Ya sé que llevo tiempo desaparecida pero tengo una buena excusa, con la Universidad casi no tengo tiempo ni para ducharme (triste lo sé Y.Y) pero aquí estoy yo dando mi mejor esfuerzo y subiendo otro capitulo ^^
Este fic participa en el Reto de la Princesa Rosa de Nybell del forum La Caja De Pandora (LCDP)
- María, sé que no es la forma más romántica de pedirlo pero… ¿Quieres salir conmigo?
- Pensaba que eso ya me lo pediste cuando me besaste, y que yo te dije que sí cuando correspondí el beso –contestó divertida María que estaba sentada en el asiento del copiloto.
- Sí pero necesitaba ponerlo en palabras –dijo Kawabata Ryuji mientras apartaba un segundo la vista de la carretera para mirarla y dedicarle una sonrisa feliz y relajada-. Te quiero María, mucho, no puedo decir te amo porque aún no lo siento, puede que llegue a hacerlo con el tiempo, estoy seguro que lo haré, porque aquí a dentro –explicó mientras cogía la mano de la chica y se la ponía encima del corazón-. Siento que eres sólo tú quien debe tener en sus manos mi corazón. No te voy a decir el día que me di cuenta que te quería, porque quererte es la culminación de un proceso muy largo que nos llevó mucho tiempo. No negaré que al principio me sentí atraído por ti, pero era eso, atracción. Sin embargo por circunstancias de la vida nos vimos obligados a seguir viéndonos y a soportarnos, y empecé a conocer a la verdadera María, me gustó tanto que quise hacerme su amigo, y cuando lo conseguí fue cuestión de tiempo que me diera cuenta que para mí eso no era suficiente. Quería ser más que tu amigo. Quería ser lo primero que vieras al despertarte y al último que desearas buenas noches.
María se sintió morir cuando escuchó las palabras del hombre al que amaba, ella sí que lo amaba. Pero era normal, ella llevaba mucho tiempo más que él en esa relación.
- Yo también te quiero Ryuji -contestó ella mientras le apretaba la mano en señal de apoyo.
- Vale... Estoy listo para explicarte por qué te alejé de mi cuando empezamos la carrera -habló él sorprendiéndola-. Hace tiempo que te lo quería contar pero no encontraba el momento. A eso que tu llamas don, la gente como Kyoko y yo lo llamamos Caja de Pandora, ahí dentro guardamos todos nuestros sentimientos, todo lo que nos hace ser humanos emocionalmente. A algunos nos toca soportar una oscuridad más pesada que a otros, y por eso se ponen candados en la caja, para evitar que esta salga a la luz, ya que una vez sale es muy difícil controlarla, no todos lo logran.
- ¿Por qué se abrió tu caja? -Preguntó la nieta del presidente.
- Mi nii-san y yo no tuvimos a los mejores padres del mundo -respondió él-. Mi madre era muy fría y siempre salía con amantes, nunca estaba en casa, y mi padre estaba obsesionado con el alcohol, las artes oscuras y perseguía a mi madre. No me acuerdo mucho de ellos ya que cuando nací mis abuelos paternos nos acogieron a mi y a mi hermano para que pudiéramos tener una infancia normal. Mi madre nos abandonó definitivamente cuando tenía dos años y mi padre se suicidó en el monte Fukushima cuando tenía cuatro. Lo poco que recuerdo de mi padre es que estaba consumido por el dolor del rechazo y abandono de mi madre y recurría a las artes oscuras para hacerla volver o vengarse. Por suerte yo era muy pequeño para que me llevara largos ratos con él, pero nii-san no. Él dice que no le guarda rencor, que su alma estaba destruida y por eso hacía lo que hacía. Papá no siempre era un borracho, a veces tenía épocas positivas y estaba sobrio durante un tiempo e intentaba ejercer de padre. Recuerdo que una vez nos llevó a nii-san y a mi a un parque de atracciones para pasar un día en familia. Unos meses antes de que mi padre se suicidara se mudó a la casa de al lado una excompañera de clase suya que casualmente eran vecinos. Sus padres habían muerto y le habían dejado la casa en herencia y se instaló. Ella era profesora en una escuela bastante prestigiosa. A mi me encantaba, siempre que volvía de clases me escapaba e iba a su casa, ella me sonreía y me decía con voz dulce ¿Ay Ryuji-kun te has vuelto a escapar? Eso no se hace, tu pobre abuela debe de estar buscándote ¿Y qué dirá nii-san y el abuelo cuando lleguen y no te encuentren? Pasa y tómate el té antes de que se enfríe mientras llamo a tu abuela y le digo que estás aquí, tienes suerte de que acabe de