¡Hola a todos! Aquí os dejo el nuevo capítulo, espero que lo disfrutéis :)
Muchas gracias a los que dejáis comentario, porque se agradece muchísimo. Os quiero!
Kurinchi, celeste32, aliciadiez3 y pato HM.
- Aclaración: Yosaku y Johnny no tienen nada que ver con Zoro y no son cazarecompensas.
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LA REINA
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CAPÍTULO 7
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La fiesta transcurría sin ningún contratiempo. Todo era perfecto. La música sonaba, algunos bailaban y otros simplemente hablaban y reían entre ellos. Los piratas se habían integrado y todos querían conocerlos y escuchar las historias que contaban.
Nami oía como Usopp contaba algo sobre un robo de sombras y zombies, o eso le pareció, porqué no podía evitar mirar por la puerta a cada rato que Matt no la miraba. Preguntándose dónde estaba Luffy y por qué no había venido.
Ella quería que estuviese ahí. Para poder verle, aunque fuese de lejos.
Sólo habían pasado unas horas y ya le echaba de menos.
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Luffy abrió la puerta de su habitación y vió a la morena sujetando una bandeja con un plato de carne y una copa de vino en las manos.
— ¿Qué quieres?— le preguntó al ver que no decía nada.
— Te he traído algo de comer por si tenías hambre— le respondió con una sonrisa en el rostro.
El moreno dudó por unos segundos. No se encontraba muy bien para intentar entablar alguna conversación decente. Pero en su carácter no estaba rechazar un plato de comida que olía estupendamente. Se apartó para que pudiera pasar y cerró la puerta.
Hancock dejó la bandeja en una pequeña mesita de noche y esperó a que el pirata se sentara en la cama. Éste lo hizo en la misma donde había estado antes, la suya, y se acercó la mesa.
Ella se sentó en una de las esquinas de la otra cama y vio como empezó a comer.
— ¿Por qué no has bajado a la fiesta?
Luffy tragó y bebió un sorbo de vino antes de hablar.
— No me encuentro muy bien.
La morena dirigió una mirada al cuerpo del capitán, sin camiseta. Se levantó y se sentó a su lado.
— ¿Tienes fiebre? — puso su mano derecha encima de su hombro, notando su calor.
Luffy la miró.
— No. Me la he quitado simplemente porque tenía calor.
La joven se quedó prendada de esa mirada. Era imposible apartarse. Además no quería hacerlo. Sin embargo, él no pensaba lo mismo y se volvió a centrar en el plato.
— ¿Y qué te ocurre? — le preguntó ella acercándose un poco más.
Luffy respiró el dulce olor que desprendía la chica. No olía a mandarinas, sino a flores. No le disgustó.
— Nada que pueda contarte — le sonrió. Agarró la copa y volvió a beber.
La morena también sonrió. Se separó un poco de él, dirigiendo su mirada hacia el suelo.
— Siento lo de antes. Lo del beso. Enserio no sé que me pasó…
— Ya te dije que lo olvidaras. No pasa nada.
Ella se quedó pensativa. Miró de reojo al chico cuando éste se acabó todo el vino de la copa.
— Sí que pasa. No debí haberte besado.
Luffy terminó de comer y apartó la mesa. Se recolocó en la cama, apoyando la espalda en el cabecero. No tenía muchas ganas de hablar, pero pensó que eso sería mejor que estar solo comiéndose la cabeza.
— ¿Tienes pareja? ¿Por eso te preocupas tanto?
— No, no. No tengo — negó con la cabeza.
— ¿Entonces?
Hancock tragó saliva y se mojó los labios.
— Es sólo que no quería hacerte sentir mal. A lo mejor tú si tienes.
El moreno echó la cabeza hacia atrás, mirando el techo.
— Decirte que no hay nadie sería mentir. Pero no es mi novia — pensó en la mujer que nunca abandonaba sus pensamientos — Ya me gustaría.
No pudo ver como la chica apretaba los dientes y fruncía el ceño. Quería preguntarle tantas cosas sobre esa persona. Sobretodo si era la que ella pensaba.
