Tu mayor tentación
Por Wendy Grandchester
Capítulo 22 Respirando tranquilidad
La alarma estaba sonando como loca y Candy seguía pegada a las sábanas. Terry ya se había despertado y estaba bañado y vestido. Apagó la alarma porque vio que Candy por más que tentaba con la mano no daba con el botón de terminar con la sonora tortura. Terry se quedó observándola. Ahí estaba, remolona como una niña y se tapó de pies a cabeza con la colcha.
-Pecas... levántate floja.
-Déjame, Terry. Tengo sueño.
Se quejó y de mala gana se volvió a tapar con la colcha que él le hubo retirado.
-Pues que pena que tengas tanto sueño porque yo pensaba que hoy iríamos a ver al bebé...
-¡Oh Dios! ¿Qué hora es?
Preguntó azorada y sentándose de golpe. Había olvidado por completo la cita para su ecografía.
-Tienes una hora para darle de comer a Amy y prepararte para irnos.
-Pero es que tengo tanto sueño...
Se sentó bostezando y estrujándose los ojos. Era temprano en la mañana y ella se sentía muy agotada. Doña pequitas estaba acostándose muy tarde y levantándose muy temprano y la noche anterior les había dado un maratón que duró más tarde de la media noche.
-Lo sé, mi amor. Pero no tardaremos mucho allí. Cuando vengamos de ver al bebé, nos venimos en seguida para acá y te dejo dormir todo el día. ¿Qué te parece?
-Está bien... tráeme a Amy... ¡Buah!
Terry la ayudó a levantarse y la dirigió al baño. Era tan triste verla vomitar sin nisiquiera haber comido. Ahí estaba arrodillada frente al inodoro mientras Terry le sostenía suavemente la cabeza. Cuando terminó, se enjuagó bien la cara y la boca, pero Terry se fijó en lo cansada que se veía y en sus ojeras, también notó su carita apagada y no pudo evitar cargarla. Se quedó mirándola fijo.
-Candy... ¿quieres que cambiemos la cita para otro día? Te ves tan agotada, cielo.
-No... yo quiero ver al bebé.
Así mismo, cargada, Terry le llenó de besitos el vientre y se quedó abrazándola unos minutos. Con un nuevo brío, alimentó a su bebé y fue directamente al baño a darse un duchazo flash. Se puso un pantalón crema de hilo largo y holgado y una blusa verde menta del mismo material, de manguillos finos, pues el calor del verano se hacía sentir. Sólo se puso un poco de base en la cara y luego de desayunar también rápidamente, se aplicó un poco de brillo labial y su pelo lo dejó suelto, en sus rizos naturales.
-Vayan, apúrense, que éste angelito y yo nos las apañaremos. ¿Verdad hermosa?
Les dijo Graciela con Amy en brazos, pero la niña no estaba muy convencida de ver a sus dos papis partir y les formó una tremenda perreta que no los dejaba irse.
-Amy, pórtate bien. No vamos a tardar mucho. Lo prometo.
Terry trató de convencerla, pero la pequitas no cedía y el tiempo seguía corriendo.
-Ya, cielo, papi y yo vamos a ver a tu nuevo hermanito o hermanita. Venimos pronto y te traeremos una sorpresita para ti.
Amy sólo se quedó unos segundos tranquila mientras Candy le hablaba, pero volvió a su berrinche y Terry y Candy no les quedó más que dejar que Graciela se encargara de ella. Partieron con el alma hecha pedazos, pues lo días de descanso que Terry había tenido debido al accidente sumado a las pocas clases que le restaban a Candy hicieron que Amy se acostumbrara a tenerlos casi todo el tiempo en casa o que si salían, la llevaran con ellos. El lugar donde se haría la ecografía no era muy lejos, media hora a lo máximo, pues ellos siempre escogían lugares cercanos en caso de cualquier emergencia.
-No me gusta irme y dejarla así, Terry.
Expresó Candy con tristeza en el carro y Terry la entendió perfectamente, él se sentía igual. Tomó su delicada mano por solidaridad.
-A mí tampoco me gusta que se quede llorando, mi amor. Pero es necesario que se acostumbre otra vez. Yo empiezo a trabajar en unos días y tus vacaciones sólo son dos meses, volverás a estudiar y tendrá que adaptarse a no tenerte en casa todo el tiempo.
