¡Hola! Cuanto tiempo ¿No? xD Lamento no haber actualizado antes,ha sido una semana difícil y he tenido que ir posponiendo escribir este capítulo, pero como iba atrasada decidí no partirlo en dos como había sido mi intención inicial. Gracias por los reviews y disfrutar leyendo. Alguien me dijo que el capitulo anterior me quedó genial y que por eso me levantó los dos pulgares de sus manos, espero que con este pueda levantar hasta los de los pies (Porque el dedo gordo es el pulgar del pie ¿No? xD).
Este fic participa en el Reto de la Princesa Rosa de Nybell del forum La Caja De Pandora (LCDP).
Ryuji llevaba una semana en la Universidad. Una semana horrible y más larga que el Everest. Sorprendentemente se había recuperado del resfriado con apenas dos días de reposo, aunque él estaba convencido que se lo debía a la deliciosa comida que le había dejado María en el frigorífico. Lo que le dijo que estaba salada era sólo para molestarla y ver qué cara ponía. Así que volvió puntual a sus clases, pidió los apuntes a uno de sus compañeros con el que se llevaba bastante bien y se puso al día. Todo iba perfectamente hasta que apareció María por la puerta de la clase. No era muy difícil distinguirla, con esa rubia y rizada cabellera destacaba en seguida, además que era la única que llevaba zapatos de tacón y caminaba como si fuera una reina, con paso firme y la frente bien alta. Su corazón dio un vuelco cuando la vio aparecer y su estómago se encogió por la expectación ¡Aquí estoy mírame! Parecía que gritaba cada poro de su ser. Sin embargo ella no se giró, pasó de largo, sorteando y esquivando estudiantes y fulminando a alguno con su mirada, y se sentó en su sitio, en esa silla con esa mesa dónde siempre se sentaba, a primera fila, en la otra punta de la clase, lo más alejada de él que podía.
Él se enfadó mucho cuando vio eso ¿Es que todo lo que habían pasado no significaba nada para ella? Porque para él las cosas habían cambiado, mucho, quizás demasiado, pero no iba a comportarse como un niño y a huir de su problema, se enfrentaría a él como el adulto que era. Pero ella sería la que hablaría con él primero, él no pensaba empezar una conversación por las buenas con ella. Takarada María tenía que demostrar que ella también quería ser su amiga.
Así que empezó con su plan, buscó todas las excusas que pudo para acabar accidentalmente cerca de ella. Por ejemplo cuando se puso a su lado en la cola para pedir la comida, hizo lo más impensable, cogió el último pan con nueces que había en la cesta del pan. Notó como durante unos segundos la chica temblaba de rabia, pero se calmó y siguió ignorándolo. Ryuji se maldijo por no haber acertado, dijo lo que iba a comer y esperó a que se lo sirvieran, justo cuando iba a coger el cuenco de ramen algo impactó contra este y se le cayó encima. Se giró y vio que la nieta del presidente de LME había accidentalmente tirado su bol cuando fue a coger su ensalada César. Como disculpa la única cosa que recibió de su parte fue una mirada fulminante y un ligero empujón. Lo volvió a intentar cuando salían de su última clase, intentó chocar accidentalmente con ella pero se recuperó en el último segundo. Hecho que le hizo ganarse un buen pisotón con esos tacones que llevaba. Al día siguiente la estaba siguiendo por los pasillos esperando su oportunidad pero ella pasó cerca de un hombre que llevaba muchos impresos y se los tiró, fue rápida en esconderse y el encargado de asumir la responsabilidad fue él.
Y esa había sido su semana, intentar llamar la atención de María y fracasar estrepitosamente. Y justo ahora empezaba a pensar que quizás su táctica no hubiera sido del todo adecuada. Era viernes, su última oportunidad antes de que empezara el largo fin de semana, y esta vez haría las cosas bien ¡Pero llevaba todo el día sin verla!
- Ay.
Ryuji sintió como algo chocaba contra sus pies y se caía al suelo, bajó la vista y vio que se había tropezado con una niña de pelo negro rizado y vestida como una gothic lolita en miniatura.
- Lo siento pequeña no miraba por dónde caminaba –dijo él algo culpable y agachándose hasta quedar a su altura.
La niña levantó la cabeza y asintió como si lo disculpara. Ésta tenía unos profundos ojos azules que lo dejaron hipnotizado por unos segundos.
- ¿Te has perdido? –Preguntó él ya que era imposible que estuviera en la Universidad ella sola.
- No, aquí está la reina de las hadas–contestó ella enseñándole lo que parecía ser un muñeco de felpa de una mujer.
- Ya veo ¿Y estaba alguien más contigo y la reina de las hadas?
- Sí, la Ma de Saori –dijo mientras se ponía de pie y sacudía la falda de su vestido negro.
- ¿Tu madre? –No era raro que algunas estudiantes que eran madres trajeran a sus hijos y los dejaran en la biblioteca haciendo deberes o con algún compañero de clases que le hacía de canguro a cambio de los apuntes.
- Ma –siguió diciendo ella.
- ¿Cómo te llamas pequeña?
Sin embargo a la niña no le dio tiempo a contestar ya que se escuchó un potente grito.
- ¡Saori!
Entre las cabezas de los estudiantes sobresalía una cabeza rubia que parecía estar dando saltos para ver mejor. De repente pareció que se fijó en ellos y empezó a caminar hacia ellos apartando estudiantes. Cuando llegó a su lado Ryuji se dio cuenta que era María, ella sin dudarlo se agachó y cogió a la pequeña en brazos.
