Tu mayor tentación
Por: Wendy Grandchester
Capítulo 19 Abrazando la esperanza
El pánico y el desconcierto invadió la dulce tranquilidad en que se encontraba Candy. ¿Terry en el hospital? Miró la hora y descubrió que se había quedado dormida casi una hora desde que él se fuera a comprar algunos alimentos para ella. Estaba llorando y rayando en la desesperación. Quería ir corriendo a verlo, pero estaba sola en casa con Amy, Graciela estaba libre ese día. La llamó varias veces y no la consiguió, llamó también a Richard, a Louise e incluso a Stella y nadie contestaba el teléfono. Estaba a punto de colapsar y no desfalleció porque tenía a su bebé en brazos y debía pensar en ella. Amy por suerte estaba muy tranquila, su dulce inocencia la mantenía ajena a toda la situación.
-Dios mío, dame fuerzas. Por favor que no sea nada grave. No estoy lista, no estoy lista para perder a nadie más... por favor no me quites lo único que me queda ya...
Decía en un llanto amargo y aferrada a Amy que empezó a llorar también al percibir la tristeza de su madre.
-No me hagas caso, pequeña. Mami está loca, seguro que papi está bien. No llores. A él no le gusta que lloremos.
Secándose sus infinitas lágrimas con el dorso de la mano, ella consolaba a su hija cuando ella estaba a punto de desmoronarse. Escuchó el timbre de la puerta y se sobresaltó. Tuvo la extraña ilusión de que fuera Terry el que entrara por ahí. Se reprendió a sí misma por tonta. Abrió la puerta.
-¡Candy! ¿Pasó algo?
Por la gracia de Dios llegó Graciela a pesar de ser su día libre y Candy sintió que algo de color volvió a su rostro.
-Terry... Terry, Graciela...
-¿Terry qué? ¿Le pasó algo al señor?
Preguntó Graciela ya preocupada al ver que Candy había vuelto a caer en un llanto atroz.
-No lo sé... llamaron del hospital... tuvo un accidente...
-¡Bendito sea Dios! ¿Y no dijeron nada más?
Graciela le quitó a Amy de los brazos porque Candy estaba muy nerviosa y alterada haciendo que la niña también se comportara de forma inquieta.
-Sólo que estaban atendiéndolo, pero nada más... Yo... te estaba llamando para que te quedes con Amy... necesito ir al hospital. Tengo que ver cómo está.
-Candy, cálmate. No creo que estés en condiciones de manejar así. Mejor te llevo yo y regreso con la niña... tú no puedes...
El timbre volvió a sonar. Candy se apresuró abrir otra vez con la vaga esperanza de que fuera Terry aunque fuera absurdo. No podía evitarlo.
-¡Papá!
George apareció ante su puerta porque Candy también le había marcado en varias ocaciones, pero el lugar donde se encontraba tenía una covertura muy pobre. Candy casi nunca lo llamaba y menos con tanta insistencia, así que supuso que era una emergencia y acudió a su encuentro.
-Candy... pequeña... ¿qué sucedió?
Fue hacia ella apresurado y hasta se sintió diferente porque Candy se lanzó como una niña a sus brazos y llorando a lágrima viva.
-Terry, Papi... Terry tuvo un accidente y...
La voz se le quebró y rompió en llanto nuevamente. George recordó esos días cuando ella era una niña y corría hacia él buscando protección. Se preguntó cuántas veces se había desplomado su niña y él no estuvo ahí para ella. Muchas veces, sin duda. Enfrentó muchas pérdidas y tragedias sola. No sola, recordó. Ahí estuvo siempre Terry, reponiendo todo lo que él dejó vacío con su ausencia.
-Tranquila, Princesa, no llores. Cálmate y dime qué pasó.
Candy recordó que cuando era niña él le decía muchas veces que las princesas lindas no lloraban, le dio nostalgia ese adjetivo por el que sólo Terry la llamaba a veces. Le relató lo poco que sabía a su padre sobre Terry.
-Y yo... tengo que irme. Tengo que estar con él.
-Entiendo, mi niña. Yo voy a llevarte al hospital. Sé que este angelito se quedará en buenas manos.
George le dio un beso a su nieta y luego que Candy se arreglara lo más pronto que pudo fueron directamente al hospital que le habían indicando por teléfono. El camino fue una tortura para Candy, el lugar era relativamente cerca, pero dado lo angustiada que estaba, cada cuadra y cada kilómetro se hacía eterno para ella. Cada segundo que pasaba sin saber de Terry. No paraba de morderse las uñas arruinando su perfecta manicura francesa.
-Dios mío, papá... ¿podrías apurarte un poco más? No estamos paseando.
-Lo sé, mi amor, pero no puedo pasarle por encima a los otros carros.
Ya Candy sólo lloraba en silencio hasta que por fin llegaron al hospital y con suerte encontraron estacionamiento en el primer piso. Candy estaba tan desesperada que se bajó antes en la misma puerta de la sala de emergencias y no espero a que su padre se estacionara. Llegó corriendo y sofocada al mostrador.
-Buenas tardes, señorita. Vengo a pedir información sobre un paciente. Terrence Grandchester.
Soltó Candy cada una de las palabras de golpe y esperando impaciente la respuesta de la joven en el área de registro.
-Terrence Grandchester... a ver... ah sí, el del accidente de auto...
-¿Cómo está él?
Volvió a preguntar Candy impaciente y perdiendo nuevamente el color...
-Cálmese, por favor. Según esta información está en área de recuperación... habitación 204...
-¡Gracias!
