¡Hola a todos! Hoy vengo con un super capítulo, más largo que los demás, de regalo de Navidad :)
Muchas gracias a los que me dejan comentarios porqué me dan muchas ganas de continuar la historia y no dejarla colgada jejeje
MaPa-Kun, bcientoochentaydos, Shironeneko, Hikari Dragneel y Aliciadiez3. Gracias!
Bueno pues nada más, espero que os guste :)
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LA REINA
CAPÍTULO 5
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Antes de que se fueran a comer, Matt alcanzó a los piratas y les dijo que esta noche habría fiesta en palacio y que se vistieran elegantes para la ocasión.
Todos asintieron menos Luffy.
El capitán miraba hacia Nami, que no se había acercado, quedándose alejada de ellos.
Ella no quería eso para con sus amigos, pero en esos momentos, lo que menos quería era estar cerca del moreno. Y por mucho que notó la mirada de él clavada en su persona, no se volteó en ningún momento.
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- ¿Te ha gustado la comida?- preguntó Matt saliendo del restaurante.
- Estaba deliciosa. Tenemos que venir otro día- le respondió Nami.
Iban caminando cogidos de la mano, hablando entre ellos y saludando a la gente con una sonrisa.
Al principio, a los habitantes del reino no les sentó bien que la pareja del príncipe, y futuro rey, fuese una mujer sin sangre real. Pero a medida que pasó el tiempo, gracias al carácter de ella, se fue ganando a la gente. Aunque siempre hubiese sus excepciones.
- Tengo que atender unos asuntos. ¿Y tú?, ¿qué vas a hacer?
- Supongo que iré a ver como están arreglando todo y luego a escoger que vestido me pondré.
- Escoge uno espectacular. Quiero que todos se mueran de envidia.
Los dos se rieron y se dieron un abrazo, absteniéndose de besarse en medio de la calle, ya que Matt lo prefería así.
- Hasta luego, cariño. Te quiero.
- Y yo a ti…- le dijo mientras le veía alejarse, perdiéndolo de vista entre la gente.
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- ¡Venga, tírate Usopp!- gritó Chopper, que estaba dentro de la piscina de palacio, con un flotador amarillo.
- El fuerte y valiente capitán Usopp se dispone a saltar- caminó hacia atrás cogiendo carrerilla y cuando estuvo listo empezó a correr, tirándose en bomba al agua.
Zoro dormía apoyado en la pared a la sombra hasta que abrió su único ojo al oír el ruido que hacían esos dos.
- Oye- dijo Usopp cuando sacó la cabeza y dejó de reírse- ¿Dónde están los demás?
- Robin y Vivi han ido de tiendas a comprarse algo para ponerse esta noche- respondió Zoro.
- Sanji está con unas chicas que ha conocido en la taberna- continuó Chopper- y Franky y Brook, no sé, por ahí, supongo.
- A Brook le ví yendo a la sala donde están preparando todo. Alomejor quiere tocar algo en la fiesta- opinó Usopp, dirigiendo la mirada hacia Luffy.
El capitán estaba estirado en una de las tumbonas, tomando el sol. Con el torso al descubierto, el sombrero tapándole la cara y las manos debajo de la cabeza.
Los tres le miraron en silencio durante un rato y compartieron una mirada entre ellos.
- Luffy- el tirador fue el primero en hablar- ¿Quieres que demos una vuelta por la ciudad?
- No me apetece, me quedaré aquí. Ir vosotros si queréis.
Zoro le miró y negó con la cabeza hacia Chopper al verle que abría la boca para hablar. Usopp no hizo caso y continuó.
- ¿Qué te pasa? Cuéntanoslo.
- No me pasa nada.
- ¡Venga ya! Se te nota muchísimo. A nosotros no nos puedes engañar por mucho que sonrieras cuando estábamos jugando esta mañana.
- Usopp… - le llamó la atención el espadachín, ya que él no era de los que indagaban en la vida personal de nadie.
- Creo que ya sabéis que me ocurre.
- Es por Nami, ¿verdad?- preguntó el médico.
No respondió. Siguió allí estirado con el sombrero cubriéndole, sin dejar a los demás verle el rostro.
Zoro se levantó del suelo y se colocó las espadas. Él conocía a su capitán y sabía que lo mejor era dejarle solo.
