¡Hola! Mucho tiempo de no actualizar o ¿no? xD Espero que no, para compense he hecho este capitulo más largo, me ha costado mucho escribirlo así que espero que el resultado valga la pena. Gracias por los reviews, los fav. y los alerts, pero sobretodo muchas gracias por leer. Sólo me queda una cosa para añadir y podrán disfrutar de su lectura.

Este fic participa en el Reto de la Princesa Rosa de Nybell del forum La Caja De Pandora (LCDP).


María tenía dieciocho tiernos años cuando sufrió la peor humillación de su vida. Se acordaba bastante bien, muy bien de hecho, teniendo en cuenta que hacía solo dos años que la habían expuesto al ridículo más grande que podía sufrir, y de hecho sufrió. Y no fue una persona cualquiera, no, fue alguien por quien María había empezado a perder la cabeza. Su cuerpo reaccionaba en contra de sus deseos cuando lo veía aparecer por la puerta, y cuando olía ese suave aroma que era sólo suyo sus piernas le temblaban. María no era tonta y supo reconocer los síntomas, se estaba enamorando de Kawabata Ryuji, un hecho completamente comprensible, ya que con ese tono de piel inusualmente moreno en un japonés captaba la atención muy rápidamente. Su pelo era liso y castaño el cual le llegaba hasta el cuello, daba la sensación que lo había peinado la almohada, y eso le daba a la pobre chica más ganas de pasar sus dedos entre los brillantes mechones, a parte que eso le quitaba seriedad a sus penetrantes ojos verdes, esos ojos que cuando te miraban parecía que te leyeran el alma.

La nieta del presidente de LME hizo todo lo posible para que los presentaran y hacerse amiga suya, su corazón le había dado una señal y ella la seguiría. Antes de comenzar su conquista se documentó todo lo bien que pudo, descubrió que le gustaban los deportes extremos, dedicaba mucho tiempo a hacer ejercicio, detestaba la comida amarga y tenía una extraña obsesión por meterle kétchup a todo lo que podía, siempre llevaba un rosario en su muñeca derecha, a veces tenía ojeras, era el primero de la clase, se rumoreaba que tenía un pariente muy famoso, más de una chica le iba al detrás (chicas que ella se encargó de asustar), podías hablar con él sobre cualquier tema, evitaba las preguntas personales y tenía una sonrisa que hacía que el cerebro te explotara.

En resumidas cuentas, el plan de la rubia iba viento en pompa, ¡Incluso había conseguido hacer un trabajo con él! Y otros dos compañeros suyos pero daba igual. No era un trabajo muy complicado, pero no había mesas libres en la biblioteca ni en la cafetería, todos sus compañeros vivían muy lejos para ir a una de sus casas y después volver al par de clases que tenían en la tarde. Así que María propuso ir a la casa de su abuelo Takarada Lory, ella se había mudado a un pequeño apartamento pero aún iba con frecuencia a visitar a su adorado y excéntrico abuelo. Así que por unanimidad, y a falta de otro sitio al que ir, al cabo de unos veinte minutos llegaron a la mansión del presidente de LME.

- ¿María quién es tu abuelo? –Preguntó un amigo de Kawabata llamado Bunya Kini-. ¿No será un yakuza verdad?

- ¿De verdad crees que si mi adorado abuelito fuera un mafioso yo iría a la Universidad? –Contestó sarcástica María.

Ella hubiera añadido algo más sin embargo las puertas de la mansión se abrieron de par en par y apareció una mujer morena muy guapa.

- ¡María-chan! –Chilló mientras la abrazaba-. ¡Te hemos echado taaanto de menos! A tu abuelo y a mí nos tenías tan preocupados, ya no nos llamas ni nada –la recriminó frunciendo los labios como si estuviera enfadada.

- ¿Es tu madre María-san? –Cuestionó curiosa una chica que se llamaba Genji Sakura.

- ¡Bobadas! –Exclamó el presidente Lory saliendo de la fuente de la entrada vestido como el dios romano Neptuno-. ¡Ella es mi adorada mujer y abuela de mi amada nieta!

El presidente de LME salió de la fuente ayudado por Sebastian y se dirigió hacia donde estaba de pie su nieta y le dio un efusivo abrazo.