- ¡Hizuri Saori me has dado un susto de muerte! ¡Si te digo que te sientes y me esperes te sientas y me esperas!
- Pero Ma-chan la reina de las hadas quería dar un paseo.
- Me da igual lo que quisiera la reina de las hadas, no puedes irte sin avisar ¿Y si te pierdes? ¿Y si te encuentra un Beagle devorador de hadas? Qué diría mi onee-sama…
- Pero Saori se ha encontrado con un hada Ma-chan –la cortó la niña señalándolo.
La nieta del presidente se fijó hacía dónde señalaba su ahijada y se topó con la figura de Kawabata Ryuji, genial, y ella que pensaba que su día no podía ir a peor…
- Gracias por cuidar de mi ahijada.
Él tuvo que contener la risa ya que María tardó al menos cinco minutos en tragarse su orgullo y decir esas palabras como si se estuviera atragantando. Ryuji sabía que no debía disfrutar con eso pero lo hacía…
- Ma-chan, Saori quiere que el hada venga a su fiesta.
- ¿Qué? –María esperaba haber escuchado mal.
- Hada-san, ven a la fiesta de cumpleaños de Saori.
- Saori-chan, no creo que Ma-chan quiera que vaya –contestó él mientras se inclinaba un poco y acercaba su cara para hablarle más de cerca.
- Pero el cumpleaños de Ma-chan ya pasó, hoy es el de Saori, y papá dice que Saori puede invitar a quien quiera a su fiesta de cumpleaños.
- Saori seguro que Kawabata-san ya tenía planes para hoy –por nada del mundo quería que Ryuji fuera a la fiesta de cumpleaños de su ahijada.
- ¿Kawabata-san, tiene planes para hoy? –Preguntó la niña mientras María la dejaba en el suelo.
- No, ninguno.
- ¡Entonces puede venir a la fiesta de Saori! –Chilló emocionada mientras abrazaba sus piernas.
- Saori son 6 horas de camino hasta Kioto y no nos queda tiempo para pasar por el apartamento de Kawabata-san a que coja sus cosas. Te prometo que cuando volvamos te llevaré a verlo.
- ¡Saori se lo dirá a papá Ma-chan!
- No, no se lo dirás –esperaba que Ren fuera comprensivo y no hiciera muchas preguntas…
- ¡Tsuruga Ren el papá de Saori se enfadará mucho porque Kawabata-san no viene con ella!
María supo en ese instante que Ryujii debía ir con ellas ya que su adorada ahijada se había cargado su tapadera, los estudiantes empezaban a galoparse a su alrededor murmurando cosas como Es la hija de Tsuruga Ren, sabía que los periodistas no tardarían en llegar así que actuó tan rápido como pudo, volvió a coger a su ahijada en brazos, con la otra cogió la mano de Kawabata y salió corriendo como alma que lleva el diablo. Cuando llegaron a su deportivo sentó a su ahijada rápidamente en el asiento trasero en su silla especial, empujó a dentro a su compañero, se metió en el coche y arrancó todo lo rápido que pudo. Decidió que lo mejor era ponerse ya en marcha hacía Kioto así que cogió el desvió y se preparó para lo que sería un viaje muy largo.
- Kawabata-san ¿Puede Saori llamarlo por su nombre? –Rompió el silencio la hija de Ren.
- Claro, puedes llamarme Ryuji.
Ryuji estaba encantado con la niña. En esos momentos habían parado en una ciudad para repostar gasolina y comprar algo de comer. María había buscado la zona comercial y le había dado dinero para que se comprara ropa para pasar el fin de semana con ellos. Él aceptó ya que con lo que llevaba encima no le alcanzaba ni para una camiseta. Saori se había ofrecido a ir con él y después de comer algo, hamburguesa con un huevo frito encima, se había ido a comprar. María había desaparecido como por arte de magia después de despedirlos y recordarles veinte mil veces que tenían treinta minutos. Veinte minutos después estaba pagando y con Saori en brazos ya que estaba cansada.
- Ryuji-kun no te preocupes por comprarle un regalo a Saori. Con que vengas a la fiesta de Saori es suficiente.
- Pero habrá algo que Saori quiera que yo pueda darle ¿No?
- Saori se lo pensará y te lo dirá más tarde –contestó la niña después de pensárselo un rato.
Cogió las bolsas con la mano libre y se dirigió con Saori en brazos al lugar dónde habían quedado con María. Cinco minutos después apareció la chófer y se volvieron a poner en marcha. María estaba claramente enfadada, ya que tenía los labios y el entrecejo fruncido. Antes de entrar le había dicho en un susurro letal que ella misma se encargaría que mañana subiera al primer tren que saliera para Tokyo, incluso que le pagaría un avión si así conseguía que desapareciera de su fin de semana. Por suerte Saori les interrumpió y no paró de parlotear durante el resto del viaje. Así que el viaje le pasó bastante rápido, cuando llegaron a Kioto María paró para comprar un par de cosas que faltaban para la fiesta, Saori y él miraron un escaparate con peluches mientras la esperaban. Finalmente, después de casi siete horas de viaje, llegaron a la casa de Saori a las diez de la noche aproximadamente. María abrió la puerta del parquin con un control remoto y aparcó dentro. Salió del coche y sacó a Saori que se había quedado dormida. Entraron en la casa y ella llevó la pequeña a su cuarto y lo dejó a él en la habitación de invitados. Desgraciadamente se durmió en seguida y no le dio tiempo a hablar con María.