hacer té para dos. Para mí era como una madre, me ayudaba con los deberes, me escuchaba, jugaba conmigo, me hacía la comida... Recuerdo un domingo frío de invierno que fui a su casa para enseñarle el cómic que me había comprado. Yo estaba aprendiendo a leer y me sentía muy orgulloso de ello. Ella me abrió la puerta con un toalla al rededor del cuello, se acababa de teñir el pelo de rojo, siempre se teñía el pelo... Me dejó entrar y se sentó delante de la chimenea y me indicó que me sentara con ella y le leyera el cómic. No sé cómo pero acabó por dejarme peinarle el pelo, era suave y sedoso, y olía a melocotón, olía a madre. Cuando iba a empezar la escuela elemental conseguí que me hicieran unas pruebas para que me dieran una beca y así poder ir a la escuela donde ella enseñaba Lengua japonesa. Me aceptaron... Era el día más feliz de mi vida, no se lo había dicho porque quería que fuera una sorpresa. Fui corriendo a su casa y por el camino me tropecé con un hombre, me disculpé y fui a buscarla. Llamé a la puerta pero nadie contestó, alcé la voz pero tampoco contestó nadie. Me iba a ir, a lo mejor había salido con una amiga, pero me di cuenta de que la puerta estaba abierta, empujé y entré dentro. La volví a llamar pero no recibí respuesta. Todo estaba en orden, no parecía que nadie hubiera entrado para robar. Dejé la puerta abierta porque hacía calor y a lo mejor ella la había dejado abierta a propósito para que circulara mejor el aire. La busqué en el comedor pero no estaba, en la mesita estaban sus gafas para leer y el libro que se estaba leyendo, al lado había un baso con té helado a medio tomar. Quizás estaba en la cocina, a ella le gustaba comer un par de galletas cuando tomaba té. Fui a verla a la cocina y pisé agua, me sorprendió ya que no escuchaba el agua correr, miré a bajo y no vi agua, había sangre, el suelo de la cocina estaba lleno de sangre, y mi madre estaba tumbada en el suelo, con un bonito vestido amarillo que llevaba muy seguido, muerta, con los ojos abiertos de par en par, y el pelo... Su suave y brillante pelo... Estaba mezclado con la sangre que salía de su cuerpo. Yo... No podía distinguir qué era su pelo y qué la sangre... No me acuerdo de qué pasó después ya que entré en estado de shock, sólo tengo flashes... Mi nii-san convenció a mis abuelos para vender la casa y mudarnos a Tokyo. Después de eso intenté olvidar lo que pasó y quedarme con los buenos momentos que viví con ella.
- ¿Cómo se llamaba? -Preguntó María en un susurro.
- Hatayama Oyuky, su nombre significa la reina de las nieves -le explicó él con una leve sonrisa curvándole los labios-. Mi cuento favorito es la reina de las nieves, des de que me dijo lo que significaba su nombre siempre me imaginé a la reina de las nieves con el pelo pelirrojo.
- Estoy segura de que era una gran mujer -comentó María sintiendo ganas de llorar.
- Lo era, no se mereció que la asesinaran.
- ¿La asesinaron? -Cuestionó ella sorprendida.
Por como Ryuji hablaba de ella no parecía una mujer que tuviera enemigos.
- Sí, la asesinó un antiguo novio suyo. Tenía problemas psicológicos muy grabes y que ella no e enteró que los tenía hasta que lo dejó. Intentó alejarse de él pero se obsesionó con ella, la perseguía a todas partes. Así que en un acto desesperado se mudó de ciudad sin decirle nada a nadie. Lamentablemente él la encontró y en un acto de locura la mató. No se pudo probar que había estado en la escena del crimen hasta que la policía se enteró que el niño que había encontrado el cadáver se había tropezado con un adulto. ¿Qué posibilidades había de que fuera él? No hizo falta que fuera a declarar ya que intentó suicidarse. Lo fui a ver al hospital para confirmar que había sido él. Yo no quería ir, pero nii-san me dijo que si era él quién le había hecho daño tenía que pagar por ello, que si yo lo reconocía la policía tendría una prueba para encarcelarlo. Así que fui, cuando lo vi supe que había sido él con quien me había tropezado. Yo sentí como la ira me embargaba, quería hacerle daño, mucho daño, quería que se sintiera tan mal como me estaba sintiendo yo. Me había quitado a mi madre y yo quería que sufriera por ello. Mi Caja de Pandora se abrió cuando ese desgraciado se rió en mi cara y me habló. He intentado olvidar las palabras crueles que me dijo, pero a veces me sorprendo recordándolas...
