Tu mayor tentación
Por: Wendy Grandchester
Capítulo 23 Sacando concluciones
Candy estaba pasando por un momento de shock. La conversación que Terry sostenía con aquella misteriosa mujer habían colapsado sus cinco sentidos y estaba inmóbil. Unos pasitos acompañados de unos balbuceos la trajeron de vuelta. Cargó a Amy y la abrazó fuerte mientras lloraba en silencio. Ya no se escuchaban conversando y ella de pronto no sabía qué hacer. No tenía caso huir. Ella era la esposa de Terry, también tenía una hija suya y otro bebé en camino. Además, sus experiencias pasadas le habían enseñado a escuchar primero antes de actuar por impulsos que tantas lágrimas le habían costado. Ella conocía a Terry desde que tenía memoria, sabía de antemano que no fue ningún santo y que las mujeres que tuvo no fueron pocas, que tuvo una vida antes de ella, pero aún así le resultaba difícil de digerir, de aceptar. Escuchó pasos, Terry y su acompañante estaban por salir, decidió esconderse un momento en el baño, no se sentía preparada para encontrarse con Terry de súbito y mucho menos con la mujer que alegaba tener un hijo. Allí en el baño aprovechó para cambiarle el pañal a Amy y luego se lavó las manos y el rostro para volverse a retocar el maquillaje. Tomó a su hija en brazos para salir del baño aún sin saber qué hacer.
-¿Candy? ¿Qué hacen aquí, princesas?
Inevitablemente, al salir del baño, se encontró con Terry que las saludó sorprendido, pero feliz. No resistió cargar a su hija que era toda una monada con su disfraz y con mucho cariño besó a Candy en los labios y en el vientre.
-Es que... bueno, quería que vieras a Amy con su disfraz... y mostrarte unas fotos... ¿Te molesta que hayamos venido sin avisar?
-¡Por supuesto que no! Ustedes pueden venir cuando quieran. ¿Cómo está el bebé?
-¿De verdad te interesa?
Terry no supo qué contestar ante esa pregunta tan extraña y se quedó mirándola con los ojos bien abiertos, como preguntándose si había oído bien. Candy aunque intentaba mostrarse serena, no podía creer lo cínico que estaba actuando Terry. Ni señas daba de haber estado tan alterado hace unos minutos, al contrario, estaba muy tranquilo como si nada.
-Candy... ¿te sientes bien?
Le preguntó preocupado y tomando su barbilla con cariño, la miraba con dulzura, con esos ojos de los cuales ella no podía escapar de su encanto.
-Lo siento, Terry... es sólo que estoy un poco cansada, no me hagas caso.
Dicho eso, Candy le regaló una preciosa sonrisa, la mejor que pudo mostrar a pesar del infierno interior que estaba pasando por su mente. Todo había sido muy reciente y decidió que de todas formas, ese no era el momento ni el lugar adecuado para que Terry le diera todas las explicaciones que le debía. Pensó tal vez que tampoco debía ser fácil para él asimilar la noticia y que debía darle un tiempo prudente para que él se sentara y hablara con ella sobre su otro hijo o cualquier cosa que haya tenido que ver con aquella mujer.
-Cielo, no debiste irte de compras si estabas tan cansada. Además tienes que cuidar mucho a Junior. ¿Ya comieron?
Candy no sabía qué pensar, Terry se estaba mostrando tan tierno y protector como siempre y ella no podía ser inmune a esos encantos. Por un lado quería enfrentarlo y que le diera todas las explicaciones que le debía y por el otro, no estaba segura si de verdad quería escucharlas, si las soportaría. Sólo quería seguir abrazada a él y que ese momento no terminara nunca. No quería que nada más volviera a separarlos y cuando más unidos y compenetrados estaban, algo surgía.
-No, no hemos, comido...
-Entonces pediré comida y comemos los tres aquí...
-Terry... yo... de verdad estoy cansada. Mejor me voy a casa y así descanso y Amy toma su siesta.
A Terry no le cuadraban esos repentinos desplantes por parte de Candy, pero no le dio importancia y se lo achacó a su cansancio y las hormonas alocadas por el embarazo. Le dio un beso a los tres seres que más amaba, un beso que la derritió y que hizo que por un instante se olvidara de la penosa conversación que había escuchado sin querer. Llegó a su casa y se mantuvo serena por su bebé, sabía que tenía que cuidar su presión y no quería que nada afectara a su niño que tanto había deseado, uno que anhelaba que fuera una copia exacta de su amado. Sin poderlo evitar, se imaginó aquél niño del que hablaba Terry en su oficina, si tal vez era idéntico a él como había afirmado la mujer y si se parecería más a él que el niño que ella llevaba en su vientre. Decidió olvidar el asunto por un rato. Colocó a Amy en su sillita de comer luego de haberla despojado del disfraz y le calentó una de las papillas que Graciela le había dejado en un recipiente plástico. Se calentó para ella una pasta con pollo y vegetales y le echó un poco de queso derretido. No tenía mucho apetito, pero todo sea porque su bebé llegara sano. Cuando ambas terminaron de comer, dejó que la bebé reposara media hora para luego bañarla y acostarla. Cuando la pecosita al fin se durmió, ella misma decidió tomar un baño. Uno muy relajante. Llenó la tina de agua tibia y burbujas y se sumergió con los ojos cerrados, pero las únicas imagenes que llegaban a su mente era a Terry con el supuesto niño suyo y la conversación que escuchó haciendo eco constantemente. No se estaba relajando para nada. Necesitaba hablar con alguien. Alguien de confianza que la escuchara y aconsejara. Louise estaba muy lejos y además no era algo que podía soltar por teléfono así como así. Pensó en Lizette, su mejor amiga, pero ella también estaba embarazada del mismo tiempo que ella y no era justo que Candy la alterara también con sus problemas y por otro lado, eran de la misma edad, seguro tampoco tendría un buen consejo a la mano. Sólo había una persona en la que también podía confiar, que tenía más experiencia y nadie mejor que ella podía conocer sobre ese tema. Salió de la tina, se secó y vistió y tomó el teléfono.
-Buenas tardes... ¿Candy?
-Buenas tardes, Eliza...
Sin darle detalles, Candy le pidió a Eliza que fuera a su casa un rato, no le dijo para qué ni le dio indicios de estar preocupada, cuando ella llegara vería como le soltaba la información. Eliza llegó una hora después con su pequeña Alissa de un año y que caminaba perfectamente por toda la casa.
-Hola, Candy. Vine en cuanto pude. ¿Cómo está el bebé?
-Bien. Creciendo.