Takarada María estaba con un humor de perros rabiosos salidos del infierno. Hacía dos semanas creía que Kawabata Ryuji era un cretino. Nunca pensó que cambiaría de opinión, pero Kami-sama sabía que lo había hecho, ahora le parecía un soberano cretino. Un auténtico, un completo y un soberano cretino. Y para colmo de males ese soberano cretino se encontraba durmiendo plácidamente en una de las camas de arriba. Al recordarlo empezó a barrer con más fuerza, quería hacer tanto ruido como fuera posible, y así se despertaría y podría irse por fin a Tokyo dónde debería estar. Sin embargo se acordó de que Saori también se encontraba durmiendo plácidamente en una de las camas de arriba, así que volvió a barrer en silencio. Estúpido, si se hubiera levantado cuando ella lo fue a despertar ahora estaría cómodamente viajando a Tokyo. Aunque al acordarse sintió una punzada de culpabilidad, despertarlo para que abordara el tren de las seis de la mañana quizás era exagerar mucho. Y claro, también se acordó cuando él la miró con los ojos del diablo más malvado que mira a la pobre, desgraciada e insensata alma que ha osado respirar en su presencia. No se iba a engañar, si esa mirada no hubiera estado dirigida a ella la hubiera disfrutado, pero claro, como lo estaba, eso la había puesto de peor humor.
- ¡Ya estamos en casa! –Chilló una contenta Hizuri Kyoko entrando por la puerta de su casa.
- Shhht onee-sama, Saori está durmiendo –se apresuró a susurrar María mientras corría a taparle la boca.
- Yo… lo siento… no quería despertar a mi hermosa princesita… ¡Perdóname mi linda Saori!
- Kyoko cálmate, sólo lo estás estropeando –murmuró Hizuri Kuon mientras cogía de los hombros a su esposa y la intentaba reconfortar-. ¿Cómo ha ido todo María-chan? ¿Ha habido algún problema?
- Resulta que el problema tiene nombre y apellido Ren-kun –contestó con una aura asesina detrás de ella.
- No habrá sido por culpa de Saori ¿Verdad? A veces se pone muy difícil –murmuró Kyoko preocupada.
- No voy a negar que tiene parte de culpa en la situación pero no… El criminal que buscamos es otra persona.
- Ay dios mío, ¿Alguien la reconoció? Pero si siempre le pones esas ropas oscuras de muñeca psicópata y nadie la reconoce…
- Primero, no son ropas de muñecas psicópata, son de gothic lolita y a Saori le encantan, además que estás super adorable y dan ganas de matarla de un abrazo y de besos…
- Yo también pienso lo mismo –dijo la que una vez fue el primer miembro de la sección LoveME.
- ¡Mamá! ¡Papá!
Saori acabó de bajar las escaleras corriendo y se tiró a los brazos de Kyoko.
- ¡Buenos días princesa! –Exclamó la reciente coronada primera actriz de LME mientras daba vueltas con su hija en brazos.
- ¡Kyoko deberías de tener más cuidado! Piensa en el bebé… -Ren se apresuró a coger a su hija en brazos mientras a Kyoko se le ponía la cara verde a causa de las vueltas.
- ¡Saori no se acordaba de su hermanito! ¿Estás bien Otooto de Saori?
- ¿No es un poco pronto para saber si es niño o niña? –Preguntó Ryuji mientras se colocaba al lado de María y se fijaba en la para nada abultada barriga de la actriz Mogami Kyoko.
- María-chan ¿Quién es tu amigo? –Se interesó su onee-sama después de recuperarse del mareo.
- Onee-sama, Ren-kun, os presento a Kawabata Ryuji un compañero de clase…
- ¡Y el prometido de Saori! –Chilló su ahijada mientras aplaudía contenta-. Pero Saori sólo tiene cuatro años Ryuji-kun, tendrás que esperar un poquito más para que se puedan casar, como papá y mamá.
- Hija ¿Qué quieres decir con prometido y con casarte como papá y mamá?
Si alguien no conocía a Tsuruga Ren, o a Hizuri Kuon para la familia y sus más cercanos amigos, podría parecerle que en esos momentos era muy feliz y que la sonrisa que curvaba sus labios era sincera. Pero para alguien como Ryuji no era más que una fachada, ya que en la pared podía ver reflejada la sombra oscura y maligna que estaba proyectando al mundo mortal al escuchar que su hija de cuatro años tenía un prometido de veintiuno. Ryuji podía llegar a comprender la situación, y sentir cierta lástima por él, pero su vida estaba en peligro, y eso alertó a su oscuridad.
- Ayer Saori conoció a Ryuji-kun en la Universidad dónde estudia Ma-chan, y cuando Ma-chan la acostó ella preguntó si Ma-chan y Ryuji-kun eran novios como papá y mamá, y Ma-chan dijo que no, y Saori preguntó si Ma-chan y Ryuji-kun se querían y Ma-chan volvió a decir que no. Así que Saori puede casarse con Ryuji-kun y convertirse en Kawabata Saori ¿A qué suena bien?
- No –contestó Ren preparando toda su oscuridad para atacar al joven.
- Uff ¿Soy la única que tiene hambre? –Se introdujo Kyoko en la conversación mientras se ponía una mano en el estómago-. Se me olvidó cómo era eso de comer por dos. Ren cariño ¿Por qué no vas al piso de arriba y deshaces nuestras maletas? Yo prepararé el desayuno.