— ¿La conozco?
Luffy simplemente negó con la cabeza. Pensó que en esta isla estaba mintiendo más que en toda su vida.
— ¿Y por qué no estáis juntos?
— Por cosas — le respondió secamente y la miró — ¿No deberías estar abajo?
Ella no quería irse de su lado.
— Sí, ahora me iré. — era ahora o nunca — Lo que pasa es que también quería distraerme un poco.
Luffy observó su triste rostro.
— ¿Por qué?
— Porque ver todo el rato como están tan felices juntos me da un poco de envidia.
Él no entendía nada. Hancock levantó el rostro, le miró y continuó hablando.
— El príncipe y Nami — vio como se quedó quieto — están todo el rato abrazándose y besándose y no me gusta verlos.
El moreno dirigió la mirada hacia sus propias manos, imaginándose lo que le acababa de decir.
Sintió dolor en el pecho.
— Es lo normal — arrugó la frente y cogió aire. Esto le superaba — Se quieren y no les importa demostrarlo en público.
Hancock no perdía detalle de sus movimientos mientras continuaba hablando.
— Me gustaría tener lo que tienen ellos. Nami siempre me está contando lo mucho que le ama y que le encantaría pasar el resto de su vida con él.
— ¿Eso te dice?
— Sí.
Vio como el moreno se levantaba por el otro lado de la cama y caminaba hacia la ventana. La abrió y se apoyó en el alféizar, notando escalofríos por su cuerpo al recibir el viento fresco de la noche.
A Luffy le dolían esas palabras, pero algo dentro de él le decía que no dudase de Nami. Si le amara tanto y quisiera pasar lo que le quedaba de vida con Matt, nunca hubiera estado con él. Eso lo sabía.
Hancock lo confirmó. Esa actitud le delataba.
— Esa zorra de Nami… — pensó la morena, que ahora mismo no podía hacer otra cosa que odiarla.
Se levantó y caminó despacio hacia él, quedándose a su espalda. Observándole las pequeñas cicatrices que se dibujaban por toda su piel.
— ¿Qué te pasa con esa mujer de la que has hablado? ¿No te quiere?
Luffy cerró los ojos y suspiró. Sintió como la chica se acercaba cada vez más a él, llegando a pegarse a su espalda y pasándole los brazos por la cintura.
Lo que daría él por qué fuese Nami la que estuviese entre estas cuatro paredes. Que fuese ella la que estaba pegada a su cuerpo.
Le agarró suavemente las manos e hizo que se separara. Se volteó para mirarla.
Había algo en esta mujer que hacía que no se fiara completamente de ella. Sabía que acababa de mentirle con respecto a lo de Nami, pero desconocía el por qué.
— Gracias por haberme traído algo para comer. La verdad es que estaba hambriento.
Hancock se separó al ver que cambiaba de tema y fue a coger la bandeja de la mesita.
— De nada Luffy. Me sorprendió no verte y quise ver que te pasaba.
Sonrió por las palabras de la chica. La verdad es que no le caía mal a pesar de todo.
Caminaron hacia la puerta y el moreno la abrió, cerrándola después cuando ella salió.
Hancock se alejaba despacio, sin prisas por volver y tener que verle la cara a la pelinaranja. Ahora ya lo sabía. Estos dos no se habían olvidado y eso no le gustaba.
Luffy fue hacia el armario y vio la ropa que le habían comprado Robin y Vivi para la fiesta. No quería tener que verle la cara a Matt, pero su deseo por verla a ella era mayor que cualquier otro.
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— Eres encantadora, Nami. Y serás una magnífica reina — le dijo una de las dos señoras.
Sin darse cuenta, se había quedado sola con ellas dos y éstas no habían parado de halagarla.
— Gracias. Pero no sé si estaré a la altura — contestó sin saber realmente que decir. Ser reina era lo que menos había pensado durante estos días.
— No te subestimes — habló la otra — Si Matthew está contigo es porqué eres la mujer perfecta.
