Tu mayor tentación
Por: Wendy Grandchester
Capítulo 16 Nuevas experiencias
Ya se habían cumplido dos meses de la boda y de la llegada al mundo de Amy, así que con mucho dolor en su alma, Terry y Candy tuvieron que abandonar la hacienda y volver a su rutina diaria en el apartamento. Richard, Louise y Stella habían llorado al saber que estarían lejos de la bebé, pero prometieron que siempre pasarían un fin de semana al mes con ellos. Era temprano ese día y ya la nueva familia Grandchester Brower se habían integrado e instalado en su hogar nuevamente. Amy estaba más bella que nunca a sus dos meses y medio, engreída y para su padre guardaba siempre sus mejores sonrisas. Graciela, la señora de servicio se le había hecho un poco difícil ganarse a la pequeña Grandchester, pues nunca la había cuidado nadie que no fuera de la familia, pero pasada ya una semana, la pecosita no tuvo más que adaptarse, porque no sólo era que Terry trabajaba bastante, sino también que Candy había comenzado la universidad nuevamente, iban más livianos porque aunque estaban buscando un hermanito para Amy, aún no había pasado.
-¿Y Amy?
-Dormidita, mi amor. ¡Por fin! Está terriblemente engreída como tú, Terry. Tengo que tenerla al hombro todo el tiempo... ah, y no sólo eso, sino que tengo que estar de pie porque si me siento se queja. Le hace lo mismo a la pobre Graciela...
Se quejó Candy mientras terminaba de maquillarse para ir a la universidad y Terry la miraba burlonamente porque su hija estaba así gracias a él principalmente. Cuando él se iba a trabajar, Amy formaba una perreta de media hora diariamente con la que Candy y Graciela tenían que lidiar, y luego sólo la señora porque Candy al rato también tenía que irse a estudiar.
-No te preocupes, Pecas, ahora con Graciela se adaptará. Es que es igual de malcriada que cierta personita que conozco y que cuyo nombre no voy a decir...
-¡Más te vale que no!
Le dijo dándole un beso seductor y terminando de hacerle el nudo en la corbata a él.
-Bebé... ¿hoy no vas a la universidad?
-Claro, cielo, es de lunes a jueves. Por eso estoy maquillándome, porque con Amy y su pataleta me quedé a medias...
-Osea... ¿que piensas ir a la universidad vestida así?
-Eh... sí... ¿Por qué?
Preguntó ella analizándose de pronto en el espejo y satisfecha con lo que veía. Se había puesto un jean ajustado y un suéter blanco que aunque era manga larga era bastante escotado en el área del busto y dejaba ver bastante del comienzo de sus pechos, era provocativo, pero no rayaba en lo vulgar. El detalle también era que el suéter era corto y enseñaba el ombligo en el cual llevaba orgullosa el piercing que el mismo Terry le había regalado, era de plata y colgaba una T con brillantes. Se calzó unos zapatos de plataforma blancos, que por la altura le alzaba su también pronunciado trasero. El pelo lo llevaba en ondas sueltas y su maquillaje era en tonos rosas.
-Pues pensaste muy mal. Así vestida no vas a ninguna parte. No sin mí. ¡Cámbiate!
-¿Qué? ¡Por supuesto que no! ¿Es que tan mal me veo?
-¡Claro que no! Ese es el problema, te ves muy bien, demasiado bien y estás enseñando demasiado... Todos los hombres estarán detrás de ti como si fueras una gata en celo...
Terry estaba furioso y alzando la voz. Ella se veía preciosa, no lo negaba, pero Candy llamaba mucho la atención estando totalmente tapada y ahora vestida así él no quería ni imaginárselo, sus celos se encendieron a millón.
-No seas exagerado, Terry. Sólo enseño el ombligo porque tú me regalaste este piercing y ahora no quieres que lo muestre... y...
-Y también estas dos la estás enseñando... parece que se te van a salir... y sí me gusta que enseñes el ombligo, pero cuando andas conmigo, no sola... cualquier pendejo podría pasársele la mano y...
Candy no podía creerlo, Terry no cambiaba en eso. Había mejorado muchos aspectos y siempre mostraba bastante madurez y aplomo, pero cuando los celos se apoderaban de él, perdía toda la sensatez.
-Terry... no se le irá la mano a nadie, sé cuidarme muy bien... además, tienes que confiar en mí... ¿lo recuerdas?
Le dijo molesta, pero al mismo tiempo con un cariño especial para él y pasó tiernamente sus dedos por su cabello castaño que estaba creciendo otra vez. El rostro de Terry, de serio y molesto, pasó a ser malicioso e irónico y se acercó a ella lentamente, aprovechando que aún estaban en la habitación y la comenzó a besar con un arrebato repentino.
-Tienes razón, perdóname...
Le dijo besándole el cuello y acariciándola. Poniéndola nerviosa y excitándola en el momento menos apropiado porque ya tenía el tiempo suficiente para llegar a su primera clase, si es que encontraba estacionamiento rápido.
-Terry, mi amor, ahora no... ya estoy tarde...
Hacía esfuerzos para safarse de él que no paraba de besarla y tocarla y ante sus súplicas lo que hizo fue que se pegó a ella como un imán para que sintiera lo duro que estaba y lo que quería.
-Por favor, Pecas... será rapidito... te lo prometo... tengo muchas ganas, por favor...
Le suplicó, pero en sus ojos había un brillo de pura maldad. En ningún momento dejó de torturarla con su boca y sus caricias y le llevó una mano a su entrepierna haciendo que ella respirara profundo.
Terry... ¿por qué me haces esto?
Le preguntó resignada mientras él buscaba sus pechos desesperado y se saciaba de ellos, besándolos, acariciándolos, mordiéndolos suavemente para luego chuparlos con avidez. Candy poco a poco se estaba olvidando hasta de su nombre porque los besos de él fueron bajando hasta su vientre y su lengua jugueteó con el piercing de su ombligo, área que también besó y succionó ardientemente.
-Eres mía... mía solamente.
-Siempre, mi amor... siempre... ahh...
Candy ya se había olvidado por completo del tema de la universidad y de los celos de Terry que siempre la hacían rabiar porque siempre venían hasta sin razón, a diferencia de los de ella. Cuando ya ansiaba tanto tenerlo a él en su interior, agradeció que él comenzara a bajarse el pantalón y ella por su parte se bajó el suyo hasta las rodillas y sosteniéndose del buró se puso en cuatro donde Terry empezaría hacerla suya con unas ganas infinitas.
-Si vieras lo rica que te ves así, mi amor. Tus nalgas son... deliciosas.
Sin dejarla de embestir, le dio una pequeña mordida en las nalgas y ella ya no gemía, gritaba y se retorcía porque Terry parecía no tener piedad y ella no quería que la tuviera.
-¡Ay, mi amor! Ah... ahhh... mmm...
-Me encanta escucharte gritar, amor... hazlo por favor...
Ella no necesitaba que él se lo pidiera, porque los gritos salían de su boca automáticamente y eso incrementó la excitación de él, haciendo que usara más fuerza al entrar y salir de ella. Era tan desquiciante la sensación que no pudieron evitar explotar de placer. El orgasmo llegó acortándoles el aire y la voz. Terry pensó que nunca se había venido tanto. Fue rápido, pero divino.
-Llegaré tarde de todas formas, así que... tomaré otro baño... uff... mi amor... creo que ahora sí me tuviste que haber hecho el otro bebé...
Dijo ella cuando él salió de su interior y la ayudó a terminarse de desvestir.
-¿Tú crees, mi amor? ¿Crees que ya mi otro bebé esté aquí?
Le besó el vientre tiernamente y ella a su vez le besó el pelo mientras lo hacía y pensó que sólo él podía pasar de la lujuria a la ternura en un instante.
-Eso no lo sé todavía, cielo, pero... si sigues así... lo habrá pronto.
Luego de eso ambos fueron al baño, necesitaban una buena ducha, estaban seguros. Se bañaron juntos y Terry no pudo evitar volver hacerle el amor ahí también aprovechando que ya Graciela estaba en la casa ocupándose de Amy. Fue un duchazo expreso y pronto salieron a vestirse nuevamente.
