta, en el fondo también quería pegarle a Terry donde más le dolía, pero lamentablemente, un lazo tan fuerte como el de Candy y Terry no lo podía romper nada tan fácilmente.
-Espero que sepas lo que estás haciendo, Candice. Que te vaya bien.
Sin decir nada más, George dio la media vuelta y se marchó, llevándose consigo gran parte de la tensión del ambiente. Todos estaban satisfechos y agradecidos, pero Terry no sabía si estaba viviendo un sueño porque se había rendido y lo había dado todo por perdido, pero ahí estaba ella, aferrada a sus brazos a los que siempre había pertenecido, tan real y verdadera, tan grande y pequeña.
-Candy... no sé si esto es de verdad... Tengo miedo de que si cierro los ojos ya no estarás más aquí...
-Estoy aquí, contigo, mi amor. Siempre, siempre lo estaré. No hay nada que pueda separarme de ti... tendría que morirme...
-Shhh...no digas eso... nunca. No volveré a lastimarte... te lo prometo... no volveré a dejar que el orgullo me aleje de ti...
Mientras ellos se hacían promesas y lloraban en brazos del otro, Amy se puso un poco inquieta y eso los devolvió a la realidad. Candy se separó de él y fue por su hija mientras que los demás se retiraron y los dejaron solos, ya era de tarde y por la época, oscurecía más temprano.
-Pobrecita, debe tener hambre...
-Quédate aquí mismo, Pecas, yo voy por las cosas. Quiero que las dos se queden aquí mismo.
Estaban solos en la sala y Candy se quedó sentada en un cómodo y enorme cojín redondo que había junto a la chimenea intentando calmar a su hambrienta hija hasta que Terry volvió con su leche y todo lo necesario. Le pidió a Candy que se parara un momento y luego que él se sentara, la acomodó a ella entre sus piernas y ella a su vez con Amy en brazos alimentándola. La escena era hermosa y Terry sentía que le debía un grandísimo favor a la vida.
-Imaginé esto tantas veces... tenerlas a los dos conmigo, entre mis brazos... así, mis dos princesas.
Terry repartía tiernos besos en el cuello y la oreja de Candy al mismo tiempo que le acariciaba el cabello y obeservaba a su pequeña comer, sintió que no podía pedirle nada más a la vida.
-Es su primera navidad... nació en la época más feliz del año. Eso es que ella es felicidad en nuestras vidas... la amo tanto.
-Yo también la amo, las amo a las dos. No sabes, no imaginas el dolor y la angustia tan grande que viví... no creo que pueda vivir sin verlas... nunca.
-Yo tampoco, Terry. Yo tampoco sé vivir ni un sólo día sin ti aunque quiera. Yo... no tenía ningún derecho a causarte tanto sufrimiento... me dejé llevar por mi rencor y casi acabo con esto que es lo mejor que he tenido en la vida. Siempre tú, Terry... siempre has estado ahí para mí, amándome, protegiéndome y yo en la primera oportunidad...
-Ya mi amor, no recordemos más eso, fue un infierno... Es parte de tu crecimiento, sin duda todo esto es parte de lo que te hará crecer, te falta mucho, Candy. Tienes que dejarte llevar... estoy dispuesto a darlo todo y apoyarte, a estar contigo, pero tienes que dejarte ayudar...
Entre sus habladurías, Amy se quedó dormidita como un ángel y Candy le puso un pañal nuevo y la dejó en su cunita y volvió a los brazos de Terry en el mismo lugar.
-Quiero aprender, Terry. Quiero crecer junto a ti... quiero ser la mujer perfecta para ti, no quiero dejarme llevar más por mis impulsos e inmadurez... quiero ser lo que tú necesitas y luchar junto a ti en cada adversidad... Enséñame por favor... enséñame a ser la mujer para ti.
-Tú eres todo lo que yo quiero y necesito... no te hace falta mucho... todo de ti lo amo, tus celos y tus impulsos... amo todo de ti aunque duela... y claro que voy ayudarte... mientras estemos juntos seremos cada vez mejor... por nosotros y este gran amor, por nuestra hija... Desde hoy empezamos otra vez...
Aprovenchando la soledasd y privacidad, Terry se había colocado a Candy en su regazo y ella había colgado sus piernas a su cintura como solían hacer tantas veces para entregarse a otro beso apasionado y necesitado, pero esta vez más calmado, conociendo que ahora el tiempo volvía a empezar para ellos. Terry la tenía sostenida por las caderas mientras que las manos de ella estaban posadas en su rostro. Terry comenzó acariciarle las piernas sin dejarla de besar y de ahí fue subiendo hasta sus muslos para luego colarse dentro de su blusa y ella gimió en su boca sin interrumpir el beso. Sus manos siguieron traviezas y acariciaron sus redondeados senos con ganas y delicadeza a la vez, ella en un acto de excitación repentina le mordió levemente los labios y él le alzó la blusa. Ella levantó los brazos para que él entendiera que tenía permiso para quitársela y disfrutar mejor de sus atributos.
-Te amo, Terry... Voy amarte siempre, soy sólo para ti.
-Dímelo otra vez, por favor. No quiero cansarme de escucharte decírmelo. Quiero que me lo digas otra vez.
-Te amo... te amo, Terry.
Ella tuvo que ahogar sus gemidos porque él ya la había despojado de su brassier y estaba besando sus pechos como un loco. Vibró de emoción cuando se removió sobre él y pudo sentir la dureza de su erección, el saber que ella pudiera provocarle esas sensaciones la hacían sentirse feliz y deseada.
-Yo te amo mucho más, Candy. Amo todo de ti. Eres mía y de nadie más... no quiero tu cuerpo en otro cuerpo... te quiero sólo para mí... voy a marcarte todita... ¿me dejas?
Le preguntó con la voz ronca por la excitación y sin dejar de besarla en el cuello y los pechos, robándole toda la voluntad. Se olvidaron de todo y de que había gente. Pero ese espacio en ese momento era sólo de ellos y sabían que nada ni nadie iba interrumpir ese instante mágico de los dos.
-No tienes que pedirme permiso, mi amor. Soy tuya.
Y fue todo lo que necesitó oir, sus labios fueron recorriendo, besando y succionando toda el área de sus pechos y vientre y fueron dejando marcas de pasión y posesión por cada rincón mientras ella gemía y se estremecía, la piel entera se le erizó. Le bajó los shorts y dejó también un rastro húmedo y marcas sobre sus muslos.
-Terry...yo... umm... todo está delicioso... pero creo que debes detenerte porque... ahh... mmm... mi amor yo todavía no puedo...
-¿No puedes qué, princesa? ¿No puedes disfrutar de todo esto?
Para torturarla, siguió chupando sus pechos y mordiéndole el cuello sintiendo como se retorcía sobre él y como su argumento se había quedado a mitad... no se sabía cuál de los dos estaba más excitado... Candy quería respetar la cuarentena, pero Terry no se lo estaba poniendo fácil. Ella misma tuvo que rozar y tener en sus manos el bulto endurecido de su entrepierna y eso lo hizo gemir a él porque no se lo esperaba.
-¿Lo quieres, mi amor? ¿Quieres jugar con él?
La miró a los ojos y la intimidó, ella de verdad lo quería... lo quería dentro de ella, pero no se podía. Entonces le siguió el juego. Llegó el momento de jugar. Le bajó la cremallera y el botón, le quitó la correa y a travez del hueco del bóxer se lo sacó. Se arrodilló ante él que la esperaba ansioso e impaciente.
-Sólo a mí me corresponde hacerte esto.