- Tengo una idea mejor, tu prepara el desayuno y yo de mientras tendré una larga conversación con Kawabata-san en el jardín –contestó Ren después de dejar a su hija en el suelo y de que su aura se volviera más oscura.
- Querrás decir monólogo. Y no, no lo tendrás, Kawabata-san es nuestro invitado y no dejaré que lo desangres en mi jardín, esta tarde tenemos invitados y sería un inconveniente que se encontraran algo que no deben.
Para Ryuji fue un momento increíble, pudo confirmar algo que ya sabía, Mogami Kyoko había sido maldecida como él, pero ella podía controlarlo, ya que su oscuridad tenía la forma de unos demonios que hicieron retroceder a la de su marido y la hicieron regresar al interior de su cuerpo. Después de eso el primer actor de LME subió a regañadientes al piso superior a deshacer el equipaje. Él se dejó guiar hasta la cocina y se sentó en el taburete que le indicó Kyoko-san, ella le había pedido que la llamara por su nombre, y esperó a que el desayuno fuera servido. Por suerte María ya había hecho la mayor parte y sólo faltaba poner la mesa, acabar de cocinar el pescado y servirlo.
- A la mamá de Saori le gusta mucho la comida tradicional japonesa –le explicó la niña que se había sentado entre él y María-. Pero su plato favorito son las hamburguesas con un huevo frito encima.
- Ryuji-kun, siento las molestias que mi hija haya podido causarte –se disculpó la madre de la criatura mientras servía los boles con el arroz.
- No se preocupe Kyoko-san, Saori es muy amable y simpática, debe de sentirse orgullosa de ella –Kyoko se puso roja ante el cumplido y se giró rápidamente con una sonrisa nerviosa, después de tantos años le seguía costando aceptar los cumplidos-. Kyoko-san, si no es mucha molestia… ¿Podría pedirle un favor?
- Claro Ryuji-kun.
- ¿Sería tan amable de firmarme un autógrafo? La admiro como actriz des de que hizo ese ángel en el PV de Fuwa Sho.
- Niñato si quieres seguir con vida no pronuncies el detestable nombre de ese estúpido cantante de pacotilla bajo mi techo –la voz de Tsuruga Ren le llegó como un susurro letal.
- Querido, qué rápido que has sido deshaciendo el equipaje –dijo Kyoko mientras estampaba con fuerza el bol lleno de arroz en la mesa-. Te estábamos esperando ¿Por qué no te sientas lejos de Ryuji-kun? Ahora, rápido que no tenemos todo el día para desayunar. Por supuesto será un placer darte un autógrafo.
- Ryuji-kun ¿Has tenido muchas fiestas de cumpleaños? Esta es la primera en la que Saori invita a sus amigos de la escuela. Mamá y papá nunca tuvieron una a los cuatro años.
- Sí, mi nii-san siempre se encargaba de que en mi cumpleaños vinieran todos mis amigos y me hacía una gran fiesta sorpresa.
- Entonces en la fiesta sólo estabais tú y tu nii-san -comentó María mientras le daba un sorbo a su taza de café.
- Claro, como eres una niña rica podías darte el lujo de invitar a todos los niños de Japón a tu cumpleaños ¿no?
- Que sepas jirafa de ojos ortopédicos que por unas dolorosas circunstancias personales durante un tiempo no celebré mi cumpleaños. ¡Pero si hubiera invitado a todos los niños de Japón hubieran venido encantados!
- ¡Si yo hubiera celebrado el cumpleaños el mismo día que tu seguro que habrían venido al mío, orejas con cera!
- ¡Eso no te lo crees ni tú!
- Así que tienes mucha experiencia en fiestas de cumpleaños Ryuji-kun… -habló Hizuri Kyoko mientras dejaba los palillos a un lado-. Es maravilloso.
- ¿Por qué? –preguntó Ren que parecía que le hubieran dicho que su nueva película, un thriller policial, no había recaudado el dinero previsto y los espectadores habían dicho que era la peor de todos los tiempos.
- Eso ¿Por qué onee-sama? –Secundó la pregunta Takarada María con un extraño presentimiento.
- Ninguno de nosotros tiene experiencia organizando fiestas de cumpleaños –o no, o no… Que no lo diga, kami-sama que no lo diga, rezaron Ren y María a la vez-. Ninguno de nosotros, excepto Ryuji-kun –Nooooo-. ¿Serias tan amable de quedarte y ayudarnos a preparar la fiesta de Saori? ¿Por favor?
- ¡Di que sí di que sí Ryuji-kun! A Saori le haría muy feliz que dijeras que sí.
- Claro, ningún problema. Soy vuestro hombre.
Y así es como se firma un pacto con el diablo, pensó Ryuji evitando mirar esos dos pares de ojos que brillaban con la clara intención de matarlo de una forma lenta y dolorosa y después enterrarlo en el jardín de esa casa. Ojalá lo enterraran junto a los rosales, los capullos eran de un hermoso color rojo…
- Deberías haberte quedado callado, a estas horas ya estarías a mitad de camino de Tokyo ¿Tenías que decir qué sí? Por una vez en tu vida deberías haber dejado de ser tan caballeroso.
Ryuji no quería contestarle a María, la verdad es que había decidido hacer voto de silencio hasta volver a Tokyo, porque había comprobado que si hablaba la fastidiaba y tenía más posibilidades de acabar el día enterrado en el jardín de Hizuri Kuon que de volver a Tokyo sano y salvo, y si lo enterraban no tendría por qué estar muerto…
- Podrías tener la decencia de contestarme cuando te hablo.