Se rieron encantadoramente las señoras y Nami hizo lo mismo para no ser descortés. Pero se estaba agobiando y necesitaba aire.
— Si me disculpan, voy a ver si encuentro a mi pareja.
— Claro, ve preciosa.
La pelinaranja sonrió y se alejó caminando tranquilamente cuando lo que quería hacer era correr. Saludaba con la cabeza a las personas con las que se cruzaba siguiendo su camino hacia el gran balcón.
Cuando llegó, se apoyó en la barandilla y respiró hondo cerrando los ojos.
'La mujer perfecta'
Ella era todo menos eso.
Abrió los ojos lentamente hacia el oscuro cielo y la luna brillante. Se quedó mirándola, intentando mantener la mente en blanco.
Pero no podía. Sólo estaba él, él y él. No había más ni menos. Sólo Luffy y todo lo que significaba.
Muchas veces durante la noche se le había pasado por la cabeza el subir a su habitación, donde los piratas habían dicho que estaba, cuando todos los presentes preguntaron por el capitán.
Pero no podía hacerlo aunque lo deseara.
— ¿Qué haces aquí sola?
Nami se volteó y vio como Vivi se acercaba.
— Estaba un poco agobiada. Todo el mundo está pendiente de mí y me pone nerviosa.
Vivi sonrió comprensiva.
— Ya me he dado cuenta. Esta fiesta parece tu presentación en sociedad.
La pelinaranja se rió.
— El rey y Matt me han presentado a tanta gente que ni siquiera recuerdo ningún nombre. Y luego lo único que hacen es halagarme… — negó ligeramente con la cabeza — cuando ni siquiera me conocen.
— Si te conocieran, seguirían diciendo lo mismo, porqué es la verdad.
Nami miraba al frente con tristeza.
— Yo no soy buena.
— Claro que lo eres — se acercó más a ella — ¿Por qué dices eso?
Agachó la cabeza. Quería desahogarse con alguien pero no podía hacerlo. Y menos ahí, con Matt cerca.
Vivi entendió y se hizo una idea de lo que le ocurría. Ellos sabían de los sentimientos de su capitán y pondrían la mano en el fuego a que había ocurrido algo entre ellos. Sino Luffy estaría en la fiesta, comiendo y bailando; y Nami no estaría así.
Seguramente empezó cuando decidieron dejarlos solos en el barco el primer día.
— Ha ocurrido algo entre Luffy y tú, ¿verdad?
Nami abrió los ojos sorprendida y la miró. Observó que la pirata la miraba directamente a los ojos, resolutiva. Supo que no tenía porque mentirla.
— ¿Cómo lo sabes?
— Todos sabemos lo que Luffy siente por ti, Nami. Pasamos todos los días juntos y todos nos conocemos como la palma de nuestra mano.
La pelinaranja asintió. El tiempo que pasó con ellos fueron meses, pero ella lo sintió como si hubieran sido años, al pasar las veinticuatro horas juntos en un barco donde no puedes irte a ningún lado.
— ¿Os ha dicho algo?
— No, no hace falta que nos diga nada.
— ¿Por qué no ha venido? — le preguntó preocupada.
Vivi dirigió la mirada hacia Matt, que estaba riendo con otros dos hombres que parecían amigos suyos.
— ¿Tú que crees?
Nami miró donde ella lo hacía, entendiéndola. Luffy no quería verla con Matt.
— No me he besado ni una vez con él, y eso que Luffy no está aquí para saberlo.
— Ya lo sé. Mucha gente en la sala estaba hablando de eso. Susurrándose entre ellos como si no tuvieran otra cosa que hacer.
La pelinaranja se mordió el labio inferior y se volteó, apoyándose otra vez en el balcón.
— ¿Qué hago Vivi? No puedo dar marcha atrás en el tiempo. No puedo dejar de pensar en que quiero volver a estar con él — suspiró —. Como tampoco puedo quitarme de la cabeza que soy una mujer infiel. Que estoy engañando a Matt.
La pirata la escuchó en silencio, sintiéndose mal por no poder ayudarla.
