¡Hola a todos! Aquí os traigo el siguiente capítulo :) Si tardo en actualizar es porqué intento que esté lo mejor posible y además bastante largo jeje
¡Me encanta leer vuestros reviews! Madre mía, no tengo palabras xD
Es una sensación tan buena saber que lo que escribes le gusta a la gente, (aunque también es una responsabilidad xD), pero enserio, me ponéis muchos 'sigue así' y yo os digo lo mismo a vosotros porque me dais MUCHAS ganas de continuar escribiendo :))) OS QUIERO!
¡Muchas gracias!: kiruru, Pato HM, Rebeca18, kurinchi, Hikari Dragneel, aliciadiez3, Natie-shwan, greixx, Sabina-Chan y milagrosaguero47.
Y ahora, ¡a leer! jeje
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LA REINA
CAPÍTULO 8
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—¿Qué me vaya contigo? —le preguntó Nami quitándole la mano de su mejilla suavemente.
Miró alrededor discretamente por si alguien se estaba percatando de la extraña interacción que tenían ellos dos. Arrugó un poco la frente al ver a las dos mujeres con las que había estado hablando antes, sentadas en las mesas, mirando directamente hacia ellos.
Se le había ido de las manos.
Luffy notó el cambio en la actitud de la joven y al mirar donde ella miraba se dio cuenta de la razón.
—Nami — la llamó para que lo mirara. Siguieron juntos, moviéndose lentamente, haciendo como si bailaban—. No quiero formarte problemas aquí con tanta gente. Mejor lo hablamos luego, ¿vale?
Ella pensó que no había hombre más bueno que el que tenía delante.
—Es muy precipitado. No han pasado ni dos días desde que vinisteis.
Luffy veía como la joven suspiraba y miraba hacia los lados. No estaba cómoda, pero le alegraba que aún así, estuviera ahí con él. Le encantaba sentir el brazo femenino en su hombro y el agarre de sus manos. Aunque odiaba no poder acercarla más y apretarla contra él, no poder mover su mano de la cintura y acariciarla y, lo que más, no poder besarla.
—Llevo deseando estar contigo durante mucho tiempo.
—Pero…
—Y me dijiste que tú también habías pensado en mi.
—Y es la verdad.
—Yo sé lo que quiero. Te quiero a ti, Nami —le sonrió—. Ahora eres tú la que tienes que decidir.
La pelinaranja bajó el brazo que tenía en su hombro y le acarició las solapas de la chaqueta instintivamente. Al darse cuenta de lo que hacía, se separó haciendo que él la soltase.
Se miraron a los ojos y Luffy habló antes de que ella se fuera.
—Piénsatelo.
Ella asintió y se despidió con un bajito 'hasta luego' y se alejó de él.
Cuando caminaba hacia unas chicas que ya conocía, escuchó los murmullos de algunas personas.
El pirata la vio alejarse y suspiró. Estuvo tentado a ir detrás de ella pero notó que algo le sujetaba la pierna. Al agachar la mirada para ver qué era, vio una de las manos de Robin que desapareció enseguida.
La buscó entre la gente y la vió mirándole, sentada al lado de Zoro.
Fue hacia allí.
Empezó a sonar una música movida y más gente salió a bailar. Podía escuchar las voces de algunos de sus nakamas gritando y riendo.
Llegó a la mesa y se sentó con ellos.
—Siento haberte parado, pero creo que era lo más sensato —dijo Robin.
—No pasa nada. —se llevó una mano a la frente—. Todo lo contrario, te agradezco que lo hicieras.
Zoro bebió de su copa de vino antes de hablar.
—Sabes que nunca me meto en los temas personales de nadie, pero…¿Qué piensas hacer?
El capitán se echó hacia atrás y se apoyó en el respaldo de la silla.
—No lo sé —miró hacia la gente que bailaba—. Esta vez no depende de mí. Si así fuera, nos iríamos hoy mismo. No soporto estar durmiendo en el mismo techo que cierta persona.
—De Matt. —soltó la morena, haciéndole saber que ellos ya sabían que ocurría entre Nami y él.
—Exacto.
—¿Y que depende de ella, Luffy? —le preguntó Zoro.