Candy fue a salir corriendo sin saber si podía verlo, así como un torbellino, como siempre, pero antes de que emprendiera la marcha se encontró de golpe con su padre y con la familia Grandchester.
-¡Candy! Cariño, tranquila.
-¡Louise! Es que Terry, Terry...
Candy estuvo a punto de desfallecer nuevamente y Richard que estaba cerca la tuvo que sostener.
-Ten calma, Candy. Terry está estable. Ya está fuera de peligro y duerme profundamente por los medicamentos.
Richard la consoló, pero eso no la dejó conforme. Tenía que verlo con sus propios ojos, ver que todo estaba realmente bien.
-Pero... ¿qué fue lo que pasó...? ¡Porqué nadie me dice nada!
Otro ataque de histeria se volvió apoderar de la pecosa, sus emociones estaban al límite. Todo por insignificante que fuera la hacía reaccionar de manera intensa.
-Bueno... tengo entendido que perdió el control del carro, aparentemente se había quedado dormido o mareado mientras manejaba. Encontraron en su sangre un nivel fuerte de alcohol... chocó contra una valla... el carro ya es historia. Pero lo importante es que él por milagro de Dios está bien y no hubo que intervenir quirúrgicamente, excepto por un par de puntadas por algunas cortaduras... Lo verás con los ojos hinchados y con varios moretones, pero...
-¡Candy!
Hacía tiempo que Candy lo había dejado de escuchar y se había desmayado en los brazos de su suegro, alarmando a todos nuevamente luego de haberse recuperado tras la noticia del accidente de Terry.
-¡Candy, reacciona! ¡Por Dios! Un doctor, por favor. ¡Un doctor!
Louise desesperada azoraba a la joven de registro, pero en seguida apareció el doctor, mismo que estaba atendiendo a Terry. Le tomaron el pulso y segundos después Candy volvió en sí aunque se la llevaron para examinarla. Los rostros de Richard y Louise mostraban mucha preocupación. Stella estaba en la habitación de Terry y no dejó que nadie la sacara de ahí.
-Terruce... tienes que despertar ya, muchacho. Los Grandchester no son ningunos vagos peleles.
Stella lo tenía de la mano y lo contemplaba dormido, aunque le hablaba de su manera tan peculiar, lo cierto era que estaba llorando. Ver a su único nieto todo amoratado, lleno de rasguños y suturas. Siempre había pensado que los hombres Grandchester tenían la virtud de parecer invencibles ante todo, pero no lo eran. Terry en la serenidad de su sueño parecía un niño indefenso. A Stella le pareció que seguía siendo guapo, como su hijo y como su fallecido esposo Terruce de quien Terry heredó el nombre aunque se lo hubiera cambiado debido a las circustancias. Siguió observándolo por largo rato, sus fuertes brazos a travez de la bata de hospital, sus manos grandes y cálidas, todos los rasgos Grandchester a excepción del color de sus ojos que permanecían cerrados. Lo alto que era y en su cara todas las facciones de su padre, incluyendo su arrogancia pura. Stella no supo si fue de tanto mirarlo, pero finalmente Terry fue abriendo sus ojos lentamente. No sabía de pronto dónde se encontraba, los medicamentos lo mantenían por momentos en una nube confusa hasta que vio borrosamente el rostro de su abuela que lo miraba con dulzura maternal.
-Abuela... ¿Dónde estoy?
Gritó de pronto y tratando de incorpararse. Volvió a ser él y a sacar a la bestia que llevaba dentro.
-Tranquilo. Estás en el hospital, tonto. Chocaste tu carro y...
Antes de que ella terminara de hablar, Terry fue recordando todo poco a poco. Un fuerte dolor de cabeza se apoderó de él junto con un shock de histeria.
-¿Dónde está Candy?
-Ella está aquí... pero...
-¿Pero qué? ¡Quiero verla! ¡Búscala!
Terry estaba fuera de control y seguía intentando ponerse de pie sin éxito. Sentía cada músculo adolorido y entumecido por los múltiples impactos que sufrió. Estar conectado al suero y tener un cuello ortopédico tampoco ayudaba mucho.
-Tranquilízate ya, Terruce. El doctor la está atendiendo... tengo entendido que se desmayó...
-¡Quiero ir a verla!
Terry con brusquedad intentó deshacerse del suero y Stella no tuvo más remedio que pedir ayuda a las enfermes o a quien fuera. El doctor apareció junto con Richard y lo cedaron nuevamente. Cayó en otro sueño profundo. Louise había permanecido junto a Candy mientras la atendían.
=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=
Luego del episodio de la bocharrera de Albert, Annie no se había ido de su casa. Se había arrepentido de todo en el mismo momento en que todo su argumento se escapó de su boca y pensó que tal vez ya era tarde. Habían pasado dos días y Albert prácticamente no le hablaba. No más de lo necesario y por lo general contestaba todo en monosílabos y sin mirarla a los ojos. Annie estaba viviendo con el nudo en la garganta cada vez que eso pasaba. Estaba en un momento de contradicción consigo misma. Ella deseaba tanto como él una vida a su lado, siempre había soñado con el matrimonio perfecto, con niños y que su pareja la adorara con locura. Quería todo eso con él, pero a veces no sabía cómo demostrarlo. Cuando tenía en sus manos todo lo que deseaba, ella misma se ponía en guardia y lo echaba todo a perder. Aprovechó que Albert no estaba en casa y que por evitarla a ella llegaba más tarde de lo normal, decidió llamar a su hermana para que le hiciera algo de compañía y para poder desahogar toda su pena y descontento. Por un buen consejo de hermana mayor... de alguien que había logrado salvar su matrimonio aún en los momentos más turbulentos. Necesitaba a alguien como Eliza.
