Disclaimer: Los personajes no son de mi propiedad, sino que de la de Isayama Hajime, autor de Shingeki no Kyojin.
Advertencia: Bienvenidas a mi fic.
.
Tercer capítulo: Paranoia.
…
…
…
–Así que ¿quién era él? –preguntó Reiner, un chico rubio, alto y fornido, además de ser algo sobreprotector con sus amigos.
–El novio de Eren –respondió Armin sujetando la estaca a la cual Reiner debía golpear con el martillo para reforzar la carpa.
–Estoy hablando del sujeto bajito y de pelo negro –insistía aún sin creérselo, podían estar discutiendo de esa forma todo el día –Ese que está con Eren ahora.
–Basta –gruñó Annie, aburrida con la situación –Es el novio de Eren, ese enano de pelo negro llamado Levi que está parado justo a un lado de él –dijo ya cansada de oír durante tres veces la misma explicación que Armin le daba a Reiner –Y mejor ocúpate de hacer eso bien, sino lo haré yo –le advirtió observando la estaca que se inclinaba hacia un lado.
–No es un trabajo para damas, Annie –sonrió Bertholdt, uno de los traga fuego, quien acarreaba un par de cajas.
–Tal vez por eso Annie deba hacerlo –se aventuró Reiner, haciendo una broma que probablemente le costaría muy caro luego en el escenario –¡Ah! ¡Mikasa! –llamó a la chica que caminaba por detrás del castaño, ayudándolo llevando un saco de lino –¿Qué opinas sobre eso? –preguntó señalando con su martillo la escena.
Eren se había subido a una escalera para colgar un lienzo de propaganda entre dos postes mientras Levi le miraba desde cierta distancia, dándole indicaciones de cuál sería el mejor lugar para dejarlo, de manera que quedara bien puesto y paralelo al suelo.
–¿Qué cosa? –preguntó la chica observando todo eso, nada de aquello parecía llamarle peculiarmente la atención, de hecho, ni siquiera había reconocido al pelinegro.
–De eso –insistió Reiner.
Ahora Eren bajaba las escaleras y era recibido por la mano de Levi, quien sostenía la contraria firmemente para evitar accidentes. Cuando Eren puso ambos pies sobre el suelo, el contacto de sus manos seguía, haciéndolo sonreír al instante y recibiendo una palmadita en la cabeza, bastante suave y cariñosa, provocando ahora un sonrojo en el trigueño rostro de Eren.
–¿Qué? No soy una especie de hermana sobreprotectora –explicó sabiendo que era mentira por la reacción de todos en ese momento –Si a Eren le gusta, está bien por mí –dijo, siendo ahora un poco más sincera con sus palabras –Sin embargo –advirtió ennegreciendo su semblante –si ese enano le hace algo a Eren, puede darse por muerto en el mismo instante –gruñó enterrando sus uñas en el saco que llevaba sobre su hombro derecho.
–¿Ves, Reiner? Eres solo un celoso –se burló Armin –Deja en paz la relación de Eren. Además, Mikasa tiene razón, si es feliz, nosotros deberíamos estarlo también –sonrió sujetando otra estaca.
–Pienso que se ven muy lindos juntos –dijo Bertholdt reanudando la marcha, seguido por la asiática que solo asintió levemente.
Por otro lado, Eren caminaba a un lado de Levi. Ese día Levi había cedido y había visitado el circo sin que fuera para observar la función, y es que luego de seis días desde el primer beso su relación había terminado avanzando a pasos agigantados. Ni él mismo podía creer lo que estaba haciendo, pero entendía muy bien que así debía ser, porque pronto el circo debía seguir su camino a las ciudades vecinas y ya no vería a Eren.
Fue por ese último pensamiento que había aceptado ir a ayudarle con los pequeños trabajos en el lugar y avisándole a Molbit, el dueño del supermercado, de que no iría a trabajar, se decidió a pasar al menos un día tranquilo.
No había vuelto a sus andanzas desde hacía todos esos días y su mente se volvía cada vez más ansiosa, pero esto parecía parar cada vez que estaba a un lado del chico, probablemente por ello en esos instantes no quería salir corriendo a revisar su negocio. Aun así, sí pasaba tiempo de las noches pensando en aquello y su corazón pegaba vuelcos enormes cada vez que luces de patrulla pasaban frente de su casa, era Erwin quien le estaba diciendo cuan vigilado se encontraba.
Claro que a él poco y nada le importaba eso, pero al pensar en toda su red y lo que ocurriría si los descubrieran no podía quedarse tranquilo. Petra y Auruo se iban a casar para finales de año. Erd y Gunther eran chicos de familia que habían aceptado el trabajo por necesidad, pero no por eso eran menos fieles. Isabel y Farlan eran sus grandes amigos desde hacía años, y Hange, aunque estuviera loca, era una de las mejores personas que había conocido en su vida… No, no podía fallarles a ellos, debía mantener siempre bajo su perfil.