Luffy le miró.
—Sí acepta venir con nosotros o no.
—¿Tú lo has pensado bien?
—Claro que lo he pensado. He estado a punto de no decirle nada pero no puedo. Quiero estar con Nami y la única forma de poder estar juntos es esa.
—Ya sé que quieres estar con ella pero nuestra vida es la que es. Somos los piratas más buscados. Todo el mundo va a por nosotros, y tú la vas a meter en el mismo saco.
El moreno apretó los dientes.
Ya sabía todo eso. Sin embargo, su deseo por esa mujer siempre era… superior.
Robin que había estado en silencio escuchando la conversación entre los dos hombres, decidió hablar.
—Zoro tiene razón. A ninguno le importará que se venga con nosotros pero eso no quita que sea peligroso para ella. Aunque la protejamos, siempre puede pasar algo.
El capitán volvió a mirar hacia la pista.
Se recriminó haber dejado que su deseo y su amor por Nami, le nublara el juicio.
No quería ponerla en peligro.
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Cuando Matt dejó solos a Luffy y a Nami, fue hacia Hancock y le hizo una pequeña seña para que lo siguiera. Salió de la sala y caminó hacia un lugar más apartado. Esperó a que ella apareciera y se acercase para empezar a hablar en voz baja.
—¿Ya se lo has dado? —le preguntó Matt.
—Sí, le puse el veneno en el vino y se bebió toda la copa.
—Al final nos ha ido bien que se quedara en la habitación.
Hancock lo miró durante unos segundos en silencio. Dudando si contarle que estaba segura de los sentimientos de Luffy hacia Nami. Y, por lo que la conocía, ponía la mano en el fuego que la pelinaranja le correspondía.
Como la odiaba…
El príncipe notó que Hancock pensaba en otras cosas.
—¿Qué ocurre?
—Nada, sólo que... —al final optó por no contárselo—. Tengo que volver al trabajo.
Matt arrugó la frente.
—¿Qué me ocultas? ¿Ha pasado algo con Luffy? Sabes que no me gustan los secretos.
Hancock cogió aire y miró hacia atrás, por si venía alguien. Después, volvió la vista hacia él.
—No te oculto nada.
El príncipe la agarró del cuello rápidamente y le tapó la boca antes de que la morena reaccionase y gritase. Vio sus ojos sorprendidos y asustados.
—No me mientas. No quiero que lo protejas. —le susurró muy cerca de su rostro—. ¿Crees que no me di cuenta de lo rápido que te fuiste para su habitación cuando dijeron que estaba allí? Y ahora no me vengas a contar que era para darle el veneno, Hancock.
Se quedó mirándola y antes de soltarla, le dio un apretón más fuerte en el cuello. Cuando estuvo libre, se separó de él y empezó a toser.
Matt se metió las manos en los bolsillos y caminó un poco intentando relajarse. No estaba del todo bien debido a lo que había presenciado entre el pirata y Nami en la sala.
Hancock levantó la cabeza y miró hacia la espalda del príncipe, muy enfadada. Estaba decidida a decirle cuatro cosas sobre la zorra de su novia, pero sabía que lo más favorable para ella y sus planes era no decirle nada. Aguantaría hasta el final.
—Quiero que me cuentes todo lo que pase, ¿entendido? Todo. —habló Matt aún dándole la espalda—. No me fío de ese pirata, bueno, en realidad de ninguno de ellos, pero de Luffy menos.
La morena se colocó bien el cuello de la camisa. No le contestó y se dispuso a irse de ahí cuanto antes. No aguantaba estar más con él.
Al pasar por el lado de Matt, éste la paró.
—Lo siento Hancock. No quería hacerte daño.
—No pasa nada. —le dijo secamente, separándose y caminando hacia la fiesta.
Él suspiró. Como le hubiera gustado agarrar así a Luffy y decirle que Nami estaba con él. Que dejara de mirarla como lo hacía y que se alejara de ella. Pero pensó que ya tendría oportunidad de hacerlo cuando no se pueda mover.
Cuantas ganas tenía de entregarlo a la marina y recibir el dinero que le darían por él. Será el rey más famoso de todos por atrapar al rey de los piratas.