No dijo nada más y su boca empezó a trabajar y moverse en otra parte llevándolo a él a la locura. Le gustó su actitud posesiva, lo excitó como nunca. Candy lo succionaba con avidez y maestría, rápido, lento... con ganas.
-Ahhh... mi amor... estás haciéndolo muy bien...
-¿En serio... te gusta?
-Me fascina... oh...
Mientras ella seguía con la cara hundia en su entrepierna, él masajeaba su pelo en movimientos circulares y cuando ella lo llevó a la desesperación, de pronto su boca no le pareció suficiente y necesitaba poseerla a ella. La levantó del suelo y se la enganchó a la cintura y la comenzó a besar rudamente.
-Terry... mi amor... no se puede... yo... yo todavía sigo... y además me podrías...
-Sí se puede... voy a mostrarte cómo... voy hacerte mía... lo necesito...
Enganchada de él se la llevó directo a la habitación y aseguró la puerta... ella no entendía qué idea tenía él en mente, pero se le estaba acabando la voluntad para detenerlo aunque no fuera correcto.
-Terry... ¿Qué vas a hacer...?
-Voy hacerte mía, mi amor. ¿No quieres que te haga mía todita?
-Claro que quiero, mi cielo, pero... así no podemos... se supone que...
-Ya verás que se puede.
Sin bajarla ni un momento, fue con ella hacia el baño y abrió la ducha en la temperatura más caliente y tolerable posible, no dejó de besar y torturar con los dientes y labios los pechos de Candy que estaban super sensibles y ella arrebatada le ayudó a quitarse el resto de la ropa, maravillándose de su cuerpo tan varonil y perfecto. Luego de que ella estuviera desnuda por completo, la bajó y la dejó bajo el delicioso y caliente chorro de agua y después entró con ella.
-Mójate, mi amor... así bajo el agua y mojaditos... se puede hacer.
Él se le pegó como un magneto y tomó el jabón, besándola bajo el chorro de agua, comenzó a enjabonarla dulcemente en todo el cuerpo y también le aseó bien sus partes. La visión de su cuerpo húmedo y espumoso sumado a las ansias y ganas que él le tenía, lo hicieron actuar rápido. Después de enjuagarla un poco, se la volvió a enganchar de la cintura y volvió al beso que habían dejado a mitad.
-Terry... ¿estás seguro que funciona así?
-Sí, bebé, confía en mí.
La sujetó bien de la nalgas y él se apoyó de la pared porque sus cuerpos mojados eran muy escurridizos y ahí poco a poco entró en ella. Ambos gimieron con la sensación de recibirse uno al otro y no había nada más delicioso. Su ritmo era lento, pero avasallador, los gemidos de los dos eran un compás de pasión... de entrega, de necesidad, de amor...
-Terry... no dejes de moverte así... ahh... ummm...
-¿Viste que sí se puede, mi amor? Estás tan deliciosa como siempre.
Le dijo sin dejar de moverse en su interior y ella agradeció que los puntos que le habían tomado luego de dar a luz habían sido retirados, de lo contrario, no estaría disfrutando de la dulce invación de tenerlo dentro de ella.
-Me encanta, Terry... no quiero que pares... ahh.
Ella también comenzó a moverse junto con él y sus gemidos fueron transformándose en gritos que lo hacían perder la razón. Tuvo que incrementar las fuerzas y velocidad de sus embestidas y le llegó más profundo, arrancándole un grito que estuvo seguro que estremeció los cimientos de la casa.
-¿De quién eres, preciosa?
-Tuya, mi amor. Sólo tuya... Ummm... Ahhh...
Escucharla decir que era suya y luego de otro grito de pasión que ensordeció todo al rededor, Terry le apretó con fuerza el trasero y enterrando su cara entre sus pechos se dejó correr por completo en su interior. Sus cuerpos temblaban aún y no habían sido capaces de separarse hasta pasados unos minutos. Volvieron asearse nuevamente y luego salieron envueltos en sus toallas.
-Sécate bien, princesa... si se enteran que te mojaste toda, me matan.
Candy se secó el pelo lo mejor que pudo y se puso una pijama de pantalón largo y camisilla, Terry no muy conforme le volvió a poner su jacket y le siguió secando el pelo. Él también se puso un pantalón de pijama y una camiseta y se peinó su pelo mojado hacia atrás. Por petición de Candy fue a echarle un vistazo a Amy, pero seguía dormida y ajena a todo en su cuarto. Volvieron a la cama y se acurrucaron.
-Estuvo increíble, Terry, aunque...
Acomodada entre sus brazos, su rostro se veía feliz pero un poco atribulado, aunque no se arrepentía de nada.
-¿Qué te preocupa, Pecas?
-Es que la idea de bajo el agua y bien aseada estuvo bien, pero... ¿no te asusta que me hayas vuelto a... embarazar?
Se quedó mirándola pensativo y acarició con ternura una de sus mejillas.
-¿Te asusta a ti, mi amor?
-Honestamente... No. No me asusta... todo lo contrario... Me encantaría vivir la experiencia nuevamente... junto a ti no existe nada que me asuste.
-Entonces, a mí tampoco, mi amor. No me importaría tener otra pecosita... podemos mantener a todos los que vengan...
Juguetonamente le pellizcó la naricita respingona y le hizo cosquillas, se deleitó con sus carcajadas infantiles y no pudo evitar llenarla de besos nuevamente.
-Yo quiero un niño, Terry.
-Entonces un niño, no importa. Te hago todos los que tú quieras.
Volvió atacarla con cosquillas hasta que la escuchó suplicar que parara y entonces se detuvo. Atesoró esos mágicos instantes junto a ella porque llegó a pensar que no volverían nunca más. Se estremeció de sólo recordarlo y la abrazó fuertemente dejando entrar un íntimo silencio entre los dos.
-Terry... tengo hambre...
-Yo también. ¿Te gustaría un chocolate caliente con penecillos y mantequilla?
-¡Sí!
Gritó como una niña y se incorporó lo haló a él de un brazo para arrastrarlo a la cocina. Estaban de vuelta, como si nada, porque así es el amor. Ya eran aproximadamente las ocho de la noche y tal parecía que todos decidieron retirarse temprano a sus habitaciones y ellos lo agradecieron, eso les brindaba más privacidad. Mientras Terry comenzó a buscar los ingredientes y preparar todo para el chocolate, Candy llegó con Amy en brazos que estaba más despierta que nunca y hambrienta. Caminó con ella hacia Terry y él soltó todo lo que tenía para cargarla un momento.
-¿Dormiste bien, princesita? ¿Quieres cocoa? ¿Sí? Candy... ¿se le puede dar cocoa en una botellita...?
-¡Por supuesto que no! ¿Te volviste loco, Terry?
-Sólo preguntaba... ¿cuál es el drama?
Preguntó muy serio y Candy luego de haber estado seria también dejó soltar su carcajada burlona, esa que sabía que lo molestaba, pero no podía evitarlo.
-Lo siento, mi amor... no quería jajajajajaja. No quería reirme de ti, pero jajajajaja. Espera un poquito más y Amy podrá tomar también cocoa. Jajajaja.
Ella siguió burlándose de él y Terry molesto le pasó a la niña y siguió en lo suyo con la carota montada, pero al ver que esta vez Candy le daba el pecho a su hija no de la botellita, su rostro volvió a suavizarse en un gesto tierno y soñador del que ambas chicas fueron ajenas. En media hora el chocolate estuvo listo y Amy estuvo dormida nuevamente. Mientras Candy le ponía mantequilla a los panecillos, Terry fue acostar a la bebé. Volvieron con sus tazas de chocolate y su bandeja de panecillos a la sala, se sentaron en el mismo gigante cojín junto al fuego y en la misma posición anterior.