-¿Qué es esto? ¡Terry! ¡Lo hiciste a propósito!
Gritó Candy visiblemente molesta y alterada mientras se miraba en el espejo con horror.
-¿Hice qué, princesa?
Preguntó él con fingida inocencia y ella le dedicaba una mirada asesina.
-¡No te hagas el tonto!
Le dijo rabiosa porque ya no podía ponerse la ropa que había elegido. Terry le había dejado dos enormes chupones en los senos que podrían verse desde un avión e hizo lo mismo con su vientre. La marcó y se salió con la suya astutamente.
-Ah... eso... es que... estás deliciosa, mi amor. Lo siento... ponte este suéter, bebé... con éste no se te notará nada.
Le dijo cínicamente y tuvo que agarrarla porque la rabia de ella era tan grande que se le fue encima y lo jaloneaba de la camisa y lo empujaba mientras le gritaba toda clase de cosas y él estaba muerto de la risa.
=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=
Archie y Lizette se encontraban en el pleno comienzo de su relación. Conociéndose nuevamente por los años que habían pasado sin saber del otro y que aunque en escencia eran los mismos, enevitablemente el tiempo siempre traía cambios, el tiempo y las experiencias que se nos atraviezan en la vida. Estaban en el apartamento de ella aunque no vivían juntos, pero la mayor parte del tiempo estaban ahí y a veces, muchas veces que se quedaban ambos dormidos abrazados en el sofá, nunca en la habitación, ese era un paso que aún no habían dado.
-¿Qué va querer mi negrita para desayuno hoy?
Le preguntó abrazándola por la cintura y dándole un mordisquito en la oreja.
-No te preocupes, mi amor, yo... no tengo mucha hambre... Mejor vamos a prepararnos para la uni y si me da hambre me como algo por ahí o en la misma cafetería.
Aunque le sonrió y correspondió a sus muestras de afecto, su voz era apagada y con una pausa que careció totalmente de entusiasmo y él lo notó. No mencionó nada porque conocía muy bien la razón y él en esa misma fecha hace algún tiempo solía pasarle lo mismo. Como inicialmente la había abrazado de espaldas, la giró para que estuviera frente a él y lo mirara a los ojos y el vio la tristeza y el dolor en los melancólicos ojos color avellana de la mulata. Se limitó a darle un besito tierno en los labios y luego un abrazo fuerte, tan fuerte que le abrazó el alma misma y derramó las lágrimas que venía conteniendo desde que se despertó.
-Sé como duele esta fecha, negrita hermosa... pero me duele más verte triste y que yo no pueda hacer nada por arreglarlo... me siento miserable... Pero... yo también atraviezo por mucho, aunque me veas sonreir la mayoría del tiempo... pero tú has hecho que vuelva a brillar mi mundo... y aunque suene un poco egoísta... quiero que sonrías para mí... hazlo, por favor, porque sino me voy a derrumbar yo también.
Ahora eran las pupilas de él las que se habían cristalizado aunque no lloró. Él también enfrentaba su propio infierno personal aunque su apariencia exterior no lo reflejara. La soledad de su alma era inmensa, su madre física y mentalmente ausente y unos hermanos y resto de la familia que ni conocía, el padre abusador que lo marcó para siempre y la muerte del amor que había curado como un ángel su soledad por tiempo temporero. Había logrado salir adelante porque su voluntad era de hierro y porque en el fondo siempre hubo un amor que se le había quedado en el viento, el amor de Lizette que había vuelto como un bálsamo, su verdadero amor.
-¿Quieres que sonría así o más grande?
Con su rostro aún mojado, ella le dio una auténtica y deslumbrante sonrisa y él sólo quiso comérsela a besos en ese mismo instante.
-Más grande, hasta que te muerdas las orejas.
Le contestó y se las mordió al mismo tiempo que cumplía con su pensamiento de acabársela a besos. La clase que tenían pendiente era después de las once de la mañana, razón por la cual ella aún se encontraba en su cómoda pijama de camisilla y short, no tan corto, pero que acentuaban lo suficiente sus buenas curvas. Él le dio una lluvia de besos por todo el rostro, orejas y cuello hasta que finalmente sus labios se pegaron en un beso encendido y apasionado. Archie la atrajo hacia él lo más que pudo y ella se dejó envolver besándolo ardientemente porque algo se había despertado en ella y él disfrutaba de las caricias que los dedos de ella entrelazados en su pelo le daban y lo electrizaban cuando sus uñitas largas se deslizaban por su cuello. El beso subió de tono y las caricias y latidos de sus corazones también. Mientras sus labios y lenguas jugaban, las manos de él le apretaron el voluptuoso trasero y al pegársela un poco más, ella pudo sentir lo duro que se había puesto y se puso un poco nerviosa, pero lo siguió besando y le permitió que siguiera acariciándola. Ella por su parte se atrevió a cruzar un poco la línea y coló sus manos dentro de su camisa para acariciar su torso masculino y firme, acarició unos suaves y a penas perceptibles bellos que comenzaban en su pecho y terminaban debajo del ombligo, al llegar ahí y como sus manos descendieron cerca de aquella área, él fue sintiendo un choque eléctrico. Sin dejarla de besar, abrió los ojos un momento y vio lo alterados que estaban los pezones de ella, aunque eso lo vio sin querer, porque lo que quería ver la expresión de su rostro ante la experiencia que estaban viviendo, ya que nunca habían llegado tan lejos. No pudo resistir la tentación de tocarlos y acariciarlos a travez de la camisilla y la sensación le pareció divina porque él la consideraba perfecta. Cuando sus manos se atrevieron a colarse por su camisilla para sentir sus pechos de forma directa, ella con un poco de pudor y timidez le retuvo las manos para que no avanzara, aunque muy dentro de ella se moría porque continuara. Una cálida y húmeda sensación la estaba invadiendo, un cosquilleo que la estaba volviendo loca.
-Te amo, Canelita. No lo olvides nunca. Te amo y te deseo mucho.
Le dijo cuando se detuvo por ella a pesar de lo excitado que estaba y abandonando sus labios para poder calmar al mounstro que seguía creciendo aún a travez de sus pantalones y al que disimuladamente ella no le quitaba la vista.
-Yo también te amo... siempre te he amado y también te deseo, pero... yo todavía no... y además hoy...
-No te preocupes, mi amor. Será cuando estés lista. Yo te espero. Ahora ve a bañarte y ponerte linda como siempre.
La dirigió al baño pensando que él era el que necesitaba un buen duchazo, uno bien frío. Se sirvió un poco de jugo y se quedó viendo televisión en la sala y al rato su cuerpo se calmó, pero se volvió alterar cuando su chica salió de la habitación totalmente lista, vestida y maquillada. Se puso un jean corto de flequillos en azúl bien oscuro casi negro y una blusa que caía bajo los hombros en tonos terrestres y floreados, las mangas eran hasta los codos, pero era ceñida en la cintura y se ajustaba con una cinta, llegaba a la cinturilla del pantalón y se calzó unas altas plataformas que sus piernas perfectamente tonificadas más el hermoso color oscuro y brillante de su piel hacía que a Archie se le fuera el habla por algunos periodos de tiempo. Siendo modelo, su maquillaje era perfecto e impecable, en los tonos adecuados para su color de piel y su hermoso pelo rizo encaracolado y largo casi hasta la cintura brillaba, usaba una banda a juego con la blusa. Lizette no pasaba nunca desapercibida ni tampoco dejaban de lloverle los pretendientes. Eso enorgullecía a Archie y de vez en cuando también llegaba a sentir celos, pero Lizette también los padecía, Archie era guapo, alto y atletico, a parte de su carisma encantadora, las chicas también lo asediaban y algunas eran bastante descaradas.
-Estás más bella que nunca. ¿Ahora sí nos vamos?