Contestó Candy luego de haberla saludado con un beso en la mejilla y hacerle unas cuantas gracias a la hija de ella.
-Por tu cara, veo que algo te está atormentando.
Eliza vio su preocupación aunque Candy tratara de sonreir y permanecer serena. Candy fue por Amy que había despertado y luego de darle una botellita de leche se fueron al salón de juegos para que las dos bebés jugaran mientras ellas conversaban.
-Y pues, desde entonces... yo no sé qué pensar o qué hacer...
-A ver, a ver, Candy. ¿Dices que escuchaste una conversación...? Que no fue algo preciso y que él no te ha dicho nada del asunto aún y que cuando lo viste estaba muy tranquilo...
Candy asintió y miró al piso, estaba al borde de las lágrimas y Eliza pudo sentir el dolor de ella e inevitablemente recordó aquella época infernal de infidelidad que vivió con Stear.
-Mira, Candy... Yo no sé si pueda darte un consejo que de verdad te vaya a servir, pero puedo darte mi punto de vista... al menos como veo yo la situación según lo que me has contado de la vida pasada de ustedes y la que tienen ahora. Primero, escuchaste una conversación a medias, no sabes quién es esa mujer, si se refería a que el niño era de Terry e incluso...
-Es que lo escuché mencionar una prueba de ADN. Ella comentó que eran dos gotas de agua... Entonces, él tiene dudas... le está dando el beneficio de la duda.
Respondió Candy histérica y alterada.
-¡Candy! Sabes que no puedes alterarte así, piensa en el niño. Ahora, déjame terminar.
Ella le hizo caso y Eliza, por un instinto de compación, se le acercó más y con ternura le acarició el cabello para seguir hablando.
-Volvemos al tema, niña. No se mencionó en la conversación que estaban hablando de un hijo suyo, aunque claro, todas las posibilidades apuntan a que ese era el asunto, pero... Has dicho que escuchaste que la tal mujer dijo que el niño tiene tres años... Cariño, tú empezaste con Terry hace dos años, osea, que en caso de que el dichoso niño fuera suyo, fue algo que sucedió cuando ustedes nisiquiera pensaban en tener una relación...
-Pues sí, pero... ¡Ahora yo soy su esposa! ¿Por qué tuvo que aparecer esa mujer ahora?
Otra vez Candy volvió alterarse y Eliza la volvió a regañar, le dio unos minutos para que se calmara y arregló una riña entre las dos bebés por un juguete.
-Que eres su esposa, eso no hay quien lo dude, cariño. Pero, sabes que Terry te lleva diez años de ventaja, que antes de ti, tuvo una vida, no muy estable, no muy sana y que mientras tú a penas ibas convirtiéndote en una mujercita, él ya había vivido, y según lo que me has contado, mucho. Sabes que no era una persona estable y que tuvo muchas mujeres antes de ti, no importa si no las amó a ninguna, fueron parte su pasado y su vida, de sus experencias antes de ti.
-Eso lo entiendo, pero él... él siempre dijo que no quería hijos, nunca tuvo ninguna novia oficial y siempre parecía tenerle pánico al tema de formar una familia... Él me dijo que sólo conmigo...
Esta vez ya no estaba alterada, ahora estaba llorando, tenía un dolor muy vivo en su interior, como una decepción que no podía evitar.
-Candy... el que te haya dicho eso no quiere decir que te haya mentido. Analiza bien las cosas, la tipa esa, quien quiera que sea, vino aparecer después de tres años, entonces Terry nisiquiera sabía de la existencia de ese niño y aunque haya dicho que siempre evitó embarazar a cualquier mujer... a veces los accidentes pasan... Mira, Candy, yo te recomiendo que esperes a que él hable contigo y aclare las cosas, pero, mi consejo personal, independientemente de todo, es que lo pienses bien antes de decidir cualquier locura. Aunque el niño resultara suyo, fue algo que pasó antes de lo de ustedes, piensa que esa criatura no tiene la culpa de nada y sobre todo, no seas injusta con Terry, nadie tiene la culpa de eso que ha sucedido...
-Es que... estábamos tan felices... todo estaba perfecto y ahora... tengo tanto miedo...
-El miedo a que esto vaya afectar tu matrimonio es inevitable, fue algo inesperado con lo que nadie contaba y yo te entiendo. Enterarte de algo así en tu estado es aún peor, pero... Me he dado cuenta, Candy, que Terry te ama, te cuida y te defiende de una manera irracional. Piensa en todo lo que él hace día a día por ti, por ustedes. Tú no tenías nada ni nadie y Terry se hizo cargo cien por ciento de ti y esa no era su obligación aunque se lo haya prometido a tu hermano. Y no sólo se trató de que él cumpliera con una simple promesa, te ha cuidado hasta con su propia vida, te ha dado una vida que dudo mucho que hubieras tenido de haberte quedado en aquél barrio y sola. Pero lo más importante, niña, es que Terry no se ha cansado de demostrarte cuanto te ama. Apenas tienen dos años juntos y de ser un delincuente errante que no creía en el amor ni en los lazos familiares, ya es un hombre casado, con dos hijos, que ha hecho hasta lo imposible por hacerte feliz. Lo que hace es trabajar y vivir para ti. Siempre sabes dónde se encuentra, siempre quiere estar contigo en todo tiempo. Hay mujeres, niña, que nunca saben dónde están sus maridos, que no les contestan las llamadas y que son unos patanes, él tu yo está siempre contigo, pendiente a cada detalle tuyo, te sobreprotege y te cela como si fueras el tesoro más valioso del mundo...
Las palabras de Eliza estaban llegando a lo más hondo del corazón de Candy, sobre todo porque todo lo que decía era verdad. Ella nunca había sido tan feliz en toda su vida. Y era muy cierto que Terry lo único que hacía era desvivirse por ella. Había matado por ella y estuvo a punto de hacerlo nuevamente.
-Entonces, muñeca... ¿Crees que sería justo que lo juzgaras porque haya aparecido ese niño? ¿Que termines con algo tan bonito que tienen por algo que ninguno de los dos tuvo la culpa? Además, niña linda, nisiquiera sabemos que sea su hijo y tal vez estás ahogándote en un vaso de agua. Hay un refrán que dice que lo que no fue en tu año no te hace daño.
Candy se secó las lágrimas y decidió ver las cosas desde la perspectiva de Eliza. Se tranquilizó lo más que pudo y le daría a Terry el tiempo de hablar con ella, que fuera él quien trajera el tema, no lo presionaría aunque por dentro esa incertidumbre la estuviera matando.
