Tu mayor tentación
Por: Wendy Grandchester
Capítulo 29 Un amor eterno
Stella Louise Grandchester llegó al mundo al mediodía con los rayos más candentes del sol. Llegó a la hora de la comida, como decía Terry. Tuvo el honor de llevar los nombres de las dos mujeres más amadas por Candy y Terry. Los doctores dijeron que ha sido la única bebé que nació riendo. Sí, a los pocos segundos de vida ya mostraba su picardía. Como prueba de que Dios existe, la niña nació con el pelo castaño de su bizabuela y rizado como su madre. Tenía unos preciosos ojazos marrones, la carita salteada de pecas y sus mejillas adornadas con dos encantadores hoyuelos.
-Eres hermosa. ¿Lo sabías?
Stellita a sus seis meses de nacida le mostró la lengua a su papá seguida de una descarada sonrisa. Ella sin duda había llevado luz y esperanza, había cerrado el ciclo de la incertidumbre y las tragedias. Trajo más riña para sus hermanos, ambos mataban por "cuidarla".
-Pero no le hales las orejas. ¡Pobre Marley!
Candy tuvo que ir a rescatar al perro que ya no se veía para nada como un cachorro y era bastante paciente como para tolerar de buena gana las ocurrencias de los niños.
-¿Pero qué hacen jugando con ese perro? Ya vamos a comer. Vamos, lávense las manos.
-Pero abuela...
-Pero nada, señorita. ¡Vamos!
Amy a sus cuatro añitos y medio puso su carita de capricho y miró a sus padres buscando apoyo.
-Lo siento, Pequitas. Obedece.
-¡No me digas pequitas!
Amy se molestó y fue de mala gana a lavarse las manos. Candy y Terry sonrieron resignados. Estaban en la hacienda, disfrutando unas merecidas vacaciones. Todos amaban ese lugar y los niños no eran la excepción. Candy niño tenía su Pony, incluyendo Stellita para cuando pudiera montarlo.
-Mire, caballero, ¿no le mandé a lavarse las manos?
-Pero estoy jugando...
-¿Y a mí qué me importa? Vaya y haga lo que se le dice.
Un muy malhumorado Junior fue hacer lo que se le ordenó. Los berrinches de ellos eran la órden del día. Nadie podía negar de quienes eran hijos.
-¿Cómo están los niños más lindos?
-¡Abuelo Richard! ¡Abuela Louise!
Fueron corriendo hacia sus abuelos que venían cargados de chucherías para ellos.
-¿Se portaron bien?
-¡Sí!
Gritaron eufóricos pendiente a los paquetes que ellos tenían en las manos. Habían llegado con camión grande de contrucción Tonka para Terrence Jr. El niño se emocionó al ver que incluía un casco, herramientas y un chalequito naranja fosforecente.
-¡Mira, papá! Para contuir.
Y fue corriendo hacia Terry para que lo ayudara abrir su regalo. La carita de Amy valió un millón cuando vio la caja que contenía tres muñecas Lalaloopsy. Le dio un beso a su abuela y fue corriendo hacia Terry al igual que su hermano.
-Apúrate, papi, ábrelas.
-Con calma, chicos, soy uno solo.
-¡Qué bien, Richard! Dándoles juguetes a la hora de la comida. ¿Crees que van a ponerle atención ahora a la comida?
-¡Ay, por Dios! ¿Desde cuándo eres tan amargada, mamá?
E ignorando por completo las réplicas de doña Stella, Richard se acercó a Stellita que observaba todo curiosa y riendo desde el regazo de Candy.
-¿Pensaste que me olvidé de ti, princesa? Mira lo que te trajo abuelo.
Se acercó a ella con una muñequita de tela, preciosa, con las similitudes físicas de la niña y en su ropa decía "mi primera muñeca. Riéndose y haciendo gorgogitos, la pequeña agarró su muñeca y se quedaba observándola con sus curiosos ojitos marrones.
-Está todo muy bello. Pero yo muero de hambre, así que si me disculpan... voy a empezar a probar la comida que preparó Stella.
Dijo Candy y todos fueron a comer, tuvieron que lidiar con que los pequeños Grandchester, a excepción de Stellita, colocaran parte de sus juguetes en la mesa. Aceptaron con tal de que comieran.
-No sé cómo haces para que las comidas más sencillas te queden tan sabrosas. ¡Dios!
Candy estaba tan a gusto que hablaba con la boca llena. Terry le rozó el brazo con cariño y todos seguían comiendo. Regañaron a Amy por estar jugando con la comida y a Junior por haberse acabado todo el jugo mientras la comida seguía casi intacta en el plato.
-Eso es, preciosa. Tú sí sabes comer.
