Tu mayor tentación

Por: Wendy Grandchester

Capítulo 21 Locura y demencia

A pesar de que en el camino venían discutiendo porque no se ponían de acuerdo con la música, Terry le daba muchos besos robados a Candy cada vez que le era posible, besos con los cuales él le bajaba todo su enojo aunque ella fingiera seguir enojada.

-Te ves tan linda haciendo perretas. ¡Una foto!

Le dijo Terry sacando su celular y tomándole varias fotos mientras estaba detenido en un semáforo con luz roja.

-¡Ya! ¡Déjame en paz!

Le respondió ella manoteándolo, pero riéndose. En quince minutos más llegaron a la universidad. Cuando Candy fue a darle a Terry el besito de despedida, él se aprovechó para darle uno ardiente y apasionado que la dejaba siempre perdida y sin idea.

-Eso es para que pienses en mí.

-Siempre estoy pensando en ti, tonto. ¿Vas directo a casa o me esperas? Sólo es un examen...

-Sí... Tenía pensado entrar en el mall. Me llevo a Amy de compras.

Respondió Terry haciéndole gracia a la bebé en el asiento de atrás y como el mall estaba a unas cuadras de la universidad era una buena opción para matar el tiempo mientras Candy tomaba su examen.

-¡Que envidia! Pero no le compres ropa, ya no le cabe más en el armario ni en las gavetas.

-¡Que ropa ni que ropa! Me la llevo a la juguetería. La ropa es para mí.

-Bueno, pues espero que sepas lo que estás haciendo, señor todobajocontrol. A ver como te va cuando tengas que probarte la ropa entre las perretas de Amy y la incomodidad de entrar al probador con el cochesito.

Le dijo Candy y se quedó mirándolo con burla mientras él analizaba lo que ella decía.

-Bueno, entonces sólo la llevo a la juguetería...

-No te preocupes, mi amor. Cuando termine mi examen te llamo y te alcanzo en el mall, así puedes comprar tu ropa tranquilo.

Le contestó y le dio varios besitos tiernos en el rostro y le alborotó el cabello.

-¿Y vas a caminar hasta allá? No, mejor te recojo y terminamos las compras juntos...

-Ya, cariño, no es tanto, no seas exagerado. Además, me hace bien caminar. Diviértanse, que yo los alcanzo allá.

Lo convenció y le dio otro besito en los labios, pero cuando ya se disponía a irse, Terry la volvió a retener.

-Candy... cuídense mucho, ¿sí?

Le dijo él mirándola con sus hermosos ojos azules y con las manos colocadas en su vientre. Ella se llenó de emoción y asintió. Terry le dio un beso a su barriguita aún plana y la dejó irse finalmente.

-No entiendo por qué no te olvidas de ella y ya. Es absurdo lo que estás planeando. ¡Por Dios! Está casada, con una hija y no está interesada en ti.

-¿Y eso a ti qué coño te importa? Sé que no es feliz, lo pude ver en sus ojos y además... recuerdo la forma en que me miraba... sus ojos... era como si me pidiera que la rescatara... se mordía los labios... como invitándome a que la besara...

Se iba expresando él con su mirada perdida según lo que expresaban sus palabras, hablaba mientras iba soñando despierto y ella se daba cuenta de que él estaba cada vez más desquiciado.

-Pero tú qué vas a saber de eso. ¡Drogadicta de mierda!

Le gritó él asustándola y más cuando le sonreía de esa manera cínica y mostrando el espacio de varios dientes faltantes.

-¿Estás escuchándote? Busca un psiquiatra porque de verdad estás loco. Y no dejaré que hagas eso que estás...

Ella no pudo terminar lo que estaba diciendo porque él de pronto la tomó fuerte por el cuello, estaba estrangulándola.

-No vuelvas a decirme que estoy loco. ¡Has entendido!

Le preguntó sin disminuir la fuerza de la presión que hacían sus manos en su cuello. Ella lo miraba con horror, la cara se le había puesto roja y sentía que le faltaba el aire. No podía contestarle.

-Su-suél-ta-me... por fav...

-Si te atreves a intervenir, golfita... ¡te mueres!

Finalmente la soltó y le entregó la pequeña bolsita transparente que contenía el polvillo blanco de su nueva adicción. Llorando y temblando lo tomó, sintiéndose miserable por no poder autocontrolar esa necesidad, por haber perdido la voluntad propia y sentirse tan impotente. Lo mirabar reirse de ella y maldijo en silencio la hora y el momento en que lo conoció y la indujo a ese vicio tan destructivo. Se marchó apresurada de ahí y lo dejó sólo con sus pensamientos.

-¡Candy!

-Hola Lizette.

Saludó Candy y recibió con gusto el efusivo abrazo que la mulata le daba. Veía que estaba feliz y en que ella había un ánimo y un brillo que no le había visto antes. Se habían convertido en las mejores amigas, pues ambas compartían un pasado de soledades paralelas y Lizette en especial estaba a falta de amor y cariño y sobre todo, una amiga de verdad, ella había encontrado a Candy y Candy la había encontrado a ella.

-Yo estoy muy bien. ¿tienes clases ahora?

-Sí. Sólo un examen, pero aún me quedan diez minutos...