De pronto se encontró a sí mismo pensando en ello en un lugar poco apropiado. Su rostro se había tensado y la muchacha que le extendía un vaso de agua le miraba muy preocupada. No supo en qué momento había perdido de vista a Eren y se preocupó durante unos instantes, ignorando el gesto de la joven y buscando con la mirada al castaño. Cada vez que no sabía dónde ese mocoso se encontraba podía sentir sus nervios reaccionar y su cuerpo helarse al instante, todo por culpa de ese maldito de Erwin, que incluso cuando no se encontraba en el lugar lograba torturarlo con todo lo que quería.
Obviamente el rubio había encontrado su punto débil y se colgaría de éste tanto como fuera posible. Luego de varios intentos fallidos por extorsionarlo, diciéndole cuál sería su castigo si le encontraba en algo ilegal se dio cuenta lo poco y nada que esto le importaba a Levi. Creyendo que no sacaría nada de él, pasó noches en vela en la estación, dentro de su oficina sin siquiera ir a casa. Pero luego de ese descubrimiento hacía unos pocos días después de la llegada del circo todo pareció cambiar y los papeles se invirtieron, quien pasaba noches en vela ahora era Levi.
–Eren, algo le pasa –escuchó decir de la joven y pronto el castaño salió de una pequeña carpa observándolo con sus ojos verdes muy preocupados –Toma –la chica le entregó el vaso a Eren y se fue del lugar llevando consigo unas telas.
–Levi –le dijo el joven, en su rostro había una máscara de preocupación y es que nunca lo había visto así –¿Qué te ocurre?
Por un momento la mente de Levi había viajado a un lugar donde todos sus planes se desmoronaban gracias al arduo trabajo de Erwin por desbaratar su negocio. Incluso supo con esa fantasía terrible que el circo y sus integrantes podían sufrir las consecuencias. Entonces ¿por qué estaba allí? Era totalmente irresponsable de su parte quedarse en ese lugar, especialmente al aire libre donde cualquier policía de turno podía verlo y avisarle de su paradero a Erwin.
Una cálida mano tomó la suya y lo incitó a entrar a la carpa en frente de ellos. Cerrándola con solo un trozo de tela, Eren se cercioró de que nadie entraría y tomó el rostro de Levi para darle un pequeño beso. Ese delicioso tacto hizo que el mayor reaccionara, estaba siendo paranoico de nuevo, otra vez estaba pensando cosas estúpidas y sin sentidos, él era el un hombre muy poderoso cuya red se extendía más allá de lo que muchos conocían, sí, trabajaba en un tonto supermercado gracias a Hange, pero no por eso Erwin debía tomarlo como un pobre diablo.
Con furia respondió al beso tomando a Eren de la nuca. Incursionándose en esa boca que conocía de memoria, recorrió cada rincón con su lengua provocando la sorpresa en el castaño, quien por unos segundos no supo cómo reaccionar. Para cuando Eren fue consciente de lo que ocurría, Levi lo había tumbado sobre unas telas que debían ser parte del espectáculo. Con sus manos buscó de donde sujetarse, siendo elegida la espalda del mayor en la cual clavó sus dedos demostrando su desesperación en ese instante.
Levi no quería siquiera dejarlo respirar, necesitaba sentir ese cálido aliento cada vez que jadeaba por lo que se hacía nuevamente de su boca a solo instantes de separarse. Hacía seis días que había estado por perder el control en su casa y desde entonces deseaba poseer ese joven cuerpo en todas las formas posible, hacerlo gemir locamente, besar cada milímetro de esa tostada piel que desprendía un delicioso olor llevándolo a la locura. Quería tomar cada uno de los aspectos de ese chico y hacer lo que quisiera con ellos, quería quitarle ese semblante inocente y hacer que aquel rostro dulce y aniñado fuera cubierto por una máscara de placer que rogara por más.
De nuevo estaba deseando eso, de nuevo estaba al borde de la legalidad y no solo una que era penada por la ley, sino de una que era penada por él mismo. Su moral no parecía querer abandonarlo en ningún momento, por lo que incluso en ese instante de pasión su mente le recordaba que eso estaba mal.
Aunque no tenía que escucharla del todo. Aventurándose bajo la ropa de Eren acarició ese vientre plano que despedía el calor de la pasión. De a poco fue bajando hasta encontrarse con el obstáculo del pantalón, el cual decidió pasar por alto, llevando su mano sobre éste y acariciando suavemente la entrepierna del joven. Un nuevo jadeo fue soltado lo que lo obligó a hacerse de la boca ajena, aun cuando él no podía respirar muy bien tampoco.
Era cierto, él era un maldito criminal que siempre hacía lo que quería, había sido un asqueroso ladrón que tomaba lo ajeno como suyo… entonces ¿por qué no tomar ese delgado cuerpo que yacía bajo el suyo? ¿Por qué no hacerlo en terreno peligroso? ¿Por qué no se lo cogía ahí mismo, a metros de su padre y su familia, a unos cuantos pasos de la carpa de circo donde trabaja?
–Eren.
Una voz se escuchó a lo lejos, estaban llamando al chico puesto que su horario de trabajo aún no terminaba.
–¡Eren!
Nuevamente la voz, esta vez parecía más cercana, pero Levi tampoco quería dejar de besar al joven, aun cuando sabía que era cosa de segundos para que dieran con ellos.
–Maldita sea, Eren.