- Vamos a beber algo.
Los otros dos entendieron lo que de verdad quiso decir y salieron del agua. Se secaron con unas toallas y se vistieron.
- Estaremos por ahí. Vente cuando quieras- acabó de decir Zoro antes de desaparecer por la terraza.
- Gracias Zoro- pensó mientras oía como los otros dos también se marchaban- gracias chicos.
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Nami entró por una de las puertas traseras, ya que por delante era imposible. Los sirvientes estaban decorando la entrada con alfombras y luces.
Cuando el rey organizaba algo, lo hacía siempre a lo grande.
Le acompañó un guardia hacia la entrada.
- Gracias - le agradeció con una sonrisa.
Éste inclinó un poco la cabeza y se marchó. Pasó dentro, a la terraza, comprobando que no había casi nadie en ese lugar, por no decir que no se encontró ni un alma.
Miró hacia la piscina y sonrió de lado. Si no fuera la novia del príncipe y cualquiera podría verla, se daría un baño desnuda.
Se rió de imaginárselo. Sería un buen cotilleo para la gente.
Siguió caminando por la terraza hasta que se paró en seco, al reconocer al instante a cierto persona por el característico sombrero.
Se escondió detrás de una pared pero continuó mirándole. Le pareció que estaba dormido, ya que el único movimiento que percibía era el subir y bajar del pecho al respirar.
Desde donde estaba, solamente podía verlo de perfil y no apreciaba bien su cuerpo. Aunque eso no hizo que dejara de mirarlo.
El sol brillaba en su piel morena.
Finalmente, se decidió.
Salió de donde estaba escondida y caminó decidida hacia él, subiéndose a horcajadas encima de su cadera.
Luffy al notar el peso se apartó el sombrero rápidamente y la miró sorprendido.
- Nami, ¿qué haces?
- No lo sé. Mi cuerpo se ha movido solo.
El moreno se incorporó, quedando sentado debajo de ella y con sus rostros muy cerca.
- Entonces debería agradecerle a tu cuerpo que ahora estés aquí conmigo- soltó el sombrero y envolvió la cintura con sus brazos.
Nami acortó la distancia que les separaba y le pasó la punta de la lengua por el labio inferior- Agradéceselo bien…
Luffy jadeó ya que la pelinaranja empezó a mover la cadera, restregándose con él. No aguantó más y cogiéndola a pulso cambió de postura, siendo él quien estuviera encima.
- No te arrepentirás…- llevó una mano hacia la entrepierna de la chica, notando su humedad a través de la ropa interior- Vuelvo a tenerte para mí. Sólo para mí.
Le pasó los brazos por el cuello, disfrutando de esa caricia- Házmelo aquí mismo, Luffy…
- ¿Y si viene alguien?
- Me da igual.
El moreno sonrió de lado y la besó ansioso, apretándose contra ella.
La joven sacudió la cabeza quitándose esas imágenes de la mente y miró hacia Luffy que seguía allí estirado sin que, ahora, el sol le diese directo.
Que fácil sería hacer lo que su imaginación creaba. Que sólo existieran sus cuerpos, sólo ellos dos y nadie más.
Pero ella no podía hacer eso.
Cuando se dispuso a marcharse de ahí, vio como Hancock aparecía con una bandeja y se acercaba al pirata. Observó que la morena le decía algo pero desde donde estaba no era capaz de oír que le decía.
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- Por fin te encuentro, Luffy- le dijo Hancock cuando se acercó- Oh, está dormido…
- Estoy despierto- se quitó el sombrero y se sentó. Dirigió su mirada hacia la chica- ¿Para qué me buscabas?
- Han hecho galletas y te traía unas pocas- sonrió y movió la bandeja.
Dejó el sombrero en la tumbona y se levantó. Cogió una galleta y se la llevó a la boca.
- ¿Te gustan?
- Están riquísimas- le respondió sinceramente mientras continuaba comiendo.
Hancock le observó la herida del pecho. Sin pensarlo acercó una mano para acariciarla. Él la dejó.
- Ya no te duele, ¿verdad?
- No, ya no. Ahora es sólo una cicatriz.
- Una gran cicatriz, diría yo- regresó la mano a la bandeja vacía.