- Tranquilo Ryuji, ese hombre acabó pagando por lo que hizo gracias a ti -habló María mientras le acariciaba la cabeza a su novio.
- Sí, con creces -murmuró él que se estaba secando las lágrimas que había derramado mientras narraba su historia-. Lo encerraron y lo mataron en un motín. Pero eso no me devolverá a mi okaa-san (N/A: madre).
La nieta del presidente no dijo nada más ya que las palabras sobraban, ahora lo entendía todo. A Ryuji se le había despertado el don demasiado temprano para controlarlo, había tenido que confiar en amuletos de contención y protección. Y ahora no era capaz de manejarlo todo por él solo. Como le pasó a Ren-kun, e´l tenía problemas para controlar su oscuridad, pero entonces apareció onee-sama y lo ayudó convirtiéndose en su talismán. Y eso es lo que tenía que hacer ella, convertirse en el talismán del hombre que amaba y ayudarlo a controlar su oscuridad. Cosa que era mucho más fácil de decir que de hacer.
- ¿Por qué entras por este lado de Tokyo? -Preguntó Takarada María.
- Ah, me he dado cuenta de que ahora que estamos juntos vamos a pasar mucho tiempo... juntos, perdón por la redundancia. No siempre puedo mantener mi caja cerrada, así que quiero darte una talismán para que te proteja en el caso de que yo me descontrole.
- ¿Y dónde vas a conseguir uno? Por este lado de la ciudad no conozco ni una tienda buena en Artes Oscuras y...
- Gracias por sacar el tema -la interrumpió él-. Mientras estemos juntos no vas a volver a pisar ninguna tienda de esas. Si necesitas cualquier cosa, hechizos, talismanes, objetos de vudú... Nos los pedirás a nii-san, a nee-chan o a mi.
- ¿Nee-chan? Tenía entendido que no tenías hermanas -replicó ella algo celosa.
- La esposa de nii-san exige que la llame nee-chan. Al principio me costaba pero verdaderamente es como una hermana mayor. Se casaron cuando tenía quince años y me ayudó mucho, sobretodo a alejar a nii-san de mi. Mi padre no tenía talento para las artes oscuras pero él sí, es una especie de médium, puede ver los espíritus y convocarlos a voluntad, incluso puede hacer algún que otro hechizo. Nee-chan también tiene poderes, incluso es más poderosa que mi hermano.
- Já -se rió María-. Las mujeres siempre ganamos.
- Te llevo a casa de nii-san... Bueno, a casa de nee-chan, todo está a su nombre. Él sabrá qué talismán darte para protegerte.
- ¿Y por qué justo decides presentarme a tu hermano mayor ahora? -exclamó una muy enfadada María-. Tu hace mucho tiempo que conoces a mi familia. ¿Es por qué te avergüenzas de mi que no has querido presentarme a tu hermano verdad?
- No es por eso... Deja de pegarme que me distraes ¡Auch!
- ¿Y entonces por qué es?
- Por él -contestó de forma tajante-. Lo entenderás todo cuando te lo presente formalmente.
María seguía enfadada pero decidió darle un voto de confianza. No hizo más preguntas pero decidió enseñarle con su actitud que seguía enfadada con él. Al parecer su hermano mayor vivía en una casa en una urbanización relativamente nueva. La ciudad había decidido impulsar los espacios verdes y había derruido fabricas y construido jardines y casas ecológicas. Casas que no habían sido precisamente baratas. Eso indicaba que su hermano mayor, o como él aseguraba, su nee-chan, tenía cierto nivel económico.
- Ryuji, no esperaba tu visita, o quizás sí, pasa -habló una voz a través del telefonillo.
Sonó un pitido y la puerta se abrió. Él entró con su coche y lo aparcó justo en la entrada. Se bajó y fue corriendo a ayudar a su novia a bajar pero ella lo fulminó con la mirada y no le dejó. Cerró el coche la guió hacía la puerta y llamó al timbre.
- ¿Quién osa? -Preguntó una voz detrás de la puerta que se le hacía conocida.
- Soy yo nii-san -contestó Ryuji algo molesto.
- Ya sabes lo que tienes que decir si quieres que te deje entrar -insistió la voz.
- Nii-chan, quiero que me des amor -dijo él con un tono de voz que recordaba al de un niño pequeño que está perdido y necesita consuelo.
- Ven a mis brazos -dijo Reino de Vie Ghoul que acababa de abrir la puerta con los brazos extendidos para abrazar a su hermano pequeño.
- ¿El beagel es tu hermano mayor? -María intentaba cerrar la boca de la impresión sin conseguirlo.
