Disclaimer: Los personajes no son de mi propiedad, pertenecen a Isayama Hajime y yo solo utilizo su… eso, no me gusta ser formal, así que no lean nunca mis Disclaimer, son como caca que pienso cuando estoy aburrida.

Advertencias: Todos saben que este es un fanfiction lemon, así que sí, hay porno en este capítulo también. Súmenle a eso cierto grado mayor de violencia y un muerto o dos.


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Sexto capítulo: Sonríe.

Silencio.

Varios minutos de silencio embargaron el interior de ese automóvil ajeno. Nadie se atrevía a hablar, sus ocupantes estaba sumidos en sus propios pensamientos, ausentes de lo que ocurría en la cabeza del otro. Y ese silencio tan aterrador ni siquiera parecía ser cortado por el motor andante, ruidoso, cuyo movimiento provocaba un sonido metálico pesado lo suficientemente fuerte como para llamar la atención de cualquiera. Se podría decir que ese silencio era casi mortal.

Confundido, Eren miraba sus pies puestos cuidadosamente sobre la guantera del automóvil totalmente descalzos. Nerviosamente movía esos dedillos que se reflejaban en el vidrio que tenía en frente. Quería decir algo, tal vez pedir perdón o a lo mejor explicar todo por completo, con muchos detalles de cómo se había sentido, para que así el hombre a su lado tuviera piedad. Pero no podía, porque de su boca no parecía querer salir sonido alguno y su lengua estaba aún tan anestesiada que una mente tan confusa no sería capaz de manejarla.

Tomó aire y decidió seguir mirando por la ventana el desolador paisaje, para así, de esa manera, su mente pudiera enfocarse en las palabras que no querían ser articuladas. Tomó muchas bocanadas de aire, como si se estuviera ahogando y era en parte verdad, él se sentía completamente ahogado, pensaba que en sus pulmones solo había algún extraño fluido que le impedía respirar con tranquilidad, y esto se debía al miedo.

Carraspeando un poco volvió la mirada al conductor, tan tranquilo, tan inmutable, Eren creía que iba a morir por culpa de ese rostro serio. Levi era un tipo muy guapo, su perfil era perfecto, sus arcos y su nariz eran varoniles, pero la línea de su quijada era tan suave y femenina que hacía un contraste casi perfecto, adhiriéndole esos ojos alargados, grandes en cierta medida, pero fríos y afilados como si de cuchillas perfectamente iguales se tratara.

Y de nuevo silencio.

Eren dudó en todo momento que fuera a salvar su relación, se había comportado de manera estúpida, poniendo en peligro la operación de Levi, y ahora sostenía entre sus manos la bolsa de papel con donas que el mismo hombre le había comprado, además de la mitad de las servilletas que por derecho de su compra le tocaban.

Hizo de nuevo una señal de que iba a hablar. Llevó su mano hacia su mentón y volvió a carraspear, llamando por fin la atención de Levi quien se detuvo a un lado del camino. El chico le miró como si se tratara de un perro que sería botado lejos de la ciudad para que no volviera a casa, al menos esa fue la impresión que tuvo Levi. Sus ojos enormes y verdes le miraban pidiendo piedad y entonces todo pareció tomar sentido para Levi. El niño estaba preocupado por lo que había pasado minutos atrás y aunque él había llegado tarde a la escena, ahora podía hacerse una idea de lo que había ocurrido.

Luego de comprar esos pastelitos dulces había salido de la cafetería y lo primero que vio fue a un oficial de policía exigiéndole a un atrincherado Eren que abriera la puerta del automóvil y que saliera con las manos arriba.

—¡Los cargos son no obedecer a un oficial de la policía! ¡Esos son los cargos, mocoso! ¡Abre ahora! —gritaba el hombre golpeando uno de los vidrios, respondiendo a la pregunta que Eren había formulado segundos atrás.

—Disculpa, buenos días —llegó Levi rodeando el auto para abrir la puerta en la que el chico se apoyaba tan afanadamente, haciendo que de inmediato se cayera sobre el asfalto —. ¿Qué ocurre aquí? Yo soy el responsable por este mocoso y quisiera saber qué está pasando.

—Este niño no me ha obedecido. Por ende, se ha convertido de inmediato en sospechoso de actividad ilícita. ¿Comprende señor…?

—Solo llámame Levi —y de la misma manera con la que había tratado con la policía tiempo atrás, logró tranquilizar al hombre —. Lamento el comportamiento de este niño, tiene muchos problemas con la autoridad y su reacción es normal en esta época, los chicos ya no son lo que solían ser ¿no es así? —Eren se ponía de pie mirándolo confuso mientras recibía entre sus manos la bolsa con las donas dentro —. ¿Y qué necesita, señor oficial?

—Únicamente le quería pedir una servilleta al mocoso. Carmen, la de la cafetería, no te deja tener más de las que ella te da…

Luego de una pequeña charla, el oficial le pidió a Levi mantener vigilado al mocoso, que podía andar por malos pasos. Y eso Levi lo sabía, ningún chico bueno salía con criminales.

—¿Tenías que hacer tanto escándalo por unas servilletas? —preguntó luego de que hubieron aparcado a un lado de la vía, su voz tenía un ligero tono de entretención que alegró un poco a Eren.