Le preguntó sonriente y luego de darle un beso se fueron a la universidad. En el camino, mientras Archie manejaba, ella seguía pensativa, melancólica y en su propio mundo, uno que a veces ni el mismo Archie podía atravezar. Él conocía bien el carácter de ella, así que no quería presionarla ni quería entrar a la fuerza, se limitó apretar su mano y le depositó en ella un beso. Siguió manejando y cariñosamente le rozaba los dedos de la mano que entrelazaban. Ella le sonreía, una sonrisa triste, pero sincera y sólo para él. Finalmente llegaron y luego que se estacionaran, como aún faltaba para la clase, se dirigirían a la cafetería.
-Archie... si quieres come tú, yo de verdad no tengo ganas...
-Pero, mi amor... al menos algo liviano, te puedes marear y...
-¡Hola chicos! ¿Todo bien?
Candy se los encontró por casualidad y los saludó alegre y Lizette vio una vía de escape.
-Hola, Candy. Estás muy guapa, como siempre.
-Así es, Candy, casi tan guapa como mi novia.
-Bueno, pues ya eso es algo.
Le constestó Candy a Archie y le sonrió. Lizette también le sonrió y se alegró de su presencia para escapar de la preocupación de Archie y además porque era cierto según también su opinión que Candy en escencia le recordaba a su fallecida hermana y le gustaba estar con ella. Sobre todo porque se sentía sola y porque además no tenía ninguna amiga verdadera. Estaba viéndola en ella.
-Bueno, no sé ustedes, pero yo voy a ordenarme algo, mis tripas grandes se están comiendo a las pequeñas.
-¡Candy! Glotona como siempre.
-Archie... ¡mira quien habla!
Los tres se hecharon a reir, bien sabían que Candy no jugaba a la hora de la comida, pero Archie sin duda la superaba, aunque ninguno de los dos perdía la línea y eso era una buena ventaja.
-Ustedes chicas, siéntense y díganme qué van a pedir que yo se los traeré.
-A mí me pides un revoltillo con todo y un jugo de acerola.
-Okay, revoltillo y jugo... ¿a ti qué te traigo, mi amor?
Le dirigió la pregunta a Lizette y ella lo miró con fastidio por su insistencia. Candy ya empezaba a notar que algo estaba raro.
-Archie... no quiero nada. Come tú.
Le contestó en un tono seco que le secó también su permanente sonrisa por el desaire y Candy se sintió mal y le dio pena por él. Ella conocía bien esos estados de ánimo porque ella también los tenía y eran motivo de algunas peleas de ella y Terry. Pero Candy pudo ver mucho más adentro y sabía que no era simple mal humor, que había muchísimo más, tristeza, dolor y amargura habían en el comportamiento y expresión de Lizette. Emociones que ella conocía muy bien.
Luego del desaire de su novia, Archie fue a pedir, ordenó para él lo mismo que Candy, pues la brusquedad de Lizette lo desganó a él también y no tuvo deseos de decidir qué comer, así que pidió lo mismo sin pensar. Con la bandeja llena y cuidando que no se le cayera nada fue hacia ellas que conversaban envueltas.
-Aquí está... revoltillo con todo para Candy y para mí. Mi amor, sé que no tienes hambre... pero te traje esta tostada... sólo tiene mantequilla y este juguito para...
-¡Dios mío, Archie! ¿Qué parte de "no tengo hambre" es la que no entiendes?
Le gritó Lizette poniéndose de pie, Candy brincó en su asiento, a él se le pusieron los ojos grandes ante la sorpresa de su actitud y todos los demás que se encontraban ahí voltearon a su mesa. Los ojos de Lizette estaban furiosos y aguados e inyectados de dolor y remordimiento a la vez. Archie lanzó la bandeja a la mesa de mala gana y se fue, dejando su propio desayuno, no la soportó más. Ella se sentó nuevamente avergonzada y hasta arrepentida, pero no fue capaz de controlar ese impulso y se puso a llorar. Candy aún no encontraba qué hacer.
-Lizette... creo que se te fue la mano...
-Lo sé... lo siento... es que... hoy no es un buen día... no es mi día...
Su voz, a parte de que el llanto la entrecortaba, también sonaba desesperada, como un grito de auxilio. Candy dejó su desayuno para ver si podía ayudarla de alguna forma.
-Conosco muy bien estos días así, amiga. Yo... cada vez que recuerdo a mi hermano y la forma tan injusta en que... se fue... siento una opresión y una tristeza profunda que no puedo definir. También cuando recuerdo a mi madre... que también partió... el abandono de mi padre y de pronto me siento completamente sola en este mundo. Me siento miserable y abandonada, la soledad suele sumirnos en una amargura profunda, pero...
Lizette la miraba con los ojos grandes como una niña. Al fin alguien conocía y entendía su sentir, aunque de pronto se sintió tonta, pues sin duda pensó que Candy había perdido mucho más y estaba ahí de pie y sonriendo, luchando y viviendo día a día. Ella no había perdido a sus padres, no físicamente, pero sí de alguna manera la habían abandonado. Cuando murió su hermana, que era la luz de la casa y el amor de sus padres, sí, porque Lizette aunque adoraba a su hermana, siempre había vivido a su sombra y muchas veces recogiendo las migajas que quedaban para ella. Nunca sobresalía, ni en la escuela o en alguna actividad, la escencia de todo lo fue siempre Lizbeth, la dulce, la de las travesuras, la que llevaba trofeos en competencias y deportes, la que siempre estaba en el cuadro de honor y la que por su condición recibía toda la atención. Era muy diferente la vida para Lizette. Ella era un año menor que su hermana y no era hija de la madre de su hermana, no, porque fue un desliz de su padre que trajo serias consecuencias. Su madrastra nunca la trató mal ni la rechazó a pesar de todo, hizo su papel de madre lo mejor que pudo y de cierta manera, Lizette estaba agradecida, aunque sabía que siempre el trato para ella y los privilegios fueron diferentes. La prioridad siempre fue Lizbeth, si quedaba algo, entonces ella lo podía tomar. Su padre la quería, mucho a pesar de todo y aunque no fuera muy cariñoso, ella llegó a su vida en una crisis matrimonial donde incluso la demanda del divorcio ya estaba puesta, no fuera que él había engañado a su mujer en un matrimonio feliz, pero por azares de la vida, descubrieron que aún se amaban y no estaban dispuesto a perderse el uno el otro si eso implicaba encargarse ambos de la nueva integrante.
-Candy... te entiendo, lo que pasa es que yo... hoy se cumple un año más de la muerte de mi hermana... y estos días para mí son horribles porque... algo de mí se fue con ella. Mientras ella estaba... mi vida era más fácil de soportar porque... aunque ella siempre fue la preferida, a mí me quería y me amaba... era mi amiga y llenaba tanto vacío que dejaba el no tener el cariño y atención que ella tenía, el rechazo de mis padres era más fácil de aguantar porque ella me daba la atención que yo necesitaba y aunque sólo me llevaba un año... ella... siempre velaba por mí y me defendió tantas veces...
-Te escondías detrás de ella para sentirte segura y ahora esa seguridad se fue. Es triste a veces cuando no se valora lo que se tiene por estar hundidos en nuestras decepciones. Posiblemente tus padres no saben la hija que se están perdiendo y ojalá... no sea demasiado tarde...
Los ojos de ella se aguaron porque recordaron a su padre, que ahora estaba nuevamente en su vida, pero que sin duda nada era lo mismo ya. Ella lo perdonó y él se esforzaba mucho, la visitaba con frecuencia y al sentir la distancia que había entre él y su hija, volcó todo su cariño en su nieta y la llenaba de regalos.
-¿Y cómo lo haces, Candy? ¿Cómo haces para sobrevivir? Porque yo de verdad siento que me voy a derrumbar... Yo... en navidad... los llamé para visitarlos y me dijeron... que no me molestara porque ellos no tenían nada planificado y no pensaban celebrar nada. Como si ese fuera el motivo por el cual quería verlos... Siempre ha sido así... me han hecho sentir siempre tan sola... tanto que finalmente con mi trabajo conseguí mi propio apartamento... no se puede vivir donde no te sientes bienvenida...
