Tu mayor tentación
Por: Wendy Grandchester
Epílogo
Un año después
Era un gran día para celebrar. Uno de los sueños más grandes de Candy se había hecho realidad. El poder ayudar con el futuro de tantos niños que merecían oportunidades e ingualdad en la vida. Todos estaban presentes, toda la familia que ayudó y aportó mano a mano para que aquello pudiera ser posible. Todos los amigos que contribuyeron con su granito de arena estaban ahí.
-Buenas tardes, pueblo de Orocovis. Nos complacemos en presentarles a la persona que hizo ésto posible. Con ustedes, Candice Brower de Grandchester.
Llovieron los aplausos en la carpa frente a la institución que se celebraba la inauguración del sueño más grande de Candy.
-Buenas tardes a ustedes y gracias por ser partícipes de este proyecto. Hace seis años yo me encontraba estudiando enfermería, era una profesión noble, pude haber tenido éxito de haber continuado, pero en realidad, me di cuenta que mi verdadera vocación era enseñar y abrir puertas a todo a aquél que deserara superarse y como yo, no contaba con los recursos. El amor hacia los demás no discrimina estatus social, raza o religión. Todo niño tiene derecho a la educación, a un porvenir seguro. Por eso estoy feliz de ver hecho realidad éste anhelo. Quiero agradecer primero que nada a mi esposo, mi compañero y amigo, quien trabajó conmigo mano a mano para que todo esto fuera posible. A mi suegro Richard Grandchester que estuvo conmigo al cien por ciento y a todos mis amigos que me extendieron la mano. Este sueño quiero dedicárselo a una persona que me amó y me cuidó con su vida. Que hizo de todo para mantenerme a su lado, para que tuviera comida cada día, su amor y protección la llevaré siempre conmigo. Éste triunfo es para ti, hermano, sé que me estás viendo desde el cielo. Bienvenidos a la Academia Bilingüe Anthony Brower.
Candy cortó la cinta de inauguración y los aplausos llovieron. No pudo evitar que las lágrimas afloraran. Cómo habría querido ver el rostro de su hermano en la multitud. Se preguntó si se sentiría orgulloso de lo que era, de todo lo que había logrado, de la mujer en que se había convertido.
Todos fueron abrazarla y a felicitarla, incluyendo sus pequeños, Amy de seis años, Terrence ya tenía cinco y Stellita de un año y medio ya caminaba y corría por todo el lugar manteniendo a sus abuelos en vilo.
-Felicidades, mi amor. Te lo mereces.
Terry se acercó a ella para abrazarla y dejarle un casto beso en los labios. Sus suegros y Stella también la abrazaron y felicitaron, igual que todos sus amigos. Todos fueron testigos de esa dicha.
-Nada es imposible, amiga. Tú eres una guerrera y con todo el apoyo de tu gran familia, sólo el éxito podía ser el resultado.
Esa fue Lizette que fue a felicitarla seguida de Archie. Andaban por supuesto con Lily en sus encantadores cinco años y a su cortita edad ya estaba en una academia de modelaje. Ella misma escogía su vestuario y si algo no le gustaba, no había poder humano que la hiciera ponérselo. Estaba bellísima con un trajecito de ocación púrpura una diadema del mismo color y su madre le había hecho unos preciosos elaborados rizos con la tenaza. También andaba haciendo estragos el pequeño Kenneth, el niño que deseaban, él era también blanco y de ojos color miel como su padre, una copia exacta, hasta el mismo pelo lacio de Archie, corría por ahí detrás de Stellita. Con Terry, nunca habían perdido, el desempeño de ambos los había hecho llegar a la cumbre del ámbito profesional, gozando así de solidez económica y pudieron embellecer aún más la casa que su padre les había dejado. Eran una familia feliz que se daban la mano en todo. Se habían casado finalmente seis meses después de haber nacido Kenneth. Fue una ceremonia preciosa, preparada y cortesía de Candy y Terry.