Cuando pasó un rato que Hancock se había ido, él hizo lo mismo y se dirigió a la sala de baile.
Escuchó una música movida y vio que mucha gente bailaba en la pista. Buscó con la mirada a Nami. No le costó encontrarla, hablando con otras chicas. Le gustó no verla con él.
Estaba impresionante con ese vestido rojo.
Y era toda suya.
Se acercaron a él dos mujeres.
—Príncipe Matt, hemos estado hablando con su novia y tenemos que decirle que es encantadora.
—Muchas gracias, sí que lo es.
—Será mejor que se case con ella antes de que se la quiten —bromeó una de ellas y las dos rieron en complicidad.
A Matt no le gustó la broma.
—¿Por qué dicen eso? —sonrió para no dejar de ser cortés—. ¿Hay algo que tenga que saber?
—No, nada importante —le respondió una de ellas haciendo un movimiento con la mano para restarle importancia.
La otra sí que habló.
—Bueno, sólo que hemos estado viéndola muy…¿Cómo diría? ¿Pegada? Al pirata, Monkey D. Luffy.
El joven sintió como el enfado empezaba a despertarse otra vez.
—¿Cómo de pegada?
—Abrazada. Bailaban muy juntitos —respondió la misma mujer.
—Incluso vimos que él le acariciaba la mejilla, ¿verdad? —habló la otra.
—Sí, verdad.
Empezaba a sentir calor.
—Si me disculpáis —hizo una reverencia y se alejó.
Fue directo hacia Nami. Le pasó un brazo por la cintura, sorprendiéndola. Cuando le miró enseguida le notó tenso.
Matt se dirigió a las otras chicas con una falsa sonrisa.
—Os la robaré unos minutos.
Ellas se rieron.
Llevó a Nami hacia el balcón, donde sólo había dos parejas más. Cada una dentro de su propio mundo.
Cuando llegaron, Matt la soltó y se apoyó en la barandilla. Respiró hondo, imaginándose a los dos bailando juntos y demasiado cerca. Se lo llevaban los demonios.
Nami lo miraba. Sabía que estaba enfadado por lo de antes, ya se lo había notado. Se recriminó haberse dejado llevar por los celos delante de él. ¿Cómo se le había ocurrido? ¿O alomejor alguien los vio actuar extraño cuando bailaban? No tendría que haber aceptado la invitación de Luffy.
Lo mejor sería intentar calmarlo. Se acercó y entrelazó un brazo con el suyo.
—¿Qué te pasa Matt?
Él dejó que Nami se acercase. Ella siempre lo tranquilizaba con su sola presencia. Volvió a coger aire y la miró a los ojos. Brillaban con la luz de la luna.
—¿Me quieres, Nami?
La joven se sorprendió.
—¿A qué viene esa pregunta?
—Respóndeme, por favor.
Tragó saliva antes de hablar.
—Claro que te quiero.
Se sinceró. Era la verdad. Por eso se sentía tan culpable por todo.
Matt le acarició la mejilla pero recordó lo que le dijeron esas mujeres y la retiró.
—¿Seguro que no quieres a alguien más? Lo entenderé si es así. —mintió solamente para saber que le diría.
Nami sintió como el corazón empezó a latirle más rápido debido al nerviosismo que la situación le provocaba. Comenzaba a sentirse acorralada.
—No quiero a nadie a parte de ti, Matt —pensó que era la peor mujer del mundo.
—Si hubiera alguien, ¿me lo dirías?— le preguntó.
Quería creerla a ella y pensar que lo que había oído de otras personas eran tonterías y lo que había visto con sus propios ojos sólo eran imaginaciones.
—No hay nadie. —le dolía tener que mentirle—. ¿Qué te pasa? ¿Por qué me lo preguntas tanto?
Matt negó con la cabeza y le sonrió, intentando hacerlo de verdad. Sin embargo, la sonrisa no se transmitió a los ojos y ella se dio cuenta.
—Por nada. Es sólo que eres tan hermosa que temo que alguien te quite de mi lado.
Nami agachó la mirada. No supo que decir.