Él la miró a los ojos- Me recuerda que tengo que ser más fuerte.
- ¿Más? Eres el Rey de los piratas- bromeó dando un paso hacia él.
Éste sonrió y le siguió la broma - Tienes razón. Soy el más fuerte.
Los dos se rieron y, en un momento, Hancock, le pasó una mano por la nuca y le besó.
Luffy abrió los ojos sorprendido y cuando su mente reaccionó se separó de ella.
- Lo siento, yo… no sé… por qué yo…- intentó decir algo, ruborizada y nerviosa.
- Vale, tranquila, no pasa nada- levantó las manos y negó con la cabeza para intentar tranquilizarla, sin entender a que había venido ese beso.
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Nami observaba como Luffy comía algo de la bandeja cuando vió que Hancock le acariciaba el pecho.
- ¿Qué hace acariciándole?- se preguntó- ¿Y por qué él la deja?
Arrugó la frente viendo como reían y se mordió el labio. Sin embargo, al rato abrió los ojos sorprendida al verla besarlo.
- ¿Qué…- apretó los puños y sintió como su corazón se encogía, recorriéndole por todo el cuerpo una sensación desagradable.
Un sentimiento que hizo que su cuerpo se moviera solo y se acercara a esos dos, ahora separados. Una ruborizada y él otro con las manos en alto y negando con la cabeza.
- ¡Hancock! Aquí estabas- dijo lo primero que se le ocurrió. Luffy y la sirvienta dirigieron la mirada hacia ella- te necesitan para ayudar con los preparativos, ves hacia allí.
La morena parpadeó aterrada. Se preguntó internamente que habría pasado si la pelinaranja hubiese venido unos momentos antes.
El capitán se metió las manos en los bolsillos, serio y no pudo contenerse de mirar a Nami de arriba a abajo.
- De acuerdo, ahora voy- miró hacia Luffy por última vez de reojo y al darse la vuelta para marcharse, éste le habló.
- No te preocupes, haremos como si nada, ¿vale?
Ella asintió y se marchó, dejando a los dos solos.
Nami lo miró.
- Lamento si os he interrum…
- Llevas todo el rato ahí parada.
La pelinaranja se calló. Tenía razón, había estado ahí parada, mirando. Sin ni siquiera pensar que Luffy sería capaz de sentirla. Que estúpida.
- He estado parada porqué leía una cosa que me habían dado- volvió a mentir. Dirigió su mirada hacia la gran cicatriz del pecho. Se la había visto cuando estaba jugando, pero no era lo mismo verla de cerca.
Quiso hacer lo mismo que Hancock, acariciarla.
El moreno miró sus manos.
- ¿Y dónde está lo que estabas leyendo?
- Lo he tirado antes -le soltó rápidamente y dio media vuelta para marcharse de ahí. Esa mentira no tenía ni pies ni cabeza.
- ¡Nami espera!- la llamó viendo como ella, después de un rato, se giraba.
Sin embargo, no le miró a los ojos. Se quedó mirando al agua que ondulaba suavemente por el viento.
- Lo siento- le dijo serio- Siento lo de ayer. No cuando estuvimos juntos, sino lo que te dije al final. No tendría que haberte dicho eso.
- Pero lo dijiste.
Luffy volteó la cabeza hacia la izquierda y cogió aire. Decidió volver a ser sincero.
- No pude contener los celos y la rabia que sentí.
Nami abrió los ojos sorprendida. No se había esperado esa respuesta. El capitán era directo y eso le molestaba.
¿No podía simplemente dejarlo correr? Lo que ocurrió en el Sunny no tuvo que haber pasado jamás.
Lo que más le torturaba era saber y afirmarse a sí misma, que ella acababa de hacer exactamente lo mismo.
Movida por unos celos irrefrenables y una rabia contenida, había alejado a Hancock con cualquier excusa.
Y él se había dado cuenta.
Quizá el antiguo Luffy no se hubiera percatado. Pero éste sí. Ella estaba segura por la forma en que la miraba. Al decirle que sabía que había estado ahí parada, sólo le faltó decir: que casualidad, que sales cuando ella me besa.
Tenía que alejarse.
- Arréglate, que más tarde llegarán los invitados.