Cuando le dijo eso, le dio un tierno beso para que dejara ya de pensar en eso y cambiara su semblante triste. La tristeza se apagó cuando ya estuvieron en el estacionamiento del lugar de su destino. Sabían que al fin sabrían del nuevo bebé, que entre tantos sucesos dramáticos no habían tenido la oportunidad de dar seguimiento al embarazo. Terry como todo un caballero le abrió la puerta del carro a Candy y de la mano la dirigió a la puerta del sitio, la cual también le abrió y dejó que ella entrara primero. Le buscó asiento y fue él quien la registró en el mostrador. Fue hacia ella nuevamente, con una botellita de agua que le había sacado de una máquina.
-Mira, Cady, ¿te imaginas que sean dos? ¿o tres?
Le dijo Terry riendo burlonamente mientras veían en el televisor de la sala de espera un programa con todo lo relacionado a partos y en ese caso, de embarazos múltiples.
-Bueno... creo que me volvería loca, sería caótico... pero... aceptaría el reto.
Le contestó y le sonrió con su manera tan peculiar e inocente. Terry no le dijo que era sólo una broma, no sea que fuera a ofenderse, pues estaba muy sensible últimamente. Y no era que a él le desagradara la idea de tener gemelos o trillizos, sino que teniendo ya una bebé no quería imaginarse a la pobre Candy con tres o cuatro bebés a la vez y más sabiendo los planes y las metas que ella tenía. Pensó que tal vez en un futuro le gustarían unos gemelitos o gemelitas.
-¿Te sientes bien, Pecas? ¿Por qué te está temblando tanto la mano?
Le preguntó Terry preocupado al ver que mientras ella llenaba la hoja de información antes de la ecografía, el bolígrafo vacibala en sus manos y en varios encasillados había hecho meros garabatos.
-Es que... tengo miedo... he pasado tantas cosas en estos días y me preocupa que pueda haber afectado al bebé... Entre tu accidente y lo de Joseph...he comido poco y vomitado mucho...
Sus ojos estaban aguados, había miedo y cierto sentimientos de culpabilidad.
-Ya, mi amor, pero no pienses eso. Seguro que está todo bien. Ya los malos ratos pasaron. En unos días nos vamos a la hacienda, allí estarás tranquila y muy bien cuidada. Puedes tomarte unos días de reposo antes... sé que nadie pondrá objeción para encargarse de Amy en lo que descansas.
Se tranquilizó con las palabras de Terry que siempre surtían ese efecto en ella. Minutos después fue llamada y ambos fueron primero a ver al doctor que revisaría a Candy le tomaría la presión, escucharía los latidos del bebé y le realizaría una prueba de orina para ver que no hubiera exceso de sal.
-Tienes la presión un poquito alta. No es de alarmarse, pero debes estar monitoreándola por si acaso.
Le dijo el doctor cincuentón mientras la revisaba y Terry quiso comentarle sobre las preocupaciones de ella.
-Es que he pasado por situaciones un poco fuertes en los últimos días y también me enteré hace poco del embarazo.
-Es importante, Candice, que estés tranquila, estás en tu primer trimestre, es el más importante y el que más riesgo tiene de perderse. Trata de mantenerte tranquila y vigila bien tu presión. Aquí queremos un bebé sano, así que descansa todo lo que sea necesario.
Le dijo sonriente el amable doctor de rostro afable y cabello algo caneado. Terry no dejó de estar pendiente de cada detalle ni tampoco le soltó la mano. Se emocionó nuevamente cuando pudo escuchar los latidos del bebé, indicio de que aparentemente estaba todo bien. Salieron de allí y en pocos minutos pasarían al cuarto donde se realizaría la ecografía. Una mujer de unos treinta años les saludó con amabilidad y le dio las debidas instrucciones a Candy. Terry la ayudó a recostarse en la camilla y él mismo le bajó el pantalón y el panty en la medida necesaria y le colocó la sabanita de papel. Un momento después llegó la mujer para hacer su labor.
-Candice, bájate el pantalón un poquito más... para poder accesar bien... y para que no se te manche tu hermoso pantalón con el gel.
Le indicó sonriendo la mujer mientras pasaba los sensores por el área baja de su vientre. Terry seguía mirando todo con curiosidad, pendiente del más mínimo detalle, pero por alguna razón, Candy seguía tensa. La mujer seguía en lo suyo y se enfocaba en todo momento en lo que mostraba el monitor, pero no les decía nada, no hacía ningún comentario y eso a Candy la estaba volviendo loca de desesperación aunque no lo expresara.
-¿Está todo bien?
Rompió Terry el hielo porque tanto silencio le estaba preocupando y porque además era evidente la tensión de Candy. La mujer les dirigió una mirada fugaz y siguió en lo suyo.
-Está todo perfectamente, señores. Ahora vamos a lo que están esperando. Primero tengo que asegurarme bien antes de darles cualquier información, disculpen si los hice sentir preocupados.