-¡Lizzy! Hola, mi amor, preciosura de tía.
Annie saludó calurosamente a su hermana, con emoción a pesar de su gran tristeza y más aún cuando también se adueñó de la pequeña Alissa que estaba en sus encantadores ocho meses. La niña casi se lanza de cabeza a sus brazos y por dentro Annie sintió algo que no podía explicarse. Se imaginó cómo sería tener en brazos a un bebé propio.
-Pues aquí estoy, hermanita. Vine a salvar el mundo nuevamente. ¿Cuál es la tragedia?
Eliza rápido tomó asiento y fue al grano, ya que Annie solía encerrarse dentro de sí misma rápidamente, incluso cuando ya estaba dispuesta hablar, era una persona que se guardaba todo, así que su hermana la aguijoneó antes de que se arrepintiera.
-Mi inseguridad, Lizzy... ¡como siempre! ¿Y dónde está Gregory?
-Está en sus prácticas de baloncesto con Stear... pero ese no es el tema. Vamos a lo que vinimos.
Annie supo que no había más opción y que si quería de verdad mantener a Albert a su lado y de una vez decidirse a ser feliz, ese era el momento.
-Es que... ni yo misma entiendo lo que me pasa... si tuviera que describirte como ha sido mi vida desde hace un año para acá... sólo podría decirte que he sido...
-Feliz.
Eliza terminó la frase por ella. Había sido testigo del cambio de vida que había tenido Annie desde que Albert llegó a su mundo. Del brillo en su mirada, su autoestima, sus ilusiones. Volvía a ser ella después de mucho.
-Ann... A veces... aunque paresca complicado... los hombres son simples. Puede que sean más fuertes, no muy entregados al sentimentalismo, pueden mostrar muchas facetas, haber tenido muchas mujeres, muchas experiencias y llegar al punto de que se enamoren no es tan sencillo... son tan prácticos que a veces parece que no le dan importancia a ciertos detalles. Pero... cuando un hombre se enamora... es algo grande, intenso. Un hombre enamorado deja de ser él para ser para ti, su vida da un giro, cambia. Cuando un hombre se decide y elige una mujer y se atreve a pensar y expresar sus planes para el futuro es porque ya ese hombre le ha dado miles de vuelta al asunto desde hace tiempo y anda perdidamente enamorado. Tan enamorado para entregarlo todo y arriezgarse al rechazo. Como lo ha hecho contigo.
-Puede que sea cierto, pero... me pongo a pensar en que con el tiempo puede cambiar, que cuando yo baje la guardia me quiera tener a sus pies y... Ya uno me ofreció matrimonio y villas y castillas y mira como acabó...
Eliza respiró profundo porque la entendía, su joven hermana había pasado por mucho y la desilusión la había golpeado muy fuerte. Ella no la juzgaba, pero tenía que abrirle los ojos. La amaba y quería que fuera feliz. Como lo era ella después de tanto.
-Annie... ¿cuántas cosas perdemos a veces por miedo a perder? Muchas. Como parejas, linda, no hay nada peor que sentirnos comparadas con relaciones pasadas. ¿Crees que Albert merece siquiera esa opinión que te has creado sobre una vida con él? Albert no te ha ofrecido villas y castillas, hermanita. Él te las ha dado. Sin pedírselas... ha puesto todo su mundo para ti. Sí quieres compararlo con el cabrón de tu ex, al menos hazlo en el modo positivo. Tú no buscaste un apartamento para vivir con él, él te trajo a su casa, a su hogar para que lo compartieras con él. Nunca has tenido que preguntarte en qué estatus está tu relación con él, porque el anillo que hace sombra en tu dedo lo ha dicho muy claro. Hace más de un año que no has tenido que pisar sobre arenas movedizas otra vez. Haz tenido durante todo este tiempo la solidez de un amor verdadero. Una roca fuerte sobre la que te has podido apoyar en tus momentos más oscuros. Has dejado de pertener al grupo de mujeres que anhelan formar su hogar y encontrar la otra mitad que esté dispuesta a construirlo con ella. Eres la única que está molesta porque al fin se está haciendo realidad.
Mientras escuchaba a su hermana y miraba a su preciosa sobrina, las lágrimas de Annie bajaban de sus ojos y se deslizaban por su cuello. Estaban llenas de verdad las palabras de Eliza por duras que fueran a veces. Había encontrado el cielo, un tesoro y lo estaba arruinando.
-No es molestia, es sólo miedo. Tengo muchas ilusiones, Lizzy, muchas. Lo quiero todo con él y no creo que yo vuelva a ser la misma si un día ya no lo viera más. Creo que era justo lo que yo necesitaba, sólo para saber que no me había equivocado esta vez. Me has revelado exactamente todo lo que yo he pensado de él. Entonces no estoy loca... pensé que sólo yo creía que él me amaba... entonces es cierto...
Una nueva determinación se había apoderado de Annie. Sabía que no sería fácil, pues ahora ella tenía que hacer su parte y hacer que Albert volviera ablandarse. Que se quitara esa coraza que se había puesto por ella.
-Me alegro que te hayas dado cuenta. Si seguías pensando de aquél modo ibas a terminar cuarentona y acariciando una docena de gatos en tu regazo.
-Eso fue cruel.
Se defendió Annie y por captar la indirecta se hechó a reir.