Nami volvió a dar media vuelta.
- ¿Vas a hacer como si ayer no hubiera pasado nada?
-No pasó nada- dijo mientras se alejaba.
Luffy corrió hacia ella y se puso delante.
-Sí que pasó, no te mientas. Y sabes tan bien como yo que si no hubiera llegado Matt, eso no habría acabado ahí.
Ella frunció el ceño y le dio un empujón para apartarlo.
- En tus sueños, capitán.
- ¡Nami!- exclamó, conteniéndose para no gritar demasiado.
- ¡Luffy! ¿Acaso no hiciste tú lo mismo?- le preguntó harta. Éste se enderezó quedándose serio y callado. Oyendo lo que decía.- Estuvimos juntos, luego hiciste como si nada y te fuiste…- continuó, notando un picor en los ojos- Tres añ…- se le fue la voz.
Se giró para que no la viese y caminó por donde había estado antes el moreno. Sentándose en el mismo sitio.
¿Por qué sentía este apretamiento en el pecho? ¿Y estas horribles ganas de llorar?
Él se sintió culpable. Si bien es verdad que había pensado en ella todo ese tiempo, nunca hizo nada para que lo supiese, no pudo. Ni hablaron del tema aquella vez.
Algo cambió dentro de él y se dio cuenta de lo que había estado haciendo.
Exigiendo a Nami.
Ella tenía razón. Era un completo egoísta.
Se acercó y se sentó en el suelo con las piernas cruzadas delante de ella, muy cerca.
- ¿Cómo te iba a decir algo si ni yo sabía lo que sentía? Era un crío, Nami- vio como ella levantaba la cabeza, dejándole ver el dolor en sus ojos.- No sabes cuantas veces me he dicho a mí mismo que tenía que haberte dicho algo. 'Espérame' 'Espera por mí'. Y aún así me hubiera sentido fatal por hacerte esperar tanto sin saber si yo volvería con vida.
La pelinaranja notó como una pequeña lágrima se escapaba y recorría su mejilla.
Volteó el rostro hacia donde descansaba el sombrero de paja. Lo cogió mientras notaba la calidez de la mano del moreno al hacer desaparecer con el pulgar otra lágrima solitaria.
-Te quiero…- le susurró Luffy.
Ella cerró los ojos y agachó la cabeza, haciendo que el pelo la cubriese como un velo.
El moreno se levantó del suelo y se sentó a su lado. Con la mano hizo que levantara y girara suavemente la cabeza hacia él.
- Perdóname Nami, por no haberme dado cuenta antes.
- ¿Me quieres?- le preguntó abriendo los ojos, viendo como él asentía sin apartar la mirada- ¿O quieres a la otra Nami? Ya no soy la misma. ¿Cómo puedes decir eso tan a la ligera?
- Yo no digo nada que no sienta de verdad. No sé mentir. Y para mí sigues siendo la misma. Sigo percibiendo lo mismo cuando estoy contigo. La misma sensación- esbozó una pequeña sonrisa. Le acarició el cabello y se lo echó hacia atrás despejando el cuello- Sigues oliendo a mandarinas.
La joven suspiró. Que fácil sería dejarse llevar por las emociones que la abrazaban.
Con Luffy siempre era igual.
Calidez.
'Te quiero'…había sonado tan bien con su voz. Como si nadie más le hubiera dicho eso alguna vez.
Vio como el moreno se acercaba a ella, pero no se movió. Dejó que la besara tranquilamente. Como si el tiempo se hubiera detenido o existiera sólo para ellos.
Era capaz de sentir todo lo que Luffy le transmitía.
Se separó apenas unos centímetros y puso sus dedos encima de los labios de él.
- No me beses más…- susurró.
Luffy sonrió de lado- ¿Por qué?- le cogió la mano y moviéndola, hizo que le acariciara el labio inferior- Si por mi fuera, estaría besándote a cada rato.
Ella no pudo evitar reírse- ¿Me prefieres más a mi que a la carne?
Éste paró en seco lo que estaba haciendo y arrugó la frente colocando el dedo índice en el centro- Aisshh…no sé, difícil decisión.
Se volvió a reír.
Sin embargo, cuando miró hacia el frente se dio cuenta de que estaban ahí en medio y cualquiera podría haberlos visto. Le empezó a entrar pánico.