—¿No estás molesto? Como no me habías hablado creí que tal vez estaba enojado conmigo. No fue mi intención molestar al oficial tampoco —su voz sonaba cohibida y en su mirada había un deje de temor, pero para Levi esto no fue más que un truco barato. No existían las personas arrepentidas para ese criminal.

—Ahora que lo mencionas, sí, estoy un poco molesto, Eren —la respuesta que el joven no quería oír había salido de los labios de Levi y su corazón comenzó a acelerarse perdidamente asustado. Una angustia recorrió su cuerpo pasando por su espina, sin olvidar ni una sola porción de ésta cuando notó que Levi se le acercaba —. Podría ser bastante molesto —susurró con picardía, pero Eren estaba tan temeroso que no se dio cuenta de esto y solo se apegó más a la puerta de su lado ante la incipiente cercanía entre sus cuerpos —. Oye —esa simple palabra que fue soltada sobre sus labios logró relajarlo, el tono era distinto, el tono era tierno y se parecía mucho al que Levi había usado la noche anterior.

—¿Mmm?

—¿Me tienes miedo? —era una pregunta que Levi no solía hacerle a nadie. Sabía que muchas veces sus actitudes podían intimidar a las personas, era muy consciente además de su fama de matón y de su mirada fría, pero no por eso le preguntaba a la gente lo que sentían por él.

—Algunas veces —la sinceridad de Eren lejos de molestarle, le relajó. Que le hubiera mentido hubiera sido una prueba de que el muchacho no era de fiar, porque además él lo hubiera notado rápidamente —. No todo el tiempo, es solo que…

—¿Te asustan incluso mis escarmientos?

—Escarmiento —repitió Eren más que nada para sí buscando un punto en la guantera para mirar, teniendo el cuerpo de Levi pegado al suyo, ambos compartiendo el asiento que copiloto —. Sí, me asustan tus escarmientos. Creí que de verdad ese chico iba a… ya sabes —susurró apretando la bolsa de papel entre sus dedos.

—¿No es demasiado tarde para que te preocupes por eso? —Eren levantó la vista con sus ojos muy abiertos, no entendía el punto que Levi ahora tocaba, pero su reacción fue tomada como sorpresa —¿No habías pensando en esto antes, no? Pero ahora que podías haberte convertido en mi víctima, tú me tenías miedo.

—No —la respuesta temeraria que Eren le dio cambió los papeles, ahora el sorprendido era Levi por su extraña sinceridad—. Son miedos distintos, Levi.

—¿Cómo?

—Tú me preguntaste dos cosas distintas. Sí, me molesta aún como trataste a ese chico, y sí, tenía miedo de que le hicieras algo, pero ahora tenía otra clase de miedo —los brazos de Eren se abrazaron al cuello de Levi y sus suave dedos comenzaron a juguetear con el cabello del mayor aturdiéndolo por completo. Levi no entendía y no había forma que lo hiciera sin una explicación —. Tenía miedo de que me dejaras aquí, de que abrieras la puerta y me pidieras bajar —susurró acortando la distancia entre sus rostros —. Tenía miedo de que me dijeras que no querías volver a verme por haberte puesto en peligro —Eren hubiera seguido hablando de no haber sido porque fue removido del asiento y vuelto a sentar sobre las piernas de Levi.

—¿Esperas que me trague todo eso? —gruñó contra el oído del menor quien ahora le daba la espalda.

—Es la verdad —el tono de indignación de Eren sonó bastante divertido para Levi, y aprovechando la postura y que su boca quedaba cerca de la nuca del muchacho, mordió el moreno cuello con suavidad —. Levi, aquí… aquí no —advirtió el chico crispándose por completo, le gustaba que los labios de Levi pasearan sobre su piel, especialmente si se trataba de su nuca, y que sus manos comenzaran a recorrer sus muslos, pero estaban en plena carretera —. Levi, vamos, no aquí.

—Solo un poco más —la voz grave y tono sensual que Eren supo, había sido deliberado, dieron contra la nuca del muchacho, tensándolo de nuevo —. Solo hasta que estés tan caliente que te duela.

—Eso no será así —Eren sabía que su voz le temblaba y que Levi lo había notado, pero mantenerse firme era la única manera de alejar todos los sucios pensamientos que pronto podrían dejar todo de cabeza —. Levi —iba a continuar con su frase, pero su cuerpo se hizo cargo de ello soltando ese vergonzoso sonido, esas tripas llorando de hambre que habían acabado también con el precioso instante frente al roquerío —, tengo mucha hambre.

No había necesidad para decir esa última frase, Levi ya lo sabía y ahora solo quería botarlo por la ventana de verdad.

—Mocoso de mierda.

—¡Oye! —Eren no pudo molestarse un momento siquiera, cuando se volteó para encararlo y decirle unas cuantas palabras por haberle llamado así, su mente se nubló ante la divertida sonrisa que surcaba los labios de Levi, inclinando ligeramente hacia arriba las comisuras de esos finos labios. A su vez, Eren sonrió sin saber bien porqué.

Durante lo que quedaba de camino, Eren pudo finalmente comer las donas que mantenía en la bolsa. Al contrario de lo que Levi había creído, ese chico se había devorado los pastelillos azucarados en pocos instantes, sin casi saborearlos. Probablemente se debía al hambre que estaba sintiendo, pero para Levi no fue más que glotonería porque cinco donas en solo unos cuantos minutos no tenía explicación para él.