— Yo sólo te puedo decir que Luffy te quiere. Se ve a simple vista por la forma en la que te mira.
Nami giró la cabeza hacia ella y Vivi siguió hablando.
— Y no sabes las veces que hablaba de ti…
Cuando se disponía a continuar, las dos oyeron como la gente empezaba a hablar más alto. Miraron hacia dentro y vieron como los invitados caminaban hacia la puerta.
Las dos compartieron una mirada y se adentraron en la sala. Desde ahí no podían ver que pasaba, pero no les hizo falta verlo. La voz del rey se escuchó alta y clara.
— Os presento a Monkey D. Luffy, rey de los piratas.
Muchos invitados se acercaron a saludarlo. Aunque ya sabían que la tripulación de piratas estaría en la fiesta, no se podían creer aún el estar bajo el mismo techo que el mayor pirata de la nueva era. Una cosa era ver a los demás, que algunos ya de por sí imponían bastante, y otra estar ante el capitán.
Vestía elegantemente con un traje oscuro, sin corbata y una camisa de color granate como si fuera un invitado más. Sin embargo, el aura que desprendía era muy distinta a cualquiera allí presente.
Nami enseguida que supo que Luffy estaba allí, se despidió de Vivi, que le sonrió, e intentó hacerse un hueco entre la gente para poder verle.
Cuando al fin le vio, se quedó sin aliento. Nunca había visto al moreno así vestido.
Ahí parado con una mano en el bolsillo y con la derecha saludando. Le quedaba perfecto. Le hacía ver más alto y más atractivo.
No supo cuánto tiempo se quedó observándole a lo lejos, cuando se dio cuenta que la gente empezaba a dispersarse otra vez. Algunos se quedaron con el recién llegado. Matt fue uno de ellos.
Vio como éste la miró y le hizo una seña con la mano para que se acercara.
Nami tragó saliva y respiró hondo antes de dar un paso.
El capitán volteó hacia ella y la miró de arriba a abajo mientras se acercaba.
Sintió la tan conocida corriente por todo su cuerpo al verla. Iba con el pelo perfectamente recogido dejando todo el cuello libre, sólo con un fino collar de plata. Vestida con un vestido rojo y largo, con una abertura discreta a un lado, que abrazaba sus curvas.
Estaba preciosa pero deseó estar a solas con ella para poder arrancárselo.
— Mira Nami, ya está aquí Luffy — le dijo Matt cuando llegó a donde estaban ellos. Le pasó un brazo por la cintura y se dirigió al pirata. — ¿Qué te pasaba? ¿Por qué no has venido antes?
— No me encontraba bien, pero ahora estoy mucho mejor.
— Estaba deseando conocerte. Me llamo Yosaku y él es Johnny— habló uno de los dos hombres, amigos del príncipe, que estaba ahí —. ¿Es ese el ya tan conocido sombrero de paja?
Luffy lo llevaba hacia atrás colgando de la cuerda.
— Sí, el mismo.
— ¿Podría ponérmelo? — le preguntó Johnny.
El pirata le miró y esbozó una sonrisa de lado.
— Preferiría que no.
Los tres amigos se rieron.
— Recuerdo que Nami me dijo una vez que ese sombrero es tu mayor tesoro — comentó Matt.
El moreno compartió una rápida mirada con ella antes de volver a mirar al príncipe.
— Es mi mayor tesoro, pero no el único.
— ¿Y cuál es el otro? — preguntó Yosaku.
— Alguna mujer, seguro — bromeó Johnny.
Esta vez se rieron los cuatro hombres. A Nami no le hacia nada de gracia, pero esperaba la contestación del pirata.
— Pues mira, no te voy a decir que no.
Se volvieron a reír en camaradería masculina. La pelinaranja intentó soltarse del agarre de Matt.
— ¿Qué pasa cariño?
— No me interesa estar escuchándoos hablar de mujeres, caballeros.
Los hombres se miraron entre ellos sonriendo, menos Luffy que ahora sólo la miraba a ella. Nami sentía sus ojos clavados.