- Tranquila- le dijo- he estado atento todo el rato y no ha pasado nadie cerca. A mí me da igual pero sé que a ti no.
En un segundo el pánico desapareció. Luffy había entendido que le pasaba sin necesidad de decirle nada y la había tranquilizado.
Lo miró a los ojos, perdiéndose, de nuevo, en ellos.
Agarró el sombrero que aún tenía en su regazo y se lo puso en la cabeza.
- Ha madurado usted mucho, Rey - le elogió esbozando una sonrisa sincera.
Luffy se rió como siempre lo hacía. Con esa sonrisa que le abarcaba todo el rostro. Le pareció, al verle, que volvía a ser aquel muchacho de la foto de recompensas.
Cuando dejó de reír, compartió una breve mirada con ella y se volvió a acercar para besarla.
Sí… que fácil es dejarse llevar…
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Todos los sirvientes de palacio estaban arreglando y preparando la gran sala de baile. El lugar era, simplemente, hermoso. No había otra palabra para describirlo.
Con lámparas de araña hechas de cristal y bañadas en oro colgadas en fila en medio del alto techo blanco.
Los cuadros con marcos de plata decoraban las paredes de color vino y en el suelo de mármol blanco se reflejaban las luces.
Se escuchaba el sonido del piano que tocaba Brook.
Hancock estaba en la cocina dando brillo a la plata. Cuando llegó preguntando donde la necesitaban, en seguida le dieron algo que hacer.
Pasado el tiempo, apareció Matt.
- Señorito, no debería estar aquí- le dijo una cocinera de unos 50 años.
- Me iré enseguida- miró alrededor- Buscaba a alguien- vió a la morena mirándole- ¿Puedes salir un momento?
-Claro- le respondió la joven dejando el trapo y el cubierto encima de la mesa.
El príncipe salió primero y la cocinera paró a la chica.
-¿Qué quiere de ti, pequeña?
- No lo sé- negó con la cabeza y alzó los hombros antes de salir por donde él lo había hecho.
Lo encontró en el pasillo más alejado de la cocina, mirando por una de las ventanas.
- Príncipe- le llamó acercándose- ¿Por qué me buscaba? ¿Qué desea?
- No hace falta que me hables así Hancock. Aquí no hay nadie.
Ella miró alrededor y al comprobar que era cierto que no había nadie, volvió la vista al chico.
- ¿Qué quieres Matt?
- ¿Tienes listo lo que te pedí?
- Tengo dos ya preparados, me falta uno.
- ¿Tienen que ser tres?
- Es un veneno sutil, pero con tres pequeñas cantidades suministradas en tres días distintos hará que su cuerpo sea incapaz de moverse. No podrá ni hablar.
- ¿Y él no notará que está siendo envenenado?
- No. Ni él ni nadie. No tiene sabor ni olor y actúa lentamente. Ni Chopper se dará cuenta.
- De acuerdo. Hoy en la fiesta harás que se tome el primero.
Ella asintió seriamente. Matt dio unos pasos hacia la morena, colocándose delante. Le cogió el rostro con las manos.
- ¿Te he dicho ya que eres la mejor?
- Unas cuantas veces. Sobretodo en la cama.
Él sonrió y la besó, separándose después de unos segundos. Dio media vuelta y empezó a alejarse.
- Ah, me olvidaba- se giró viéndola parada en el mismo lugar- ¿Sabes dónde está Nami?
- La última vez que la ví estaba en la piscina.
- Vale, graci…
- Con Luffy.
Él se calló de golpe. Volvió a girarse, esta vez serio, y se alejó.
Cuando vio desaparecer a Matt al doblar una esquina, levantó la mano derecha y con el dorso, se limpió los labios.
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Matt caminaba por los pasillos apretando los dientes.
'La última vez que la ví estaba en la piscina… con Luffy'
Finalmente llegó a la piscina. Pero el lugar estaba vacío. No había nadie. Ni rastro de esos dos o de alguna otra persona por ahí.
¿Dónde estarían? ¿Juntos o cada uno en sitios diferentes?
Respiro hondo todo el aire que sus pulmones le dejaron y lo soltó de golpe, intentando tranquilizarse.