-Pues que bueno porque tengo algo que contarte... algo maravilloso. ¡Oh! Lo siento, debí preguntar primero cómo está Terry...

A Candy le divertía la emoción de su amiga, se notaba que estaba realmente feliz y ella también lo estaba.

-No te preocupes. Terry está muy bien, no fue nada grave. Pero apúrate y cuéntame que yo también tengo algo que decirte.

-Pues es que... ¡ay amiga! ¡Voy a tener un bebé!

Le soltó toda emocionada y con sus manitas en el vientre plano aún igual que el de Candy.

-¡Que emoción! ¡Yo también!

-¿En serio? ¡Oh Dios! Ahora ahora andaré con tres mujeres embarazadas. ¡Pobre de mí!

Dijo Archie llegando de pronto junto con su Susana que estaba ya en sus últimas semanas de embarazo y a punto de reventar.

-No le hagas caso, Candy, él está peor que yo con la noticia del bebé.

Le aseguró Lizette y sonrió mientras saludaban a Susana y tocaban su enorme vientre.

-Pensarán que no tenemos televisor.

Comentó Susana muerta de la risa, secundada por los demás. Pasaron los diez minutos entre risas y chácharas y cada quien tuvo que retirarse a sus respectivas clases.

Terry paseaba a Amy con orgullo en los alrededores de las tiendas. Causaba mucha ternura a las mujeres que lo veían arrastrando a Amy en su cochesito. La bebé sonreía como nunca, se lo estaban pasando de lo lindo.

-¡Pero que cosita tan mona! Dios te bendiga, princesita.

Dijo una anciana que se acercó y le arregló el enorme lazo que tenía Amy en su cabecita, pues Terry se lo había puesto torcido.

-Muchas gracias.

Fue todo lo que dijo Terry, le sonrió amablemente a la anciana y Amy le regaló una hermosa sonrisa, la misma de él. Luego Terry se alejó, no había perdido la costumbre de desconfiar de todo el mundo, secuelas de su vida en la calle y de las malas experiencias vividas. Llegó por fin a la juguetería. La pecosita abrió mucho los ojos, al parecer sorprendida y ansiosa por tocar todas las cosas hermosas que habían allí.

-¿Te gusta, pequitas?

Le preguntó Terry y le pasó a un perrito de peluche que tenía varias funciones en los distintos botones que tenía en la panza y en las patas. Terry le apretó los botones y disfrutó de las risas de su hija mientras el perrito repetía números, letras y colores en español e inglés. Terry siguió desplazándose por la tienda con Amy mientras ella seguía disfrutando de las funciones de su nuevo juguete. Todo lo que a Amy parecía llamarle la atención, Terry lo tomó, asegurándose de leer bien las etiquetas para que todo fuera de acuerdo a su edad y si no lo era, que no representara peligro para ella.

-¿Ves esta casita de muñecas? Tu mami tenía una muy parecida. Sí, yo se la compré una navidad con el sueldo de mi primer trabajo. ¿Y sabes qué? Todavía la tiene.

Le susurró en el oído a la niña como si fuera un secreto y ella no hacía más que reir mientras observaba la hermosa casita de muñecas que estaba en mostración. Una empleada que acomodaba los juguetes que dejaban fueran de lugar sonreía con ternura, pero se quedó casi seca cuando se fijó bien en Terry, no disimuló, pero Terry no se percató porque estaba en su propio trance, disfrutando de las reacciones de su hija y recordando viejos tiempos de Candy cuando era niña y de la emoción de ella a sus ocho años cuando Terry la sorprendió un veinticinco de diciembre con el enorme regalo. Recordó con una sonrisa que Candy pensó a hasta los diez años que Santa Claus había dejado ese regalo para ella en casa de Terry. No le importó que Amy estuviera aún pequeña y ordenó a un muchacho que se llevaba también la casita. Miró la hora y vio que había perdido la noción del tiempo. Fue a pagar por los juguetes y mientras deslizaban su tarjeta sacó su celular para marcarle a Candy que se supone que ya hubiera salido de su examen. Le extrañó que la llamada fuera desviada directamente al buzón de voz. No le dio importancia al asunto, pensó que tal vez se había quedado sin batería nuevamente, ya que ella nunca estaba pendiente de recargar su celular y reñían mucho por eso. Decidió dejarle un mensaje y se dirigió al área de comida con Amy, mientras se comía un delicioso pretzel con canela y azúcar y a escondidas le daba a Amy pequeños trocitos, decidió esperarla tranquilo.

-¿Qué es este lugar? ¿Por qué me has traído aquí?

Preguntó Candy histérica y aterrada cuando por fin le quitó la venda de los ojos y se encontró en una sucia y fea casucha de barrio donde abundaba la humedad y el hongo en las paredes. Le pareció que era el lugar perfecto para una película de terror.

-Te he traído a casa mi amor. No tengas miedo... él nunca sabrá que estamos aquí. Ya no tenemos que escondernos, vida mía. Podemos amarnos.