-Alguien tenía que abrirte los ojos. Bueno, yo me voy... porque creo que alguien... tiene un asuntito pendiente... y además estas dos chicas tienen que ir a encontrarse con sus chicos ya mismo. Suerte, peque.
Eliza le dio un beso a su hermana y recuperó a su hija para marcharse a comer con su esposo e hijo. Al quedarse sola, Annie dio una gran bocanada de aire y decidió primero darse un buen baño. Se arregló mejor que nunca aunque sabía que no iría a ninguna parte. Se aseguró de tender bien la cama y vestirla con sábanas limpias que dejaban aspirar su aroma del suavizador. Se puso un vestido muy lindo en azúl claro y corto, aunque holgadito. Unas sandalias bajitas plateadas que dejaban sus pies casi al descubierto porque a Albert le gustaban mucho sus pies, según le había expresado. En uno de ellos lucía una cadenita de plata y brillantes que se conectaba con un anillo al dedo del medio, la cadenita vertical iba en medio del dorso del pie para luego cerrarse en el talón. Un regalo de él. Su pelo estaba bastante largo. A media espalda y se maquilló muy linda también. Estaba dispuesta a esperarlo para hablar con él, pero sabía que debía esmerarse si quería convencerlo, pues ahora era él que estaba a la defensiva. Se aseguró que la casa estuviera lo más ordenada posible, que todo estuviera perfecto para la hora que él decidiera llegar. Recordó que también tenía que visitar un lugar, así que aprovechando que aún era temprano y que posiblemente Albert llegaría lo más tarde posible para no enfrentarse con ella. Recordar eso le nubló el semblante, pero sabía que los actos tenían consecuencias y la actitud de él era parte de ellas. Se miró por última vez en el espejo y se regaló una sonrisa. Tomó su cartera y sus llaves y se fue.
Annie estuvo fuera aproximadamente una hora y media. Cuando regresó a casa volvió a respirar profundo y se quedó un rato dentro del carro la notar que ya el de Albert estaba ahí. Había llegado temprano y ella no contaba con eso. Tenía planificadas otras cosas antes de su llegada. Ahora tendría que ir directamente al grano, pero supuso que tal vez era mejor así. Se bajó y entró deseándose suerte a sí misma.
-Pensé que te habías ido.
Fue el gran recibimiento de Albert tan pronto Annie entró. Jamás había tenido un gesto tan frío por parte de él.
-Bueno, me había ido un momento para...
-Pensé que lo habías hecho para siempre.
Le volvió a decir sentado en una butaca de la sala y en un tono todavía más frío mientras su mirada celeste la iba taladrando poco a poco. Parece que había llegado hacía rato, se había cambiado la ropa de oficina por un jean informal y una sencilla camiseta blanca. Se había quedado descalzo, su pelo no tenía gel, dándole una apariencia más natural y su barba de tres días lo hacían terriblemente sexy. Pero ni todo eso junto pudo evitar que los ojos marinos de Annie se aguaran. Sabía que se merecía todo eso, pero al parecer no estaba lista para enfrentar su frialdad.
-No... yo de hecho quería que habláramos... quería aclarar que...
-Ah... ¿ahora la niña quiere hablar? ¿Y sobre qué le gustaría hablar a la princesa? ¿Sobre el cabrón en que me transformaré cuando estés a mis pies? ¿De lo rápido que voy? Ahh ya sé... ¿De lo aprovechado que fui cuando la seduje para hacerle un hijo que ella no deseaba?
La ironía y el sarcasmo estaban hablando por Albert y golpeando fuerte a Annie con su realidad. Ahora que las expresiones venían de forma contraria supo lo fuerte que habían sido y lo mucho que debió haberlo herido. Le dolió tanto el dolor que había en los ojos de él a pesar de la rabia con que la fulminaban y de pronto se sintió más pequeña que nunca.
-Albert... de eso quería hablarte... yo en verdad no pienso nada de eso. Esas atrocidades te las dije sin pensar porque...
-Porque tenías miedo de equivocarte otra vez. Porque has sufrido mucho y no se te hace fácil confiar otra vez... ¿Ves? Tu discurso me lo sé de memoria, cariño. ¿Algo nuevo que quisieras agregar?
La interrumpió para terminar el argumento por ella, otra vez cargado de ironía y sarcasmo y esta vez las lágrimas de ella dejaron de resistirse.
-Tienes razón en todo, Albert. No voy a defenderme de nada de eso. Sólo quería que lo habláramos una vez más y te prometo que ya nunca más...
-¿Hablar, linda? Yo ya estoy muy cansado de hablar. De explicarte y demostrarte para volver a caer en lo mismo. Todo tiene su límite, Annie. Incluso el corazón más enamorado se cansa. Y el mío... ya se está cansando.
Albert se puso de pie y caminó hacia ella, rodeándola mientras de hablaba para luego de decirle la frase final que la apuñaló en lo más hondo, le acarició los labios con un dedo mientras le otorgaba una sonrisa cínica.
-Entiendo que lo estés, yo no he contribuido a otra cosa. Sólo quería que supieras que... que yo también te amo mucho. Que a pesar de mí misma... lo quiero todo junto a ti. Que quiero todo lo que me estás dando. Que estoy dispuesta a pasar por encima de mí para que podamos de una vez ser felices. Que ya no tengo más miedo y que quiero intentarlo una vez más... que estoy dispuesta a...
Annie logró captar la entera atención de Albert que se había quedado sorprendido en un principio por lo dispuesta que estaba a todo de la noche a la mañana. Pero al no ser esa la primera vez que tenían ese tipo de conversación, él no cayó tan fácil.