Sin embargo, no lo consiguió completamente. Las dudas siguieron dando vueltas en su cabeza.
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En cuanto cerraron la puerta, no se separaron. Donde acababa la piel de Luffy empezaba la de Nami.
Ese segundo beso en la piscina empezó suave, pero fue subiendo de intensidad a cada segundo que sus labios se rozaban y sus lenguas se reconocían.
El aire les faltó y al separarse se miraron con un deseo palpable con todos los sentidos.
Sin intercambiar palabras, Nami se levantó y empezó a caminar, sabiendo que Luffy la seguía a una cierta distancia. Intentaban no ser vistos por nadie. Con todo el ajetreo que había, ningún empleado reparó en ellos. Estaban pendientes de hacer bien su trabajo y, sobretodo, rápido.
La joven lo guiaba hacia una de las tantas habitaciones vacías. Sentía la mirada del moreno desde lejos. Podía hasta escuchar sus pensamientos, porque ella sabía que eran los mismos que los suyos.
Sólo deseaba llegar a la habitación y que la tocara por donde quisiera.
Y ahí estaban ahora.
Encerrados en aquel cuarto.
Luffy le subió el vestido, quitándoselo y tirándolo al suelo. Ella le desabrochó el chaleco y el pantalón y éstos, con la ayuda del moreno, enseguida desaparecieron de su cuerpo.
Volvieron a juntarse y él la alzó como lo hizo la otra noche.
- Si ahora… viene alguien a interrumpirnos… no respondo de mí- le susurró en el cuello mientras se lo besaba.
Nami esbozó una pequeña sonrisa y se mordió el labio inferior. Le acarició los hombros, los brazos, la espalda… excitándose de ver y sentir lo fuerte que se había puesto. Le encantaba la forma en que la apretaba contra él.
- ¿Y qué harías?- le quitó el sombrero que colgaba hacia atrás y lo dejó caer al suelo. Le miró con los ojos entrecerrados y alzó una ceja- ¿Destrozarías todo el palacio?
Luffy sonrió de lado- No me tientes.
Caminó hacia la cama y la soltó suavemente en el centro. La contempló ahí estirada con el cabello esparcido por la almohada y con la mirada turbada.
Con los labios húmedos e hinchados, con la ropa interior blanca de encaje y con el pecho subiendo y bajando con la respiración.
Se maravilló de la mujer que tenía delante. La deseaba como si fuera agua y él estuviera sediento. Su miembro le dolía de las ganas que tenía de entrar en ella desesperadamente y no volver a salir nunca más.
La mirada de Luffy la estaba quemando viva.
- ¿Quiere que me desnude para usted, mi rey? -le preguntó mientras se incorporaba un poco para desabrocharse el sujetador.
El moreno miró sus pechos desnudos e inconscientemente se pasó la lengua por los labios.
Se puso encima de ella, entre sus piernas y le lamió los pezones, endureciéndoselos y haciendo jadear a la joven.
- Luffy…- gimió agarrándole el pelo.
Éste le quitó la última prenda que le quedaba y se desnudó también a si mismo.
Cuando volvió a colocarse encima, los dos gimieron al sentir sus centros juntos, piel con piel.
- No… podemos… hacer ruido- intentó hablar entre suspiros.
- La puerta está cerrada- le lamió el cuello- si alguien nos oye… salimos por la ventana.
- No bromees… que lo que estamos haciendo está mal.
- ¿Está mal?- dirigió la mano a su miembro y con la punta le acarició los labios, impregnándose de su humedad. Ella apretó los dientes fuertemente para no gemir- Yo creo que está muy bien…- cerró los ojos disfrutando también.
Nami le agarró el rostro y le besó. Sus lenguas se enredaban por dentro y fuera de la boca.
Ya no había vuelta atrás. No deseaba estar en otro lugar que no fuera ahí, en la cama y desnuda, con Luffy.
Decidió olvidarse del resto del mundo y sentir todo el placer que su cuerpo fuese capaz de sentir.
- No sabes cuántas veces… he soñado...- le pasó la lengua suavemente por la oreja y le acarició el torso, la cicatriz y el vientre- con volver a estar así.
El moreno sonrió de lado y soltando su miembro, agarró uno de sus pechos, amasándolo y apretándole el pezón.