Le decía él con un tono de voz nunca antes conocido y cada vez se le acercaba más mientra ella temblaba de pánico y movía agitadamente las manos y los pies que habían sido fuertemente atados con cinta adhesiva. Estaba un poco desorientada, ya que él le había dado algo que la dejó inconciente un rato, lo que le hizo ganar tiempo para montarla en la camioneta y amarrarla bien. Trató de recordar cómo fue a parar ahí, pero sólo sabía que estaba caminando hacia el mall para encontrarse con Terry y de pronto todo oscureció y despertó en ese horrible lugar.

-No sé qué es lo que estás pensando ni de dónde demonios sacaste que yo tengo algún interés en ti, pero por favor... déjame ir. No diré nada, te lo juro, sólo déjame ir.

Le suplicaba ella aterrada mientras él ya estaba a escasos centímetros de ella y como un idiota le sonreía mientras le acariciaba el cabello. Ella echaba la cabeza hacia atrás con brusquedad, lo que provocó que él se ofendiera y la mirara de una forma que le dio más pavor aún.

-¡No lo niegues más! Acepta que también me amas. Sé que me deseas... he visto cómo me miras... así mientras te relamías los labios... Él ya no estará aquí para hacerte daño, amor. Yo voy a cuidarte... seremos felices...

Candy lo observaba moverse por todo el lugar mientras daba su patético y aterrador monólogo, varias veces la tocaba y ya no pudo evitar que gruesas lágrimas recorrieran su rostro. Sólo pensaba en lo preocupado que debía estar Terry, en Amy y su bebé... ¡Dios mío! Que no fuera hacerle daño, pensó y no pudo llevarse las manos a su vientre para cubrirlo debido a que las tenía atadas y hacia atrás.

-No seas idiota. Déjame ir. No sabes con quién te estás metiendo. Cuando mi esposo se de cuenta que no he llegado... vendrá a buscarme y te irá muy mal.

-Jajajajajaja. ¿Y a dónde vendrá a buscarte? Aquí nadie va a encontrarnos, bombón. Sólo somos tú y yo por fin, querida.

Candy lloró con impotencia y desesperanza, porque habían muchas posiblidades de que él tuviera razón. La sola idea la aterraba y lloró con más ganas.

-Por favor... mi hija me necesita. No me hagas daño y déjame ir, me olvidaré de todo, te lo prometo.

Volvió a suplicar y tratando en vano de liberar sus manos que ya le dolían por lo apretada que había puesto las cintas.

-¿Hacerte daño? Jamás, mi amor. Yo... yo te amo. Nunca te lastimaría.

Le dijo como un perfecto loco y le depositó un beso en la mejilla y Candy hizo su mayor esfuerzo para no vomitar lo poco que había comido. Esa escena le parecía tan familiar en las películas, pero jamás pensó que alguna vez le podría pasar a ella. Decidió tratar de razonar con él.

-Por favor... si me amas... debes entender que no puedo separarme de mi hija. Ella necesita a su mami. Déjame irme con mi hija, te lo suplico...

-No te preocupes, cielo. Lo tengo todo planificado. Pronto iré por ella. Te la traeré. Seremos muy felices los tres.

En ese momento Candy deseó poder propinarle un bofetón al demente ese. Le dio horror el sólo imaginarse que él de verdad fuera a buscarla y le hiciera daño. Ya no podía más, sintió que se desmayaría.

-¡Candy! ¿Qué te pasa? No puedes morirte ahora que podemos ser felices, amor.

Decía el loco visiblemente preocupado al ver que ella comenzaba desfallecer y perdía el color.

-Por favor... déjame ir. Estoy... embarazada...

Le soltó a ver si de esa manera él desistía y la dejaba libre, pero por alguna razón eso lo enfureció.

-¡Embarazada! Osea que no te aguantaste y te seguiste revolcando con él a pesar de lo nuestro.

-¿De qué diablos estás hablando? Tú y yo nunca hemos tenido nada. ¡Maldito loco!

Le gritó con desesperación, pero el horror volvió a su alma cuando vio que él se le acercó con una mirada asesina y le tiró fuerte del pelo, haciendo que su cabeza quedara totalmente hacia atrás.

-¡No estoy loco! Sólo quiero que entiendas que debes estar conmigo. Que te amo...

-¡Ya deja de decir estupideces! Déjame ir. Necesito ir al médico. No me siento bien, por favor... hazlo al menos por mi bebé...

Le suplicó nuevamente llorando y sólo ganó otra de sus dementes miradas y lo vio con una extraña expresión, como si reflexionara algo.

-Claro, el bebé. Cómo no lo pensé antes. No te preocupes, lo criaré como si fuera mío. Ya estamos juntos... sólo faltaría el bebé... y se completaría el hermoso cuadro familiar...

Dicho eso, sus asquerosas manos se posaron por el vientre de Candy que cerró los ojos y los apretó por la repulsión que sintió al sentir el contacto de las manos de él sobre su piel. Sólo sentía que debía buscar la manera en salir de allí y proteger a su bebé. No sabía de lo que fuera a ser capaz de hacer ese psicópata. Tendría que seguirle el juego.

-Claro, cielo. Sólo nosotros tres... tú, yo... y el bebé. Nadie nos va a separar...

-¿Me lo prometes, Candy?

Le preguntó mirándola con sus ojos llenos de emoción por el cambio repentino de Candy y ella con su mayor esfuerzo le sonrió para continuar con su actuación.