-Estoy tan feliz de que estés con nosotros, mamá. De ahora en adelante nada te faltará, serás feliz y tendrás la vida que siempre has merecido, nadie más en este mundo te hará sufrir, gracias por estar aquí.
-La que está feliz soy yo, hijo. El aire libre, la vida normal, verte feliz y con estos niños tan preciosos ha sido mucho más de lo que yo siempre soñé. Ni loca volvería al mundo del alejamiento emocional y el vacío. No mientras tenga la dicha de verlos a ustedes cada día.
Esa no era otra más que la madre de Archie. Por fin pudo abandonar la institución mental en la que tuvo que ser recluida luego de la gran depresión y tráuma por tantos maltratos físicos y psicológicos que sufrió tanto ella como Archie a manos de su padre. Por la gracia de Dios, la señora pudo estar nuevamente en sociedad y disfrutando de su hijo, un hombre exitoso y excelente padre y esposo. Su adoración por él había crecido al máximo.
-Su majestad, Candice. ¿Me concede el honor de felicitarla?
Se acercó Albert con exagerada educación haciendo una reverencia y Annie le dio un codazo.
-No seas payaso, Albert. Gracias. Este triunfo nos pertenece a todos.
Candy les sonrió y los abrazó a los dos. El matrimonio Andrew-Britter era próspero y saludable. Habían mantenido la unión y comunicación todo el tiempo. Sus cargas descansaban en la espalda del otro y habían explorado juntos la dicha de un amor sincero, sólido y verdadero. Él era un hombre trabajador y entregado por completo a su familia, su mujer y sus hijos lo eran todo, él iba al fin del mundo si ellos se lo pedían. Observaban a sus hijos jugar con los demás, los gemelos William Jr. y Williannie ya tenían cinco años, siempre estaban juntos, riñendo por todo, pero juntos al fin. El pequeño Steven de dos años, se peleaba por la atención de Stellita, a la que el hijo de Archie y Lizette no soltaba ni a sol ni a sombra.
-Son muy buenas personas, merecen ser felices. Sólo piensan en ayudar a los demás. Me siento orgulloso de trabajar con personas como ellos.
-Y yo me siento orgullosa de tener un esposo tan maravilloso y noble como tú. Te amo.
-¿Tanto como para que tengamos otro bebé?
-Ummm. No creo que tanto...
Albert bajó el rostro fingiendo una gran tristeza y decepción.
-Claro que sí, tonto. Pero ya con ese cerramos fábrica.
-¡Hecho!
Se besaron un momento que se vieron solos y sin nadie merodeando. El sí de ella lo había emocionado. Él era un hombre de familia y vaya que hacía lo posible por aumentarla.
-Felicidades, Candy. Estás preciosa, radiante como siempre.
-Gracias, Eliza. Stear, esas canitas te quedan de lujo.
Tanto ella como Eliza se echaron a reir por el comentario. Stear a sus treinta y siete años seguía siendo guapísimo, aunque ahora un par de canas fueran apareciendo, le daba un toque de madurez divino. También los modernos lentes marca Oakley. Eliza estaba siempre elegante y hermosa, su simpatía también le sumaba muchos puntos a su atractivo personal. Alissa de seis años había mantenido una amistad inquebrantable con Amy y Gregory ya tenía trece años, a esa edad, lo agobiaban tantos niños pequeños hostigándolo y se mantenía alejado con su moderno celular y sus audífonos puestos. Habían podido superar a travez de los años toda la amargura del pasado, recuperaron la confianza y la solidez, incluso, hacía a penas unos meses habían renovado sus votos. Eran felices y se compenetraban más cada día.
-¿Crees que esta vez sea un niño?
-Pues no sé, pero niña o niño, será el último. No dejaré que te salgas con la tuya otra vez.
Stear le sonrió con picardía. Ella se encontraba con cuatro meses de embarazo. Un bebé concebido en su segunda luna de miel.