- ¿Has soñado conmigo, Nami?
Ésta le miró a los ojos, curvando un poco la espalda para ofrecerle el otro pecho- Muchas veces… Y siempre me despierto muy mojada.
El moreno cerró los ojos y jadeó al escucharla. Esto no se parecía en nada a lo que pasó en el Merry aquella vez. Aparte de lo que hablaron al principio, luego no se dijeron nada. Jadeaban y gemían, pero no hubo palabras. No sabían que decirse.
Si ahora él ya estaba excitado, estas conversaciones le ponían aún más caliente.
Empujó las caderas hacia ella, entrando un poco- ¿Quieres esto?
La joven le clavó las uñas en la espalda, sin dejarle marca, pero lo suficiente para que él lo sintiera - Sí…
Luffy siguió entrando lentamente, notando el calor y la presión en su miembro- mmm… que caliente estás.
Ella gimió contra el hombro del chico. Sentía como la iba llenando poco a poco hasta que llegó al final. Abrió la boca para coger aire al sentirse completa.
El moreno apoyó la frente en su hombro, intentando tranquilizarse- Éste es mi sitio. Dentro de ti…
Nami le buscó los labios y le besó, separándose más tarde, para volver a besarlo. Cuando quiso separarse otra vez, él agarró su rostro y no la dejó.
Se besaban sin prisas. Todo su cuerpo estaba unido como si fueran uno.
Después de un rato, se miraron a los ojos y sonrieron.
- Te tengo atrapado- le rodeó el cuerpo con las piernas.
- Atrápame todas las veces que quieras- se empezó a mover y llevó una mano a uno de los muslos para acariciarlo, llegando hasta el trasero.
Nami jadeó por el suave vaivén en su interior- Y si fuese un enemigo que quiere hacerte algo malo.
-Je, si supieras la de cosas que quiero hacerte yo- incrementó el ritmo, embistiéndola más rápido.
La pelinaranja hundió sus dedos en su cabello negro y gimió, entrecerrando la mirada- Veamos de qué eres capaz, pirata.
Luffy le pasó los brazos por la cadera y la alzó un poco- Acepto el reto- le dijo sonriendo como si estuviera por empezar una pelea.
La joven se mordió los labios para no gemir como una loca al sentir la intensidad de las embestidas. Cada vez más fuertes y más rápidas.
No pudo evitar que se le escapara un gemido cuando Luffy se incorporó, quedando de rodillas, haciendo que fuera más profundo.
- Ten cuidado con los gemidos- le avisó orgulloso de hacerla gritar. Le encantaría que todo el mundo se enterara que estaban haciendo el amor y que, en esos momentos, era completamente suya.
- Imbécil.
Iba a insultarlo otra vez, llamándole creído, pero tuvo que coger una almohada para callar sus gritos. Luffy le levantó las piernas para apoyarlas en sus hombros y se inclinó sobre ella, sujetando su propio peso con las manos a cada lado de la joven, sin parar de embestirla.
En esa postura no podía hacer otra cosa que no fuera gemir. No era capaz ni de pensar.
El moreno le quitó la almohada, ya que quería ver su rostro cuando llegara al orgasmo. Ella entendió porque se la quitaba y se tapó la boca con las manos.
Luffy aumentó la rapidez. Sabía que no iba a durar mucho.
La pelinaranja al sentir que estaba cerca del clímax, intentó abrir los ojos para verle. Vió como éste no dejaba de mirarla, con la mandíbula tensa.
Ya no pudieron retenerlo más y llegaron los dos al final.
Se miraron a los ojos, pero Luffy, enseguida se quitó de los hombros, las piernas, ahora sin fuerzas, de Nami y se acercó para besarla, silenciando los gemidos en la boca del otro.
El corazón de los dos latía violentamente mientras las vibraciones de placer recorrían todo su cuerpo.
CONTINUARÁ…
¡POR FIN! Estos dos han acabado en la cama, si se veía venir xD ¿Qué os ha parecido? Habrá más lemmons jeje aunque siempre depende de vosotros, comentarme si queréis más ^^
Este es mi regalito, espero que os haya gustado :)
¡FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO AÑO NUEVO!
Besos! :))