Les dijo ella y les sonrió, ambos sintieron que el alma les volvía al cuerpo.
-Tienen un bebé saludable y muy bien proporcionado para su cortito tiempo, muestra seis semanas. Esta es su cabecita, su corazoncito y sus manitas que aún están formándose... Es un bebé activo para su edad.
Candy lloró, pero esta vez de emoción y alegría al ver que todo estaba bien. Terry le depositó un beso en la frente y le sonrió, devolviéndole un poco más de esperanza y seguridad. Les dieron la fecha en que le entregarían los resultados, una tarjeta de citas para que supiera cuándo sería su próxima revisión y unos referidos con todos los laboratorios que debía realizarse.
-¿Ves como todo estaba bien, Preciosa? Nuestro bebé está perfectamente. Así que te quiero alegre y sonriendo y cuidándolo mucho, ¿sí?
Le expresó Terry luego de que ella entrara al carro, ella le respondió con una sonrisa deslumbrante y él mismo le puso el cinturón de seguridad luego de darle otro beso a tu pancita.
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Si habían dos seres que estaban siendo más felices que nunca, eran Archie y Lizette. Habían aprovechado la ayuda que les dio Terry para hacerle al que sería su nuevo hogar todas las reparaciones necesarias. En la vida, Archie había aprendido hacer de todo y él mismo estaba encargándose de reconstruir la vieja casa en todos los sentidos, tanto material como espirutalmente. Todo lo estaba haciendo por su mujer y su bebé, estaba edificando la familia con la que siempre soñó.
-¿Cómo está mi handyman favorito?
Se le acercó Lizette y lo abrazó a pesar de que estaba sudado y todo embarrado de los materiales que conllevaban reparar el viejo piso entre otras cosas.
-Mi amor, te dije que te quedes en el jardín, hace buen día y no quiero que estés aquí entre este polvo y suciedad.
Le contestó él, aunque sonriendo y abrazándola por la cintura, así sin camisa y empolvado se veía terriblemente sexy.
-Lo sé, pero... es que te extrañamos mucho... y te traje esta limonada... la hice yo, el árbol está repleto.
Te brindo una gota de vida que va
desde mi pecho hasta el infinito
te brindo un adiós para tu soledad
y un beso vacío que llevo conmigo
que sigue tus pasos hacia donde vas
-Mmm. Gracias. Pero ahora, sé buena y espérame con Tyson en el jardín. Ya casi termino por hoy y te acompaño a comer.
Le respondió con cariño y Tyson, su pastor alemán todavía cachorro movió la cola contento.
Te brindo la noche que no conocí
mis pocos amigos, mi perro y mi hogar
te brindo el camino que no he caminado
y un poema nuevo que voy a escribir
junto al arcoíris que está detrás de ti
-Está bien, pero antes de comer tienes que tomar un baño, así como un polvorón no vas a tocar la comida.
-¿Ah no me quieres ahora que estoy sucio y sensualmente sudado?
Le dijo con una sonrisa pícara y acercándosele de una manera que la puso nerviosa.
-Claro que no, tonto. Pero ya has hecho mucho por hoy y yo estoy hambrienta y no quiero comer sola, así que apúrate.
Y volaremos sobre nubes como pájaros azules
de la mano de este amor
y volaremos sobre nubes para que jamás lo dudes
que este amor es puro amor
que este amor es tanto amor
que esto es demasiado amor
Después de un ardiente beso compartido, en el que a ella no le importó lo empolvado y sudado que él estaba, él se puso a recoger sus herramientas y materiales para continuar al día siguiente. De verdad estaba cansado y el baño no le vendría mal. Por fortuna, aún habían unos enseres en la casa, que aunque viejos, funcionaban y al menos servirían en lo que llegaban los nuevos que Archie había ordenado, eso le dio la oportunidad a Lizette de poder hornear una lasagña que ya venía preparada para que pudieran comer.
-Huele bien... claro la preparé yo.
Dijo Archie acercándose a la cocina con gesto arrogante.
-Sí, claro... como si no me hubiera fijado que la echaste al carrito en el supermercado.
-Está bien, me atrapaste... pero preparo una mucho mejor, sabes.
-¿Ah sí? Pues eso tengo yo que verlo. Y vete a bañar, ¡vamos!
Lo empujó con fingido enfado y dándole un suave besito.
-Canelita...¿no te bañas conmigo?
Se le acercó peligrosamente, poniéndola nerviosa y más cuando comenzó a besarle el cuello lentamente y la pegó a su cuerpo más de lo necesario.
