¡Y aquí está el segundo capitulo! Gracias por los reviews, los alerts y los favourites. Les agradezco des del fondo de mi corazón su apoyo ¡Intentaré no defraudaros! Debo mencionar que de momento Nybell está muy contenta con su regalo :D .

Este fic participa en el Reto de La Princesa Rosa de Nybell del forum La Caja de Pandora (LCDP)


Takarada María estaba dentro de su coche apretando su libro de hechizos fuertemente contra el pecho.

- Vale María, respira hondo, esto es lo que llevas esperando durante tanto tiempo, demostrarles que no estás chalada y que lo que haces es muy serio… ¡Ah no puedo!

Diciendo esto se tiró hacía delante apoyando su frente contra el volante. ¿En qué estaba pensando cuando desafió a su abuelo? Bueno, estaba pensando que esa oportunidad era perfecta para demostrarle de lo que era capaz y que sus "pasatiempos" eran cosa seria. Además, que no sería una presencia tan fuerte como para no poder eliminarla ella sola. Suspiró y levantó la cabeza armándose de valor, lo iba a conseguir ¡Ella era Takarada María! Se desabrochó el cinturón, cogió su bolso con todo lo que necesitaría, salió, cerró el coche con llave y se dirigió a la entrada principal del edificio. Una vez estuvo delante sacó las llaves que le había dado Sawara-san y abrió. El problema era que la puerta no tenía la llave puesta, alguien, o mejor dicho algo, lo había quitado.

- Esta es la mía.

Con mucho cuidado abrió la puerta y se colgó el bolso a su hombro, las manos las tenía ocupadas con un spray lleno de agua bendita bien sujeto en una y unas oraciones que apretujaba fuertemente en la otra. Caminó pegada a la pared revisando cada estancia que encontraba a su camino. Intentó calmarse recordando lo que decía su libro titulado Manual de las Artes Oscuras, Tomo I: Fantasmas y otros seres similares; […] Si usted se enfrenta a un espíritu travieso éste tendrá una zona de confort, dónde será más difícil cazarlo, hágalo salir de ésta, atráigalo con algo que lo tiente. Pero asegúrese de que sólo quiera jugar, si se tratase de un espíritu maligno haría falta algo más que oraciones y agua bendita para obligarlo a abandonar este mundo. […]

- Por favor que sea sólo un espíritu demasiado juguetón, por favor…

Se vio interrumpida al escuchar como la madera crujía bajo sus pies, crujió demasiado fuerte para el gusto de María-chan. Tragó saliva con fuerza y agudizó sus sentidos a la espera de escuchar algo. Continuó caminando pegada a la pared y se detuvo ante la siguiente puerta que encontró, escuchó atentamente y le pareció oír el ruido de unos cascabeles. Expulsó muy lentamente el aire que estaba conteniendo y utilizó su sexto sentido para saber dónde se encontraba, resultó que estaba justo al otro lado de la puerta. Contó en cuenta regresiva de tres para atacar, tres, dos, uno…

- ¡Vuelve a dónde perteneces espíritu errante! –Chilló mientras abría la puerta y rociaba todo lo que podía con el agua.

- ¡¿Pero Takarada-san se puede saber qué está usted haciendo aquí?! Éste no es lugar para usted, regrese a su coche y váyase para Tokyo.

María abrió los ojos de par en par y tuvo que luchar para que no se le desencajara la mandíbula. Había intentado exorcizar a Kawabata-san.

- ¿Qué hace aquí? –Preguntó María rezando a todos los dioses habidos y por haber que fuera un producto de su imaginación lo que estaba observando.

- Lo mismo podría preguntar yo –contestó él mientras se secaba la cara con un pañuelo que llevaba las iniciales KR grabadas.

- ¿No sabe que éste es un lugar peligroso? –Continuó hablando María-. Hay un espíritu que podría causarle mucho daño, ¡incluso podría matarle!

- No haría eso, sólo quiere llamar la atención.

- Podría desangrarle en segundos, decapitarle, torturarle, desmembrarle, hacerle vivir sus peores pesadillas… -La joven se detuvo al procesar lo que su compañero de clase le había dicho-. ¿Cómo puede saber eso? ¿Es que es el exorcista que ese director ha contratado o qué?

Su compañero giró rápidamente la cara dándole la espalda, pero ella fue más rápida y corrió a ponerse delante de él otra vez y vio que tenía la cara colorada de vergüenza, como si lo hubiera cogido in fraganti. La risa estridente que salió del cuerpo de la joven no hizo más que agravar el sonrojo, Kawabata logró componer una expresión que denotaba molestia al ver que su compañera de clase se estaba burlando de él.

- ¿Qué le hace tanta gracia? –Cuestionó sin poderse contener.

- Es que sólo en pensar que es exorcista… Es tan incoherente, inconexo, tan impropio de usted –María continuó riendo mientras la vergüenza del joven se convertía en rabia-. El siempre tan serio y práctico Kawabata-san es exorcista en sus ratos libres.