-No cambiaría ni un sólo momento junto a ti por nada en este mundo, Candy. Eres mi vida, mi luz... lo eres todo para mí. Yo sin ti no soy nada... mi ser vuelve a estar vacío como antes. Nunca, por favor... nunca se te vuelva a ocurrir dejarme... no podré soportarlo.
-Eso fue un error, Terry... una estupidez de parte mía. No sé en qué estaba pensando... como si yo pudiera vivir sin ti... Yo soy la que no soy nada sin ti. A mí me hiciste tú... con tus cuidados, tu amor, tu protección, con cada beso, cada caricia y cada entrega... tú y yo somos uno solo. Sin ti yo me muero, así de simple.
Dejaron sus tazas de chocolate a un lado para volverse a besar, esta vez tiernamente y despacio. El ambiente que los envolvía era mágico. Caminaban sobre el paraíso luego de haber traspasado el infierno. Luego volvieron con sus chocolates y Terry con una mano sostenía su taza y con el otro brazo sostenía posesivamente la cintura de Candy. Él disfrutó de que ella le diera los panecillos en la boca y de vez en cuando le mordía la mano de maldad.
-¡Terry! Si me sigues mordiento no te daré nada.
-¿En serio? ¿Me dejarías morir de hambre? Pensé que me amabas...
-Y te amo, pero no por eso voy a dejar que me... ¡Basta! ¡Terry, ya! Se nos van a derramar los chocolates...
Si ese era el problema, él le quitó la taza y las colocó en el piso, lejos de ellos y dejando de morder sus manos, comenzó a darle suaves mordidas por todo el cuerpo haciéndola reir porque en algunas áreas le provocaba cosquillas.
-Shhh. No seas escandaloza, vas a despertar a todos.
-Entonces no me molestes porque empezaré a morderte yo también.
Lo amenazó con la carita muy seria y se terminaron el chocolate y los panecillos. Luego se quedaron recostados nuevamente sobre el cojín redondo hasta que unas cajas y fundas en una esquina llamaron la atención de Candy.
-¿Qué son esas cosas, Terry?
Terry se quedó mirando las cosas en el lugar señalado y volvió la melancolía a su cara, se volvió nostálgico de pronto al recordar con tristeza los planes que tenía para cuando las dos princesas de su vida llegaran a casa.
-La caja grande y larga es... el árbol de navidad... las demás son las luces y los adornos... son inspirados en dulces... como Hansel y Gretel, para Amy... era una sorpresa para cuando ustedes fueran dadas de alta, pero...
Candy no necesitó que él continuara para entender su angustia y se sintió miserable y ruin. Se volteó para mirarlo a los ojos y lo abrazó. Luego de besar ligeramente sus labios, se aclaró la garganta para expresarle todo lo que sentía dentro de ella.
-Lamento mucho haber roto tus sueños, mi amor. Yo... quiero reponerlo todo, mi cielo. Quiero que me perdones por no confiar en ti y por haber intentado arrebatarte lo que con tanto cariño tú me diste. Esta vez quiero dártelo todo, sin preguntas y sin medida. Quiero darte todo lo que te perdiste. Nunca me separaré de ti... y sabes... aunque suene un poco loco... anhelo volverme a embarazar... quiero que esta vez... puedas estar ahí junto a mí en el momento de su llegada como lo soñaste... yo no tenía ningún derecho a quitarte eso, Terry... perdóname.
Nunca apartó la vista de él, nisiquiera cuando sus ojos no pudieron sostener más el agua salada que los llenaba y eso lo conmovió profundamente. Él podía perdonarle cualquier cosa cuando ella lo miraba de esa manera, él sabía que estaba perdido cuando esas dos esmeraldas se posaban sobre él suplicantes.
-El haberte quedado junto a mí es suficiente para que te perdone cualquier cosa que me hayas hecho. Yo también fallé, mis celos también me jugaron malas pasadas y dejé que mi orgullo empeorara todo. Los dos tenemos mucho que mejorar y arreglar, mi amor, pero mientras estemos juntos, seremos invencibles... Como tú dijiste, somos uno.
-¿Para siempre?
-Para siempre. Y sobre lo del otro bebé... me encantaría... y quién sabe si ya esté en camino, pero... no es necesario que hagas ese sacrificio nuevamente. Sé que tienes planes y que habíamos quedado en esperarnos un poco... y yo no quisiera truncarte las alas... ahora tienes mucha responsabilidad y...
-Lo sé, Terry, pero... quiero hacerlo, de verdad. Tú mereces eso y mucho más y además... tener un bebé tuyo dentro de mí es lo más hermoso que me ha pasado, no es ningún sacrificio... con gusto te lo daría.
Ella era perfecta, pensó él. Podía ser insegura para algunas cosas, pero cuando estaba segura, era inquebrantable y no retrocedía, enfrentaba el mundo con valentía y le gustaba esa nueva Candy que estaba surgiendo. Si era posible, estaba enamorándose más.
-Pues si estás segura... sabes que yo no puedo negarte nada... además... extraño tu panza, ¿tú no?
-Sí, me había acostumbrado... sentir los movimientos de mi bebé era mágico... ha sido un milagro... ahora está aquí con nosotros... tan hermosa y sana... me desarmo por completo cuando me mira con esos ojitos que tanto amo.
Al decir eso, Candy le besó ambos ojos a Terry y a él le encantaba también ser mimado como un niño. Ella decía que lo cuidaba y él sabía que era así, porque de alguna forma, ella lo había cuidado de muchas cosas, de la soledad principalmente. Cuando ella terminó de mimarlo, aprovechó que estaba arrodillada y comenzó a cubrir de besos su vientre ahora plano como antes y acariciarlo con la misma dulzura e ilusión de cuando planificaron su primer hijo.
-Me aseguraré de que pronto vuelvas a sentir pataditas aquí adentro.
Y no dejó de besar y acariciar su barriga en un buen rato hasta que ella tuvo una idea.
-Mi amor... se me ocurre algo maravilloso... si todavía tienes deseo...
Lo miró con gesto de niña que tramaba algo y a él le encantó tenerla de vuelta, la adoró.
-¿Ah sí? ¿Y qué será eso tan maravilloso que tienes pensado...?
-Pues... ¿Qué te parece si ponemos el árbol tú y yo...?
-¿Nosotros? ¿Ahora?
-¿Por qué no?
Candy lo convenció y se pusieron manos a la obra. Sacaron el árbol artificial de la caja, Candy buscó la base y la puso en una esquina perfecta desde donde se pudiera apreciar en cualquier ángulo. Sacó todas las demás partes y las encajó unas con otras hasta que llegó a la copa de arriba y por más que quiso ponerla no alcanzó, así que Terry dejó las lucecitas que estaba desenredando hacía rato para colocar la última rama.
-Déjamelo a mí, enana.
-¡No soy ninguna enana! Lo que pasa es que este árbol mide...
Terry la calló con un beso inesperado y aunque ella fingió seguir enojada, una sonrisa tonta se dibujó en su rostro y volvió a preguntarse en qué diablos estaba pensando cuando decidió irse dejando atrás todo eso.
-No te enojes, enana, a Amy no le gusta que discutamos.
-¡Pues no me digas enana!
-Está bien, vamos a seguir decorando, pitufina.
-¡Terry!