—¿Luego irás donde Hange? —había preguntado Eren durante el desayuno en la casa de Levi, más que nada para tener un tema de conversación.

—Hoy tengo mucho trabajo que hacer, así que sí, se podría decir que iré donde Hange —mientras articulaba su respuesta colocaba frente a Eren un té con leche para que desayunara, y como el niño no había guardado sus donas, solo había pan y mermelada sobre la mesa.

—¿Tendrás tiempo para ir al circo? —Eren había agachado la cabeza directo hacia la taza, entrecerrando sus ojos ligeramente mientras observaba el suave color café que el líquido tenía.

—Puedo hacerme el tiempo.

Con eso Eren tenía suficiente. Levi no necesitó ver su rostro para saber que una sonrisa se había dibujado en él, solo tomó su taza de té entre sus manos y sopló el vapor que se había acumulado en el tope de ésta. A veces era bueno para su espíritu el tomar desayuno calmadamente luego de un corto viaje en automóvil por la costa, a veces le hacía sentir menos un monstruo y más un ser humano.

—Llegas tarde, Levi —Hange había abierto la puerta del granero para él, escuchando el motor de su automóvil que advertía que se trataba de su amigo —. Tenemos visitas.

—Luego. Ahora debemos hacernos cargo de otras cosas —soltó serio, tenía una carga importante en ese portamaletas como para prestar atención al tono de voz que Hange había usado, ironía pura.

—Levi, tenemos visitas importantes, no puede quedar para después.

Atado en una silla y amordazado con un sucio paño, se encontraba Nick, el pastor de la iglesia local y quien a veces solía ser un dolor de cabeza. El hombre ya mayor y con un sentido extraño de justicia alegando que Dios le entregaba el poder para acabar con las sombras, siempre terminaba metiéndose en líos, asuntos policiales que nada tienen que ver con civiles. Nadie fuera de la iglesia creía que ese tipo era el encargado de llevar la lanza del arcángel, como él mismo decía, pero solía meterse en problemas por espiar a bandas de delincuentes, sin embargo, siempre era dejado en libertad por éstas, las que creían que se trataba únicamente de un viejo loco.

Lástima que esta vez la banda era la de Levi.

Durante mucho tiempo Hange y su socio habían operado de manera silenciosa, sin ser jamás descubierto ni por el pastor ni por la policía. Por lo mismo se habían olvidado de patrullar los alrededores y ahora que la policía tenía ese problema con su edificio quemado, poca importancia le daban a mantener bajo el perfil. Era por eso que un tipo como Nick había dado con ese escondite entre lo más profundo del bosque.

—Así que sí son visitas muy importantes —la voz macabra de Levi llegó como un silbido de muerte a los oídos de Nick, haciéndolo sudar de temor y retorcerse en esa vieja silla de madera apolillada.

—Erd, Petra —los llamó Hange saliendo del lugar y dejando que tanto Levi como Auruo se hicieran cargo del pastor —. Necesitamos repartir todo esto —sonrió golpeando con suavidad el fierro del portaequipajes con sus dedos —. Así que pueden comenzar a moverse, chicos, el tiempo es oro.

Aplaudiendo con sus manos comenzó a apurar a los jóvenes para que sacaran de allí las cinco cajas que Levi había llevado desde el puerto. Era mercancía valiosa y al parecer ya había comenzado a venderse. Les dejaría mucho dinero, pero las montañas de billetes no esconderían a un muerto, ella debía pensar en algo, no estaban tratando con un criminal cuya muerte no sería una sorpresa, esta vez se trataba de alguien de familia, un buen hombre a los ojos de la sociedad.

—¿Otra vez irás al circo? —preguntó cuando vio que Levi tenía intenciones de dejar el granero pronto. Solo quedaban ellos dos, luego de que la mayoría de la mercancía fue repartida, los demás se habían ido a sus casas por un merecido descanso.

—¿Tienes algún problema con eso?

—No, eres un niño grande y puedes hacer lo que quieras —respondió encogiéndose de hombros para restarle importancia —. Sin embargo —advirtió antes que Levi pudiera ponerse encima la chaqueta —, Eren es un chico muy joven ¿cuántos años tiene?

—¿A qué viene esa pregunta? Ayer parecía no importarte que me cogiera a un niño —su tono de broma hizo que los labios de Hange se curvaran una y otra vez como si eso le ayudara a encontrar una respuesta.

—No lo digo por eso. Solo estuve pensando, le queda poco tiempo al circo en la ciudad ¿no? ¿No te importa eso? —su pregunta descolocó un poco a Levi, pero Hange no fue capaz de percibir eso, se encontraba absorta en los números positivos que arrojaban sus cuentas.

—No.

—Ya veo.

Hange levantó su rostro hacia su amigo por última vez ese día. Estaba corriendo aún el frío viento de primavera, por eso, cuando la puerta del granero se abrió, sus hojas revolotearon un poco desordenando sus cálculos. Suspiró aburrida, sería una larga noche de trabajo y ella también quería ir al circo, para simular como Levi lo hacía, para sentarse a un lado de un niño y olvidarse de cuál era en verdad su trabajo, cual era su especialidad.