Esa revelación hizo que Candy recordara a Terry. Terry siempre necesitado de amor y cariño, deseoso de la atención de su madre, pero le pasaba lo mismo que a Lizette, sólo rechazo y desdén recibía, por eso se refugió en la familia de Candy y con ellos casi siempre pasaba esos días de fiesta... hasta que todo se fue rompiendo.
-¿Cómo le hago para sobrevivir? Cuando estamos tan metidos en nuestra desdicha y nos envolvemos en la autocompación, nos cegamos en nuestra propia miseria y no somos capaces de ver más allá y continuar. Estaba triste, me sentía abandonada y me preguntaba para qué Dios me tenía aún viviendo. Pero me di cuenta, el amor me hizo darme cuenta, pienso yo. Nunca estuve completamente sola. No, porque hubo alguien que siempre estaba ahí, que al igual que tu hermana, me amó, me cuidó y me defendió con todo el amor y la devoción de la que fue capaz. Alguien que me hacía sentir segura y como tú, yo podía esconderme detrás de él y el mundo dolía menos.
Cada vez descubrían que tenían muchas más cosas en común y ambas, aunque no lo expresaron, encontraron su otra mitad en la amistad, una amiga que te pudiera comprender al cien por ciento. Ambas con sus ojos aguados se sonrieron.
-Yo pensé que nadie nunca podría entender lo que siento... y tú me dices todo lo que espero oir... no tengo que explicarte porque le encuentras el sentido a todo... Nunca, Candy... había podido desahogar esto con alguien... Sólo con mi hermana...
-Esa persona suele ser como un ángel en nuestra agonía. Yo lloré mucho, me hundí, me desesperé, pero... siempre, como algo mágico, por cada momento que tenía así... siempre habían unos brazos fuertes que me abrazaban y yo sentía que esa era mi barrera contra el dolor. Sus palabras me traían de vuelta a la vida y sus ojos que siempre me miraron de una forma que nadie más ha hecho me devolvían la esperanza y las ganas de vivir. A veces lo que necesitamos está delante de nuestros ojos y no lo queremos ver o no queremos aceptarlo porque nos acostumbramos a no tener nada y cuando llega a veces no sabemos apreciarlo.
Sin darse cuenta, Candy le dio un golpe bajo a Lizette. Entendió que había maltratado a la única persona que estaba a su lado y que la amaba. La que le repetía constantemente cuánto la amaba, lo hermosa y especial que era, eso que todos necesitamos escuchar de vez en cuando. Entonces él era su ángel y ella lo estaba alejando.
-Yo lo amo mucho, Candy. De verdad lo amo, más que a nada en este mundo... es que... a veces no sé como demostrarlo... o no sé si fue que estoy tan acostumbrada a la soledad, que ahora que lo dejé entrar me siento... invadida...
-Lo que te sientes es segura y eso te da miedo. Miedo de que se vaya de tu vida y tú vuelvas a estar indefensa nuevamente. Eso me ha pasado también, pero... Creo que debes dejar de ser egoísta porque sé y sabes tú que lo conoces mejor que yo que él también está solo y que te necesita tanto como tú a él. Él no lo demuestra porque es fuerte y porque prefiere olvidarse de él para cuidarte a ti, porque es lo que siempre ha hecho, se olvidó de sí mismo para cuidar a los que ama y debe estar anhelando que alguien lo cuide a él, que alguien tenga miedo de perderlo a él.
Otra vez Candy dio en el clavo y ella se sintió fatal. Él dándolo todo por ella y ella lastimándolo cruelmente. Ella sabía su historia y lo mucho que él también sufría, pero sólo estaba pensando en sí misma y olvidó que él también vivía en soledad. Que su padre fue un desgraciado y sus hermanos y demás siempre habían estado ausentes, que siempre había sido él solo contra el mundo, porque su madre con tanto maltrato recibido por manos y boca de su padre ya no existía emocionalmente en este mundo y él velaba por ella. Maltratos que él también padeció. Aún así él siempre sonreía y estaba dispuesto ayudar a todos, siempre alegre, bromista, pero... ¿estaba feliz? se preguntó por primera vez y tuvo miedo de saber la respuesta. Porque ella en vez de ayudarlo le había dado otra decepción con su actitud.
-Yo... no quiero perderlo... él es lo único que tengo... lo que más quiero...
-Entonces búscalo... apóyalo... demuéstrale que tú sí lo necesitas y no lo quieres perder. Él te necesita mucho, Lizette. Él nunca te lo va a decir. Porque siempre te pondrá a ti primero, pero cuando se ama, se puede ver dentro del alma y no necesitarás preguntar.
-¡Gracias!
Fue todo lo que dijo Lizette y se paró corriendo a buscar a Archie. Candy se reía sola y se alegró de haber podido ayudar a travez de sus propias experiencias, porque ella también estaba creciendo y madurando como amiga, madre y esposa. Su crecimiento personal era notorio y Terry estaba cada vez más orgulloso de ella, cada día se amaban más.
=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=
Candy tomó el resto de sus clases tranquila y satisfecha, aún se encontraba tomando clases regulares y más adelante pasaría a las clases de su concentración. Eran las tres de la tarde ya y sólo ansiaba llegar a casa para abrazar a tu esposo y a su bebé. Iba concentrada hacia el estacionamiento para subirse a la Jeep que ahora era de ella. Se detuvo en seco porque escuchó que la llamaron.
-¡Candy!
Esa voz, pensó Candy y un escalofrío la recorrió, también miles de sentimientos confusos. Se giró y se enfrentó a lo que viniera luego de dar un gran suspiro.
-Patricia... ¿qué se te ofrece?
Preguntó en un tono seco e impersonal mientras miraba la hora en su celular, demostrando las pocas ganas de atenderla que tenía.
-Candy, eh yo... ¿tienes un minuto?
-No, Patricia, no tengo un minuto, ansío llegar a mi casa con mi marido y mi hija... así que si me disculpas...
Hizo gesto de voltearse y meterse en su auto, pero Patty insistiría.
-Candy... no voy a quitarte mucho tiempo, te lo juro... sólo quiero decirte algo, por favor... sólo un momento.
Candy se giró a ella nuevamente y la vio de verdad, en su voz y expresión había necesidad, su apariencia ya nada tenía que ver con lo que una vez había sido, estaba delgada y demacrada, su pelo recogido en una coleta desaliñada, su camiseta se veía que había visto mejores tiempos, jeans gastados y tenis bastante sucios. No pudo evitar sentir lástima e incluso la misma Patty se dio cuenta de su escrutinio y miró al suelo avergonzada.
-Está bien, Patricia, te escucho... por favor se breve, me están esperando.
Le dijo luego de recibir una llamada de Terry, la cual ignoró y le contestó con un mensaje de texto.
-Puedes decirme Patty...
Sonrió triste y forzadamente al recalcarle eso, pero Candy con la mirada que le dio se lo dijo todo. Ya no había tal confianza y pensó que bastante estaba haciendo con escucharla.
-Patricia, se me acaba el tiempo...
La presionó y Patty entendió que más le valía avanzar. Respiró profundo y miró hacia el cielo buscando inspiración porque tenía muy ensayado todo lo que pensaba decirle y de pronto su mente se había quedado en blanco.
-No sé cómo empezar, Candy... Tal vez ya sea tarde, pero tengo que decírtelo de todas formas. Quitarme todo esto de adentro y poder respirar más fácil... Primero, quiero que sepas que fuiste una excelente amiga, la mejor que tuve y tal vez la única. Que lamento mucho que las cosas hayan terminado así... sé que fui yo que lo arruiné todo... no hace falta que me lo repitas. Antes de que todo se dañara... yo... lo que sentía por ti era real y sí te apreciaba de verdad como amiga y compañera, tenía muchas cosas que agradecerte...
-Pues la palabra agradecimiento creo que deberías buscarla en el diccionario para que puedas entender bien su significado... porque si lo que hiciste fue agradecerme... hubiese preferido que no te tomaras la molestia.