-¡Ay! Eliza, no te ofrecí ni un café... Discúlpame, es que...
-Tranquila, Candy. Estábamos hablando de un caso de vida o muerte. Pero ya que lo hablamos, un cafecito no me sentaría mal.
Por fin Candy se rió y Eliza se sintió bien de verla al menos más tranquila. En veinte minutos Candy volvió con una taza de café para Eliza y una de chocolate para ella, para las dos bebés llevó unas galletitas y juguitos especiales para ellas. Al menos ese momento fue alegre para ambas. Ver a las dos niñas hablando en su idioma peculiar y sentaditas en el suelo con su merienda.
-Candy, Amy para tener casi un año la encuentro un poco pequeña...
-Sí... Terry dice que es enana como yo.
-Jajajaja. No le hagas caso, cuando menos lo esperes se estira y te sorprende. Y no eres enana, querida, es que Terry está bien grande.
Eliza hizo un gesto con las manos indicando altura y ambas rieron. Conversaban de otras cosas y seguían muriendo de risa que no se dieron cuenta de que de pronto Terry estaba en el salón frente a ellas.
-¡Vaya! ¿Reunión de chicas? Me hubieran avisado y así me iba de copas con los chicos...
-Eso ni lo sueñes, bombón, yo ya me iba. Candy, ha sido un placer, gracias por todo. Adiós, Terry.
Eliza a propósito, recogió sus cosas y su hija y se despidió rápidamente y Candy se quedó pensando en lo traídora que era. Pues hace un rato estaba segura de poder quedarse tranquila y actuar con normalidad cuando llegara Terry, pero del dicho al hecho había un gran trecho.
-¿Cómo estás, mi amor? ¿Ya te sientes mejor?
Terry como de costumbre, le dio su beso y en seguida cargó a la niña. Candy le sonrió débilmente, tratando de guardar las apariencias aunque estaba a punto de reventar. Aún no podía entender cómo Terry podía permanecer tan sereno mientras ella estaba al borde de un colapso.
-Sí... ya estoy bien, es que estaba un poco cansada... ¿viste las fotos de Amy que te dejé?
-¿Que si las vi? Ya Beatriz compró tres marcos para ponerlas en mi oficina.
Respondió orgulloso y comiéndose a besos a la pequeña. A Candy le dio un vuelco el pecho, esos momentos eran tan preciosos, ella sabía que jamás podría vivir sin eso.
-Terry...
-Dime, cielo.
-No has saludado al bebé.
A Terry se le quebró el alma con eso. No sabía por qué el reclamo le sonó a tristeza y no a broma. Soltó a la niña para que siguiera jugando y fue hacia Candy.
-Lo siento, pequeño, es que la belleza de tu mami y tu hermana me distrajo. ¿Has pateado mucho a mami? ¿Sí? Espero que estés portándote bien y que te hayas encargado de espantarle a mami todos los pretendientes.
Terry estaba muy concentrado en la conversación que tenía con su hijo en la panza y no vio que Candy estaba derramando gruesas lágrimas, mezcla de tantas emociones y tantos sentimientos. Esos eran los momentos en que ella quería detener el tiempo.
-Terry... ¿De verdad lo amas mucho?
Terry alzó la vista para mirarla entonces a ella. Ahí se percató de sus lágrimas.
-Claro que lo amo, Candy. Es mi hijo. ¿Qué clase de pregunta es esa?
-Lo siento... es que... quería escucharlo.
Esas palabras salieron algo atropelladas por el llanto que ya no pudo contener más y Terry se sintió mal por haberle respondido de una manera tan brusca.
-Perdón, mi amor. No debí hablarte así. Lo siento. Es que estás actuando muy rara desde esta tarde... ¿hay algo que yo deba saber?
Terry volvió a envolverla con su ternura y se sentó en el sofá con ella en su regazo mientras le secaba el llanto y la llenaba de besos. Candy quiso decirle tantas cosas que tenía adentro, pero era algo que le correspondía a él y ella no quería presionarlo, pero tampoco podía evitar la angustia que sentía y que le costaba tanto disimular, sobre todo ante él que la conocía tanto y a quien le era tan difícil mentirle.
-Nada, mi amor. Creo que es el cansancio y el stress... tengo tantas ansias, el bebé nace dentro de poco y también está el cumpleaños de Amy...
-Entonces, tómatelo con calma, cielo. Falta un mes para el cumpleaños de la enana y tres meses para que nazca el bebé. No quiero que te vaya a subir la presión por tonterías, quiero que descanses, bastante tienes con la universidad.
Aunque Terry estaba regañándola, no había perdido el tacto ni la ternura con ella. Le quitó las sandalias y comenzó a masajearle los pies. Ella se preguntó de dónde secaba Terry tanta ternura, cómo él podía tener esa mezcla tan explosiva entre su carácter y la dulzura que siempre tenía para ella y la niña. Qué difícil era querer enojarse o decepcionarse de él. No podía. Por un impulso lo tomó del rostro y se lo besó, se quedó acariciándole el cabello que le estaba creciendo otra vez como antes y él se dejó consentir. Amy, sintiéndose excluída fue hacia ellos y exigió que la cargaran.
-Quiero que el bebé tenga tu pelo. Quiero un arrogantito igualito a ti.
-¿Con los tatuajes también?
-¡Claro que no!
Terry se rió, ahí estaba su Candy otra vez. Enojona y berrinchuda, pero sobre todo, tan inocente como siempre, eso lo volvía loco.
-Yo pensé que te gustaban mis tatuajes de chico malo...
-Y me gustan. Pero en ti, no en mi hijo.
Terry se había quitado la camisa de trabajar, quedándose en una sencilla camiseta blanca y Amy pasaba sus manitas por los tatuajes de él, los miraba con curiosidad.
-Sí, ahí dice tu nombre. La princesa de papá. ¿Te gustan los tatuajes?
-Claro que no le gustan, Terry. No empieces a emocionarla con eso desde ahora.
-Que aguafiestas eres, Pecas. Además... pronto me haré también el nombre del niño...
-¿No te conformas con que lleve tu mismo nombre? ¿Tienes que tatuártelo?
-Pero tú si eres envidiosa, Candy. ¿Verdad que mami es una envidiosa?
Dijo Terry haciéndole gracias a la niña que reía como si hubiera entendido la burla de su papá.
-¿Envidiosa? ¡bah! ¿Es que piensas tatuarte el nombre de todos los hijos que tengas?
-Sí.
Le respondió con arrogancia y con una sonrisota de pura burla porque él sabía que tal vez eso no sería posible, tenía en mente tener más niños y aunque le gustaran los tatuajes, tampoco era que quisiera cubrirse toda la piel.