- No, no quieres que te conteste, sólo descargar tu frustración y enfado en mí. Y acabarás antes si me quedo callado ¡Auch! ¿Por qué me has pegado?
- Calla y entra a la casa.
María después de desayunar había acorralado a Kyoko y le había preguntado por qué lo había invitado. Ella simplemente sonrió y le contestó que ese chico les gustaba a su hija y a ella, y que podía quedarse. Y como era su casa ella podía decidir quién se quedaba y quien se iba. Una mujer siempre manda en su casa, sea del país que sea.
- Ren, ¿por qué no ayudas a Ryuji-kun a poner los globos y la decoración?
- ¿Y dejarte a ti sola en la cocina? ¿No estarás pensando en saltarte la dieta?
- ¡Yo no sería capaz de hacer eso! ¿Por quién me tomas?
- Sí, tú eres demasiado noble para comprarte comida a escondidas –concedió Ren-. Pero hay alguien que no lo es –añadió refiriéndose a María.
- ¿Y arriesgarme a que Yashiro-san, la mánager de Kyoko, mi abuelo y tu padre me maten por ayudarla a saltarse la dieta? No gracias. Pero si te sientes más tranquilo puedes revisar las bolsas y meter las manos en medio de la tarta.
- Papá, no estropees el pastel de Saori. Saori ayudará a su prometido y a su papá.
Tsuruga Ren tuvo que obedecer a regañadientes y se sentó en el sofá a inflar globos mientras le enseñaba a su hija como hacerlo. Ryuji decidió que lo mejor era salir al jardín y empezar a inflar el castillo, así podría evitar agrandar la furia de Tsuruga Ren y vivir un poco más.
- ¡Odio mi vida! –Chilló Mogami Kyoko mientras se sentaba derrotada en una silla de la cocina.
- Es tu culpa, haber les dicho que no onee-sama.
- ¡Y lo dije! Yo no quiero hacer una estúpida dieta especial para embarazadas. Me da igual engordar cincuenta quilos por tener otro bebé. Lo tengo porque quiero, porque amo a mi marido, a mi hija y a mí misma. Si los engordo ya los rebajaré, quiero darle a mi hijo lo que me pida, no quiero levantarme a las tres de la mañana y comer fruta cuando mi hijo me pide helado de chocolate y fideos tailandeses –paró de hablar ya que le dio un buen mordisco a la hamburguesa que María le había traído de contrabando-. Por suerte nunca entra en la cocina y ha visto que el pastel de Saori ya estaba comprado, gracias por encargarte de encargarlo en esa tienda.
- Sí, la verdad es que se extrañaron mucho cuando pedí que hicieran doscientos quilómetros en coche e hicieran el pastel aquí –la joven no pudo evitar reírse al recordar la cara del pastelero jefe-. Pero cuando les enseñé el cheque no hubo más preguntas e hicieron lo que les pedí.
- Me alegro…. ¡Esta hamburguesa está deliciosa!
- En el cajón de la fruta he escondido un envase con rollitos y otro con fideos fritos con gambas. Puedes comértelo cuando Ren-kun vaya a dejar a los amigos de Saori a su casa, déjalos en la basura y ya lo tiraré yo antes de que él vuelva –mientras hablaba estaba guardando toda la comida que habían comprado con Ryuji-. Los ingredientes para la comida los dejo en la nevera onee-sama, el pan y los ingredientes para los sándwich los dejaré en la mesa, igual que las patatas de bolsa y las pizzas las meteré en el congelador… Los vasos, platos y servilletas se los dejaré aquí a Ryuji…
- Así que Ryuji ¿eh? Me da la impresión que sois muy amigos tú y ese chico.
- Tampoco tanto, nuestros caminos se han cruzado un par de veces. Fue casualidad que me lo encontrara con Saori.
- ¡O quizás fue el destino!
- Calla, o le diré a Ren que mire en el cajón de la fruta –replicó María sonrojada-. Y date prisa, necesito tus dotes culinarias para preparar los onigiris.
Ren estaba confuso, también estaba enfadado, pero en esos momentos se encontraba más confuso que enfadado. Siendo sinceros, no tenía nada en contra de Kawabata Ryuji, era un buen chico, educado, amable y simpático. Parecía llevarse bastante bien con María, vale sí, discutían pero eso era normal, además en su opinión era justo lo que necesitaba ella, alguien que le llevara la contraria y no dejara que se pasase. Siempre lo había pensado, ella necesitaba un hombre con personalidad, que no se dejara pisar pero que no le faltara al respeto. Y por eso estaba confundido Ren, cuando había mucha gente alrededor parecían quererse matar, como en el desayuno, pero ahora que los miraba bien, no se lo parecía. Como el chico era listo sabía que no le convenía estar a solas con él colgando globos, no es que fuera un padre sobreprotector, pero que su hija de apenas cuatro años le dijera que tenía un prometido y que quería casarse como papá y mamá lo había puesto de los nervios. Así que Kawabata-san había optado por una retirada a tiempo y había huido al jardín, qué oportuno, pensó Ren, justo dónde había planeado enterrarlo. Por supuesto dejó que pasara una hora para no parecer tan sospechoso, le enseñó a Saori a inflar globos y se encargó de colgarlos y colocar las guirnaldas. Dejó a su hija enganchando unas pegatinas de hadas en algunos globos y se dirigió al jardín, lamentablemente se le adelantaron.