-Te lo prometo, cariño. Pero sabes... para que el bebé esté bien... yo necesito comer...

-¡Claro! Lo siento, no lo pensé. Te traeré algo pronto. Espera aquí, mi vida.

-¡Espera! Amor, somos una familia ahora... tenemos que compartirlo todo. Tú y yo ahora somos uno... ¿por qué no preparamos la comida juntos?

Le sugirió ella sonriendo lo mejor que pudo y viendo como él la obserbaba embobado. Ella le señaló sus manos y pies atados, con la esperanza de que la soltara.

Terry pensó que no era normal que Candy tardara tanto, sabía que vendría caminando, pero la distancia era muy poca, no tomaría más de cinco minutos llegar y comenzó a preocuparse. Pensó que lo mejor sería ir a buscarla personalmente. Se quedó dudando un momento, no quería que ella pensara que la estaba asediando o que la quería controlar, ya habían tenido muchas pláticas sobre los celos y la descofianza. Se concentró en la niña mientras decidía si esperar un ratito más.

-¿Disfrutaste, pequitas? No puedes decirle a mami que comiste pretzel. Me mata.

Le dijo a la niña mientras le limpiaba con una toallita el reguero de azúcar que tenía en la carita.

-Hay que borrar todas las evidencias del crimen, Pecosita.

Su hija le dio una sonrisa cómplice, como si fuera conciente de la pequeña diablura que habían hecho. Un mal presentimiento embargó a Terry. Decidió ir a buscar a Candy. Al carajo si ella pensaba que no le tenía confianza. Era mejor prevenir.

-¡Terry! ¿qué haces aquí? Hola muñeca.

Se encontró con Archie y Lizette que venían saliendo y aunque lo saludaron, no esperaron respuesta y se dispusieron a hacerle gracia a la niña que no perdió tiempo para exigirle a Archie que la sacara del cochesito donde había estado confinada mucho rato.

-Chicos, me alegra que estén bien, pero no vine a saludar precisamente... ¿han visto a Candy?

-Sí.

Contestó Lizette mientras se debatía con Archie para cargar a la niña y Terry sintió algo de esperanza al ver que la respuesta era afirmativa.

-¿Dónde?

-Hace como dos horas... antes de que tomara el examen...

-¡Ay por favor! Eso ya lo sabía. Quedamos en encontrarnos en el mall hace casi una hora y no aparece... pienso que tal vez...

-Ya tranquilo, hermano. Seguro está en la cafetería... ¿la buscaste ahí?

Dijo Archie tratando de ayudarlo y de que se calmara mientras seguía haciéndole a la bebé todas las moriquetas del mundo para que se riera.

-Ya la busqué ahí y no estaba. ¡Dios!

Terry por costumbre cuando estaba molesto y preocupado, se llevó las manos a la cabeza, echándose el cabello hacia atrás. Archie y Lizette se quedaron mirándose, se preocuparon también al ver la desolación en el rostro de su amigo.

-¡Terrence! Terrence... que bueno que estás aquí. ¿Candy no está contigo?

Terry no pudo contestar rápidamente. No se esperaba encontrarse con ella y mucho menos que le preguntara por Candy. La miró con toda la desconfianza del mundo. Él y los que estaban con él también.

-No, no está conmigo. Llevo rato buscándola...

-¡Oh Dios! Entonces lo hizo...

-¿Hizo qué? ¿De qué mierda hablas?

Expresó Terry perdiendo la poca paciencia que lo caracterizaba, sorprendiendo a Archie y Lizette con su brusquedad, pero comprendiéndolo, pues ella no era de fiar y sabía que Candy y él habían pasado por muchas cosas.

-Él la tiene. Lo dijo, que se la llevaría. Por Dios, Terrence, tienes que ir a buscarla.

-No sé de qué me hablas. ¿Quién la tiene?

-¡Joseph! Dijo que se la llevaría y...

Terry la agarró fuerte de los hombros y los demás se alarmaron. La miró con sus ojos de fiera y ella se sintió pequeña por un momento, pero sabía que él tenía sus motivos para comportarse así.

-No tenemos tiempo, Terrence. Te explico en el camino. Tenemos que ir por ella pronto antes de que ese loco pueda...

Sus ojos se aguaron y no terminó lo que iba a decir. De pronto Terry se sintió atado. ¿Cómo iba a buscar a Candy estando con Amy? Podía llamar a la policía, pero sólo con una hora de desaparecida y basándose en el testimonio de esa chica de la que siempre pensó que no estaba bien de la cabeza sabía que no harían nada. Hasta que tuvo una idea, aunque lo hacía porque no tenía de otra.

-Archie... Lizette... Necesito un favor. Llévense a Amy a mi casa. Por favor, quédense allí con ella hasta que yo pueda resolver.

Por primera vez ellos vieron a Terry empequeñecer y con los ojos aguados. Sabían que la cosa iba muy en serio si estaba dejándolos a cargo de la niña y dándoles la llave de su apartamento.

-Cuenta con nosotros... pero... necesitamos el asiento protector de Amy.