Esa voz estaba tan cerca que el castaño gimió por la excitación de ser descubierto. Era ahora o nunca, Levi debía alejarse en el instante si no quería que los descubrieran en una posición comprometedora. Aunque todos allí sabían de su relación, no era muy buena idea que estuvieran haciendo eso en horario de trabajo.
–Ah, aquí estás, Eren. Te he estado llamando ¿es que no me escuchabas? –dijo un joven bajito entrando a la tienda –¿Qué haces aquí? ¿Por qué estás sonrojado? ¿Te estás masturbando? –se burló señalándolo con el índice, mientras que su otra mano se dirigía a su boca deteniendo una risa.
–¡No!
–Oh, Dios, Eren, eres un pervertido –seguía haciendo que le joven se sentara en las telas y abriera su boca para rebatirle –Ni siquiera con un novio cambias…
–Cállate, Connie. No estaba haciendo eso, no lo necesito como otras personas –soltó eso último con burla, sabiendo que su amigo no tenía pareja.
–Eren…
–¿Por qué Marco ya no quiso dormir a tu lado? Oh, vamos, nadie quiere dormir contigo por tus sueños húmedos.
–¡Ya basta! –contestó Connie sonrojándose ligeramente –Ven, ya es hora de almorzar. Y trae a tu novio, sea donde sea que esté.
Solo luego de que Connie dijera eso, Eren se dio cuenta de que Levi no estaba por ninguna parte. Era imposible de que se hubiera ido muy lejos, pero que ni siquiera se hubiera dado cuenta de que se había ido le consternó un poco. Sí, definitivamente Levi le traía bastante loco, tanto así que logró desconectarlo por completo del mundo.
Miró su entrepierna que había reaccionado un poco ante el contacto del mayor y suspiró pesadamente, no quería tener su miembro duro durante la comida. Cerró los ojos como siempre lo hacía y mordió su labio inferior.
–Ya deja de pensar en tu abuela en enaguas –dijo Levi y Eren abrió sus ojos al instante encontrándose con ese hombre frente a él extendiéndole la mano.
–No era mi abuela… –murmuró avergonzado mientras aceptaba la ayuda para ponerse de pie.
–¿Sabes? No tienes porqué quedarte así –le susurró Levi a su oído haciendo que el chico se sonrojara más de lo que estaba –Podemos llegar un poco más tarde. No creo que haya problemas con eso.
Con esa gruesa voz impactando contra su oído, Eren estuvo pronto a dejarse llevar por las palabras tan tentadoras. Su cuerpo había comenzado a reaccionar nuevamente y no podía hacer mucho, Levi sabía qué hacer y cómo hacerlo. Sintió sus rodillas flaquearle y su mente nublarse por completo de nuevo. Recibió un húmedo beso de parte de Levi y entonces terminó por aceptar, dejándose llevar por la situación.
Rápidamente Levi desabrochó el cinturón de Eren, y con éste pronto sus pantalones, provocando que la expectación de parte de Eren creciera. Era la primera vez que le hacía algo así al castaño, no habían pasado de besos y caricias, pero con ese infantil rostro ligeramente sonrosado, lleno de lujuria y de las comisuras de sus labios corriéndole delgados hilos de la saliva de ambos, supo que no pararía esa vez. A la mierda la consciencia.
Sacó el duro miembro de Eren de la ropa interior y le dio una muy larga mirada. Estaba totalmente erecto y húmedo, cosa que incluso le pareció adorable. Tenía un buen tamaño, para ser de un mocoso, debía aceptarlo, además de que no era tan grueso, probablemente porque aún Eren era un chico.
Acarició la punta por donde se escurría el líquido que lo humedecía, sin quitarle la vista un solo instante. Eren no había notado eso, pero cuando lo hizo se sonrojó violentamente, mordiendo su labio y llamando la atención de Levi. Aunque le encantaba saber que era de su gusto, no podía evitar sentirse cohibido por la profunda mirada que éste le estaba dando a su miembro. Sí, era vergüenza lo que sentía.
–No –gimoteó cuando Levi volvió su mirada hacia abajo –No lo mires así.
–Solo estoy mirando tu cuerpo, Eren.
Había soltado esas palabras para decirle al castaño que haría lo que se le diera la gana, y en ese instante quería ver cómo ese pene crecía en sus manos al masturbarlo. Mientras, podía darse el lujo de escuchar los gemidos apagados que soltaba Eren, debido a que podían ser descubiertos, el joven había llevado sus manos a su boca intentando no ser muy ruidoso.
Entonces Levi decidió que así no era divertido. Acelerando el ritmo, elevó su mirada hacia el rostro de Eren, quien mantenía sus ojos cerrados con fuerzas y sus manos pegadas a su boca. Fastidiado con eso, apartó las manos del castaño y de inmediato salió un gemido que podría alertar a cualquiera. Bueno, tal vez fuera buena idea mantenerlas allí.
Eren abrió sus ojos encontrándose con la mirada de Levi, y de nuevo un sonoro gemido salió de sus labios únicamente porque éste le estaba mirando con gula. No podía aceptar eso tampoco, si antes se sentía extraño por que le mirara allá abajo, ahora estaba completamente seguro de que era más incómodo que le mirara de frente. Aun así esta vez no le pidió quitar la mirada, porque en el fondo y dejando toda incomodidad de lado, le gustaba saber que llamaba la atención de Levi.