Te brindo el camino que quieras seguir
donde tu espíritu libre comienza
te brindo una estrella que va caminando
a nuestros instintos para convivir
para que en el tiempo me llene de ti
-¿Bañarnos juntos? Eh... pero... se puede quemar la lasagña...
Los besos que él le daba no la dejaban hablar y entre caricias la llevó al baño junto a él. Estaba ansioso, excitado y ansioso. La fue arrastrando en segundos a la pasión, ella no necesitó mucho para encenderse igual que él. Acarició su torso perfecto y desnudo, dejó que sus dedos recorrieran los rastros del sudor de su trabajo y se entregó a todas las caricias que él le brindaba mientras sus ágiles manos la iban desnudando.
-Te amo, Lizette. Te amo y te deseo todo el tiempo.
Las palabras le salían un poco atropelladas por la pasión, pero los sentidos de ella pudieron captarlas muy bien y la emoción la fue llenando.
-Yo también te amo. No puedo vivir sin ti, sin esto que tenemos.
La pasión estaba cegándola también y alzó los brazos para que él la ayudara a deshacerse del vestido que tenía puesto.
Y volaremos sobre nubes como pájaros azules
de la mano de este amor
y volaremos sobre nubes para que jamás lo dudes
que este amor es puro amor
que este amor es tanto amor
que este es demasiado amor
Ella también lo ayudó a deshacerse del jean que los estorbaba, de todo lo que se interponía entre ellos y el deseo de amarse. Él iba acariciándola con una ternura infinita, derramando amor y deseo por todos los poros, en cada beso, cada toque y cada palabra que le susurraba al oído. Ya se encontraban bajo la ducha, aunque el agua estaba un poco fría, no les importó, bajo el agua se amaron, entre caricias mojadas se hicieron uno. Se bañaron exterior e interiormente.
-Pase lo que pase, quiero que tengas siempre presente esto que voy a decirte.
Le expresó mirándola a los ojos, cuando ya estaba terminándose de vestir en la habitación aún desamueblada.
-Nunca voy a dejarte, nunca más estarás sola y no habrá nada ni nadie que yo ponga primero que ustedes. Tú, ustedes, son mi familia ahora y ésta es tu casa. Aquí, tú eres la reina, la dueña de todo. No habrá nada ni nadie que yo prefiera más que a ti. Sólo muerto podrían separarme de ti.
Sus palabras salieron de lo más hondo de su ser, sin dejar de verla a los ojos ni un momento y vio cristalizarse los de ella.
Y volaremos sobre nubes como pájaros azules
de la mano de este amor
y volaremos sobre nubes para que jamás lo dudes
que este amor es puro amor
que este amor es tanto amor
que este amor es demasiado amor
-Archie, yo... eh... no sé que decir... todo esto es tan bello... que a veces creo que estoy viviendo un sueño... No tengo palabras para...
-Sólo necesito que me digas una sola palabra. Sólo dime que sí.
Le dijo con una cajita blanca de terciopelo en la cual se mostraba la joya que sellaría una unión para siempre.
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Dos semanas después
-Candy, cielo, apúrate. Seremos de los últimos en llegar.
-Ya voy. Es que tú no sabes lo que es peinar a tu hija. Le he acomodado esta diadema más de cien veces.
Terry se veía guapísimo de smokin y Candy que aún no se le notaba la barriga se veía bellísima en su vestido lila strapless de falda corta y vaporosa y en la parte de arriba piedrería. Llevaba el pelo recogido y preciosamente elaborado, luciendo accesorios a juego. Estaba luchando con el peinado de Amy que era muy inquieta a sus siete meses, tenía un vestidito lila al igual que su mami, con su diadema de flores que Candy luchaba para que no se la quitara. Tenía unas zapatillitas bellerinas plateadas y ya lucía unos hermosos aretitos de perla. Era la niña más hermosa del universo para ellos.
-Ya estamos listas, amor.
-¡Preciosas! Creo que ustedes van a opacar a la novia.