-Hola, hola, felicidades. Congratulations.
-Muchas thank you, Susana. Niel, buenas tardes. No pierden tiempo ustedes dos.
-¡Ja! ¡Mira quién habla!
Susana cargaba a una bebé de cinco meses, rubia y de ojos ámbar como Neil. También por ahí se encontraban jugando Adrián de cinco años y Suzette de dos. Eran muchos niños. Si algo sabían todas estas parejas era cómo procrearse. Susana nunca había sido apegada a sus padres por haber crecido en una familia difunsional, cosa que no cambió ni con la llegada de sus nietos, pero ella era feliz junto a Neil. Ella se había hecho enfermera y tenía éxito en su trabajo, Neil ni se diga, seguía ascenciendo y progresando. Susana trabajaba porque quería, no porque tuviera la necesidad, pero Neil le había dicho que ahora que tenían tres hijos, se quedara en casa, el horario de hospital era demasiado explotador. La madre de Neil tuvo que resignarse a que Susana había ganado la batalla por el amor de Neil. Tuvo que mantenerse mansa para poder disfrutar de sus nietos, pues Neil jamás la puso a ella por encima de su esposa, así que la vieja tuvo que dar su brazo a torcer y controlar su lengua venenosa si quería compartir con su hijo y nietos.
-Me hubiera gustado que mis padres fueran así con sus nietos.
Comentó Susana con melancolía al ver lo bien que se la pasaban los hijos de Candy con sus abuelos y la adoración reflejada en los ojos de ellos.
-El que no está no hace falta, amor. Nuestros hijos son muy felices sin ellos y nosotros también.
-Tienes razón. ¿Alguna vez te he dicho lo maravilloso que eres?
-Sí, pero podrías decírmelo otra vez en la habitación, a la luz de las velas, cuando los niños estén dormidos...
-Ya sé por donde vienes...
Le contestó ella con picardía y le guiñó un ojo.
Luego de todo el protocolo, pasaron a comer y luego disfrutaron de todo lo que había disponible para los que asistieran, en especial para los niños. Pues había casa de brincos, algodón, palomitas, hamburgers y hot dogs. Los niños estaban eufóricos.
-Ven, Lily. Corre, antes de que acabe el algodón.
-Espérate, Terrence. Si corro me voy a despeinar.
Lily se acomodó nuevamente su diadema y se tocó los bucles para comprobar que estuvieran en su sitio, mientras Terrence Jr. se comenzaba a desesperar. Cuando ella terminó de inspeccionarse, de la mano fueron al puesto de algodón.
-Ya. Ven, dame la mano.
-Pero... es que ya la tengo sudada.
El niño se molestó aunque no dijo nada. Caminaban uno al lado del otro con su algodones de azúcar y Lily disgustada porque se le puso la carita pegajosa.
-Lily, vamos a la casa de brincos. Ven.
-¡No! Ella está jugando conmigo. Ven Lily.
El mismo Junior contestó por ella a Adrián, el hijo de Susana. Sin embargo la niña de verdad tenía deseo de jugar allí adentro, así que abandonó su algodón y entró con el niño a brincar. Terrence Jr. sintió que le habían destrozado el alma y se alejó llorando.
-Terrence... ¿qué te pasa, cielo?
Se le acercó Candy al pequeño hecho un mar de llanto, pero con cara de pocos amigos. Terry se unió a ellos.
-Ven, Junior, a jugar conmigo y con Adrián...
-¡No quiero! ¡Y no voy a jugar contigo!
Le gritó mini Terry a la pobre Lily que lo había hechado en falta y lo llamó. Terry y Candy vieron eso y la pequeña se puso a llorar. Terry la cargó para consolarla, después de todo, era su ahijada.
-Terrence, no le hables así a Lily. Así no se le habla a las niñas. Además, ella es tu amiguita. Pídele disculpas.
-¡No!