-¿Estás dispuesta a todo? ¿Y por cuánto tiempo será eso? ¿Crees que al menos puedas superar las primeras cuarenta y ocho horas sin cambiar de opinión?
-¡Ya basta! Estoy aquí porque quiero arreglarlo todo. Porque no quiero perderte... y tú con tus comentarios sarcásticos y tus preguntas irónicas no me están dando ninguna oportunidad de...
Annie ya había perdido la paciencia, Albert estaba actuando de forma intransigente. No había forma de que se lo ganara y estalló en llanto y frustración.
-¿Y cuántas oportunidades tengo que darte? ¿Cuántas antes de que vuelvas a echarte para atrás? ¿Antes de que termines comparándome con la mierda que tuviste por esposo? ¿Cuántas oportunidades quieres, Annie?
Albert muy pocas veces perdía el control. Pocas veces alzaba la voz, pero estaba en el límite, cuando estaba a punto de perder todo lo que amaba. Era extremista cuando se trataba de ella.
-Sólo una más, Albert. La última para demostrarte que te amo. Hasta que te sientas seguro junto a mí nuevamente. Déjame arreglarlo, por favor. No te vas arrepentir, te lo juro. Te lo juro por nuestro... por... por nuestro amor... No quiero perderte.
Perdió el orgullo y lo abrazó fuertemente. Un abrazo que tardó varios segundos en ser correspondido. Se aferró a él sin tregua y lloró en su pecho como una niña, acabando con sus defensas.
-Annie... no llores. Es sólo que no estoy seguro si deberíamos... Siempre caemos en lo mismo... tenemos la misma discusión y al final... vuelvo a perderte... y yo no puedo estar así... No sé si debamos volverlo a intentar... Hoy estás segura y mañana... de pronto soy el monstruo que tienes miedo que sea... Yo necesito una razón más fuerte para creer que todavía vale la pena que sigamos luchando...
Ella seguía llorando aunque él no la había dejado de abrazar. Ya había vuelto hablarle con su dulzura habitual y no con el tono burlón que había empleado en un principio. Se separó un poco de él para hablarle mirándolo a los ojos mientras se limpiaba el llanto.
-¿U-una razón? Me has dado una ya. Una muy grande.
-Eso dices ahora por la emoción... no puedo lanzarme al vacío nuevamente por...
-¿Ni por el bebé?
-No. Ni por el... ¿qué?
Albert abrió de pronto sus ojos como platos y juraba que había escuchado mal. Necesitaba que se lo repitieran.
-Por el bebé. Nuestra razón para volverlo a intentar está aquí.
Annie llevó las manos que la abrazaban hacia su vientre para que él pudiera entender de una vez a lo que se refería. Con sus lágrimas a borbotones le sonrió. Para que él pudiera ver que estaba feliz y no preocupada. Que ya no había miedo en ella, sino esperanza e ilusión.
-¿Estás segura? ¿Cuándo...?
-Hoy. Acabo de venir de...
Albert la había tomado en sus brazos de pronto y la recostó en el sofá dejándola totalmente desconcertada.
-Albert... ¿qué-qué haces?
Preguntó con cierto temor mientras veía como él le había alzado el vestido a la altura del pecho para dejar su vientre al descubierto. Lo llenó de besos que la hicieron llorar otra vez, por fin era de alegría.
-¿No puedo besar a mi nueva razón de ser feliz?
=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=
Luego de que Candy fuera atendida por su desmayo y le indicaran que no era nada grave y hubo comido bien, se le permitió ir a la habitación de Terry nuevamente. Ya Stella no estaba con él, todos, incluso el padre de Candy tuvo su tiempo con él, así que decidieron dejarla sola con su esposo. Lloró en silencio cuando lo encontró dormido, con su rostro y brazos todos mayugados, con el suero y el cuello ortopédico y por primera vez le pareció indefenso. Dormido, su cara estaba muy serena y su respirar tranquilo y acompasado.
-Terry, mi amor... Ya estoy aquí para cuidarte, cielo. Amy y yo te extrañamos mucho. Quiero que despiertes... necesito ver tus ojos siempre. No puedo vivir sin ellos.
Candy había bajado la baranda al lado de la camilla de Terry y se sentó junto a él que seguía dormido. Le acarició la cara y luego se quedó acariciándole el pelo como a él le gustaba.
-Yo no sé que haría si te perdiera, Terry. Nunca he sabido vivir sin ti. Es que en todos mis recuerdos, mi amor, en todos estás tú. Tú queriéndome, cuidándome... burlándote de mí también...
Candy seguía comteplando con adoración a su primer y único amor. Le parecía que tenía al hombre más belloy varonil del mundo aún en esas condiciones. Lo amaba más allá de toda razón.
-¿Podrías abrir tus ojitos para mí otra vez? Yo necesito mirarme en ellos para ser feliz. Necesito que despiertes para que me des uno de tus abrazos rompehuesos otra vez... o para que te burles de mis pecas... o de mis nalgas respingadas...
Como si fuera conciente, una sonrisita a penas perceptible se dibujó en la boca de Terry, pero estaba dormido. Tal vez su subconciente estaba reaccionando a las palabras de Candy.
-No debí haber dejado que salieras... debí suponer que te sentías mal... y no te cuidé... lo siento mucho, mi amor.
Volvió a llorar sobre él mientras le besaba el rostro. No se había dado cuenta que Terry ya se había despertado y que había escuchado todo.
-Pecas... me duele... ten piedad.
Levantó la cara de golpe y dejó de apoyarse de una de las amoratadas mejillas de Terry y se encontró con sus preciosos zafiros que la miraban un poco perdidos por los efectos de los medicamentos.