Candy lo pellizcó en un brazo y él se arrepintió de haberse burlado. Ella fue a las fundas y cajas que contenían los ornamentos y se maravilló de los hermosos que eran. Paletas de colores, bastones, bombones, caramelos, casitas hecha de dulces y muñecos con ropa y ojos hechos de dulces, todo motivado en Amy, la lucecita de esa casa.
-¡Madita sea!
-Terry... ¿qué pasa?
-No sé quién diablos enredó así estas dichosas luces, esta es la hora en que no las he podido desenredar.
De mala gana y bien molesto, Terry arrojó la maraña de lucecitas hacia el sofá más cercano y se sentó con mala cara.
-Terry, mi amor, cógelo con calma, no hay prisa, cielo. Además... si no pides ayuda te pasan estas cosas. Dame acá las luces esas.
Como un niño berrinchudo, Terry le alcanzó el embrollo de luces y Candy disimulando la risa por su graciosa expresión, desenredó las luces en cinco minutos para sorpresa de él y lo miró con gesto burlón.
-Claro, qué fácil, yo ya te las había dejado a mitad.
-Sí, como no.
Se defendió ella y lo miró con reclamo, lo cual se ganó que él le palmeara una nalga. Ya con las luces desenredadas, comenzaron a colocarlas en el árbol, pero al ser tan grande no alcanzaron, así que Candy desenredó otras luces hasta que al final cubrieron el árbol entero.
-Ahora los adornos, Pecas...
-Sí, vamos a poner los más grandes primero. No te enfoques mucho en la parte de atrás, no se ve...
-Candy, claro que se ve, este árbol es de los que giran...
-Bueno, pues los más grandes primero como quiera, hay adornos de más.
Así se entretuvieron un buen rato hasta que al árbol no le cabía un adorno más. Terry buscó la sabanita que cubre la parte de abajo la cual estaba inspirada en galletas de jengibre, todo era realmente bellísimo.
-Ahora, enana, hay que poner el adorno en la copa, se lo pondrás tú, yo te ayudo.
Ella tomó un arregló de ramas de colores que también tenía diversas clases de dulces y Terry la cargó para que ella lo colocara y quedara bien sujeto del árbol.
-¡Ya! Ahora, bájame.
-No. Estaba pensando lo linda que te verías en el árbol...
-¡Terry!
-Está bien... no debo usar a mi mujer como adorno de navidad... te bajo, pues.
Terry hacía el aguaje de bajarla, pero no la soltaba y volvía alzarla y ella ya estaba molestándose.
-¡Ayy te caes! ¡Ayy te caes! ¡Ay te caes!
Le decía muerto de la risa fingiendo que de pronto iba a dejarla caer y se estaba gozando la cara de terror que ella ponía cada vez que creía que se achocaría contra el suelo.
-¡Ya basta, Terry!
-Está bien, odiosa. Contigo no se puede jugar. Pobre Amy... tendrá a la mamá más estricta y amargada.
-¡Ay miren quién habla!
Y para completar la situación, Amy se dejó notar con un llanto desesperado a las diez de la noche y ellos fueron corriendo por ella.
-¿Qué te pasa, princesita? Uyyy ¿y este pañal tan mojado?
-Debe ser el frío, Terry. Eso la hace orinar más.
Como ya tenían intenciones de acostarse, se llevaron a la niña con ellos luego que Terry le cambiara el pañal y Candy le pusiera un kimono más abrigadito. Se acomodaron los tres en la cama y Terry se deleitó nuevamente cuando Candy la comenzó a lactar, era un momento único, una intimidad que sólo compartían ellos tres.
-Amy superó mis espectativas... no pensé que fuera a ser tan bella. Estos cachetitos... me dan ganas de morderle uno... y mira estas pecas... está comible mi hija.
Terry la contemplaba con orgullo. Como ya sabía cómo sacarle los gases, Candy se la pasó para que lo hiciera y ella acomodó la cabeza en su regazo. Estaba realmente agotada y no tardó en quedarse dormida ahí mismo. Terry sonrió porque sus dos mujeres se habían quedado dormidas sobre él. Seguro de que nadie lo veía en ese momento, unas lágrimas traicioneras salieron de sus ojos por la emoción y la felicidad indescriptible que sentía, pero sobre todo, una gratitud infinita con Dios y la vida por haberle permitido recuperar su mayor tesoro, su mujer y su hija. Con cuidado de no despertar a ninguna de las dos, Terry movió a Candy hacia el lado que le correspondía en la cama y acomodó a Amy en su moisés y la arropó, volvió a la cama con Candy no sin antes besar la cabecita de su ángel. Se acostó lo más pegado posible de Candy y abrazó su cintura posesivamente, como si temiera que en algún descuido se le escaparía nuevamente.
=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=
Los primeros en levantarse para desayunar después de Stella fueron Richard y Louise, pues Amy les había hecho pasar una tremenda desvelada a sus padres y aún se encontraban en la cama. Amy estaba en los brazos de su abuelo, despierta y contenta como si nada. Ya se había tomado dos botellitas de leche y andaba de brazo en brazo, engreidísima como su padre, no sería fácil lo que les esperaba luego que pasaran los dos meses y se fueran a vivir solos otra vez.
-Se ve que Candy y Terry están muy bien, hasta el árbol pusieron.
Dijo Louise maravillada y apagándolo nuevamente hasta la noche.
-Ya lo creo. Sabía que eso pasaría, esos dos no pueden estar sin el otro. Aunque en el último instante llegué a pensar que... olvídalo, mejor ni pensar en eso...
-Buenso días, Richard, mamá, abuela...
-Buenos días a ustedes que se ve que la pasaron muy bien... pero me pregunto quién de ustedes fue el gracioso que dejó todo el reguero de tazas y chocolate en la cocina...
-Lo siento, abuela, fue la holgazana de Candy... se suponía que ella limpiaría porque yo hice el chocolate...
-¡Claro que no! Tú dijiste que...
-Okay, okay, suficiente, ya sabemos que todo volvió a la normalidad. Ahora, si no es molestia, me gustaría que pasáramos a desayunar.
Richard paró en seco la guerra tonta de la pareja y sin soltar a Amy se fue al comedor junto con los demás. El menú ese día era tostadas, huevos fritos y jamón, jugo de naranja y café, todo un bufé como siempre.
-Candy, al mediodía debes tomarte una sopa de bacalao que voy a prepararte. Eso hace que produzcas más leche...
-¿Bacalao? Abuela... no me gusta el bacalao... por favor... no me hagas eso.
Candy puso una cara de horror que valía un millón y los demás la miraban entre pena y devertidos.
-Abuela, Candy no necesita sopa de bacalao... tiene tremendas ubres que...
-¡Terry! Si yo tengo ubres... tu tienes los huevos del...
-Hogar, dulce hogar. Bienvenida Candy a la familia otra vez.
Dijo Richard con ironía y Terry y Louise no pudieron evitar soltar la risa al captar en el mensaje.
-Así es Candy, si no fuera por esos huevos de Terry ahora mismo no tendrías...
-¡Stella! Siempre te pasas. ¿Qué tema es ese a la hora de la comida? Además... ¿no te da vergüenza a tu edad?
-A mi edad todo está permitido, hijo. Y que yo sepa, Amy no fue obra del espíritu santo, se necesitaron dos buenos...
-¡Basta!
Esta vez todos se rieron, hasta Candy. Otra vez volvió a pasarle por la mente que esas peculiares charlas a la hora de cualquier comida las hubiera extrañado también y miró a todos con una sonrisa cariñosa.
-Richard, si quieres dame a Amy para que puedas comer más cómodo.