Dijo Archie y fueron hasta el estacionamiento, por fortuna ambos carros estaban cerca. Terry sacó el asiento de la niña y lo instaló en tiempo récord en el carro de Archie. Abrazó y besó a la bebé y luego se montó en su carro acompañado de ella que conocía dónde se encontraba Candy. O al menos eso él quería pensar, que no fuera una trampa.

-¿A dónde puñeta me estás llevando? ¿Estás segura que es por aquí?

Cuando Terry estaba nervioso, molesto o preocupado, sacaba a relucir su extenso vocabulario barrial. Iba maldiciendo mientras transitaba por las deplorables calles del lugar donde supuestamente se encontraba Candy.

-Ya estamos llegando, Terrence. Ten cuidado... ¡Por Dios! Estás manejando como un demente.

Ella iba aterrada en el asiento del pasajero. Terry rebasaba a todo el que podía y casi atropella a varios transeúntes en las estrechas calles de aquella barriada ya poco habitada que era más bien refugio para adictos y deambulantes o para arrojar un cadáver.

-¿Aquí es?

-Creo que sí, es lo más probable porque...

-¿Ah tú crees? Me tragiste hasta acá y ahora resulta que no estás segura. Te digo algo, sí me estás cogiendo de pendejo...

Terry estaba fuera de sí y sacó su pistola, apuntándole y amenazándola con ella.

-¡No! Te lo juro que no. Él está loco... me contó todo... por favor... tienes que creerme...

Le suplicó llorando mientras sentía el frío cañón en su frente. Terry no tenía otra opción que creerle y bajó el arma. Se bajó con ella y se dirigió a la puerta de la casucha. Ella fue a tocar la puerta, pero dio un brinco cuando Terry le dio una sola patada que la derribó. Iban caminando en silencio, pues los rincones que atravezaban estaban vacíos, Ella llamó a la policía a pesar de las objeciones de Terry. Seguían caminando hasta que dieron con un cuarto mal holiente.

-¡Terry!

Gritó Candy con lágrimas mientras Joseph la tenía sujeta colocando un cuchicho afilado en su garganta.

-No te atrevas a dar un paso o ella se muere. Ella y tu bebé.

Dijo él marcando su desprecio en la última frase. Terry no dejó de apuntarle con su pistola mientras veía el sufrimiento y la desesperación de Candy. No pudo describir lo que sintió al verla atada de pies y de manos y el horror en sus ojos. Candy por su parte no entendía la peculiar compañía que traía Terry.

-Tienes tres segundos para soltarla, hijo de puta. Tres malditos segundos antes de que te mate como un perro.

Dijo Terry y soltó un tiro hacia la pared, haciendo que Candy se sobresaltara, lo mismo que su compañera que también había entrado en pánico. Sin embargo, Joseph sólo rió como el demente que era.

-No habrás apretado el gatillo nuevamente cuando la sangre de tu mujer bañe mi cuchillo. Y tú, zorrita, de ti me encargo después. Perra traidora.

Despotricó Joseph y lanzó un asqueroso escupitajo cerca de ellos. Terry ya no le tuvo más paciencia. No soportó seguir viendo el pánico en los ojos de Candy y sólo venían su mente flashbacks de los sucesos ocurridos en la hacienda cuando el Chaparro casi la mata, una sensación horrible de dejavú lo invadió. Otra vez su mujer embarazada pasando por esa experiencia horrible. No lo pensó más. Iba a matarlo. Apuntó bien, asegurándose que no fuera a herirla a ella. La cuchilla seguía en la garganta de Candy, él y Joseph se miraban fijo. Ya no había tiempo, ahora o nunca. La suerte estaba hechada.

-¡Policía! Arroje el arma y ponga las manos donde pueda verlas.

Al fin vino a llegar la policía, pero Terry no fue capaz de soltar su arma, no mientras Joseph seguía teniendo el cuello de Candy entre el filo de su cuchillo. Terry quedaba de espalda a la policía, al principio no pudieron ver a Candy mientras Joseph la tenía de rehén. Cuando llegaron más policías, fue más fácil. Despojaron a Terry de su arma y uno de los oficiales tuvo que dispararle a Joseph porque no liberaba a Candy y estuvo a punto de cortarle la garganta de no ser por los buenos reflejos del oficial. Despojaron a Candy de sus ataduras.

-¡Terry! Terry...

Candy fue corriendo y llorando como una niña hacia los brazos de Terry que la recibió con incontables besos y un abrazo apretado. Joseph, quien sólo recibió una insignificante herida en el brazo fue de inmediato esposado y custodiado en una ambulancia para que recibiera el tratamiento necesario y luego ser detenido y juzgado como fuera necesario. Candy y compañía debían ir a declarar los hechos.

-Pa-Patricia... ¿tú por qué estás aquí?

-Yo... es una larga historia...

-Gracias a ella pude encontrarte aquí... Lo importante es que estés bien, mi amor. Vamos a salir de esto lo más pronto posible. Nos iremos a casa... luego te explico. ¿Estás bien?

Le preguntó mientras miraba sus muñecas lastimadas y seguía escudriñándola a ver si encontraba otro indicio de que aquél infeliz la hubiera lastimado.

-Estoy bien... no me hizo daño... pero... tuve tanto miedo... de que fuera a dañar al bebé y... ¡Amy! ¿Dónde está?