- ¡María está de visita! ¡Hagamos una fiesta de bienvenida Sebastian! ¡Con muchos globos, pasteles e invitados! ¡Hablaré con el Primer Ministro para que proclame este día como fiesta nacional! ¡Así todo el mundo tendrá fiesta y más gente vendrá a la celebración! ¡Y el tema! ¡Debemos escoger un tema para la fiesta!

- ¿Sebastian está listo la sala de conferencias del primer piso? –Preguntó María al fiel sirviente mientras ignoraba a su abuelo.

- Tal como usted me pidió. Las doncellas ya le han preparado bebidas y aperitivos.

María asintió y entró a la mansión seguida de sus estupefactos compañeros.

- ¡Wow! ¿María de dónde ha sacado tu abuelo una foto firmada de la gran dramaturga Ebisawa Ai? –Exclamó Bunya con las mejillas sonrosadas de la emoción.

- ¿Esa es tu abuela maquillando al cantante Honda Fudo? –Dijo Sakura mientras se acercaba más a la foto.

- Tu abuelo es Takarada Lory ¿no? El dueño de Lory's Majestic Entertainment –comentó Ryuji mientras examinaba una foto de María cenando con Tim Burton y Helena Bonham Carter.

- Sí –habló María con las mejillas algo sonrojadas-. Vamos, no os distraigáis, esta casa es muy grande.

Un par de minutos después llegaron a la sala de conferencias que les había preparado y empezaron a hacer su trabajo. Todo fue bastante bien, hicieron un esquema de cómo lo estructurarían, qué partes les tocaba a cada uno, artículos y libros que podían utilizar y el día que lo pondrían todo en común para ensayar la presentación oral.

- Eh María-chan…

- ¿Qué ocurre Sakura-chan?

- Necesito ir al baño, he bebido demasiado té.

- Ah claro, sigue por este pasillo, cuando llegues al final gira a la izquierda, sigue caminando hasta que puedas girar a la derecha, no hagas caso de los ruidos que sientas en la habitación con la puerta roja, pasa de largo por la puerta azul y la tercera puerta a la derecha es el baño.

- Vale, creo que no me perderé.

Y dicho eso la joven salió de la sala en dirección al lavabo. María miró el reloj de pulsera que siempre llevaba en su muñeca izquierda y vio que si querían llegar a sus próximas clases a tiempo debían empezar a recoger, se lo comentó a Bunya y a Kawabata y ambos estuvieron de acuerdo de volver a la facultad tan buen punto Sakura volviera de su visita al baño. Mientras esperaban Bunya no paró de hacer preguntas sobre su abuelo y LME, ella contestó todo lo honestamente que pudo pero el chico preguntaba demasiado. Mientras su compañero le hacía preguntas ella no paró de observar disimuladamente a Kawabata, éste tenía estaba sentado con una pose que indicaba relajación, pero si te fijabas en sus hombres podrías ver que estaba tenso y alerta, con el ceño levemente fruncido y la cabeza ligeramente inclinada hacia la derecha. María sonrió encantada ante ese hecho, seguro que su don lo estaba avisando. Eso lo hacía mucho más interesante. Cinco minutos después llegó la chica del lavabo y empezó a recoger sus cosas para irse.

- Señorita María, disculpe la intromisión, pero ha llegado un paquete para usted –dijo una criada mientras entraba y se lo tendía haciendo una reverencia.

- Muchas gracias, puedes retirarte me lo llevaré a mi casa –contestó ella despidiendo a la criada.

- ¿Qué es eso María-san? –Preguntó un curioso Bunya Kini-. ¿Otra foto tuya con algún famoso?

- No, soy coleccionista, pero las cosas que colecciono son muy difíciles de encontrar, muy codiciadas o muy caras. Y esta precisamente reúne esas tres condiciones –explicó María mientras acariciaba distraídamente la caja-. Ha tardado mucho en llegar ya que no quería que me la robaran, llevo seis años buscándola.

- ¿Y qué es? –Cuestionó intrigada Sakura.

- Tengo una idea, dejaré que uno de vosotros la abra –expuso la joven-. Para decidirlo podríamos hacer un juego. Casualmente tengo un dado conmigo, quien saque el número más alto abre el paquete ¿De acuerdo?

