Gracias por todos los comentarios que hacéis. Gracias por seguir ambas historias.

En uno de ellos preguntaban el motivo de que fuese Houghton y no Beckett el apellido del niño y decir que no hay motivo muy razonable. Elegí usar el segundo nombre de Kate como apellido por el hecho de que no quería hacer uso de los principales ya que la situación de ellos no es buena y al no utilizar Castle, tampoco me pareció coger Beckett


Capítulo 3.

Tras la comida con Jim, Kate se despidió a media tarde volviendo al apartamento donde paso el resto de la tarde con Alex. Tras darle de cenar, lo acostó encendiendo la televisión. Cuando terminaron las noticias, Kate se dio cuenta de que seguía esperando algo que parecía que no iba a ocurrir nunca. Miró a su hijo, acostado en su cuna haciendo intentos por llegar a alcanzar los juguetes que colgaban sobre ésta y se acercó a él.

-Parece que papá todavía no está preparado para conocerte, Alex- le susurró meciendo suavemente la cuna mientras dejaba caer las lágrimas por la mejilla.

-No tienes ni la menor idea de lo extraordinario que es. No hay nadie como él. Excepto tú, claro. Espero que nunca dejes de parecerte tanto a él. Yo me he ganado su desprecio, -continuó la detective enjugándose las lágrimas con el dorso de una de las manos- porque me esforcé en que así fuese con el resultado de mis acciones. No creo que nunca podamos volver a llevarnos bien, ni seamos los padres felices y alegres que todo niño merece… pero te prometo que si decide conocerte algún día, haré lo imposible para que no tengáis que separaros. Esta mañana, cuando entré al loft y me vio ahí, tenía todo el derecho de haberme echado y podía haberme llamado cualquier cosa que se le hubiera pasado por la cabeza, podría haberme gritado… y sin embargo no lo hizo.

Beckett sentía un nudo en la garganta, pero a pesar de todo continuó hablando como si le ayudase desahogarse con su hijo:

-Lo abandone cariño. Sin dar explicaciones, intentando mantener la sangre fría mientras veía como se rompía en mil pedazos delante de mí. No creo que pueda perdonármelo, yo no podría hacerlo de haber sucedido a la inversa.

Se inclinó para besar al bebé en la punta de la nariz. Cada vez que miraba su rostro veía a Richard. Una y otra vez. Eran idénticos, solo que Alexander en miniatura.

-¿Sabes? Al comienzo tu padre sólo era mi escritor favorito, de hecho cuando se presentó en la comisaria con la excusa de que tenía que documentarse fue como recibir de lleno una patada en el estómago. Yo por aquel entonces tenía novio, y la verdad es que no veía a tu padre como la persona más indicada con la que formar una familia el día de mañana. Sin embargo cuando me dio ese primer beso en la comisura de los labios – continuó Kate sintiendo un escalofrío al recordar el contacto de los labios del escritor en su mejilla – algo cambió. A partir de aquel día decidí que no me importunaba tanto como yo creía y que los días en los cuales se dejaba caer por la comisaría, adquirían otro matiz y otro color – dijo sonriendo con una sonrisa triste a su hijo- Pasamos cuatro años como compañeros, entre casos y papeleo, entre tiroteos y escenarios de crímenes, entre pruebas y teorías.

Tras esto llegaron los primeros paseos, los primeros cafés fuera del lugar de trabajo… y ese día en el que me enfadé con él. Estaba tan rabiosa que me costaba sostenerle la mirada. Llegué a echarle en cara la protección proporcionada, el que volviese a salvarme la vida sin yo saberlo. Ese día él se abrió a mí, pero la terca de tu madre – dijo cogiendo a Alex que estiraba sus bracitos pidiendo su atención – tuvo que estar suspendida de la azotea de un edificio de más de 40 metros de altura para darse cuenta de que a ella le sucedía lo mismo con él.

Durante el tiempo en el cuál estuvimos juntos, papá siempre pensó en cómo serías. En como nos mirarías y nos harías amanecer y acostarnos todos los días con una sonrisa en los labios y el significado de la palabra felicidad reflejado en nuestras caras.

Tú eras parte de sus sueños, de nuestros sueños – dijo besándolo- tú, y el resto de la familia que algún día tendríamos.

Y aunque ya no estemos juntos, quiero que sepas Alexander que siempre le estaré agradecida por haberme hecho el regalo más importante y valioso de mi vida, tú.

El bebé se llevaba los mechones de su madre a la boca sin entender nada de todo lo que ella le estaba diciendo, pero eligió ese momento para pegarse más a ella y la detective esbozo una sonrisa sincera ante un semblante lleno de tristeza.

Volvió a depositar a su hijo en la cuna y decidió quedarse junto a él hasta que se durmiese.