Preguntó de pronto alarmada cuando se acordó de su bebé.

-Tranquila. Ella está en casa con Archie y Lizette. Si quieres los llamamos para que estés más tranquila.

La pesadilla había terminado. Candy y Terry declararon e hicieron lo que debían con la policía. Joseph enfrentaría sus cargos por secuestro entre otros agravámenes y por fin la pareja pudo ir a casa.

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Archie y Lizette tuvieron tremendo maratón de Amy que se aprovechó de ellos a más no poder. Lizette disfrutó de ver al padre de su futuro hijo tirado en el suelo jugando con la bebé. La escena era todo ternura. Cuando al fin llegaron Candy y Terry, se despidieron, no sin antes Terry agradecerles en el alma por el favor de haberse quedado con la niña y no haberla expuesto a aquél infierno.

-Archie... lo que ustedes hicieron no tiene precio. Nunca podré pagarles el apoyo y haber evitado que mi hija se expusiera a... a esa desgracia. Yo... a Candy y a mí nos gustaría que aceptaran esto... sabemos que están por ser padres y...

Terry le extendió a la pareja un cheque, ellos se sintieron halgados, pero se negaron aceptarlo.

-No, Terry, esto lo hubiéramos hecho cien veces más. No podemos aceptar tu...

-Archie... no te estoy preguntando si lo quieres o no. Te lo estoy dando y quiero que lo tomes. Es un regalo de parte nuestra. Además no es para ti, es para el bebé.

Archie sabía que no habría forma de hacer a Terry desistir, además era cierto que aunque él estuviera bien economicamente, cualquier ayuda adicional no estaba de más, pues ni él ni Lizette tenían a nadie más en quien apoyarse en caso que se presente algo y Lizette ya no podría modelar más, al menos hasta que diera a luz y su cuerpo se recuperara. Dejaron los remilgos y aceptaron el dinero.

-Gracias por todo.

Candy con lágrimas le dio un fuerte abrazo a su amiga y otro a Archie. Esta vez Terry no sintió celos por él, no había lugar para eso. Era un amigo y lo había demostrado. Dios seguía poniendo ángeles en sus vidas.

-No tienes que agradecer nada, amiga. Siempre que nos necesites estaremos ahí.

Se despidieron y se fueron. Amy se quedó un ratito llorando por ellos, pero se calmó luego de su baño, después que Candy le diera el pecho, durmió plácidamente y ella y Terry se retiraron a la habitación.

-¿No quieres darte un baño tú también, bebé?

Le preguntó Terry mientras le sobaba las muñecas maltratadas y se las besaba.

-Me duelen...

Se quejó con los ojos aguados y a Terry se le quebró el mundo. De sólo pensar a lo que ella estuvo expuesta y ver las marcas de haber sido lastimada, era algo que él sencillamente no soportaba. La abrazó y la cubrió porque de esa forma ella no podría ver su rostro y la rabia que se reflejaba en él, quería que ella sintiera paz. Quería que su otro bebé naciera en un ambiente de paz y que ella no tuviera que enfrentar más tragedias en el proceso.

-Lo siento tanto, mi niña. No debí dejar que regresaras caminando... ¡Fue mi culpa!

-No. No digas eso, Terry. No quiero que te eches la culpa por eso. No había forma de que supiéramos que algo así pasaría... además... me encontraste... y estoy aquí... gracias a ti y a Patricia...

Tuvo que admitir que la intervención de su ex-amiga fue la que hizo que aquello fuera posible, de lo contrario, no quería ni pensar en lo que pasaría de no ser por eso.

-Está bien... no hablemos más de eso. Ahora vamos a darte un bañito y a ponerte cómoda... voy a consentirte mucho.

Terry fue quitándole la ropa poco a poco, cuando le quitó el jean se percató de que sus tobillos también estaban marcados por las ataduras y volvió a sentir rabia, pero la disimuló. La desnudó por completo y le soltó el pelo. Se quedó mirándola. Ella siempre parecía un ángel. Aunque su cuerpo estuviera hecho para el pecado, pensó. Estuvo varios segundos contemplándola, enajenado.

-Los voy a cuidar ahora más que nunca. No voy a dejar que nada malo les vuelva a suceder.

Le dijo mientras se arrodilló y le cubría de besos el vientre. Depositó en cada beso todas sus ilusiones, su futuro y las ganas de ver nacer a ese bebé que tanto ella había deseado y él también. La llevó a la tina y se la llenó con agua tibia. La metió ahí y con una ternura inmensa la comenzó a enjabonar. Le dio un leve masaje a sus pies lastimados y también a sus muñecas. Cuando comenzó a lavarle el pelo, se tomó más tiempo de lo debido, pues la vio cerrar los ojos y echar la cabeza hacia atrás, vio que eso estaba relajándola, así que el lavado de pelo se convirtió tambien en un rico masaje. La enjuagó y Candy le indicó que le aplicara un poco de acondicionador en el pelo, o no podría desenredarlo luego. Lo hizo y luego volvió a enjuagarla. La sacó de ahí envuelta en una toalla, cargada como a una niña. Era la parte de él que ella más amaba. Terry siempre la consentía, con ella era diferente, toda su ternura siempre estuvo reservada para ella, ahora la compartía con su hija.