-Lo siento... ¿Te duele mucho?
Con lágrimas le acarició tiernamente la mejilla que una vez le hubo lastimidado y él no pudo evitar tomar una de las delicadas manitas y besarla.
-Sí... ¿me curas con besitos?
Candy le dio un besito en su mejilla afectada y le sonrió. Luego besó sus ojos que también estaban algo morados.
-¿Dónde más te duele, cielo?
-Aquí...
Terry le señaló sus labios partidos y puso gesto de niño inocente. Ella tenía la intención de darle un ligero y tierno besito, pero Terry se aprovechó de ella como siempre y no la soltó tan rápido, hizo que siguiera besándolo, pero ella recordó dónde estaban y nerviosa hizo que él se separa de ella.
-¡Terry! Alguien puede vernos. Además... Acabas de despertar y has tenido un accidente... no sé cómo puedes estar pensando en...
-Lo siento... es que tengo mucha hambre también... aquí no me han dado nada... y pensé que podía comerte a ti...
Candy torció los ojos pensando en lo increíble que era él aún en sus peores momentos. Él no cambiaba, siempre había sido puro fuego. Como por arte de magia, luego que Terry mencionara que estaba hambriento, llegó una de las enfermeras con la bandeja de comida para Terry.
-Buenas tardes. ¿Cómo está el paciente más guapo de este hospital?
Entró una enfermera joven con voz cantarina a la que Terry no se atrevió a contestar el saludo y se limitó a sonreir mientras Candy le lanzaba una mirada de pocos amigos a ambas y la joven se había sorprendido un poco porque hasta que no entró por completo en la habitación no se dio cuenta que Terry tenía compañía. Saludó a Candy con la mirada mientras se disponía a destapar la bandeja.
-No quiero eso. Puede llevarse la bandeja.
Le dijo Terry al ver el nada llamativo menú que consistía en una sopa bastante aguada, una porción de vegetales sin aderezo y una gelatina verde también aguada. Miró con desprecio el cartoncito de leche y el diminuto vasito de jugo. Estaba comportándose como un niño engreído y caprichoso mientras Candy observaba cada movimiento de la enfermera.
-Lo siento, pero no me la puedo llevar. Usted tiene que comer si quiere irse pronto de aquí. Y no me rete porque soy capaz de darle la comida yo misma.
-Eso no es necesario. Yo le daré la comida a mi esposo si es necesario. Puede dejarla ahí, yo me encargo de que se la coma.
La enfermera se quedó con la boca abierta por la intervención de Candy de la que no imaginó que fuera la esposa del paciente del que todas las enfermeras estaban hablando en la cafetería. Terry tenía un sonrisita cínica porque sabía que Candy estaba celosa y adoraba eso. La miró enfermera miró a Candy con sorpresa y cierto desprecio y luego de despedirse cortesmente se retiró.
-Pecas... no tenías por qué ser tan grosera. Sólo hacía su trabajo...
-Sí, como no, su trabajo, claro. Y si tú no te hubieras puesto de caprichoso con la comida ella no hace tales ofrecimientos.
-Pero, Pecas... ¿has visto esta comida...?
-Es la comida que te vas a comer. Vamos. Abre la boca. Come bien que tú y yo tenemos mucho de qué hablar. Nos diste un susto de muerte.
Candy había tomado la bandeja y ya la cuchara llena de sopa estaba frente a la cara de Terry que resignado abrió la boca, no porque se había rendido por el hambre, sino porque eso le daría más tiempo para no hablar del tema que había estado evitando hacía tiempo, la razón de su borrachera.
-Eres cruel, Candy, no es justo.
-Es que no te puedo dejar morir de hambre, mi amor. Necesito que salgas de aquí pronto para que nos cuides otra vez.
-Sí... ¿Cómo está pequitas?
-Está muy bien con Graciela... y no se llama "pequitas".
Le recriminó Candy, pero la entrada del doctor a la habitación los hizo abandonar la tonta discusión.
-Buenas tardes. Candy... no esperaba encontrarte aquí...
Esta vez fue el turno de que se encendieran los celos de Terry que se puso muy serio de pronto. ¿De qué conocía ese doctor a Candy? ¿Y por qué la llamaba por su apodo de esa manera tan confiada?
-Sí, ya me dieron permiso de estar aquí... estoy muy bien y ya comí.
Respondió Candy con emoción infantil y sin querer, no aclaró por qué estaba en la habitación del paciente más guapo del hospital, porque tampoco estaba siendo conciente de los celos irremediables de Terry. El doctor era uno de los más jóvenes del hospital. Debía de tener la misma edad de Terry y era guapo. Usaba unos lentes que le daban un aire más profesional y misterioso. Era alto, de pelon negro recortado en un estilo punk, por ser de ese pelo lacio que se queda paradito y sus ojos eran marrones claros, para colmo tenía sonrisa blanquísima y perfecta, pero Candy no percibía nada de eso, porque todo encanto que pudiera tener cualquiera se quedaba corto si lo comparaba con Terry, el problema era que los celos de Terry tampoco notaban eso.
-Me alegro que estés bien entonces, pequeña Candy. Te ves mucho más linda ahora que tienes las mejillas rojitas.
-Ehh... doctor... creo el convaleciente aquí soy yo y no mi esposa... ¿podría decirme por ejemplo cuándo puedo largarme de aquí?
Tanto el doctor como Terry se quedaron boquiabiertos, ella por la grosería de Terry y el doctor porque tampoco imaginó que ella fuera su esposa, pensó que era otro familiar de los Grandchester, su hermana tal vez.