El niño estaba profundamente resentido y Lily no dejaba de llorar. Era una niña sensible y dulce a pesar de todo y los arranques de Junior a veces eran más de lo que su cabecita podía entender. Terry se inclinó hasta la altura del niño, quedando casi sentado y con Lily sentada en uno de sus muslos.
-Terrence, aquí están todos tus amiguitos, todos son amigos y pueden jugar todos juntos. No puedes tener a Lily para ti solito. Además, mírala, está llorando. ¿Quieres que esté triste?
Junior se quedó mirando a la niña con sus ojos aguados y la respiración ahogada. Terry la bajó de su regazo y ella fue abrazar a su inseparable amiguito. Al principio, el niño no correspondió el abrazo, pero luego cedió. El momento fue hermoso.
-Amy, déjame. ¡No quiero jugar!
-¿Pero por qué? Todos estamos jugando.
-Pues sigue jugando con ellos y a mí déjame tranquilo.
Contestó Gregory, el hijo de Eliza, malhumorado por la insistencia de la pequitas en querer jugar con él. En su cabecita de seis años no cabía la razón de por qué él ya no quería jugar con ella.
-Pero es que yo quiero jugar contigo... ven...
-Amy, te dije que no. Yo ya no soy un niño.
Y fastidiado, Gregory se alejó, perdiéndose de vista de la pecosita y no supo que la dejó toda deshecha y llorando.
-Amy... ¿por qué lloras?
-¡Déjame, Ali!
Trató con mal genio a su pelirroja amiguita, cuando la culpa había sido toda de su hermano.
-¡Amy! ¿Por qué empujas a Alissa?
Preguntó Terry llegando a ella junto con Candy porque desde lejos se escuchaba su llanto histérico.
-¿Y por qué estás llorando esta vez, princesa?
Le preguntó Terry y le pasó a Stellita a Candy para él cargar a Amy.
-Es que... Gregory... ya no quiere jugar conmigo. Nunca quiere y siempre se va y me deja sola.
El sentimiento con que hablaba la pequeña, con ese nudo en la garganta y su vocecita entrecortada conmovieron profundamente a sus padres. No pudieron evitar recordarse a sí mismos. Candy detrás de Terry y Terry viéndola como a una niña fregona en su adolescencia. Terry no sabía qué decirle a Amy, así que Candy fue la que tomó la palabra.
-Amy, muñeca. Sé que te gusta jugar con él... pero tienes que entender que Gregory ya está grande y no puede meterse a la casa de brincos o jugar con ustedes porque son muy pequeños y a él ya no le gusta jugar. ¿Por qué no te vas a jugar con los demás niños? Juega con los gemelos, te están llamando.
-¡No quiero jugar con ellos!
Gritó la niña y se abrazó más fuerte a Terry, hundió su carita en su pecho, como con ganas de seguir llorando. Sus padres sólo suspiraron. No había nada más que pudieran hacer.
-¿Quién quiere dulces?
Gritó Archie y todos los niños gritaron "yo" al unísono.
-Pues... aquí está... ¡la piñata!
Todos los niños salieron disparados a recoger dulces cuando Archie abrió la piñata de golpe, Amy olvido su desilusión y casi se lanza de los brazos de Terry para recoger dulces.
-¿Cómo no se nos ocurrió antes?
Dijo Terry suspirando aliviado y Candy sonrió.
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-Hola a todos. Mi nombre es Maribelle. Voy a darles mi testimonio de superación.
Se aclaró la garganta y suspiró hondo para tomar valor. El motivo por el cual terminó en ese infierno de las drogas siempre le causaba un gran dolor y muchos sentimientos encontrados. Pero decidió continuar. Estaba decidida a seguir adelante y no mirar más hacia atrás.