-¿Vas a ponerte ropa o pijama?

-Pijama.

Terry mismo le buscó su pijama, una de camisilla, pero de pantalón largo porque la vio tiritar de frio. Le secó bien el pelo con la toalla y luego de que la ayudara hasta a vestirse observó con adoración cómo ella se desenredaba su larga cabellera y refunfuñaba cuando se encontraba con algún nudo. Él nunca dejó de observarla, no la dejó sola, como si tuviera miedo de dar la espalda y el mal volviera acecharlos. Cuando vio que terminó con su pelo y se giró hacia él, la tomó por la cintura y se quedó un rato mirándola fijo, sin decir nada, sólo sus ojos en contacto con los de ella.

-Te amo. Me muero si te pierdo.

Le confesó entre cálidos besos, que pasaron a ser ardientes al momento de ser correspondidos.

-También te amo. Eres mi vida. Tú y mis bebés.

Le contestó con una sonrisa triste y llevando las manos de él a su vientre, adoraba esa sensación.

-Quiero que nazca ya.

-Yo también. Pasado mañana vamos a conocerlo. Tengo una ecografía. ¿Irás conmigo?

Le preguntó mirándolo con sus ojitos llenos de emoción y él pensaba que cómo podría decirle que no.

-Claro que iré. Yo también quiero conocer a mi nuevo pecosito o pecosita...

-Es un niño, Terry. Y no será pecoso.

-¿Ajá? ¿y cómo lo sabes?

-Pues... lo sé... porque... porque será igualito a ti. Un arrogantito. Con tu mal carácter y todo...

Terry se rió y por primera vez se preguntó por qué todo el mundo hablaba de su carácter. ¿Tan malo era? Se preguntó.

-Entonces será todo un ogro como yo.

-¡Claro que no! No eres un ogro, sólo eres... ¡bah! Lo quiero como tú. Terry...

-Dime.

-Tengo hambre... mucha.

A Terry no le extrañó nada eso. Ninguno de los dos tenía el ánimo para hacer nada de comer, así que decidieron ordenar una pizza. La esperaron mientras veían televisión en la sala. Terry estaba sentado en el sofá con Candy encima, acurrucada sobre él y con la cabeza enterrada en su pecho y él la abrazaba fuerte. Tuvieron que abandonar la posición cuando llegó la pizza y se pusieron a comer como dos cavernícolas. Estaban realmente hambrientos. Luego que se atracaran, fue llegando la noche y estaban realmente agotados. Le dieron un chequeo a Amy y se enternecieron al encontrarla despierta, pero muy calladita jugando en su cuna. Le dieron su última ración de leche y esperaron bastante a que la pecosita volviera a quedarse dormida para poder dormir ellos.

Cuando Candy se despertó a la mañana siguiente, vio que eran las diez y treinta y Terry no estaba en la cama con ella. Se le habían pegado las sábanas, pensó. Fue rápido al baño para lavarse la cara y los dientes. Cuando bajó en busca de Terry y su hija, la encontró muy sentada en su sillita comiendo unas galletitas para bebé y le sonreía con la carita llena de migajas. Terry estaba haciendo el desayuno y ella fue a darle su besito de buenos días. Lo encontró tan sexy en shorts y camisilla. Amaba a ese hombre, con su cuerpo fuerte e incluso sus tatuajes. Su chico malo, pensó.

-¿Cómo amaneciste?

-Muy bien. Sólo un poco... ¡buah!

No hizo falta que terminara de hablar. Sus náuseas matutinas hicieron su aparición. Terry la observaba con pena, odiaba verla pasándosela mal. A diferencia del primer embarazo, ese mostraba mucho más malestares y cansancio. Se quejaba de dolores de espalda, de un sueño constante y las horribles náuseas, pero eran felices con esa etapa, ambos. Regresó del baño otra vez como nueva y para sorpresa de Terry, no puso reparos para comerse el desayuno.

-¿Qué estás buscando, Terry?

Le preguntó al verlo mirando la computadora muy concentrado. Fue hacia él para ver qué veía. Lo gracioso fue que al tener a Amy cargada, la niña asomó su carita en el monitor, como si averiguase también lo que hacía su papi.

-Pero que mujeres tan metiches me gasto yo.

Bromeó él dándole un beso a ambas.

-Verás, Pecas. Son casas.

-¿Casas?

-Sí. Estaba pensando... este apartamento es grande, cómodo y lindo, pero... me gustaría, ya que vamos a tener otro bebé y estamos casados... pues comprar una casa. Una que tenga patio para que los niños puedan jugar con libertad y quien sabe si hasta te compro el perro que tanto querías...

-¡El perro! ¿Cuándo vamos a comprarlo?

-Tranquila, Candy. Primero vemos la casa y cuando encontremos la que nos guste, compramos el perro.

Como una niña, Candy se le sentó en el regazo junto con Amy y los tres miraban casas y anotaban los teléfonos de las que más les llamaba la atención. De vez en cuando Amy tocaba el monitor con curiosidad. Luego de un buen rato viendo la infinidad de casas en venta, decidieron ir a la sala a jugar con Amy. Tenía muchos juguetes esparcidos por todo el suelo de goma que había sido adaptado para ella, pero la pecosita sólo le hacía caso al perrito parlanchín que Terry le había comprado.