Aunque Levi hubiera deseado llevarse el auto de Hange para no embarrarse los zapatos, no lo hizo. Ella se quedaría hasta tarde probablemente y lo necesitaría más que él. Por alguna extraña razón el agua del pantano cercano había subido y ahora amenazaba con invadir de barro todo su sector, llegando incluso a tocar un costado del granero. Si eso pasaba, deberían mudarse y por más que lo pensaba no encontraba un buen lugar para hacerlo.

Detuvo su andar al reconocer a la persona que se interponía en su camino. De pie y con un oscuro semblante, el hombre que acababa de matar le miraba con ira y odio, era natural, se dijo, no podía esperar menos. Inclinado a la izquierda por culpa de un golpe en las costillas que Auruo le dio, el cadáver frente a él pareció sonreír, aunque en verdad no era una sonrisa, eran las comisuras del corte en su cuello que había acabado con su vida las que se alzaban triunfantes. Aquello podía llamarse un presagio, pero Levi solía tener ese tipo de alucinaciones durante sus primeros años como asesino. De eso había pasado mucho tiempo.

Cerró los ojos y agachó la cabeza un instante, si lo ignoraba se iría. Levi no estaba tan loco como para no saber que solo se encontraba en su cabeza, pero temeroso de que le siguiera comenzó a caminar entremedio del bosque, intentando perder ese recuerdo tan fresco. Si daba suficientes vueltas y era rápido, sería capaz de engañar a ese cadáver que le seguía tan afanadamente, desprendiéndoselo como si de un policía se tratara.

Solo un poco más adelante, tal vez si doblaba en aquél árbol y era lo suficientemente certero en sus movimientos ese recuerdo del pastor le dejaría en paz. Probablemente podría cansarlo, esa era su otra alternativa, caminar tanto hasta desfallecer y cansar su propia mente, obligándose a sí mismo a sumirse en un estado de letargo hasta que por fin olvidara el motivo de su huida. Pero tardaría mucho si lo intentaba y el recuerdo de telas multicolores y algodón de azúcar llegaba a su mente a ratos, como veloces imágenes interponiéndose entre sus sangrientos recuerdos.

No estaba seguro de cómo era consciente del bosque a su alrededor, porque el verde paraje no abandonaba su retina aun cuando sus recuerdos se interponían. Se estaba volviendo loco entre todos esos árboles enormes cuyas copas impedían el paso de la luz y aquello no debería estar pasando.

Se detuvo frente a un tronco caído cuyas raíces se alzaban al cielo despejado, sin ramas ni hojas que se interpusieran, secándose por su falta de contacto con el suelo. Entonces se dio cuenta, estaba siendo un cobarde, estaba huyendo de lo que él mismo había hecho sin razón alguna. Levi no era así, él ya no era un niño cobarde e inexperto, él era alguien distinto al resto, un profesional en una disciplina en la que no hay maestros para que te enseñen. Pero como fuera, Levi sintió remordimiento por primera vez ese anochecer, observando como las raíces bailaban por culpa del viento, y ninguno de los pensamientos que podría tener iban a cambiar eso.

Observó por última vez ese triste cadáver que ahora yacía oculto bajo tierra y muy lejos de allí. Nick pedía venganza porque los muertos siempre piden que su sangre derramada sea restituida, pero Levi ya estaba acostumbrado a eso y no dejaría que un hombre que ya no estaba sobre el suelo le quitara su cordura. Escupió con repudio la tierra bajó él y volvió sus pasos hacia la ciudad, sabiendo que sobre su nuca siempre tendría la mirada de aquellos a quienes había asesinado alguna vez, pero también consciente de que tan pronto se acostumbrara a este nuevo par de ojos que comenzaban a vigilarlo, dejaría de sentir remordimiento.

Cuando llegó frente al circo la carpa se había cerrado y pronto la función terminaría. Había pasado tanto tiempo en el bosque escapando de algo que le seguiría por siempre, que había olvidado por completo el paso del tiempo. Ese no era su día.

Con la intención de irse, se giró sobre sus talones y dio unos pasos, alejándose de las luces que rodeaban la carpa producto de ampolletas pintadas de verde, azul y rojo, dejando que la oscuridad lo cubriera completamente. No sabía qué estaba haciendo allí, no sabía por qué luego de hacer algo tan repudiable por la mayoría de la humanidad había ido a ver a Eren. Alguien en su sano juicio no lo haría y Levi lo sabía también.

Si se iba en ese momento y evitaba ver a Eren, podría también evitarse el tener que actuar con naturalidad cuando no se sentía bien.

Se volteó de nuevo mirando hacia la entrada del circo, unas risas finales y unos aplausos de parte del público anunciaron el término de la función, una a la que él no había asistido. Caminó lentamente rodeando la carpa, celoso de quienes ahora comenzaban a salir de la carpa, siempre negándose a alejarse de las sombras de la noche.

Y allí lo vio, saliendo de la parte trasera del circo, Eren corría hacia el público. Levi lo sabía, lo estaba buscando a él. Quiso sonreír un poco ante ese acto, el niño había pasado solo a metros de él y no lo había visto, pero luego se retractó sin saber bien porqué.