El príncipe decidió confiar en ella, pero quería sentirla más atada a él. Que no pudiera dejarle.
Se soltó del brazo de la joven y le envolvió la cintura, acercándola sin dejar de mirarla a los ojos.
Respiró su dulce perfume antes de hablar.
—Cásate conmigo, Nami.
En un segundo su corazón se paró y se olvidó de cómo respirar. ¿Qué le había pedido? No se podía creer que fuese cierto.
Se congeló. Su voz no quería salir.
¿Matrimonio?
—No tienes que contestarme ahora. —le dijo al ver que no reaccionaba. Quizá fue demasiado directo, pero no quería echarse atrás. Era lo que deseaba. Que fuese suya para siempre—. Piénsalo.
Nami hizo que la soltara y se giró hacia el balcón. Nunca se imaginó nada de esto. Se sentía mareada.
Piénsalo.
Piénsalo.
Piéns...
Tenía tantas cosas en las que pensar.
—Es demasiado…—no se le ocurrió otra palabra que la misma que le dijo a Luffy— precipitado.
—Ya lo sé, pero ¿para que esperar? Yo te quiero y tú me quieres a mí. Deseo pasar el resto de mi vida contigo.
La joven cerró los ojos fuertemente. Si esto era un sueño quería despertarse. Si era una pesadilla quería que acabara.
Se lo merecía por dejarse llevar.
Ella misma se estaba metiendo en un callejón sin salida. Oscuro como la boca del lobo.
Sintió como Matt le sujetaba la barbilla y la hacia girar el rostro hacia él. Al abrirlos vio sus ojos azules mirándola y recordó la primera vez que se reflejó en ellos. No eran como los de…
—Perdona por haber reaccionado así. Es solo que me ha sorprendido.
—Ya lo sé cariño. Si te digo la verdad, yo tampoco lo había pensado, pero creo que sería lo adecuado. Mi padre te ha dejado quedarte aquí sin estar casados y supongo que no le gustara que estemos así durante mucho tiempo más.
Nami asintió.
—Tienes razón.
—Como te he dicho antes, no tienes que contestarme ahora mismo. Te esperaré. —le cogió las dos manos y sonrió—. Aunque espero que no me hagas esperar mucho.
La pelinaranja también sonrió agradeciendo que bromeara con ella.
—Pensaré en ello, Matt. Y te responderé pronto.
El príncipe agachó la cabeza buscando sus labios. La besó. Un beso dulce y paciente.
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La noche fue pasando sin más contratiempos. A medida que terminaba la fiesta, los invitados abandonaban el palacio, felicitando al rey por la agradable velada.
Fueron saliendo todos hasta que la gran sala se quedó vacía.
Matt acompañó a Nami a su habitación. Deseaba pasar la noche con ella pero pensó que debería dejarla y no presionarla. La volvió a besar y se fue.
La pelinaranja entró en su cuarto y se quitó los tacones, tirándolos por ahí sin importarle donde cayesen.
Caminó hacia la cama y se sentó. Estaba emocionalmente agobiada. Como si alguien la estuviera apretando el cuello con las dos manos y no la dejase respirar.
Empezó a deshacerse el cabello, soltándoselo, haciendo que le cayera en cascada a los lados de su rostro y se desabrochó el collar.
En un día habían pasado más cosas que en un año. Todo estaba ocurriendo demasiado deprisa.
Su vida, definitivamente, se había divido en dos. Dos caminos opuestos y ella en medio, perdida, sin saber hacia donde ir.
¿Qué era lo correcto? ¿Qué era lo mejor para ella?
Luffy no tenía razón. Ella sabía que era lo que quería, pero tenía miedo de equivocarse. Estaba completamente asustada de sus propios sentimientos.
Oyó como alguien picó a la puerta suavemente y su mente habló como si alguien se acercara a ella y le susurrara en el oído.
'Por favor, que sea él'
Se levantó y se acercó a la puerta.
—¿Quién es?
—Soy Luffy.
Nami suspiró. Notó como todo su cuerpo reaccionaba al simple hecho de escuchar la voz de ese hombre.
Abrió la puerta y le dejó pasar, cerrando con el pestillo cuando entró. Se giró hacia él y lo abrazó fuerte.