-Lamento haberlos entretenido de más. Bueno Terrence... sabemos que no tienes nada grave, pero aún así tu cuello y muchas partes de tu cuerpo recibieron fuertes impactos, incluyendo tu cabeza... pienso dejarte en observación al menos veinticuatro hora más y para que termines las dosis de tus medicamentos y se te pase la sensación de mareo. Voy a pedirte que por favor continúes comiendo bien, sino los medicamentos te caerán más pesados aún. Volveré a verte mañana en la mañana. Buenas tardes.
Se despidió el doctor y para Candy sólo hizo un breve gesto de despedida, él cual ella devolvió con cortesía para luego hablar un asuntito con Terry.
-Terry, ¿tenías que ser tan maleducado con el doctor? Sólo estaba preocupado por mí, tambié me atendió cuando...
-¡Preocupado mis cojones! Sé muy bien cuando el interés viene por otro lado...
-Okay, como tú digas. Ese no es el asunto del que quería hablar. Ahora lo que quiero que me digas es por qué diablos terminaste en un bar borracho y no regresaste a casa, de eso quiero que me hables.
Le dijo ella con autoridad y quitándole toda opción de cambiar de tema, aún así él lo intentaría una vez más.
-¿Ahora, Pecas? Estoy enfermito...
-¡Ahora!
Terry respiró hondo y le relató todo lo que le había dicho Joseph y a Candy se le aguaron los ojos nuevamentes. Pudo percibir la frustración el dolor de Terry mientras le narraba las palabras que le había dicho Joseph y entendió el por qué de sus extrañas preguntas aquella mañana y su extraño afán por usar protección y dejar el asunto del segundo bebé para otro momento. Candy se enterneció profundamente y tomó una de sus fuertes manos en la de ella.
-Terry... nosotros sentimos un amor que no todos entienden. Uno que no tuvo razón... mucha gente no lo van a entender... nosotros mismos no lo entendíamos... muchas veces tratamos de huir de él por los mismos prejuicios, pero al final nos alcanzó y estamos aquí. Yo te he amado siempre, eso ya lo sabes, te lo he dicho muchas veces. A mí no me importa la gente ni lo que piensen, yo te amo, con todo lo que eres. Amo la vida que tengo contigo. Tú eres todo mi mundo, amor, tú y la hija que me diste.
Terry la escuchaba y le apretaba la mano. Siempre había admirado la convicción con la que siempre luchaba ella. Siempre defendiéndolo aún en su inocencia.
For all those times you stood by me
for all the truth that you made me see
for all the joy you brought to my life
for all the wrong that you made right
for every dream you made come true
for all the love I found in you
I'll be forever thankful baby
you're the one who held me up
never let me fall
you're the one who saw me through through it all
Por todas esas veces que te quedaste junto a mí
por toda la verdad que me hiciste ver
por toda la felicidad que trajiste a mi vida
por todo lo incorrecto que volviste correcto
por cada sueño que hiciste realidad
por todo el amor que encontré en ti
estaré por siempre agradecida cariño
fuiste el único que me sustuvo
que nunca me dejó caer
eres el único que vio a travez de mí por completo
-Sí... yo me porté como un tonto... tenías mucha razón cuando me dijiste que a veces parecía que eras tú que me llevabas diez años a mí. Te exegía una madurez que yo mismo no mostraba... lo siento tanto, Candy. Yo nunca he querido que sufras y menos por mi culpa... y pensé... que tal vez estaba siendo egoísta... al querer cambiar tu vida de esta manera... obligándote a estar conmigo... haberte hecho una hija y ni siquiera eres mayor de edad...
Terry la miró a los ojos y Candy pudo ver su sinceridad, su pesar por pensar que estaba haciéndole daño y se le rompió el corazón. Ella sabía bien, desde niña que Terry nunca pudo soportar verla sufrir. Que ella había sido su debilidad desde siempre.
-Entiendo que hayas pensado todo eso, Terry. Pero me gustaría que entendieras que yo ya no soy la niña desvalida del hogar destruído... yo ya soy una mujer, Terry, tu mujer, tu esposa... y yo quisiera que a veces deje ese afán tuyo de protegerme tanto y me dejes protegerte a ti... Quiero que confíes en mí un poco más y creas que yo también soy capaz de poderte cuidar... Que soy tu compañera y te puedo comprender... que puedes contarme todo... ¿Cuántas cosas no hemos pasado juntos, Terry? Yo conozco todo lo que tú has sido, el niño abandonado, el adolescente rebelde, el delincuente... el gran hombre que eres hoy y he estado aún así a tu lado como un chiclet... ¿No es suficiente para que puedas confiar en mí?
You were my strenght when I was weak
you were my voice when I couldn't speak
you were my eyes when I couldn't see
you saw the best there was in me
lifted me up when I couldn't reach
you gave me faith 'coz you believed
I'm everything I am
because you loved me
Fuiste mi fuerza cuando estuve débil
fuiste mi voz cuando no podía hablar
fuiste mis ojos cuando no podía ver
viste lo mejor que había en mí
me alzaste cuando no podía alcanzar
me diste fe porque creías
soy todo lo que soy
porque me amaste
-Eres la única persona en este mundo en quien confío, Candy. Cuando te oculto algo... o te protejo de manera tan obsesiva... es porque eres lo que más amo y no quisiera verte sufrir por nada, nisiquiera por mí... yo todo lo hago por ti... todo es siempre pensando en ti... en ustedes... no puedo evitarlo... no puedo evitar querer cuidarte y defenderte a toda costa... es todo lo que sé hacer, niña hermosa, cuidarte y amarte con toda mi vida.