Casi al instante Eren detuvo su carrera y se volteó hacia Levi, con sus grandes y alegres ojos verdes, sonriéndole dulcemente como él no se lo merecía. De inmediato el muchacho pareció notar que había algo mal y corrió hasta Levi para abrazarlo fuertemente, sosteniendo el cuerpo más bajo con el suyo, como si supiera que estaba triste por algo.

Acariciando los negros cabellos, Eren soltó unas palabras tan dulces que confundieron a Levi unos momentos. ¿Tan mal se veía? ¿Tan decaído? No quería imaginarse cuál era su semblante en ese instante, ya tenía suficiente con la voz preocupada de ese mocoso. Pero podía decir que ya estaba bien, que Nick podía irse a la mierda porque ahora estaba tan en el fondo, tan dentro en el infierno que su cadáver jamás sería encontrado.

Y así fue, esa figura en su mente caminó lejos, no iba a molestarlo más. Pero como si se tratara de una cruel broma formada por el alma en pena de un hombre que no quería morir, Nick caminó directo hacia Erwin, pasando por el lado del hombre quien ahora no vestía su impecable uniforme.

—¿Levi?

—Eren, vamos —ordenó tomando la mano del chico.

—¿Eh? ¿Ahora? ¿A dónde? —de inmediato Eren quiso morderse la lengua, las preguntas eran tontas e innecesarias —¿Puedo cambiarme por lo menos? También tengo que lavarme y…

—Tienes diez minutos.

Eren no lo dudó ni un segundo y salió corriendo en dirección a su improvisada habitación siendo en todo momento vigilado por el atento ojo de Levi. Si Erwin estaba allí, cualquier cosa podía pasar, y si él pensaba en entrevistar a Eren podría sacar mucha información debido al exceso de nerviosismo del chico, por eso quería sacarlo de allí lo más rápido posible.

Buscó entre sus bolsillos su escurridiza cajetilla de cigarros, necesitaba uno para relajarse, aunque fuera el séptimo que fumaba desde que había salido del bosque. Finalmente lo encontró, era más difícil puesto que no quitaba la vista del único camino al remolque de Eren.

—Fumas demasiado —una amarga sonrisa apareció en los labios de Eren que caminaba en dirección hacia él.

—No es algo que te incumba.

El chico solo asintió ante esas secas palabras, Levi ahora estaba frío. Hacía unos minutos se había sorprendido ante la extraña mirada de su amante, sus ojos alertas y temerosos le habían puesto la piel de gallina, jamás había visto a Levi así y jamás hubiera esperado siquiera hacerlo. Por eso le abrazó de inmediato, sentía que si no lo hacía ese hombre se caería por completo, se rompería así como se había roto su mirada fría y calculadora.

—Lo siento —susurró agachando la mirada, era cierto, nada de lo que Levi hiciera o fuera era de su incumbencia.

—¿No te dije ya que odio que te disculpes?

—Levi…

—Eren, ven —demandó estirando su mano hacia el castaño —. Necesito que vengas conmigo.

Un violento sonrojo cubrió las mejillas de Eren. No se esperaba unas palabras como esas, tan solicitantes, pero al mismo tiempo tan llenadoras. Se sentía feliz y nada en el mundo podría cambiarle ese momento. No solo volvería a pasar la noche con Levi, sino que Levi necesitaba su compañía, una frase tan empalagosa que apretaba su corazón en cada palpitar, doliéndole incluso respirar por todos esos sentimientos ahora le cubrían. Levi necesitaba que fuera con él.

La sonrisa que surcó sus labios no le abandonó en todo el camino hacia la casa de su amante. El sentimiento de tranquilidad luego de haber sido testigo de un quiebre en el interior de Levi era el bálsamo perfecto. Ya no sentía el extraño vacío que le inundó en el momento que lo vio al término de espectáculo, así que ahora podía seguir respirando por lo que quedaba de noche sin tener que preocuparse demasiado.

—¿No fuiste, verdad? —preguntó, siendo esto el último ápice de dolor del día.

—Lo siento.

—Creí que no te gustaban las disculpas —sonrió dándose por pagado. Que Levi le pidiera disculpas con una voz apenada significó un mundo para Eren.

—Mis disculpas van en serio.

—¡Las mías también! —se apresuró Eren antes de que Levi abriera la puerta principal de su casa —. Las mías siempre van en serio —susurró bajo la atenta mirada de Levi.

Mordió su labio del nerviosismo y llevó su mano derecha a su hombro contrario, esos ojos grises le mataban por segunda vez ese día. Terminó por suspirar casi temblando, sabía que Levi siempre lo tomaba como si fuera un niño, como si no pudiera tratarlo como a un adulto. En cierta forma tenía razón, al lado de un hombre como ese, Eren era solo un mocoso, pero a veces esa falta de fe en él dolía un poco. Eren podía entender ciertos temas de adulto y Levi debía aceptar eso antes que el chico comenzara a sentirse demasiado miserable.

—Entra —lo invitó señalando la sala, ignorando el rostro de angustia de Eren.

—Levi —pero él no lo hizo, simplemente se quedó de pie en el marco de la puerta llamándolo de manera desesperada —. Levi, necesito que me digas qué está mal.

—Necesito que subas a mi habitación, Eren.