-De los demás tal vez sólo me haga las iniciales. Cariño, ¿podemos comer ya?
-Eh... sí, claro. Voy a calentar la comida.
Mientras Candy calentaba la comida que Graciela había dejado preparada, Terry se encargaba de darle su comida a Amy. A Candy le daba mucho trabajo que la pecosita comiera, pero con Terry, por alguna razón, la muy sinvergüenza dejaba el plato limpio. Cuando Candy terminó de poner toda la mesa, ya Amy estaba tomándose su juguito en su vasito especial que Candy había mandado a pedir por catálogo, era personalizado, con su nombre en letras brillantes. Comenzaron a comer, en un silencio poco habitual que no pasó desapercibido para Terry.
-Candy... casi no has tocado tu comida...
-Es que no tengo hambre... creo que todavía tengo atravezado el chocolate que me tomé.
No comió más y guardó lo que había dejado. Terry ya se estaba preocupando. Hablaría con ella luego para no agobiarla más. A pesar de que Terry también estaba cansado, lavó los platos en lo que Candy bañaba a Amy y la alistaba para dormir. Una vez que estuvieron solos en la habitación, Terry trataría de averiguar qué le sucedía a Candy, porque la historia del cansancio ya no lo estaba convenciendo del todo. Quiso hablar con ella, pero la vio con una camisilla de seda y encaje y un hot pant a combinación. Aún con su barriga de seis meses, le quedaba tan lindo, pensó. La camisilla era corta, la mitad de su panza sobresalía y el hot pant le daba una vista increíble a su trasero. Con su pelo suelto, era sencillamente una combinación letal. De sólo verla, sin que ella se percatara, ya se había excitado. Ya hablarían más tarde.
-¿Sabías que eres la mami más sexy del mundo?
Le susurró Terry en el oído abrazándola por la cintura y buscando su cuello con la boca. La corriente eléctrica la volvió a invadir. Pero esa vez fue diferente, porque aunque no había nada más divino en el mundo que las caricias de él y amanecer entre sus brazos luego de hacer el amor, su mente estaba en otra parte y no podía responder bien a las muestras de afecto de él.
-Terry... Terry, ya. Yo...
-Vamos, mi amor. Estás muy linda, déjame disfrutarte, ¿sí?
Siguió besándola lenta y sensualmente, sus manos la recorrían y acariciaban sus pechos a travez de la tela de encaje de la fina camisilla. Notó cómo sus pezones se endurecieron y lo invitaban a que su boca los consintiera un rato. Ella quiso protestar, pero no fue capaz. Nunca había podido resistirse a él y dejó que la tocara y la acariciara a su antojo. Ella también lo comenzó a tocar, lo deseaba todo el tiempo. Mientras él le deboraba la boca, ella se frotaba impaciente de su erección. Él estaba en bóxer, eso permitió que ella pudiera acariciarle todo el cuerpo, su torso, el trasero firme y varonil, sus brazos. Se bajó y empezó a besarlo en la entrepierna suavemente, fue ascendiendo y besó la forma de V en que terminaba su abdomen, tan plano y formado, para luego volver a descender a su entrepierna, le quitó el bóxer y se puso acariciar su pene con sus manos y su boca. Lo escuchó gemir y ver cómo sus ojos se oscurecían y sus pupilas se dilataban. Mientras ella seguía ahí, él le sostenía la cabeza con suavidad y enredaba sus manos en la rubia melena. Le bajó los maguillos de la camisilla para ver sus pechos y tocarlos porque le parecían cada vez más irresistibles. Pero él no estaba ahí para que ella tomara el control, quería disfrutar completamente de su caramelo envuelto en esa lencería tan sexy, la levantó y la acostó en la cama.
-Ahora voy a saborearte a ti.
Desde sus pies comenzó a dejar besos y lamidas sensuales hasta llegar a sus piernas. Entre sus muslos se detuvo y con la boca le quitó el hot pant. Su lengua se introdujo en su femenidad y enseguida obtuvo un gran gemido de placer.
-Ohh... mmm...
-¿Te gusta, mi amor?
Le preguntó y sin esperar respuesta, su lengua siguió jugando allí adentro. Usó dos dedos para separar más sus labios vaginales y mientras la saboreaba y la exploraba con la boca, sus dedos también participaban, estimulándola hasta el borde la locura.
-Ohh... Terry... ¡Qué rico! Mmmm...
Él la veía retorcerse, relamerse y se le fue la calma cuando vio como ella misma se acariciaba los senos. Sin piedad alguna siguió comiéndola allí abajo y la escuchaba suplicarle que la hiciera suya ya. La levantó y se la enganchó a la cintura en cuestión de segundos para cumplir con su deseo. Ambos estaban tan calientes que no había tiempo para delicadeza ni remilgos, la penetró de una sola estocada. Entraba y salía de ella con fuerza y ambos gritaban y gemían.
-Mi amor, tú cada vez estás más rica... Ohh...
Mientras ella se movía y se saciaba a sí misma, él la apretaba fuertemente de los pechos, se los besaba y se los mordía. Ella lo estaba volviendo loco con sus gritos. Con un giro inesperado, la cambió de posición, dejándola en cuatro y volvió a penetrarla con la misma tenacidad. La agarraba fuerte de las nalgas y de vez en cuando tiraba de su cabello.
-Ahh... me encanta, mi amor... ooh...
Terry luego de un par de nalgadas, comenzó a besarle el trasero y le dio también una que otra mordida sin reducir la fuerza de sus embestidas. Le separó las nalgas para disfrutar de ver cómo su pene entraba y salía de ella. Estaba lujurioso y arrebatado, la visión de ella en esa posición, su cintura fina al quedar de espalda y su nalgas redondas y firmes, tan bien formadas lo estaban llevando al delirio. Salió de ella unos segundo y luego entró con una fuerza inesperada que la hizo correrse porque ya no pudo aguantarlo más. La expresión de ella al ser complacida hizo que él tampoco pudiera evitar la ola de placer que dejó derramar en su interior. Ella quedó acostada de lado y él se abandonó unos segundos encima de su trasero. No podían ni articular palabra, estaban asfixiados de pasión.
-Esto sí que estuvo fuera de este mundo. ¿Nos bañamos?
Preguntó él dejando un beso en una de sus nalgas y poniéndose de pie.
-Adelántate tú, yo entraré luego...
De pronto volvió al estado de ánimo anterior, apagado y extraño y él volvió a preocuparse.
-Candy... ¿Estás bien? ¿Te hice daño?