La nieta del presidente de LME siguió desahogándose por lo que pareció ser horas. Él siguió callado y cuando la risa de ella remitió y se convirtió en una sonrisa de superioridad que se esfumó de sus labios al ver la seriedad reflejada en la cara de su compañero comprendió que lo que le había dicho era verdad.

- No me jodas…

El chico dio media vuelta y salió de la habitación sin dirigirle ni una mirada a su compañera de clase ¿Por qué debía meterse siempre dónde no debía? Y él que pensó que sería una mañana tranquila… Había recibido el encargo el día anterior por la tarde, decidió aceptarlo ya que podía ocuparse de éste rápidamente, pero todo se había ido por el retrete al aparecer esa rubia con un spray lleno de agua bendita y oraciones.

- ¡Espéreme Kawabata-san!

Genial y ahora encima lo seguía

- Váyase, este no es lugar para usted.

- ¡Estoy licenciándome en Artes Oscuras! Cretino… ¡Claro que es mi sitio! –Chilló mientras se apresuraba a seguirlo.

- ¡Quieres callarte! Así no habrá forma de expulsar al espíritu. Además –añadió deteniéndose y quitándole el bolso a María. Esta chilló algo en protesta pero él la ignoró-. Esto –dijo sujetando delante de ella y fuera de su alcance el Manual que era el libro de oro de su carrera-. Es pura basura –y acto seguido se asomó por la ventana de la habitación más cercana que encontró y lo tiró bien lejos-. Ni se te ocurra ir a buscarlo –cogió a la joven por la cintura y se la puso sobre el hombro, joven que lo maldijo por haber tirado su libro y haberle impedido saltar por la ventana e ir a buscarlo.

- ¡Espero que se pudra en el infierno despreciable gusano! ¡Cuando me suelte le haré padecer las peores torturas!

- Uy sí, tiemblo de miedo.

María pataleó y chilló con todas sus fuerzas, pero fue inútil ya que Kawabata era mucho más fuerte que ella, por mucho que lo amenazó e intentó convencerlo de que la dejara en el suelo. Al final la ayuda llegó del lugar que menos esperaba.

- ¡Has ganado Ryuji-san! –Exclamó una voz infantil-. La has atrapado y la has llevado al punto de partida. Qué divertido.

Sin acabárselo de creer María vio como un niño vestido con un yukata atravesaba la pared y aplaudía entusiasmado.

- ¿Este es el espíritu maligno? –Preguntó María sin poder salir de su asombro-. ¡Pero si no parece más grande que mi ahijada!

- Ryuji-san, yo también quiero jugar. ¡Por favor! Yo me escondo y vosotros me buscáis ¿De acuerdo?

- No –dijo Kawabata Ryuji mientras dejaba a su compañera de clases delicadamente encima del suelo-. Ese no era el trato ¿recuerdas? Si yo ganaba responderías a mis preguntas.

- Tú lo decidiste –contestó el pequeño fantasma haciendo un puchero-. María-san dile que es muy malo conmigo y que hace tratos aburridos.

- Eres muy malo y haces tratos aburridos –contestó la nieta del presidente imitando la cara del infante.

- ¡Juguemos juntos María-san! ¡Yo me escondo y tú me atrapas! ¿Sí? –Sugirió el niño mientras daba saltitos de alegría.

- Pero tú eres un espíritu –comentó María-. Juegas con mucha ventaja.

- Yo jugaré también –intervino Kawabata-san-. Si tu ganas nos marcharemos y podrás quedarte, pero si ganamos nosotros tendrás que volver a tu mundo ¿Trato hecho?

- ¡Hecho! –Aceptó el espíritu después de pensárselo durante un rato-. ¡Debéis contar hasta cien!

Y dicho esto se esfumó de la misma forma en la que había aparecido. Ryuji suspiró cansado y se pasó la mano por el pelo intentando calmarse, debía idear un nuevo plan de ataque, sería muy difícil jugar con un fantasma que podía materializarse a voluntad y traspasar objetos. Por suerte no era lo suficiente poderoso como para salir de la casa, aunque al parecer tenía una telequinesis digna de tener en cuenta. Cuando un plan se formó en su mente se giró para comentárselo a Takarada-san.

- Takarada-san…

- ¡100! –Chilló ésta entusiasmada y echando a correr por el pasillo-. ¡Será mejor que te escondas bien!

Kawabata Ryuji se quedó paralizado en el sitio ¿De verdad esa mujer ya tenía un plan o es que simplemente era tonta? Debía de ser lo segundo, ya que él había revisado qué clases y libros daban en la carrera de Ciencias Oscuras y se notaba a leguas que eran simples aficionados. ¡Si había llevado agua bendita! Con una posesión hubiera dado resultado si el demonio era MUY débil, pero con un fantasma que tomaba forma corpórea a voluntad no le serviría de mucho, por no decir que sería tan inútil como intentar derrotar a un duende de fuego con una cerilla.