De nuevo la velocidad de la masturbación aumentó, haciendo que Eren se retorciera, alejándose un poco de Levi, sin siquiera soltarlo. Solo entonces pudo darse cuenta de que sus manos se encontraban sobre los hombros del mayor, clavando sus uñas sobre la tela de la camisa. Intentó soltar un poco el amarre, creyendo que esto podría dolerle a Levi, pero luego de que los dedos del mismo acariciaran con suavidad su glande se retractó de la idea y no solo apretó con más fuerzas esos fibrosos hombros, sino que también refugió su cabeza allí, justo en el hueco entre el cuello y los hombros, ahogando gemidos que intentaban escaparse y alertar a todos sobre lo que ocurría allí.
Esa era, sin duda alguna, la mejor masturbación en su vida. Tanto así que no duró tanto como él habría querido y luego de unos instantes terminó viniéndose en las manos blanquecinas que le habían provocado todo ese placer. Mordiendo la clavícula de Levi por sobre la camisa logró evitar que un gemido demasiado fuerte saliera de su boca al momento de terminar, mientras que el resto de su cuerpo sufría por una corriente que amenazaba por hacerlo perder el equilibrio y caer.
Jadeó un par de veces antes que Levi volviera a besarlo con apremio, dejándolo incluso más mareado que en un principio.
–Ah… Lo siento… yo… –Eren solo observaba las manos de Levi manchadas con su propia semilla mientras sentía sus piernas fallarle.
–¿Esto? –preguntó Levi llevando una de sus manos cerca de su boca –No hay problema con esto –dijo lamiendo por completo el semen que la cubría.
Era todo, Eren no podía mantenerse de pie con un hombre así en frente. Finalmente terminó por dar de vuelta sobre las telas mientras observaba como Levi se deshacía de todo rastro de su semilla llevándola a su boca. Cuando ya no quedaba nada de ese líquido blanquecino, se inclinó sobre Eren y le besó, compartiendo con él el semen que había recolectado, logrando que Eren se perdiera por completo, llevando sus manos hacia el cuello de Levi, profundizando el beso.
–Buen chico –le dijo la voz ronca al oído, sacándole un ligero gemido.
Había exactamente tres mesas al aire libre, bastante largas. Ellos, sin embargo, se sentaron en la más pequeña de todas, donde el presentador y padre de Eren les esperaba, se les había reservado un lugar a cada lado de éste, y por primera vez Levi sintió remordimiento de lo que había hecho. Ese hombre, el padre del chico al cual había masturbado hacía menos de cinco minutos, le estaba sonriendo cálidamente.
Pero ya era muy tarde, solo tenía que comportarse como si nada hubiera sucedido y él era muy bueno haciéndolo. Sentándose en el lugar que se le había señalado frente a Eren, pudo ver que éste se encontraba aún sonrojado y agachaba la mirada directo al plato de comida que tenía sobre la mesa. Niño tonto, los delataría con esa actitud.
–¿Qué pasa, Eren? –preguntó Grisha.
–¿Tienes fiebre? –Mikasa, la cual había sido presentada como su hermana ante Levi, le tocaba la frente para comprobar la temperatura.
–Estoy bien –respondió el castaño negando con la cabeza –Creo que hoy hace calor y trabajar al aire libre no es muy bueno.
Todos asintieron, bien sabían que la insolación era muy común en ese trabajo, ya que el circo no solo pedía de artistas, sino que también de personas multifacéticas que estuvieran dispuestas a trabajar de sol a sol arreglando detalles.
–Y bien, Levi ¿a qué te dedicas? –le preguntó el padre de su novio mientras tomaba algo de ensalada de un bol.
–Al comercio –respondió seco y Eren negó ligeramente –Ah… trabajo en un supermercado.
–Oh, ya veo…
Por el momento se habían salvado de preguntas incómodas. Grisha había comenzado a hablar de algunas cosas que Levi no comprendía muy bien, ese hombre usaba palabras algo difíciles e incluso parecía un maestro de ceremonias aun cuando no estaban en el escenario. Miró a Eren unos instantes, quien le sonrió levemente y supo que por ese tipo de gestos podría aguantar a quien fuera. Bueno, al final debía darle las gracias a ese hombre por procrear al castaño.
No podía negarlo, Eren lo había sorprendido para bien, el joven era muy trabajador y siempre estaba dispuesto a ayudar en todo lo que fuera necesario, incluso cuando no se trataban de tareas a las que estaba habituado. También lo sorprendió su fuerza, aunque eso no era tan extraño puesto que para mantenerse en el aire necesitaba controlar muy bien todos los músculos de su cuerpo. Aun así, estas fueron cosas que llamaron su atención.
Lo que también le extrañó fue la obsesión que tenía Mikasa con el chico. Le siguió a todas partes luego del almuerzo, argumentando que se había visto muy ruborizado durante la comida y que esto podía provocarle algún accidente. Y por más que Eren se negaba a recibir ayuda, la extraña mujer hacía todo lo posible para que su hermano adoptivo hiciera el mínimo de esfuerzo. Levi se dio cuenta de que no solo Eren tenía fortaleza, sino que la misma Mikasa parecía ser capaz de levantar un camión si su hermano así lo requería.