-Ella es adorable.

-Como su mami. Hablando de eso, Candy. Ahora que estás de vacaciones... ¿no te gustaría pasar estos dos meses en la hacienda? Estarás más tranquila y seguro que todos te extrañan y estarán más que dispuestos a consentirte.

-Sí... lo había pensado, pero... creo que mejor me quedo aquí... me encanta esta allá, pero es que... debo aprender asumir mis responsabilidades... ellos harán todo por mí y yo tengo que saber valerme sin ayuda...

Terry se quedó mirándola y se sintió un poquito culpable. Tantas veces él le había dicho molesto que tenía que crecer y madurar y ella se lo había tomado muy a pecho.

-Candy, Princesa. Son sólo dos meses. Y estoy muy seguro de que tú eres capaz de valerte por ti misma sin la ayuda de nadie. Sólo quiero consentirte y que tengas todas las atenciones, al menos un tiempito. Quiero que tu barriguita la hagas tranquila, sin contratiempos, que te des ese pequeño gustito antes de que empieces las clases nuevamente. Además, seguro que todos ansían pasar un tiempo con Amy. No puedes negarles a la pecosita.

Terry terminó por convencerla, además ella amaba estar alla y más en esa época de calor, el campo era más fresco y más tranquilo.

-Está bien. Pero tú también vienes con nosotras.

-Claro, no voy a dejarte sola nunca, aunque estés con mi familia. Eres todita mía.

Le dio varios besos y abrazos y ella disfrutó de esos mimos.

-¿A quién llamas, Pecas?

-Pues... a Patricia...

Continuará...

¡Hola niñas lindas!

Aquí estoy, no tardé tanto. Bueno, espero que les haya gustado este capítulo. Estamos acercándonos al final. Tuvo un poco de drama, pero ya está bien otra vez. Faltan algunas cositas más, les prometo que no habrán ya más tragedias, pero si faltan algunas cositas por tocar antes de terminar, unas cuantas sorpresas, alegrías, misterios y drama, pero nada trágico, sólo unas cuantas situaciones reales.

Bueno, ansío terminar esta aventura porque tengo en mente dos historias más que estoy loca por compartirles, pero, saben que no comienzo una historia nueva hasta que no termine con la anterior, espero que me sigan en esa, ya que como siempre, dejaré el primer capítulo luego del epílogo de ésta.

Chicas, espero sus reviews y de corazón espero que les haya gustado el capi, fue algo intenso, pero tuvo un final feliz y ni Candy ni su bebé fueron dañados. A partir de los siguientes capítulos se encontrarán una sorpresa que sé que no están esperando. Confíen en mí.

Gracias a todas por su apoyo, nos leemos pronto.

Quiero agradecer y destacar a las siguientes lectoras:

Nerka: Gracias por tu apoyo y amistad. Llegaste cuando más hacía falta, es increíble lo que una historia puede lograr. Por ti he aceptado el reto (sabes de lo que hablo). Besos y abrazos.

Subuab: Te extraño por aquí.

Miko: Bienvenida, espero que me sigas y gracias por tu apoyo.

Silvia E: Tú eres de las fieles, gracias por todo, cariño.

Dulce María: Gracias por seguirme desde mis comienzos.

Wisal: Mi amiga brasileña, gracias por tus lindas palabras, espero aprender portugués algún día.

Rose Grandchester: Mi amiga, gracias por tu apoyo incondicional y mucho éxito, colega.

Laura Granchester: Otra de mis fieles, gracias, espero seguir contando contigo.

Dali: Gracias por tus reviews y por tu apoyo.

Ginaa: Gracias por tomarte la molestia dejar un review en todos los capítulos, se te aprecia.

Amy C.L: Te extraño, tus reviews me están diciendo muy poquito últimamente...

Betk Grandchester: Disfruté mucho tu historia, colega. También te aprecio mucho, eres una chica dulce y sensible y con el mismo desorden mental que yo jajaja.

A todas mis lectoras "Guest": Gracias por sus reviews, aunque me gustaría que dejaran algún alias para poder agradecerles directamente.

Zucastillo: Gracias por no haberme abandonado aún y confiar en mí.

Darling eveling: A veces paso mucho sin saber de ti, gracias por tus reviews, linda.

Odette Arriagada: Gracias por el apoyo, amiga linda, seguimos hacia adelante.

1997: Saludos, princesa y bienvenida. Gracias por tus lindas palabras y por tu apoyo. Espero no defraudarte.

Kary cruz y Frank Clais: Gracias por su apoyo, chicos, los acompaño a rehabilitación jajaja.

Anaalondra28: Tú eres de mis fieles también, muchas gracias, corazón.

Prisiterry: ¿Dónde estás, niña linda? Te extraño.

Eva Mara Hernndez: Gracias por el respaldo, querida.

Shareli Granchester: Gracias por no dejarme, amiga y por tus palabras.

Comoaguaparachoc: Gracias por seguirme y por dejar tu opinión.

Chicas, si me faltó mencionar alguna, perdón, las quiero a todas y leo y tomo en cuenta a todas.

Besos,

Wendy