Le dijo Candy al verlo pasar trabajo con la niña en brazos, pero sin embargo...
-No te preocupes, ella no molesta. ¿Verdad, cosita hermosa?
El abuelo presumido y orgulloso no soltó a la bebé en ningún momento por más que muchos brazos se ofrecieron a cargarla, ni a sus padres se la cedió hasta que Amy le hizo una gran perreta que no le dio más remedio que entregársela a Candy.
-Eso es que seguramente le hace falta su baño. ¿Ya te atreves a bañarla tú sola?
-Me atrevería, pero prefiero que tú me ayudes, mamá...
Candy realmente no necesitaba ayuda, pero sabía lo feliz que era Louise al permitírsele ser parte de esos momentos, porque era su abuela también, dijeran lo que dijeran, la niña no hubiese tenido una mejor. Prácticamente fue Louise la que bañó a Amy y Candy escogió su ropita, un hermoso kimono en tonos rosa y violeta con su gorrito a juego porque el clima además de frío estaba lluvioso. Luego de que la bebé estaba cambiada y alimentada, después del amuerzo llegó la tarde y decidieron ir todos al salón acomodarse y compartir en familia. Terry haría otro de sus famosos chocolates calientes.
-Debo admitir, Terruce que tu chocolate es riquísimo, casi tan bueno como el mío.
-Ese cumplido viniendo de ti, abuela, entonces me lo creo.
Terry le guiñó un ojo con arrogancia y Candy le dio un tierno besito en los labios. Amy se había quedado dormida en los brazos de Terry, pero él no quiso llevarla a su habitación, era el nuevo miembro de la familia y aunque dormida, él la quería presente en la reunión.
-Saben, ahora que estamos aquí todos reunidos... siendo mañana Noche Buena, a mí me gustaría expresar lo agradecida que estoy... Yo... he encontrado un tesoro hermoso en ustedes... Candy, Terry y ahora Amy. Debo confesar, Candy que cuando decidiste irte... me sentí un poco vacía y sola... con ustedes vi la ilusión de alguna manera ser madre... e incluso... abuela... y de pronto... no quiero hablar de cosas tristes... pero sentí que de pronto parte de mi vida se iba contigo y con la niña...
A Louise se le quebró la voz mientras se expresaba y Candy volvió a tornarse triste porque la culpa la había invadido, porque su dolor y coraje la llevaron a romper corazones que nunca quiso lastimar y Terry que la conocía como nadie le tomó la mano en muestra de apoyo.
-Yo... ya que traes el tema, siento que debo... perdirles perdón también por haberles causado esa angustia. Ustedes han sido una verdadera familia, me llenaron de amor y mimos que hacía mucho tiempo no tenía y yo estuve a punto de tirar todo por la borda. No lo hice a propósito, créanme... es que yo... estaba tan dolida y confundida... fue demasiado para una noche... sólo espero que entiendan que actué en un momento de debilidad porque me sentí traicionada y desilusionada. Entiendo que no actué de la mejor manera, pero sólo yo sé lo que vi y lo que sentí... es algo que hay que vivirlo para poder juzgar y no me estoy justificando... Pero Terry siempre ha significado demasiado para mí, creo que todo. Ha sido mi amigo, mi guardián, mi amor... y de pronto verlo allí, en esa situación cuando todo lo incriminaba... para mí fue como una daga en el corazón y aunque sé que yo también los herí con mi actitud, también me hubiese gustado que se pusieran un poquito en mi lugar... Al menos ustedes dos, como mujeres... si fueran las que estuvieran en mi situación... se fueron a favor de Terry y ni siquiera vieron lo que ocurrió, sólo saben la vesión de él. No se preocupen, no les estoy reclamando y menos ahora que ese infierno ya pasó, pero ya que estamos trayendo el tema, quería desahogarme y decir todo lo que pienso y siento.
-Creo que tienes razón, Candy y estás en todo tu derecho. Doy gracias a Dios que hayan podido arreglarse, fue lo mejor que pudiera pasar y más ahora que tienen a esta preciosura.
Richard no pudiendo aguantar más y al ver que Amy había despertado nuevamente, se la quitó a Terry y disfrutó de la bebita mientras seguían expresando sus sentimientos.
-Pensé en todo eso, Richard... en mi hija que me ha cambiado la vida. Estoy creciendo y aprendiendo poco a poco y les juro que hago lo mejor que puedo... no quiero buscar excusas, pero desde la muerte de mi hermano... todo han sido cambios drásticos para mí, experiencias nuevas y trato de enfrentarlas lo mejor que puedo, pero dentro de todo eso, reconozco lo dura que fui y hasta un poco injusta, el dolor y el rencor a veces nos ciega. Pero ahora, yo estoy dispuesta a crecer cada día y quiero hacerlo por mi hija, por Terry, por ustedes y por todos los niños que Dios me de. Aunque suene irónico... he llegado agradecer todo esto que nos pasó, fue una manera dura, pero certera de que apreciáramos lo que tenemos y para mí mi hija y el amor de Terry es lo más grande que yo tengo.
Candy dejó escapar sus lágrimas y Terry la envolvió en un fuerte y cálido abrazo y sintió su pecho mojado con el llanto de ella, pero aún así sus ojos sonreían porque una inmensa alegría había llenado ese hogar.
-Yo por mi parte puedo decir que soy el más feliz aquí porque con Candy he conocido el cielo, un mundo que pensé que no existía, un tesoro que estuve a punto de perder. Ella fue un ángel, siempre estar junto a ella me daba paz... siempre sentí esa necesidad de cuidarla y protegerla, pero lo que no sabía era que lo que había hecho siempre era amarla, amarla con todo mi ser y de tantas formas. Me he preguntado muchas veces qué diablos estaría haciendo en estos momentos de no ser por ella y por la forma en que entró a mi vida. Yo siempre dije que la cuidaría, pero debo confesar que ha sido ella la que me ha cuidado a mí... por ella soy quien soy, sé lo que es el amor y el valor de una familia... ella me ha cuidado del vacío, de lo vano y lo incierto. Yo sólo quiero decir delante de todos que voy amarlas y cuidarlas siempre con mi vida y que nunca nada será más importante que mis dos ángeles.
Hasta doña Stella aunque disimulaba estaba llorando de emoción porque la escena era realmente mágica, la oscuridad sólo iluminada por el fuego de la chimenea y el arbolito de navidad, todos reunidos, Candy en brazos de Terry y Amy con sus abuelos, la vida estaba sonriéndoles. Luego de que todos expresaran lo que sentían, siguieron disfrutando del chocolate y las galletas de almendra que había horneado Stella y cuando terminaron de comer, acostaron a Amy en el moisés que Terry buscó en la habitación y lo acomodó en el salón.
-Bueno, estamos todos juntos y Amy está dormida... sería bueno jugar adivinar las señas... hace años no lo hacemos.
Dijo Louise y todos se quedaron mirándose, pero estaban emocionados al mismo tiempo.
-Yo sé cuál es, lo jugábamos antes en casa, ¿te acuerdas, Terry?
-Claro que me acuerdo, Princesa, jugábamos con tus padres y Anthony...
-Bueno, de todas formas explicaré nuevamente las reglas, haremos dos equipos, Terry y Richard contra nosotras tres. Nosotras les daremos un listado de tres cosas que ellos deben hacer y ellos nos darán otro listado a nosotras, imitaremos por turno. Ya saben, no se vale ningún ruido, ni hablar. Todo es lenguaje corporal. Tienen exactamente un minuto para adivinar.