—Abrázame. Lo necesito.
El moreno se extrañó un poco. Se preguntó si estaba así por lo que había pasado entre ellos o por algo más. Sin embargo, la abrazó y la sujetó, pegada a él. Como siempre quería que estuviera.
Se abrazaron durante un tiempo, hasta que Nami sintió como su mente y su cuerpo se tranquilizaban.
Luffy era el mar y ella se mecía con él.
Se separaron lo suficiente para poder mirarse a los ojos.
—¿Ha pasado algo? —le preguntó el pirata.
Nami negó con la cabeza. No quiso decirle que Matt le había propuesto matrimonio. Aún no.
—¿Seguro?
—Seguro. No ha pasado nada. Sólo quería abrazarte. —esbozó una pequeña sonrisa y se separó de él. Caminó hacia el baño, para refrescarse la cara.
Luffy se quitó el sombrero y la americana, dejándolos en uno de los dos sillones que había en la habitación.
Fue hacia el baño y la vio quitándose el maquillaje. Su mirada recorrió la silueta que le marcaba aquel espectacular vestido rojo.
Se acercó y la abrazó por detrás.
—Estás preciosa, Nami —le dijo mirándola a través del espejo.
Ella sintió como, incluso sin ser directamente, esos ojos negros y oscuros, siempre tenían efecto sobre ella. Acabó de limpiarse y dejó la toallita en el mármol.
—Gracias.
—Incluso ahora más, sin maquillaje.
Nami se rió. La primera risa real en toda la noche.
Él se alegró de oírla y siguió bromeando.
—Me debes una chaqueta porqué me la has manchado toda al abrazarme.
La joven soltó una carcajada.
—¿Pero qué dices? Si no llevaba casi nada.
—¿Casi nada? Lo primero que pensé al verte fue, ¡vaya, ésta se ha echado todo el bote!
Ella se dio la vuelta riendo y le dio un golpe en el estómago.
—¡Eso no te lo crees ni tú! —vio como el moreno se reía e intentó hacer un mohín de enfadada pero su risa no se lo permitía—. Idiota.
Cuando pararon de reírse, se quedaron mirando con una sonrisa imborrable en sus rostros. Una sonrisa sincera.
Volvían a ser ellos mismos.
Luffy se volvió a acercar a ella y le apartó el cabello hacia atrás. Con las dos manos le sujetó el rostro, acariciándole las mejillas con los pulgares.
La joven se agarró a su camisa.
—Yo necesito que me beses. Llevo toda la noche deseando hacerlo. —acercó su rostro al de ella y habló sobre sus labios—. Siempre tan lejos de mí…
La joven sintió como una llama en su interior se encendía, haciéndole olvidar quien era y que hacía ahí. Inclinó un poco el rostro y se besaron. Un beso dulce y paciente, pero apasionado y cálido.
Sus cuerpos se despertaban y aclamaban al otro.
El pirata la acorraló entre el mármol blanco y su cuerpo. Notó como ella empezaba a mover la cadera al notar su erección.
Se separaron por falta de aire y se miraron deseando más.
—Desde que te ví con este vestido… —le masajeó los pechos por encima de la tela. Los pezones se abultaron al no llevar sujetador—. He querido arrancártelo.
—¿Sólo a mi? —le preguntó coqueta, mordiéndose el labio inferior y arqueando la espalda.
—Sólo a ti.
Sus manos fueron hacia la parte de la falda y empezó a subírsela.
—¿Has estado toda la fiesta pensando en eso?
—Yo siempre pienso en ti, Nami.
Ella jadeó cuando de golpe la subió encima de la superfície. Se volvieron a besar mientras Luffy le bajaba el tanga por las piernas.
Nami le desabrochó la camisa e hizo que resbalara por sus hombros hasta caer al suelo. El moreno se separó y empezó a quitarse el pantalón junto con los zapatos y los boxer.
Ella se sacó el vestido antes de que él lo rompiera arrancándoselo, ya que le gustaba demasiado.
Luffy ni se dio cuenta. Sólo era capaz de mirar y pensar en el cuerpo desnudo de la mujer.