Les dijo Terry con orgullo besándolas a ambas. Se aseguró de tener el bultito para Amy y se dirigieron al nuevo Audi negro de Terry. A penas tendrían tiempo para llegar a la hora exacta. En cuarenta y cinco minutos estuvieron en el salón de actividades del Hotel Mariott. Todo era precioso. La decoración era majestuosa, las mesas vestían manteles blanco perla con bordes lila y los centros de mesas eran unas prestigiosas orquídeas en los mismos tonos. Habían pétalos esparcidos en las mesas y en el suelo. Las sillas estaban forradas en combinación con las mesas y más alante estaba la mesa de los novios, pequeña, con un hermoso mantel blanco y lila y encima dos preciosas copas destinadas al brindis nupcial. El bizcocho de bodas era también majuestuso, de cuatro pisos cuadrados y colocados esquineados uno encima del otro, blanco con pequeñas piedritas incrustadas plateadas y hacia el lado derecho caían orquídeas de azúcar desde el tope hasta el borde. No podía faltar en el centro la parejita de novios, todo era hermoso. Luego de admirar todo, Candy y Terry se pocisionaron en su respectiva mesa, la cual había sido reservada y compartían con Richard y Louise quienes también habían sido invitados. El novio se encontraba en su lugar, nervioso junto al padrino que disimuladamente le indicaba que se calmara. El pastor tomaría la palabra.
-Buenas tardes, damas y caballeros. No encontramos aquí, delante de la presencia del Señor para celebrar la unión en sagrado matrimonio de William Albert Andrew y Anna Isabelle Britter.
Se les exhortó a todos ocupar sus asientos para recibir a la corte y se maravillaron con el desfile, Eliza era la dama de honor y estaba hermosa y elegante como siempre, el padrino era Stear y estaba junto a Albert. Otras chicas de la familia Andrew-Britter formaban parte de la corte y una de ellas cargaba a la pequeña Alissa que ya tenía once meses y estaba vestida de noviecita, muy coqueta. Gregory llevaba los anillos y bajo la marcha nupcial por fin entró Annie del brazo de su padre. Parecía una princesa, su traje blanco perlado strapless, con falda ceñida en corte de sirena, vaporosa, creando una apariencia emplumada, su velo estaba sujeto con una tiara y sus accesorios eran en perlas. El ramo estaba compuesto de rosas blancas y lilas. A través del velo se le podían ver los ojos aguados por la emoción de uno de sus más grandes sueños hecho realidad. El traje le acentaba magnífico, ni se notaba que estaba embarazada de tres meses. La sonrisa genuina con que Albert la esperaba no tenía precio. Su suegro se la entregó como quien entrega su más valioso tesoro. La ceremonia continuó.
-Los declaro marido y mujer. Puede besar a la novia.
Albert no se hizo esperar y le estampó tremendo beso que hizo que el pastor se sonrojora. Firmaron para una unión eterna.
Tres meses después
Terry había llegado a casa a las siete de la noche aproximadamente luego de un extenso día de trabajo e incómodas negociaciones. Lo único que quería era estar en casa con su mujer. Vio que todo estaba a penas iluminado con unas luces rojas y se aspiraba el olor de unas velas aromáticas. Siguió caminando y vio el comedor transformado y decorado con una pequeña mesa para dos con un mantel de seda rojo con dos platos y cubiertos en el mismo color. Pero lo que dejó a Terry sin aliento fue ver a su preciosa pecosa con un coqueto vestido rojo, su barriguita de cinco meses no impedía que se viera hermosa, era corto, a medio muslo y de manguillos con un pronunciado escote en sus nada humilde pechos. El pelo se lo había soltado y con las tenazas se hizo unos rizos más definidos, se maquilló los ojos con sombra plateada y delineador y en sus labios un lipstick rojo encendido. Sus sandalias de tacón eran plateadas. A Terry le pareció que ella era el ángel de la seducción.
-Candy... estás... estás... hermosa...
-Feliz cumpleaños, mi amor.
Le sonrió con alegría e ilusión mientras él seguía mirándola enajenado, se había quedado en un trance. Ese día Terry cumplía sus treinta años, pero sus obligaciones no le permitieron tomarse el día libre, día que Candy aprovechó para planificar todo eso y que sus suegros se quedaran con Amy.
-¿Tú eres mi regalo? Porque si es así lo quiero ya.
Le dijo besándola sin pensar en nada más, olvidando el mundo a su alrededor.
-Si quieres que sea tu regalo, seré tu regalo, pero antes, déjame consentirte un poco.
Le devolvió los besos que él le había dado y le indicó que se sentara. Sabía que estaba hambriento, así que se dispuso a servir la cena que Graciela le había ayudado a preparar, pollo a la sartén con piña y pimientos y un apetitoso arroz guisado con vegetales sin que faltara un poco de ensalada verde. Olía divino y gracias a las divinas manos de Graciela sabía aún mejor. En las copas sirvió un vino blanco que le había sido muy recomendado. Se pusieron a comer mientras se dedicaban miraditas cómplices y enamoradas. A Terry le encantó el detalle de su mujer y disfrutó la comida que de verdad estaba deliciosa. Cuando Candy se puso de pie, él no pudo evitar el gran deseo de abrazarla y sentirla junto a él.