-Yo me enteré que estaba embarazada a las dos semanas de mi novio haber muerto. Nuestra vida no fue fácil y nuestras elecciones no fueron siempre las más acertadas. Fue su estilo de vida lo que lo condujo a la muerte inevitablemente. Entonces, como muchos de ustedes, yo me vi sola, sin familia, sin amigos, sin apoyo y con un bebé en camino. La depresión fue profunda y más con los meses que se iban pasando volando. Yo casi no comía, no dormía, me pasaba el día llorando. Cada segundo de mi vida extrañándolo, deseando despertar porque mi mente no quería ver la realidad y yo quería creer que todo era una pesadilla cruel. Mi hijo... llegó al mundo como un ángel... pero fue un ángel que no me pudo salvar de que yo me hundiera en mi desdicha y cayera en el vicio atroz de la heroína. Estuve a punto de perderlo muchas veces por negligencia. De perder la única luz que había en mi vida. Y aunque me aterraba pensar que tal vez perdería su custodia y no lo volvería a ver, no podía evitar seguir matándome lentamente con cada jeringa, con cada halada de polvo. Mientras yo vivía en las nubes y en mi aflicción, mi hijo pasaba hambre, carecía de ropa...de atención, de amor...
Ahí tuvo que hacer una pausa porque el llanto amenazaba con salir. Volvió a tomar valor y continuó. Quería que su testimonio impactara la vida de otros jóvenes perdidos, se había propuesto en lo que pudiera rescatar a esas almas de ese veneno mortal.
-Yo no quería hacer nada por salir del abismo, no tenía motivo ni dirección, pensé. Mi pequeño estaba pagando las consecuencias. Entonces descubrí que el único motivo que yo necesitaba estuvo a mi lado todo el tiempo. Era el único tesoro que me quedaba en la vida... no estuve dispuesta a perderlo, no a él, a mi ángel. Por él tenía que levantarme, seguir adelante y darle lo que todos los padres deben darle a sus hijos, seguridad. No es una opción, es un deber. Yo quería ver a mi hijo crecer. Que sintiera orgullo de mí, ser su madre como correspondía, pero el deseo no era suficiente. Hacía falta voluntad. Mucha voluntad para tomar una decisión tan fuerte como la que tuve que tomar para poder enderezar mis caminos. Tuve que...
Hizo otra pausa antes de que el llanto la volviera ahogar. Miró a los ojos castaños que le transmitían amor y comprensión desde su asiento y continuó.
-Tuve que dejar a mi bebé de tres años con su abuelo paterno que nisiquiera sabía que el niño existía. Separarme de mi hijo fue y sigue siendo lo más difícil que hice en la vida. Pero lo amaba tanto y quería lo mejor para él, lo amaba lo suficiente para entender que yo no podía ser jamás una madre para él si no ponía de mi parte, si no pensaba en él primero antes que en mí misma. Si no tocaba fondo y me decidía por él y no por mi autodestrucción.
Otra pausa y con un pañuelo desechable se limpió las inminentes lágrimas, sobre todo porque desde su lugar podía ver a su hijo sonriendo para ella. A sus ocho años, guapísimo, puro padre.
-Y fue así como terminé aquí. No fue fácil y no se imaginan todas las veces que estuve a punto de rendirme, pero cuando estaba a punto de tirar la toalla, venía a mi mente el motivo por el cual estaba aquí, recordaba el momento exacto en que dejé a mi hijo... y no podía simplemente regresar sin haber cumplido la promesa de ser su madre y cuidarlo hasta el resto de mi vida.
Le lanzó un beso al niño desde a distancia y él lo devolvió. Toda la audiencia tenían los ojos aguados. El testimonio era incluso grabado con fines de crear conciencia en la juventud.