Candy estaba siendo sarcástica y dura, pero ella no merecía menos por la forma en que había actuado, por eso ni se defendió. Sus ojos estaban aguados y en ellos habían un profundo arrepentimiento. También notó que Candy había cambiado y no sólo físicamente, su forma de expresarse y comportarse, todo, había crecido en muchos aspectos, se le veía segura.
-Sé bien lo que hice, Candy y no me siento orgullosa. No sé si alguna vez te has mirado en el espejo y has sentido vergüenza y lástima por ti misma... yo me enfrento a ese reflejo diariamente. Tú estuviste siempre ahí, escuchándome, ayudándome y aún con tu inexperiencia, aconsejándome... y yo te pagué todo traicionándote de la peor manera...
Las lágrimas de Patty nacían y morían en sus labios, pero no interrumpían su discurso. Candy pestañeó varias veces, pero no compró su arrepentimiento. Experiencias pasadas la habían enseñado a no confiar tan fácilmente. Terry le había repetido muchas veces que debía dejar de ser ingenua y ver bien las intenciones y la maldad en los otros, no encontró eso en los ojos de Patricia. Aún así se mantuvo fría e implacable.
-Que bueno que te hayas dado cuenta, Patricia... pero ya no te preocupes más por eso, estoy tranquila y créeme, soy muy feliz con mi esposo y mi hija... no me hace falta nada más... Que te vaya bien... yo me voy...
-Candy... no creo que vuelvas a verme más... así que por favor, déjame terminar...
Candy se volvió a girar y puso su antención en ella nuevamente mientras miraba hacia el cielo que se comenzaba a nublar. En otro tiempo le hubiera sugerido que hablaran dentro del auto y luego la dejaba en su casa, pero esos eran otros tiempos.
-Dijiste que serías breve, Patricia.
-Sí, lo siento. Lo que me faltaba por decirte es... perdón por todo. Por haberme dejado cegar por los celos y la envidia. De pronto tú tuviste todo lo que yo quería... eras todo lo que yo quería ser y creo que eso me trastornó... lo siento. Tú ibas por la vida tan inocente y a ciegas... tal vez algo de inocencia y pureza era lo que me hacía falta, hubiera conseguido mucho más que siento astuta y promiscua. Tú representabas todo lo que yo quería ser, pero no podía porque yo ya estaba demasiado rota y corrompida. En vez de arreglarme, me corrompí más y aparté de mi lado las pocas cosas buenas que la vida me ofreció. Una de ellas tu amistad. Lo siento mucho, de verdad. Perdóname.
Candy quiso encontrar hipocrecía o manipulación en ella, pero no lo había. Tampoco confiaba cien por ciento, pero sabía que sus palabras habían estado llenas de verdad y se sentían. La miró y cambió su expresió fría por una más cálida y su tono se volvió un poco más amable.
-Acepto tus disculpas, Patricia, no te preocupes, no hay nada pendiente ya. Estoy muy feliz y no voy a empañar mi felicidad con amarguras y cadenas del pasado. No puedo decirte que seremos amigas nuevamente, eso es imposible. No hay confianza ya entre las dos y las cosas que hiciste son muy difícil de ignorar, pero eso ya pasó. Puedes seguir tranquila...
-Gracias, Candy. No te preocupes, no esperaba que me ofrecieras tu amistad nuevamente... yo en tu lugar tal vez ni siquiera te habría escuchado. Sólo quería que si me cruzabas por casualidad, no tuvieras que torcer los ojos y mirar hacia otra parte... que pudieras lidiar con mi presencia que espero no sea muy frecuente para no incomodarte. Eso era todo. Que seas feliz y felicitaciones por tu bebé.
Patty dio la espalda para irse porque la lluvia empezó a caer de pronto y ella se dirigía a la parada, iría en transporte colectivo. Candy la veía alejarse, pero no soportó verla mojarse, quiso ignorar ese hecho, pero no pudo.
-¡Patricia! Súbete, yo te llevo.
Patty declinó la oferta varias veces, pero Candy insistió hasta que finalmente ella se montó. El trayecto fue en silencio y Candy encendió el stereo para liberar un poco la tensión y porque además no encontraba de qué hablar con ella. Estaba haciéndole el favor de llevarla porque su lado humano no le permitía dejarla allí mojándose, pero nada más.
-Aquí es, Candy. Gracias por todo.
-No hay de qué.
=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=
Eran las cuatro y treinta de la tarde cuando por fin Candy llegó a su casa. Ya Graciela se había ido y sabía que Terry estaba en casa porque vio su carro cuando llegó. Caminó silenciosamente hacia el family room y ahí para en una esquina se puso a observar a Terry en silencio con su bebé en brazos.
-You're beautiful. Just like mommy. Gorgeous.
(Eres bella. Igual que mami. Preciosa)
Le decía Terry a su pequeña y ella le sonreía, no se había percatado aún de la presencia de Candy que los observaba con los ojos aguados.
-¿Estás enseñándole inglés a Amy, mi amor?
-Claro. Como te enseñé a ti.
-¿Perdón? ¿A mí? Yo siempre he hablado inglés, Terry.
Se defendió ella inmediatamente. Estaba claro que Terry era quien más le ayudaba y con quien más lo practicaba, pero ella y toda su familia siempre habían sabido e incluso en la casa se hablaba inglés para no olvidar la lengua de su procedencia, aunque muchas veces les daba flojera y se quedaban hablando español, siempre hablaban español.
-¿Por qué llegaste tan tarde, Pecas? ¿Te pasó algo?
-Más o menos... nada importante.
-¿Segura?
-Segura. Sólo abrázame, Terry. Abrázame fuerte.
Ella se metió entre él y la niña para los tres fundirse en un profundo abrazo. Cuando terminó, ella tomó a su hija en brazos que había extrañado tanto y la apretó y llenó de besos disfrutando de las risitas infantiles.
-Los extrañé tanto. Mami te ama tanto, pedacito de mi alma.
Candy no dejaba de comerse a su bebé a besos, que de verdad estaba irresistiblemente bella y simpática como ella. Terry también disfrutaba de los besos y los mimos que ella le daba, eran los momentos que él más atesoraba de la vida. Su pedazo de cielo como repetía tantas veces.
-Candy, bebé, ¿tienes hambre?
-Sí, mucha. Pensé comerme algo por ahí cerca, pero Patricia me retuvo más tiempo de lo que pensé...
-¿Patricia?
Preguntó Terry intrigado y en su expresión había cierta duda y precaución.
-Sí, la misma. Pero eso te lo cuento luego. Ahora tengo mucha hambre...
-¿Quieres pasta Alfredo con pollo...?
-Lo que sea, mi vida, tengo tanta hambre que no me importa el menú.
Terry sonrió por lo fácil que estaba Candy de complacer y fue a la cocina a preparar el mencionado platillo mientras ella ahí mismo en la sala se dedicaba a lactar a su hija. Amy chupaba su pecho con avidez y con una de sus manitas agarraba un riso de Candy. La pecosa miró a su pecosita con los ojos aguados y pensando que no había dicha más grande que esa. No se arrepentía de nada, el amor de Terry y su hija era lo mejor que le había pasado en la vida.
-Estamos buscando un hermanito para ti, princesita. ¿Quieres un hermanito?
Candy tuvo que reir porque al hacer la pregunta, Amy sonrió mientras estaba chupando su pecho y un poquito de leche se le desbordó de la boquita.
-Así es, muñequita de papá. Tienes que tomar tu siesta para que tu mami y yo podamos seguir buscando a tu hermanito.
-¡Terry! ¿No se supone que estás preparando la comida?