Había sido demasiado directo. Levi siempre lo era y Eren no era esa clase de mocoso que se escandalizaban por ese tipo de cosas, pero en ese momento estaba siendo distinto y Eren no pudo ignorarlo. Se dio cuenta en ese momento que estaba siendo un medio de escape, que Levi lo había escogido como la forma de descargarse por toda la tensión acumulada durante el día. El único problema para Eren era descubrir el origen de esa tensión.

Decidió entrar a la casa por fin, cerrando la puerta tras sí y lanzándose a los brazos del mayor, tomando la nuca de éste antes de besarle suavemente. A la mierda con las razones, lo único que importaba es que Levi y él ahora estaban juntos, eso era algo que debía aprovechar.

Había algo de amargo en ese beso que Eren no supo ignorar. Había también necesidad y fuego, y pronto la suavidad fue reemplazada por pasión, Levi estaba tomando su lugar y Eren pronto desfallecería por culpa de la ágil lengua que se movía dentro de su boca. Sin embargo, para el chico era doloroso también besar de esa manera, sabiendo que algo estaba mal, no pudiendo ignorarlo incluso con todas esas caricias.

Caricias.

Levi pasaba sus delgadas manos por los costados de Eren, presionando suavemente con la yema de los dedos, buscando el borde de la camisa para subir hacia el tórax del muchacho y acariciar esos pequeños y suaves pezones que le provocaban escalofríos en Eren.

Era la segunda vez que lo harían pero en la memoria de Levi habían quedado guardadas todas las cosas importantes, los puntos sensibles de Eren, lo que le gustaba y lo que no, todo lo que había aprendido se mantenía aún fresco en su memoria y estaba dispuesto a seguir con las lecciones siempre y cuando se trataran del cuerpo del muchacho.

—¿Levi? —Eren había despertado en un ensueño, el beso que le ahogaba y le quitaba todo el aire le nubló por completo la mente, por eso, al encontrarse sobre la cama pestañeó un par de veces confundido.

—¿Qué?

—¿Te sientes mejor? —su pregunta tomó por sorpresa a Levi, en sus ojos grises había quedado claro —. Quería preguntártelo antes, pero me perdí un poco —confesó Eren avergonzado.

—Aun no me siento del todo bien —la respuesta de Levi confundió a Eren y se vio obligado a seguir —. Niño tonto, no hay nada malo conmigo ahora.

—¿Sí? —preguntó alegre, sosteniendo una de las manos de Levi entre las suyas —. Me cuesta a veces saber si estás bien o si te estás escondiendo —susurró jugueteando con los dedos ajenos —. Creo que deberías sonreír más —una de sus manos se entrelazó con la contraria y la mirada de Levi se derritió por completo, acero líquido en dos pozos exactamente iguales.

—No necesito sonreír para estar bien —replicó acariciando la suave piel morena de la mejilla de Eren.

—Tienes razón.

Los besos que vinieron luego fueron demandantes y a ratos forzados. Eren pedía un espacio para respirar bien, el calor que bajaba a su vientre era abrasador y si no hacía algo pronto toda su cabeza comenzaría a dar vueltas en un futuro cercano. Pero Levi quería más, quería fundirse con el cuerpo ajeno, quería que sus pieles desnudas se abrasaran y que el calor del momento terminara por unirlos por completo. Levi lo quería todo, lo necesitaba para olvidar lo ocurrido durante la tarde, para limpiarse de sus pecados.

Dispuesto a preparar el cuerpo de Eren para lo que venía, separó sus piernas y se posicionó entre ellas acariciando con suavidad la entrada, las yemas de sus dedos se movían alrededor de ésta. Pero de pronto esos ojos verdes le miraron de manera distinta, como si supieran el secreto que estaba ocultado, como si fueran capaces de ver en el fondo de su alma y descubrir que solo estaba siendo usado para olvidar el asesinato.

Asustado por esto tomó al chico y lo volteó de inmediato, no podía hacerlo si lo estaba mirado de manera tan reprobatoria.

—¿Pero qué…? —la pregunta quedó en la boca de Eren porque luego soltó un gemido de dolor, dos dedos entrando en él de improviso y con una precaria lubricación —¿Levi? —su voz sonaba temblorosa y sus caderas habían sido obligadas a alzarse en el aire en unos segundos antes.

Se sentía extraño en esa posición, se sentía expuesto totalmente. Sabía que su entrada ahora estaba por completo a la vista de Levi y aunque eso le gustaba, también le avergonzaba un poco. No podía evitar que sus mejillas se colorearan ligeramente, tal vez estaba siendo culpa de la rudeza que Levi estaba empleando, o tal vez se debiera al morbo de la situación, pero todo su cuerpo ardía y en su mente no había más que ese sucio acto.

Esos dedos saliendo y entrando una y otra vez lograron dilatarlo del todo entre quejidos y gemidos, entre muecas de dolor y placer. Eren no sabía cómo sentirse exactamente, por una parte tenía miedo del dolor que pudiera provocarle Levi si es que decidía hacerlo de la misma manera cambiando sus dedos por su pene, y por otra, la excitación por lo mismo le estaba provocando una erección sin siquiera ser tocado, ni él mismo había llevado sus manos a su entrepierna por miedo a caer si quitaba sus manos del colchón.