— Es verdad, que modales los nuestros — dijo Matt sonriendo — Pero me interesa el tema. No sabía que tenías pareja.
— Y yo que tenía unas amigas que se morían por estar contigo — habló Johnny.
Luffy le miró y sonrió internamente al pensar en algo.
— ¿Ah, sí? Bueno no me importaría conocerlas.
— A si se habla, capitán — le animó Yosaku.
Nami no se podía creer lo que acababa de decir. Ella esperando toda la noche que viniese a la fiesta y ahora se ponía a hablar así. No pudo contenerse a decir algo, siempre con una sonrisa.
— ¿Para eso has venido? ¿Para ligar?
El moreno volvió a mirarla con sus ojos azabaches, deseándola. Pensó que celosa estaba aún más atractiva.
— Al final me aburría en la habitación y quise venir para pasar un buen rato. Y si es en buena compañía mucho mejor, ¿no crees?
— Claro que sí. Aquí hay unas mujeres preciosas, así que tienes para elegir.
— Pues puede que lo haga.
— Pues muy bien.
Los dos amigos se rieron. Empezaba a caerles bien el pirata. Dos mujeres se acercaron a ellos, poniéndose a hablar dejando a los tres de lado.
Matt no se rió. No le gustaba nada lo que estaba presenciando. Sujetó más fuerte a Nami. Ésta se dio cuenta de que no debería haber hablado. Movida sin pensar, solamente por unas estúpidos celos.
— Bueno, tendrás que buscar a la segunda más guapa del lugar, porqué la primera está conmigo.
La pelinaranja agachó la mirada.
Empezó a sonar una música más lenta, con el piano de Brook de acompañamiento.
— Por una vez, tengo que darte la razón Matt — sonrió Luffy sin transmitirse a los ojos.
El príncipe le devolvió la sonrisa. Igual de falsa que la del otro. En un momento, vio a lo lejos a Hancock.
— Voy a saludar a alguien — se volteó hacia la joven —. Recuérdame que luego te presente a un hombre muy importante que debes conocer.
Ella suspiró.
— De acuerdo.
El príncipe sonrió y le iba a dar un beso en los labios cuando Luffy habló.
— ¿Me permites bailar con ella? — le preguntó, molesto por dentro por tener que pedirle permiso. Pero se estaba muriendo por tenerla cerca y no poder tocarla. Vio como Matt arrugó un poco la frente — No sé bailar muy bien y ella es amiga mía, no me lo tendrá en cuenta, ¿verdad? — deseó que aceptara.
Nami no sabía que decir. Los cuatro pares de ojos la miraba esperando una respuesta. Sabía que debía de decirle que no. ¿Qué pensaría Matt? ¿Y qué pensaría toda la gente?
Pero quería estar más cerca de él, aunque tenía ganas de pegarle un puñetazo por lo de antes.
— Bueno… — levantó los hombros y sonrió como si todo fuese normal — mientras tengas cuidado y no me pises los pies.
El príncipe echaba humo por dentro pero decidió no fastidiar la fiesta.
— Sí ella está de acuerdo, todo perfecto — agachó un poco la cabeza y la besó, esta vez más largo. Aposta para que lo viese.
Luffy apartó la mirada apretando los dientes. Oyó como Matt le dijo 'te quiero' antes de pasar por su lado rozándole el hombro. Le gustó no oír la voz de ella.
La miró otra vez.
Se quedaron viéndose durante un corto tiempo antes de que el moreno alzara el brazo para que ella se agarrara. Ella entendió y entrelazó un brazo con el suyo.
Empezaron a caminar hacia la pista donde los demás invitados bailaban la lenta pieza que ahora sonaba.
Luffy saludó con la cabeza a sus nakamas, que se lo estaban pasando estupendamente, y centró su atención en la mujer que tenía delante.
Envolvió su cintura con uno de los brazos y con la otra mano agarró la suya. Nami le pasó el brazo por los hombros acercándose a él.
Sus corazones latían más rápido.
— Desearía que ahora estuviésemos solos. Que no hubiera nadie más.