Stella le daba la comida a Stellita que estaba en su sillita. La señora se tomaba la molestia de licuar los alimentos para ella y había que ver el gustazo con que la niña comía.
-¡Fo! Mami, Amy se tiró un peo.
-¡Mentira!
-¡Terrence! ¿Qué comentarios son esos en la hora de la comida? Esas cosas no se dicen. Amy, ve al baño.
-Pero es mentira, mami, no me he tirado nada.
Terry y Stella estaban muertos de la risa con la escena, si esas cosas no ocurrían a la hora de la comida, simplemente no estaban en casa. Richard y Louise torcieron los ojos porque siempre era lo mismo.
-Es mejor afuera que adentro, ¿verdad, Amy?
-¡Stella! ¡Y tú que no ayudas! Te pones al nivel de ellos para enseñarles porquerías.
-Bueno... ¿Y para qué son los abuelos si no es para malcriar?
Respondió la señora y siguió dándole comida a Stellita como si nada. Siguieron comiendo en armonía a pesar de todo. Los niños, aunque traviesos, eran adorables y al final conseguían matarlos de risa con sus ocurrencias. Pasaron al postre y luego de sentarse todos en el porche a disfrutar de la tarde soleada y fresca del campo, los niños se quedaron con todos sus abuelos y Candy y Terry decidieron dar una vuelta a caballo por los alrededores.
-Estás quedándote atrás, Pecas.
Terry iba al galope y tuvo que parar unos minutos para que Candy lo alcanzara. Llegaron a uno de sus lugares favoritos, donde estaba el riachuelo, en perfecta tranquilidad.
-¡Al fin solos!
-Sí...
Dejaron los caballos tomar agua y que andaran libres por esos terrenos que conocían de sobra, ellos mismos regresaban luego de un tiempo. Hermosas criaturas inteligentes.
-Aquí fue donde realmente comenzó todo. Hay tantos recuerdos...
Comentó Terry mientras se sentaba junto al agua con Candy en su regazo. Disfrutando de su pelo haciéndole cosquillas en la cara según lo movía el viento. Y vaya que ahí habían muy buenos recuerdos. Todas las veces que riñeron y se reconciliaron. Sus arrebatos apasionados y cómo se habían hecho uno sobre la hierba tantas veces.
-Yo sólo sé, que en esta vida y en la siguiente, si es que la hay, quiero estar contigo. Quiero disfrutar de cada mañana en que tú despiertas enredada a mi cuerpo. Tus ojos desafiándome. Despertar sobre ti y observar tus brazos enlazados a mi espalda. Ver cómo vas perdiendo la inocencia día tras día.
-Yo nunca pensé que me sucedería. Fueron tantas las noches que soñé que te fijaras en mí. Que olvidaras todo y me besaras... me amaras. Desde ese beso... y antes de él, pero a partir precisamente de ese primer beso... tú me marcaste, me sellaste. Y yo no pude pensar en nadie más en años. Me pasaba la vida soñando con tus labios, con que volvieras a equivocarte y me besearas, que lo desearas tanto como yo.
Y por sus palabras, él tuvo que besarla, la giró hacia él para cumplirle ese anhelo, aunque fuera tardío. Las manos de él permanecían en su estrecha cintura y las de ella sobre su rostro. El beso era dulce y candente a la vez. Sus lenguas volaban una sobre otra, sus narices se rozaban. Ambas respiraciones y palpitaciones estaban conectadas en un solo aliento. Se podía decir tanto con un beso.
-¿Y piensas que para mí no fue ingual? Jamás después de esa noche me dejé de preguntar por qué lo había hecho, si eras sólo una niña y no me estaba permitido amarte. Amarte de la manera que yo lo haría. Yo pensaba que lo que hacía era protegerte, porque estabas tan frágil y sola, que era la ternura lo que me movía. Pero a tu lado descubrí que no era eso. Que no era protección, eran celos, era amor, pasión, deseo. Lo de no poder enamorme de ninguna chica, era porque te estaba esperando, porque aunque yo no lo supiera, mi corazón se había enamorado de ti desde el primer día y mi amor te esperó hasta que fuera el momento.
Las palabras de él la hacían soñar, como una adolescente con su primer amor. Porque esa reacción sólo podía causarla él. Porque a su lado ella podía ser ella misma, niña y mujer a la vez, dos almas en una que ella poseía y él adoraba.
-Y yo te esperé toda la vida. Porque nisiquiera pude besar otros labios, no quería que nadie borrara el sabor que me habían dejado los tuyos. Ningún chico era lo que yo quería, me las ingeniaba para encontrarles todos los defectos. Porque lo que yo quería era a ti y a ti no podía igualarte nadie. Me estuve guardando para ti todo el tiempo.