Se volvió a acercar, pegándose a ella.
—¿Y tú has pensado en mi? —le preguntó antes de lamer uno de los pezones.
Gimió. Mentiría si dijese que no.
—Sí..
—¿El qué? Dímelo —atendió al otro.
Ella se dejaba hacer. Era demasiado placentero. Le contó algo que le había venido a la cabeza cuando alguien mencionó lo bien que tocaba Brook.
—En lo excitante… —gimió al sentir como le mordisqueaba y le pellizcaba con sus dientes—. Que debería ser… hacerlo encima del piano.
Luffy le encantaba escucharla. Jadeó cuando Nami empezó a masajear su miembro.
—Dime más.
Lo dirigió hacia su entrada.
—En las ganas que tenía de que estuviéramos solos y desnudos. —le contó desinhibida. A ella también le excitaban estas conversaciones—. Y tenerte entre mis piernas.
El moreno empujó las caderas hacia ella, entrando en su interior.
Los dos gimieron.
—Ya me tienes… —la miró a los ojos— donde querías.
Empezó a moverse sin dejar de ver su rostro. Como abría la boca para gemir y jadear.
Nami se dio cuenta de que podía estar haciendo bastante ruido y se llevó una mano a la boca.
Él se la quitó.
—No te tapes. No hay nadie en las habitaciones cercanas y el baño está apartado del pasillo. —alargó la mano y cerró la puerta—. Quiero oírte.
Comenzó a embestirla y ella no pudo acallar sus gemidos, aunque seguía intentando no hacerlo muy alto y eso a Luffy le molestaba.
Deseaba oírla gritar de placer.
Miró hacia la amplia ducha y tuvo una idea. La cogió y ella se agarró a él, sin separar su unión.
—¿Qué haces Luffy? —le preguntó en un susurro. Su cuerpo temblaba y ardía.
Él encendió el agua y esperó a que estuviera en el punto ideal. Cuando lo estuvo, entró con ella y cerró la puerta.
Nami jadeó al notar el agua en su piel y gimió cuando Luffy la apretó contra la pared, haciendo que entrara más profundo.
—No te contengas. Grita y gime para mí, Nami —la volvió a embestir fuerte.
—¡Ahh!
—Más.
Empezó a entrar y salir de su interior más rápido.
—¡Luffy! — gritó sin miedo, sintiendo como todo su cuerpo se retorcía—. No pares.. Sigue.
Él gruñó al notar como sus paredes le apretaban.
—¿Quieres que siga?
—¡Sí! —le agarró del pelo.
La sujetó de la cadera empujando hacia él, haciéndolo más profundo. Ahora sí que se estaban dejando llevar. Como si estuvieran solos en el mundo.
—Oh Nami, grita mi nombre.
—¡Luffy! —exclamó notando como se acercaba el final.
—¡Otra vez!
—¡LUFFY!
Los dos gimieron al llegar al clímax. Les recorrió el éxtasis por todo su cuerpo haciéndolos delirar y temblar. Luffy no pudo aguantarse de pie y se sentó en el suelo de la ducha, llevándose a Nami con él.
Se miraron a los ojos respirando por la boca y con el agua resbalando libre por sus pieles.
Había sido como su primera vez. Lo habían disfrutado de verdad, sin contenciones, sin reprimirse. Sin tener que pensar en nada ni en nadie que no fueran ellos mismos.
Se sonrieron y se besaron.
Luffy era el agua y ella se dejaba arrastrar.
CONTINUARÁ...
¡Aquí acaba el capítulo! ¿Qué os ha parecido? En este si que hay lemmon, espero que os haya gustado :) En la ducha, vaya dos jeje
A Nami le ha venido todo de golpe, dos proposiciones distintas. ¿Casarse con Matt o irse con Luffy? ¿Qué hará? Yo no lo sé xDD
No os enfadéis con Zoro y Robin, sólo intentan protegerla jeje no están en su contra.
Bueno, como siempre deciros que me gustaría saber vuestras opiniones porqué yo escribo para vosotros, ya lo sabéis :)) Siempre con respeto claro xD Muchas gracias!
Un beso a todos! Nos leemos en el siguiente! ^^