Y de nuevo los malditos dedos que jugaban a abrirlo se hicieron protagonistas cuando un tercero ingresó. Esa esperada intromisión le tomó por sorpresa, sin embargo, haciendo que se arqueara y que por inercia llevara una de sus manos a su espalda para voltearse, quería ver a Levi, necesitaba verlo.

Pero esto le fue negado. Volteando violentamente el rostro de Eren, Levi retiró los dedos por completo y soltó al chico quien temblaba con su cabeza gacha oculta entre sus hombros. Levi no dejaría que esos ojos verdes le vieran, no esa noche por lo menos, por eso, cuando Eren intentó mirarle de nuevo volvió a voltearle el rostro con fuerzas, siendo incluso más violento que la vez anterior.

—¿Qué pasa? —preguntó con voz temblorosa, casi al borde de las lágrimas, él no quería algo así en su segunda noche con Levi.

—No me mires —fue la respuesta que recibió antes que un suave trozo de tela le cubriera los ojos —. Solo no me mires, Eren.

Y comenzó ese tortuoso sexo. Levi no estaba siendo amable como la noche anterior, ahora parecía querer tener por completo el control, empujando cruelmente su endurecido miembro a la entrada de Eren, haciendo todo de manera acelerada. Un grito ahogado por la almohada que Eren tenía en frente logró frenarlo. El chico no estaba listo, su apresurada preparación no había servido para más que seguir lastimando a Eren y por más que se había propuesto cuidarlo, había terminado haciendo lo contrario.

Saliendo apresuradamente, se sentó sobre la cama, viendo la enrojecida entrada de Eren, había sido su culpa, y si el chico tenía heridas dentro, también lo era.

—¿Levi? —preguntó el muchacho soltando jadeos que para nada demostraban dolor, sino que excitación —¿Por qué te detuviste? —lloriqueó llevando una mano a su propia entrepierna —. Levi, sigue —esa orden dicha con esa voz tan erótica le devolvió el alma a Levi casi de inmediato —. Levi, hazlo —Eren estaba calentándolo de nuevo a una velocidad increíble.

—¿No te ha dolido? —su voz se había suavizado por culpa del miedo y Eren no pudo más que sonreír sin que Levi pudiera verle.

—No.

Volviendo a tomar su puesto, Levi tomó su miembro y lo empujó suavemente contra el ano del chico, el que se contrajo de inmediato provocando jadeos y espasmos en ambos. Por el momento, únicamente su glande había entrado y el calor que las apretadas entrañas de Eren le brindaban comenzaba a volverlo loco. No podía correrse en ese momento, se dijo mentalmente, quedaría como un idiota, pero gustosamente lo hubiera hecho.

Empujando de nuevo con delicadeza y logrando desgarrar de gemidos esa dulce garganta, terminó por completo dentro, teniendo que esperar un par de minutos para que Eren lograra acostumbrarse. No era del todo malo, incluso sin moverse, la calidez y las contracciones de Eren le daban placer, por ello no podía quejarse en ese momento.

—Sujétate del respaldo —indicó Levi, pero Eren pareció no escucharlo —. Te dije que te sostengas de las barras del respaldo.

Se refería a las de la cama, aunque Eren no lo encontró necesario, además que no sabía con certeza donde estaban, tenía sus ojos vendados. Así que simplemente negó y le pidió que se moviera, ya estaba listo, necesitaba que Levi comenzara a hacer lo suyo porque el tener ese palpitante trozo de carne dentro le estaba devorando toda la cordura.

Bastó solo una estocada para que Eren se arrepintiera de no haber hecho caso a Levi. La fuerza que éste había usado le hizo perder el equilibrio y se cayó sobre el colchón, siendo también impulsado hacia delante. Tonto y fuerte Levi.

—Oh —fue lo único que Eren fue capaz de decir antes de dirigir sus manos hacia el respaldo de la cama y evitar con eso que volviera a suceder.

Levi era demasiado fuerte, con cada estocada parecía entrar en lo más profundo de Eren, llegando al punto de volverlo loco. Y eran continuas, ese vaivén era malditamente continuo y uniformado, a tal punto que los gemidos de Eren pronto se coordinaron con cada estocada, y con ello, con el rechinar de la cama. Por un segundo, Eren creyó que la iban a romper, y a él también.

—Más… más despacio, Levi —pidió entre jadeos cuando la velocidad había comenzado a acelerarse y la cama de fierro prácticamente gritaba con él —¡Levi, más despacio! —lloriqueó gimiendo y queriendo a toda costa poder tocarse su entrepierna —¡Levi, más!

—¿Más qué, Eren? ¿Me detengo? —preguntó sabiendo ya la respuesta, estaba comenzando a disfrutar el torturar al torpe niño.

—¡No! –gritó acompañado con los gruesos jadeos de Levi —Olvida la cama, hazlo más rápido.

—No puedo creer que pienses en una cama mientras lo hacemos —reclamó mordiendo suavemente el hombro del chico, acortando el tiempo entre cada estocada, llegando a un ritmo que ni él podía soportar.

Eren arqueó sus espalda cuando lo vio venir. El miembro de Levi había alcanzado su tamaño máximo y ahora estaba listo para soltar todo el semen que había en su interior. Podía sentirlo en sus palpitantes entrañas, Levi estaba tan caliente que quemaba y cada vez que aumentaba la velocidad parecía que le desgarraba todo el interior. Levi era una bestia y eso era algo que desde ese día en adelante iba a tener muy presente.