Kini y Sakura asintieron entusiasmados ya que ambos querían saber qué coleccionaba la nieta del excéntrico presidente Takarada Lory, por lo tanto aceptaron el plan de inmediato, Ryuji fue más difícil de convencer pero al final acabó accediendo debido a la presión que ejercieron sus dos compañeros. María sacó un dado de su bolso, obviamente era un dado trucado, ya que cada tres tiradas salía un seis. Bunya fue el primero en lanzar sacando un tres, Sakura fue la siguiente sacando un cinco y finalmente fue el turno de Ryuji que sacó un seis.

- Oh qué suerte –comentó decepcionado Kini.

María fingiendo inocencia le entregó el paquete al ganador y se sentó a su lado para ver su reacción de más cerca. Éste abrió el paquete con cuidado después de haber estado un par de minutos mirándolo fijamente. Cuando quitó el papel de seguridad se pudo ver que lo que le habían enviado era un cuchillo.

- María-chan, exactamente ¿Qué coleccionas? –habló con un poco de miedo en su voz Sakura.

- Me gusta coleccionar objetos de las personas más oscuras del mundo. Este cuchillo perteneció al asesino más famoso del s. XX de Japón: Sataro Fukiage, este cuchillo siempre lo llevaba encima, incluso lo utilizó unas cuantas veces, por eso me costó tanto conseguirlo. Bueno ¿Nos vamos hiendo? –Finalizó con una tierna y deslumbrante sonrisa-. Kawabata-kun yo me llevaré esto –añadió quitando el objeto de delante del chico, volviéndolo a envolver y guardándoselo en el bolso.

María estaba que no cabía en sí de gozo. Era esplendida toda esa oscuridad que estaba bullendo debajo de la piel de Ryuji ansiando salir. María sabía que toda esa oscuridad reaccionaría ante un objeto que albergara mucha maldad. Fue una casualidad acordarse de que ese paquete la estaba esperando en casa de su abuelo. Así que contenta se puso de pie, cogió sus cosas y guio a su grupo afuera de la sala. Decidió que sería más rápido ir por el ascensor que los dejaría directamente en el parking subterráneo dónde Sebastian había aparcado su deportivo. Caminó en dirección al ascensor pero debía detenerse cada dos por tres ya que Kini y Sakura no paraban de hacerle preguntas sobre lo que veían. Fue en una de esas cuando vio que Kawabata no los seguía.

- ¿Dónde diablos está Kawabata-kun? –Preguntó María mientras un horrible presentimiento la asaltaba.

No podría ser que… Corrió con todas sus fuerzas rezando para llegar a tiempo, no se preocupó de que los otros dos la siguieran, lo importante era que esa puerta no se abriese. Supo que era demasiado tarde cuando escuchó el grito de horror de una criada. Cuando llego al pasillo la puerta roja estaba abierta de par en par y el tigre que había acogido su abuelo había acorralado a Ryuji. María maldijo por lo bajo ya que nadie más que su abuelo y el veterinario a cargo podían acercarse sin temer ser comidos.

- ¡Que nadie haga ningún movimiento brusco! ¡No atacará si no se siente amenazado! –Chilló María.

Sorprendentemente todos le hicieron caso, María dejó escapar el aire que había estado reteniendo en sus pulmones muy lentamente. Era hora de idear un plan, ese tigre no tenía más de un año, por lo tanto no era tan peligroso como uno adulto, el problema residía en que lo habían torturado de una forma inhumana. Su abuelo contrató a un circo taiwanés para una de sus fiestas y ahí lo encontró, así que lo acogió en su casa mientras le buscaban un buen hogar de acogida, pero María sabía que su abuelo terminaría por quedárselo. Lo habían encerrado en esa habitación ya que era una pequeña jungla dónde el cachorro podría sentirse como en casa, esa era la única puerta que te llevaba a dentro, las otras eran de adorno, nunca habían instalado una medida de seguridad ya que el único animal peligroso que podría haber dentro era Natsuko. Sin embargo ahora estaban en problemas.

- Tú –volvió a hablar María dirigiéndose a la empleada-. Lentamente y sin hacer movimientos bruscos mete la mano en el bolsillo donde llevas el móvil personal que tenéis todos los empleados y pulsa el botón de alarma.

La criada asintió y al cabo de unos agonizantes minutos pulsó la alarma. El tigre no paró de observarla pero no hizo ningún movimiento para atacarla. El problema era que seguía teniendo acorralado a Kawabata.