La besó y dejando atrás su orgullo también lloró, porque cuando su carro se volcó y recibió en su cuerpo cada impacto pensó que no volvería a verla, ni a ella ni a su bebé... y gracias a Dios estaba bien y ella estaba ahí, a su lado como siempre.
-Entonces, Terry, tienes que entender que yo también te amo irremediablemente porque no sé hacer otra cosa. Tienes que entender que yo también tengo la necesidad que quererte cuidar y proteger... Necesito que entiendas que tú y yo somos uno... que ya no hay más tú, ni yo... ni ellos, somos nosotros ahora.
Dijo Candy con tiernas lágrimas uniendo su rostro al de él mientras le daba tiernos besos en los labios.
You gave me wings and made me fly
you touched my hand I could touch the sky
I lost my faith, you gave it back to me
you said no star is out to reach
you stood by me and I stood tall
I had your love and I had it all
I'm grateful for each day you gave me
maybe I don't know that much
but I know this much is true
I was blessed because I was loved by you
Me diste alas y me hiciste volar
tocaste mi mano y pude tocar el cielo
perdí mi fe y tú me la devolviste
dijiste que ninguna estrella es inalcanzable
estuviste junto a mi y me mantuve en alto
tuve tu amor y lo tuve todo
estoy agradecida por cada día que me diste
quizás no sepa que tanto
pero este tanto es cierto
fui bendecida porque fui amada por ti
-No quiero que vuelvas a ocultarme nada, Terry. No quiero que te quedes con toda la angustia dentro de ti cuando yo siempre he estado ahí para ti. Yo te amo, Terry. Soy tuya, completamente. No quiero que te queden dudas. Yo me entregué a ti porque te amo, sé muy bien todo lo que eso significaría... y lo acepté así. Yo puedo vivir contigo y para ti, con tu pasado, con tus celos y tu carácter, con tus debilidades... tú lo tienes todo de mí, Terry. A ti yo te daría el mundo... como me lo has dado tú a mí... me lo diste con mis dos pedacitos de cielo...
Terry la aferró a él tanto como pudo, aún cuando se estaba lastimando al abrazarla fuerte por los múltiples golpes que él tenía.
-Yo podría estar la vida entera así, abrazado a ti... abrazado a este cuerpo pequeñito y delicioso. No me sueltes nunca, Candy. No te alejes de mí ni aunque yo mismo te lo pidiera... Quiero escuchar de ti que eres mía...
-Nunca, mi amor... nunca me voy a separar de ti... ya nosotros no podríamos vivir sin ti...
You were always there for me
the tender wind that carried me
a light in the dark shining your love into my life
you've been my inspiration
through the lies you were the truth
my world is a better place because of you
Siempre estuviste ahí para mí
el tierno viento que me llevó
una luz en la oscuridad brillando tu amor en mi vida
tú has sido mi inspiración
dentro de las mentiras tú fuiste la verdad
mi mundo es un lugar mejor gracias a ti
-¿Nosotros?
Preguntó Terry confuso desde hacía rato. Esperaba que ella dijera "nosotras" si se estaba refiriendo a ella y a Amy como solía hacer, pero por qué usar el pronombre en masculino, se preguntó.
-Sí, mi amor, hablé con Graciela para que se quede hasta mañana con Amy y nosotros nos quedamos aquí contigo para cuidarte.
-¿Ustedes quiénes, Candy?
-Tu bebé y yo, mi amor.
Cuando ella le dijo eso, Terry sufrió el mismo síndrome de Albert al momento de reaccionar. Candy le sonreía mordiéndose los labios con malicia por la cara de desconcierto de Terry hasta que por fin se le prendió el bombillo.
-¿Bebé? ¿Ya tenemos el otro bebé?
-Sí, mi amor... ya está aquí.
Entre sonrisas y lágrimas ella se señaló el vientre. Dejó que él le diera un beso en los labios cargado de amor para luego acariciar y besar su vientre.
-¿Podrías decirle que lo amo y que... no era cierto que yo no quería tenerlo...?
Ahora era Terry quien lloraba, no sólo por emoción, sino porque sin querer un extraño remordimiento se apoderó de él al recordar las veces que le dijo a Candy que no era el momento, aunque él mismo sabía que no era cierto y que lo deseaba tanto como ella.
-Puedes decírcelo tú mismo, mi amor... sé que podrá sentirlo... él sabe que lo amas.
Terry le rodeó con sus manos el vientre y entre besos le dijo al nuevo ser que crecía ahí cuánto lo amaba. Lloraron juntos de la alegría inmensa que trajo ese día a pesar del susto y el dolor. Otra vez un rayito de luz en sus vidas.
Continuará...
¡Hola niñas lindas!
Tarde, pero seguro, aquí está el capítulo. Espero no haberlas hecho sufrir mucho con la espera y el suspenso. No he actualizado más rápido porque tengo muchas cosas pendientes que me acortan el tiempo, aunque no la inspiración. Este capítulo fue un poco más cortito, pero era necesario que fuera así porque lo demás que pienso tocar son parte del resto de la historia ya que nos estamos acercando a la tercera parte de la misma y hay cosas aún a medias. Espero que les haya gustado y me lo dejen saber con un review. Excelente fin de semana, chicas.
Las quiero, princesas hermosas.
Wendy
Canción de Candy y Terry: "Because you loved me" Celine Dion
Traducción: Por mí.