Le preguntó alarmado y revisándola. Sabía que habían estado algo salvajitos, pero no la vio quejarse, todo lo contrario, la vio gozar como nunca.
-No. Estoy bien. Báñate tú alante.
Le dijo sin nisiquiera mirarlo y él ya no quiso dejar la conversación para después. Algo le pasaba y él iba averiguarlo.
-Candy... desde esta tarde en la oficina, te he visto rara. Ya no me vengas con el cuento del cansancio, porque no te creo. Algo te pasa y quiero saber qué es.
-¿Ah quieres saber qué es? ¿De verdad no lo sabes?
Le gritó ella sentándose de golpe y él abrió los ojos como platos, no tenía idea de nada.
-No, Candy, no lo sé. No sé de qué estás hablando. ¿Serías tan amable de explicármelo?
Se lo preguntó en alta voz y cargado de ironía. Ya se había enojado también.
-¿Que yo te explique? Tú eres el que debe muchas explicaciones. No me mires con esa cara. Haz memoria... piensa. ¿No se te habrá pasado contarme algo?
Esas palabras lo dejaron intrigado. No recordó haber tenido nada pendiente o haber olvidado algo relacionado con ella. Se preguntó si tal vez sabía algo sobre la mujer que había ido a verlo, pero descartó la idea, era imposible que ella supiera algo, pensó.
-Candy... de verdad no entiendo por qué estás actuando así... Quiero pensar que de verdad es porque estás cansada. No me gusta que haya secretos entre los dos...
-¿No te gustan los secretos? ¡Qué irónico! ¿No crees?
-¡Maldita sea, Candice!
Le gritó ya exasperado por no entender nada y porque ella no estaba siendo específica. Sabía que tenía que hablarle sobre aquella mujer y el niño, pero no era el momento adecuado y además, no había forma de que ella supiera eso. Lo que fuera que le estuviera pasando no tenía que ver con eso, estaba convencido de que no era por eso, así que siguió rompiéndose la cabeza preguntándose qué podría estar pasándole.
-Lo siento, Candy. No debí hablarte así. Perdóname, es que de verdad... no sé lo que te pasa...
-¡Ya deja de hacerte el tonto! ¿Por qué no confías en mí? Está bien, voy a jugar tu juego... no tienes idea de nada, sí, como tú digas.
-¡Ya me cansé! Cuando quieras hablar claro y sin tanto misterio y rodeos... ¡Me avisas!
Terry perdió la paciencia por completo y se encerró en el baño luego de un gran portazo. Ella se quedó llorando. Estaba arrepentida. Había sido injusta con él e hizo todo lo contrario a lo que Eliza le había aconsejado. No le dio tiempo a que él se planificara y le hablara del asunto. No lo hizo por mal, sólo que el asunto la atormentaba, de pronto tener que compartir a Terry con otra familia, que él haya tenido con otra algo que ella hasta hacía unas horas había considerado sólo suyo. Aunque él no tuviera la culpa, era fuerte el desengaño. Esperaría a que saliera del baño y se disculparía. Le explicaría lo que escuchó, lo que sentía y sobre todo, lo apoyaría. Estaba decidida. Pero antes, sintió la gran necesidad de bañarse, pensó en entrar y acompañarlo, pero cuando fue a girar la perilla para entrar al baño, él que venía saliendo, abrió la puerta sorprendiéndola.
-Terry... yo... iba acompañarte al baño...
-Yo ya me bañé. Buenas noches.
Le dijo con el tono más seco e indiferente que pudo y sin mirarla. Eso le dolió a ella en el alma, pero sabía que ella misma lo había provocado. Le vio el rostro, estaba bien molesto. Dicidió darse un baño pensando que tal vez en lo que ella terminaba él estuviera ya más calmado. Por la hora que era, no era recomendable que se mojara la cabeza, pero ella deseaba estar completamente bajo la ducha y que sus lágrimas se perdieran entre el agua. Luego de asearse bien, se secó lo mejor que pudo, nisiquiera se desenredó el pelo, ya se encargaría al día siguiente, lo primordial era hablar con Terry y disculparse, decirle que ella estaba con él en todo. Eligió la primera pijama que encontró y fue hacia la cama donde estaba Terry acostado de lado, de forma que quedaría de espaldas a ella y aunque tenía los ojos cerrados, ella sabía que no estaba dormido.
-Terry... ¿podemos hablar un momento? Yo...
-No. Tú estás muy cansada y estresada. Mejor duérmete.
Le contestó sin moverse y con los ojos aún cerrados. Otro balde de agua fría para ella que sólo quería arreglar la estupidez que había hecho. Terry era orgulloso, ella lo sabía y cuando se cerraba en banda, no había nadie que lo hiciera tranzar. Aún así, ella insistiría.
-Terry, lo siento. Sé que estuve mal... y por eso quería disculparme y que habláramos de...
-Ahora no tengo ganas de hablar. Estoy muy cansado y tú también deberías descansar, buenas noches.
-¡Ya basta! Deja esa actitud tan hostil. Ya te pedí disculpas, ahora quiero que hablemos...
-¿Hablar de qué?
-¡De que lo sé todo! Sé lo del niño. Yo estuve ahí y lo escuché todo.
Ahora sí que Candy consiguió toda la atención de Terry. Se sentó de golpe y se quedó mirándola, tratando de descifrar la expresión de sus ojos.
-¿Escuchaste la conversación...?
-Sí... escuché todo. No tienes que darme explicaciones, Terry... entiendo que el pasado es el pasado... y pues hay que aceptar las responsabilidades de nuestros actos...
Terry la vio llorar y al mismo tiempo sonreir. Ahora entendió lo que le pasaba, o al menos eso pensó. La atrajo hacia sí y le dio un besito tierno en una de sus mejillas.
-Candy... ¿eso era lo que te tenía así?
Ella asintió y bajó la mirada. Él la acercó más y le indicó que se sentara sobre sus piernas.
-Yo no quería ocultarte nada princesa, sólo quería decírtelo de la manera adecuada y en el momento adecuado. Mañana mismo iba a decírtelo. Hay varias cosas que tenemos resolver antes de llegar a cualquier decisión, cielo. Confirmar la paternidad del niño es lo más importante y luego ver de qué forma nos encargaremos del asunto.
-Yo... yo estoy dispuesta a cooperar y poner de mi parte. Entiendo que esto no ha sido culpa de nadie...
-Lo sé, mi amor. Pero hablaremos de eso con calma mañana en la tarde. Ahora, vamos a dormir, que mañana tienes clases y yo tengo mucho trabajo.