-Y es lo más precioso que me has regalado, tu virtud, tu pureza. Porque... de haber sabido que otro había probado tus labios o que había tocado tu cuerpo... ahora mismo estuviera volviéndome loco de celos. Yo te necesito mía... sólo mía.
Y sólo con eso el deseo en ambos había despertado. Sus bocas volvieron a encontrarse para decirse mediante actos los que hacía unos segundos habían confesado. Él le hechó hacia un lado los tirantes de su blusa de manguillos y sutilmente empezó repartirle besos en el cuello, bajando al pecho y más adelante a sus senos. Sus manos seguían en la cintura de ella, recorriendo su vientre y espalda mientras las de ella se introducían en su camiseta. Le gustaba acariciar el suave bello de su torso y de vez en cuando abrir los ojos para ver el azúl intenso que se pintaba en los de él cuando el deseo lo podía completamente.
-Quítate la camisa, Terry. Quiero sentirte.
Él lo hizo y ella se mordió los labios. Por qué tenía que tener un cuerpo tan pecaminoso ese hombre. Lo fue besando desde la cinturilla y cada surco de sus abdominales. Sus uñas acariciaban suave su espalda mientras su boca seguía besando su abdomen, sus pectorales y pícaramente sus dientes rozaron sus tetillas. Eso le dio un gemido a él por lo inesperado. Ella pudo sentir lo duro que estaba y se acomodó mejor para sentirlo más. Entonces no fue suficiente que ella lo besara, le quitó la blusa también y vio la gloria al ver la falta de sostén. Empezó acariciar sus pechos con una suavidad y devoción que la emocionaron. Le acarició el pelo desde la nuca, como invitándolo a que se saciara de los senos que él adoraba.
-Ahora quiero sentirte a ti, mi amor. Desnúdate.
Ella fue deshaciéndose de todo, quedando sólo con una tanguita negra que lo dejó sin aliento. Admiró ese trasero tan voluptuoso y respingado, orgullo y sobervio que se mostraba ante él. Esas curvas en ese cuerpo pequeño y frágil eran su perdición. Se liberó de la ropa que le quedaba a toda prisa y aprovechando la calidez del algua del río, se metió con ella colgada a su cintura. La envolvió en un beso y entró en ella porque sino juró que moriría.
-Ah... Terry... no sabes cuánto llevaba esperando ésto.
Él sentía que perdía el control cada vez que ella ejercía presión con sus piernas, invitándolo a llegar más hondo de lo posible. Se movía mientras el vaivén de las olas los acariciaba. La sensación de los pezones de ella endurecidos por el frío rozando su pecho. Le apretaba el trasero sin poder parar de moverse en su interior. Estaba extasiado con sus gritos y gemidos. Le encantaba lo receptiva que era ella. Cómo expresaba su deseo y las mil maneras en que sabía darle placer.
-Candy... estar dentro de ti es lo que más delicioso del mundo. Me quedaría por siempre así.
Y la embistió más fuerte al decir eso. El ritmo de los dos aumentó. El mejor refugio que Terry tenía era cuando ella lo abrigaba en su interior. Sentían que se les iba la vida con cada embiste. Ella se echó hacia atrás totalmente abandonada y se agarró los pechos mientras se corría, la expresión de su rostro sería algo que él nunca olvidaría. Y jamás podría, porque la sensación hizo que él también se corriera como nunca en ella. Posiblemente esa tarde habían concebido nuevamente.
Abrazados aún en el agua, se miraban uno al otro, se decían tantas cosas sin palabras. Él no se había retirado de ella. Todo en ellos estaba perfectamente compenetrado.
-Es así como quiero estar siempre. Tu cuerpo en el mío.
-Por siempre.
Dijeron al unísono y se fundieron en otro beso que sellaría el juramento eternamente y para siempre.
Fin
¡Hola niñas lindas!
¿Se estarán preguntando qué pasó con todos los demás personajes? Pues eso lo averiguarán en el epílogo, no sean desesperadas. Además, como ya saben, a parte del epílogo, les dejaré el primer capítulo de mi nueva historia, ambos estarán disponibles para mañana, así que sean pacientes.
No me he olvidado de ningún personaje, verán todas las sorpresas que habrán y cómo han continuado sus vidas. Felicidad es lo único que van a respirar. Bueno, gracias a todas por haberme acompañado en cada capítulo de ésta mágica aventura. Personalmente, ésta es mi historia favorita. Espero que la próxima pueda ser de su agrado ya que será un trabajo diferente, pues como escritora quiero seguir evolucionando, ya que tengo planes de publicar libros.
No les quito más su tiempo, nos vemos mañana si Dios lo permite.
Wendy
Agradecimientos:
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