-Si este iba a ser mi recibimiento, me gustaría cumplir años todos los días.
Le dijo con una mirada lujuriosa mientras la abrazaba por detrás y se empapó de su perfume y el olor de su pelo. Comenzó acariciarle los brazos y los hombros a la vez que iba dejando húmedos besos en su cuello.
-Terry... aún falta el... ahh... el postre...
-Olvida el postre. Ahora lo que yo quiero es mi regalo.
Le susurró en el oído luego que la girara de frente a él. Miró detenidamente su figura pequeña y delicada, aún con sus tacones él le llevaba mucha ventaja. A ella se le electrizó toda la piel cuando sus manos la comenzaron a tocar desde los muslos y fueron ascendiendo a su trasero y caderas y más cuando su lengua travieza comenzó a saborear su cuello y orejas.
-Terry... espera un poquito, es que...
-¿Es que qué, cielo?
Le preguntó, pero sin dejar de tocarla ni un momento y su lengua ya se encontraba paseando por sus pechos.
-Es que... te amo...
Le dijo finalmente porque hasta se le olvidó lo que realmente iba a decirle. Él la hacía perder la cordura.
Porque caigo despiadadamente
cuando de repente te me acercas
porque me haces menos inocente
porque tu boca hace que pierda la cabeza
porque sabes seducir, vas directo al corazón
porque sabe dulce este deseo
que puede mucho más que yo
porque lo he decidido
Terry siguió acariciando el cuerpo que adoraba y que conseguía hacerlo perder la razón en pocos minutos. Se dedicó a explorarlo como si fuera el primer día, descubriendo y causando nuevas sensaciones.
-Yo te amo más, Princesa, mucho más. No tienes idea de cuánto.
-Entonces... dame una idea de cuánto me amas.
Le dijo ella y le dio un beso tan ardiente que lo quemó por dentro. Le aflojó el nudo de la corbata, porque el ambiente se había tornado muy caliente. Le torturó el cuello con sus dientes y sus labios, dejando en su camisa blanca el rastro de su labial rojo. Terry se echó hacia atrás y dejó que ella le hiciera un chupón mientras él la pegaba a su cuerpo cada vez más. No podía dejar sus manos quietas y con lo excitado que estaba se puso a jugar con el sexo femenino que se encontraba bastante húmedo y estimulado.
-No sé si todo esto sea suficiente para que sepas cuánto te amo y te deseo...
-Tal vez no... pero si sigues tocándome así te acercarás bastante... ahh...
Te amo desde la tierra al cielo
tú ves que te amo, te lo grita mi cuerpo
de nuevo, te amo
entre tierno y violento, te juro, te amo
con total sentimiento, te amo
porque me haces crecer
porque me haces mujer
Candy estaba tan caliente que lo comenzó a despojar de su camisa y casi se la arranca. Besó como loca su pecho y todo su torso, pasó sus suaves dedos por el vello oscuro y aterciopelado que cubría su piel. En su pantalón sobresalía su erección, tan orgullosa y deliciosa, pidiendo ser liberada y satisfacida. Con manos temblorosas le soltó primero la correa y luego le bajó los pantalones y los calzoncillos, él se deshizo de los zapatos y le encantó el deseo que vio en los ojos de ella y más cuando acarició su pene, con delicadeza y puro deseo. Se sentó en la silla que estaba cerca y se lo llevó a la boca, arrancando de Terry un ronco e inesperado gemido de placer.
-¡Dios! ¿En qué momento aprendiste hacerlo así?
-Desde que me enseñaste el amor y la pasión y lo despertaste en mí. Disfruta tu regalo, amor, te amo.
Y tu amor me llega justo a tiempo
cuando todo estaba tras las sombras
porque me haces buenos los momentos
y de repente vienes y cambias mi historia
porque me haces descubrir algo nuevo en mi interior
porque sabes todo lo que quiero
y alimentas la ilusión, porque quiero contigo
La boca de Candy estaba haciendo estragos en Terry. Sentía que se estaba lanzando al vacío y ella no se detenía, estaba decidida hacerlo feliz. La sensación era indescriptible, ella tenía en ese momento todo el control sobre él. Si su boca seguía chupándosela así no iba a resistirlo más y terminaría corriéndose en su boca. Decidió que era el momento de tomar él el control y empezar a descargar todas sus ganas en ella.
-Ahora te quiero toda para mí. Quiero verte.
De la mano la tomó para que se pusiera de pie y como un desquiciado le quitó el vestido y jamás esperó que no llevara bragas. Se le fue hasta la respiración cuando la tuvo desnuda, en tacones y dispuesta, muy dispuesta a dejarse amar.