-Terry... ¿puedo quedarme a dormir así contigo?
Ella ya se había acurrucado encima de él de una forma que parecía que la tenía cargada y no tuvo corazón para decirle que no. A pesar de que para él la posición sería bastante incómoda. Por ella hacía lo que fuera.
-Está bien, mi amor. Duérmete, que yo te cuido.
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A la mañana siguiente, cuando Candy despertó, ya Terry no estaba con ella, se había ido muy temprano. A ella le pareció todo muy extraño. Se levantó y al querer apagar la alarma del reloj en la mesita de noche, vio una nota para ella. Seguramente ahí estaba la razón por la cual su amor no había despertado con ella. Recordó haber dormido en sus brazos, al parecer, tan profundo que no se enteró cuando la acomodó en la cama y se marchó. Más tranquila, se puso a leer la nota.
Buenos días, Pecosa floja
Hoy me levanté más temprano porque tenía algunos asuntos que resolver, pero quiero que sepas que estaré pensando en ti en todo momento y que ya te extraño mucho. Descansa bien, no quiero que te preocupes por nada, deja que yo me encargue de todo. Cuida al bebé y dile que lo amo mucho y que espero que le guste su regalito.
Besos para Pequitas y para ti, los amo.
Terrence
Candy vio dos cajitas de terciopelo azúl cielo que también estaban sobre la mesita. Abrió una que tenía forma rectángular y en ella había una hermosa cadenita de oro con el nombre del niño y en la otra cajita pequeñita y cuadrada, un pequeño anillo también con su nombre. Era hermoso y pequeñito, diseñado para un bebé, en otra nota decía que debía ponérselo para su primer añito. Entonces Candy supo que ese anillo había sido de Terry cuando tenía esa precisa edad, recordó que hace unos años, Terry siempre lo llevaba colgado de su propia cadena. Fue un regalo de la única tía por parte de su madre que había conocido, recordó lo mucho que Terry lloró su muerte. La primera vez que lo vio llorar en toda su vida. Cuando sacó el pequeño anillo de la cajita, vio que un pequeño papel doblado estaba adentro, con unas palabras impresas. Fue a sacar el papelito, pero en ese momento escuchó llorar a Amy y fue en seguida por ella, olvidando el asunto del regalito de su hijo.
-Hola, Preciosa. ¿Hoy no amanecimos de humor?
La sacó de la cuna porque la pequeña estaba impaciente y le estaba formando tremenda perreta. Candy apresurada la pegó a su pecho para que se alimentara en lo que Graciela terminaba de hacer una avena para que desayunaran ambas. Luego del desayuno, Candy le dejó la niña a Graciela y fue a prepararse para irse a la universidad. No tenía mucho ánimo de maquillarse ni peinarse demasiado, así que eligió un jean de maternidad estilo capri, se puso unas sangalias bajitas y como ya había llegado Noviembre, el ambiente estaba más fresco, así que se puso un suéter azúl, ya que además en los salones de clase había aire acondicionado. Se soltó el pelo y se puso una banda blanca. Se despidió de Graciela y se marchó sin que la niña la viera, pues no quería que le formara otra perreta a la pobre señora cuando la viera partir. Esta vez , ella no iba tarde a la universidad como de costumbre. Iba muy relajada en el camino y al llegar a la universidad, no quería que nadie notara la angustia que llevaba. Pues a pesar de haber aclarado todo con Terry, era algo que no podía evitar. Tenía cierto temor a sentirse desplazada, aunque sonara un poco absurdo y egoísta. Llegó y antes de entrar, fue a la plazoleta donde se reunían los estudiantes cuando no tenían clases, pues Lizette le había mandado un mensaje de texto citándola allí.
-¡Candy!
Exclamó Lizette nada más verla llegar y Candy sonrió, genuinamente, olvidó por un momento sus problemas y se centró en su amiga.
-Hola. ¿Cómo están?
-Nosotras, muy bien. ¿y ustedes?
-Estamos muy bien... espera... ¿nosotras?
-¡Sí! ¡Vamos a tener una niña!
Lizette estaba más feliz que nunca y Candy se alegró por eso. Sería otra compañerita de juegos para Amy aunque muchas veces habían bromeado que si era una niña, sería la novia de Terrence Jr.
-Me alegro tanto, amiga. Verás lo hermosa que será vestirla y peinarla como una princesa todo el tiempo.
-Sí, no veo la hora en que nazca ya.
-¿Y cómo está Archie?
-¿Archie? Nos enteramos antes de ayer que era una niña y ya me compró absolutamente todo para su cuarto. ¡Todo! Él mismo lo está preparando.
Lizette hablaba con muchísima emoción y Candy recordó cómo se puso Terry cuando supo que esperaba a Amy, con el cariño que decoró él mismo su habitación y el tatuaje con su nombre que se hizo. Se preguntó si cuando naciera el niño sería igual, aunque Terry le daba tanto cariño a su vientre como lo hizo cuando esperaba a Amy y el cuarto del bebé ya estaba casi listo, él mismo lo había pintado con los personajes de Pocoyó. Candy no pudo evitar preguntarse si él sería así ahora con el otro niño. Pensó que la respuesta debió ser muy obvia, si era hijo suyo también, tendría los mismos derechos.
-¿Candy?
-Eh... ¿qué?
-Candy, parece que estás en la luna. ¿Te pasa algo?
-Ehh, no... ¿qué me decías?
-Te preguntaba... ¿si tú y Terry querían ser los padrinos de la niña?
Candy se sintió halagada con la petición. Por supuesto que aceptaría encantada.
-¡Claro que sí! Eso no se pregunta. Y estoy segura que a Terry también le encantará ser su padrino.
Se despidieron y se fueron a sus clases. Candy estuvo todo el tiempo ausente en los salones. Había olvidado incluso hacer un trabajo que le había sido asignado, ganando así su primer cero. Pero nisiquiera eso le importó. Su cerebro sólo pensaba en una sola cosa. En el asunto de Terry y el dichoso niño. No fue a la cafetería almorzar ni nada, nisiquiera se reunió un rato con sus amigos, ni se emocionó con la idea de conocer al hijo de Susana que ya había nacido. Se fue directo a casa.
-Candy... hoy llegas temprano.
Dijo Graciela un poco sorprendida, pero alegre. Más alegre estuvo Amy que casi se lanzó a sus brazos.
-Hola, pequeña. ¿Extrañaste a mami?
Le preguntó a la bebé, pero vio que no la miraba y que estaba pendiente a algo que estaba detrás de Candy, centrando en eso toda su atención.