Terry le sacó la lengua burlonamente y volvió a la cocina. Veinte minutos después Amy estuvo comidita y dormida, así que Candy decidió tomar una breve ducha y mientras el agua acariciaba su piel pensaba en todo lo que había ocurrido en el día, en la charla con Lizette que sin duda le había ayudado a ella también a ver y reconocer lo afortunada que era y también el reencuentro con Patty. Eso fue lo que más la dejó pensando. Patty significaba para ella muchos sentimientos encontrados, así que apartó sus pensamientos de ella para después, porque pensaba comentárselo a Terry, como pareja estaban madurando y la confianza y comunicación eran una buena base le había aconsejado Louise antes de marcharse. Aunque era temprano, al salir del baño, Candy se puso una pijama de las de siempre, short y camisilla que también era corta. Se miró en el espejo y examinó su vientre, sonrió al pasar la mano por el piercing de su ombligo, una "T" y pensó que hasta para esos detalles Terry era posesivo. Paseó sus manos por su vientre que había vuelto a la normalidad y en el que no había nisiquiera una estría a pesar de lo grande que había sido su barriga. Se la acarició con ilusión de volverla a lucir redondeada y cargando otro bebé de Terry.
-Pronto, mi amor. Pronto tendremos otro bebé hermoso.
-¡Terry! ¿Desde cuándo estás ahí mirándome?
Él la había sorprendido abrazándola por la cintura y ella se giró para besarlo. Él la recibió gustoso y estando tan pegados, al girarse ella había quedado entre las piernas de Terry y acorralada entre su cuerpo y el buró, tornándose la situación bastante encendida cuando el beso comenzó a subir de tono. Las manos de Terry paseaban de su vientre descubierto hacia sus senos y otras veces bajaban para apretarle el trasero.
-Si supieras lo que me pasa cada vez que te pones estos shorts... lo que quiero es comerte entera.
Y mientras le decía eso le apretaba más las nalgas y la rozaba con su erección. Sólo con eso Candy se había mojado bastante y tuvo la necesidad de comenzar a tocarlo también a él.
- Y tú no sabes que tienes el torso más perfecto... estás hecho para el pecado, Terry.
-Será por eso que me gusta tanto practicar el pecado original.
Y dándole un beso ardiente que le ahogó el argumento, le bajó los pantaloncitos y las bragas. Ella que también estaba encendida, hizo que él se deshiciera también de toda su ropa y sin poder aguantar más, fue apoyarse de la pared más cercana y levantándola para que lo abrazara con sus piernas, comenzó hacerla suya con pasión y desenfreno. Candy gozaba por la forma tan fuerte y deliciosa que él la penetraba, subiéndola y bajándola. Se maravillaba con lo fuerte que era él y la energía y el vigor que salía de su cuerpo.
-Te amo tanto, Terry. ¡Ay que rico! Ahhh... Ummm...
-Yo te amo más, mucho más. Oh...
Candy le estaba deborando el cuello a besos y él ahogado en placer echó la cabeza hacia atrás para disfrutar de la excitante caricia y sin dejar sus embestidas. Luego volvió a tomar el control y le quitó la camisilla para satisfacerse de sus pechos los cuales besó, lamió y succionó de manera tan exquisita que la hizo gemir. Las manos de Terry eran tan diestras y expertas que ella sentía que se quemaba con cada roce, sus embestidas eran simplemente deliciosas, él sabía cuándo y cómo complacer una mujer, de eso estaba segurísima. No supo el momento exacto en que pasó, sólo sintió que desfallecía y caía en mil colores sobre la cama y bajo el peso de Terry y que el orgasmo lo hizo correrse en ella como nunca. Sintió que su cuerpo aún temblaba sobre el suyo y lo retuvo encima de ella para acariciarlo con ternura. Le besó tiernamente el pelo mientras él se dejó arrullar por unos instantes.
-Vamos asearnos rápido, Pecas, se nos va enfriar la comida.
Se dieron otro duchazo expreso y bajaron a comer. Ella buscó los platos y sirvió la bebida mientras Terry iba sirviendo la pasta en un plato.
-¿Así está bien, Candy?
-Más, Terry, echa más, sin miedo.
Terry le puso comida hasta que por poco se desbordaba del plato y para coronar la tremenda pechuga de pollo que iba en el medio. Ella sólo esperó que él también se sirviera para comenzar atacar su plato, sorprendiéndolo como siempre.
-Creo que tendrás que conseguir un empleo a medio tiempo, Pecas, tu apetito nos llevará a la quiebra.
-¡Terry! Tengo que recuperar mis energías... me dejaste agotada, cariño.
-Pues recupéralas pronto porque aún tengo muchas ganas de ti.
Le guiñó un ojo y siguieron comiendo. Platicaron de todo lo que había pasado en el día de cada uno, de lo caprichosa que estaba volviéndose Amy y de los planes para el futuro que tenían entre otras cosas.
-¿Y qué quería la Patricia esa ahora?
-Nada. Sólo me pidió disculpas. Me dijo exactamente lo que tú me dijiste una vez cuando pasó aquello... los motivos que la llevaron a portarse como lo hizo. Ya sabes, la envida, etcétera.
-Aún así, ten cuidado, Candy. Estará todo lo arrepentida que quiera, pero aún así no bajes la guardia. Ya sabes, no confíes fácilmente y aprende a...
-A leer las intenciones de los demás.
Terminó la frase por él porque Terry se había encargado de repetírsela hasta el cansancio y él sólo sonrió. No importaba cuánto la fastidiara a ella su sobreprotección, él había hecho una promesa y estaba cumpliéndola, aunque sabía que aún si no lo hubiera prometido, iba a cuidarla con su vida misma de ser necesario.
-Has aprendido muy bien tu lección, Pecosa. Ahora vamos al cuarto. Aún tenemos un bebé que hacer.
=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=
Lizette había llegado a su apartamento eufórica aunque asustada al mismo tiempo. Las palabras de Candy la reconfortaron y le abrieron los ojos de cierta manera. No estaba dispuesta a perder a Archie por segunda vez, no cuando nada ahora se interponía en su camino, excepto ella misma con su actitud. Le hizo varias llamadas que al principio él no contestó y ella comprendió que debía estar molesto y que poniéndose en su lugar por un momento, tenía toda la razón para estarlo. Después de la cuarta llamada él por fin le había contestado y aunque en tono seco y frío, accedió a visitarla. Luego de que acordaran la hora, ella limpió y acomodó el apartamento lo mejor que pudo. Iluminó la pequeña sala con velas aromáticas y hasta preparó una cena ligera, lo que sus pocas destrezas culinarias le permitieron. Se dio un buen baño y se vestió linda como siempre. Un sencillo vestido blanco que con su tono de piel oscuro quedaba maravilloso, era pegado de los pechos a la cintura y strapless. Tenía un lazo rojo en la cintura y sus zapatos de tacón también eran rojos. Tendría para él una sorpresa maravillosa o al menos eso esperaba ella. El sonido del timbre la sacó del edén que había creado en su mente.
-¡Archie! Gracias por venir. Pasa.
Ella le dio su mejor sonrisa, una llena de optimismo, pero él no correspondió de la misma manera. Se había quedado sorprendido porque ella estaba realmente hermosa y el ambiente estaba de ensueño, pero él aún tenía mucho resentimiento e incluso había considerado no acudir, pero tu tuvo corazón para rechazarla de esa manera.
-Yo... eh... hice la cena... porque pensé que tal vez...
-No tengo hambre, Lizette. Querías hablar conmigo y aquí estoy, te escucho.
La brusquedad de Archie fue como un balde de agua fría para ella. Él mantenía una distancia y una frialdad que ella no sabía como romper y llegó a preguntarse si había hecho bien en pedirle que viniera o si debió esperar más y que a él se le pasara el enojo.
-Bueno... no importa, tampoco es que la cena esté muy buena... en fin... Siéntate, tengo que hablarte de...
-¿Vas a demorar mucho? Es que realmente estoy cansado y...
Otro desaire por parte de él y esta vez ella ya no tuvo fuerzas ni ganas para seguir intentándolo. Se arrepintió en seguida de haberlo llamado. Se le aguaron los ojos, nada estaba saliendo como ella esperaba.
-Está bien, Archie. Vete a descansar. Lo siento, no debí... Adiós, que descanses.
Ella dio la espalda para no pasar por la humillación de verlo irse después de lo mucho que ella se había esmerado para disculparse y él se arrepintió inmediatamente de su grosería, el remordimiento lo invadió. Se acercó a ella y la tomó por el hombro.