En ese momento tocaron al timbre y pensó que sería Jim o Josh, así que se miró en el espejo y decidió que aunque su aspecto no era uno de pasarela, tampoco había tiempo para cambiarse.

Escuchó de nuevo unos golpes en la puerta que le resultaron familiares y el corazón le dio un vuelco. ¿Castle?

Se apresuró a abrir, no sin antes tomarse un par de segundos para respirar y calmarse. Al hacerlo trago saliva ante la imagen que se encontró al otro lado de la puerta.

Horas atrás, Richard le había parecido imponente, pero ahora afeitado y vestido con esos vaqueros marcados y un suéter azul que mostraba su devastadora masculinidad, Richard hacía perder el hipo a cualquier mujer.

Kate comprendiendo que había dejado que su mirada se deleitara por la figura del escritor, se apresuró a levantar la vista para ir a toparse con la misma mirada helada con la que le había recibido él a ella esa mañana. Sin embargo, algo había captado la atención de Rick en esa ocasión y había hecho suavizar sus facciones. Miraba más allá de ella, por encima de su hombro, hacia la cuna del bebé.

Kate vio cómo su pecho subía y bajaba, para después pasar por su lado caminando hasta acercarse dudoso a la cuna. Ella aprovechó para cerrar la puerta y le miró esperando su reacción.

Richard se inclinó leve sobre la cuna de Alex, pasando la mano por la cabeza del pequeño y Beckett contuvo el aliento observando esta escena.

Alexander no pareció molestarse cuando un hombre que él no conocía de nada, lo cogió en brazos sacándolo de su cuna. Es más, le sonrió con su preciosa sonrisa de bebé mientras Rick lo examinaba de arriba abajo sin ser capaz de articular palabra.

Todo en él, desde esos ojos azules vivarachos pasando por esos gestos y su humor alegre, le recordaba a él. Lo miraba y en cierta manera se veía a sí mismo en las fotos que le había enseñado su madre de cuando él era niño

-Hey, campeón – le susurró con voz ronca y un deje de emoción en la misma – no puedo creérmelo. ¿Pero cómo puedes ser tan idéntico a mí?

Alex risueño seguía el dedo de su padre intentando aferrarlo con sus deditos

Beckett miraba todo desde un segundo plano. Aunque lo hubiera hecho todo mal, esta vez lo había hecho bien. Ver a Rick con el niño le encogió el corazón.

Y tuvo que aclararse la garganta para poder murmurar:

-¿Ahora estás seguro de que es tuyo?

-¿Por qué no me dijiste que estabas embarazada? -exigió saber el escritor perdido en la sonrisa que desprendía la cara de su hijo.

Junto al bebé había vuelto el Rick que Beckett conocía. Éste giró en ese momento con el bebe en brazos y escudriño a la detective.

Beckett tragó saliva al ver la dureza con la que se dirigía a ella y pensó en que contestar.

-Cuando nos separamos, no sabía que estaba embarazada. Luego, cuando lo descubrí, pensé que lo mejor era callar… no quería darte problemas durante nueve meses.

-¿Problemas? ¡Maldita seas Kate Beckett!

Rick hablaba sin elevar la voz. Quizá fuera esa la razón por la que sus palabras sonaban más hirientes. Beckett le sostuvo la mirada mientras le respondía.

-Sabía cuánto me odiabas por haber roto nuestro compromiso, mi comportamiento no tenía ni tendrá nunca excusa razonable y comprendí que había sido una cobarde. Que la inmadurez de la que te tachaba a ti, es la que yo misma demostré. Por eso, no quise causarte más dolor, y pensé que debía hacerlo sola.

Los rasgos del escritor se endurecieron y aquello pareció avejentarlo

-Y entonces, ¿por qué ahora?, ¿por qué contármelo ahora?

Kate luchó por no dejar entrever sus sentimientos y como le dolían los reproches de Rick. Ella seguía queriéndolo. Igual que el primer día. Más que el primer día…

-Porque al tener un hijo cambian muchas cosas, una de ellas es la forma de ver la vida, Rick. Antes de que naciera Alex vivía tomando las decisiones sólo pensando en cómo me afectarían a mí como persona, ahora tengo que hacerlo tomando en consideración a otra persona. Cuando le vi la cara por primera vez y me di cuenta de lo mucho que se parecía a ti, decidí que vendría a traértelo en cuanto saliésemos del hospital. No hubiera podido vivir ocultándotelo. No quería vivir ocultándotelo.

Un bebé nunca es responsable de los errores de los adultos y no quería que Alexander pagase por ellos. Es más, yo no quiero alejarlo de ti, es por ello que te ofrezco el mantener una custodia compartida, para que si te apetece estar junto a él y verlo crecer, puedas hacerlo.

Lo he hablado con Josh y aunque le gustaría ejercer como padre, está de acuerdo y entiende que eres tú y no él, el padre biológico de Alex.

-¿Josh? - repitió el escritor palideciendo…