- Vosotros dos caminad lentamente hacia atrás, sin hacer ruido y sin hacer movimientos bruscos, si os mira o se acerca parad y quedaos quietos, no respiréis y no le miréis a los ojos.

Sus compañeros le hicieron caso y retrocedieron todo lo lento que pudieron, pero les fue imposible continuar haciéndolo ya que el tigre se giró amenazante a su dirección. María suspiró frustrada y le dieron ganas de chillar ante la impotencia que sentía. Levantó un poco la vista para hacer contacto visual con Kawabata y tranquilizarlo. Y en el mismo instante en el que sus ojos dorados conectaron con los verdes de él ella no vio nada de nerviosismo, ni miedo, ni desesperación debido a la situación en la que se encontraban, estaba muy tranquilo, demasiado tranquilo, y por unos segundos creyó ver algo de culpabilidad bailando en sus orbes verdes. María perdió la calma, normalmente era una mujer fría y muy racional, aunque también podía llegar a ser extremadamente egoísta y malcriada, pero en esos momentos no lo iba a ser, dejó escapar toda su rabia y la concentró en el chico que los había metido en esa situación con el dichoso tigre. El animal empezó a descontrolarse, caminaba amenazante en círculos rugiendo a la chica y al insensato que había abierto la puerta. Estuvieron así un buen rato hasta que el presidente llegó con paso tranquilo y se paró justo al lado de su nieta.

- El veterinario abuelo…

- Está en Tokyo, tardará demasiado en venir –contestó él mientras le colocaba en la espalda una pistola con dardos tranquilizantes, intentaré calmarlo, sino lo consigo dispara.

Ella asintió y rezó a todo ser divino que se le vino a la cabeza para que su abuelo no sufriera daño alguno.

- Shhh, tranquilo, ya pasó todo. Estas personas no quieren hacerte daño, son amigos. Shhhh ya pasó todo, ahora estás a salvo –dijo Takarda Lory mientras se acercaba lentamente al salvaje animal.

El tigre parecía incómodo, como si quisiera restregarse entre las piernas del presidente pero también lanzarse contra la yugular de los otros que estaban ahí. Por fin Lory consiguió acercarse lo suficiente al animal como para estirar la mano y acariciarlo.

- Eres un buen chico, nadie quiere hacerte daño, ya estás a salvo…

Nadie lo vio venir, el tigre perdió el control y atacó al abuelo de María, lo que pasó después fue como si todo se moviera a cámara lenta, su abuelo cayendo al suelo y sangrando, el tigre preparándose para volver a atacar, sus compañeros y la criada chillando del miedo, Kawabata inmóvil y tranquilo apoyado contra la pared y María sacando la pistola de detrás de su espalda y disparando al cuerpo anaranjado con rayas negras. La bestia perdió el conocimiento ipso facto los dardos impactaron en su cuerpo.

Takarada Lory necesitó puntos en su mano derecha y un largo tratamiento pero por suerte no la perdió, el tigre no fue sacrificado pero el proceso de llevarlo a una reserva se agilizó, la criada presentó su dimisión dos días después y sus compañeros no volvieron a dirigirle la palabra. La apodaron con un sinfín de sobrenombres insultantes, a ella eso no le preocupaba, lo que de verdad la enfurecía es que se metieran con su abuelo, sólo por ese incidente se vio sometido a muchas detenciones por parte de la policía, a que muchos accionistas, actores, directores, fotógrafos, escenógrafos y cantantes se negaran a trabajar con él. Además que los medios de comunicación no paraban de inventarse historias, cada una peor que la anterior. Y lo peor de todo es que casi le quitan a Natsuko. María hubiera podido soportar un no te quiero, un no me interesa ser tu amigo, un no tengo el don, un te has equivocado María-chan, podría haber soportado un montón de un. Sin embargo, lo que nunca soportaría es que alguien para librarse de ella se metiera con su familia, su familia era sagrada, y cualquier idiota que se atreviera a dañarla pagaría las consecuencias, ella se encargaría de que deseara arder en el infierno.