-Terry... por favor empieza ya... te deseo mucho, mi amor.
Le dijo con una voz tan excitada y se le colgó a la cintura, ansiosa por satisfacer su deseo de él, deseo que jamás sería saciado, porque siempre querrían más uno del otro. Colgada así, la llevó a la habitación, ahí también alumbraban luces rojas solamente, él se acostó en la cama de forma que ella quedara encima para no dañar al bebé y ahí sus ganas no se hicieron esperar. Ella no se lo pensó ni un segundo para comenzar a cabalgar su semental.
-Sigue moviéndote, mi amor. No te detengas. Vas muy bien. Ohh...
Candy estaba extaciada, con la cabeza hacia atrás y moviéndose con una destreza que estaba perdiendo a Terry, él la sostenía de las caderas para ayudarla a moverse mejor y para profundizar la penetración.
-Terry... mmm... ayúdame a moverme... ahh ohhh
Él se agarró de sus caderas con más precisión para impulsarla a moverse mucho más fuerte y rápido. Perdió toda la compación mientras la movía tan fuerte de alante hacia atrás y se llenó de sus gritos.
Te amo desde la tierra al cielo
tú ves, que te amo, te lo grita mi cuerpo
de nuevo, te amo
entre tierno y violento, te juro, te amo
con total sentimiento te amo
porque me haces crecer
porque me haces mujer
-Ohh... Terry... creo que... voy a correrme ya...
-Hazlo, mi amor... córrete...
La explosión llegó segundos después de que él terminara la frase y pudo sentir todas las contracciones de los músculos vaginales de ella cuando alcanzó el orgasmo, haciendo que inevitablemente él también estallara y ella pudo sentir dentro de ella los impulsos de su pene mientras se iba vaciando en su interior. Terminaron exhautos y satisfechos. Ella se acomodó a su lado en lo que su respiración se normalizaba y él se dedicó acariciarle el cabello con toda la ternura del mundo.
-Te amo, Terry.
-¿Me amas mucho? ¿Lo suficiente como para traerme aquél postre...?
Le dijo besándola sutilmente por todo el rostro. Ella emocionada, se puso de pie como un resorte y fue corriendo a la cocina por el postre de Terry. Un bizcocho redondo de vainilla cubierto de caramelo y nata en el tope estaba servido en un platillito, encima de la nata sobresalía una argolla azúl cristalina. Candy se lo entregó porque era exclusivamente para él. Él lo observó con curiosidad, se echó un par de bocados y cuando la curiosidad le ganó, comenzó halar la argollita que sobresalía. Se llevó una sorpresa que le terminó de alegrar su noche de cumpleaños.
-¡Un niño!
Exclamó emocionado cuando terminó de retirar el objeto, era una maraquita en cristal, pequeñita azúl y en su mango estaba inscrito: Terrence Jr. Un detalle precioso que sin duda lo llenó de emoción. Ella se acercó para darle un beso, pero él la retuvo en su regazo, lo que quería era llenar de besos a ella y a su hijo, al que ya amaba con locura.
-Un niño guapo como su papi. Quiero un cloncito tuyo.
-Estoy seguro que será como tú lo quieres, amor. Incluyendo lo arrogante y amargado.
-¡Oye! Arrogante sí, amargado no.
Lo defendió ella acariciándose el vientre y al sentir que su bebé se movía colocó las manos de Terry para que lo sintiera. La noche había sido larga e intensa, el cansancio los fue venciendo, así que luego de una ducha tibia fueron a dormir, cada uno quedó con una sonrisa de alegría y satisfación que les adornaba el rostro.