— Quizá te gustaría estar con alguna otra mujer.
Luffy sonrió, esta vez de verdad.
— Me encanta cuando te pones celosa.
La joven se mordió el labio inferior e hizo un mohín enfadada, mirando hacia otro lugar. Había picado como una tonta y casi se delata.
Aunque sabía que Matt no estaba contento, quiso disfrutar de ese rato con Luffy. Sorprendiéndose de que supiera bailar. Supuso que Sanji le había enseñado.
— ¿Por qué te has quedado en la habitación? — preguntó Nami. Quería la respuesta verdadera.
El capitán dejó de sonreír y fue sincero.
— No quería verte con él.
— Recuerdo que dijiste que lo aguantarías — habló bajito y miraba discretamente hacia todos lados para ver que nadie estuviera escuchando. Y así era. Cada uno iba a lo suyo sin percatarse de ellos.
— Y eso te dije. Pero una cosa es decirlo y otra cosa verlo delante de ti — vio como ella dejaba de mirar alrededor y dirigía su mirada hacia él —. No lo soporto, Nami.
— Si te hace sentir mejor, quiero que sepas que no me he besado con él en toda la noche.
Luffy agradeció esa parte de él que no dudó de ella, pero seguía sin saber por qué Hancock le había mentido.
— Salvo ese beso delante de mí.
— ¿Y qué querías que hiciese? ¿Lo aparto?
— El que lo apartará seré yo. Una buena paliza es lo que se merece.
— ¿Quién es el celoso ahora?
— Estoy que rabio, Nami — le soltó, apretándola más contra él.
— Pues no deberías.
Seguían hablando en susurros en todo momento, pero esto se les estaba yendo de las manos a los dos.
— ¿Cómo te sentirías tú si fuese al revés y me vieras besándome con otra? Ah no, espera, que eso ya pasó. Y si lo recuerdo bien, la alejaste enseguida de mi.
Nami apretó los dientes enfadada.
— Pues mira, ahora no alejaré a nadie. ¿Por que no vas con cualquiera de esas mujeres que tanto se mueren por estar contigo y te la llevas a la cama?
— ¿Quieres que lo haga? Porque tienes razón, hay muchas mujeres guapas aquí.
— Venga hazlo. Llévatela a tu habitación ahora mismo y no vuelvas a bajar.
Luffy cabreado iba a alejarse de ella, pero Nami enseguida se lo impidió haciendo que volviese a agarrar su cintura.
— No te vayas, Luffy — le susurró y se apoyó en el pecho del joven. Oyendo los latidos de su corazón, sin pensar en las demás personas— No quiero que te vayas con nadie. Dijiste que me querías.
Éste cerró los ojos y respiró el olor característico de la joven. Tranquilizando su cuerpo y su alma, que Nami de una forma u otra siempre conseguía alterar.
— Y te quiero. No aguantaría nada de esto si no lo hiciese.
La joven alzó la cabeza y le miró a los ojos.
— Lo siento… Por todo lo que te estoy haciendo pasar.
— Lo que pasa es que no sabes lo que quieres.
— Sí que lo sé.
— ¿Y qué es? ¿Quieres que me vaya? ¿Qué me quede? ¿Qué quieres, Nami?
Nami tragó saliva intentando hacer desaparecer la desesperación que sentía en su interior, como una piedra pesada que no le dejaba respirar.
Intentó hablar pero las palabras no salían de su boca.
El moreno posó una de las manos en su mejilla.
— Vente conmigo…
CONTINUARÁ…
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¿Qué os ha parecido? En este no hay lemmon, pero paciencia jeje
Quiero aprovechar para decir algo. Veo que mucha gente lee mi fic pero, como no dejan comentario, no puedo saber que pensáis.
Yo escribo para vosotros y me gustaría saber vuestra opinión para poder hacerlo cada vez mejor. Si os gusta o si hay algo que no, siempre siendo respetuosos claro :)
Os agradezco vuestro tiempo por adelantado! :))
Nos leemos en el siguiente! Besos!