–Es muy sobreprotectora –le explicó Eren algo avergonzado cuando se habían detenido a descansar –A veces me aburre.
–No debería. Es una persona que se preocupa mucho por ti, deberías estar feliz de tenerla –la defendió Levi, quien sabía muy bien lo que era estar solo en el mundo.
–Supongo –murmuró Eren. De nuevo, la madurez de Levi le había sobrepasado.
No podía evitar sentirse un mocoso, especialmente porque ese era uno de los apodos que Levi tenía para él. El pelinegro siempre lo hacía sentir demasiado inmaduro, cada vez que hablaban y Eren se quejaba sobre algo, Levi siempre le demostraba que estaba equivocado y que no sabía apreciar lo que tenía. Aunque esto, con el pasar de los días, dejó de ser una molestia. Eren se dio cuenta de que podía aprender mucho de los consejos de Levi.
El calor ese día era abrumador y aunque se encontraban descansando en la sombra de un árbol a unos metros del campamento, el cuerpo de Eren parecía no querer bajar su temperatura. Esto se debía también a que no había podido olvidar lo que Levi le había hecho en la carpa, donde lo había tocado de esa manera y había provocado cosas en él que…
Negó rápidamente con la cabeza, intentando borrar todos los recuerdos que volvían a su mente. No podía ser tan inmaduro, justo hacía un instante estaba pensando en ello y se había propuesto la meta de madurar. Pero no podía evitarlo, Levi le volvía loco con sus manos, sus besos y sus caricias. Su rostro se ruborizó levemente y giró la cabeza para evitar que Levi lo notara. Tomó aire y abrió la botella de agua que tenía en sus manos para lanzársela a su cara y así enfriar el calor que iba bajando por su cuello hacia su cuerpo.
–¿Qué demonios? –maldijo Levi cuando unas gotas de agua también lo salpicaron.
–Lo siento.
En verdad lo sentía, pero no tanto, porque de esa manera evitaba tener una erección. Bajó su rostro ante la desaprobatoria mirada de Levi y suspiró ligeramente, sintiendo las gotas de agua caer desde su flequillo a su nariz. Elevó nuevamente sus ojos hacia su pareja, éste le miraba con seriedad, pero ya no parecía molesto y eso lo relajó un poco.
Lo besó solo para comprobar que efectivamente ya no estaba enojado con él y al ser recibido gustosamente se alegró soltando una sonrisa entre el beso. Le gustaba eso, le gustaba no tener que esconderse cuando estaba en su hogar, porque en verdad, a nadie ahí le importaba su sexualidad, en el circo todos eran familia.
Esto mismo le agradaba a Levi y, viendo que no sería detenido por miradas prejuiciosas, pasó una mano por detrás de la nuca del castaño, atrayéndolo más hacia él. Su otra mano, sin embargo, viaja a terreno peligroso. Lo había visto, debido al agua que había caído sobre la blanca camisa de Eren, humedeciendo todo el tercio superior de ésta, había visto un pequeño botón erguido en la derecha gracias a la transparencia producida.
Acarició el pezón superficialmente, sintiendo bajo sus manos como ese acto hacía que el pecho de Eren se retractara. Sonrió complacido y luego se separó del joven para verlo a la cara y quitar los húmedos mechones de ésta.
–Está bien, perdonado –se burló Levi.
–No.
Eren volvió a acercarse para besarlo una y otra vez de manera suave, más que nada juguetona, con besitos cortos sobre los labios del mayor. Y Levi no pudo evitar preguntarse qué estaba haciendo con ese niño.
Ese día no hubo función a las dos de la tarde, pero no por eso Eren debía dejar botado sus deberes y pronto debió alistarse para la función de la noche. Sabiendo que Levi no faltaría se despidió de él y acompañó a Christa al camerino donde debía ayudarla con su traje.
Aunque era Ymir, su novia desde que se unió al circo, quien solía hacerlo, ésta se encontraba acompañando a Sasha, una de los payasos que hacía trucos con Connie, al médico, al parecer ser había intoxicado por culpa de su glotonería y ya que la joven arlequín siempre había sido muy buena amiga con ellas, esto según Christa, Ymir debía acompañarla, o sería la misma trapecista quien fuera, dejando de lado su acto.
–Más arriba, Eren –le indicaba mientras su peluca era acomodada.
–¿Cómo hacen esto? –preguntaba desconcertado, era la tercera vez que lo intentaba.
–No lo sé. Es Ymir quien siempre lo hace y nunca ha fallado.
Eren calló durante unos instante y dejó de intentar colocar la peluca en su lugar. Christa pensó que estaba buscando la mejor manera de acomodarla, pero cuando vio que su amigo no reaccionaba terminó por preguntarle muy preocupada qué ocurría.
–Tú… –comenzó Eren sentándose frente a la pequeña rubia como ésta le había indicado –Cuando pasamos por tu pueblo, tú nunca dudaste en unirte al circo una vez que Ymir te lo pidió ¿no?