- Oh, vaya, si has traído a Takarada María contigo ¿Puedo llamarla ya hermana pequeña o no?
- Takeshi, deja a María en paz -lo regañó una mujer joven y de piel negra que se estaba limpiando las manos en el delantal que llevaba-. ¿Por qué no pasáis dentro y tomáis algo calentito para beber? Empieza a hacer frío.
- Nee-chan me alegro de verte -saludó Ryuji a su cuñada dándole un abrazo y un beso en la mejilla-. ¿Cómo te ha ido por Nueva Orleans?
- Muy bien, mi madre te ha hecho unos muñecos protectores buenísimos, alejarán todos los malos espíritus de tu casa, confía en mi. Pero preséntame a tu amiga -le dijo en un susurro muy emocionada.
- Nee-chan ella es Takarada María, mi novia -dijo él cogiendo a María del brazo y con orgullo.
- Encantada de conocerla nee-chan -se presentó María haciendo un reverencia-. Por favor cuide de mí.
- Takeshi parece ser que todos los japoneses son muy educados menos tu -comentó su esposa divertida-. No hace falta que seas tan formal conmigo, yo soy Artemise Leblanc.
- ¿La artista? Dios, ni yo ni mi onee-sama nos perdemos ninguna de sus exposiciones -exclamó encantada.
- ¡Ya me acuerdo de ti! Te he visto alguna vez con Hizuri Kyoko ¿Cómo está el pequeño Rick?
- Ahora está un poco resfriado debido a los cambios bruscos de temperatura, pero onee-sama se ha pedido días de fiesta y lo está cuidando -explicó María mientras dejaba que su nee-chan la guiara a la cocina.
- Ay pobre chiquillo... Encenderé unas velas y rezaré a los espíritus para que lo protejan ¿Te apetece un café?
- Sí por favor -contestó ella mientras se sacaba la chaqueta que llevaba y la dejaba en la silla-. Huele muy bien. ¿Estás cocinando algo?
- Sí, algo típico de mi cultura. Verás yo soy criolla de Nueva Orleans, mi abuela era una esclava africana y mi abuelo trabajaba en una plantación, se conocieron y supieron que eran el uno para el otro. Nunca dejaron Nueva Orleans, ni si quiera cuando los liberaron, se asentaron en la ciudad con los otros criollos y criaron a sus hijos -Artemise hizo una pausa para servirle el café y se fue corriendo a remover una cazuela-. Lo que estoy preparando en gumbo, es un caldo con pollo, chorizo, gambas, cangrejo, quingombó, cebolla, pimiento, ajo, tabasco y especias muy famosa entre mi gente. Requiere mucha elaboración y paciencia, así que hoy me levanté temprano para hacerla. Sólo la hacemos en ocasiones especiales ¿Y qué ocasión más especial que ésta?
- Nee-chan no nos quedaremos a comer -replicó rápido Ryuji.
- ¿Y a ti quién te ha dicho que puedes elegir? -dijo la artista mientras hacía que Ryuji se sentara en una silla al lado de María-. Me molesta que hagas estas cosas, si yo digo que os quedáis a comer os quedáis a comer -finalizó su discurso con una sonrisa.
- Artemise nee-chan, yo quiero quedarme a comer tu maravilloso gumbo -dijo María sinceramente.
- Genial -dijo su cuñada mientras volvía concentrarse en la olla que estaba en el fogón.
- Estoy de acuerdo con mi mujer, si vas a pedirme algo lo mínimo que podrías hacer es comer con nosotros -protestó Reino mientras se sentaba en frente de su hermano-. A mi llamame Reino, Takeshi es tan... humano y vulgar.
Artemise se rió ante las palabras de su marido y siguió preparando la comida, él la miró de soslayo con admiración y amor en sus ojos. A María le costaba creer que ese hombre hubiera acosado a su onee-sama.
- Como Kyoko es su hermana mayor y no se ha asustado cuando el espíritu te ha hecho sentarte en la silla daré por sentado que está enterada de todo y conoce nuestro mundo ¿No?
- Se está licenciando en Artes Oscuras en la Universidad de Tokyo -contestó Kawabata mientras le daba un sorbo a su té.
- Genial, cuando te licencies puedes ir con la familia de mi mujer a aprender las artes de verdad.
- Sería todo un honor...
- Si no os molesta -la interrumpió Ryuji-. ¿Podríamos centrarnos para lo que hemos venido?
- No -contestó Reino mientras apoyaba su espalda en el respaldo de la silla.
- ¿No? -Preguntó a su vez el chico.
- No -insistió su hermano mayor.