- Oh dios mío María-chan, respira…

Kawabata Ryuji no había pasado más miedo en toda su vida, si ella se moría ahogada por la imprudencia de él no se lo perdonaría nunca. Cuando salió a la superficie maldijo a ese fantasma y a María por tener la habilidad de hace que dejara de concentrarse en lo que quería y perdiera los estribos, pero cuando vio que no salía el pánico empezó a dominarlo. No tardó mucho en sacarla pero había tragado demasiada agua, esa estúpida mujer... ¿¡Con todo el dinero que tenía no habría podido aprender a nadar?! Para su alivio ella empezó a escupir toda el agua que se había tragado y a respirar en profundas bocanadas. Ryuji sonrió de la alegría ¡No estaba muerta! Pero estaban a principios de primavera y el agua aún estaba muy fría, si no entraba en calor pronto podría resfriarse. Así que la ayudó a reponerse y cuando respiraba de una forma más pausada y regular la cogió en brazos y la llevó a su coche, abrió el maletero y sacó un par de mantas y una toalla.

- Puedes poner tu ropa mojada aquí –dijo vaciando una bolsa de deportes-. Sécate con esa toalla, tápate con las mantas y entra en el asiento del copiloto. Estará la calefacción encendida. Por nada del mundo salgas ¿De acuerdo?

Al ver que la chica asentía para indicar que lo había entendido la dejó para darle algo de intimidad, abrió el coche y activó el aire caliente, el cual lo puso al máximo. Sacó un par de utensilios de la parte de atrás y los llevó cerca de la casa, cuando volvió vio que María estaba envuelta en una manta y que se había colocado la toalla en forma de turbante en el pelo. Cerró el maletero y la ayudó a sentarse. Su corazón no paraba de martillear contra su pecho y su estómago se contraía por alguna razón, como si verla tan vulnerable despertara su instinto protector y a la vez quisiera que la Takarada María egocéntrica y malcriada volviera.

- Por favor no te muevas de aquí.

María volvió a asentir y él cerró la puerta y se marchó. Estaba en una especie de limbo, como si fuera consciente de todo lo que la rodeaba pero no sintiera nada. Kawabata la había salvado, y no sólo eso, la estaba cuidando, y esa amabilidad sólo hacía que en el corazón de María se despertaran sentimientos que ella había enterrado. Sentimientos que llevaban grabados el nombre de Kawabata Ryuji. Ella no había sido tan extrema como su onee-sama de haberse negado al amor, simplemente se lo había negado a ese idiota ¿Pero y si había tenido una razón de peso para hacer lo que hizo dos años atrás? Entonces la opinión de la chica cambiaría radicalmente, todo lo que había creído sobre él no sería más que una mentira. ¡Y encima el estúpido estaba tan mojado como ella y no se había cambiado de ropa!

- ¡Muy bien fantasma te voy a dar una última oportunidad! ¡O regresas a tu mundo por las buenas o lo haremos por las malas! ¡Tú elijes! –Chilló el exorcista que al parecer había dado la vuelta a toda la casa dibujando un círculo.

- ¡No me pienso ir! –Contestó de mala el fantasma.

- De acuerdo, si esa es tu voluntad ¡Perpárate!

María observó como Ryuji relajaba su postura y se quitaba el rosario. De repente una gran oscuridad empezó a fluir de su cuerpo y a su alrededor parecían danzar chispas. Él extendió su brazo derecho y abrió los ojos.

- ¡Nunquam alma tui venerunt ad te iubeo mundi! [N.A: Alma que nunca debiste venir a este mundo te ordeno que te vayas] –Exclamó mientras toda se formaba una barrera mística alrededor de la casa.

El fantasma pareció chillar de miedo y al cabo de unos segundos había vuelto a su mundo. María no podía creerlo ¡Lo había conseguido! ¡Era un exorcista de verdad! Embelesada observó cómo se colocaba el rosario en la muñeca y toda esa gloriosa oscuridad volvía a su ser. Él se agachó y recogió sus cosas, y cuando se giró y empezó a caminar en dirección al coche la sonrisa de autosuficiencia y buen humor que curvaba sus labios acabó con todos los remordimientos y reproches de María y una cosa le quedó clara: estaba irremediablemente enamorada de Kawabata Ryuji.


Bueno, bueno, el asunto se complica y se pone interesante ¿no? :P La verdad es que me costó mucho averiguar qué podría hacer que una chica tan especial como María desistiera de hacer algo. No sé si me habrá quedad muy convincente pero si me hubiera pasado a mi querría que corriera la sangre del responsable.

Nos leemos pronto ^^

¡Paz y amor!