–Ah, es sobre eso –susurró la chica con una media sonrisa en sus labios –Bueno, sí. Mi vida en mi ciudad natal no tenía nada que ofrecerme. Esto lo saben todos, mi madre no me quería, Eren –le dijo con cierta amargura –Y mi padre me había negado. Es por eso, yo no tenía nada, y luego llegó Ymir ofreciéndome una nueva vida, usar incluso un nuevo nombre –ahora sus ojos parecían brillar solo con mencionar a la joven –Me sacó de allí y me salvó, en todas las formas que un ser humano puede ser salvado. Tal vez ella te diga lo contrario, pero de no haber sido por su amabilidad, yo no hubiera podido ser capaz de sanar.
–Ya veo –murmuró agachando la vista. No, su historia no era para nada parecida a la de sus amigas.
Por otro lado, Levi estaba cansado de que siempre Hange lo acompañara. Era tan ruidosa y había agarrado el hábito de ir por él todas las noches para ver la función. Como siempre, esa vez, el auto de la castaña se detuvo frente a su casa y se apresuró a abrirle antes de que ésta tocara estrepitosamente la puerta, anunciándole no solo a él, sino que a todos los vecinos que había llegado.
–¿Listo para ver al tu lindo acróbata? –preguntó la mujer recostándose en el marco de la puerta, viendo como su amigo iba en búsqueda de su bufanda doblada sobre uno de los sillones. Aunque en el día el calor los había golpeado, al caer la noche el frío se hizo protagonista.
–Solo vamos –gruñó.
El auto de Hange quedó estacionado en la casa de Levi, no había necesidad de llevarlo al circo, solo estaban a unos cuantos pasos.
–Oye –le dijo Hange pasando uno de sus brazos por los hombros de su amigo en un fraternal abrazo mientras seguía caminando, haciendo que Levi se prepara, definitivamente diría alguna estupidez –Eren es un acróbata ¿no? ¿No has pensando en lo flexible que ha de ser? –preguntó cerca de su oído para luego soltar una ligera risita.
Bueno, tal vez no era tan estúpido lo que decía.
Cuando llegaron al circo se alegraron de ser de los primeros, no querían volver a sentarse en la parte trasera de éste. Ya ni siquiera Eren se dignaba a darle boletos, quien los cortaba en la entrada conocía tanto a Levi como a Hange, por lo que los dejaba pasar. La castaña siempre le preguntaba si estaba bien eso, porque al final, ellos trabajaban por eso y debían recibir dinero a cambio.
–Le devolveré cada centavo, eventualmente –fue la respuesta que Levi le dio esa noche.
–Oh, ya veo.
Hange Zoe conocía muy bien a su amigo, y si éste le decía que devolvería el dinero, así sería, y probablemente con intereses.
Era poco sabido tanto como para el público en general como para quienes trabajan con ellos la suma de la cual Levi era dueño. Aun así, Hange podía hacerse una idea de la cantidad de billetes que su amigo poseía, puesto que era prácticamente lo mismo que ella tenía, al fin y al cabo, eran socios que se repartían las ganancias en partes iguales.
Cuando Levi llegó a la ciudad lo hizo sin un centavo, completamente en la quiebra debido a unos problemas que había tenido en su hogar anterior. Era por eso que había arribado al lugar, escapando de deudas monetarias y esperando esconderse durante un tiempo de los malditos que lo perseguían. Allí, en un bar conoció a Hange Zoe, quien acaba de perder a su padre y parecía celebrar el hecho, pronto entendería que esa era la manera que tenía la mujer para pasar las penas. Durante una corta conversación que sostuvieron ambos una de esas noches, se cerró el trato. Levi pondría a los contactos y Hange el capital, éste sacado de la herencia que le dejó su difunto progenitor.
Lo demás es historia. Ambos habían hecho un imperio en una pequeña ciudad cercana a un puerto, pero había sido ese el detalle que había hecho la diferencia. Debido a que los contenedores que salían y entraban del puerto no eran revisados, ese era su mayor medio de transporte para su mercancía. En el lugar vivían viejos amigos de Levi que hicieron todo más fácil, y justo ahora, tanto él como Hange eran los reyes en el pequeño submundo de esa ciudad, siempre en el anonimato.
–¿Ese es Eren? –preguntó Hange como si no se lo creyera.
Efectivamente era él disfrazado como un payaso. Levi abrió sus ojos ampliamente, no le había dicho que haría eso esa noche. Sorprendido volvió su mirada hacia su amiga que reía bajito, llevando su mano hacia su boca, como si temiera que la risa saliera, y bueno, es que Levi no permitiría que nadie se burlara…
Demasiado tarde, todos en el lugar soltaban carcajadas por lo que estaba haciendo el chico y Levi no fue la excepción. No supo si era porque el acto era demasiado bueno o porque se trataba de Eren, pero en su rostro se dibujó una leve sonrisa que terminó en una corta carcajada cuando Eren dio contra el piso tropezando torpemente.
–Cuando le diga que lo hiciste reír no me creerá –le dijo Hange llevando su mano hacia la boca del estómago, que para esas alturas le dolía de tanto reír.
Luego el acto siguió como de costumbre y durante por un segundo la mente de Levi se desconectó. Por el rabillo del ojo pudo observar a alguien vestido completamente de azul y de apoco fue girando su cabeza hasta que comprobó sus sospechas, se trataba de un policía. Por primera vez en lo que llevaba el circo en la ciudad, aparecía un oficial en pleno acto. Preguntándose qué ocurría, no quito su atención del hombre mientras su vista volvió hacia el escenario donde todo transcurría con normalidad.