-Hoy, puedo decir que todo este tiempo que estuve aquí no fue en vano. Estoy limpia, sana, saludable y en mis cinco sentidos para poder disfrutar de la vida y ver a mi hijo crecer y yo sé... yo sé que su papá desde el cielo lo ve y se pone feliz de que lo hayamos logrado. Recuperé mi vida, pude salir adelante, convertirme en una profesional para ganar mi sustento y el de mi hijo honradamente. Que sus ojitos me miren con orgullo y no con vergüenza. Pero también tuve algo grandioso, conocí el amor nuevamente. Tengo al hombre más maravilloso a mi lado, que no le importó poner el anillo en mi dedo a pesar de mi pasado. Ahora mi hijo tiene madre y padre a su lado. Eso se lo debo a Dios. Y también la dicha de ser madre por segunda vez. Así que mi bebé y yo les deseamos éxito y que sepan que sí se puede. Sólo hace falta voluntad. Dios les bendiga.
Después de la lluvia de aplausos, Maribelle corrió abrazar a su adorado Anthony que brincó de los brazos de su abuelo George. Luego le dio un beso a su esposo, quien acarició su pancita de cinco meses con devoción.
-Mami, ahora vamos por helados.
-¿Helados?
-Sí. Tom dijo que iríamos por helados.
Ella lo miró con complicidad. Él la amaba, se había quedado prendido de esos ojos cafés y ese pelo tan negro como el azabache y ondulado, le daba un aire gitano. Sus facciones eran delicadas. Seguro le daría un bebé precioso.
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-Silencio, por favor. El motivo por el cual les mandé a llamar fue porque quiero destacar con este humilde reconocimiento a la enfermera Patricia O'brien por su desempeño laboral, su esfuerzo y su corazón tan noble y afanoso haciendo la visita de cada paciente más agradable. En el buzón de sugerencias no cabía ni una nota más en elogios hacia ti, querida. Felicidades. Pero ven, aquí, niña.
La llamó el director del hospital para otorgarle el reconocimiento y ella no pudo evitar llorar de la emoción.
-Yo... eh... muchas gracias, no era necesario... todo lo he hecho con mucho amor. Nuestra vocación es ayudar a los demás. Estoy orgullosa de haber elegido esta profesión y finalmente poderla ejercer. Muchas gracias.
-Pero ésto aún no termina, no señor. Patricia es ahora la nueva enfermera a cargo, su nueva jefe.
-¿Qué? ¿Yo...?
No podía creer su suerte. A penas llevaba un año en ese hospital y ya sería jefe. Eso despertaría mucha admiración y hasta envidia.
-Claro que tú. ¿O es que hay alguna otra Patricia aquí?
Todos rieron y se acercaron para felicitar a la homenajeada, en especial alguien que sentía algo muy especial por la solitaria chica castaña de comportamiento rebelde.
-Felicidades, princesa.
El doctor se le acercó. Era algo más que un amigo, que un compañero. Ella también tuvo un ángel que la rescató. Un hombro sobre el cual lloró y unos brazos que la sostuvieron firmes cuando iba a decaer. Encontró en él el motivo de vivir y de seguir. Muy atrás habían quedado aquellos días de perdición y autodestrucción. Ahora habían miles de razones para celebrar y ser feliz. El amor lo puede todo, lo cambia todo.
-Gracias. No lo habría logrado sin tu apoyo. Y sin tu amor...
Con adoración miró los ojos verde aceituna del doctor alto y moreno, guapísimo a sus treinta años y con un futuro muy prometedor. Cada uno encontró su ayuda idónea.
-Ahora, sí me lo permiten, aprovecho que están todos aquí presentes para pedirle a ésta bella dama... ¿si desea compartir su vida conmigo eternamente...?
Patricia llegó a pensar que había muerto y la estaban recibiendo en el cielo. Los ojos enamorados y expectativos que la miraban le decían que era real. Así que su respuesta sólo podría ser una.
-Sí.
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-Terry... los voy a extrañar tanto... ¿crees que hicimos bien en dejarlos...?
-Es sólo una semana, cielo. Además, sabes que están en las mejores manos.