- No -contestó Ryuji amenazador.
- No -se reafirmó su hermano.
- ¿Cuántas veces más vais a tener que decir que no para que quede claro? -dijo nee-chan mientras estampaba el bol con la ensalada en la mesa donde estaban sentados-. Cariño se más amable con tu hermano y Ryuji, eres adorable y te quiero pero como sigas con esta actitud los espíritus te van a perseguir hasta... Bueno, siempre.
- Voy a ayudarte a poner la mesa -se ofreció María.
- No, no, tranquila querida. Ryuji está deseando ayudarme ¿No es así?
- Sí, ardo en deseos de poner la mesa ¡Auch!
- Ese tonito sarcástico ahorratelo -lo regañó su cuñada después de pegarle una colleja.
Artemise lo sacó de la cocina con la excusa de preparar el comedor exterior para comer ahí haciendo que Reino y María se quedaran solos.
- Sé lo que viene a pedirme mi hermano, un talismán para protegerte de su oscuridad.
- Sí, quiere eso.
- ¿Y tu que opinas al respecto? -Indagó curioso el vocalista de Vie Ghoul.
- Que es una estupidez -respondió ella sinceramente-. Si soy su reina no puede dañarme, por muy grande que sea su poder. Sé que más de la mitad de lo que he estudiado debe de ser mentira, pero, sé lo suficiente para saber que su oscuridad nunca se podría volver contra mí, y en el caso de que se descontrolara yo podría ayudarlo a estabilizarse.
- Me gustas -se sinceró Reino con una sonrisa de satisfacción-. Lista, guapa y con sentido común. Cuidarás bien de mi tonto hermano pequeño.
- ¿Y ahora me vas a decir que si no lo cuido tu y tu mujer os encargaréis de mi? -Preguntó ella para hacer la broma de rigor.
- No -respondió él entre risas-. No tiene sentido advertirte si ya lo sabes. Aunque no me gustó para nada como te vengaste de él por lo que le hizo a tu abuelo, como vuelvas a hacerlo me encargaré personalmente de que los espíritus jueguen contigo incluso en tus siguientes vidas.
- No tengo pensado hacer nada que dañe a Ryuji -dijo la nieta de Lory solemnemente-. Haré todos los juramentos de sangre que quieras hasta que te quedes tranquilo.
- No malinterpretes a mi marido María -intervino la mujer criolla que había venido a buscar el gumbo-. No te lo dice para quedarse tranquilo ni porque no le gustes. Ryuji es su hermano pequeño y aunque los dos sabemos que tu eres su princesa oscura y en un futuro te convertirás en su reina sigue siendo su hermano menor, y no puede evitar dejar las cosas claras.
- Gracias por resumirlo tan bien amor -le agradeció el cantante dándole un beso en los labios-. Ya me encargo de llevar el gumbo a la mesa.
María siguió a Artemise hasta el comedor exterior, le gustó mucho ya que el comedor exterior era en realidad un invernadero. Se sentaron y tuvieron una agradable comida en familia, que se convirtió en merienda y que evolucionó a cena. Como era muy tarde para aventurarse a ir en coche hacía la ciudad se quedaron a dormir en casa de Reino y Artemise.
- Tenéis suerte de que no seamos tradicionales y os dejemos dormir juntos, pero claro, si queréis habitaciones separadas sólo tenéis que decírnoslo -añadió con un guiño.
- Querida no los molestes, aún no estamos preparados para los sobrinos -dijo mientras cerraba la puerta-. Los condones están en el primer cajón de la cómoda, creo que habrán suficientes -añadió Reino en un susurro antes de cerrar la puerta completamente.
- No le hagas caso -dijo Ryuji más rojo que un tomate.
- Tranquilo, soy lo suficientemente tradicional para no enrollarme contigo en la casa de tu hermano -contestó María mientras se metía en la cama-. Apaga la luz y acuestate que mañana debemos madrugar.
- Sí mi capitana -respondió él mientras se reía y apagaba la luz-. Buenas noches mi reina -dijo después de meterse en la cama y darle un beso en los labios-. Hasta mañana.
Espero que os haya gustado, ¿os esperabais lo de nii-san? Seguro que no xD Pero si Reino es hermano mayor me lo imagino justo así, tan rarito y adorable que es él cuando no acosa a Kyoko... He hecho mi mejor esfuerzo intentando poner una mujer que esté a su altura. Creo que lo he conseguido y estoy bastante satisfecha con Artemise. Por cierto antes de despedirme ¿Os gustaría leer un lemon entre Ryuji y María? Gracias por leer, disfrutar y comentar. Un abrazote de oso para todas todos.