Debía ser Erwin quien estaba simplemente jugándole una broma, diciéndole con ese tipo de actos que siempre tendría un ojo sobre él. Y claro, ese día había faltado al trabajo en el supermercado, por lo que Erwin debía estar preocupado y había mandado a uno de sus hombres a vigilarlo. Apretando sus puños sobre sus piernas deseó que el oficial se fuera antes de que la función terminara. Cosa que no sucedió.
Cuando llegó la hora de ponerse de pie y marcharse, el policía se interpuso en su camino y le empujó deliberadamente contra su amiga. No se había esperado eso, por lo que rápidamente perdió el equilibrio mirando directamente al hombre que lo había hecho y grabando en su retina la risa burlesca que había aparecido en los labios de ese cerdo. Por suerte Hange parecía más preparada para la ocasión, su cerebro le decía que nada bueno saldría gracias a ese hombre, por lo que pudo reaccionar ayudando a su amigo para luego cruzarse de brazos y hablarle al oficial con bastante enojo.
–Creo que le debe una disculpa a mi amigo, señor oficial –le dijo levantando un poco su barbilla, demostrando que no le temía a un simple peón de la policía.
–¿Ah, sí? Disculpa, tu amigo es tan enano que no lo he visto –se burló el hombre, aunque con suerte mediría un metro con setenta centímetros.
–¿Qué? –preguntó incrédula la castaña –¿Cómo es que un hombre como usted se graduó de la academia? ¿No están para servir a la…?
–Está bien, Hange –la interrumpió Levi pasando nuevamente al lado del oficial, ignorando por completo la mirada de repudio que éste le daba.
–No sé cómo es que el jefe tiene sus ojos sobre ti –dijo el hombre haciendo que Levi se detuviera por completo –No puedo creer que piense que eres peligroso –soltó, le había confirmado las sospechas a Levi sin quererlo –Eres solo un cobarde –escupió con veneno.
–Bueno –murmuró mirándole por sobre el hombro para luego seguir caminando seguido de Hange quien se apresuraba por alcanzarlo.
Eran ese tipo de hombres los que nunca llegarían lejos, menos en una institución como la policía, por lo que Levi no dijo nada más, se estaba enfrentando a alguien que era y sería siempre un simple peón para Erwin, un hombre sin valor y sin inteligencia, que solo servía para mandados simples como comprobar la ubicación de alguien.
A fuera se encontraba Eren como siempre, esperándolos para hablar de temas triviales antes de que Hange sintiera que sobraba ahí. El muchacho les explicó que en verdad él se había caído por su culpa, no porque fuera parte del show, provocando que Levi quisiera volver a reír. Aunque era capaz de mantener el equilibrio a varios metros del suelo, era tan torpe como para caerse aún con sus dos pies sobre la tierra.
–¿Irás mañana a mi casa? –preguntó el mayor cuando vio pasar el auto de su amiga, ya podía relajarse, ella no escucharía nada.
–¿Ah? –Eren no podía creer lo que había oído. Aun cuando había ido en muchas ocasiones al hogar de Levi, esta vez algo en el tono de voz utilizado por éste le hizo sentirse un pervertido.
–Lo que oíste, niño –gruñó algo fastidiado con la actitud del menor, si seguía siendo tan infantil terminaría por hacerlo arrepentirse de nuevo.
–¡S-Sí! –aceptó el joven, aunque con voz temblorosa, sonaba decidido.
–Muy bien, será entonces luego de la función –susurró Levi cerca de su oído mientras le acariciaba superficialmente el cabello para dejar el lugar.
Tal vez no estaba siendo un pervertido, tal vez Levi sí iba a hacerlo esa vez. Con una sonrisa tímida dejó el lugar para volver a sus últimos deberes del día.
Mientras tanto Levi seguía su camino hasta su casa, sintiendo cómo era seguido por sombras que probablemente no estaban allí. No podía evitarlo, se sentía plenamente vigilado y por más que quisiera relajarse, era imposible con toda esa tensión. Erwin lo tenía donde quería, aun cuando no se había presentado frente a él en todos esos días, presionándolo mentalmente, haciendo algo que muy pocos eran capaces de hacer. Tenía que aplaudir el talento del rubio, estaba sorprendiéndolo mucho últimamente.
Luego de escuchar un ruido a su izquierda y justo antes de entrar a su casa, Levi tomó una piedra de su patio y la lanzó con furia hacia el lugar de donde provenían los extraños sonidos. Pudo ver como una silueta humana escapaba por el callejón a solo una casa de la suya y abrió sus ojos ampliamente, ¿de verdad no era su imaginación? ¿De verdad lo estaba vigilando incluso a esas horas?
¿Cómo planeaba llevar al niño a su casa entonces al día siguiente? Eso sería simplemente imposible. Debía cancelar todo, debía evitar que Erwin supiera más de su relación con Eren, porque de otra manera ese maldito lo usaría.