-Pa-pá.
-Parece que todos decidieron llegar temprano hoy.
Dijo Graciela y entonces Candy se dio cuenta que Terry había llegado y que estaba justo detrás de ella. Eso era lo que estaba mirando Amy y comenzó a inquietarse en los brazos de Candy, quería que la soltara para lanzarse a los brazos de su papi.
-Buenas tardes a todas. Graciela, hoy puedes irte temprano también. Nosotros nos encargaremos de todo lo demás.
Graciela no puso objeción. Aceptó la paga por esa semana y despidiéndose se fue. Terry le dio un beso a Candy, ella correspondió y le sonrió a pesar de que aún se sentía un poco triste.
-¿Te gustó el regalo del bebé?
-Sí. Está precioso. Estoy segura que a él le encantará.
-Candy... ¿te sientes bien?
-Sí, estoy bien. Es sólo que todo esto es... un poco difícil para mí.
Terry le besó la frente y se quedó acariciando un ratito al bebé mientras Amy disfrutaba de la paleta que Terry le había llevado, a pesar de las protestas de Candy.
-Sí, no es fácil para nadie, tener que enterarnos de ésto ahora. Pero aclararemos todo muy pronto. Ella vendrá dentro de un rato con el niño...
-¿Ella? ¿Va a venir aquí? ¿A mi casa? ¿Por qué tiene que venir ella?
Terry se quedó mirándola con los ojos abiertos de par en par. Candy era totalmente incomprensible. ¿No habían quedado en que lo apoyaría para resolver todo? ¿Que no quería que le ocultara ni la excluyera de nada?
-¿Cómo que por qué, Candy? Porque es la madre del niño. Y pensé que lo mejor sería que nos sentáramos todos hablar...
-¿Y yo qué tengo que hablar con esa mujer? Una cosa es el niño, no tengo problemas con él. ¿Pero por qué tengo que soportarla a ella?
Ahora sí que Terry se había quedado sin idea. ¿Qué problema tendría ella que tener con esa mujer a éstas alturas?
-Candy... no te entiendo. Es obvio que ella tiene que venir, no va a dejarnos el niño así como así, además, tú la conoces...
-¿La conosco?
Candy pensó en el cinismo de Terry. Invitó a la madre de su hijo que nisiquiera sabe que sea de él a su casa y encima le restriega en la cara que a la presunta mujercita ella hasta la conoce.
-Candy... esto ya lo habíamos hablado. No sé qué problemas puedas tener tú con ella, pero este es un asunto serio, hay un niño de por medio y no puedes ponerte con esas niñerías. Además, esto te concierne bastante a ti.
-¿A mí? Yo no quiero tener nada que ver con ella. Acepto al niño por que tal vez sea hijo tuyo y porque lo tuviste antes de que estuviéramos juntos, pero a ella...
-Espera, espera... ¿Cómo dijiste? ¿Mi hijo?
-¡Sí! ¡Tu hijo! ¿O es que acaso debo decir "nuestro hijo"?
Ahora sí que Terry estaba vuelto un ocho. Se quedó pensando un rato para ver cómo salía de ese enredo.
-Candy... ¿De dónde has sacado que es hijo mío?
-¡Los escuché! ¿A caso no ibas a solicitar una prueba de paternidad?
-Sí. Pero no porque piense que es hijo mío.
Ahora era Candy la que no entendía nada. Sintió que su cabeza estaba a punto de estallar. Discutían acaloradamente. Suerte que Amy estaba muy entretenida con su dulce y sus juguetes que ni cuenta se estaba dando.
-Es el hijo de Anthony.
-¿De Anthony?
Preguntó Candy con los ojos abiertos como platos.
-Sí, Candy. La que me fue a ver a la oficina fue Maribelle, la que era novia de Anthony, ¿la recuerdas?
-Sí, pero...
-Tiene un niño de tres años y según ella es de Anthony. En ningún momento he dicho que sea hijo mío.
Entonces Candy lo entendió todo y se sintió como una tonta. Se sintió estúpida por haber desconfiado de Terry. Ahora entendía por qué él había permanecido tan sereno todo el tiempo.
-Yo lo siento, Terry. Malinterpreté todo. Perdóname...
-Ya, Candy, ya. No te preocupes. Yo debí aclararte bien el asunto, así que no fue sólo tu culpa, tranquila.
-Es que te juzgué mal, como siempre y...
-Shhh. Ya, mi amor, ya pasó. No llores, que al bebé le hace daño.
Mientras la consolaba, el timbre de la puerta sonó.
-¡Papá!
-Hola, princesa. ¿Cómo están?
-Bien...
Candy estaba aún sorprendida, no se esperaba a su padre y a parte de eso, estaba acompañado.
-Me encontré con ellos en el ascensor...
Explicó George, pues había llegado con la que fuera novia de Anthony y el niño.
-Buenas tardes, bienvenidos. Siéntense, por favor.
Rompió el hielo Terry porque Candy se había quedado petrificada. La niña salió corriendo a los brazos de su abuelo, pero Candy sólo miraba al niño. Era rubio, con los mismos ojos azúl cielo de Anthony, con unas cuantas pequitas que le daban un look adorable. Se chupaba un dedito. Era una réplica en miniatura de su hermano. Luego se fijó en Maribelle, la madre. Candy la conocía, la única novia oficial de Anthony.
-Yo... no vine a quitarles mucho tiempo. Sé que se estarán preguntando por qué vine aparecer ahora... es que... yo no me enteré que estaba embarazada hasta dos semanas después de que Anthony... Bueno... ya saben y ustedes se fueron del barrio sin dejar rastro... no tenía cómo contactarlos, jamás me iba imaginar que... habían cambiado tanto.
Dijo Maribelle llorando y mirando todo el lujo que había a su alrededor, estaba algo inquieta y temblorosa. El niño estaba jugando con Amy y sus juguetes mientras los adultos hablaban. Candy sintió una opresión en el pecho al imaginarse lo que debió haber sufrido esa mujer, enterarse que estaba embarazada y que el padre de su hijo estuviera muerto, sola y sin apoyo.
-Siento tanto que hayas pasado por todo eso, Mari... no teníamos idea.
-No te preocupes, Candy... entiendo... ni yo misma sabía que estaba embarazada. Cuando me enteré ya tenía casi tres meses. Gracias a Dios el niño llegó completamente sano. Es... muy inteligente y despierto...
George lo observaba con los ojos aguados. Recordó a su Anthony a esa edad, al hijo que por su ausencia y actos dejó descarrilar, llevándolo a la muerte.