-Lizette... disculpa... no quise ser tan...
-Entiendo, Archie. Puedes irte, no hay problema. Entiendo que estás cansado y molesto, así que no voy a retenerte. Buenas noches.
Se soltó de su agarre y volvió a darle la espalda para dirigirse a la habitación, no tenía ganas de despedirse de él en la puerta, sólo quería arrojarse a su cama a llorar. Pero Archie no la dejó irse e hizo que volteara a verlo.
-Lo siento. Sí quiero estar contigo.
-Pero...
Lo que sea que ella iba a decir se quedó a medias porque un beso por demás ardiente la silenció. Uno que ella necesitaba tanto y que había perdido toda esperanzas de que ocurriera, pero ahí estaba. Sus labios danzaban juntos y se saboreaban después de una discusión amarga.
-Perdóname.
-Perdóname.
Rieron porque la petición la dijeron al unísono. Al finalizar el beso, el se sentó porque ella insistió en que necesitaban hablar.
-Archie... lo priemero que quiero hacer es pedirte disculpas por mi actitud. Sé que te lastimé, pude sentirlo, pero no lo pude evitar... Los días como hoy son tan difíciles para mí... lo siento por haberme desquitado contigo cuando tú sólo...
-Te entiendo... quiero que sepas que no habrá nadie como yo que pueda entenderte. Yo también he atravezado el mismo dolor y sé lo que duelen estos días. Es por eso que... no habrá nadie mejor que tú para mí... eres mi todo, Lizette. Mi esperanza... eres mi segunda oportunidad... yo no quiero perderte, pero tú no me lo pones fácil...
Yo te daré todo lo que puedo dar
y tú no te decides, ¿tienes miedo a qué?
Sé que no soy perfecto, creo que nadie lo es
Pero eso sí, te aseguro que soy capaz de amar
Ella sabía que él tenía razón, que cuando más él quería estar para ella, ella lo alejaba más, lo despreciaba muchas veces y eso hizo que el cargo de conciencia se la comiera por dentro.
-Yo lo sé, Archie, lo reconosco. He sido egoísta e inmadura en cierto modo. Por eso estoy aquí, porque quiero arreglarlo y seguir. Te quiero en mi vida, te necesito en ella.
-Y yo te necesito a ti como no te imaginas. Yo también estoy solo, Lizette. Yo también te quiero en mi vida. Yo sé que juntos podremos curarnos las heridas. Quiero un nuevo comienzo, uno junto a ti. Yo te ofrezco ser feliz. Nos merecemos ser felices, amor. Hemos sufrido bastante ya. Sólo déjame amarte, sólo te pido eso.
Yo te ofrezco una vida sin temores
sí, cualquiera puede cometer errores
sólo acepta mi mano y acércate a mí
y desde este momento descansa en mí
Descansa tu amor en mí, deja que yo cuide de ti
descansa tu amor en mí, yo también necesito de ti
descansa tu amor en mí, yo sabré cómo hacerte feliz
Así sentados, Archie le tomó las manos y se miraron a los ojos. Ella con los suyos bien aguados, había una mezcla de amor, ternura y culpa, culpa por haber causado dolor en la persona más importante de su vida y quien le estaba dando un pedazo de cielo, uno que había rechazado muchas veces, pero que en esos momentos ya no estaba más dispuesta a perderlo.
-Yo te dejé entrar hace tiempo, Archie. Desde la primera vez que te vi. Yo quiero amarte también, quiero hacerlo libremente. Ayúdame a enterrar todo este sufrimiento y este pasado que no me deja vivir, por favor.
-Desde hoy pienso inscribirme en tu futuro. Voy a darte tantos besos que no recordarás nada más que no sea mi boca en la tuya.
Descansa tu amor en mí y rompe mi soledad
todo nuestro tiempo será sólo para los dos
Yo te ofrezco una vida sin temores
sí, cualquiera puede cometer errores
sólo acepta mi mano y acércate a mí
y desde este momento descansa en mí
Descansa tu amor en mí, deja que yo cuide de ti
descansa tu amor en mí, yo también necesito de ti
descansa tu amor en mí, yo sabré cómo hacerte feliz
Él la atrajo hacia sí para darle todos los besos que le había prometido. La sentó sobre su regazo. Era la primera vez que tenían un acercamiento así, tan íntimo y tan especial a la vez. Al principio él sólo se limitó a besarla, pero luego todos sus sentidos comenzaron a despertar, los de ambos. Él quiso sentirla más y ella necesitaba que sus manos la exploraran. Se giró sobre él quedando a horcajadas, contanto que tenía un vestido, sus intimidades podían rozarce en perfecta sincronía y eso hizo que los deseos de Archie se dispararan y los de ella también. No fue capaz de retroceder cuando comenzó a sentir entre sus piernas lo excitado que estaba él.
-Te amo, Lizette. Tenlo presente, por favor. Te amo con toda mi alma.
Le dijo sin poder dejar de besarla y tocarla, su voz era ronca y cargada de deseo, deseo por ella que pudo percibirla y nunca llegó a sentirse tan especial en la vida. Estaba en la luna, en el cielo, sin duda era el momento más erótico de su vida. Volvió a sentir el calor que antes la había recorrido, una humedad y una leve punzadita de dolor en lo más íntimo de su ser.
-Yo también te amo mi amor, te lo juro.
Su voz sonó tan asfixiada como la de él. Se sorprendió de haber podido articular las palabras, porque las manos de él acariciando sus pechos le nublaban la mente por algunos periodos. Ella no podía evitar moverse sobre él y a él se le estaba yendo todo el autocontrol. Su mente sólo estaba para la mulata que estaba sobre sus piernas y en todo lo que deseaba poder hacerle. Ella había metido sus manos dentro de su camisa para acariciarle el torso y por alguna razón bajó para tocar su erección con una mezcla de curiosidad y excitación que no podía describir. Él metió sus manos debajo de su vestido para apretarle las nalgas y mientras la besaba y se dejaba acariciar por ella, siguió masajeándole el trasero y se encendió más al ver que ella tenía una tanga y que encima era roja, pudo notarlo al subirle el vestido hasta la espalda. Ella parecía estar muy entretenida con el nuevo amigo que estaba entre sus piernas y él la observaba y se excitaba más.
-¿Quieres verlo, Preciosa?
-Sí, por favor, sí.
Pero ella no esperó a que él se lo mostrara, sino que ella misma le bajó la cremallera, lo desabotonó y se lo sacó. Se quedó mirándolo con los ojos bien abiertos y con un deseo reflejado en ellos.
-¿Siempre es así de... grande?
-Siempre que estás tú.
Le susurró en el oído y volvió a besarla, pero ella sólo pensaba en eso enorme y erguido que la seguía tentando aventarse por ese terreno desconocido. No tenía experiencia, pero sí conocimiento, así que puso sus instintos en acción y se lanzó. Se deslizó un poco sobre él.
-¿Te gustaría que te lo...?
-Si tú deseas hacerlo sí.
La respuesta de él vino con voz entrecortada, no se esperaba esa iniciativa y estaba más que ansioso. Esa nueva faceta apasionada de ella le estaba encantado y encontró una razón más para amarla. Al principio ella se llevó el objeto de sus deseos a la boca con timidez y miedo, pero las palabras que él le susurraba le dieron confianza y ella se dejó llevar, llevándolo con su boca y por la sutileza de su inexperiencia a un placer desconocido, tan diferente a todo lo que hubiera vivido. Se estaba volviendo loco y pronto su boca no le sería suficiente, pero trataba de controlarse porque aún tenía sus dudas, no quería llevarla a algo para lo que ella aún no se sintiera lista.
-Mi amor, estás haciéndolo divinamente, pero... esta es tu oportunidad de detenerte porque yo dentro de poco ya no seré capaz de poder hacerlo y no quiero...
-Yo no quiero que te detengas. Quiero dártelo todo ya, no quiero reservarme nada. Todo lo que tengo es para ti.
-¿Estás segura? ¿Segura de que quieres esto? Porque... yo ya no puedo aguantar más... no quiero detenerme...