- ¡Takarada-san! –Chilló corriendo detrás de ella.

Justo al girar en una esquina la mano de la chica lo cogió tirándolo para que se metiera dentro de una habitación.

- María –dijo ella con el rostro a unos centímetros del suyo-. Llámame María.

- ¿Por qué? –Cuestionó él después de tragar con dificultad.

- ¡Estamos jugando juntos tonto! Ahora somos amigos, tenemos que hacer equipo Ryuji-kun –le explicó ella con una gran sonrisa en la cara.

- ¿Equipo? –Siguió él sin acabar de creerse que esa fuera la egoísta y malcriada Takarada María que conocía.

- Sí ¿Tienes un plan no? He pensado que como aquí tú eres el profesional ya tendrías un plan –explicó ella mientras se separaba un poco de él.

- Claro que tengo un plan –afirmó él orgullosamente-. Un muy buen plan.

- ¡Fantástico!

Ryuji estaba medio embrujado, nunca se había dado cuenta de lo grandes y expresivos que eran los ojos de María-chan. Demasiado expresivos de hecho, para suerte de María ya era tarde cuando él se dio cuenta, ella ya le había cerrado la puerta en las narices y la había atrancado para que no pudiera salir.

- ¡Esto es por reírte de mí y ridiculizarme delante de toda la clase hace cuatro años cabrón hipócrita!

Y habiendo dicho eso salió disparada a atrapar el fantasma. Sabía que tardaría bastante en conseguir salir de la habitación sin ayuda, así ella tendría más tiempo para buscar al espíritu y deshacerse de él. Ni loca dejaría que el idiota de Kawabata se llevara el mérito, además ella tenía que demostrarle a su abuelo que iba en serio.

- ¡María-san eres muy mala! –Chilló divertido el fantasma.

- ¿Acaso tu no querías encerrarlo? –Preguntó a voz en grito mientras se dirigía hacia donde había escuchado la voz-. ¡Se lo tenía bien merecido!

- ¡Sííííííí!

María supo que Kawabata tardó exactamente una hora y tres minutos en conseguir salir de la habitación, que éste tardó otra media hora en poder volver a entrar en la casa, y que huyó de él durante cuarenta y cinco minutos y trece segundos. Sin embargo cuando ella se disponía a salir por una puerta que daba al lago la mano de su compañero de clase la detuvo.

- ¿Pero qué te crees que estás haciendo? ¿Es que esto es un juego para ti o qué? –Preguntó mientras trataba de recuperar el aliento.

- Las artes oscuras nunca han sido un juego para mí –murmuró muy seria la nieta de Takarada Lory-. Eres tú el que me pone enferma negando tu propia esencia ¡¿Por qué me dejaste en ridículo hace cuatro años si eres un maldito exorcista?!

Ryuji intentó que su semblante no mostrara culpabilidad, se arrepentía de haber hecho lo que hizo, pero era necesario, nadie merecía estar en contacto con eso.

- ¡Porqué lo que haces en esa carrera no sirve para nada! ¡Sólo sois un grupo de chalados que hacéis que los profesionales como yo quedemos en ridículo!

- ¡Tú no eres ni un profesional ni eres nada sapo engreído!

- ¡Niña malcriada sé más cosas que tú!

- ¿A sí? ¡¿Y por qué no has echado al fantasma aún señor yo sé más que tú?!

- ¡Porqué tú estás en medio estorbándome maldita sea!

- ¡Yo nunca estorbo!

- ¡Pues entérate que es lo que estás haciendo en este mismo y preciso momento!

- ¡BASTA! –Chilló el espíritu del niño que se había materializado a su lado-. Sois muy malos –comentó haciendo un puchero y con los ojos llenos de lágrimas-. Teníais que jugar conmigo y no pelearos. Me habéis enfadado, ya no quiero jugar, marchaos.

Y habiendo dicho eso utilizando sus poderes los expulsó volando de la casa y los dejó caer en el lago. María mientras se hundía se dio cuenta que había una cosa que el listillo de Ryuji no sabía, se hubiera echado a reír si no se estuviera hundiendo en las heladas y apestosas aguas, seguro que no sabía que ella nunca había aprendido a nadar.


¡Uf! ¿Qué emociones más fuertes le ha tocado vivir a María-chan eh? xD Espero que estéis tan emocionadas como yo para que salga el siguiente capítulo, espero no haber sido muy mala dejándoos con este final tan aguado. No os preocupéis María no puede morir, es nuestra amada y malcriada protagonista, pero el pobre Ryuji se llevará un susto... Os adelante que el título del próximo capítulo es: Late para mi oscuro corazón. Nos leemos dentro de unos pocos o más días ^^

¡Paz y amor!