-Hola, hermoso. ¿Cómo te llamas?
-Atony... como papá...
Contestó el pequeño a Candy con mucho orgullo, a pesar de que no conoció a su padre. Terry no supo qué decir, tenía a las dos mujeres llorando por distintas emociones e incluso el padre de Candy también lloraba. Amy entre tanto llanto tuvo que llorar también y Terry la cargó. Maribelle volvió a tomar la palabra.
-Antes que nada, quiero aclarar que no vine aquí para pedírles nada... Por el contrario... yo... quiero que sepan que amo a mi hijo, más que a mi vida, y que es todo lo que tengo. Por eso... voy hacer lo más difícil que me ha tocado en la vida, luego de la muerte de Anthony...
Ya Maribelle se bebía las lágrimas. Terry que conocía bien la situación la alentó a continuar.
-Yo necesito que se queden con el niño. Yo lo adoro, pero... no puedo ser su mamá. Al menos no por un tiempo. Hasta que me recupere...
Expresó con mucha vergüenza y entonces Candy y George comprendieron todo. La inquietud, el nerviosismo y el temblor. Las drogas. Candy había visto muy bien como era eso, vio muchos amigos del barrior perderse y morir por lo mismo. Conocería esos síntomas en cualquier parte.
-No hay ningún problema. Nos quedaremos con el niño. ¿Verdad Terry?
Se adelantó Candy, pero Terry permaneció en silencio.
-Yo sólo quiero que lo amen, que lo cuiden. Es mi tesoro, lo único que me queda de él. Esto es lo más duro para mí, no saben cuánto me ha costado esta decisión, pero quiero sólo lo mejor para mi hijo y yo sé que en estos momentos no soy lo mejor para él. Sólo les pido que lo lleven a verme de vez en cuando... y me envien sus fotos para yo saber que está bien. No sé si quieran hacerle alguna prueba al niño para que confirmen que...
-Eso no será necesario. Es idéntico a mi hijo, no hay duda. De hecho, yo quisiera hacerme cargo del niño. Es mi nieto después de todo.
Dijo George con los ojos aún aguados y Candy fue a protestar, pero Terry la detuvo.
-No te sientas mal, Candy, yo sé que tú lo cuidarías muy bien, no lo dudo. Pero... tú ya tienes una bebé y otro en camino, estás estudiando... y yo estoy solo. No tengo con quien compartir mi tiempo ni mi dinero. Creo que con este niño podría rectificar mis errores y darle todo lo que no le di a ustedes.
Ya George lloraba a lágrima viva. Le hizo mucha ilusión el niño. No lo dejaría solo. Lo tomaría como una segunda oportunidad en su vida.
-Él tiene razón, mi amor. Además, estoy muy seguro que George te lo traerá para que lo veas.
Esas palabras consolaron a Candy y porque además, su padre tenía razón.
-Bueno... ya que todo está aclarado... Maribelle, ya sabes lo que tenemos que hacer... ¿verdad?
Ella asintió, pues el niño se quedaría desde ese día con su abuelo y ella ingresaría a la institución privada que el mismo Terry le había conseguido, allí ella recibiría todos los servicios y atenciones que necesitara, además le brindaban apoyo en estudios y empleo cuando se recuperara. Ella besó y abrazó a su pequeño como nunca. Llorando, pero la decisión estaba tomada, todo lo haría por su hijo.
-Dile adiós a tía Candy, Anthony.
-Aiós, Candy... aiós Emy.
Se despidió el niño con la mano de su tía y su primita y Candy sonreía entre lágrimas. Vio a su padre y su sobrino partir. También vio a Terry marcharse para dejar a Maribelle en su nuevo hogar. Candy aprovechó el momento para asear a Amy y acostarla a tomar su siesta. Ella tenía mucho que pensar. Había sido un día intenso. Agradeció a Dios que todo se haya aclarado y sobre todo, por su sobrinito del que había quedado enamorada a primera vista, ahí tendría una viva imagen de su querido hermano. Tomó un largo baño para relajarse y en lo que salió, ya Terry estaba de vuelta.
-¡Terry!
-Hola, mi amor. ¿Ya estás bien?
-Sí. Un poco triste... quería conocer más al niño...
-Lo sé, mi amor, pero era justo que se le concediera a tu papá. No podemos ser tan egoístas.
Ella asintió y dejó que Terry la mimara. Le quitó la toalla que la cubría y se entregó por completo a su bebé. Terry amaba esa panza.
-Está creciendo rápido, Terry. Será grande como tú.
-Sí... ¿le gustará el anillo?
-Estoy segura que sí.
-¿Viste la nota que había dentro?
Entonces Candy recordó de pronto el papelito doblado en la caja del anillo. Lo había olvidado por completo.
-Sí, pero no la leí porque...
-Léela. Tal vez eso te despeje muchas dudas...
Candy lo hizo. Tomó el papelito y lo desdobló. Entonces lo supo. De haberlo leído antes tal vez no habría formado tanta confusión. Se quedó leyendo la nota una y otra vez con los ojos aguados.
Este anillo sólo lo portará mi hijo.
Continuará...
¡Hola niñas lindas!
Aquí estoy de vuelta, actualicé rápido. ¿A que no se lo esperaban? Ya las saqué del suspenso al que las había sometido. Espero que les haya gustado el capítulo, lo hice con mucho amor. Algunas sí le atinaron sobre de quién era el niño y otras sufrieron mucho, lo siento, pero todo tiene siempre una explicación, ¿cuándo las he defraudado?
En el capítulo 21, quería aclarar, por si las dudas, que Patricia no era la mujer con la que vivía Joseph. Joseph vivía con su madre y el lugar donde estaba secuestrada Candy era otra casa en una zona abandonada. Patricia conocía el lugar porque era donde se drogaba con él, lo conoció por casualidad, recuerden que estudian en la misma universidad. Más adelante sabrán qué pasó con ella. Me dejan saber su opinión con un review.
Una chica me preguntó si soy venezolana, no, amiga. Saludos desde Puerto Rico, en mi perfil está toda la información acerca de mí.
Cascada: Tu sugerencia me gustó mucho, aunque ya tengo pensado una historia de época más adelante, que aunque no es exactamente igual a la que me sugeriste, no difieren mucho, ya verás por qué.
Bueno, niñas, si alguna aún no me ha agregado a Facebook, búsquenme. Ahora aparezco así: Wendy Grandchester Fanficition. En la foto de perfil aparezco yo y en la portada una foto de Candy y Terry. Estaré gustosa de aceptarlas.
Es todo por hoy, niñas. Nos vemos pronto.
Wendy