-No lo hagas.
Ella le dio el permiso que él necesitaba y se apoderó de sus pechos, los cuales besó con desesperación. La recostó en el sofá y le alzó el vestido por completo. Le besó los muslos y el vientre y le fue bajando las bragas luego de haberle quitado los tacones. Hundió su cabeza entre sus piernas para iniciarla allí con su boca, necesitaba prepararla para lo que venía a continuación. Pudo saborear su humedad y sintió como ella se retorcía con las caricias de su lengua, disfrutó de como sus uñas se enterraban en su pelo y sus dedos se enredaban también en él, prueba de que le gustaba lo que él le hacía. Estuvo jugando en su interior hasta casi lograr que ella tuviera un primer orgasmo, pero se detuvo ahí y no para torturarla, sino porque quería que la culminación del placer lo experimentara luego que él la hiciera suya completamente.
-¿Estás lista, mi amor? Ya no puedo más...
-Estoy lista.
Casi sin voz le contestó porque hacía mucho que había dejado de ser ella para ser para él. Como pudieron, se pusieron de pie y en el camino iban despojándose de todas las prendas de vestir hasta quedar como Dios los había traído al mundo en el trayecto hacia la habitación. La luz estaba apagada, pero las velas la iluminaban muy bien. La cama estaba tan dispuesta que sólo los invitaba a estrenarla y el aroma de dichas velas los envolvía. Antes de colocarla en la cama se quedó contemplando su figura desnuda, perfecta.
-Eres tan bella... este colorcito que tienes me vuelve loco.
Volvió a besarla intensamente y mientras lo hacía no pudo evitar que sus manos siguiera recorriendo su cuerpo, sintiéndolo. Pero ella también estaba maravillada con el cuerpo de su hombre. Varonil y perfecto, duro y fuerte y al mismo tiempo cálido, que le daba una sensación de protección que no podía descifrar, todo lo que un hombre debía ser. Cuando ya sus ganas volvieron a ganarle, la llevó a la cama bajo una lluvia de besos y se puso sobre ella, no sin antes dejar que llovieran más besos en el resto de su cuerpo para que se relajara porque la había sentido nerviosa en el último instante.
-¿Tienes miedo, cielo?
-No. Es que todo es tan bello... que no parece real... lo llegué a soñar tantas veces... y no puedo creer que se esté cumpliendo...
-Pero no es un sueño, es tan real como nosotros mismos. Hoy vamos a dar este salto juntos. Te amo.
Ella quiso contestarle que también lo amaba, pero su beso volvió a enmudecer su respuesta. Ella al tener ya pleno conocimiento de lo que venía, por instinto separó un poco las piernas para que él fuera ganando acceso en su interior. Él con mucha delicadeza se fue abriendo paso y cuando sintió que ella volvía a ponerse nerviosa, entrelazó fuerte sus manos con las suyas y volvió a ocuparse de su boca para darle la confianza que necesitaba.
-Cariño... al principio... tendré que lastimarte un poquito...
-Lo sé... estoy lista, mi amor. Te amo.
Ese te amo de ella le borró a él todas las dudas y con mucho tacto comenzó a entrar en ella y vio su expresión, era ansiosa y aunque respingó un poco por el dolor que comenzó a sentir, también la vio reaccionar ante el placer que acompañaba la dulce tortura de su invación.
-Cielo, otra cosa... no traje condones porque nunca pensé que...
-Mejor todavía. Es mi primera vez y lo quiero todo de ti. Quiero todo lo que venga de ti. No tengo dudas ni miedos, amor. Te quiero a ti por completo.
Archie no preguntó más. Sin abandonar la delicadeza, pero con mucha más precisión siguió entrando sin perder detalle de su reacción. Cuando estuvo casi por completo en su interior, pudo ser testigo del gritito que ella emitió, pero también la vio relamerse los labios y separar más las piernas. Cuando hubo un momento en que él se había quedado un poco atorado, ella lo empujaba hacia dentro de ella para ayudarlo a terminar de entrar y eso a él le encantó. La iniciativa no le faltaba. Logró conseguir el ritmo y entrar por completo en ella. Otra vez un leve grito salió de su boca, aunque seguía retorciéndose y relamiéndose de puro gusto.
-Pronto se te pasará el dolor, niña hermosa. Te amo.
-Yo también te amo. No me importa el dolor, si eso me llevará a ser completamente tuya.
Esas palabras despertaron su instinto posesivo y comenzó a penetrarla con un poco más de fuerza, ella también se impulsaba y se movía junto con él porque tenía muy desarrollados sus instintos. La danza iba de maravilla, sus gemidos hacían que él delirara y la acompañara con gruñidos roncos de excitación. Todo era tan divino y perfecto cuando la vio alcanzar lo que sería su primer orgasmo que él no pudo evitar terminar también dentro de ella. Fue un sueño hecho realidad para los dos. Una noche mágica.
-Te amo, Negrita.
Le dijo luego de desplomarse sobre ella. Agitado y vibrando aún.
-Yo te amo también. Si esta iba a ser nuestra reconciliación, procuraré que nos peleemos más a menudo.
Él sonrió y aunque no respondió estuvo totalmente de acuerdo.
-Creo que una cena se quedó fría...
Continuará...
¡Hola niñas lindas! Tarde, pero seguro. Espero de corazón que les haya gustado este capítulo. Quise hacerlo antes de Enero, pero pues, tantas fiestas y preparativos me lo impidieron, así que tómenlo como un regalo de reyes.
Los capítulos anteriores fueron dedicados únicamente a Candy y a Terry, pero ya teníamos que continuar con los demás personajes y con el resto de la historia, pues como les dije, aún falta para el capítulo 30, así que digamos que estamos en la mitad, no se crean que porque hubo boda se acabó todo, para nada, esto a penas comienza y hay muchas cosas que nuestra pareja favorita tendrá que enfrentar. Estos han sido capítulos felices, pero no se confíen ni se sorprendan, los conflictos siempre acechan.
Me gustaría seguir publicando con la rapidez de antes, pero se me ha hecho un poquito imposible, pues hacer estos capítulos aunque parezca sencillo, realmente me toman hasta 5 horas, eso suponiendo que lo termine en un día, por lo general no siempre dispongo de todo ese tiempo en un solo día, así que voy trabajando en ellos un poco cada día hasta que queda listo. Esto no es fácil chicas, aunque lo hago con todo el amor del mundo, tanto para mí como para ustedes. La inspiración llega, pero plasmar las ideas aquí, que tengan una secuencia, lógica y órden no es un trabajo fácil, también los personajes secundarios que también participan y tienen cada uno su historia y rol dentro de la misma incluyendo los que me invento cuesta trabajo y además con cada historia me voy volviendo más madura y me exijo más a mí misma. También soy perfeccionista y no puedo subir un capítulo que yo no considere que está casi perfecto. No me gusta hacer un capítulo excelente para luego dejar otro mediocre, pienso que las cosas se hacen bien o no se hacen. Así que si me tomo mi tiempo es precisamente para no defraudarlas y espero haber cumplido con ese objetivo. Sé que me lo dejarán saber con un review, los estaré esperando.
Quiero que sepan que este trabajo es de corazón, que escribir y esta página es mi refugio personal, ya que atraviezo momentos realmente difíciles e inciertos. Aquí puedo escapar y soñar por un momento que todo está perfecto. Es la magia de la lectura, podemos vivirnos las historias y los personajes, que dentro de nuestra cabeza existen y están vivos. No sé si piensen como yo, pero así es como yo lo percibo. Las considero a todas mis amigas aunque no las pueda ver y al compartir mis ideas, les estoy entregando una gran parte de mi ser que no todos tienen el privilegio de conocer y que sólo su apoyo y palabras de aliento han hecho que siga fluyendo en mí.
Ojalá hayan disfrutado este capítulo. Me dejan saber con sus reviews. Hasta pronto, princesas.
Su amiga,
Wendy Grandchester
Canción de Archie y Lizette: "Descansa tu amor en mí" Franco De Vita