Desde el avión, Candy veía todo volverse pequeño. Aprovecharían ese radiante verano para una segunda luna de miel. Saldrían de Puerto Rico hacia República Dominicana. Era un viaje agradable y corto, unos cuarenta minutos nada más. Era la primera vez que Candy viajaba y a pesar de que extrañaba con locura a sus bebés, estaba emocionada como niña viendo las nubes y las casas y edificios en miniatura desde las alturas.
-Ya vamos aterrizar, preciosa. Prepárate.
Terry disfrutaba metiéndole miedo. Era algo que él no podía evitar, aunque luego ella le cobrara doble todas sus fechorías. Dos horas después al fin estuvieron registrados en el hotel Bávaro Beach de Punta Cana. Como el viaje fue relativamente corto, no se sentían exhautos y Candy estaba loca por disfrutar de todas las facilidades. Era precioso ese lugar. Su gente, tan servicial, tan atenta.
-¿Te gustó el botones?
-¿Qué?
-Ya me oíste.
-No sé de qué hablas, Terry, pero yo vine aquí a pasarla bien, así que si quieres ir ahora a romperle la cara al pobre empleado por haber sido amable con un huésped que está pagando, hazlo, y me regreso a Puerto Rico hoy mismo.
Terry se tensó. No podía evitarlo. Siete años de matrimonio y él seguía con los mismos ataques de celos de siempre. Candy se había acostumbrado a ellos, pero habían momentos en los que simplemente a él se le iba la mano.
-¿Cuándo vas a entender, Terry, que yo sólo tengo ojos para ti?
-Eso ya lo sé, pero... tengo que cuidar lo mío. Nunca se sabe cuando...
-¡Terry!
Candy lo paró en seco antes de que continuara. Terry tenía ya treinta y cinco años. Seguía tan guapo como siempre, aún le robaba el aliento porque siempre emanaba de él esa hombría, esa fuerza de carácter, dominio y seguridad propia. Esa mirada seguía tan intensa, seguía taladrándola hasta el alma. El amor hacia él sería un mal que nunca encontraría cura.
-Lo siento. Es que tú tienes que entender que eres sólo mía. Que tus ojitos, tu sonrisa, todo lo tuyo debe ser sólo para mí. ¿Cómo hago para que comprendas eso?
-Por ejemplo, puedes empezar por ésto.
Sin más ni más lo lanzó a la cama y se le sentó a horcajadas. Tenía algo en sus manos y frente a su cara lo comenzó a girar en el dedo índice. Él parpadeó varias veces cuando vio lo que era. Sí. Sus bragas. Osea que tenía una minifalda muy corta y estaba sobre él a horcajadas, sin bragas.
-Tú lo que quieres es matarme.
-Sí, pero de placer.
Le ronroneó con la voz más melosa y sensual mientras lo besaba y descaradamente se frotaba de él. Terry no supo si era por lo caliente que lo había puesto, pero juraba poder percibir su olor, el olor de la excitación.
Quiero vivir ese instante de la sin razón
cuando el amor llega y nos desnuda
quiero habitar el latido de tu seducción
sin el temor de sentir la duda
presiento que se rompen las cadenas
desatando la pasión
tus manos le dan vida a ese poema
donde no cabe la pena
porque manda el corazón
-Estás volviéndome loco. Así no será mucho lo que podré aguantar...
-No quiero que te aguantes. Te quiero dentro de mí ya.
Ella misma lo liberó de todo estorbo para ponerse en acción. Así mismo en la posición, no esperó por él y se introdujo su miembro ella misma. Estaba caliente y él también. Se comenzó a mover con agilidad.
Toco la luz cuando al fin me entrego
sobre tu piel, cuando muero por ti
quiero besar el calor del fuego
y abrazarte luego y quedarme allí
-Quítate ésto, por favor.
Ella no se hizo de rogar y se quitó la blusa y mientras él la besaba hasta causarle dolor, le desabrochó el sostén. Ella se movía sobre él sin piedad y él le deboraba la boca mientras se agarraba de sus dos pechos. Ella gemía como loca y Terry estaba a ley de nada para perder el poquito control que le quedaba.