Y le cayó como un balde de agua fría. Se había dado cuenta que durante el día alguien pudo haberlos vistos, algún espía de Erwin que no fuera tan tonto como ese oficial que había enviado al circo. Llevó su mano a sus cabellos y se apoyó en la puerta. Alguien pudo haberlos visto, alguien lo hizo, de hecho. Él no había sido recatado y durante el día había besado y acariciado a ese niño tantas veces que no le quedarían dudas de su relación a la persona que los vio.
Maldita sea, la había cagado y ya no podía hacer nada al respecto.
O tal vez sí. Erwin quería jugar un juego donde no había reglas, Erwin estaba intentando hacer cosas sucias, entonces él le enseñaría a ese tonto rubio cómo se hacían, demostrándole quien era.
Entró a la casa encendiendo las luces del living para luego salir por la puerta de la cocina y saltar la pequeña valla que separaba su patio de un estero de unos cuantos centímetros de profundidad. Con la precaución de no caerse en las aguas, caminó por el borde hasta llegar a un improvisado puente hecho con un simple neumático de auto y sobre éste una tabla algo podrida por la humedad. Desde allí siguió su camino bordeando la ciudad, pasando por lugares que solo él conocía, cerciorándose cada ciertos metros que nadie le seguía. Su meta era la casa de Hange. Esa noche Erwin pagaría por meterse en asuntos que no debía, esa noche Levi le demostraría a su enemigo que él también podía hacer lo que quería sin ser culpado.
A la mañana siguiente Eren se levantó y luego de asearse se dirigió hacia la panadería en búsqueda del desayuno. Sin quererlo escuchó la conversación de dos mujeres en el local. Una le decía a otra que había sucedido durante la noche, que las llamas habían estado a punto de llegar a su casa, que creía que por vivir a un lado de la estación de policía estaría segura, pero al parecer no era así.
La otra le preguntó la causa del siniestro y la respuesta que obtuvo fue simple, falla eléctrica, eso habían dicho los bomberos luego de indagar durante toda la madrugada cuando el incendio fue sofocado. Después, como un anexo, añadió que todos los papeles y archivos habían sido quemados, que el jefe dela policía tendría mucho trabajo esos días arreglando todo.
–Una persona tiene que ser muy tonta o muy inocente para creer esa excusa –le dijo el hombre que estaba pensando el pan, al parecer atento a la conversación de las mujeres también –Es bastante obvio –decía anotando el precio en la boleta –Tal vez para ti no lo sea, no eres de aquí, pero este pueblo tiene dueños –el anciano recibió el pago y buscaba entre su cajón monedas para el cambio –Erwin no puede hacer nada contra eso, a menos que los mate, porque estas ratas son un chiste –sonrió entregándole a Eren las monedas y su boleta –Nadie se mete con ellos y Erwin por fin se dio cuenta de eso.
Asintiendo levemente, Eren dejó el lugar. Estaba consternado, a su mente solo llegaba la imagen de Levi, pero por más que quería no podía imaginárselo quemando un lugar y mucho menos una estación de policía, donde, como había dicho una de las mujeres, aún quedaba gente trabajando.
De pronto su corazón dio un vuelco. Frente a él se encontraba Levi, quien iba camino hacia su trabajo, se veía bastante tranquilo, por lo que por un momento Eren creyó que era imposible que se tratara de él, debía ser otro criminal el que había acabado con toda la estación. Suspiró aliviado y le sonrió con algo de culpa, no podía concebir que hubiera creído que se trataba de él.
Pero de pronto, cuando la mano de Levi se acercó a su rostro para darle una suave caricia, Eren soltó la bolsa de papel, dejando que los panes se repartieran por el piso, algunos rodando lejos y llegando a la calzada, donde los autos que pasaban los aplastaban con sus ruedas.
Un silencio incómodo de produjo luego de eso. Una mano voló hacia su boca y antes de que alguien se percatara, fue llevado a un callejón cercano donde fue empujado contra la pared de manera casi violenta, dejándolo totalmente consternado.
…
…
Continuará
.
Sí, tengo una obsesión por los incendios.
Alguien deténgame, tengo una obsesión por escribir este fic, de hecho, paso horas pensando en éste, supongo que es la emoción de estar comenzándolo, cuando llegue a la mitad se me pasará un poco, lo que debería ser en el siguiente capítulo.
En su mayoría este fanfiction está inspirado por canciones de Shakira, Maná, Bacilos y otros de ese tipo. Solo quería decirlo, porque me hace feliz escuchar esas canciones de cuando yo era muy enana. ¿Amor clandestino? ¿Procura coquetearme más? ¿Ojos así? ¿Caraluna? ¿Mi reina del dolor? ¿Les suenan? Ok, déjenme.
Si hay alguien que puede hacer sentir a Levi como un pobre diablo, ese es Erwin, quien demostró ser súper antagonista cuando tiene que serlo. Es por eso que lo he elegido a él para ese papel, ha pasado la prueba y ha demostrado lo que vale con el spin-off (esto va como disculpas a la señorita Manzana cuyo Erwin está siendo constantemente villanizado (?)).
Definitivamente esta historia durará más de lo que tenía presupuestado.
Solo quiero darles las gracias a todos por sus comentarios, por sus lecturas, por sus favs y sus follows. También pedir disculpas por cortar el capítulo así y dejarlas wtf (esto último no es tan real).
Muchas gracias de verdad.