Había solo una cosa que Eren quería esa noche y era que Levi se corriera dentro de él. La vez anterior no lo había hecho y se había apresurado a salir antes que Eren pudiera decir algo, y aunque ahora el chico estaba consciente que eso pasaría, no podía hablar. Las irregulares estocadas que terminaban dando en su próstata habían terminado por robarle la voz, solo dejando que gemidos y el nombre de quien se encontraba en él salieran. Estaba dicho, de nuevo Levi no terminaría en él.

Soltando un último suspiro, Eren cayó rendido ante su orgasmo. Demasiada estimulación en su próstata había terminado con él, provocándole un escalofrío que contrajo todo su cuerpo, especialmente ese anillo de músculos que se cerraba en la base del miembro de Levi, haciendo que ambos gritaran por culpa del placer.

Y su amante también estaba en su límite. En pocos instantes acabó soltando al chico, terminando fuera como era su costumbre y jadeando fuertemente. Con Eren, todos los orgasmos parecían demasiado buenos, todos eran demasiado cálidos.

—¿Levi? —preguntó el chico levantándose la venda, buscando entre la cama el cuerpo del mayor —Levi —susurró acunando el rostro blanquecino entre sus manos.

—¿Está bien si esta noche no me ves a la cara? —las manos de Levi cubrieron los ojos de Eren antes de que dijera esa frase, impidiéndole la gloriosa vista de un rostro luego de un orgasmo.

—Está bien —aceptó abrazando el torso de su pareja, buscando un punto distinto en la habitación y dejando que Levi los cubriera con las mantas y las sábanas.

Eren jamás entendería por completo lo que había pasado esa noche, ni porqué Levi se había comportado así, pero supo que todo debía tener una explicación. Sonriente por el simple hecho que su corta relación siguiera en pie, Eren se olvidó de cualquier otro pensamiento y sintiendo el suave respirar y la calidez de los músculos de Levi, se quedó dormido de nuevo en esa cama que no era la suya.

Probablemente mañana su padre lo reprendería tal y como lo había hecho ese día, pero a Eren tampoco le importó esto mientras pudiera sentir el palpitar del corazón de su pareja, enredando sus piernas desnudas con las contrarias, sumiéndose en dulces sueño que solo los jóvenes pueden tener.

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Lejos de la casa de Levi, en el canal al otro lado de la ciudad un cadáver fue encontrado por la policía y luego de que un oficial fuera enviado para buscar a Erwin, el rubio había llegado a la escena.

La noche estaba extrañamente fría y las estrellas se reflejaban en ese sucio canal. No habían usado nada para hundir al cadáver y una mujer anciana que volvía de su trabajo alertó a la policía sobre el cuerpo que yacía a un lado de los juncos, enredado, siendo constantemente mecido por las corrientes del riachuelo.

—Tiene veinticinco años, su nombre es Anthony Teaz —informó una mujer de cabello corto y rubio —. Tiene un récord criminal envidiable, suponemos que fue por venganza.

—Bien —fue lo único que dijo Erwin mirando directamente al cuerpo que descansaba ahora boca arriba a un lado del canal, su cabello oscuro y corto era lo único que parecía tener color en él.

—¿Piensas que fue él? —a su lado, un hombre rubio y de bigote habló.

—No, Mike —respondió negando con la cabeza bastante irritado —. Levi es un hombre inteligente, jamás dejaría a una de sus víctimas en un lugar que pudiera ser encontrada.

—¿Entonces los criminales comunes se están tornando más osados? —la pregunta de Mike fue clara, para él, eso podía haber sido obra de Levi por el simple hecho que ese enano era un descarado —. No creo que sea así.

—Levi quemó la estación —anunció Erwin, aunque Mike ya lo sabía —. Y esto le dio la oportunidad a nuevas bandas para surgir. Ellos creen ahora que son imparables y seguirán en lo suyo creyendo que no investigaremos —explicó observando el rostro del chico, no llevaba mucho tiempo muerto —. Solo han pasado dos días desde ese incidente y mira lo que está ocurriendo. Levi es inteligente, se vale de estos criminales para que sus andanzas no sean descubiertas.

—¿Dices que él está soltado a estos amateurs para que la atención pública se centre en ellos? —Mike era un hombre casi tan listo como el mismo Erwin, era por eso que el jefe no debía decirle demasiado, siempre terminaba por entender todo.

—Pero no dejaremos de vigilarle ¿no, Mike?

Continuará.

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Okay, okay, mi culpa, lo siento mucho.

Debí haberlo subido hace unos días, pero luego de perder las hojas donde estaba el bosquejo de este capítulo, me dio una flojera enorme buscarlas. Y lo hice el sábado, cuando en verdad buscaba mi croquera, tristemente tenía el capítulo inconcluso y no lo recordaba, soy la peor. Además que no lo edité.

Para todos los que leen este fic quiero que sepan que me voy a demorar un poco entre cada actualización, no sé si es falta de motivación o qué, tal vez sea que no le encuentro un final propicio, por eso no quiero ir demasiado rápido y escribir lo primero que se me venga a la cabeza, porque luego todo necesitará una explicación. De todos modos, espero que me entiendan.

Solo eso, DingDoll fuera.