Un mes después
Era 31 de Octubre, sería el primer día de Halloween de Amy. Candy le había conseguido un precioso disfraz de Tinker Bell que la niña lucía perfectamente por tener los rasgos físicos del personaje. Como tenía bastante cabello y era rubio como el de Candy, aunque por fortuna lacio como el de Terry, Candy le hizo el mismo chonguito que tenía la hadita y le puso sus alitas y le calzó las zapatillitas de tela verdes con la bolita blanca y felpuda en la punta, toda una preciocidad. Candy decidió llevarla al centro comercial, el que era de Terry, pues era un lugar seguro y muchos padres preferían llevar a sus hijos a las tiendas en las cuales siempre se les regalaba dulces. Amy a sus once meses ya daba pasitos, pero eran muy vacilantes y se caía, así que Candy prefirió alquilarle un shopping car rosa en forma de carrito convertible y la pecosita estaba más feliz que nunca. Todo el mundo tenía que ver con la pequitas donde quiera que entraban y Candy se dirigió al estudio de fotos del lugar y eligió una oferta para Amy que contenía al menos cien fotos en diferentes poses y tamaños. La niña quedó preciosa en todas, era fotogénica como sus padres. A la canastita de Amy ya no le cabían más dulces y Candy decidió de una vez pasar a la tienda Party City para ir comprando todos los accesorios para celebrar el primer añito de Amy. Se volvió loca y compró de todo, elegió el motivo Minnie Mouse y hasta le compró a la niña un vestido muy parecido al del personaje. Estaba disfrutando mucho esa etapa y Amy ya decía mamá, papá y leche. Su barriguita de seis meses ya era bastante notoria y su bebé era bien activo, las náuseas le habían dado tregua y espera con ilusión la llegada del niño al que poco a poco había ido preparándole su habitación. Compró tantas cosas que uno de los empleados tuvo que ayudarla a llevar los paquetes hasta su auto.
-Con todo el respeto, es usted una joven muy hermosa. Madre e hija muy guapas.
Le dijo el joven que la ayudó acomodar los paquetes luego que Candy le diera una muy generosa propina.
-Muchas gracias, usted fue muy amable.
Contestó Candy brindándole una hermosa sonrisa y cuando el muchacho se marchaba, comenzó a colocar a Amy en su asiento para irse a casa.
-Estás tan linda, mi ángel. ¿Y si en vez de ir aburrirnos a casa, visitamos a papi en su trabajo?
-Pa-pa-papi.
Balbuceó Amy con dulces risitas y Candy besó sus mejillas cariñosamente. Estaba decidido, visitaría a Terry de sorpresa. Quería que viera lo hermosa que estaba la niña.
-Buenas tardes, Beatriz.
-¡Candy! ¡Qué sorpresa! ¿Cómo estás angelito hermoso?
Beatriz, una guapa mujer de unos cuarenta años, pero bien conservada, era la secretaria de Terry y siempre sobresalía por su amabilidad.
-Estaba cerca y decidí pasar a ver a Terry. ¿Está ocupado?
-Creo que está ahora con alguien en la oficina, pero seguramente no le tomará mucho, si deseas esperarlo en la sala de arriba, la que está al lado de su oficina...
-Gracias, Beatriz. Lo esperaremos allí.
Candy se despidió de la secretaria con amabilidad y se dirigió al lugar indicado. Cuando llegó a la salita mencionada iba a sentarse a esperar, pero decidió sacarse un chocolate caliente de la máquina súper moderna que tenían ahí y notó que la puerta de la oficina de Terry estaba entre abierta y que sostenía una pequeña discusión con alguien. Candy pensó que tal vez hablaba con algún socio y no le dio importancia al asunto hasta que se percató que el otro participante era una mujer. Se quedó muy quieta para poder apreciar de quién se trataba, ya que por momentos, la voz de Terry sonaba un poco alterada.
-¿Que edad dices que tiene el niño?
-Tres años. Recién cumplidos.
-Verás... lo que me estás diciendo no es algo fácil de digerir... Me parece que será necesario realizar alguna prueba de ADN...
-¿No me crees, Terry? ¡Por Dios, míralo! Son dos gotas de agua.
-A ver, a ver... no he dicho que no te crea, pero has aparecido tres años después con un niño y a reclamar derechos... bueno... además, tengo que decírselo a Candy...
Al escuchar todo eso a Candy por poco se le cae al piso el vaso de chocolate que había sacado de la máquina. ¿Terry tenía un hijo con otra mujer?
Continuará...
¡Hola niñas lindas!
No se pueden quejar, he vuelto a publicar rápido. Espero que les haya gustado este capítulo y como siempre, cuento con sus reviews y su sincera opinión. Como sabrán, estamos en la recta final y por eso han resurgido nuevas sorpresas y estamos poco a poco atando cabos. Las he dejado en suspenso, lo sé, jajaja. Tengan calma y confíen en mí. Prometo actualizar lo más pronto que me sea posible. Además, ¿Cuándo me he tardado en actualizar? (¡No me contesten!) Jajaja.
Les deseo a todas un excelente fin de semana y que puedan ayudarme a conseguir mi meta de llegar a los 500 reviews al finalizar esta historia. Tengo dos historias más en mente, así que habrá romance pa' rato.
Bueno, princesas hermosas, esto es todo por hoy, nos leemos pronto.
Wendy
Canción de Archie y Lizette: "Demasiado amor" Noelia & Jordi
Canción de Candy y Terry: "Te amo" Noelia