- Toma, te he traído un poco de té para que te hidrates.
Ryuji había estado limpiando el jardín y arreglándolo para que los niños no se hicieran daño.
- Gracias.
Se paró ya que estaba extendiendo el castillo inflable y tomó con cuidado el vaso que le ofrecía la nieta del presidente.
- ¿Tú ya has bebido? No te descuides que estar en la cocina también deshidrata mucho.
- Ya lo sé, no te preocupes por mí. He bebido un poco de zumo que mi onee-sama se hizo.
- Tonta, eso fue hace más de una hora, toma, bebe un poco.
- No soy una niña…
- No, no lo eres pero debes beber algo. Me he fijado que lleváis mucho rato con las ventanas abiertas de par en par y que sale bastante vapor, además tu cara está muy roja. Dentro debe de hacer un calor de mil demonios. Bebe.
María aceptó el vaso y se acabó el contenido de un solo sorbo. Algo sonrojada le dio las gracias y se fue corriendo a la cocina a buscar más té y algo para que comiera.
- ¿Ves lo mismo que yo no?
Ren dio un pequeño bote, no se había dado cuenta de que su mujer estaba a su lado tendiéndole un vaso con té.
- ¿Qué es exactamente lo que vemos querida? –Preguntó mientras cogía el vaso y le pasaba un brazo por su cintura.
- ¡Es que estás ciego! Se quieren… Creo que nuestra María-chan ha encontrado su Príncipe Oscuro…
- ¡¿Hizuri Kyoko estás haciendo lo que creo que estás haciendo?! ¿Cómo es posible que el primer miembro de la sección LoveME esté suspirando embelesada ante una pareja enamorada? ¿No me sorprenderás ahora haciéndote casamentera, verdad?
- No tonto –contestó ella mientras se reía-. Pero encontrar a la persona adecuada lo cambia todo ¿No te acuerdas como cambiamos tu y yo cuando nos conocimos? Nii-san qué mala memoria tienes.
- Tienes razón Kyoko, conocer a la persona a la que estás destinado lo cambia todo –susurró él mientras le daba un casto beso en los labios.
- ¿Eso significa que Saori ya no podrá casarse con Ryuji-kun? –Interrogó Saori a su padre mientras se agarraba de los pantalones que Tsuruga Ren llevaba puestos-. Parece que Ma-chan se divierte.
En efecto era verdad, ya que María se estaba riendo y Ryuji también. Además sin darse cuenta ninguno de los dos María secaba la frente de Ryuji mientras este estaba ligeramente inclinado hacia delante muy cerca de la cara de su compañera de clases.
- No Saori, pero puedes seguir diciendo que quieres casarte con él y es tu prometido. Esto sólo será un secreto entre nosotros cuatro ¿Vale? Yo le diré a tu hermanito que no diga nada.
- ¡De acuerdo! Papá sigamos inflando globos, a Saori le gusta inflar globos. Después Saori te dejará ver el vestido que llevará en su fiesta.
- Vale, pero prométeme que nunca jamás tendrás novio –contestó Ren mientras se dejaba guiar de vuelta al salón.
Quién le iba a decir que tener una hija tan guapa y maravillosa como su Kyoko iba a provocar le tantos ataques y preocupaciones…
Quién le iba a decir a Kawabata Ryuji que asistir a la fiesta de cumpleaños de Hizuri Saori iba a ser tan malo para su salud… No se quejaba de la faena física que tuvo que hacer, como montar el castillo, o poner las mesas y las sillas, y jugar con un montón de niños hiperactivos cuando empezaron a llegar. Tsuruga Ren se había encargado de arreglar las cosas dentro de la casa ya que iban a venir a comer unos amigos de la familia con ellos. Los primeros en llegar fueron los abuelos de Saori, Hizuri Kuu y su esposa Julliena, después aparecieron los dueños de un Darumaya dónde Kyoko trabajaba antes de convertirse en actriz y que gracias a eso había aumentado su popularidad. Seguidamente llegó Kotonami Kanae con el grupo de rock del momento, los Bridge Rock, ya que sorprendentemente para todos se había casado con el vocalista del grupo. Amamiya Chiori llegó del brazo de su prometido, un antiguo fan que había decidido convertirse en director cuando la vio actuar por primera vez en el drama que la hizo famosa. Yashiro llegó con la mánager de Kyoko, una mujer llamada Aihara Akane, o como la conocían la mayoría de la gente la mánager de hierro. Era completamente opuesta a Yashiro Yukihito, aunque Kyoko y ella se llevaban muy bien, Akane había sido como una hermana mayor, casi como una madre. Y también mantenía una extraña relación con el mánager de Ren, quizás la frase que le susurró Kyoko-san en la oreja de los polos opuestos se atraen era verdad.
- Acaba de llegar un paquete para la señorita Hizuri Saori -dijo el primer actor de LME entrando en el salón llevando en un carrito una gran caja de madera-. Parece que es del bisabuelo Lory y de Ten.
- ¡Saori quiere abrirlo! La bisabulea Ten le dijo a Saori que estaría con el presidente en Hawaii. Seguro que le han enviado a Saori un profesor para que aprenda a bailar el hula.
La niña tiró del lazo que envolvía la caja y de repente empezó a sonar una marcha imperial, se abrió y aparecieron el presidente de LME, su esposa Jelly Woods y Sebastian.