Louise buscó bolígramos y papel para que cada equipo apuntara sus tres palabras y Terry puso el cronómetro en su celular, empezaría Terry. Richard debía adivinar lo que él hacía, así que Terry estaba en el mismo medio del salón interpretando su papel lo mejor que podía. Se puso a caminar amaneradamente, paró las pompas y sacó pecho y movió coquetamente las pestañas y mientras los demás reían, Richard se mataba por adivinar lo que estaba imitando.
-¿Gay?
Dijo y Terry lo miró serio, las damas soltaron la risa porque sabían lo que era y no tenía nada que ver con eso. Terry siguió con su papel y así amanerado comenzó hacer gestos de estarse atracando un montón de comida y las damas volvieron a reir, menos una de ellas, Richard seguía esforzándose.
-¿Una modelo bulímica?
Terry negó con la cabeza y sin saber que más inventar porque pensó que la adivinanza era muy obvia, cambió a un gesto angelical, pero igual de amanerado y actuó como si tuviera un bebé en brazos y lo comenzó a mecer.
-¡Candy!
Por fin adivinó Richard faltando dos segundos para que sonara el cronómetro.
-¡Por fin, Richard! Estuve a punto de dibujarte un mapa.
Soltó Terry con un suspiro de alivio y volvió a su lugar, sería el turno de Stella. Lo primero que ella hizo fue despertar unas estruéndosas carcajadas en los demás porque en el medio del salón comenzó a bailar sensualmente y le lanzó un beso a Richard, Terry estaba rojo de risa y Candy y Louise trataban de adivinar.
-¿Bailarina?
-¿Animadora?
A la primera adivinanza ella hizo un gesto indicando de que por ahí iba la cosa, pero en la segunda negó por completo. Empezó a caminar sensualmente hacia los hombres y se levantó un poco la falda para mostrar una pierna, pero al dejar ver las enaguas, consiguió la risa de todos y el tiempo seguía corriendo.
-¿Cabaretera?
-¿Vedette?
Intentaron nuevamente Candy Louise y Stella les indicó que estaban cerca, pero debían decir exactamente la palabra que estaba en la lista y ya sólo contaban con diez segundos. Desesperada, Stella volvió a su danza sensual y yendo directamente a una de las columnas que había en el salón, enroscó como su edad le permitió, una pierna ahí y luego la deslizó hacia el piso con sensualidad. Terry de la risa tuvo un ataque de tos que para qué les cuento.
-¡Stripper!
Candy adivinó, pero ya el cronómetro había sonado, así que no contó el punto. Molesta, se sentó con los brazos y cruzados y Terry le sacó la lengua burlonamente, mientras que Richard se preparaba para su turno de imitar. Él también despertaría risas, pues se puso en cuatro patas y empezó a correr así por el salón hasta el pesebre que había debajo del árbol.
-¿Un caballo? ¿Los reyes magos?
Las dos adivinanzas de Terry no fueron acertadas y el tiempo corría en la mitad. Siguió en cuatro patas en el pesebre y moviéndose hizo señas de orejón para darle otra pista a Terry.
-¿Un burro?
Gritó Terry triunfante, y aunque Richard indicó que estaba cerca y que la palabra "burro" era parte de la frase, pues en el juego también se valían las frases, aún no acertaba y quedaban escasos segundos para continuar. Como última opción, Richard siguió corriendo en la misma posición y haciendo mímica de una conocida canción de navidad y el y los señalaba a ellos y luego a sus ojos, como en seña de que tenía algo que ver con la vista.
-¡Lo tengo! Esto... la canción esta del burro... ¡Dios! ¡Mi burrito sabanero!
Gritó, pero le pasó igual que a Candy, pues el cronómetro había sonado hacía un rato cuando la frase pudo salir de su boca y esta vez fue Candy la que se burlaría de él. Quisieron continuar el juego, pero Amy despertó hambrienta y de mal humor, así que lo continuarían otro día.
=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=
Al día siguiente, que era la tan esperada Noche buena, Candy vio que todos, incluyendo los empleados, desde muy temprano trabajaban muy afanados en los arreglos y preparativos para ese día. Richard quiso tirar la casa por la ventana porque dijo que la primera navidad de su nieta debía ser única. Como ellos no eran una familia muy grande, invitaron a sus empleados, que más que eso eran amigos suyos a pasar la noche buena con ellos, tendría inicio desde las seis de la tarde. Sus amigos no serían otros más que Albert con Annie, no podía faltar Tom e incluso, Candy contactó a Archie que le avisó que iría acompañado de Lizette, a Susana con Neil y por supuesto, Eliza y Stear. Con ellos el ambiente era increíble, así que no necesitaban a nadie más.
-Terry... ¿Lo han visto? ¿Y Amy?
Preguntó Candy intrigada, pues, no los veía por ningún lado y cada vez que ella se acercaba demasiado para ayudar, los demás se ponían nerviosos y la evadían.
-Terry fue por unas cosas, Candy. Amy está con Stella en el salón y usted me va acompañar al salón de belleza a ponerlos regias.
Le dijo Louise intrigándola aún más porque había una malicia y un traviezo brillo en su mirada.
-¿Salón de belleza? ¿Hoy? Pero... ¿Están abiertos en Noche Buena?
-Claro que sí, cariño, hoy es un día en que aunque no lo creas tienen mucha clientela, mañana es cuando no abren.
Candy se quedó sin palabras, pero le encantó la idea, ir a un salón de belleza a consentirse un poco no estaría de más y ella lo necesitaba mucho. Se dio un buen baño y se perfumó. Escogió uno de sus famosos jeans ajustados y agradeció que le sirviera, buscó un suéter ceñido que acentuaba muy bien sus pechos más llenos que nunca y agradeció que Terry no estuviera ahí para que no le fuera a sugerir cambiárselo. No se molestó en maquillarse, porque de eso se encargarían en el salón y se calzó unas cómodas sandalias bajitas que dejaban el torso de los pies al descubierto, así no se arruinaría la pedicura que tenía intención de hacerse. Se puso de espaldas y se miró el trasero en el espejo, a pesar de la cuarentena, había gozado de un sangrado muy leve en comparación a otros casos, agradeció porque más que un sangrado, era más bien un manchado y era más fácil de sobrellevar así. Salió con su bolso Prada a la espera de Louise y no sin antes despedirse de su pequeña.
-El chofer nos espera, cariño. Vamos a la aventura.
Se montaron en el auto y a Candy le gustó lo emocionada que estaba Louise y sintió melancolía porque le habría gustado vivir momentos así con su propia madre, pero agradecía a Dios el tenerla a ella que representaba muy bien ese papel. En media hora estuvieron en el lugar y una simpática estilista las saludó no más bien entraron.
-Buenos días, bellas damas. ¿Cómo puedo ayudarlas hoy? Estoy a sus pies.
Se presentó con una blanca y deslumbrante sonrisa la chica de unos treinta años, gordita, pero de bonitas formas y con una cara preciosa, dijo llamarse Viviana.
-Buenos días a ti, hermosa. Vinimos a ver qué puedes hacer con nuestros cabellos, hoy es un día muy especial y queremos quedar relucientes. Además nuestras manos y pies también necesitan cariño.
Informó Louise y a Viviana le cayó súper bien ella e incluso Candy aunque no hablaba mucho no le dejaba de sonreir.
-Entonces han llegado al lugar correcto. Les aconsejo que se hagan sus manos y pies primero y luego yo me ocupo de sus hermosas cabelleras y maquillaje, no dejaré que pasen desapercibidas para esa ocación tan especial.