-Terry... oh... ahhh. Mi amor, que rico... más por favor...
-¿Quieres más?
-Mm.. ahh.. Sí...
-Okay.
La acostó en la cama y le subió la falta hasta la cintura. Le alzó las piernas y se las abrió, ella las enronscó en su cintura y él arrodillado entre ellas le dio lo que ella había pedido. Sin pena ni gloria entraba y salía de ella, con fuerza, mientras más fuerza usaba, ella más gritaba, más pedía.
-Ohh... mmm... ¡Dios! ¡Qué rico!
No existía nada mejor en el mundo para ellos que su entrega total. Era como si cualquier vida anterior no hubiera existido y hubieran comenzado a vivir desde el momento en que fueron uno.
Busco el lugar donde nacen los versos de amor
sueño con él sola en tu cintura
quiero rozar con mis labios tu verso mejor
sobre tu piel nace la locura
tu boca va escribiendo lo que siento
enmudece la razón
quiero sentir eterno este momento
donde duerme el desaliento
porque manda el corazón
-Mi amor, si tú sigues gritando así yo...
-Es que...ahhh... no puedo evitarlo... es que tú... ahh... ohh...
-¿Yo qué, amor?
Sus fuertes embestidas no la dejaban articular palabra, sólo sabía que estaba perdida por él. Y él por ella, hacía rato que hacía esfuerzos sobrehumanos para no terminar antes que ella.
Toco la luz cuando al fin me entrego
sobre tu piel, cuando muero por ti
quiero besar el calor del fuego
y abrazarte luego y quedarme allí
-Tú... me provocas demasiado y yo... yo no puedo más... Mmm... ohhh... ahh...
Él se detuvo a mirarla, para no perder detalle de su expresión, de su cara lujuriosa mientras se empapaba de placer. Así observándola, le apretó fuerte los muslos para impulsarse y dejó escapar toda su escencia bañándola en su interior con todo su ser. Terminó sobre ella y con la respiración agitada.
-Eres una Diosa, Candy. ¿Lo sabías?
-¿Yo? Tú eres el que me lleva a la luna con sólo un beso.
Se quedaron mirándose uno al otro con la misma adoración de siempre. Eran dos almas gemelas destinadas a estar juntas por siempre. Porque ambas eran una.
-Candy... Ya los bebés están grandes...
-Jumm... sí, es verdad...
-¿Otro?
Fin
¡Hola niñas lindas!
Espero que este epílogo las haya dejado complacidas. Quería dejarles el capítulo de mi próximo fic junto con ésto, pero mañana no será possible, no estaré en casa durante todo el día por situaciones ajenas a mi voluntad. Les dejé el epílogo para no torturarlas con la espera hasta que pueda tener listo el capítulo del próximo fic. Para que estén pendientes, se llamará: "Entre el amor y el odio". Puede que pueda subirlo mañana, pero no se los prometo, ya que será un día bastante complicado, pero probablemente pasado mañana ya esté listo.
Ese otro fic tendrá un protagónico antagónico, es un trabajo diferente. Lo primero es que Terry odia a Candy... ¿por qué? Se irá revelando poco a poco a medida que pasen los capítulos, el fic entrelazará el pasado con el presente, flashbacks que irán revelando el por qué él la odia y por qué ella sigue a su lado a pesar de todo. Porque, por jugarretas del destino, a pesar del odio, van a vivir bajo el mismo techo y van a trabajar en el mismo sitio, la pasión que se desbordará será inevitable. Terry odia a Candy con un amor profundo, para su desgracia. Cuando toda la verdad se descubra, Terry tendrá que cruzar esa línea del odio al amor para poder perdonar y ser feliz junto a ella.
Es todo el Adelanto que les dare niñas y como siempre, contaré con su apoyo para esa nueva Aventura.
Las quiero
Wendy
Canción de Candy y Terry "Toco la luz" Noelia