- ¡Feliz cumpleaños Saori! -chilló la pareja mientras Sebastian tiraba confeti y hacía sonar una pequeña trompeta.
- ¡Bisabuelos! -Exclamó contenta la pequeña mientras extendía sus brazos para que Takarada Lory la cogiera y se la pusiera sobre los hombros.
- Te hemos traído un hermoso adorno para el pelo pequeña Saori -dijo Jelly Woods mientras se lo ponía en el pelo a la niña.
- ¡Y para los demás unos hermosos collares de flores! Sebastian, repártelos -dijo Lory mientras se ponía a dar vueltas por la habitación con Saori a los hombros.
Sebastian fiel y obediente, y vestido como un payaso, repartió los collares entre los invitados pero cuando llegó el turno de Ryuji se detuvo.
- ¡Alto Sebastian! -Detuvo a su amigo Lory-. Este chico... Este chico... -Dejó a la hija de Kuon y Kyoko en el suelo y se acercó a Kawabata-. Este chico... ¡Es mejor que le des el collar de flores blancas! ¿Ves? Combina mejor con el tono de su piel.
El chico casi sufre un ataque al corazón, pensaba que el abuelo de María se enfadaría cuando lo encontrase allí, así que se comportara como si no hubiera pasado nada entre ellos lo desconcertaba. Por suerte se pusieron a comer en seguida. María se sentó a su derecha y a su izquierda se sentó uno de los integrantes de Bridge Rock.
- María ¿Te acuerdas cuando eras pequeña y estabas enamorada de Ren? ¿No decías que te ibas a casar con él? Y mírate ahora, eres la madrina de su hija ¿Qué irónica es la vida eh?
El chico se giró rápidamente a ver el actor más famoso de todo Japón y lo fulminó con la mirada. Le molestaba mucho que María lo hubiera admirado hasta ese punto, ella al ser la nieta del presidente Takarada le había sido más fácil acercarse al actor.
- Incluso me pediste que te hiciera un muñeco vudú de él -metió baza Kyoko-. ¿Aún lo conservas verdad?
Así que había sido Kyoko-san quién le había dado ese estúpido muñeco de felpa a María... No iba a decirle que lo guardaba en su mesita de noche y que siempre antes de irse a dormir lo miraba. Cuando llegara a su casa lo quemaría. Su oscuridad empezó a tomar forma y sintió como le chillaba que atacara a Tsuruga Ren, que ese bastardo quería quitarle a su María, pero María no era suya ¿Verdad? María era María, su corazón no podría haber decidido eso tan repentinamente ¿no?
- ¿Te vas a comer ese último trozo de sushi?
- No -contestó sin pensárselo.
La nieta del presidente con cuidado apartó el brazo de Ryuji y con delicadeza cogió el último trozo de sushi que le quedaba a Kawabata en el plato y se lo comió.
- ¿Quién te ha dado permiso para comerte mi comida? -Dijo mientras salía del trance.
- Tú que has dicho que no te ibas a comer ese último trozo -contestó María mientras volvía la atención a su plato-. Toma, te doy mi último rollito, ya no lo quiero -y habiendo dicho eso se lo puso en el plato.
- Así que tu te comes mi comida y yo me tengo que comer la tuya cuando ya no quieres más ¿no?
- Exacto. ¿No esperaras que la tiremos no?
- No claro, da igual si me apetece otro rollito o no, si no lo queréis dádmelo, yo me lo comeré.
- Ryuji-kun, no es un rollito pero Saori ya está llena y no quiere el arroz que le queda.
Ante el comentario inocente de la pequeña la mesa estalló en carcajadas, cuando se calmaron Ryuji recibió gustoso el arroz de la cumpleañera y se lo comió con el rollito que le había dado María, incluso le dio parte de su postre, pastel de fresa y nata, ya que ella se lo acabó muy deprisa y le encantaba ese pastel. Después de tomarse un café Jelly Woods, Kotonami Kanae, Amamiya Chiori, Mogami Kyoko, Julliena Hizuri, Saori y María subieron al cuarto de la pequeña para vestirla para su fiesta. Él se quedó en el salón hablando animadamente con Yashiro Yukihito, ya que al parecer tenían gustos bastante similares.
- ¡Saori ya está lista para recibir a sus invitados! -la cumpleañera bajó corriendo las escaleras y se paseó por todo el comedor para que los invitados pudieran admirar su disfraz de hada-. ¡Y Saori viene acompañada de otras hadas tal y como le pidió a mamá!
Y así era, todas las mujeres, a excepción de la mánager de Kyoko, se habían disfrazado de hadas. Todas se habían encargado de buscar un vestido verde, ya que según Saori las hadas en primavera siempre iban de verde para camuflarse mejor entre las hojas. Naturalmente todas intentaron que el vestido de Saori fuera el más bonito y fuera ella la que destacara más, pero sus parejas las miraron como si de verdad fueran hadas y ellos unos simples mortales que tenían el privilegio de verlas tan de cerca. Personalmente Ryuji nunca habría imaginado que el color verde le sentara tan bien a María, a pesar de que aún hacía frío había optado por ponerse un vestido verde de palabra de honor y la falda abultada como si llevara un tutú le llegaba hasta las rodillas. De zapatos llevaba unas sandalias plateadas con un poquito de tacón, y su abuela la había maquillado con purpurina, pinta labios color melocotón y sombra de ojos rosa, con rimmel y lápiz de ojos. Las uñas las llevaba pintadas verde con mariposas blancas enganchadas.