La chica les guiñó un ojo y les indicó a cada una una silla donde estaban las manicuristas encantadas de atenderlas, mientras ella le secaba el cabello a otra chica, aprovechando el tiempo. Candy emocionada, optó por hacerse uñas acrílicas en french y dos uñas de cada mano tenía un diseño florar también en tonos blancos, Louise se lo sugirió y le guiñó un ojo, Candy no captó sus intenciones, pero aceptó y se hizo lo mismo en los pies, mientras que Louise se hizo una manicura y se pintó las uñas de manos y pies en un tono rojo vino que con la palidez de su piel se veía hermoso.
-Bueno, princesas encantadas, veo que han terminado, así que esperaré que se sienten en mi silla, ya que ansío trabajar con ustedes. Empezaré contigo, corazón.
Señaló a Candy y la dirigió hacia su silla. Ella como una niña emocionada, fue a sentarse sonriente.
-A ver, muñequita, ¿qué te gustaría hacerte?
Candy pensó en el vestido que había elegido para esa ocación, era crema perlado con detalles en rojo, el escote era en V y caía suelto encima de las rodillas. Lo había combinado con unos altos y sensuales tacones en tono crema con los bordes rojos y como accesorios, collar y pendientes de perlas.
-Me gustaría el pelo recogido, pues quiero lucir bien el diseño de mi vestido, no quiero que mi pelo largo lo opaque.
-Muy bien. ¡Manos a la obra!
La chica inició su trabajo y le hizo a Candy un sensual, juvenil y finísimo peinado de pelo enteramente recogido y de una vitrina le colocó una hermosa peineta roja en el centro del moño que simulaban unas rosas, el peinado era regio y con la forma de la cara de Candy lucía precioso. Maquilló sus ojos en tonos acorde con la vestimenta y le colocó un labial rojo intenso, que con lo carnoso de sus labios y su piel tan blanca, era simplemente matador, Candy compró el mismo labial que estaba disponible en la vitrina para cuando necesitara retocarse. Cuando estuvo terminada y se miró bien al espejo, casi llora, nunca se había visto tan bella, pensó. Esperó por Louise a la cual dejaron bellísima también, con su peinado recogido y su maquillaje y todo de acuerdo a su edad y tono de ropa y piel. No se dieron cuenta de que en total habían durado cuatro horas en el salón, perdieron la noción del tiempo.
-¡Dios mío! Mira la hora que es, Louise... ¡Amy!
-Tranquila, cariño. Amy está en muy buenas manos, además, si no tenemos llamadas perdidas es señal de que todo está bien y avisamos dónde estaríamos, no creo que se extrañen de nuestra tardanza.
Aún así, Candy llamó a la casa para preguntar por Amy, quiso hablar con Terry, pero se lo negaron con otra excusa, ella no le dio importancia y se dispuso a esperar el chofer junto a Louise. El chofer no tardó en recogerlas y fueron directamente a la casa, aún tenían que vestirse y ya eran las cinco, se suponía que los invitados llegarían a las seis.
-¡Vaya! Pensé que no llegarían nunca.
-Pues ya estamos aquí, abuela. ¿Cómo se portó mi ángel?
-Tu ángel no me ha dejado soltarla en ningún momento porque su querido padre y tu suegro la tienen engreída. Ahora por fin se durmió luego de hacer un gran berrinche.
Candy sonrió porque Stella era la principal alcahueta de Amy y apesar del reproche, no había molestia en su voz.
-¿Y Terry...?
-Eh... llamó hace un rato, es que tú sabes que aquí tenemos la costumbre de dejar todo para última hora... y las tiendas están imposibles, pero... llamó y de seguro no debe tardar en llegar...
Ya a Candy le pareció que ahí había gato encerrado, pero a ella le gustaban las sorpresas y más si venían de Terry.
-Candy, ¿Por qué mejor no vas a vestirte? Pronto llegará la gente...
Ni corta ni perezosa, Candy fue a su cuarto para admirar nuevamente su vestido y sus accesorios. Se dio un ligero baño sin arruinar su maquillaje y volvió a perfumarse. Luego que se pusiera su hermoso vestido y se calzara los zaptatos, se retocó el labial y se puso su collar y aretes a juego. Le encantó la imagen que vio en el espejo y sólo ansiaba ver a Terry para que viera lo hermosa que se había puesto para él principalmente. Como ya estaba lista, salió de la habitación para reunirse con los demás y así dar la bienvenida a los invitados.
=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=
Candy fue por toda la casa, pero no había señal de nadie y en ese momento sí que se sintió intrigada. Salió a la parte de afuera donde había una gran terraza de madera y vio sentado a todos los invitados en mesas redondas con mateles blancos con los bordes rojos y cuyos centros de mesas eran unas copas grandes de cristal con una hermosa rosa roja dentro cada una y lo más bello era que eran flores naturales. A una distancia no podía ver bien los que estaban al final de pie, pero todos de lejos la miraban sonrientes y vio a su pequeña ataviada en su trajecito de gala en brazos de Louise. No había empezado a caminar hacia el lugar cuando alguien de sorpresa la detuvo en la salida de la casa hacia la terraza.
-Hija... Tan hermosa como siempre...
-¿Papá? No entiendo...
Sólo vio que su padre le sonreía con los ojos aguados y llevaba un ramo de rosas en tono blanco y rojo en las manos y que estaban sujetas por un lazo blanco con rojo también.
-No te sorprendas, hija. Ni yo mismo entiendo por qué estoy aquí. Reconozco que no merezco el privilegio que tendré hoy, pero tú sí. Mereces esto y mucho más.
Candy seguía sin entender y no asimilaba nada, mirada todo con curiosidad y con cierto recelo.
-Lo siento, pero no lo cojo... no sé a qué viene todo esto ahora, papá...
-Nunca te he dado nada hija, al contrario, lo que hice fue quitarte hasta la paz. Ahora lo veo todo... Ahora sé a dónde perteneces y a quién. No pretendo que me perdones por todo lo que te causé, pero... al menos quiero ser parte de felicidad... hoy, porque no sé si habrá mañana y si el infierno me está esperando por todo el mal que causé, al menos quiero partir con la dicha de verte feliz y no quisiera perdérmelo por nada del mundo.
George derramó puras lágrimas y Candy hizo su mejor esfuerzo para no acompañarlo en su llanto y sobre todo no quería arruinar su maquillaje. No entendía para nada qué hacía su padre ahí y la tranquilidad de todos los presentes que sonreían a lo lejos.
-Papá... yo ya te perdoné y no te preocupes, soy muy feliz. Mi hija y mi marido lo son todo para mí...
-Por eso, hija mía, por eso estoy aquí. Nunca te he dado nada, así que hoy voy a darte lo mejor que podré darte en toda tu vida. Voy a entregarte a tu felicidad. Sí, pequeña... Hoy, tengo el honor de entregarte al hombre que amas.
Candy de pronto entendió todo. El ramo que llevaba su padre, el misterio de todo, el arreglo en el salón y la decoración. No haber visto a Terry en todo el día... Todo fue tan claro como el agua. Era su boda, aunque ella no lo sabía. Sonrió casi a punto de lágrimas. Todos supieron fingir muy bien, jamás hubiera sospechado. Introdujo su mano en el brazo que su papá ponía en jarra y con su ramo acomodado caminó hacia el lugar donde se encontraba Terry con su padre. Un pequeño y elegante estrado que se hizo y bajo la marcha nupcial fue llegando hacia su amado de la manera que nunca se atrevió a soñar, del brazo de su padre y todos sonreían. Ella sonreía, Terry sonreía. Al llegar por fin hacia Terry, su padre se la entregó y Terry no dejó de admirarla y sentirse dichoso. El pastor de la iglesia del pueblo que habían localizado empezaría la ceremonia mientras Candy a penas asimilaba todo.