- Hasta tu estás hermosa vestida de hada -habló el chico cuando consiguió estar un rato a solas con su compañera de clase.
- ¿Qué quieres decir con hasta yo? -Preguntó ella algo sonrojada.
- Es un cumplido, como estamos en una fiesta ¿Tendrías el honor de concederme un baile? -Dijo mientras distraídamente le apartaba el pelo de la cara-. Así eres un hada más bonita.
- Vale, pero yo elegiré la pieza.
- ¡Ryuji-kun! Te presento al mejor amigo de Saori, Gushiken Takeru. Takeru-kun, Ryuji-kun es el prometido de Saori.
- ¿Saori-chan qué quieres decir con prometido? -Preguntó el niño claramente nervioso y poniéndose bien las gafas-. ¿Vas a dejar de ser mi amiga?
- No tonto, Saori siempre será tu amiga -dijo mientras lo cogía de la mano-. Vamos al castillo de las hadas.
Ryuji no pudo evitar reírse, se notaba que el joven Takeru estaba medio enamorado de Saori. Durante media hora se mezcló con los invitados y ayudó a Kyoko-san ya que a pesar de llevar sólo dos meses como embarazada debido a su trabajo se cansaba con facilidad. Cuando volvió a llenar el plato con más patatas de bolsa se fijó que Saori estaba feliz bailando con su padre. No pudo evitar desviar su atención a María que estaba de pie hablando con su abuelo y bebiendo un poco de champán que habían comprado para los mayores. Fue como si María sintiera que él la estaba observando, ya que se giró, le sonrió y se disculpó con su abuelo. Se puso a caminar en su dirección y dejó el vaso en la mesa.
- Quiero bailar esta canción.
Ryuji asintió y le hizo una pequeña reverencia, le ofreció su brazo y la guió a la improvisada pista de baile y se pusieron a bailar. Al principio bailaron una lenta y conversaron con mucha naturalidad, pero los Bridge Rock se pusieron manos a la obra y empezaron a tocar canciones más movidas y conocidas. María se lo estaba pasando realmente bien. Bailó más de una vez con Ryuji, también con Saori, Ren, su abuelo y Yashiro-san. Todo iba realmente bien, parecía que Saori estaba disfrutando de un cumpleaños normal y feliz. Así que sacaron la tarta y cuando encendieron la vela se pusieron a cantarle el cumpleaños feliz. Pero algo le cayó encima. María se fijó y vio que era un fotógrafo, levantó la vista y observó que el hombre se había estado escondiendo en el árbol que había plantado en el jardín. Éste aprovechando la confusión se sacudió la tarta de encima y se fue corriendo sin poder evitar sacar dos fotos más. Todo lo que sucedió después pasó muy deprisa, los niños chillando asustados, Saori llorando, Ren y Kyoko intentando calmarla y Kawabata-san saliendo disparado corriendo a perseguir al paparazzi. La chica no se lo pensó y salió corriendo detrás de él, se notaba que estaba muy enfadado y que no podía controlar la rabia que estaba sintiendo, y eso la preocupó, tenía miedo de que el chico hiciera algo de lo que pudiera arrepentirse. Ryuji consiguió atrapar al fotógrafo, forcejearon un rato lo que hizo que se le cayera la cámara, pero el compañero de María consiguió sujetarlo por los hombros y darle un puñetazo en el estómago.
- Desgraciado así aprenderás...
Ryuji iba a seguir pegándolo pero una delicada mano lo detuvo cogiéndole del puño.
- Ryuji ya está, ya he borrado todas las fotos que ha sacado. No le pegues más, no se lo merece y tu podrías tener problemas.
- Pero Saori... Su fiesta... -Balbuceó él mientras volvía a la realidad poco a poco.
- Saori no quiere que te metas en problemas en su fiesta, quiere que estés bien y disfrutes con ella. Volvamos a casa, ella debe de estar preocupada por ti. Tranquilo, todo estará bien -añadió acariciándole la mejilla.
- Sí... Volvamos.
Ryuji se calmó y abrió el puño par coger delicadamente la mano de María entre la suya y dejó al fotógrafo ahí tirado en el suelo. Caminaron en silencio cogidos de la mano, no hacía falta decir nada, era suficiente con estar cogidos de la mano. Cuando llegó y vio que Saori sonrió contenta al ver que estaba bien él sintió de verdad que todo estaba bien y que nada ni nadie podría arrebatarle ese trocito de cielo que había encontrado al lado de Takarada María. Sin embargo la calma precede a la tempestad.
¿Qué tal estuvo el capítulo? Yo creo que bastante bien ¿no? Espero que no os hayas aburrido leyéndolo ya que me quedó bastante largo. Me gustaría decir que ya estoy trabajando en el siguiente capítulo, pero no es así, estoy en crisis, no sé ni qué poner en el siguiente Ò.Ó Sé como quiero que avance la historia y qué va a pasar, pero voy a hacer un salto en el tiempo y no quiero que me quede brusco. Así que os pregunto a vosotras que dejáis reviews, ya sé que hago mal T.T, ¿Qué os gustaría ver en el siguiente capítulo? Tenía pensado hacer una cita entre María y Ryuji, pero ¿Dónde podrían ir? A la playa, a la montaña, al cine... Por cierto, María no conocerá a la familia de él hasta casi el final de la historia ya que ésta juega un papel muy importante en la vida de Ryuji. Espero ansiosa sus sugerencias ^^
Gracias, nos leemos.