-Buenas tardes a todos, hermanos y hermanas. Estamos aquí para ser testigos y partícipes de la unión en sagrado matrimonio, según las leyes de Dios de Candice y Terrence. Primero que nada, quiero elevar al cielo esta plegaria, ya que por gracia divina podemos presenciar este acto.
Se hizo una hermosa oración por la pareja y su primogénita para luego dar inicio a la boda. El pastor siguió hablando.
-Terrence Grandchester, delante de Dios y de todos los aquí presentes, ¿aceptas a Candice Brower como tu legítima esposa para amarla, respertarla y cuidarla en la salud y enfermedad, en la tristeza y felicidad, en la riqueza y en la pobreza por todos los días de tu vida?
-Acepto.
Dijo en voz alta y firme, con orgullo y mirándola a los ojos y a su vez quemándola con los suyos. Su padre se esforzaba por no llorar, estaba muy orgulloso de él. Stella y Louise iban por el mismo camino, aunque no pudieron contener sus lágrimas de pura dicha y los demás invitados tenían unas sonrisas emotivas en sus rostros que no tenían comparación.
-Candice Brower, ¿Aceptas a Terrence Grandchester como tu legítimo esposo para amarlo, cuidarlo y respetarlo en la salud y en la enfermedad, en la tristeza y felicidad, en la riqueza y la pobreza durante todos los días de tu vida?
-Sí... ¡Acepto!
Su voz aunque quebrada por la emoción no dejó de ser fuerte y con sus ojos cristalizados miró fijo a Terry y sonriendo hasta con el alma, porque no se creía tanta dicha. Gregory, el hijo de Stear y Eliza portaba los anillos los cuales se colocaron con las manos temblorosas.
- Los declaro marido y mujer. Lo que Dios unió, no lo separe el hombre, amén. Puede besar a la novia.
Se dieron el beso más apasionado que pudiera existir y que hasta el pastor se sonrojó, pero a ellos no les importó. Con la música que venía de todos los aplausos de los invitados, sus bocas permanecieron unidas, sellando su unión para siempre.
Continuará...
¡Hola niñas lindas!
Primero que nada, gracias a todas por su gran e incondicional apoyo. Como ven, he cumplido mi palabra, aquí está su regalo de Noche Buena. Espero que de verdad les haya gustado este capítulo que hice con toda mi inspiración desde lo más profundo de mi ser.
Sé que muchas se asustaron por el capítulo anterior y de hecho, tuve una amiguita que me juzgó y me criticó duramente por él, pero, la perdono, entiendo que a veces transmito emociones fuertes y esa era la idea, me gusta llegar al fondo de todas ustedes y transmitir emociones.
Ahora, aclaro algo. Cuando digo que no me gusta estancarme en el drama, me refiero a que no me gusta imponer drama y sufrimiento capítulo tras capítulo, tras capítulo, no que nunca pondría drama, es imposible, una historia debe tenerlo. Sé que muchas se acostumbraron a que por lo general resolvía los conflictos en el mismo capítulo, pero otra de mis características es que no suelo ser muy predecible, así que esta vez no quise ser la excepción. Dejo claro, por si las dudas, que no he perdido mi escencia al escribir, ni pienso cambiar la forma. Cuando mencioné que esta sería una historia madura y diferente, no me refería a que los personajes fueran totalmente sensatos, sino que yo como escritora traería temas más fuertes y el ambiente entorno a la historia sería fuerte también, disculpas si me malinterpretaron. Candy a veces es un poco inmadura e impulsiva, pero ese es el conflicto principal de la historia, así que no me he desenfocado, como mencionó mi amiga, eso es lo que muestra la diferencia de edad entre ellos y el drama. A medida de la historia, ella irá creciendo y madurando, recuerden que son hasta ahora 19 años, no se puede esperar tanto, al menos yo no tenía la madurez a esa edad que tengo ahora a mis 25, tenemos que ser un poco realistas en cuanto a eso. Tal vez Candy se tardó en perdonar a Terry y eso algunas las sacó de onda, pero como digo, la realidad debe acompañar la fantasía en la historia y si nos ponemos en el lugar de ella, embarazada y encontrarse con una escena tan fuerte como la que encontró a Terry, no podemos pretender que asimile todo y lo perdone al día siguiente, hay que ser realistas y había que darle tiempo de pasar su dolor y decepción.
También, no sé si notaron, que en ningún momento separé a Candy de Terry, aunque estuvieran disgutados, siempre estuvieron juntos, excepto en el parto que fue parte del drama. Menciono esto, porque aunque soy flexible ante los reviews y sugerencias, hubo una amiga que con sus expresiones, de verdad sentí la bofetada y como amigas que las considero, al menos tengo el derecho de desahogarme y expresarme. La historia es mía y este fic es como es, las tomo en cuenta, pero no podemos (me incluyo porque soy lectora y también sigo algunos fics) exigirle a las autoras cómo deben llevar su historia y eso algunas no lo entienden. No estoy molesta con ninguna, es mi opinión al igual que ustedes la dan y quiero que sepan que las quiero a todas y las aprecio y sobre todo el gran respaldo que me han dado desde el principio, por eso no me pareció justo que mi amiga me juzgara e incluso me dijera que no le gustaba ya leerme sólo porque un capítulo fue dramático e intenso cuando yo advertí en el summary que el próximo sería la reconciliación para que no se asustaran. Nunca, lean bien, Nunca, es mi intención ni será separar a Candy de Terry, pero estos conflictos y drama serán necesarios para que la historia no se torne exageradamente rosa y aburrida y aún faltan 15 capítulos más, así que esperen todo tipo de emociones y situaciones, pero reitero, que siempre, siempre, triunfará el amor.
Dejando a un lado mi speech, espero que de verdad este capítulo haya cumplido con sus espectativas y que si lloraron, haya sido de emoción como yo al escribirlo. Prometí no defraudarlas y espero haberlo cumplido. Pensaba subirlo para mañana o el martes, pero mi amiga con sus duras palabras de una u otra menera hizo que yo resolviera ese embrollo pronto, así que se lo agradezco y le reitero que no he dejado de apreciarla, sólo que con sinceridad expresé mi opinión como lo hizo ella. Espero sus reviews como siempre y me dejan saber su sentir.
Querida Nerka:
Este párrafo es para ti. Quiero decirte, de corazón, que tus bellísimas palabras me llegaron al alma y que jamás me habían dejado un mensaje tan hermoso. Gracias por expresar tu sentir y respaldar mis historias desde el comienzo, de verdad que casi me hiciste llorar de no ser que al momento de recibir tu review en mi celular estaba en lugar público jejeje.
Fuera de Fanfiction, me pueden contactar en Facebook: Wendy'Lii Ovalles.
Así mismo aparezco, algunas chicas ya me han agregado. Siempre tengo mi facebook conectado, así que ahí podrán interactuar conmigo en cualquier momento y saber el estatus de mis capítulos o alguna duda o pregunta con relación a una historia. Tengo una camisa gris y uso gafas oscuras en mi foto de perfil y soy mulata, aparezco con el mismo nombre que mencioné arriba y escrito exactamente así, con el apóstrofo y todo.
Bueno niñas, se acabó la cháchara por ahoy.
Feliz Navidad
Su amiga,
Wendy Grandchester
